4 de enero de 2010

China Popular consolida como nunca su influencia en Asia Central en detrimento del imperialismo








El prestigioso analista hindú M.K. Bhadrakumar observa en un artículo reciente que China está cosechando el éxito de una paciente diplomacia basada en tejer lazos en Asia Central de confianza mutua, de cooperación mutuamente beneficiosa y de respeto a los diferentes pueblos y a sus intereses, bien diferente de la política rapaz de las potencias imperialistas únicamente interesadas en tener acceso libre a las reservas de hidrocarburos. La inauguración reciente de un gasoducto de 1833 km. que une Turkmenistán, Uzbekistán y Kazajastán a la región autónoma china de Xinjiang es la última victoria china.
El imperialismo busca fomentar el rechazo a China en las repúblicas ex soviéticas, enfrentar a Rusia con China y presentar a la opinión pública mundial a China como si fuese él mismo, es decir, un nuevo imperialismo: según ellos, los chinos estarían llevando una política agresiva de colonización irrespetando a los pueblos en Asia, África, América Latina y el Caribe y en todas partes. La realidad es la contraria: Rusia en lugar de sentirse contrariada por este reforzamiento chino, ve con satisfacción, por ejemplo, como Turkmenistán se desinteresa por el oleoducto Nabucco creado por los imperialistas gringos y sus lacayos europeos para golpear a Rusia, para interesarse cada vez en proyectos con China. El presidente turkmeno Gurbanyuly Berdymujamedov ha declarado que China favorece relaciones de comprensión, confianza, igualdad, respeto y unidad de puntos de vista sobre asuntos clave. C


hina aunque necesitada de fuentes de energía, propone cooperación en áreas que estas repúblicas necesitan para su desarrollo: transportes, agricultura, agroindustria, textil, química, salud, construcción... Y todo esto en el marco de la Organización de Cooperación de Shanghai (que agrupa a China, Rusia y a las repúblicas centroasiáticas) que es, según Samir Amin, el principal motivo de preocupación para los imperialistas.

Esta realidad, unida a las derrotas militares en Afganistán, a la consolidación de las repúblicas de Abjasia y Osetia del Sur, a la resistencia de Irán, a la revolución en marcha en Nepal y a la crisis creciente en Pakistán marca un escenario de catástrofe para el imperialismo euro-gringo y sus planes hegemonistas, expansionistas y colonialistas en Asia Central.

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