15 de enero de 2010

El obispo fundamentalista de San Sebastián dice que "hay males mayores que lo de Haití, como nuestra situación espiritual"



El fundamentalista obispo de San Sebastián, José Ignacio Munilla, ha asegurado hoy que "existen males mayores" que los que están sufriendo "los pobres" en Haití, como "nuestra pobre situación espiritual".

En esos términos se ha expresado sobre una catástrofe que hasta el momento ha causado decenas de miles de muertos y tras recomendar a Zapatero evite acercarse a tomar la Comunión por su ley del aborto.

"Lamentamos muchísimo lo de Haití", ha puntualizado, "pero igual deberíamos, además poner toda nuestra solidaridad y recursos económicos con esos pobres, llorar por nosotros y por nuestra pobre situación espiritual".

"Quizá es un mal más grande el que nosotros estamos padeciendo que el que esos inocentes están sufriendo", ha sentenciado

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¿Para qué llevaron a Peio Olano ante un juez?


J.M Alvarez

Dicen que ETA trató de matar tres veces a Aznar con un misil y Peio Olano, vecino de Lizartza, era el que trasladaba el pesado artefacto como si de la cesta de la compra se tratara. Por lo que sabemos, Peio lo guardaba, lo sacaba de paseo y lo volvía a guardar en un local municipal del que tenía la llave, sin que nadie lo viera trasteando allí, pese a ser un almacén controlado por Regina Otaola, la alcaldesa del lugar (la Guardia Civil, para matar tres pájaros de un tiro, dice que el etéreo misil que nadie vió, estuvo oculto cuando la alcaldía era de Batasuna y después del PNV). Regina y Peio no se llevaban muy bien, sobretodo desde que la primera denunciara al segundo por amenazas de muerte en septiembre de 2007, extremo negado por la Ertzaintza, presente en el altercado. De poco le valió a Olano: fue condenado a dos años de cárcel. Peio es un vasco revoltoso.



Ahora, tras su última detención, el juez Marlaska lo ha enviado a prisión, aceptando la versión policial, e ignorando la del imputado que ha negado todas las acusaciones, denunciando, además, haber sufrido torturas. Marlaska se ha limitado a ratificar lo que dice la Guardia Civil que ha dicho Olano, y se ha quedado tan pancho. Sobre las torturas no se ha pronunciado, pese a que el Estado español es acusado, internacionalmente, de su aplicación cotidiana. Un detalle significativo a tener en cuenta: cuando los miembros de ETA son apresados, siempre asumen su condición de militantes de la organización, el propio ministro del Interior reconoce que “ETA nunca miente”. Olano lo niega todo, pero ya saben: es un vasco problemático.



Un misil, dos misiles, cien misiles dando vueltas por la calle como si fueran pelotas de tenis... no sería de extrañar que un día de estos nos sorprendan acusando a cualquier disidente-con tal de enviarlo a la trena-, de esconder en su domicilio un cazabombardero de última generación. No somos tontos. Si lo único válido es lo que dice la policía, ¿para qué se molestan en hacer el paripé de llevar a Olano ante un juez?. La Judicatura española tiene como fin alcanzar los objetivos que le son impuestos, igual que las empresas.



http://jmalvarezblog.blogspot.com/


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Todos lloran por Haití, pero ni siquiera la Naturaleza puede substituir a la Historia



Gener 14, 2010






El mundo entero se conmocionaba ayer ante los efectos del terremoto que asolaba y desolaba la capital de Haití. Se hablaba de “cien mil muertos en el país más pobre de América” y de que “el seísmo arrasó [Puerto Príncipe] como una bomba atómica”, y los titulares y las aterradoras descripciones de la situación iban acompañados de fotografías mostrando a personas enterradas vivas u otras enterradas y punto, de la sangre, el terror y la desesperación.

Todos hablan de Haití. Y cuando lo nombran no dejan de enfatizar que es uno de los países más pobres, corruptos y desgraciados del mundo: Hablan del marrón desolador de sus montañas desnudas fruto de las deforestaciones masivas, de la inestabilidad política que ha convertido al país en un estado fallido, de sus pasados dictadores, de la debilidad de sus instituciones, de su alto índice de pobreza, de la generalización del narcotráfico, de las bandas criminales y de su brutalidad, y, sobre todo, del eterno retorno de los desastres naturales. Y, aunque no siempre es nombrada, la mano irresponsable de los propios haitianos y de su clase política se intuye entre líneas.

Todos lloran por Haití. Y se movilizan. España envía aviones a la zona y coordina la ayuda de la UE. Obama promete “apoyo total” y “no descarta enviar soldados Estadounidenses. El secretario general de la ONU pide “la generosidad mundial para superar la catástrofe”. Y de esta manera, se inicia un carnaval de compasión, una olimpiada de la solidaridad, de la empatía, del famoso slogan clintoniano “siento vuestro dolor”. Los políticos regalan sus condolencias en público con rostros desencajados y lx ciudadanxs encontramos una causa más que justa para redimir nuestra culpa.

¿Dónde estaban las lágrimas y los pésames, me pregunto, durante las intervenciones occidentales a lo largo de todo siglo el XX para quitar y poner gobiernos en el país? ¿Dónde estaban durante el apoyo de EEUU a los apoyos de dictadores sangrientos en el país con la excusa de contrarrestar a la Cuba comunista? ¿Y cuando Washington expulsó a Aristide tras su giro a la izquierda? ¿Dónde estaban las lágrimas por siglos de explotación y expolio colonial y neoimperialista de sus recursos naturales, por el progresivo empobrecimiento de los haitianos, por la continua intervención política y económica extranjera, por las deforestaciones masivas para ampliar los monocultivos de exportación de caña de azúcar dejando así la producción agraria a merced del libremente injusto mercado y erradicando la capacidad del país de producir alimentos para sus habitantes? ¿Dónde ha estado todo el mundo durante la lenta y agonizante sangría del país por parte de potencias extranjeras durante siglos?

No estaban. No hablaban. No lloraban. No sentían el dolor de Haití, y todos aquellos que miraban entonces hacia otro lado o que conspiraban desde los centros del Poder, protagonizan ahora titulares y lideran misiones humanitarias para ayudar a salvar al país de los crueles caprichos de La Madre Naturaleza. Y es que es mucho más cómodo empatizar con la desolación cuando ésta es fruto de “extraños” designios naturales, más parecidos a la arbitrariedad de los dioses que a la Historia, que cuestionar el desamparo fruto de la explotación, del expolio, del racismo. En un caso se habla de pobres, de corruptos, de incapaces; en el otro de empobrecidos, de dominados, de subyugados. Al fin y al cabo, las fotografías, las descripciones y las estadísticas del terremoto, por muy difíciles que sean de digerir, por mucho que nos corten la respiración, son muchísimo más procesables que tener que reconocer la presencia de la oscura garra de Occidente en la(s) tragedia(s) de Haití y la responsabilidad de nuestro país, y de tantos como él, en tanta desolación, en tanta muerte. Y es que quizás los terremotos, por naturales, son inevitables, pero el empobrecimiento, la explotación de las personas y de la naturaleza, el sufrimiento humano y la represión no. Y si no podemos culpar a la Naturaleza y a su inevitabilidad, sólo nos queda la Historia, que aunque a veces se haya repetido, no ha perdonado nunca y, desde luego, no se ha acabado aún.