20 de enero de 2010

Comunismo sin crecimiento




La realización social de las recomendaciones del Club [de Roma] tiene las siguientes premisas: el derrocamiento de la burguesía, la instauración de la dictadura del proletario, y la construcción del comunismo. No veo que la socialdemocracia quiera ni pueda dar cumplimiento a estas premisas. Sin embargo, la tarea de luchar por la supervivencia de la humanidad sobre nuestro planeta se eleva hoy por encima de todas las fracciones del movimiento obrero internacional, sin que importe demasiado, a este respecto, si albergan una concepción revolucionaria o reformista y ha sido precisamente un hombre de estado socialdemócrata, Sicco Mansholt, el primero en vincular, a la vista de esta tarea, las propuestas formuladas por el Club de Roma a las ideas socialistas.

La humanidad solo sobrevivirá si consigue detener el alud demográfico, poner límites al crecimiento económico, proteger a la naturaleza de los perniciosos efectos derivados de la producción industrial, mostrarse extremadamente ahorrativa con los recursos naturales, en particular con las materias primas y con los combustibles no regenerables, superar rigurosamente el desnivel social entre el Norte y el Sur así como llegar a un desarme total y absoluto. Todos los planes y medidas orientados a conseguirlo están orientados al fracaso sino están orientados por la clase obrera. Ahora bien, ésta escucha, en medida variable según los países, la voz de los partidos comunistas y socialdemócratas. A ellos les corresponde, por tanto, conducir a los trabajodores por este camino. Si la socialdemocracia sigue el ejemplo de Mansholt contribuirá decisivamente a ello, aun cuando su ‘socialismo democrático’ pueda ser contrario alas soluciones radicales que resultan históricamente inaplazables.

(…)


Los jóvenes trabajadores holandeses con los que habló Sicco Mansholt lo entendieron tan bien que ellos mismos fueron quienes propusieron al decir: ‘Sacrificios sí, pero primero, fuera el capitalismo!’. Esta es la fórmula que en adelante deberían poner los partidos de izquierda en el centro de su agitación y propaganda. Los ideales ascéticos como tales están bastante lejos del proletariado. Pero siempre que ha sido necesario, el proletariado ha sabido demostrar que es una clase heroica: en los días de la Comuna de París, en las tres revoluciones rusas, en la Guerra Civil Española, en la resistencia contra Hitler, en los innumerables levantamientos y huelgas políticas de masas y últimamente, de nuevo en París, en el glorioso mayo-junio de 1968. El proletariado estará dispuesto a hacer cualquier sacrificio que la ciencia demuestre que es necesario a favor de la conservación de la biosfera, por la salvación de la humanidad de la salvación, así como también por una vida mejor, mas humana de los pueblos del Tercer Mundo.

Pero la burguesía no va a sacrificar nada, ni tiene por qué. La exigencia de contentarse en el marco del sistema capitalista con una vida sencilla y modesta será rechazada y con toda razón. E incluso suponiendo que el proletariado se dejara manipular por demagogos explotadores de los argumentos de la ecología o de los llamamientos a una mayor calidad de vida, de tal modo que acabara aceptando la necesidad de hacer sacrificios.

(…)

El movimiento obrero económico, representado por los sindicatos, no puede tener otros objetivos que luchar, en el marco del sistema capitalista existente, por los intereses materiales inmediatos de los trabajadores y empleados, por la mejora de su nivel de vida, por salarios más altos, por condiciones de trabajo más humanas, por la protección frente al despido, etc. El movimiento obrero ‘político’ ha de solidarizares con estas reivindicaciones, han de apoyarlas, pero además ha de tener también en todo momento una clara concepción del o que es la transformación de la sociedad en su conjunto y asumirla abiertamente en todo lugar, una concepción cuyas metas vayan más allá del estrecho horizonte de las relaciones burguesas. Esta concepción hoy sólo puede ser realista si inserta en sus cálculos las predicciones de la ciencia y éstas indican que si el ritmo actual del desarrollo mundial prosigue sin alteraciones, la humanidad desaparecerá en dos o tres generaciones.

Y esa concepción solo puede ser humana, es decir, digna de las tradiciones del movimiento obrero, si impide que esta perspectiva desaparezca de la consciencia pública con casos mentales como el de ‘después de nosotros’. O sea, sólo puede ser humana si, penetrada de una voluntad apasionada, pone en juego todos los recursos disponibles para poner freno al fatal curso de las cosas. Para eso se necesita de un gran objetivo estratégico; se precisa, en concreto, de la voluntad de articular definitivamente a la sociedad humana y su cultura, para siempre, de un modo armónico con la biosfera, Y se necesita para ello un programa de acción con plazos precisos, calculado a largo plazo, que advierte de las catástrofes que nos amenazan, que desvele sin concesiones sus causas determinantes y que desarrolle un sistema científicamente fundamentado de medidas capaces de garantizar que esas causas van a ser radicalmente suprimidas.
Wolfgan Harich

Hasta siempre al último aviador republicano…





Foto: JON BARANDICA

Primero se fue Manuel Montilla y ahora, con 92 años, se acaba de ir su compañero José María Bravo-Fernández Hermosa. Eran los dos supervivientes más veteranos de la aviación republicana. Desde el invierno de 1936 hasta el final de la Guerra Civil se enfrentaron a los bombarderos y cazas alemanes e italianos al servicio de Franco. Los ametrallaban, pero sobrevivían y siguieron combatiendo hasta que al final arrasaron sus aviones en el aeródromo de Villajuiga (Girona). Cruzaron a pie los Pirineos y acabaron en el campo de Gurs (Francia). Montilla salió hacia México en el buque Ipanema. Allí publicó un libro hermosísimo: Héroes sin rostro. Y Bravo se fue a la URSS, donde llegó a ser jefe de una escuadrilla de Kittyhawks que se encargó de mantener a raya a los nazis, empeñados en bombardear los pozos de petróleo de la región de Bakú. Un día recibió la orden de escoltar a dos aviones Li-2 con rumbo desconocido. En uno iba José Stalin. Acudía a una cita secreta con Churchill y Roosevelt sobre el curso de la Segunda Guerra Mundial. Cuando aterrizaron en Teherán, Bravo hizo ver al jefe soviético que los uniformes de sus hombres eran muy malos y se los comía el sol de Ucrania. Días después recibió unos trajes ignífugos, superiores. De su apasionante vida nos dejó El seis doble –la ficha pintada en su Mosca–, libro lleno de lecciones de coherencia y dignidad.
Público

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La vivienda Socialista en Rumania







Oficialmente el numero de viviendas existente en Rumania es de unas 8,4 millones de las cuales 4,5 se encuentran en zona urbana y 3,8 en el medio rural. Aproximadamente la mitad de las existentes fueron construidas durante los tiempos de Ceausescu.

Es decir, entre 1965 y 1989 han sido construidas 2,8 millones de viviendas en las ciudades y 1,2 en los pueblos, a un ritmo de aproximadamente 160.000 anuales.

En los ultimos 20 años, sin embargo, se han construido menos de 700.000, unas 35.000 por año. Asi que la "epoca de oro" comunista ha sido, de lejos, el periodo mas activo de la construccion inmobiliaria en Rumania, y en comparacion con las 64.414 viviendas construidas en 2008 (el record desde 1989) son simplemente anecdóticas.

El numero de viviendas construidas es un dato revelador sobre el dinamismo de la economia rumana durante el Socialismo, aunque mas revelador aun es lo siguiente: las 4 millones construidas por Ceausescu eran gratuitas, las construia el estado para cederselas a los ciudadanos, que tenian el derecho a una vivienda digna segun la constitucion, mientras que las 700.000 construidas tras 1989 han sido cada vez menos asequibles a los ciudadanos ya que su objetivo era el enriquecimiento del constructor y no garantizar ningun derecho a los ciudadanos.


La construccion de viviendas, de bloques de pisos, no solo garantizaba un derecho, el de la vivienda digna, sino dos, también el del trabajo, ya que la economia socialista no tiene como objetivo la acumulacion de capital en manos de sus inversores, sino principalmente la garantia de esos derechos sociales para todos los ciudadanos.

Asi, la mayoria de los edificios que hoy se levantan en ciudades y puebls rumanos fueron construidos por el estado, aunque tras 1989 el abandono institucional y la ausencia de inversiones en el beneficio comun convirtio a estos edificios en muestra de la decadencia capitalista, con fachadas abandonadas, sin arreglar, y con cada piso reformado, si es que se reformaba, a capricho del propietario (dando una sensacion de irregularidad total).

A estos pisos hoy se les denomina despectivamente como "bloques comunistas", y se critica su ausencia de lujos, su "pequeño tamaño" (suficiente segun la familia que viviera en el), y su fealdad (derivada, como se vera, mas bien de su mal cuidado), mientras que a las nuevas contrucciones con materiales de mala calidad, con un tamaño desorbitado, y con unas terminaciones que multiplican el coste, se les llama "pisos modernos".

Sin embargo, la demostracion de que la mala situacion de los "bloques comunistas" es producto del abandono institucional capitalista y no de la mala construcción, se puede observar hoy con los programas iniciados por el gobierno de aislamiento de los edificios. Se trata de reformar las fachadas de los bloques para que se ahorre mas energia, un programa que financia en parte el gobierno y en parte los propietarios. Un aislamiento térmico que, por cierto, realizaron en el bloque donde vivia mi familia en vallecas hace dos años, asi que no es algo determinado por la mala construccion del socialismo, sino por la forma de construccion de los años 70.

bloques comunistas, uno con fachada arreglada, otro con la original

Los bloques cuyas fachadas se han reformado han adquirido un aspecto que les aleja de aquel insulto tipico que les definia como "bloques comunistas", que en el fondo no era mas que una huida de las propias responsabilidades. También hay que decir que el principal objetivo en la construcion socialista no era la "belleza", sino el pragmatismo que permitiera dar vivienda a todos los que la necesitaran (aunque sin embargo esto no excluye criterios esteticos, y de hecho los "bloques comunistas" rumanos se parecen mucho a los "bloques capitalistas" de la España de los 70 y 80.

Habria que señalar tambien la corrupcion existente en ese programa de subvenciones, ya que los ayuntamientos acaban contratando a empresas "amigas" para realizar las obras, mas caras que otras existente en el mercado, aumentando con ello, perdudicandoles como siempre, la cantidad que tienen que aportar los ciudadanos. Sin embargo, algo es algo y al menos 20 años despues las instituciones públicas empiezan a pensar algo en la vivienda existente, y no solo en sacar "tajada" de la vivienda nueva.

Al final los datos hablan mas que las palabras (sobre todo que las palabras guiadas por la manipulacion), y resulta que los ciudadanos rumanos recibieron millones de viviendas gratuitas (a cambio de un pequeño alquiler al estado) durante el periodo socialista, viviendas que 30 años despues siguen ofreciendo una casa digna a los rumanos, aunque la diferencia es que hoy tienen que pagar por ella cifras accesibles solo atándose a una hipoteca bancaria, o incluso para alquilarla, con mensualidades generalmente superiores al salario medio.

http://imbratisare.blogspot.com/2008/12/lavado-de-cerebro-y-los-bloques.html

http://khris.ro/index.php/01/2010/comunism-versus-capitalism-pe-piata-imobiliara-cate-locuinte-a-construit-ceausescu/#more-11069

Usted también puede ser Bin Laden

foto: Obama-Bin Laden



El hecho de que el artista forense del FBI no haya encontrado los rasgos faciales adecuados de Bin Laden y que para llenar ese vacío gráfico sobre el rostro terrorista más buscado del mundo, usara una foto de un parlamentario español que encontró en la web, deja mucho que decir de la seriedad con que Estados Unidos asume su “cruzada” antiterrorista.
Tal fiasco deja claro por qué el super terrorrista no ha sido aún apresado.
¿Cómo se puede detener a alguien cuya identidad es absolutamente desconocida para sus perseguidores?
El montaje, realizado como parte de la última histeria antiterrorista que se desató en ese país, y que colocó en la lista negra a 14 naciones, cuyos ciudadanos serán minuciosamente revisados en los aeropuertos estadounidenses, pone en duda la veracidad de dicha campaña y corrobora lo que muchos expertos internacionales han repetido con insistencia desde el 11/S hasta hoy: Estados Unidos ha estado usando la llamada lucha contra el terrorismo, en el mejor de los casos, como una forma de distracción de los problemas más acuciantes que presenta esa nación –dígase, guerras en el exterior o una profunda crisis económica-, o simplemente ha usado “el miedo a Al Qaeda” como un mecanismo de control masivo.
Me viene ahora a la mente aquel Ben Laden antinorteamericano que apareció, muy oportunamente, poco antes de la reelección de George W. Bush en el 2004, y otras apariciones del malo de la película en grabaciones dadas a conocer por la web. ¿Será esa la verdadera voz del criminal terrorista u otro montaje de los creativos del FBI?
No está demás la indignación del parlamentario Gaspar Llamazares, quien acaba de rechazar un descargo de Estados Unidos.
“No me bastan las excusas”, dijo el miembro del partido Izquierda Unida en una conferencia de prensa en el Parlamento, luego que el embajador estadounidense le enviara una disculpa por medio del ministro del Interior español.

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Adam Smith y Karl Marx dialogan sobre el desplome del actual capitalismo financiero







Antoni Domènech · · · · ·





Karl.- ¿Viste, viejo, que este chico, Joseph Stiglitz, anda diciendo por ahí que el colapso de Wall Street equivale al desplome del muro de Berlín y del socialismo real?

Adam.- No es para estar contentos, ni tú ni yo. Y tú, menos aún que yo, Carlitos.

Karl.- Hombre, a cuenta del suicidio del capitalismo financiero, mi nombre vuelve a estar en boga, mis libros, según informa The Guardian, se agotan. Hasta los más conservadores, como el ministro de finanzas alemán, reconocen que en mi teoría económica hay algo que aún merece la pena tener en cuenta…

Adam.- … no me vengas ahora con mezquinas vanidades académicas post mortem, Carlitos, que en vida jamás te abandonaste a ellas. Yo hablo en un sentido más fundamental, más político. Ninguno de los dos puede estar contento, y, te repito, tú menos todavía que yo.

Karl.- ¿Y eso?

Adam.- El “socialismo real” que se construyó en tu nombre no tenía nada que ver contigo. Pero al menos, tú sí que te llamaste “socialista”. Yo, en cambio, ¡ni siquiera me llamé nunca a mí mismo “liberal”! Eso del “liberalismo” es una cosa del siglo XIX (la palabra, como sabes, la inventaron los españoles en 1812), y van y me lo endosan a mí, un tipo que murió oportunamente en 1793. ¡Es ridículo! ¿Cómo va a afectarme eso?

Karl.- Ya veo por dónde vas. Quieres decir que ni el desplome del muro de Berlín ni el colapso del capitalismo financiero en 2008 tienen mucho que ver ni contigo ni conmigo, pero que, aun así, nos cargan el muerto.

Adam.- Exactamente. Pero en tu caso es peor, Carlitos: porque tú sí te dijiste socialista, y el socialismo real, quieras que no, contaminó al ideario socialista. A mí me importa un higo que fracase el “liberalismo”, cualquier liberalismo. No tendré que explicarte a ti, precisamente, uno de mis discípulos más inteligentes, que ni mi teoría económica ni mi filosofía moral tenían nada que ver con el tipo de ciencia económica, positiva y normativa, que empezó a imponerse en tus últimos años de vida, eso que tú aún alcanzaste a llamar “economía vulgar” y que tanto gustó a los liberales de impronta decimonónica.

Karl.- Desde luego; tú y yo fuimos aún clásicos. Luego vino esa caterva vulgar de neoclásicos, incapaces de distinguir nada.

Adam.- Por ejemplo, entre actividades productivas e improductivas, entre actividades que generan valor y riqueza tangible y actividades económicas que se limitan a recoger rentas no ganadas (rentas derivadas de la propiedad de bienes raíces, rentas derivadas de los patrimonios financieros, rentas resultantes de operar en mercados no-libres, monopólicos u oligopólicos). Nunca ha dejado de impresionarme la agudeza con que elaboraste críticamente algunas de estas distinciones mías, por ejemplo, en las Teorías de la plusvalía.

Karl.- Es evidente. Tú hablaste repetidas veces de la necesidad imperiosa de intervenir públicamente en favor de la actividad económica productiva. Eso es lo que para ti significaba “mercado libre”; nada que ver con el imperativo de parálisis pública de los liberales y de los economistas vulgares, incapaces de distinguir entre actividad económica generadora de riqueza y actividad parasitaria buscadora de rentas.



Adam.- En mi mercado libre los beneficios de las empresas de verdad competitivas y productivas y los salarios de los trabajadores de esas empresas ni siquiera tendrían que tributar. En cambio, para mantener un mercado libre en mi sentido, los gobiernos tendrían que matar a impuestos a las ganancias inmobiliarias, a las ganancias financieras y a todas las rentas monopólicas…

Karl.- … es decir, a todo lo que, después de darme a mí por perro muerto, y en tu nombre, Adam, ¡en tu nombre!, se ha hecho que dejara prácticamente de pagar impuestos en los últimos 25 años. ¡Hay que joderse!

Adam.- ¡Hay que joderse, Carlitos! Porque lo que yo dije es que una economía verdaderamente libre, al tiempo que estimulaba la producción de riqueza tangible, podía generar, gracias entre otras cosas a un tratamiento fiscalmente agresivo del parasitismo rentista y de su pseudoriqueza intangible, amplios caudales públicos que podrían ser destinados a servicios sociales, a la promoción del arte y de la ciencia básica –que es, como el arte, incompatible con el lucro privado—, a establecer una renta básica universal e incondicional de ciudadanía, como quería mi coetáneo Tom Paine, etc. Ya ves, Carlitos, yo, que no pasé de ser un modesto republicano whig de mi tiempo, ahora, si no me falsificaran cuatro profesorcillos más perezosos aún que ignorantes, y si se me leyera con conocimiento histórico de causa, hasta podría pasar por un peligrosísimo socialista de los tuyos. Y te diré, si ha de quedar entre nosotros, que, visto lo visto, la vuestra me resulta una compañía bastante grata…

Karl.- En realidad, toda tu ciencia, como la de tantos republicanos atlánticos de tu generación, estaba puesta al servicio del principio enunciado por el gran florentino malfamado, a saber: que no puede florecer la libertad republicana en ningún pueblo que consienta la aparición de magnates y gentilhuomini, capaces de desafiar a la república. Y si lo ves así, la falsificación en tu caso es aún peor que en el mío: el “socialismo real” abusó aberrantemente de la palabra “socialismo”, dando pie a la refocilación general de todos mis enemigos; ¡pero es que tú ni siquiera llegaste a enterarte de qué era eso del “liberalismo”!

Adam.- Quien no se consuela es porque no quiere, Carlitos. Lo cierto es que lo que ha pasado en los 30 últimos años en el mundo va en contra de todo lo que tú y yo, como economistas y como filósofos morales, queríamos. Mira a estos pobres españoles, inventores del término “liberalismo”. A ti y a mí nos importaba, sobre todo, la distribución funcional del producto social (eso que ahora tratan de medir con el PIB): pues bien, la proporción de la masa salarial en relación al PIB no ha dejado de bajar en España, y ha seguido bajando incluso después de que volviera a asumir el gobierno en 2004 un partido sedicentemente marxista hasta hace muy poco…

Karl.- Sí, sí, un horror. Pero el caso es que cuando estos chicos, supuestamente, me dejaron a mí por ti, y pasaron a llamarse “social-liberales” a comienzos de los 80, lo que hicieron fue una cosa que te habría puesto a ti también los pelos de punta. Fíjate que no sólo retrocedió la proporción de la masa salarial en relación con el PIB, sino que, en la España del pelotazo y el enrichisez-vous de Felipe González, lo mismo que en la Argentina de “la pizza y el champán” de Menem y en casi todo el mundo, los beneficios empresariales propiamente dichos empezaron a retroceder también en relación con la parte que en el PIB desempeñaban las rentas inmobiliarias, las rentas financieras y las rentas monopólicas…

Adam.- ¡Cómo nos han jodido, Carlitos!

Karl.- No desesperes, Adam. La historia es caprichosa, y ¿quién sabe?, a lo mejor, ahora, hasta empiezan a tomarnos en serio. Fíjate que le acaban de dar el Premio Nobel a un chico bastante espabilado que desde hace años estudia la competición monopólica y rescata a Chamberlain y a Keynes, esos muchachos que al menos se esforzaron por entendernos, a ti y a mí, en los años 30 del siglo XX y que querían proceder a la “eutanasia del rentista”…

Adam.- Yo fui un republicano whig bastante escéptico, Carlitos. No viví el movimiento obrero del XIX y del XX y la epopeya de su lucha por la democracia. No puedo entregarme tan fácilmente al Principio Esperanza de aquel famoso discípulo tuyo, ahora, por cierto, casi olvidado.

Antoni Domènech es catedrático de Filosofía Moral en la Facultad de Ciencias Económicas de la UB y editor de la revista política internacional SinPermiso.