26 de enero de 2010

El desafío de Juan Andrade






Juan Andrade es uno de los grandes protagonistas en el curso del montaje del proceso contra el POUM, y algunos de los testigos como la anarquista ruso-norteamericana Emma Goldman harán constar su integridad y su valor en su testimonio (que ya apareció en Kaos). Así se recoge en mi libro Un ramo de rosas rojas y una foto. Variaciones sobre el proceso del POUM, que acaba de editar Laertes.

La historia de este proceso, que por lo general solía ocupar algún que otro pie de página, está cobrando cada vez más relevancia. Después de Andreu Nin, el principal protagonista del proceso fue el madrileño Juan Andrade, cofundador del PCE, de la Izquierda Comunista y del POUM, y un revolucionario hasta el final de su vida. Sobre él recayó el mayor peso de las acusaciones, de manera en el Sumario nº 1 letra O se habla de “los supuestos delitos de espionaje y alta traición (que) se viene instruyendo contra Juan Andrade Rodríguez y otros”; igualmente se dice al citar a Benito Pabón, “abogado defensor de Juan Andrade Rodríguez y nueve más”. Andrade será además el más incisivo. El propio Andrade escribió sobre el tema páginas mucho más equilibrada que otros camaradas suyos…Muestra de ello son estas líneas que parecen escritas para el presente:

“Para aquellos que no vivieron los años de la Guerra Civil es muy difícil comprender el por qué y el alcance que tuvo la persecución y el aniquilamiento del POUM. Ciertamente existen multitud de folletos, de libros y de declaraciones de todas las tendencias que tratan de explicar los hechos. En primer lugar porque no fue una lucha entre dos partido revolucionarios que se enfrentan por cuestiones de rivalidad, de propaganda o de proselitismo político. Por otra parte, porque tampoco fue una lucha como a las que está acostumbrada la clase obrera frente a sus enemigos capitalistas, lucha que han sufrido en su sangre todos los movimientos revolucionarios desde su existencia. En este caso es la primera vez en la historia de las luchas sociales en que un partido de extrema izquierda se ve perseguido, insultado y aniquilado por otro que pretende ser el representante de esa misma lucha.

Igualmente son diferentes los procedimientos de extinción. La clase obrera y los revolucionarios están desde siempre acostumbrados a los golpes violentos en las comisarías e incluso a la lucha a tiros. Pero ésta es también la primera vez que se emplean procedimientos bien preparados de tortura física y moral, procedimientos que, por desgracia, se popularizaron en muchos países después. A todo esto hay pues que buscarle otras razones Es indudable que el POUM ofrecía con sus cuadros bien preparados su prensa y su actividad política otra alternativa posible e independiente a la clase obrera frente a la que podía ofrecerles el Partido Comunista de España, dependiente de la URSS. El POUM no sólo combatía la política desarrollada por ésta, sino que criticaba la burocracia soviética y sus métodos de combate e incluso al propio Stalin.

En un sentido muy parecido escribirá en su prefacio Andrade a la recopilación de escritos de Andrés Nin, Los problemas de la revolución española, que publico Ruedo Ibérico en 1971:

“... La burocracia estalinista internacional tuvo rápidamente conciencia de este peligro, movilizó todas las fuerzas y todos los medios. Jamás se había desencadenado hasta entonces, a parte de en la Unión Soviética, una campaña mayor de infamias y calumnias; nunca se habían puesto en servicio tantos medios materiales para acabar con un partido obrero e independiente a sangre y fuego. Una gran parte de la alta burocracia del mundo estalinista de entonces desde Tito a Togliatti, de Marty a Akadar, de Geróe a Luigi Longo, además de generales y coroneles rusos con nombres españoles, se establecieron inmediatamente en España, para cumplir los designios de Stalin y reducir el alcance de la Revolución Española estrictamente a las conveniencias de la política exterior rusa de entonces” (nota de Andrade). Porque es evidente que los planes soviéticos de aquel entonces no correspondían con el establecimiento de una España “roja” en aquellos momentos. (Hay una carta del 21 de diciembre de 1936 dirigida a Largo Caballero y firmada por Stalin, Vorochilov y Molotov que figura en el documento 32: “Le Gouvernement de Stalin et l’Espagne” del libro La révolution espagnole 1931-1939, de Pierre Broué) que confirma lo dicho.

La campaña estaba ya preparada al iniciarse la Guerra Civil. Louis Fischer, el gran periodista internacional que pasaba con frecuencia por Madrid, nos advirtió que lleváramos cuidado, pues tenía la seguridad de que había propósito en la URRSS de exterminar al POUM, advertencia que nos parecía en aquellos momentos increíble y a la cual se prestó poca atención. La campaña de calumnias comenzó por Madrid, que fue el primer blanco de ataque. Un asalto al local de la Juventud Comunista Ibérica (POUM) el 22 de octubre de 1936 por parte de las Juventudes Socialistas Unificadas (PCE) que después de haber coqueteado por algún tiempo con el trotskismo se convirtieron en mayoritarias y fueron la gran cantera de agentes de policía paralela y de miembros del Servicio Secreto (SIM). “El Carrillín“, como le llamábamos en aquellos tiempos y sus compañeros Serrano Poncela y Cazorla podrían testificar todo esto. Siguió la suspensión del semanario POUM en noviembre del 36 igualmente y a principios de febrero del 37 fueron incautados Radio POUM y El Combatiente Rojo, órgano de la sección madrileña. La campaña de calumnias fue en aumento. En primer lugar la acusación de trotskismo, según El Frente Rojo, periódico comunista publicado en Valencia, “Trotsky era un agente de la GPU y del Intelligence Service, o Andrés Nin se había pasado al enemigo y se encontraba en las filas fascistas. Es imposible, en principio, un cretinismo tan brutal y una mala fe tan criminal que permita mentir tan deliberadamente a sabiendas “.

Estas líneas fueron incluidas en la recopilación de Juan Andrade, Recuerdos personales aparecidas en Ediciones del Serbal, Barcelona, 1983, con un nota introductoria escrita por su compañera Mª Teresa García Banús y por Pelai Pagès. En la presentación del capítulo final, Última presión (que se puede encontrar íntegro en la WEB DESPAGE), su compañera Mª Teresa García Banús, añadirá los siguientes comentarios:

“Esta campaña (estalinista) se fue enrareciendo hasta hacer una atmósfera irrespirable. Amigos y conocidos nos negaban la palabra y el saludo o no se atrevían a hablarnos abiertamente en la calle. Este sometimiento llegó hasta los intelectuales pequeños burgueses cuya captación no ofrecía gran dificultad, puesto que se llegaba provisionalmente a compensarlos. “Desde el poeta exquisito y católico José Bergamín que, habiendo permanecido toda su vida en el Olimpo, descendió entonces para firmar una petición de muerte contra “los fascistas del POUM” (puede consultarse el folleto “El espionaje en España con un prólogo de José Bergamín que quiero creer este no llegó en realidad a escribir), hasta el más banal y minúsculo periodista, todos los intelectuales se dejaron seducir por la “eficacia “de la política comunista, la aceptaban y eran remunerados”

Cuando todo se consideraba ya preparado, policía paralela, checas y el terrible Convento de Santa Úrsula, con sus torturas, llegó el día “H” (Largo Caballero había salido ya del gobierno y se había negado a declarar ilegal al POUM). El día 16 de junio de 1937, se procedió a la detención monstruo de militantes del POUM y a la incautación de sus locales. Nin detenido por la mañana por la policía paralela fue conducido a primeras horas de la tarde a Valencia y después conducido a una prisión paralela en Alcalá de Henares, de donde desapareció para siempre. Los dirigentes principales de esta campaña fueron los rusos Ovseenko y Orlov. El Comité Ejecutivo del POUM detenido aquella noche fue trasladado igualmente a Valencia y hubieran podido sufrir la misma suerte de Nin. Después de unos días en Valencia, se recibió la orden en la cárcel de que fueran puestos en libertad y al salir los esperaba la policía estaliniana que los condujo rápidamente a Madrid, donde desaparecieron en una checa. El entonces Ministro de Justicia, Irujo, que confesó que Nin se había escapado de su jurisdicción, prometió bajo su responsabilidad y guardias de asalto a su servicio que el Comité Ejecutivo del POUM volvería a la cárcel del Estado en Valencia, lo que así fue.

Muchos hechos comprueban el dominio del poder ruso y los comunistas. Ante la campaña internacional provocada por la desaparición de Nin, el Gobierno nombró un juez especial para que aclarase lo sucedido. Moreno Leguía, nombrado para esta misión por el Gobierno, no tardó en esclarecer la intervención de algunos policías comunistas, a los que intentó destituir y procesar. Pero Moreno Leguía fue atemorizado con el secuestro de su madre y de su hija que estaban en Madrid y, naturalmente, no tuvo el valor cívico y dimitió de su cargo. Igualmente fue para nosotros muy difícil el encontrar un defensor para los procesados. Felizmente, Vicente Rodríguez Revilla, viejo compañero del Ministerio de Hacienda de Andrade, que ya le había ocultado en su casa durante los hechos de 1934, se prestó a la defensa de todos. Pero estuvo a punto de ser secuestrado, lo que impidieron la FAI y la CNT porque Revilla se prestaba igualmente a ser defensor de alguno de los suyos. El proceso se celebró en Barcelona en noviembre de 1938. Todos los detalles son conocidos y están publicados. El falso documento por el que se acusaba al POUM de espionaje, fue desechado por su misma incongruencia y falsedad, así como todas las demás acusaciones. Pero lo que no se conoce es el ambiente que los comunistas crearon en aquel momento. Todas las tardes circulaban por Barcelona camiones con pancartas pidiendo la pena de muerte para “los fascistas del POUM’ Los ujieres entraban en la sala con bandejas de cartas de los militantes del frente pidiendo igual castigo. Las declaraciones en favor de los procesados entre las cuales las de Irujo, Largo Caballero, Montseny y otros, hicieron que se llegase a una condena de principio de quince años (no había más remedio que condenar) por el delito de haber querido implantar una sociedad de acuerdo con sus ideales revolucionarios”.

La documentación más exhaustiva sobre este trágico episodio se encuentra en El proceso del POUM. Documentos judiciales y policiales, un volumen de casi 600 páginas (Lerna -Laertes, Barcelona, 1989), y esta sintetizada en la edición mencionada más arriba. A diferencia de otros camaradas suyos, Andrade siempre distinguió entre los que actuaron como sicarios de Stalin, y la militancia de base educada en la fe y la obediencia.


Pepe Gutiérrez-Álvarez

¿Por qué el capitalismo odia tanto a Irán?




¿Cómo la revolución iraní resiste a todas las agresiones del capitalismo (guerra impuesta contra Iraq promovida por Occidente, bloqueo comercial, ataques terroristas, campañas mediáticas destructoras, amenazas constantes desde Israel, revoluciones de “colorines” teledirigidas por la CIA…) desde hace más de 30 años?

La respuesta se encuentra en el “shiismo rojo” y en su política económica y social. Desde comienzo de los años setenta, Irán produjo una generación de intelectuales radicales que no sólo eran revolucionarios en su política –deseaban reemplazar la monarquía por una república– sino también en sus planteamientos económicos y sociales. Deseaban transformar tanto la raíz como las ramificaciones del sistema de clases. El pionero fue un joven intelectual llamado Ali Shariati, quien no vivió lo suficiente para ver la revolución, pero cuyas enseñanzas alimentaron el movimiento revolucionario. Inspirado por los argelinos, el Che Guevara y Ho Chi Minh, Shariati dedicó su corta vida a reinterpretar el shi‘ísmo como una ideología revolucionaria y a sintetizarlo con el marxismo. Produjo lo que podría llamarse una versión shi‘í de la teología católica de la liberación. Sus enseñanzas no sólo tocaron la fibra sensible de los estudiantes de instituto y los universitarios, sino también la de los seminaristas más jóvenes. Estos teólogos en ciernes podían aceptar fácilmente las enseñanzas de Shariati. Un estudiante de teología llegó a describir al Imam Husain como un antiguo Che Guevara y a Karbala’ como Sierra Maestra. La mayoría de quienes organizaron las manifestaciones y los enfrentamientos en las calles y los bazares durante los turbulentos meses de 1978 eran estudiantes de instituto y universitarios inspirados en su mayoría por Shariati. Sus frases de moda –que tenían más en común con los movimientos anti-coloniales que con el shi‘ísmo tradicional– formaron parte, a veces a través de Jomeini, de los eslóganes y las pancartas exhibidos a lo largo de toda la revolución.

Algunos de los más típicos fueron:

¡Nuestro enemigo es el imperialismo, el capitalismo y el feudalismo! ¡El Islam pertenece a los oprimidos, no a los opresores! ¡Oprimidos del mundo, unios! ¡El Islam no es el opio del pueblo! ¡El Islam lucha por la igualdad y la justicia social! ¡El Islam representa a los proletarios, no a quienes viven en palacios! ¡El Islam eliminará las diferencias de clase! ¡El Islam proviene de las masas, no de los ricos! ¡El Islam mejorará la situación de los desposeídos! ¡Luchamos por el Islam, no por el capitalismo ni el feudalismo! ¡El Islam liberará al hambriento de las garras de los ricos! ¡El pobre luchó con el Profeta, el rico luchó contra él! ¡El pobre muere por la revolución, el rico conspira contra ella! ¡Independencia, libertad, república islámica! ¡Libertad, igualdad, república islámica!
Este movimiento popular no sólo ayuda a explicar el éxito de la revolución, sino también la longevidad de la República Islámica. La Constitución de la República, con 175 cláusulas, transformó estas aspiraciones generales en promesas específicas que quedaron registradas por escrito. Prometió eliminar la pobreza, el analfabetismo, la infravivienda y el desempleo. También se comprometió a ofrecer a la población educación gratuita, acceso a la atención médica, viviendas decentes, pensiones de jubilación y de invalidez, y seguro por desempleo. La constitución declara que “el gobierno tiene la obligación legal de proporcionar los servicios mencionados a todos los individuos del país.” En resumen, la República Islámica prometió crear un Estado del bienestar en toda la extensión de la palabra, en el sentido europeo del término, no en el sentido despectivo empleado por los americanos. Con todas sus luces y sus sombras, al igual que puede decirse de Cuba o Venezuela salvando todas las distancias, muchos de estos objetivos han sido conseguidos. Estos países son un “mal ejemplo” para otras naciones oprimidas y es por ello que deben ser combatidos por todos los medios posibles al servicio del capital. Occidente los convertirá mediáticamente en el “régimen castrista”, el “régimen chavista” o el “régimen teocrático de los ayatolás”. Simplemente es el castigo de “la mano invisible” por su anti-imperialismo, perpetrado por esos mismos medios de desinformación que usan términos amistosos como el “reino de Marruecos” o “las monarquías del golfo” cuando se trata de calificar al totalitarismo sumiso a los intereses del capital.

http://shiandalus.blogspot.com/2010/01/por-que-ha-sobrevivido-la-republica.html

En defensa de la cultura, el progreso y la unidad por la República




Una serie de intelectuales, artistas, políticos y activistas del movimiento republicano, así como varios Ateneoso Republicanos, han impulsado un Manifiesto bajo el nombre "En defensa de la cultura y el progreso y por la unidad del movimiento republicano", en el que se hace un llamamiento a la unidad del movimiento republicano en base a unos ejes fundamentales. El texto está firmado, entre otros, por Rosa Regàs, Marcos Ana, Antonio Romero, Jose Antonio Barroso, Juan Margallo, Luis Ramiro, Juan Pinilla, Petra Martinez, Julio Anguita, Kalvellido, Teodulfo Lagunero, Santiago Alba Rico, José Luis Pitarch o Vicente Cuesta.

Una serie de intelectuales, artistas, políticos y activistas del movimiento republicano, así como varios Ateneoso Republicanos, han impulsado un Manifiesto bajo el nombre "En defensa de la cultura y el progreso y por la unidad del movimiento republicano", en el que se hace un llamamiento a la unidad de los republicanos en base a unos ejes fundamentales.

Los impulsores reconocen la importancia de la Cultura para el avance de los valores republicanos en España y para conseguir una nueva sociedad "profundamente justa, culta, participativa y solidaria, donde el protagonismo se otorgue al conjunto de la ciudadanía, frente a cualquier oligarquía económica o política".

El manifiesto, que puede firmarse en la web www.culturaprogresoyrepublica.es, cuenta con las primeras adhesiones iniciales de Javier Parra (Director de La República), Julio Castro (Director de La República Cultural), Antonio Romero (Coordinador de la Red de Municipios por la Tercera República), José Antonio Barroso (Alcalde de Puerto Real), Rosa Regàs (Escritora(, Marcos Ana (Poeta), Julio Anguita (Político), Jose Luis Pitarch (Presidente de Unidad Civica por la República), Guillermo Nova (Periodista), Santiago Alba Rico (Escritor), J.Kalvellido (Dibujante), Juan Margallo (Director de Teatro), Petra Martínez, (Actriz), José María Alfaya González (Cantautor), Luís Ramiro (Cantautor), Vicente Cuesta (Actor), Teodulfo Lagunero (Abogado), Miguel Esteban Martín (Diputado Andaluz) y Juan Pinilla (Cantaor), además de la Asamblea Republicana de Vigo, el Ateneo Republicano de Villaverde y el Ateneo Republicano de la Isla.

El objetivo es recoger apoyos durante estos meses entre el mundo de la cultura y el espectáculo, las letras, las artes, la investigación y las ciencias, los sindicatos de clase, las organizaciones sociales y políticas, las asociaciones culturales, ateneos republicanos, colectivos de estudiantes, medios de comunicación, etc, y entre toda la ciudadanía en general, con el objetivo de lograr un amplio respaldo en el mes de Abril, momento en el que se presentará esta apuesta por la unidad del movimiento republicano.

Al manifiesto pueden adherirse, no sólo personas a título individual, sino colectivos, como Ateneos Republicanos, así como organizaciones políticas, sociales y sindicales.

"La lucha de clases se ha trasladado al interior de cada trabajador"







ENTREVISTA: SIDI MOHAMED BARKAT Filósofo

"El trabajador ha sido transformado en una especie de empleador de sí mismo. El sujeto emplea al cuerpo. La lucha de clases se ha trasladado al interior del individuo". La serie de suicidios ocurridos en Francia en los lugares de trabajo sería una de las consecuencias de esta nueva organización del trabajo. Ésta es la tesis que sostiene el filósofo Sidi Mohamed Barkat (Tlemcen, Argelia, 1948), profesor e investigador del Departamento de Ergonomía y Ecología Humana de la Universidad de la Sorbona, que ayer pronunció una conferencia en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona sobre El futuro del trabajo.
Barkat, que fue director del Colegio Internacional de Filosofía de París combina su condición de académico en la más pura tradición de la excelencia francesa, con sus orígenes argelinos, lo que le ha permitido investigar en el campo de las identidades de los individuos y hurgar sin trabas en la memoria de la colonización o el terror como arma política. Los franceses contra el terror de Estado. Argelia 1954-1962 y Les artifices du pouvoir colonial et la destruction de la vie (Éditions d'Amsterdam, 2005), son dos de sus obras más importantes. Actualmente estudia los cambios sustanciales que se están produciendo en la organización del trabajo y los conflictos que generan.



Pregunta. ¿El fordismo, la organización del trabajo surgida del sistema de producción en cadena creado por Henry Ford, ya no rige nuestras sociedades?

Respuesta. Los sindicatos se batían por reducir el número de horas y aumentar los salarios y, en menor medida, controlaban las condiciones de trabajo, pero no tocaban lo que pasaba dentro del trabajo. Un sistema que ha permitido el desarrollo de la sociedad de consumo, el crecimiento económico, pero que no ha tratado la cuestión de la existencia, de la respiración.

P. ¿Dónde respiraban?

R. Los trabajadores respiraban fuera del trabajo. Con el dinero se podía acceder al mundo, se podía entrar en una comunidad -la comunidad nacional-, un mundo -la civilización- y un espacio -el territorio del país-. Eran objetos de amor y conformaban la identidad.

P. Ahora ya no respiran...

R. La nueva organización del trabajo ha cambiado este relato y los suicidios son el grito desesperado de los trabajadores que sucumben. El Gobierno buscó una razón para los suicidios y los atribuyó a problemas personales. Para mí son un grito de revuelta ante una situación que nos desborda y de la que no podemos escapar; el suicidio abre una brecha para poder tomar el aire, es una cuchillada, como lo fue realmente en el caso de un trabajador de France Télécom que en medio de una reunión se clavó un cuchillo en el abdomen. El que se suicida nos convoca para ver lo que los demás no vemos. Nuestra civilización no es consciente de que está produciendo muertos vivientes, zombis.

P. ¿Se trata de una cuestión de productividad? ¿Cuál es el factor determinante de este cambio?

R. La evaluación individualizada de la productividad crea una división en el interior de la persona. El trabajador ha sido transformado en una especie de empleador de sí mismo. En algunos sectores, ciertamente, se le ha concedido un grado considerable de autonomía, e incluso se puede decir que es más libre. Pero lo que sucede es que una parte de sí mismo -el sujeto- va a emplear a la otra parte -el cuerpo- y le va a pedir una serie de cosas. Si los objetivos que se impone son muy elevados, el sujeto puede pedirle al cuerpo tal vez lo imposible y es así como el cuerpo va a trabajar, no sólo en la empresa, sino fuera de la empresa; por ejemplo, pidiendo al marido o a la esposa que le ayude; formándose a su propio coste. El trabajo ha desbordado completamente su esfera para invadir la esfera de lo privado. Incluso a los trabajadores se les regala material como ordenadores, teléfonos, etcétera.

P. ¿Para ayudarles a trabajar?

R. En realidad para ayudarles a transportar su trabajo fuera del espacio de su trabajo. Ahí es donde empieza el conflicto entre el sujeto que ordena y el cuerpo que obedece. El cuerpo pensante, que es flexible y ligero, no puede serlo más que manteniendo una cierta economía vital; si se le empuja demasiado lejos, es como una máquina a la que se le pide más de la cuenta y se rompe. En lugar de producir ligereza e invención produce pesadez

P. ¿De dónde viene esta contradicción?

R. De las nuevas técnicas de gestión empresarial. Se dijo que los trabajadores ya no tenían razones para sentirse enfrentados al capital; se dijo: hemos hecho del asalariado su propio patrón, ya no hay lucha de clases. Pero el capital -ahora en forma de capital financiero- y el trabajo siguen estando ahí y el conflicto se ha trasladado.

P. ¿Dónde se ha trasladado el conflicto?

R. Hemos trasladado el antagonismo social al interior del individuo. El conflicto social estaba regulado por las negociaciones entre la patronal y los sindicatos, por las reglamentaciones etcétera y por lo que antes definíamos como la comunidad nacional, la identidad..., pero ahora el conflicto está dentro del individuo, y este conflicto es el que lleva a explotar, el suicidio. Se puede hablar de acoso laboral, de jefes malvados, y es cierto, esto está ahí y hay que denunciarlo, pero no es eso lo que sucede dentro de este individuo que se suicida, no es el patrón, es él mismo. No hay manera de establecer una mediación entre uno y uno mismo.

P. ¿Cuál sería el sistema?

R. La cuestión fundamental es cómo se hace correr a la gente. Si usted sólo quiere simplemente trabajar, no le darán ese empleo. Por esto se busca sólo a jóvenes, a gente que cree en esa idea de que son ganadores y no perdedores y que están dispuestos a comprometerse en el éxito, que están por la acción; gente que quiere moverse... El movimiento es el elemento determinante. El segundo elemento es la polivalencia y la reestructuración, lo que supone sustituir la existencia. Pero esta misma regla permite que la empresa diga regularmente que no hacen suficiente. La gente corre para atrapar, no sólo el salario, no sólo el reconocimiento, corre por el simple hecho de correr. Cuando se corre se crea un hilo y si uno se para, el hilo se rompe. Correr es trazar una línea. Esta línea no existe. Sólo existe cuando se corre.
El Pais

“El Hombre que amaba los perros” de Leonardo Padura. Dos notas cubanas




Pedro Campos
“El Hombre que amaba los perros”, última novela de Padura
Se trata de la vida del asesino de León Trotski, el español Ramón Mercader, quien viviera en Cuba los últimos años de su vida

Este 10 de septiembre en una abarrotada sala de Casa de Las Américas, en Ciudad de La Habana, el afamado novelista cubano Leonardo Padura, leyó algunos pasajes, comentó y relató aspectos de la factoría y respondió comentarios y preguntas relativos a su última novela, acabada de publicar en España: “El hombre que amaba los perros”.
Se trata de la vida del asesino de Lev Davidovich Bronstein -León Trotski-, el español Ramón Mercader, quien viviera en Cuba los últimos años de su vida, bajo un seudónimo que llevaba por apellido López.
El nombre de la novela proviene de un cuento homónimo sobre un asesino profesional que tenía predilección por los perros y del hecho real de que “López” era amante de los canes. Cuenta Padura que Mercader se paseaba por la Quinta Avenida de Miramar, con dos grande perros rusos, cuyo dueño los prestara, ocasionalmente, al cineasta cubano Tomás Gutiérrez Alea, Titón, para su película “Los sobrevivientes”.
La obra, según su autor, consta de tres partes: la vida de Mercader hasta su reclutamiento para el cumplimiento de esa misión en México; el trabajo propiamente de penetración en el círculo cercano del líder bolchevique hasta su asesinato y los años posteriores de prisión y ya “el retiro apacible” de Ramón Mercader en La Habana bajo un nombre supuesto. En definitiva permite abordar muchos de los intríngulis del estalinismo, así como sus vínculos con la República Española, México y Cuba.
El escritor explicó los giros literarios de los que se valió para construir el relato y algunas de las dificultades con las que tropezó para descifrar todo el entramado de aquella tragedia y contó cómo a través de cinco años investigó la vida de Mercader, se puso en contacto con familiares y amigos que sabían o no su verdadera historia; pero sobre todo, brindó a los cubanos allí presentes muchos elementos de esa fase poco conocida aquí, de los horrores del estalinismo.


Los cubanos empezarán a saber que convivieron con este asesino, en la medida en que vayan conociendo la existencia de esta novela. Una pregunta imprecisa de uno de los asistentes quedó pendiente en el aire: ¿Tenía Mercader vínculos y la eventual protección del estado cubano durante su permanencia en nuestro país?
Padura respondió que la madre de Mercader, Caridad, misma que ofició de intermediaria para su reclutamiento por la Inteligencia estalinista, había trabajado como secretaria en la embajada de Cuba en París en los primeros años del triunfo revolucionario y que sí había identificado vínculos de Mercader con figuras importantes del viejo Partido Comunista, puesto que los mismos lo auxiliarían en Cuba, una de las vías previsibles de escape luego del asesinato.
Más allá de la interesante vida de Mercader, se encontrará toda la trama estalinista para asesinar a Trotski, los móviles políticos y personales que animaban los planes del georgiano y la forma en que “usaba” a los comunistas de todo el mundo en función de sus intereses.
Para los cubanos, en particular, será también un gran descubrimiento, identificar como 25 años después de la muerte de Stalin en 1953, el estalinismo tenía profundas raíces echadas en nuestra sociedad, al punto de servir de resguardo y guarida final al asesino del iniciador, junto a Lenin, de la Revolución de Octubre.
La publicación en Cuba de “El hombre que amaba los perros” tendría una significación especial, toda vez que la filosofía política predominante en el mundo oficial de las publicaciones literarias y de las Ciencias Sociales en general, como el sistema político y socio-económico mismo, han estado condicionados por el pensamiento neo-estalinista y su inseparable compañero: el anatema del trotskismo.
Este libro de Padura no está disponible en Cuba todavía, pues según su autor existe el compromiso con la editorial española de ceder a Cuba los derechos para su publicación sin costo alguno, pero solo 6 meses después de su salida.
En Cuba vivió Mercader sus últimos años. Quizás, se tratara de una señal premonitoria del destino, anunciando que los “últimos años” del estalinismo serían en tierras caribeñas.
En 2004, a la muerte de su mujer, Iván, aspirante a escritor y ahora responsable de un paupérrimo gabinete veterinario de La Habana, vuelve los ojos hacia un episodio de su vida, ocurrido en 1977, cuando conoció a un enigmático hombre que paseaba por la playa en compañía de dos hermosos galgos rusos. Tras varios encuentros, «el hombre que amaba a los perros» comenzó a hacerlo depositario de unas singulares confidencias que van centrándose en la figura del asesino de Trotski, Ramón Mercader, de quien sabe detalles muy íntimos. Gracias a esas confidencias, Iván puede reconstruir las trayectorias vitales de Liev Davídovich Bronstein, también llamado Trotski, y de Ramón Mercader, también conocido como Jacques Mornard, y cómo se convierten en víctima y verdugo de uno de los crímenes más reveladores del siglo XX. Desde el destierro impuesto por Stalin a Trotski en 1929 y el penoso periplo del exiliado, y desde la infancia de Mercader en la Barcelona burguesa, sus amores y peripecias durante la Guerra Civil, o más adelante en Moscú y París, las vidas de ambos se entrelazan hasta confluir en México. Ambas historias completan su sentido cuando sobre ellas proyecta Iván sus avatares vitales e intelectuales en la Cuba contemporánea y su destructiva relación con el hombre que amaba a los perros.

2. Carmen Oria: "El hombre que amaba a los perros", novela de Padura

Texto tomado de Granma

Una de las novelas más arduas de todas las escritas por su carga histórica, filosófica y densidad narrativa que no tenían las anteriores, será "El hombre que amaba los perros" aseguró el narrador Leonardo Padura.
En proceso de autoedición, la novela constituye un reto que obliga a superar sus producciones precedentes, declaró en exclusiva a la AIN el autor de Adiós, Hemingway y La neblina del ayer, al concluir la Tertulia Barraca de Feria que conduce el periodista Ciro Bianchi.
Padura comentó que con esta entrega corre el riesgo de presentar a los lectores una historia mucho más compleja en lo histórico y literario, aunque aderezada por la experiencia de la escritura de sus anteriores novelas, y de haber hecho periodismo.
Confesó que gracias a esa habilidad adquirida intenta llamar la atención de los lectores con el tema de la dicotomía entre León Trotsky y Jósef Stalin, las dos alternativas que tenía el Socialismo después de la muerte de Vladimir Ilich Lenin.
El Hombre necesita una utopía —señaló Padura— y el ser humano de principios del siglo XXI la necesita aún más por la situación límite que en el terreno político, social, económico y ambiental en que se encuentra el mundo.
Padura manifestó que desde su modesta posición la novela podría ser un aporte en la búsqueda de una nueva utopía, al tomar como referente el fracaso de aquella sociedad de iguales como fue la que se trató de fundar con la Revolución Rusa.
La trama se cuenta en unas 600 páginas por las cuales desandan Trotsky, Mercader e Iván, algunos personajes ficcionados a partir de la realidad que bien pudieron ser "El hombre que amaba los perros", título que se espera en los anaqueles en el 2008.
Sus novelas policíacas poseen un enigma inconsistente, no le interesa el quien; sino el cómo y el por qué, dijo el ganador del Premio Internacional de Novela Casa de Teatro 2001 en República Dominicana, y en dos ocasiones del premio Dashiell Hammet a la mejor novela de género policiaco.