28 de enero de 2010

Serge Latouche: profeta del decrecimiento



Nacido en Vannes, en Bretaña, el 12 de enero de 1940, Serge Latouche es economista y filósofo de formación y antropólogo por experiencia –no en vano estudió en las universidades de Lille y de París los saberes de la economía, las ciencias políticas y la filosofía–, y actualmente ejerce de profesor emérito de ciencias económicas en la Universidad de París-Sur (XI-Sceau/Orsay), hecho que compagina con la presidencia de La Ligne d’Horizon y del Instituto de Estudios Económicos y Sociales para el Decrecimiento Sostenible, fundado por Nicholas-Georgescu Roegen, desde dónde editan, junto con Casseurs dû Pub, la revista La*Décroissance (Journal de la joie de vivre), que también cuenta con una redacción en Italia.
En los últimos veinticinco años, este «objetor de crecimiento» –como a él le gusta de definirse– ha contribuido, como muy pocos otros intelectuales, a la clarificación y a la maduración del concepto en torno el cual se han fundamentado los nuevos movimientos globales. Durante los años setenta pasó muchos en África occidental, desde dónde maduró su pensamiento, que de las posiciones marxistas tradicionales lo llevaron a una crítica radical de la ideología del «progreso» y del «desarrollo», incluso en sus versiones de izquierdas.

Esta maduración lo llevó, en 1981, a fundar con Allain Caillé el MAUSS (Movimiento AntiUtilitarista en las Ciencias Sociales) y la revista homónima (que también cuenta con una edición italiana). De entre su extensa obra, destacan L'Occidentalisation du monde (La Découverte, 1989); La Planète des naufragés (La Découverte, 1991); L'Autre Afrique, entre don et marché (Albin Michel, 1998); Justice sans limites (Fayard, 2003), Survivre au développement (Mille et Une Nuits, 2004), y La apuesta por el decrfecimiento: cómo salir del imaginario dominante? (Icaria, 2008).

Nos preguntamos cómo es posible que un pensamiento y una obra como la de este bretón sea tan desconocida en nuestras latitudes. La respuesta la daba no hace mucho tiempo el filósofo Ramon Alcoberro, al hablar de pensadores como Latouche, Ellul, Castoriadis o Rist: «Son unos nombres que nadie bien educado no pronuncia ni en broma en una facultad universitaria como es debido -o que se plagian patéticamente cuando alguien quiere hacer la pelota a los antiglobis».



Esta maduración lo llevó, en 1981, a fundar con Allain Caillé el MAUSS (Movimiento AntiUtilitarista en las Ciencias Sociales) y la revista homónima (que también cuenta con una edición italiana). De entre su extensa obra, destacan L'Occidentalisation du monde (La Découverte, 1989); La Planète des naufragés (La Découverte, 1991); L'Autre Afrique, entre don et marché (Albin Michel, 1998); Justice sans limites (Fayard, 2003), Survivre au développement (Mille et Une Nuits, 2004), y La apuesta por el decrfecimiento: cómo salir del imaginario dominante? (Icaria, 2008).

Nos preguntamos cómo es posible que un pensamiento y una obra como la de este bretón sea tan desconocida en nuestras latitudes. La respuesta la daba no hace mucho tiempo el filósofo Ramon Alcoberro, al hablar de pensadores como Latouche, Ellul, Castoriadis o Rist: «Son unos nombres que nadie bien educado no pronuncia ni en broma en una facultad universitaria como es debido -o que se plagian patéticamente cuando alguien quiere hacer la pelota a los antiglobis».

¿Qué es el decrecimiento?

El término decrecimiento se usa de hace bien poco en el debate económico, político y social, aun cuando el origen de las ideas que comporta tiene una historia más o menos antigua. Hasta estos últimos años la palabra no figuraba en ningún diccionario económico y social, mientras se encuentran algunas entradas sobre sus correlacionales «crecimiento cero», «desarrollo sostenible» y, claro está, «estado estacionario». Aun así, ya posee una historia relativamente compleja y un incontestable peso analítico y político en economía. Hace falta, todavía, entender sobre su significado. Los comentaristas y los críticos más o menos malévolos hacen constar la antigüedad del concepto para liquidar más fácilmente el alcance subversivo de las propuestas de los «objetores de crecimiento».

No se trata, efectivamente, ni del estado estacionario de los viejos clásicos, ni de una forma u otra de regresión, recesión, «crecimiento negativo», ni tampoc del «crecimiento cero», aunque por todas partes podamos encontrar una parte de la problemática. Precisemos, acto seguido, que el decrecimiento no es un concepto y, en cualquier caso, no es simétrico del crecimiento. Es un eslogan político con implicaciones teóricas. Apunta a romper el lenguaje engañoso de los drogadictos del *
productivismo.

La palabra de orden del decrecimiento también tiene sobre todo por objeto marcar fuertemente el abandono del objetivo del crecimiento por el crecimiento, el motor del cual no es otro que la búsqueda del provecho por quienes detentan el capital y las consecuencias del cual son desastrosas para el medio ambiente. En rigor, se debería hablar de un «a-crecimiento», como se habla de a-teismo, más que de un de-crecimiento. Se trata, pues, muy precisamente del abandono de una fe o de una religión: la de la economía, la del crecimiento, la del progreso y la del desarrollo.

¿Qué diferencía el decrecimiento y el denominado desarrollo sostenible?

Si trazamos la historia del concepto de desarrollo nos encontramos en su origen con la biología evolucionista, que lo sitúa, pues, en la historia de las ciencias occidentales dónde nació. Ya antes de Darwin los biólogos distinguían, para los organismos, el crecimiento del desarrollo. Un organismo nace y crece, es su crecimiento, cuando crece se modifica; una semilla no se convierte en una gran semilla, sino en un roble por ejemplo, y este es su desarrollo. Pero el crecimiento no es un fenómeno infinito y al final de un cierto tiempo el organismo muere.

Los economistas han transpuesto esta palabra de manera metafórica al organismo económico, ¡pero se han olvidado de la muerte! Ya se ve, pues, a partir de aquí que el concepto es perverso porque incorpora en él mismo aquello que los griegos llamaban hubris, la desmesura. Hemos entrado en un ciclo perverso de crecimiento ilimitado, crecimiento del consumo para hacer crecer la producción que, a su vez, hace crecer el consumo y así sucesivamente. Ya no se trata, pues, de llegar a un cierto estadio de bienestar o de satisfacción. Al contrario, esta satisfacción siempre es rechazada hasta el infinito. Es del todo absurdo, sólo podría ser matemáticamente. Efectivamente, una tasa de crecimiento continuo del 2 al 3% anual, conduciría al organismo económico a crecer setecientas veces en un siglo –contando los intereses compuestos. O vivimos en un planeta finito.

Aquí nos enfrentamos al famoso «teorema del nenúfar». Si un nenúfar coloniza un estanque doblando su superficie todos los años, quizás tardará cincuenta años en colonitzar la mitad, pero sólo le hará falta un año para ocupar la mitad restante. Estamos en este punto, es lo suficiente claro con el petróleo, los bosques, la pesca, el cambio climático. Nos hemos creído que lo podíamos colonizar todo sin problemas y hoy comprendemos que ahora todo desaparecerá en muy poco tiempos.

«El concepto de desarrollo
es perverso, porque incorpora
lo que los griegos llamaban
hubris, la desmesura.»

La idea de un desarrollo sostenible no es, entonces, un principio de solución. Al contrario, es el oxímoron por excelencia. El modelo de desarrollo seguido por todos los países hasta hoy es fundamentalmente no sostenible. Se puede, como se hizo en una época comparar el socialismo soñado con el socialismo realmente existente, comparar el desarrollo soñado con el desarrollo realmente existente. El desarrollo, el único que se conoce, finalmente se resume en «siempre hacer más de la misma cosa», sea el que sea el adjetivo que se adjunte. En treinta años de participación personal en proyectos en el Tercero Mundo y esencialmente en África, he visto el desarrollo –denominado sucesivamente socialista, de participación activa, cooperativo, autónomo, popular– tener los mismos resultados catastróficos.

Hace falta recordar a menudo que, como dijo Nicholas Georgescu-Roegen, «el desarrollo sostenible no puede ser en caso alguno separado del crecimiento económico», incluso si un no se puede reducir al otro, como el desarrollo de la planta reposa sobre el crecimiento de la semilla, y que esta lógica de crecimiento es incompatible con la finitud del planeta. El desarrollo no sabría ser ni duradero ni sostenible. Si se quiere construir una sociedad duradera y sostenible, hace falta salir del desarrollo y en consecuencia salir de la economía puesto que ésta incorpora, en su misma esencia, la desmesura.

¿Cuáles han sido y son los teóricos del decrecimiento?

El proyecto de una sociedad autónoma y ecònoma que abraza este eslogan no es de ayer. Sin remontarnos a ciertas utopías del primer socialismo, ni a la tradición anarquista renovada por el situacionismo, ha sido formulada bajo una forma próxima a la nuestra desde finales de los años sesenta por Ivan Illich, André Gorz y Cornelius Castoriadis. El fracaso del desarrollo en el Sur y la pérdida de referentes en el Norte llevó a muchos pensadores a cuestionar la sociedad de consumo y sus bases imaginarias: el progreso, la ciencia y la técnica. La toma de conciencia de la crisis del medio ambiente que se produce en el mismo momento, aporta una nueva dimensión.

Los autores del informe del Club de Roma (Meadows, Randers y Behrens) ya tenían la convicción, en 1972, que la toma de conciencia de los límites materiales del medio ambiente mundial y de las consecuencias trágicas de una explotación irracional de los recursos terrestres era indispensable para hacer emerger nuevas maneras de pensar que debían conducir a una revisión fundamental, a la vez del comportamiento de los hombres, y, por consecuencia, de la estructura de la sociedad actual en su conjunto.

La idea de decrecimiento tiene, pues, una doble filiación. Se forma, de un lado, en la presa de conciencia de la crisis ecológica y, de otro, al filo de la crítica de la técnica y del desarrollo.

La simplicidad radical preconizada, entre otros, por Jim Merkel, desde los Estado Unidos, se acerca al decrecimiento de Serge Latouche? Es decir, se podría hablar d’una ideología y de un decrecimiento global a nivel planetario?

Sí y no. En su libro La convivencialedad (Cuaderno CIDOC, Cuernavaca, México, 1972; Joaquín Mortiz ed., Planeta, 1985), Ivan Illich preconiza la «sobria embriaguez de la vida». Illich dice que en la condición «humana» actual, en la cual todas las tecnologías se hacen tan invasoras, él no sabría encontrar más alegría que en lo que diría un tecno-joven. La limitación necesaria de nuestro consumo y de la producción, el paro de la explotación de la natura y de la explotación del trabajo por el capital, no significan un «regreso» a una vida de privación y de trabajo. Esto significa, al contrario –si se es capaz de renunciar al confort material– una liberación de la creatividad, una renovación de la convivencialitat, y la posibilidad de llevar una vida digna.




La búsqueda de la simplicidad voluntaria, o si se prefiere, de una vida austera, no tiene nada que ver con un prejuicio de frustración masoquista. Es la elección de vivir de lo contrario, de vivir mejor de hecho, y más en armonía con las propias convicciones, reemplazando la carrera de los bienes materiales por la búsqueda de valores más satisfactorios. Las raras familias que escogen vivir sin televisión no son de lamentar. A las satisfacciones que les podría ofrecer el tragaluz mágico, prefieren otras: vida familiar o social, lectura, juegos, actividades artísticas, tiempo libre para soñar y simplemente disfrutar la vida… Este camino es evidentemente, en general, progresivo, aunque las presiones contrarias de la sociedad sean fuertes. Es un camino que pide dominar los propios miedos, miedo al vacío, miedo a la carencia, miedo al futuro, miedo también a no estar de acuerdo con los moldes prefabricados, miedo de desmarcarse con relación a las normas en vigor. Es la elección de vivir ahora más que no sacrificar la vida presente al consumo o a la acumulación de valores sin valor, a la construcción de un plan de ahorros o jubilación encargado para hacer frente al miedo de no tener lo suficiente. Una reflexión más reposada sobre la huella ecológica permite, aun así, captar el carácter sistémico del «sobreconsumo» y los límites de la simplicidad voluntaria.
«La apuesta del decrecimiento
es empujar a la humanidad
hacia una democracia ecológica.»

En 1961, todavía, la huella ecológica de Francia se correspondía apenas a un planeta contra los tres de hoy. ¿Quiere decir esto que en los hogares franceses comían tres veces menos carne, bebían tres veces menos agua y vino, quemaban tres veces menos electricidad o gasolina? Seguramente no. Solamente que, ¡el pequeño yogur con fresas que comemos hoy todavía no incorporaba sus 8.000 km! La ropa que llevamos tampoco y el bistec devoraba menos grasas químicas, pesticidas, soja importada y petróleo.

De cualquier manera, el cambio de imaginario, si no nos decidimos, comporta igualmente, múltiples cambios de mentalidades que en parte están preparadas por la propaganda y la imitación. Hace falta que las mentalidades «basculen» para que el sistema cambie. La clase de círculo, tipo huevo y gallina, implica iniciar una dinámica virtuosa.

¿Debería pasar alguna especie de catástrofe natural o accidental para que los gobiernos se tomen seriamente la idea de decrecer?

Desgraciadamente, es probable. No sé si del fin del petróleo, por ejemplo, podemos decir que es una catástrofe. Para mí más bien sería una buena nueva. El petróleo habrá sido una catástrofe para la humanidad cuando se ve la cantidad de sangre y de lágrimas que habrá hecho derramar. Hay fenómenos límite y el agotamiento de los recursos naturales es uno de ellos. También puede haber, efectivamente, catástrofes naturales engendradas por el desajuste climático, países que desaparecerán bajo el agua, otros que se helarán, generando cientos de miles de emigrantes por el medio ambiente. Se perfilan otros fenómenos. Se habla poco de ello, pero la industrialización en China provocará (a imagen de la de Inglaterra, que condujo a la emigración a Australia, Nueva Zelanda o los Estados Unidos de entre dos a tres millones de proletarios) la salida de los campos de tres a quinientos millones de chinos, que se convertirán en vagabundos –que ya empiezan a serlo, que se sublevan o se suicidan.

Asistiremos al más gran desarraigo planetario de toda la historia. Esto puede provocar efectos de quiebra considerables. Empezamos a sumar efectos ecológicos, sociales y catástrofes más o menos naturales en los desajustes de la economía misma. Vivimos, en efecto, en una economía de casino, en una especie de burbuja mantenida artificialmente por una huída hacia delante, en una economía de crédito, de anticipación –la economía americana, a manera de ejemplo, vive aproximadamente a tres años vista. Es el equilibrio del ciclista, siempre se debe pedalear más deprisa para poder mantenerse, incluso si se sabe que aquello acabará contigo. Si todo se estropea, esto puede hacer mucho daño.

Lo que mejor se puede desear es que las catástrofes sean lo suficientemente fuertes para desvelar a la gente, hacerles cambiar la manera de ver las cosas, pero que no acontezca la sexta extinción de las especies, de la cual seríamos los autores al mismo tiempo que las víctimas.

¿Qué medidas prácticas, que puedan ser asumidas por los ciudadanos del primer mundo, pueden ser llevadas ahora y aquí para tender hacia el decrecimiento?

Medidas muy simples y casi anodinas en apariencia son susceptibles de poner en marcha los círculos virtuosos del decrecimiento. Se puede pensar en la transición con un programa que se sostiene en algunos puntos y que consiste en sacar las consecuencias «sensatas» del diagnóstico efectuado. Por ejemplo:

1. Volver a los años sesenta-setenta para la producción material, con una huella ecológica igual o inferior a un planeta.
2. Internalitzar los costes del transporte.
3. Relocalizar las actividades.
4. Adoptar el programa de la agricultura labradora de la confederación campesina (José Bové).
5. Impulsar la «producción» de bienes relacionales.
6. Adoptar el escenario Negawatt, es decir, reducir el derroche deenergía a un factor 4.
8. Penalizar fuertemente los gastos publicitarios.
9. Decretar una moratoria sobre la innovación tecnológica, hacer un balance serio y reorientar la búsqueda científica y técnica en función de las nuevas aspiraciones.

La internalización de las economías externas, en principio según la teoría económica ortodoxa, permitiría, si fuera llevada hasta las últimas consecuencias, realizar casi del todo el programa de una sociedad del decrecimiento. Todos los disfuncionamientos ecológicos y sociales podrían y tendrían que ir a cuenta de las empresas que son responsables. Sólo hace falta que imaginemos el peso del impacto de la internalización de los costes de los transportes sobre el medio ambiente, sobre la salud… Evidentemente, las empresas que obedecen a la lógica capitalista quedarían ampliamente desanimadas. En un primer tiempo, un gran número de actividades ya no serían «rentables» y el sistema se bloquearía. ¿Pero no sería precisamente esta una prueba suplementaria de la necesidad de salir de este sistema y a la vez una vía de transición posible hacia una sociedad alternativa?

¿Cuál es la respuesta de los partidos verdes en Francia ante la idea del decrecimiento?

La idea hace su camino. Los verdes franceses han puesto el decrecimiento en su programa con una moción que ha obtenido el 60% de los votos.

¿Cómo se puede influir a nivel político local para extender esta idea?

La utopía local quizás es más realista de lo que creemos porque es de la vivencia concreta de los ciudadanos que provienen las esperanzas y las posibilidades. Takis Fotopoulos dice que presentarse a unas elecciones locales da la posibilidad de empezar a cambiar la sociedad desde abajo, lo que es la única estrategia democrática –contrariamente a los métodos estatistas (que se proponen cambiar la sociedad desde arriba amparándose del poder del Estado) y a los acercamientos llamados de la «sociedad civil» (que no apuntan en absoluto a cambiar el sistema). En una visión «pluriversalista», las relaciones entre las diversas polities en el seno del pueblo planetario podrían ser reglamentadas por una «democracia de las culturas». Lejos de un gobierno mundial, se trataría de una instancia de arbitraje mínima entre las polities soberanas de estatus muy diversos.

Raimon Panikkar afirma que la alternativa que trata de ofrecer (a un gobierno mundial) sería la bioregión, es decir, las regiones naturales dónde los rebaños, las plantas, los animales, las aguas y los hombres forman un conjunto único y armonioso… Haría falta llegar a un mito que permita la república universal sin implicar en ello ni gobierno, ni control, ni policía mundial. Esto requiere otro tipo de relaciones entre las bioregiones. De cualquier manera, la creación de iniciativas locales «democráticas» es más «realista» que la de una democracia mundial. Si se excluye la posibilidad de hacer caer frontalmente la dominación del capital y de los poderes económicos, queda la posibilidad de la disidencia. Es también la estrategia de los zapatistas y del subcomandante Marcos. La reconquista o la reinvención de los «commons» (comunes, bienes comunes, espacio comunitario) y la autoorganización de la bioregión de Chiapas, siguiendo el análisis que hace Gustavo Esteva, constituye una posible ilustración de la estrategia local disidente.

¿Internet puede jugar algún papel ante estos retos?

Hay una interpelación en las nuevas tecnologías que justifica una reflexión sobre las formas renovadas de la política y de la democracia. Seguramente, éstas no se pueden realizar dentro del paradigma de la modernidad del mercado, que ya ha sabido recuperar internet para el supermercado electrónico planetario. Juzguemos provisionalmente la ambivalència de la técnica. Chico Mendes fue asesinado el 22 de diciembre de 1988 en el corazón de la Amazonia, en Xapuri. Como por azar el teléfono no funcionó durante las siguientes horas y los móviles todavía no existían. Hacían falta horas de marcha por la selva para llevar las noticias. Aun así, la difusión del hecho fue inmediata en Brasil y en el mundo entero.

Es que, si la web, hablando propiamente, no existía todavía, internet, imaginado en 1964 por Paul Baran para preservar las comunicaciones telemáticas militares en caso de ataque soviético, era utilizado desde los años setenta por los científicos para intercambiar informaciones; y las ONG norteamericanas, muy activas en la región, funcionaban ya a través de una red interconectada. Por esto, la movilización nacional e internacional fue muy rápida. En su edición del sábado 24 de diciembre, el Jornal do Brasil publicaba una página entera con una entrevista del líder amazònico hecha tres semanas atrás. Así, gracias a una técnica, inventada y puesta a punto por la CIA para ejercer un control planetario, el asesinato repugnante en la selva de un resistente a la opresión de la economía mundial, no quedó silenciado y, al acontecer un hecho global, ha podido transformar la conciencia planetaria. Desde el subcomandante Marcos, ha servido mejor al uso de la *uerrilla informática para popularizar la revuelta de Chiapas contra los «nuevos amos del mundo».

Es, pues, incontestable que ciertas nuevas técnicas dan instrumentos nuevos al combate para la emancipación. Aun así, a la vista de los desarrollos ulteriores de los ejemplos citados (la continuidad de las expropiaciones en la Amazonia, y esto con el régimen de Lula, y la liquidación subrepticia de los líderes indígenas de Chiapas), ¿no haría falta concluir, con el filósofo Jacques Poulain, que mientras esperamos el cambio del sistema, tenemos la posibilidad inaudita de hacer compartir de manera planetaria la constatación diligente de nuestra protesta impotente?

¿La idea de decrecimiento puede ser asumida y manipulada por el Sistema, como ha sucedido con la idea del desarrollo sostenible?

Difícil, pero no imposible, como se puede ver con los proyectos geopolíticos de la organización semisecreta de la élite planetaria Bildenberg. Un análisis mecanicista consiste en hacer remarcar que la población mundial ha estallado con la era del crecimiento económico, es decir, la época del capitalismo termoindustrial. La puesta a disposición de un recurso de energía abundante y barato, el petróleo, ha permitido un salto prodigioso y ha hecho pasar la población mundial de 600 a 6.000 millones de individuos. La desaparición de este recurso no renovable nos condenará a volver a una cifra de población compatible con las capacidades de carga sostenibles del planeta, poco más o menos la cifra de población anterior a la industrialización.

Esta es la tesis sostenida, particularmente, por William Stanton en su libro The Rapid growth off Human Population 1750-2000. Esta tesis es discutida de manera muy seria a escala mundial en el seno de ASPO, así como las perspectivas ecototalitarias que el autor concluye. Stanton dice que el escenario de reducción de la población con la mejor probabilidad de éxito debe ser darwiniana en todos sus aspectos, con ninguna de las sensiblerías que han arrullado la segunda mitad del siglo XX en la niebla espesa de lo políticamente correcto. Este escenario, presentado como un programa voluntario equitativo y tranquilo, apunta a una reducción progresiva de la población en 150 años a una tasa igual a la de la disminución del petróleo. Todo para evitar la pesadilla de una reducción brutal a través de guerras (incluidas las nucleares), masacres, hambre, etc. Los ingredientes, según Stanton, son los siguientes:

• se prohíbe la inmigración y los que llegan sin autorización son tratados como criminales;
• el aborto o el infanticidio son obligatorios si el feto o el bebè se revelan muy discapacitados (la selección darwiniana elimina a los inaptos);
• cuando, por la edad adelantada, por un accidente o una enfermedad, un individuo es más una carga que un beneficio para la sociedad, su vida se para humanamente;
• el encarcelamiento es raro, reemplazado por castigos corporales por los pequeños delitos y por la pena capital sin dolor en los casos más graves…

El autor es consciente de la oposición a la puesta en práctica de su esquema y afirma que el obstáculo más grande en el escenario que tiene más oportunidad de éxito es probablemente (en su opinión) la devoción poco inteligente del Mundo Occidental por lo políticamente correcto. La respuesta es tan despiadada como el diagnóstico: a los sentimentalistas que no pueden comprender la necesidad de reducir la población de la Gran Bretaña de 60 millones a entorno 2 millones en los próximos 150 años y que se indignan por la proposición de sustitución de los derechos humanos por una fría lógica, William Stanton dice que los podría responder: «Ya habéis tenido vuestro momento» y para medirlo precisa que los actos de protesta violentos, como los que realizan los activistas por los derechos de los animales o los antiavortistas podrían, en un modelo darwiniano, atraer una pena capital. Esta referencia casi obsesiva al mundo darwiniano se reencuentra en muchos análisis de la geopolítica americana y no sin eco con el choque de civilizaciones de Samuel Huttington.

La apuesta de nuestro decrecimiento es otra. Y es que la aspiración a la justicia combinada con la sobriedad empujará a la humanidad hacia el camino razonable de una democracia ecológica más que no hacia un suicidio colectivo.

Bajo la Lupa . China fustiga la ciberguerra global de Estados Unidos






En el contexto de la nueva guerra fría entre Estados Unidos y China y la disputa de Google con el gobierno chino, el rotativo China Daily sitúa en su dimensión cronológica y estratégica "la hegemonía estadunidense con el Internet" que usa para intentar dominar al mundo mediante la ciberguerra”. Rememora que Internet fue un invento del Pentágono de hace 40 años mediante el cual "Estados Unidos ha dominado el mundo del Internet como el núcleo poseedor de su tecnología con una ventaja inherente por haber sido la cuna". Desde el punto de vista técnico, "la red de un país desaparecerá del Internet global si el registro del dominio de su nombre es bloqueado o borrado del servidor terminal", lo cual carece de legalidad internacional. En abril de 2004, Libia fue borrada de Internet durante tres días.

Hace 20 años el Departamento de Comercio estadunidense creó la Corporación de Internet para Nombres y Números Asignados (ICANN, por sus siglas en inglés). Ahora existen 13 servidores como terminales en el mundo con un "servidor maestro" y nueve de 12 servidores secundarios estacionados en el país vecino. Expone que existe “preocupación de los países por su dependencia al monopolio estadunidense sobre el sistema del Dominio del Nombre del Servidor (DNS), en particular en la economía y el aspecto militar.

La captura de "pletóricas cantidades de nombres de dominio" ha llevado a proponer que el Internet sea administrado por las Naciones Unidas o por cooperación internacional, en lo que ha insistido la Unión Europea y a lo que se ha opuesto Estados Unidos.

Comenta que en su Revisión estratégica (marzo de 2005) el Pentágono sentenció que "el espacio de Internet debe tener la misma prioridad que las jurisdicciones (sic) en tierra, mares, cielos y espacio sideral para que Estados Unidos mantenga una superioridad decisiva (sic)". El 30 de junio de ese año el gobierno estadunidense esclareció que "mantendría su control (sic) del DNS en forma indefinida (sic)", ya que "la transferencia de su gestión a la ONU, o a modelos de cooperación internacional, impedirían el libre (¡súper sic!) flujo de información y llevaría a la fácil manipulación de Internet". ¿No es, acaso, lo que hace Estados Unidos en forma unilateral?

La entonces secretaria de Estado, la inolvidable Condi Rice, espetó durante la Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información, celebrada en Túnez, en noviembre de 2005, que "la gestión de Internet por las empresas privadas (sic) garantizan la seguridad y la estabilidad del mismo". Sin comentarios.

El Congreso de Estados Unidos aprobó una enmienda unánime en la que "urgía el pronunciamiento de la Casa Blanca de que el control estadunidense sobre Internet es inviolable (sic)", mientras el representante republicano californiano, John Taylor Doolittle, exclamaba que el Internet, invento estadunidense, era "un regalo (sic) al mundo fincado en el dinero de los contribuyentes de ese país".

China Daily considera que el control estadunidense del Internet constituye una de sus joyas estratégicas mediante la cual "puede interceptar información, exportar en forma propagandística sus valores y opiniones, apoyar las revoluciones de color, alimentar a la oposición y a los rebeldes de los países que se atreven a enfrentársele, interferir en los asuntos internos de otros países y realizar ataques proactivos (sic) en las comunicaciones de sus enemigos y dirigir las redes".

Cita una frase indeleble del libro La próxima guerra mundial, de James-Adams: “la computadora es el arma para las guerras futuras en donde no existe un frente de línea virtual, como en la batalla tradicional, y donde el byte sustituirá el papel de la bala para tomar el control del aire”.



Recuerda el descubrimiento de "una conjura (sic) de espionaje de Internet por la CIA en 2002" en la que buscaba capturar información de empresas, bancos y organismos gubernamentales en el mundo (obviamente que no eran de Estados Unidos, por lo que fueron los británicos asediados quienes lo divulgaron). Bajo "la cobertura de una empresa civil (sic) de alta tecnología, la CIA cooperó en el desarrollo de una compañía de software en Silicon Valley" a tal fin. ¿Se esconde pérfidamente la CIA tras la cobertura de empresas privadas, aparentemente inocuas, para penetrar civilmente al resto de los países?

Nada menos que el representante republicano texano Ron Paul declaró en forma temeraria que la CIA, mediante "un golpe de Estado" interno, controlaba ya al Pentágono y a las trasnacionales de Estados Unidos, ya no se diga el negocio del narcotráfico (The Raw Story, 20/1/10). No suena descabellado. ¿Cuántos países, como el "México neoliberal", no habrán sido "aconsejados" y/o obligados a comprar el software de tales inocuas empresas civiles controladas por la CIA para ser espiados en sus entrañas?

El rotativo chino asegura que "la CIA encontró medios para recabar información sensible y fotos del trabajo nuclear de Irán mediante una intercepción de alta tecnología". El espionaje a Irán mediante Internet ha llevado a que la CIA construya tres bibliotecas de grabación (¡súper sic!) para almacenar la información recolectada. Los sitios de redes sociales, "el nuevo favorito del Internet en el siglo XXI", a juicio mismo de The New York Times (citado por el diario chino), han jugado un enorme papel en las protestas en Georgia, Egipto, Islandia y Moldavia mediante la "revolución del Twitter".

Señala al Instituto de la Sociedad Abierta, de George Soros, con sede en Estados Unidos, de estar a cargo de estimular el "movimiento democrático" cibernético en las "sociedades cerradas". Esto es archisabido. Acusa que Irán sufrió, durante sus elecciones presidenciales del 15 de junio de 2009, la manipulación del Twitter por el gobierno estadunidense que lo considera como "una herramienta efectiva".

El secretario del Pentágono, Bob Gates, ha señalado que el Twitter y los otros sitios de redes sociales constituyen "activos estratégicos de gran importancia" al que se suman Facebook, YouTube y Flicker. ¿Qué tanto estarán haciendo estos supuestos instrumentos de libertad informativa y entretenimiento para desestabilizar a China en Tibet y Xinjiang?

En la Directiva Presidencial de Seguridad Nacional 16 (NSPD-16) de 2002, Baby Bush “instaló la primera fuerza de hackers (¡súper sic!) en la historia de Estados Unidos y del mundo”. En 2004, el Pentágono "avanzó la idea de una ciberguerra" para aprovechar sus "ventajas tecnológicas". Ese mismo año, Baby Bush firmó un documento secreto (sic) para que “el Pentágono lance un ataque devastador (sic), estilo hacker, a las computadoras de sus enemigos”, además de "hurtar tranquilamente la información" y "controlar sus negocios y sus redes gubernamentales".

Para cerrar con broche de oro, Obama creó el 18 de septiembre el Cibercomando dependiente de la Fuerza Aérea. Según Joel Harker, experto en la materia, "Estados Unidos ha desarrollado más de 2 mil virus (¡súper sic!) de computadora que pueden ser usados en ciberataques" y cuenta con 80 mil personas (¡súper sic!) dedicadas a la "ciberguerra".

En la nueva era de la "ciberguerra", Estados Unidos ya no necesita tanto soldado mientras disponga del control absoluto del Internet que urge liberar y liberalizar.
Alfredo Jalife-Rahme
*

El Gobierno de Navarra “no ve prioritario” conocer el mapa de fosas franquistas…


Un hombre deposita una flor en la fosa de Murchante, donde se exhumaron cuerpos de fusilados.





El Gobierno de UPN “no considera prioritario elaborar el mapa de las fosas comunes de la Comunidad Foral” en las que fueron enterradas las personas fusiladas durante la Guerra Civil por el bando franquista. Por la decisión del Ejecutivo regionalista, Navarra, con más de 3.400 fusilados de los que de casi mil aun se desconoce su paradero, es una de las ocho CCAA que no ha suscrito un convenio promovido por el Ministerio de Justicia para elaborar un mapa de fosas. Al convenio se han adherido ocho comunidades autónomas, ninguna del PP.

Fuentes del departamento de Presidencia del Gobierno de Navarra, encargado de los asuntos relacionados con la recuperación de la Memoria Histórica, confirmaron ayer que el Ministerio de Justicia les ofreció adherirse al convenio pero que se desestimó el ofrecimiento “por no ser una actuación que entre dentro de las prioridades del Gobierno de Navarra”. Las mismas fuentes añadieron que la propuesta del convenio “no aclaraba los costes” y que, por contra, se ha aumentado de 50.000 a 100.000 euros la partida de Memoria Histórica de los presupuestos generales de Navarra. Este incremento proviene de una enmienda del PSN.

proyecto previsto en la ley La elaboración del Mapa Integrado de Fosas de la Guerra Civil y la represión franquista es un proyecto previsto en la Ley de la Memoria Histórica. A la iniciativa del Ministerio de Justicia se han adherido los gobiernos autonómicos de Andalucía, Aragón, Asturias, Cantabria, Castilla-La Mancha, Cataluña, Extremadura y Comunidad Autónoma Vasca. El acuerdo sellado con el ministro de Justicia, Francisco Caamaño, permitirá atender la demanda de miles de ciudadanos que ignoran el paradero de sus familiares desaparecidos.

El mapa de fosas, que estará disponible en Internet para cualquier ciudadano que quiera consultarlo, creará una base de datos uniforme, con información sobre la ubicación del enterramiento, sus características y las intervenciones que se han realizado a lo largo del tiempo, según se explicó tras la firma del convenio.

El registro aportará también los nombres y apellidos de las personas enterradas en cada una de las fosas, si es que ya hubieran sido identificadas. En rueda de prensa tras la firma del convenio, Caamaño aseguró que el mapa de fosas es una “cartografía de nuestra historia colectiva” que servirá de reflexión para que “los españoles puedan mirar limpiamente hacia el futuro”. “Mapas como éste ayudarán a que la historia no se repita”, subrayó Caamaño que se felicitó de la lealtad institucional y la cooperación demostrada por las CCAA firmantes del convenio.

El titular de Justicia restó importancia a la ausencia de comunidades gobernadas por el PP y UPN, en el caso de Navarra, a las que animó a sumarse al acuerdo y aseguró que hay gobiernos autonómicos dirigidos por los “populares” que también están trabajando en la elaboración del mapa de fosas. “Se trata de un proyecto abierto”, dijo Caamaño, quien reconocido que unas CCAA están “más avanzadas que otras” aunque la intención del ministerio es que el mapa cubra todo el Estado.

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Las víctimas de Franco piden que se cambie la definición de franquismo en la RAE.





Para la Real Academia Española (RAE), el franquismo es un “movimiento político y social de tendencia totalitaria, iniciado en España durante la Guerra Civil de 1936-1939, en torno al general Franco y que derivó en un régimen dictatorial desarrollado durante los años que ocupó la jefatura del Estado”. Para quienes padecieron su violencia, la definición no convence.

Las víctimas lo describen como una “dictadura”, “fascista”, producto de un “golpe de Estado militar antidemocrático” que desde 1936 hizo desaparecer a “más de 110.000 personas” y que contó con el apoyo moral e ideológico de la Iglesia católica hasta que su líder, autodenominado “Caudillo por la Gracia de Dios”, murió, en 1975.

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) ha recopilado, en una campaña de apenas dos meses, hasta 157 propuestas de sus asociados, que exigirán a la RAE una nueva definición de “franquismo”.

Los participantes piden que la RAE señale que “EEUU y el Reino Unido apoyaron a este movimiento”, que “México acogió a los exiliados”, que la Iglesia protegió “bajo palio al líder” o que el propio Franco era “un individuo bajito y regordete de voz atiplada que violó los derechos humanos”.

Críticas por las omisiones

La inmensa mayoría clama por las ausencias en la frase oficial. En opinión de las víctimas, la descripción obvia que fue producto de un golpe de Estado urdido por parte del Ejército y de la Iglesia, que contó con el apoyo de la Italia fascista y de la Alemania nazi.

No obstante, lo que más ofende a estos académicos espontáneos es la falta de alusión a la violencia del régimen, que dejó a decenas de miles de personas enterradas en fosas sin el consentimiento de sus familiares, además de medio millón de exiliados. “Lo más grave es que la RAE incumple su propia definición de definición. Es decir, que no es fiel a lo que debe describir una definición”, analiza el presidente de la ARMH, Emilio Silva.

“Existe una clara estrategia de dar un barniz positivo al franquismo”

La descripción de “definición” en la RAE dice: “Proposición que expone con claridad y exactitud los caracteres genéricos y diferenciales de algo material o inmaterial”.

Dentro de la abstracción de estas palabras, es deducible que existen aspectos de la dictadura que han sido voluntariamente silenciados. “Existe una clara estrategia de dar un barniz positivo al franquismo”, considera Silva.

El anuncio de la propuesta de las víctimas tuvo, hace dos meses, una réplica desde la derecha. El diario La Razón, que fue dirigido por el académico Luis María Anson, propuso a la RAE la inclusión del término “totalitarismo” en la definición de “comunismo”, para equipararlo al franquismo.

Otro académico, el escritor Antonio Muñoz Molina, manifestó lo siguiente, según recoge el citado diario: “Ya está bien de tratar el comunismo con más indulgencia que al fascismo, como si hubiera diferencia entre un genocidio cometido en nombre del bien universal y otro en nombre de la superioridad de la raza aria”.


Francisco Franco y sus generales en el desfile de la victoria en Madrid, en 1939. – EFE
“Artículo enmendado”

La página web de la RAE señala que el término “comunismo” es un “artículo enmendado”. Fuentes de la academia señalan que esta fórmula es utilizada cuando se ha recibido una “queja científica” que establece una duda que procede de la filología.

La RAE especifica que la dictadura duró mientras Franco “ocupó la jefatura del Estado”

Hasta la publicación de una nueva edición del diccionario, la RAE se reserva la opción de variar algunos términos en su versión en Internet. Otro de los artículos enmendados es “castrismo”, que recoge la siguiente definición: “Movimiento político de ideología comunista, iniciado con la revolución cubana triunfante en 1959″.

Los propios miembros de la ARMH consultados han señalado algunos otros errores que, a su juicio, la RAE comete con otros conceptos, como “estalinismo”: “Teoría y práctica políticas de Stalin, estadista y revolucionario ruso del siglo XX, consideradas por él como continuación del leninismo”. “Es errónea porque no menciona que también fue totalitario, tampoco menciona el número de muertos ocasionados, los exilios que provocó…”, opina uno de los participantes en la propuesta.

Las definiciones recibidas también critican la fórmula que la RAE establece para acotar la duración del régimen de Franco. La gran mayoría insiste en que lo correcto es señalar que el franquismo terminó con la muerte del dictador o bien en los años posteriores, cuando fue desmantelado su sistema político. La RAE especifica que la dictadura duró mientras Franco “ocupó la jefatura del Estado”.
Qué dice la Real Academia Española

“Movimiento político y social de tendencia totalitaria, iniciado en España durante la Guerra Civil de 1936-1939, en torno al general Franco y que derivó en un régimen dictatorial desarrollado durante los años que ocupó la jefatura del Estado”.
Algunas propuestas

1- “Dictadura violenta (1936-1975) del general Franco tras la guerra civil (1936-1939), basada en el nacionalsocialismo fundamentalista católico”.

2- “Movimiento golpista de tendencia ultraderechista, que ocupa forzosamente la jefatura de un Estado dictatorial, ejerciendo el poder durante 40 años por ejercer el miedo con los crímenes más crueles de la historia de España”.

3- “Variante española de régimen fascista, que tras la derrota del Eje en la II Guerra Mundial tuvo que enmascarar su simbología, para al calor de la guerra fría, formar parte del bloque anticomunista, denominado mundo libre”.

4- “Régimen (1936-1975) de total desprecio a los derechos humanos”

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