9 de febrero de 2010

Biografía del director de Seguridad en 1936, personaje relevante en el imaginario del odio franquista




Pedro Luis Angosto es el autor del libro 'José Alonso Mallol, el hombre que pudo evitar la guerra', editado por el Instituto de Cultura Juan Gil-Albert y prologado por Josep Fontana. Se trata de una biografía del gobernador de Asturias y Sevilla durante el primer bienio republicano y director general de Seguridad en 1936. Según el autor, "era el líder de una generación de republicanos alicantinos que en palabras de Juan Marichal tuvieron una importancia tremenda en la renovación del republicanismo español y en el advenimiento de la Segunda República1. Aunque fue redactor jefe del diario 'El Luchador', no solía firmar sus artículos ni era escritor, más bien hombre de acción, combatiente por el ideal republicano, por la libertad. Apenas hay rastros de escritos suyos y son pocos los documentos que el franquismo dejó de su paso por la Administración republicana. Sin embargo, ocupa un lugar relevante en el imaginario extensísimo del odio franquista".

Prólogo de Josep Fontana del libro 'José Alonso Mallol, el hombre que pudo evitar la guerra', de Pedro Luis Angosto:
"La historia de la Segunda República española, esto es, la historia de los años que van de 1931 a 1939, está marcada, y deformada, por el impacto de la historia de la guerra civil, que debería ser una parte de ella y ha pasado, por el contrario, a absorberla y minimizarla. Hay una explicación para ello, y es que los vencedores de la contienda civil, que eran quienes iban a determinar lo que nos convenía saber, se dedicaron a magnificar la guerra como una epopeya, lo cual dejaba los años anteriores como un antecedente y, en su visión de las cosas, como una justificación de la necesidad de la sublevación militar de 1936.

En el Manual de la Historia de España, segundo grado, que el Instituto de España publicó en 1939 con la intención de que se convirtiese en libro de texto obligado para todas las escuelas, lo que se decía de la etapa republicana se reducía a disparates como: "La República era como una concentración y alianza de todos los constantes enemigos de España para hacer, contra ella, un esfuerzo definitivo. Napoleón, brazo de la Revolución francesa, volvía a entrar en España detrás de la masonería. Lutero, detrás de los bolcheviques, asiáticos y destructores". Después de estos años de infamia venía, para redimirlos, la gloria de la Cruzada, con maravillas tan sorprendentes como "la portentosa conquista de Barcelona, en la que el glorioso genio militar de Franco demuestra por primera vez al mundo cómo se rinde y conquista una población de dos millones de habitantes". Como es sabido, lo único que hicieron los militares franquistas fue entrar de paseo en una ciudad que no les ofreció resistencia alguna. Y lo que "demostraron al mundo" no fue el genio militar del "Caudillo", sino la miseria humana de unos vencedores que sometieron a una población civil en la que no quedaban responsables políticos del bando republicano, que habían podido huir a Francia, a sufrir millares de asesinatos.
Lo peor de esta deformación de la historia es que la trampa que implicaba centrar el relato de estos años en la guerra civil tuvo éxito, y sigue todavía vigente, lo que significa que nos hemos dejado atrapar por el afán de combatir la masa de mitos y de mentiras que se construyeron para legitimar la dictadura, y que formaban la base de la historia que se nos enseñaba en la escuela y que se transmitía al público a través de las conmemoraciones. Nos hemos dedicado sobre todo, en estos años en que el ejercicio de la investigación histórica acerca de estos temas goza de mayores márgenes de libertad -aunque todavía se siguen poniendo dificultades a la consulta de algunos archivos-, a demostrar la falsedad del relato franquista, a tareas como la de desmentir, por ejemplo, las cifras de muertos de la represión que daba el general Salas Larrazábal, mostrando que las víctimas del franquismo eran como mínimo tres veces más de las que este pretendía hacer pasar como cifras "exactas".
Resulta evidente que este trabajo de denuncia y desmitificación era necesario, pero está muy lejos de ser suficiente. Puesto que los publicistas que continúan hoy la tarea de desinformación del franquismo, los Moas, Zavalas y compañía, siguen repitiendo las viejas mentiras sin ninguna vergüenza, conscientes de que su discurso se dirige a un público al que no le llegan los trabajos de erudición de quienes se han dedicado a la labor de investigar en los archivos la realidad de los hechos. Y así, obsesionados por esta tarea, hemos acabado colaborando con ellos, sin darnos cuenta de ello, al seguirles a su terreno, en lugar de denunciar ante todo la primera y más grave de sus mentiras, que es la ocultación de la República misma, dejándoles que nos lleven a centrar el análisis y la discusión en los acontecimientos de la guerra civil, como si fuese ahí donde hubiese que buscar las respuestas. De este modo vemos que, al lado de numerosos libros dedicados a la guerra y al primer franquismo -a unos años en que, terminados los enfrentamientos en el campo de batalla, siguió la guerra de los vencedores contra los vencidos- hay muy pocos que se ocupen de lo que significó realmente la República, que son los que deberían ayudarnos a entender por qué estalló la guerra civil, promovida por quienes se negaban a aceptar las propuestas de libertad y de progreso social que planteaban los republicanos.
De ahí el interés que tiene este libro, como una nueva y excelente contribución a esta historia de la Segunda República española que está todavía en construcción. Pedro L. Angosto no es nuevo en este terreno, como lo muestra, entre otros trabajos suyos, su labor de recuperación de la vida y la obra de Carlos Esplá. Sin embargo, la biografía de José Alonso Mallol que nos ofrece ahora me parece que tiene un interés especial. No se trata sólo de recuperar la trayectoria vital de un republicano, miembro de una izquierda moderada que recogía la tradición secular del republicanismo español, algo que el propio Angosto intentó anteriormente a través de la figura de Carlos Esplá, clarificando lo que significaba realmente la herencia de anticlericalismo y masonería que compartían la mayoría de estos republicanos.
En mi opinión la vida de Alonso Mallol, tal porque en este caso la reconstrucción de su aportación intelectual tenga menos importancia que en el de Esplá, tiene la virtud de permitirnos seguir la evolución de la política republicana a través de la experiencia personal de uno de sus actores secundarios, lo que nos permite ver con mayor claridad el contexto. Cuestiones como las dificultades del mantenimiento del orden público contra la hostilidad de las derechas y la impaciencia revolucionaria de los anarquistas, la experiencia de un gobernador civil ante los complejos problemas de Andalucía, las elecciones del Frente Popular, etc., reciben nueva luz a través de esta visión. Pero hay, sobre todo, un tema que me parece de una extraordinaria importancia, que se enriquece a partir de la experiencia de Alonso Mallol, que tuvo en este caso, como Director General de Seguridad del gobierno republicano, hasta su dimisión a fines de julio de 1936, un papel muy destacado. Me refiero a la escalada de la violencia de la derecha que sirvió como preparación del levantamiento militar del 17-18 de julio.
La versión franquista nos ha estado vendiendo una interpretación según la cual habrían sido las izquierdas las que, con su violencia, habrían obligado a las derechas a ponerse a la defensiva y a prepararse para evitar esta fantasmagórica revolución roja que hoy sabemos muy bien que nadie se proponía empezar. Un mito al que contribuyeron los obispos españoles en aquella infame "carta colectiva" de 1937, con estupideces miserables como la afirmación de que "El 1º de mayo siguiente (1936) centenares de jóvenes postulaban públicamente en Madrid para bombas y pistolas, pólvora y dinamita para la próxima revolución".
Muy distinta era la visión que de esos acontecimientos tenían los republicanos. Leo de las memorias de Romero Solano: "Hoy doce de marzo de 1936 han sonado los primeros disparos en Madrid. Los fascistas han intentado asesinar, a la salida de su domicilio, al profesor y diputado socialista don Luis Jiménez de Asúa. Han matado al policía señor Gisbert, que le daba escolta".
Este era el inicio de una escalada de violencia que no iba a terminar hasta el estallido de la revuelta y en la que el asesinato de Calvo Sotelo fue tan sólo un incidente más, y en modo alguno el factor desencadenante de una revuelta que Gil Robles y Francisco Franco habían intentado iniciar desde la misma madrugada del 16 al 17 de febrero, a medida que los resultados de las elecciones anticipaban el triunfo del Frente Popular.
Haber realizado una reconstrucción de esos meses decisivos a través de la actividad del Director General de Seguridad, que se enfrentó enérgicamente a la violencia, ilegalizando a Falange, es uno de los méritos indudables de este libro. Por desgracia las evidencias disponibles son todavía muy escasas, aunque algunas, como el testimonio del hijo de Alonso Mallol, resultan de un extraordinario interés. Pero las páginas que aquí se dedican a esta etapa decisiva de la historia de la República tienen, cuando menos, la virtud de prevenirnos ante la persistencia de los mitos franquistas y de obligarnos a mirar la génesis de la revuelta militar con otros ojos.
Pienso que debemos, por ello, felicitar a Pedro L. Angosto, no sólo por este libro, sino por su labor de recuperación de una parte sustancial de la historia del republicanismo español, que sigue siendo la gran ausente en la mayor parte de las visiones globales de nuestro pasado".

Pasado mañana se cumplen 137 años de la proclamación de la 1ª República Española (1873)




El acontecimiento se puede calificar de fortuito dada la correlación de fuerzas existente en la Asamblea de la época que así lo decidió, pues eran Carlistas y Alfonsinos los que dominaban el hemiciclo tras la abdicación de Amadeo I de Saboya. A la monarquía saboyana se había recurrido en 1868 para acabar con la lucha dinástica entre las casas reales de austrias y borbones que tanta sangre costó al país. Fracasado este intento, pues las espadas seguían en alto, la opción republicana les pareció una aceptable solución temporal que les diese tiempo a unos y otros para rearmarse.

Efectivamente, once meses más tarde se iniciaba la restauración. Los generales Pavía y Martínez Campos inclinaron la balanza a favor de los alfonsinos de la monarquía borbónica, que aún hoy se sienta en el trono de España con la inestimable ayuda de otro general, Francisco Franco.

Ya a finales del s. XIX, luego de una etapa de retraimiento, el republicanismo recobró nuevas fuerzas y se preparó para derrocar a la monarquía, esta vez con la colaboración de la pujante presencia de los socialistas, dando paso a la 2ª República en 1931.

Fue testigo de los acontecimientos de 1873, el historiador y catedrático Moreno Espinosa, discípulo del introductor del kausismo en España Julián Sanz del Río. Era así mismo admirador del también krausista y eminente pedagogo Francisco Giner de los Ríos, como también partidario del líder republicano Emilio Cautelar y perteneciente al partido demócrata republicano.

Señalo estas circunstancias por la contradicción aparente que resulta de su formación e ideas y el tratamiento historiográfico que hace de determinadas épocas. Así, en su obra ‘Historia de España’, apenas dedica unas líneas a los sucesos de 1873, como si quisiera ignorarlos. Silencio que así mismo guarda, respecto del que pudo ser el mejor rey de España, el ilustrado José I Bonaparte.

El movimiento cultural europeo conocido como Ilustración se asentó en Francia (Voltaire, Montesquieu, Diderot, Rousseau) pero fue perseguido en España, salvo en épocas como la de Carlos III (Campomanes, Jovellanos). Sostenían los ilustrados que la razón humana podía combatir la ignorancia, la superstición y la tiranía, y construir un mundo mejor. En España y salvo excepciones, la tradición monárquica católica combatió esas ideas, impidiendo que el siglo de las luces iluminara nuestra patria.

Herederos de aquel movimiento, los republicanos deseaban que los españoles cumplieran con su papel de ciudadanos activos de una nación democrática, y no se limitaran a ser súbditos pasivos del Estado. Pretendieron dar solidez a los principios republicanos y a la lealtad al Estado.

¿Tan difícil es seguir el sendero marcado por la Grecia clásica?
Carlos Etcheverría en Xornal.com

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La seguridad social soviética




"Apoyándose en los Soviets de diputados de obreros, soldados y campesinos, el Gobierno obrero y campesino comunica a la clase obrera de Rusia, así como a los humildes de la ciudad y del campo que emprende inmediatamente la edición de decretos sobre el seguro social completo"

Introducción

La creación de la seguridad social soviética nace ya de la mano con la Revolución de Octubre, el Poder Soviético aprobó poco después mas de 100 decretos y leyes, entre ellos pensiones a trabajadores y inválidos que derramaron su sangre en defensa de la Revolución. Junto con estos decretos nace para su gestión el "Comisariado del Pueblo para la Asistencia Social" , a su cabeza estaba la Camarada Alexandra Kolontai.



El Comisariado en sus inicios tuvo terribles problemas económicos que impedían materializar los decretos sociales, esto era debido a la guerra mundial, la guerra civil y el contubernio imperialista de 14 estados capitalistas que invadieron la joven República Soviética con el objetivo de "ahogar el niño aun que esta en la cuna" que diría Churchill respeto a la Revolución Soviética.
También se tubo que enfrentar el joven Comisariado al enemigo interno, como sabotajes y robos de los funcionarios del antiguo de ministerio de caridad social.
Poco a poco el Comisariado pudo ir materializando los decretos, mas de medio millón de personas empezaron a recibir por primera vez en su vida pensiones estables, sobre todo inválidos de guerra, del trabajo o sus familias.

Ya sin Lenin, Stalin y los Bolcheviques siguieron aplicando el plan Leninista, a principios de los 30 gracias al rápido crecimiento económico que permitía la planificación de la economía en planes quinquenales permitió que el ambicioso plan de pensión por vejez fuera materializado.
En 1936 nace la Constitución Soviética, la mas progresista de la historia, aun hoy no ha sido superada por ninguna otra constitución.


Ahora ya no eran leyes o decretos, eran derechos constitucionales, la Constitución garantizaba y el Estado cumplía. La nueva Constitución Soviética traía dos artículos fundamentales sobre la que edificaría la seguridad social soviética en el futuro:

* Artículo 119.-- Los ciudadanos de la URSS tienen derecho al descanso.

Garantizan el derecho al descanso la jornada laboral de siete horas para los obreros y empleados y su reducción a seis horas para las profesiones cuyas condiciones de trabajo son difíciles, y a cuatro horas en las secciones en que dichas condiciones son especialmente difíciles; las vacaciones anuales pagadas para los obreros y empleados, y la existencia de una extensa red de sanatorios, casas de descanso y clubs, puestos a disposición de los trabajadores.

* Artículo 120.-- Los ciudadanos de la URSS tienen derecho a la asistencia económica en la vejez, así como en caso de enfermedad y de pérdida de la capacidad de trabajo.

Garantizan este derecho el amplio desarrollo de los seguros sociales de los obreros y empleados a cargo del Estado, la asistencia médica gratuita a los trabajadores y la existencia de una extensa red de balnearios puestos a disposición de los trabajadores.
A partir de este momento cada Ciudadano Soviético, desde que nace hasta los últimos instantes de su vida sera objeto de continuo desvelo del Estado Soviético, sobre todo los mas desprotegidos, osea los inválidos, los niños, los mayores y las madres.


Inválidos

En la Unión Soviética los inválidos tenian la protección total del estado, como la pensión de por vida garantizada y gratuidad de todos los tratamientos, existían tres grados de invalidez:

- Total, para las personas que no podía trabajar y necesitaba cuidados permanentes.
- Parcial, para las personas que podían ejercer un trabajo en medida de sus posibilidades
- Relativa, para las personas que por motivos de salud o físicos no podían seguir desempeñando su trabajo.

El Estado se encargaba de facilitar trabajos especiales a los inválidos en donde podían cobrar el salario de su trabajo y ademas su pensión.


Niños y Madres

La madre y el niño desde el embarazo hasta la edad adulta del niño recibía el constante desvelo del Estado, veamos como se hacia posible:

La mujer nada mas quedarse embarazada era dada de baja, en donde cobraba su salario, tras el nacimiento del niño tenia un año de vacaciones, con el nacimiento del primer hijo se daba una cantidad de dinero para los cuidados especiales de los primeros meses, si la madre tenia mas hijos recibiría el doble de dinero, era una manera de fomentar la natalidad, si la familia era numerosa el estado les daba un piso de alquiler (los precios del alquiler fueron los mismos siempre, los que existían en 1928) con el suficiente numero de habitaciones.
Para conciliar la vida laboral y familiar las madres tenían casas cuna y guarderías con un costo del 30% del total.
Si un hijo enfermara podría cualquiera de sus padres pedir la baja pagada.


Jubilaciones y Pensiones

En la Unión Soviética la jubilación siempre fue a la misma edad:

- 60 años hombres.
- 55 años mujeres.

Si los trabajos eran especialmente duros la jubilación podía ser 5 (hombres y mujeres) o 10 (hombres) años antes. Las mujeres si tenian cinco o mas hijos, o uno invalido podían jubilarse a los 50 años.

Las cotizaciones para recibir la pensión completa era haber cotizado 25 años los hombres y 20 las mujeres, eso no era problema ya que en la Unión Soviética no existía paro y la estancia en el ejercito o los estudios cotizaban, también los periodos de baja.

Existían pensiones especiales para aquellos Ciudadanos que hubieran contribuido de forma extraordinaria al Socialismo o la causa Comunista en el mundo, como podían ser los Héroes de la Unión Soviética o los Héroes del Trabajo, ect




Derechos laborales

Por baja por enfermedad se pagaba el 100% del sueldo.
Posibilidad de seguir trabajando tras la jubilación, cobrando la pensión y el 65% del sueldo medio.

Existían trabajos lejanos y/o duros que necesitaban un tratamiento especial, por ello aparte de la jubilación anticipada 10 años existía otra posibilidad, como la de continuar trabajando y cobrar el salario y la pensión.


Consideraciones

Quizas vea que faltan ciertos derechos, como pueden ser por ejemplo los subsidios por paro, pero este tipo de derechos no tienen sentido en un país Socialista, en donde el paro (azote de la clase obrera), fue liquidado en los años 20, la ultima bolsa de trabajo en la Unión Soviética cerro en 1930.