17 de febrero de 2010

Libro de Josep Calvet: las montañas de la libertad



Entre 1939 y 1945, miles de personas cruzaron los Pirineos en dirección a España como consecuencia de la Segunda Guerra Mundial para huir de la Europa ocupada por los nazis y/o incorporarse al ejército aliado en el norte de África o en Inglaterra. Los Pirineos volvieron a actuar como espacio de huida, una función que ya habían realizado en otras épocas de enfrentamientos y conflictos bélicos, como la Primera Guerra Mundial o la reciente Guerra Civil española. Una vez más, la frontera se convirtió en un lugar de refugio, en una línea que separaba de la muerte. Para los refugiados procedentes de los Pirineos franceses, pasar al otro lado, cruzar la frontera, significaba quedar sano y salvo, librarse de la persecución, de la detención, del sufrimiento y, en algunos casos, de una muerte más que probable. Este flujo humano transfronterizo no se detendría hasta el verano de 1944, después de la liberación del sur de Francia por parte del ejército aliado. Desde ese momento, aunque de modo más escalonado, penetran, durante unos años, alemanes que tratan de evitar caer en manos de los Aliados buscando la protección de la España franquista. En total, serán prácticamente diez años de paso clandestino de la frontera de norte a sur.




El muro de los Pirineos

Josep Calvet

Las montañas que limitan Francia y Andorra con España eran el paso natural para todos aquellos que pretendían entrar en este último país. Durante la Guerra Civil española, la inmediata posguerra y la II Guerra Mundial fueron sometidas a una vigilancia permanente con el objetivo de controlar tanto la llegada como la partida de personas. (...)

Durante los dos primeros años de guerra mundial, pasar a España fue relativamente fácil, a pesar de que, en un momento determinado, se acordó devolver a los detenidos a su país de procedencia. La situación cambia de forma radical en noviembre de 1942, cuando los alemanes ocupan la Francia libre y se establecen a lo largo de toda la frontera con España. Inmediatamente se ordena el despliegue de aduaneros y militares a fin de impermeabilizar los pasos fronterizos. (...)

Cruzar la frontera no estaba exento de problemas. A la dificultad derivada de la orografía de la propia cordillera, que ya de por sí constituía un primer escollo, debemos añadir otros factores que contribuirían a que el paso de territorio francés a territorio español, a pesar de la contigüidad entre ambos, se convirtiera en una acción arriesgada y a menudo letal: desde las inclemencias meteorológicas hasta las dificultades de completar el camino, la actuación de pasadores sin escrúpulos o la posibilidad de una rápida detención y una posterior repatriación al país de salida. Todo un conjunto de elementos que, en ocasiones, harían que la situación fuera trágica para los ciudadanos extranjeros que se dirigían a España buscando la libertad.

Los momentos más duros se producían en invierno, cuando el riguroso clima y la presencia de abundante nieve convertían el paso en una auténtica odisea y provocaban numerosos accidentes, como el que sufrió, el 22 de noviembre de 1942, el ciudadano luxemburgués Frederic Grewell, que murió después de caer por un canal cerca de Martinet de Cerdanya (Lleida). Grewell iba acompañado de su compatriota Emile Henry Krieps, un agente del espionaje belga que, una vez acabada la II Guerra Mundial, se convirtió, como miembro del Partido Liberal Demócrata, en un destacado político luxemburgués y llegó a ser ministro. Igualmente trágica fue la peripecia del súbdito francés August Bizieres, que en el momento de ser detenido en Vielha (Lleida), el 17 de diciembre de 1943, presentaba congelaciones graves en el pie derecho como consecuencia de haber estado oculto algunos días en la nieve. (...) O la de los dos holandeses detenidos por la Guardia Civil de Planoles después de haber penetrado a través de Oceja y Dòrria (Girona): Willy Ysewyn permaneció internado en el hospital de Puigcerdà (Girona) afectado de congelaciones y le fue amputada la última falange del dedo gordo del pie izquierdo. Su compañero, Alfred Martin Groeco, acabó en el Hospital Provincial de Girona, también con congelaciones en los pies. (...)

Cuando en noviembre de 1942 los alemanes se establecen en los departamentos fronterizos, decretan la impermeabilización de los pasos de montaña, por cuyo motivo la estancia en el sur de Francia se convirtió en arriesgada y peligrosa, y los guías tuvieron que adoptar las máximas precauciones. Sortear la vigilancia se convirtió en su principal objetivo, por lo que se estudiaba hasta el último detalle de cada expedición y se abandonaban algunos itinerarios para pasar por otros menos vigilados. A pesar de ello, no se pudieron evitar distintos incidentes, alguno de los cuales adquirió dimensiones trágicas. El caso más destacable tuvo lugar la noche del 28 de junio de 1943, cuando el guía que acompañaba a un grupo de evadidos tiroteó a una pareja de aduaneros alemanes que les había interceptado en el puerto de Salau (Lleida). A consecuencia de los disparos, uno de los aduaneros resultó muerto (Heinrich Schwarz), y el otro, herido (Franz Reichegger). La embajada alemana exigió explicaciones al MAE (Ministerio de Asuntos Exteriores) por lo que calificó de asesinato. Las autoridades españolas tomaron como cabeza de turco a uno de los miembros del grupo, el ciudadano francés Marcel Claes, que fue inmediatamente detenido y procesado por asesinato. En sus declaraciones, Claes acusó al guía, que fue identificado como Jacinto Giraud, de ser el autor de la agresión. Giraud fue detenido en Francia, donde sería sometido a un consejo de guerra. Por su parte, Claes realizaría una larga peregrinación por España. Pasó por la prisión provincial de Lleida, e incluso se le sometió a un consejo de guerra sumarísimo. Las autoridades militares se inhibieron en favor de la jurisdicción ordinaria y se abrió un sumario por asesinato en el juzgado de primera instancia de Sort que, al final, fue sobreseído por falta de pruebas. Tiempo después fue trasladado al campo de concentración de Miranda de Ebro. Abandonó España el 24 de abril de 1944. (...)

En los Pirineos franceses, el balance de las personas muertas como consecuencia de la represión de los alemanes o de la estancia en las prisiones por haber intentado pasar clandestinamente a España es impresionante. Émilienne Eychenne, en su libro Pyrénées de la liberté. Les evasión par l'Espagne 1949-1945, las cuantifica así: 12 muertos por los alemanes más o menos cerca de la frontera, 6 a consecuencia de incendios provocados en granjas, 25 en la montaña y 223 en las deportaciones (los arrestados en la frontera, tanto pasadores como clientes, van directamente a campos de deportación). En total ofrece la cifra de 266 muertos entre 1939 y 1945. Por su parte, la Confédération Nationale des Anciens Combatants Français Evadés de France et des Internés en Espagne cuantifica los desaparecidos en 450, incluidos los abatidos durante el paso de los Pirineos, los muertos en accidentes de montaña y los fallecidos en las prisiones españolas. (...)

Otro contratiempo que debieron superar los que cruzaban la frontera fue la actuación de algunas personas que efectuaban tareas de guía y que se convirtieron en meros delincuentes al robar, delatar, abandonar y en algunos casos, presumiblemente, asesinar a sus clientes. Sobre este particular ha circulado toda una leyenda negra que habla de saqueos a extranjeros adinerados, en especial judíos, y del enriquecimiento de algunas personas que trabajaron de pasadores.

Gustave Allérhand y su esposa, Icla, de origen judío, partieron de la localidad de Usat-les-Bains (Ariège) en septiembre de 1942 con la intención de cruzar hacia España, adonde nunca llegaron. Como consecuencia de la denuncia presentada por su familia, la gendarmería francesa arrestó al español Miguel González cuando intentaba cobrar un cheque de la cuenta corriente del matrimonio Allérhand. Además se le localizaron dos cheques en blanco firmados con el mismo nombre. González admitió que dichos talones se los había entregado su cuñado, llamado Pepe Pou, que había aceptado pasar a España al matrimonio ofreciendo como guía a un miembro de su red. Se constata que el guía volvió en solitario de la expedición y declaró que se había producido un enfrentamiento con los carabineros, pero llevaba la maleta de sus clientes, que contenía los cheques. González es condenado a dos meses de cárcel, mientras que Pou y el guía no son localizados. Desgraciadamente, el matrimonio Allérhand nunca llegó a cruzar la frontera, quién sabe si por culpa de la mala jugada de un guía sin escrúpulos. (...)

Los robos eran habituales. La familia judía de apellido Gertner, formada por el matrimonio y dos hijas, fue detenida por la Guardia Civil de Espolla (Girona) en octubre de 1942. Una vez arrestados, declararon que uno de los guías que los había recogido en Perpiñán los abandonó justo antes de llegar a territorio español y que, después de amenazarlos, les robó las 6.000 pesetas que llevaban. En el Val d'Aran fueron detenidos, en diciembre de 1942, Pablo Solé Benosa y Miguel Navarro Abella por introducción clandestina de extranjeros y robo a los mismos. Solé tenía en arrendamiento la ermita de La Artiga de Lin, donde daba albergue a los evadidos que llegaban procedentes de Francia, y Navarro era propietario de una cuadra próxima. Fueron acusados de saquear, de acuerdo con los guías, a un grupo de refugiados, a quienes robaron las maletas y abandonaron en la montaña. Pero incluso teniendo evidencias, el gobernador civil de Lleida ordenó que los dejaran en libertad después de permanecer casi cuatro meses en la prisión de Vielha. (...)

Británicos y norteamericanos impulsarán la mayor parte de las redes de evasión, que, además del paso de personas, podían encargarse de llevar documentación dirigida al ejército aliado organizado en el norte de África o en Inglaterra y a los distintos gobiernos en el exilio establecidos en Londres. Por otro lado, muchas veces, en las expediciones de vuelta desde España se aprovechaba para pasar informes y dinero que se destinaban a organizar la resistencia.

Existirán numerosas redes de evasión, cada una especializada en pasar por un determinado territorio, conducir refugiados de una nacionalidad concreta y militares o pilotos aliados. Cada red tenía varias ramificaciones en función del itinerario programado para efectuar el paso. La más conocida de las redes británicas que actuó en los Pirineos catalanes es la llamada Pat O'Leary. Sus orígenes se encuentran en Marsella a finales de 1940, cuando varios militares británicos entran en contacto con el maestro anarquista español, residente en Toulouse, Francisco Ponzán, que disponía de un grupo de apoyo formado por guías de firmes convicciones antifascistas, conocedores de los pasos pirenaicos y con numerosos contactos a ambos lados de la frontera. El grupo de Ponzán, que también trabajó para los servicios secretos franceses y belgas, se encargó fundamentalmente de pasar a aviadores abatidos en territorio francés a través de distintas rutas. (...) Se calcula que el grupo Ponzán, y por extensión la red Pat O'Leary, ayudó a unos 3.000 refugiados, y que un centenar de los miembros del grupo acabaron detenidos por la Gestapo.

Al servicio de los norteamericanos funcionó una importante red dedicada al paso de documentación de carácter militar. Se trata de la red conocida como Wi-Wi, que tenía su origen en Marsella y pasaba a España desde Perpiñán o Toulouse. (...) Otras redes que actuaron en los Pirineos fueron la belga Comète, que introducía a aviadores aliados por el País Vasco y Navarra; la Combat, la Françoise, la Marie Claire, la EWA, la Burgundy, la Sabot, la Bret Morton o la AKAK. (...)

La embajada alemana se ocuparía de denunciar reiteradamente el trabajo de los guías españoles y de desenmascarar las redes de evasión a fin de que el gobierno de Madrid procediera a la detención de los implicados. En agosto de 1942 se notifica la existencia de una organización dedicada a transportar extranjeros desde Perpiñán hasta Pertús a cambio de un precio que oscilaba entre 10.000 y 15.000 pesetas. Una vez en España, son trasladados a Lisboa; los que quieren ir a África son transportados a la isla de Mallorca y de allí pasan al norte del continente africano en pequeñas embarcaciones, mientras que los que pretenden ir a Gibraltar, primero son conducidos hasta Huelva y desde allí, en pequeños barcos cargados de minerales, llegan al Peñón. Se incide particularmente en el paso de personas desde Oceja hasta Puigcerdà y desde aquí hasta Barcelona en ferrocarril pasando por Berga y Guardiola de Berguedà. Toulouse y Perpiñán eran los dos centros donde se establecieron la mayor parte de las redes de evasión que realizaban actividades en los Pirineos catalanes. (...)

Los Pirineos catalanes fueron también el lugar de paso de espías aliados que huían de los alemanes. La policía española descubrió a algunos que habían colaborado estrechamente con la resistencia francesa. Una de las evasiones más significativas fue la de la norteamericana Virginia Hall, detenida en Sant Joan de les Abadesses el 14 de noviembre de 1942 junto con tres súbditos británicos. (...) Hall era hija de un próspero hombre de negocios norteamericano. Ingresó en la carrera diplomática en 1931 y había trabajado en varias embajadas de su país en Europa, hasta que dejó estas actividades en 1939 tras sufrir la amputación de una pierna a consecuencia de un accidente de caza. Durante la II Guerra Mundial fue reclutada por el SOE (Special Operation Executive. Servicio puesto en marcha por Churchill en 1940 para realizar sabotajes tras las líneas enemigas) y desplazada a Vichy, donde realizó trabajos haciéndose pasar por periodista. (...) Acabada la guerra, fue la única mujer condecorada con la Cruz de los Servicios Distinguidos, además de ser miembro de la Orden del Imperio Británico; continuó trabajando para la OSS (Office of Strategic Service. Servicios de inteligencia americana ) y, posteriormente, desde 1955, como analista de inteligencia de la CIA, hasta 1966, año en que se retiró. (...)

Uno de los espías más relevantes detenidos en Girona fue Egbert V. H. Rizzo. (...) Rizzo había sido cónsul polaco en Toulouse, y en abril de 1941 fue enviado a Francia para organizar la sección de evasión de la SOE con la misión concreta de buscar rutas de evasión a través de los Pirineos. Cuando los alemanes ocuparon la Francia libre y se vio en peligro, decidió pasar a España a fin de volver a Inglaterra. Su mujer, Anna Rizzo, que aunque no era agente de los servicios secretos colaboraba activamente con él, decidió quedarse en Francia a pesar de las constantes advertencias que llegaban desde Londres. Arrestada por los alemanes en enero de 1944, fue enviada al campo de Ravensbrück, donde fue ejecutada el 28 de marzo de 1945.
Librería de El Sueño Igualitario

La absurda demonización de Venezuela





El cerco mediático globalizado contra el ALBA y en especial contra Hugo Chávez, es cada vez más agresivo por la mano no tan invisible del Departamento de Estado norteamericano desde la advertencia que hizo Hillary Clinton a Venezuela y Bolivia en diciembre del 2009. Dijo que “si la gente quiere flirtear con Irán, debería considerar las consecuencias que pueden tener para ellos, esperamos que lo piense dos veces”.
La propaganda hostil y desinformadora contra Venezuela fue inmediata, cuando una de las revistas más prestigiosas de Estados Unidos, Newsweek anunció “un inevitable golpe militar para derrocar a Chávez y restaurar el orden en momentos en que el Socialismo del Siglo XXI se hunde”.
Para fortalecer la opinión de los escribidores, a sueldo de los globalizadores, y dar mayor credibilidad a esta campaña de desinformación, el Director Nacional de Inteligencia de EE.UU., Almirante Dennis Blair, clasificó a Venezuela como “líder de la fuerza regional antiestadounidense que permanentemente denuncia el modelo democrático liberal, el capitalismo del mercado, y rechaza las políticas e intereses de EE.UU. en la región”.


Siguiendo la consigna “del dicho al hecho”, la CIA y el Departamento de Estado activaron en seguida su instrumento favorito de moda: Twitter y provocar “las revoluciones de colores” sin elegir todavía uno especial para Venezuela. Lo paradójico de la red en Twitter “Free Venezuela” es que, más del 65 por ciento de sus participantes emiten mensajes desde Estados Unidos, el 25 por ciento de Colombia y solamente un cinco por ciento de Venezuela. Por supuesto que los medios globalizados dicen que “los venezolanos usan Twitter para protestar contra Chávez”.
La realidad es completamente distinta. Venezuela no está destruyendo la democracia sino está extendiéndola al pueblo buscando equilibrio prudente entre los intereses del estado, los del mercado y en especial de los sectores de la población, marginados históricamente por el sistema capitalista. El supuesto antinorteamericanismo de Chávez no existe, si no, éste no hubiera autorizado adjudicar a la petrolera Chevron la explotación del reservorio de petróleo Carabobo 3 en la Faja de Orinoco, por 40 años pagando al Estado sólo el 30 por ciento en regalías, condiciones que la empresa, donde labora una antichavista jurada, Condoleezza Rice, aceptó gustosamente.
Tampoco Hugo Chávez “está haciendo destruir la economía venezolana”. La actual crisis eléctrica nacional no se debe a “la falta de inversión” sino a la fuerte sequía que vive el país por los efectos del fenómeno de El Niño que azota peor a su empobrecido vecino, Colombia. Sin embargo, para los globalizadores, no hay ninguna crisis en Colombia, aliado incondicional de Estados Unidos, pero si hay una severa en Venezuela debido al “populismo y anticapitalismo de su líder”. La oposición interna, a la vez, acusa a Chávez de “producir la sequía”. Como de costumbre, la mentira sobrepasa los límites de lo absurdo.
Lo que “no ven” los detractores de Venezuela es que este país es uno de los pocos menos afectados por la depresión mundial, su sueldo mínimo es el mejor en América Latina, y sus avances en educación, salud, cultura, participación popular constituyen la envidia para la mayoría de sus vecinos. Su pueblo lo sabe y apoya a Hugo Chávez, pese a quien le pese.

Vicky.pelaez@eldiariony.com

El Brigadista Charlie Donnelly estará presente en la Marcha Memorial Jarama 2010









La tercera edición de la conmemoración internacional inaugurará el monumento previsto al héroe, luchador y poeta irlandés


Este año la marcha del Jarama va a rematar un proyecto iniciado en 2007 por una nutrida representación de la sociedad y el ayuntamiento de Dungannon con el concurso de la AABI. Queríamos entonces rendir homenaje a aquel joven poeta irlandés que murió el día 27 de febrero, hace 72 años, en la última acción de la batalla del Jarama. Como todos los voluntarios de más de cincuenta países de todo el mundo, Charlie vino a ayudar al pueblo español en su lucha contra el fascismo y por la defensa de la República y entregó su vida por esa causa. Justo es que le rindamos el tributo que se merece tanto él como todos los que le acompañaron.

Charlie Donnelly, nacido en Dungannon (condado de Tyrone, Irlanda del Norte), se había dedicado a la poesía mientras estudiaba en el University College de Dublín. En esta ciudad se comprometió en la lucha social y política contra los efectos de la gran crisis y el ascenso del fascismo en Irlanda

Al estallar la Guerra Civil, sintió la “llamada española” y trató de impulsar la marcha de voluntarios irlandeses dispuestos a defender la República española amenazada. Más de 300 se integraron en distintas unidades de las Brigadas Internacionales de los cuales cerca de 80 reposan en tierra española. En el Jarama murieron 19 irlandeses de distintas ideologías y creencias, pero todos ellos unidos en el compromiso de defender la democracia amenazada en España y en el mundo.

La idea de erigir un doble monumento a Charlie, en el lugar donde nació, Dungannon, y donde murió, las tierras del Jarama, pasó por algunas dificultades que, felizmente se han solucionado gracias a los esfuerzos del equipo de la Charlie Donnelly Winter School, dirigido por Eddie O’Neill, y del Ayuntamiento de Rivas que ha cedido el lugar y ha colaborado en los esfuerzos para su realización. A todos ellos, nuestra gratitud y reconocimiento.

La inauguración del Memorial, que tendrá lugar el sábado 27 de febrero a las 10:45 en el parque de Miralrío de Rivas-Vaciamadrid, va a obligar a modificar el formato de la marcha que, este año, se verá reducida en el tiempo. Iremos, así pues, al Jarama a las 12:00, con el fin de visitar dos lugares significativos: la colina del suicidio y el lugar donde murió Charlie Donnelly. A continuación iremos a Morata de Tajuña para comer en el Mesón del Cid. Allí podremos visitar el museo de la batalla del Jarama y tener una sobremesa en la que charlaremos, cantaremos y leeremos algún poema con nuestros amigos Irlandeses y Británicos.

Los restos del poeta probablemente descansan en el cementerio de Morata. Su espíritu está presente entre nosotros y nos pide que recojamos sus sueños de libertad y justicia y los convirtamos en principios que guíen nuestra acción. Este es el mensaje de todas aquellos valientes que cayeron en el Jarama y el mensaje que año tras año nos recordó Bob Doyle en la marcha que desde 2003 realizamos en febrero para rememorar aquella batalla contra el fascismo y por la defensa de la República.

Organizan: AABI, IBMT, CDMA1 y Ateneo Republicano de Fuenlabrada. Colaboran: Ayuntamiento de Rivas Vaciamadrid, CAUM y Fundación Progreso y Cultura


José María Bulart Ferrándiz, insigne capellán fascista de Franco





Infeliz de verdad esa madre, como otras muchas más, que ignoraban la sencillez con la que Franco despachaba las sen-tencias de muerte, el tristemente famoso «enterado» del Generalísimo, contado posteriormente por ilustres vencedores como Ramón Serrano Súñer o Pedro Sáinz Rodríguez con la gracia y la impunidad que proporciona el paso del tiempo. Una vez dictadas las sentencias por los consejos de guerra, el auditor del cuartel general, el teniente coronel Lorenzo Martínez Fuset, le presentaba a Franco la relación de las condenas para el «enterado». Allí estaba a menudo, con su Caudillo, el capellán José María Bulart, que se permitía la licencia de bromear sobre el asunto: «¿Qué?, ¿enterrado?» Al bueno y católico de Bulart le llegaban muchas cartas de petición de clemencia, pero él tenía por costumbre arrojarlas a la papelera.



Jose María Bulart Ferrándiz fue parco en entrevistas o declaraciones políticas. Gironella pensó también en él para su libro Cien españoles y Dios, pero José María Bulart le devolvió el cuestionario. Fue amigo de muchos políticos, sobre todo de los hombres de la santa casa, los propagandistas católicos, como Silva Muñoz y Martín Artajo, a quien había conocido en su trabajo de la Acción Católica. El cardenal Tarancón también encontró en él un buen aliado para «los asuntos de la Iglesia», aclara su secretario, pero que en aquellos años eran también espinosos asuntos políticos.

El capellán de El Pardo, que también era rector de la iglesia del Buen Suceso, formaba parte del paisaje familiar de El Pardo y, según sus propias declaraciones, acompañaba a Franco ante el televisor, sobre todo cuando se emitían partidos de fútbol: «Antes del furor de la televisión hablábamos mucho, pero en cuanto apareció ésta se quedaba embebido en el aparato y claro, ya no podíamos hablar tanto». También le compraba libros «que me encargaba, especialmente de pintura».

La muerte de Franco le afectó como a toda su familia José María Bulart se recluyó en sus tareas del Buen Suceso, sin dejar de visitar a la viuda del general fallecido.

Javier Solana, el apacible guerrero atlantista



Higinio Polo
en Mundo Obrero


A principios de los años ochenta del siglo pasado, cuando el PSOE consiguió acceder al gobierno español con Felipe González, y el país creyó que llegaban tiempos de cambio, Javier Solana, compañero suyo en la dirección del partido y en el gobierno socialista, parecía, aún, un joven rebelde, barbado, casi contracultural, alejado de los fastos del poder, cercano a los ciudadanos, cabalgando a veces en una motocicleta el Madrid que todavía recordaba las noches de miedo del franquismo. Era un tipo que parecía dispuesto a cambiar el rostro de España.

En su juventud, becado por esas fundaciones norteamericanas que preparan a los jóvenes lobos de países menores que después servirán con fervor a Washington, aprendió el idioma del imperio en Estados Unidos, donde vivió durante varios años, y se convirtió después en un sencillo profesor socialista. Participó en el congreso del PSOE en Suresnes, en la periferia de París, en 1974, donde se ejecutó la operación política (organizada y supervisada por los servicios secretos alemanes y norteamericanos) que apartó de la dirección socialista a los viejos dirigentes de la guerra civil, como Rodolfo Llopis (quien había colaborado con Negrín), y eligió a los jóvenes leones de Felipe González, un socialista sevillano que había llegado a París con un pasaporte facilitado por los servicios de inteligencia que había creado el almirante Carrero Blanco. Solana, elevado a la dirección del PSOE, participó en muchas de las negociaciones de la transición y fue elegido diputado en las primeras elecciones de 1977. Cinco años después, estaba en el gobierno.

Ese joven de 1982 (aunque tuviese ya cuarenta años), que todavía conservaba el aspecto y el lenguaje de un hombre de izquierda, fue adoptando con cautela otra piel, o tal vez, de forma más sencilla, reveló su verdadero carácter. Es probable que él mismo no imaginase su destino cuando, junto a González, empezó a sucumbir ante las hipotecas del poder. Solana pasó de escribir folletos contra la entrada de España en la OTAN a defender la permanencia en la agresiva alianza militar dirigida por Estados Unidos. Ahora sabemos que aquellas palabras eran tan hipócritas como lo fueron en su día las proclamas republicanas del PSOE en los primeros años del nuevo monarca impuesto. Él fue, como portavoz del gobierno, uno de los protagonistas de la gran estafa en ese referéndum sobre la OTAN en 1986, cuya manipulación desde los medios de comunicación fue una de las mayores vergüenzas de la joven y tutelada democracia española. González, Solana y sus compañeros de gobierno ni siquiera cumplirían después las condiciones que ellos mismos habían decidido para defender la permanencia de España en la OTAN. Fue un vergonzoso fraude, pero Solana, como González, se enorgullece de su gesto. Consiguió ser ministro de Cultura, de Educación, y, finalmente, de Asuntos Exteriores. Seguía hablando de paz, pero ya transitaba el camino de la guerra. Cuando abandonó el gobierno español en 1995 (apenas cinco meses antes de que González y el PSOE perdieran las elecciones), estaba preparado para dar el salto a las instituciones internacionales: Washington premiaría su aplicación guerrera y atlantista aceptando que fuera nombrado secretario general de la OTAN ese mismo año: pasó de ser ministro de Asuntos Exteriores a hombre de confianza del Pentágono y de la Casa Blanca. Aquel joven que, según gusta recordar, protestaba en los años sesenta contra la infame guerra de Vietnam, se encontraba en ese momento en el corazón de los guerreros del imperio, dispuesto ahora a defender la bondad de los soldados de Washington.

En esas oficinas de la OTAN se fue convirtiendo en un torvo funcionario que, pese a mantener ante la prensa internacional, con consumada hipocresía, la ficción de una cercana calidez, era capaz de defender el bombardeo de poblaciones civiles mientras escenificaba la utilidad de la muerte ante los micrófonos, de defender las matanzas más ignominiosas en nombre de la libertad y de la democracia. Fueron los mismos años en que Yeltsin dirigió la criminal implantación del capitalismo en la antigua URSS, que ha causado la muerte de millones de personas, pero Solana, en sus contactos con el gobierno ruso del alcohólico Yeltsin, siempre mantuvo el apoyo a una desastrosa política que sembró la desesperación y la miseria en las antiguas repúblicas soviéticas. Mantuvo ese cargo de secretario de la OTAN durante cuatro años: cuando lo abandonó había dejado listo el asunto de Kosovo y la definitiva desmembración de Yugoslavia.

En 1999, aplicando las decisiones de Estados Unidos, dirigió la agresión contra Yugoslavia, ignorando a la ONU, violando los tratados internacionales y las convenciones de Ginebra. La OTAN atacó durante cuatro meses multitud de objetivos sobre ciudades y bombardeó a la población civil serbia, causando miles de muertos y llegando a bombardear Belgrado, como en los días de la Segunda Guerra Mundial. Tenían preparado el pretexto: hablaron al mundo de “limpieza étnica”, que, supuestamente, estaba siendo impulsada por el gobierno serbio. Mientras, Estados Unidos y la OTAN armaban a las milicias terroristas del UÇK, creadas por la CIA alrededor del traficante de drogas Hashim Thaçi, un asesino tan feroz que sus propios compañeros apodaron como la serpiente.

Washington y Solana conocían perfectamente las actividades de Thaçi y del UÇK, y sabían que estaban apoyando a desalmados traficantes de drogas y asesinos, pero Solana no tuvo reparos morales en defender públicamente que la guerra de la OTAN contra aquella empequeñecida y débil Yugoslavia era una “guerra humanitaria”. Después, Solana, ya como Alto Representante de la Unión Europea para la Política Exterior no tuvo tampoco empacho en apoyar al mismo mafioso Thaçi para presidir el Kosovo que se había convertido en un protectorado de Estados Unidos. Se culminaba así la destrucción de la antigua Yugoslavia socialista y se doblaba el espinazo a Serbia, el último aliado de Moscú en la zona.

No debe creer el lector que estas palabras son una exageración: la propia prensa norteamericana informó en su día de las actividades de la mafia albanokosovar y de los beneficios que conseguían de la droga, la prostitución, el tráfico de órganos y los asesinatos por encargo de los que se nutrieron Thaçi y el UÇK: el relato de sus actividades es mucho más tenebroso y feroz, como recuerda la espantosa “casa amarilla” de la ciudad albanesa de Burel, donde fueron trasladadas por el UÇK centenares de personas para extraerles sus órganos, venderlos después, y asesinarlos finalmente. Washington siempre ha trabajado con mercenarios y asesinos como Thaçi, y Solana lo sabía, pero no tuvo nada que decir cuando Thaçi se convirtió en primer ministro de Kosovo y proclamó la independencia en febrero de 2008, reconocida de inmediato por Estados Unidos, aun sabiendo que violaba, otra vez, el derecho internacional.

Javier Solana no tuvo reparos morales en ser protagonista, y después cómplice, de quienes pisoteaban la Carta de las Naciones Unidos, violaban el Derecho Internacional e ignoraban las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU. Esa trocha de guerreros infames sería recorrida después por Bush y sus neocons en Afganistán, Iraq y en otros frentes menores donde mostraban el músculo de Washington, pero antes Solana ya había cometido la indignidad de hablar de “guerras humanitarias”. Desde la secretaría general de la OTAN pasó a asumir la responsabilidad de convertirse en el Alto Representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, durante diez años: hasta ahora mismo, cuando, a finales de 2009, fue sustituido en ese puesto por una baronesa, Catherine Ashton.

Ese hombre es Javier Solana. Es curioso comprobar cómo, a lo largo de esa transformación, de esa metamorfosis casi kafkiana, Solana iba recortando su barba, dejando apenas una sombra, recordatoria de su pasado de joven rebelde. Ahora, casi a punto de alcanzar los setenta años, Solana, convertido en una caricatura de sí mismo, ha pasado a ser asesor para “asuntos internacionales” del grupo Acciona, del empresario José Manuel Entrecanales, vástago de una familia que medró económicamente con la dictadura franquista. Pero los años no pasan en vano, y el endurecido Solana, a quien no tembló el pulso durante los días de los infames bombardeos sobre la población civil en Yugoslavia, se emocionaba recientemente ante los halagos que le prodigaban quienes frecuentan los salones del poder, cuando Juan Carlos de Borbón le otorgaba el collar de la Orden del Toisón de Oro por los servicios prestados, mientras espera que el gobierno de Rodríguez Zapatero le organice el merecido homenaje por su trayectoria. Dicen quienes le conocen que Solana es un hombre apacible, cercano, educado, agradable en el trato, cuyas maneras se han suavizado con los años

La vida nos enseñó a todos hace tiempo que los suaves comportamientos de hombres como él son apenas un disfraz, que les ayuda a soportar la vergüenza. Solana, viviendo en la mentira, acompañando la hipocresía de los poderosos, compartiendo la infamia de la guerra, se muestra hoy como un veterano apacible, un soldado atlantista amante de la paz que se vio envuelto en las guerras por el destino caprichoso. Es probable que ahora le asalte alguna vez el recuerdo de aquel joven barbado que cabalgaba una motocicleta en el Madrid del último franquismo, cuando pensaba que corría hacia el futuro, sin sospechar que se dirigía hacia un destino gris de funcionario, de compañero del imperio, de partícipe intelectual en todas las matanzas que han jalonado este inicio del siglo XXI, de veterano dinosaurio a quien todos recuerdan aprobando todas las guerras de los últimos veinte años.


Amadeo Martínez inglés pide al Congreso una Comisión de Investigación que depure las responsabilidades del actual rey de España, Juan Carlos I

UCR 17 de Febrero de 2010

Próximo a cumplirse el 29 aniversario del 23-F y tras la publicación del libro "La Conspiración de mayo" en el que, en relación con aquél desgraciado evento, se desvela por primera vez uno de los secretos mejor guardados de la transición española presentando como nació, se preparó, estudió y organizó el golpe duro "a la turca", la gran apuesta golpista denominada "Operación Móstoles", dentro de un movimiento de corte franquista que hubiera podido conducir al país a una nueva guerra civil y que fue la causa real y única de que La Zarzuela pusiera en marcha aquella chapucera maniobra político-militar-institucional del 23 de febrero de 1981.

Con fecha de 16 de febrero de 2010, Amadeo Martínez Inglés ha remitido al Sr presidente del Congreso de los Diputados, señor Bono, un escrito, con arreglo a lo que dispone el artículo 77.1 de la Constitución española, en el ha solicitado la creación de una Comisión de Investigación parlamentaria (art. 76.1 de la Carta Magna) que depure las responsabilidades del rey Juan Carlos I en aquella triste jornada de nuestra historia reciente; y también, sobre la base de los claros y rotundos indicios racionales que apuntan a que el monarca español ha cometido en su juventud y en sus años de reinado, al margen del 23-F, otros graves delitos relacionados con el terrorismo de Estado, la malversación de fondos públicos, la corrupción e, incluso, el homicidio premeditado, se inicien por la Cámara Baja del Parlamento español los trámites necesarios para que las Cortes españolas, según lo que contempla el artículo 59.2 de la CE, puedan "reconocer la inhabilitación" de Juan Carlos de Borbón para seguir ocupando la jefatura del Estado español. A continuación la carta de Amadeo Martínez Inglés




Carta dirigida al



AL EXCMO SR. PRESIDENTE DEL CONGRESO DE LOS DIPUTADOS DE LAS CORTES ESPAÑOLAS



Don Amadeo Martínez Inglés, coronel del Ejército, escritor e historiador militar, se dirige a VE y a la Cámara que preside con arreglo a lo que dispone el artículo 77.1 de la Constitución española manifestándole lo siguiente:

Con fecha 23 de septiembre de 2005, y con arreglo a cuanto dispone el artículo 77.1 de la Constitución española, remití al presidente de esa Cámara un exhaustivo Informe (40 páginas) sobre los hechos acaecidos en España en la tarde/noche del 23 de febrero de 1981 (popularmente conocidos como la “intentona involucionista del 23-F”) en el que, después de una larga investigación de más de veinte años, presentaba toda una serie de indicios racionales que apuntaban a que el rey Juan Carlos I fue el máximo responsable de su planificación, coordinación, preparación y ejecución. En consecuencia le solicitaba la creación de una Comisión de Investigación, conforme a lo que establece el artículo 76.1 de la Carta Magna, que estudiara, investigara y analizara tan deleznable episodio de la reciente historia de España y depurara las responsabilidades (políticas e históricas, preferentemente) en las que pudo incurrir el monarca español.

En enero de 2006, cuatro meses después del envío del Informe al presidente del Congreso de los Diputados y dada la nula respuesta de éste al mismo, decidí enviar el prolijo documento al presidente del Senado, al del Gobierno de la nación y a los de las más altas instituciones del Estado: Consejo General del Poder Judicial, Tribunal Supremo, Tribunal Constitucional, Consejo de Estado…etc, etc.

Al no obtener ninguna respuesta de esas preeminentes instituciones del Estado (a excepción del Senado que acusó recibo a través de la Comisión de peticiones de esa Cámara), un año después, con fecha 23 de febrero de 2007, presenté personalmente en la sede del Congreso de los Diputados el mismo Informe solicitando de nuevo la creación de una Comisión que investigara el supuesto golpe de Estado del 23-F; visto, además, lo ocurrido en esa Cámara el día 23 de febrero del año anterior, fecha en que se cumplía el vigésimo quinto aniversario de tan desgraciado evento, al rechazar de plano algunos grupos parlamentarios la nota institucional que pretendía difundir su presidente y que, como venía siendo costumbre en los últimos años, señalaba al rey Juan Carlos como supremo y único “salvador de la democracia y las libertades del pueblo español” puestas en peligro por el golpista Tejero.

Como consecuencia de todo lo anterior y consciente de que ni el Congreso de los Diputados, con su señor presidente al frente, ni el resto de autoridades a las que había dirigido el documento se iban a molestar en acusar recibo del mismo decidí, en febrero de 2008, publicar todas mis investigaciones sobre el rey Juan Carlos en forma de libro (“Juan Carlos I, el último Borbón”), un extenso trabajo sobre la vida del monarca español en el que analizo, después de muchos años de estudio y dedicación, no sólo el ya comentado asunto del 23-F sino algunas de las numerosas y graves irregularidades políticas, militares, familiares, económicas… que ha protagonizado a lo largo de sus tres décadas largas de reinado. Muchas de estas irregularidades son, obviamente, presuntos y graves delitos que no deben quedar escondidos, de ninguna de las maneras, bajo la alfombra de la historia.

El 4 de abril de 2008, tras las elecciones de 9 de marzo y constituidas las nuevas Cortes Generales salidas de la voluntad popular, me dirigí por primera vez a VE como presidente del Congreso de los Diputados para, en virtud de lo que contempla el ya citado artículo 77.1 de la Carta Magna española, exigir la creación de la ya repetidas veces solicitada Comisión parlamentaria que procediera de inmediato a estudiar e investigar las muy claras responsabilidades del monarca español en los hechos que le denunciaba, y que son los siguientes:

1º.- La llamada durante años “intentona involucionista del 23-F” y que en realidad no fue tal sino una chapucera maniobra borbónica de altos vuelos, al margen de la Constitución y de las leyes, para cambiar el Gobierno legítimo de la nación en provecho de la Corona.

2º.- La creación y organización de los autoproclamados Grupos Antiterroristas de Liberación (GAL), compuestos por determinados estamentos de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado y del Ejército (de los que el monarca español tuvo conocimiento antes de que empezaran a actuar a través de documentos reservados del CESID) y que cometieron, con métodos expeditivos criminales, por lo menos veintiocho asesinatos de Estado y un secuestro.

3º.- El sorprendente y rápido enriquecimiento de su familia (en treinta años ha pasado de la indigencia más absoluta a disponer de una de las mayores fortunas de Europa, según informaciones de toda solvencia que no han sido desmentidas por La Zarzuela).

4º.- La aceptación continuada de regalos y donaciones por parte de particulares (yates, coches…) que lógicamente harían los interesados persiguiendo algo a cambio.

5º.- Los pagos con fondos reservados de Presidencia del Gobierno y de los ministerios de Defensa e Interior para enfrentar el chantaje de determinada vedette del espectáculo español, que disponía de comprometedores vídeos sexuales con el rey Juan Carlos.

6º.- La desgraciada muerte del infante D. Alfonso de Borbón en “Villa Giralda” (residencia de los condes de Barcelona en Estoril) el 29 de marzo de 1956 y que al hilo de los análisis profesionales incluidos en el trabajo de referencia dejan bastante claro que el supuesto accidente pudo ser en realidad un fratricidio premeditado.

El 8 de octubre de 2008, me dirigí por segunda vez a VE adjuntándole un informe sobre la anómala actuación del monarca español (entonces príncipe de España y a cargo interinamente de la jefatura del Estado español) en relación con la entrega a Marruecos, en noviembre de 1975, de la antigua provincia española del Sahara Occidental. Del que se desprende que, con arreglo a testimonios e investigaciones históricas de toda solvencia, Juan Carlos de Borbón pudo cometer presuntos delitos de alta traición, cobardía ante el enemigo y genocidio del pueblo saharaui, en grado de colaboración necesaria.

Con fecha 2 de marzo de 2009, y con casi un año de retraso, recibí por fin el correspondiente acuse de recibo al primero de mis escritos dirigido a su autoridad, firmado por la jefa del Departamento de Registro y Distribución de Documentos del Congreso de los Diputados, en el que me comunicaba que el citado documento había tenido entrada en esa Cámara y que había sido trasladado a la Comisión de Peticiones de la misma para “su oportuno estudio y tramitación”.

En diciembre de 2009, diez meses después de que me llegara la notificación señalada en el apartado anterior, vista la escasa premura con la que se había desempeñado la siempre laboriosa Cámara Baja de las Cortes Españolas en el tema del acuse de recibo a mi escrito de denuncia del rey y ante las puertas de lo que VE ha denominado públicamente como “período hábil entre sesiones” y para el resto de los mortales no dejan de ser unas descomunales vacaciones de Navidad y año Nuevo (48 días), con el peligro añadido de que pasaran decenios antes de que volviera a saber algo de ese “oportuno estudio y tramitación” por parte de la Comisión de Peticiones del Congreso…decidí dar un paso más en la, sin duda, ardua tarea profesional que yo mismo me he impuesto dando a conocer al pueblo español, a través de un nuevo libro (“La Conspiración de mayo”), las últimas y sorprendentes revelaciones sobre el 23-F que obraban en mi poder tras muchos años de investigaciones en lo más reservado del estamento militar. Y que aclaran de una forma definitiva, radical, irrefutable… las tramas, los contubernios y los espurios pactos que jalonaron la larga planificación, preparación y ejecución de tan desgraciado evento de nuestra historia reciente. Revelaciones inéditas que, ingenuamente, venía reservando como oro en paño para ponerlas a disposición de sus señorías cuando de verdad quisieran depurar las altas responsabilidades que a día de hoy, y en relación con ese falso golpe militar, apuntan indefectiblemente hacia la borbónica figura del todavía “rey de todos los españoles”.

Algo debía hacer, sin duda, a título personal, ante la pasividad culpable de la Cámara que VE preside que, resulta meridianamente claro, ha elegido el inconveniente camino del silencio administrativo, el mirar para otro lado y el marear la perdiz ante las gravísimas y reiterativas denuncias presentadas por un ciudadano español contra el actual jefe del Estado; efectuadas, eso sí, tras muchos años de investigación y apoyadas, además, en irrefutables indicios racionales de culpabilidad del mismo en presuntos delitos de golpismo, terrorismo de Estado, malversación de fondos públicos, corrupción… etc, etc. Y ese algo debía ser el sacar a la luz pública, el desvelar por primera vez a los medios de comunicación y a la sociedad española en general uno de los misterios mejor guardados de la transición española, un absoluto secreto militar dormido durante décadas en las entrañas del “gran mudo” castrense español, presentando como nació, se preparó, estudió y organizó el golpe duro “a la turca”, la gran apuesta golpista denominada “Operación Móstoles” dentro de un movimiento militar (un nuevo “Alzamiento Nacional”) de corte franquista que, preparado para ponerse en marcha en la madrugada del 2 de mayo de 1981, hubiera podido conducir al país a una nueva guerra civil. Y para desmontar el cual, saltándose a la torera la Constitución y las leyes, el rey de España no dudó en dar el placet a sus generales cortesanos (Armada y Milans) para que planificaran y ejecutaran, en estrecho contacto con los principales partidos políticos del arco parlamentario español, la chapucera maniobra político-militar-institucional que inmediatamente sería conocida en España y en todo el mundo como el “golpe involucionista del 23-F”.

Señor presidente del Congreso de los Diputados: En poder ya del pueblo soberano mis últimas investigaciones sobre el 23-F y con ellas el secreto mejor guardado del Ejército español en relación con la trama que lo hizo posible y, por lo tanto, a disposición de las Cortes españolas que pueden conocer de primera mano como se fraguó uno de los hechos más controvertidos de la reciente historia de este país, y con mi ofrecimiento más leal para que tanto el Congreso de los Diputados como el Senado puedan recibir toda la información complementaria que precisen sobre tan importante asunto, me permito solicitar de VE lo siguiente:

Que con arreglo a lo que contempla el artículo 76.1 de la Constitución española, y puesto que ni puede ni debe ser asumido por el pueblo español y sus instituciones el lamentable hecho de que la jefatura del Estado esté ocupada por un presunto delincuente culpable de delitos de golpismo y terrorismo de Estado, se constituya con urgencia en la Cámara que VE preside una Comisión de Investigación que depure las responsabilidades del actual rey de España, Juan Carlos I; tanto en los hechos acaecidos en este país en la tarde/noche del 23 de febrero de 1981 (denominados indebidamente desde entonces por los poderes públicos como “intentona involucionista a cargo de militares y guardias civiles nostálgicos del anterior régimen”) como en los ocurridos entre los años 1983-1986 relacionados con la guerra sucia contra ETA (28 asesinatos y 1 secuestro) a cargo de mercenarios y miembros de los CFSE y del Ejército. Así como en aquellas otras actividades presuntamente delictivas en las que haya podido intervenir o conocer el actual monarca español y que se presentan, estudian y valoran en los periódicos informes que este historiador se ha permitido enviar a las Cortes españolas.

Y como incuestionable corolario, ante la gravedad de los delitos presuntamente cometidos por Juan Carlos de Borbón tanto en el desempeño de sus atribuciones constitucionales como en aquellas otras que manifiestamente no lo eran o atentaban contra ella, se proceda por el Congreso de los Diputados (máxima representación del poder soberano del pueblo español y única institución nacional que pude hacerlo constitucionalmente) a iniciar los trámites oportunos y urgentes para que las Cortes españolas, de acuerdo a lo que recoge el artículo 59.2 de la Carta Magna, puedan “reconocer la inhabilitación” del actual rey de España, Juan Carlos I, para seguir ostentando la jefatura del Estado español a título de rey.

Sin perjuicio de las responsabilidades de todo tipo (incluidas las penales) que en un Estado verdaderamente democrático y de derecho, en el que todos los ciudadanos son iguales ante la ley, podrían serle atribuidas en el futuro al ciudadano Borbón y que, vuelvo a repetirle una vez más, señor presidente del Congreso, tienen que ver con gravísimos, y de momento presuntos, delitos de golpismo, terrorismo de Estado, malversación de fondos públicos, fratricidio premeditado, corrupción… etc, etc.

Y por último, señor presidente del Congreso de los Diputados, si la Cámara que VE preside piensa seguir despreciando y obviando mis denuncias como ha venido haciendo estos últimos cinco años o hibernándolas a perpetuidad (para estudio y tramitación) en la Comisión de Peticiones de la misma, como ha hecho en los últimos diez meses y parece ser quiere seguir haciendo en el futuro, le ruego me comunique oficialmente ante que autoridad de este país, y en que forma, debo formularlas a partir de ahora. Porque, desde luego, el historiador militar que suscribe no va a renunciar en absoluto a que el pueblo español sepa, clara y contundentemente, que clase de “salvador de la democracia” ocupa la jefatura del Estado y, además, está convencido de que, aunque la sacrosanta Constitución del 78 especifica con rotundidad manifiesta que este hombre (o dios), el rey, es inviolable e irresponsable ante la justicia de los hombres (esperemos que ante la divina, no), algún mecanismo debe existir en un Estado democrático y de derecho como se supone es el español de hoy, para poder sentarlo en el banquillo si se demuestra que ha cometido delitos execrables.

Mecanismos democráticos, como los puestos en marcha recientemente en un país en vías de desarrollo y, en teoría, menos respetuoso que España con los parámetros propios de un Estado de derecho como es Perú, en el que se acaba de condenar nada menos que a veinticinco años de prisión al ex presidente Alberto Fujimori, por unos delitos prácticamente iguales a los presuntamente cometidos por el rey Juan Carlos I en la década de los ochenta del siglo pasado: golpismo y terrorismo de Estado.

Porque, de no ser así, señor presidente del Congreso de los Diputados, si el actual jefe del Estado español (a título de rey por deseo testicular del dictador Franco; asquerosa eyaculación política que, sin embargo, aceptó sin rechistar la aborregada y cobarde ciudadanía de la época con sus dirigentes políticos a la cabeza) está por encima de las leyes y de la justicia de los hombres, dígame en que se diferencia VE de, por ejemplo, el antiguo presidente de las Cortes franquistas y del Consejo del reino, el falangista Rodríguez de Valcárcel. Ante quien, por cierto, el 22 de noviembre de 1975 juró fidelidad a los principios fundamentales del Estado fascista salido de julio de 1936, el actual rey de España, Juan Carlos I, el último Borbón.



Firmo el presente escrito en Alcalá de Henares a 16 de febrero de 2010

«La reforma más urgente y necesaria es la del sistema financiero, y no la de las pensiones"



En opinión del secretario general de CCOO, Ignacio Fernández Toxo, si hay una reforma que corra prisa, esa es la del sistema financiero, y no la de las pensiones. Según Toxo, es urgente proceder a la reestructuración financiera para preservar el sistema de cajas de ahorro y reducir su atomización; en caso contrario, el riesgo de que se repitan casos como el de Caja Castilla-La Mancha (CCM), que fue intervenida por el Banco de España el año pasado, es elevado.

«Hay un retraso considerable en la toma de medidas y el riesgo de más casos como el de Caja Castilla-La Mancha es alto. Lo sabe el Gobierno y el Banco de España, que es quien tiene la obligación de velar por el sistema financiero», señaló

Para el secretario general de CCOO, las cajas de ahorro necesitan la reestructuración, en respuesta al aumento de la morosidad por los riesgos en los que han incurrido. "Este incremento de los impagos es una de las causas fundamentales de que el crédito no fluya en la economía y no llegue ni a las empresas ni a las familias».

Una reforma urgente, pero siempre preservando el sistema de cajas de ahorro, y dejando al margen "los intereses políticos" a la hora de fusionar cajas de ahorro, concluyó Toxo

Comienza la privatización del agua en Honduras

Ante la pretensión del ilegítimo congreso hondureño, dominado por los mismos congresistas que dieron el golpe de estado el verano pasado, de llevar a cabo la privatización del agua, vendiendo en un primer paso la hidroeléctrica José Cecilio del Valle a una corporación italiana, los ciudadanos de las 90 población del sur, han amenazado con tomar las instalaciones y cortar las carreteras de acceso.

La principal actividad del congreso hondureño después del golpe de estado fue suspender los derechos constitucionales, servir como cárcel de tortura y vender la infraestructura y recursos públicos de honduras a manos privadas.

Ahora comienzan a notarse las consecuencias. Los terratenientes que vieron como sus tierras improductivas eran trabajadas por campesinos que no tenían que pagarles por trabajar, han vuelto a tomar posesión de ellas apoyados por las fuerzas policiales y militares. El agua sigue el mismo camino.

La hidroeléctrica José Cecilio del Valle abastece de agua a 120.000 personas, hasta ahora pública, pasará a manos privadas. El último día en el que el dictador Roberto Micheletti estuvo liderando el régimen represor, sancionó un decreto aprobado por el congreso por el que se aprobaron unas legislaciones sobre obras públicas, entre las que se encuentra la de la hidroeléctrica.

Al día siguiente, para ocultar el decreto, se falsificó la Gaceta Oficial del Estado, imprimiendo en la Empresa Nacional de Artes Gráficas dos series diferentes con el mismo número y en sólo 20 de las gacetas impresas se incorporó el decreto.