25 de febrero de 2010

Esencia y hermosura de María Zambrano




Sucede con no pocos autores, pero el de María Zambrano es caso paradigmático: ha sido infinitamente más citada que leída. Es una pena. No es exagerado afirmar que, aunque galardonada en 1981 con el Premio Príncipe de Asturias, su obra se ha visto sometida a un relativo abandono, como habitando una injusta atmósfera de tiempo detenido.

La realidad hace evidentes las lagunas y la falta de presencia pública del legado de esta creadora, acaso como consecuencia de que su obra no haya sido editada como a su valía corresponde. O, dicho de otro modo, como consecuencia acaso de que haya sido manoseada sin coherencia. Acaso, simplemente, porque en el dislate de las guerras civiles los que mueren en el bando de los vencidos tienden a ser ignorados.

Política editorial errática

O como apunta José Luis Pardo, que ha dedicado años al estudio de esta mujer de aspecto frágil y voz magnética, Zambrano vive, entre nosotros, un extraño destino.

Agasajada oficialmente, reconocida como escritora y como pensadora desde los poderes públicos, reivindicada desde signos políticos antagónicos, bandera del exilio republicano tanto como del feminismo y del catolicismo, la figura de su vida y peripecia ha llegado a imponerse públicamente con sus tintes dramáticos y sus flaquezas humanas, demasiado humanas, mientras su obra, sin embargo, sigue siendo parcialmente ignorada tanto por el público como por los especialistas de prestigio, y sus escritos han tenido como destino una política editorial errática, dispersa, desigual, incoherente, que hace que no dispongamos de una edición de sus obras completas, ni tampoco de un criterio de elaboración de unos textos que, debido a las condiciones difíciles y siempre transitorias y precarias en que se escribieron, forman una obra llena de manuscritos reelaborados, revisados, corregidos, delirados, extraviados y vueltos a encontrar, precariamente mecanografiados y marginales, ediciones defectuosas, grabaciones magnetofónicas imperfectas y líneas perdidas de una carta o de una conversación telefónica de larga distancia.



De la mano de Ullán

Por estas y otras razones es más que oportuna la voluminosa edición de la antología Esencia y hermosura que, compilada por el poeta José-Miguel Ullán, recoge textos de los libros Horizonte del liberalismo, El sueño creador, Claros del bosque, Los bienaventurados, Los sueños y el tiempo, Los intelectuales en el drama de España, Hacia un saber sobre el alma, El hombre y lo divino y Las palabras del regreso, publicado póstumamente.

La antología ofrece al lector una visión amplia de lo que nos dejó una de las figuras realmente grandes del pensamiento español e incluye una veintena de cartas, hasta ahora inéditas, que la escritora cruzó con el pintor mexicano Juan Soriano.

Los textos seleccionados van desprovistos de notas de editor, “para que así recobren de lleno su autoría, pero también porque ella misma consideraba tales notas como algo todavía peor que para un actor las toses de los espectadores en el teatro, violentas unas y otras retenidas”, como puntualiza Ullán en el prólogo de esta edición que es en sí mismo un texto lleno de matices a través del que se revive la amistad que uniera honda ya y para siempre a Zambrano y a un Ullán veinteañero, desde la tarde misma de aquel verano de 1968, en que el poeta acudió acompañando a José Ángel Valente a visitar a la escritora en La Piéce, la mítica casa ubicada en las faldas del monte Jura, próximo a Ginebra, en la que Zambrano vivió una parte sustancial de su exilio.

Amistad y retorno

Lo que sucedió aquella tarde, recuerda Ullán, -fallecido el pasado mayo sin haber podido concluir sus memorias sobre la escritora-, fue y sigue siendo un tanto desvaído; o de una borrosidad muy luminosa, niebla soleada, donde la nitidez de los detalles, que haría visible el hilo del relato, se debilita en beneficio de una sensación de conjunto, mezcla de bienestar y perplejidad, familiaridad y zozobra.

Aquella tarde, marcada ya para siempre en la memoria de ambos, nacería la admiración, el respeto, y el deseo en Ullán de estudiar a la pensadora, de ahondar en una escritora de múltiples registros y prosa envolvente, luminosa y desnuda, proclive e a la poesía.
Aquella tarde surgió la semilla inicial de lo que ahora, en forma de este libro, llega para nuestra suerte a nuestras manos. Bienvenido sea.

María Zambrano nació en 1904 en Vélez-Málaga. Estudió Filosofía y Letras en la Universidad Central de Madrid donde fue discípula de Ortega y Gasset y Zubiri, y en donde ejerció como profesora. Al término de la Guerra Civil, que sufrió entre Madrid, Valencia y Barcelona, se exilió. Viviría en distintas épocas en el París ocupado por el ejército nazi, donde fue torturada y sometida a todo tipo de vejaciones por la Gestapo, sin conseguir con eso evitar que detuvieran y extraditaran a España a su esposo, en dónde sería fusilado. Y en Nueva York, La Habana, México, Roma y, finalmente, Ginebra.

Tardaría 45 años en volver a España. Regresa a Madrid en donde se instala hasta su muerte siete años más tarde, el 20 de noviembre de 1984. Con anterioridad, dos de sus amigos habían localizado un llamador –una mano de bronce con anilla- que pudo ser el mismo de la puerta de su casa natal; le hicieron unas cuantas fotos y se las mandaron. Ante esta imagen supo, como nunca dejó de reconocer, que ya podía regresar a España: “Sí, fue la llamada del llamador. Para mí, estas cosas son las reales”, diría la propia Zambrano cuya obra bien merece, ahora de la mano de esta excelente antología, ser visitada.

María Zambrano. Esencia y hermosura.

http://www.hoyesarte.com/index.php?option=com_content&view=article&id=3961:esencia-y-hermosura-de-maria-zambrano&catid=108:pie-de-pagina-blog-por-lit-eratus&Itemid=406

La cínica doble moral de los imperialistas sobre los muertos en huelga de hambre


Irlandeses asesinados por Margaret Thatcher




En 1981 , 9 patriotas irlandeses, 6 miembros del Ejército Revolucionario Irlandés (IRA) y 3 del Ejército Irlandés de Liberación Nacional (INLA) mueren en huelga de hambre en lucha contra las torturas del gobierno de la criminal Margaret Thatcher.

En 1990 muere en huelga de hambre el miembro de los Grupos Revolucionarios Antifascistas Primero de Octubre (GRAPO) Juan Manuel Sevillano luchando contra el mal trato del gobierno socialfascista español de Felipe González.

En 1996 mueren en huelga de hambre 12 heroicos luchadores revolucionarios turcos en las prisiones de la dictadura turca miembro de la OTAN. Recordamos sus nombres

- Aygün Ugur, militante del Partido Comunista de Turquía (Marxista-Leninista)-TKP(ML).
-Altan Berdan Kermugiller, militante del Frente/Partido Revolucionario por la Libertad del Pueblo (DHKP-C).
- Ilginc Özkeskin, miembro del DHKP-C.
- Huseyin Demircioglu, militante del Partido Comunista Marxista Leninista (MLKP).
- Ali Ayata, miembro del TKP (ML).
- Müjdat Yanat, miembro del DHKP-C.
- Tahsin Yilmaz, miembro de la Unión de los Comunistas Revolucionarios de Turquía (TIKB).
- Ayce Idil Erkmen, del DHKP-C.
- Hicabi Kücük, del TIKB.
- Yemliha Kaya, del DHKP-C.
- Osman Akgün, del TIKB.
- Hayati Can, del TKP (ML).

¿Alguno de los políticos que hoy atacan groseramente a la Revolución cubana levantó su voz en defensa de la vida de los progresistas y revolucionarios muertos en huelga de hambre en las prisiones de los países de la OTAN?



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Cuba: Orlando Zapata: ¿un muerto útil?




El caso de Zapata me recuerda el de Pánfilo: los dos fueron manipulados y de cierta forma conducidos a la autodestrucción de forma premeditada, para satisfacer necesidades políticas ajenas.


La absoluta carencia de mártires que padece la contrarrevolución cubana, es proporcional a su falta de escrúpulos. Es difícil morirse en Cuba, no ya porque las expectativas de vida sean las del Primer Mundo -nadie muere de hambre, pese a la carencia de recursos, ni de enfermedades curables–, sino porque impera la ley y el honor.

Las Damas de Blanco y Yoani pueden ser detenidas y juzgadas según leyes vigentes -en ningún país pueden violarse las leyes: recibir dinero y colaborar con la embajada de Irán (un país considerado como enemigo) en Estados Unidos, por ejemplo, puede acarrear la pérdida de todos los derechos ciudadanos en aquella nación–, pero ellas saben que en Cuba nadie desaparece, ni es asesinado.

Por demás, uno entrega su vida por un ideal que prioriza la felicidad de los demás, no por uno que prioriza la propia. Así que la lamentable muerte de Orlando Zapata, un preso común -de largo historial delictivo, en nada vinculado a la política–, regocija íntimamente a sus hipócritas “dolientes”. Transformado después de muchas idas y venidas a prisión en “activista político”, Zapata fue el candidato perfecto para la autoejecución.


Era un hombre “prescindible” para los grupúsculos, y fácil de convencer para que persistiera en una huelga de hambre absurda, de imposibles demandas (cocina y teléfono personales en la celda) que ninguno de los cabecillas reales tuvo la valentía de mantener.

Cada huelga anterior de los instigadores había sido anunciada como una probable muerte, pero los huelguistas siempre desistían en buen estado de salud. Instigado y alentado a proseguir hasta la muerte -esos mercenarios se frotaban las manos con la expectativa de que muriese, pese a los esfuerzos no escatimados de los médicos–, el cadáver de Zapata es ahora exhibido con cinismo como trofeo colectivo.

Como buitres estaban los medios -los mercenarios del patio y la derecha internacional–, merodeando en torno al moribundo. Su deceso es un festín. Asquea el espectáculo. Porque los que escriben no se conduelen de la muerte de un ser humano -en un país sin muertes extrajudiciales–, sino que la enarbolan casi con alegría, y la utilizan con premeditados fines políticos. El caso de Zapata me recuerda el de Pánfilo: los dos fueron manipulados y de cierta forma conducidos a la autodestrucción de forma premeditada, para satisfacer necesidades políticas ajenas: uno, llevado a una persistente huelga de hambre de 85 días (había realizado ya otras anteriores que afectaron su salud); el otro, en pleno proceso de desintoxicación alcohólica, invitado a beber para que dijera frente a las cámaras lo que querían oir.

Me pregunto si eso no es una acusación contra quienes ahora se apropian de su “causa”. Tienen razón al decir que fue un asesinato, pero los medios esconden al verdadero asesino: los grupúsculos cubanos y sus mentores trasnacionales. Zapata fue asesinado por la contrarrevolución.
http://www.cubadebate.cu/opinion/2010/02/24/zapata-un-muerto-util/