14 de marzo de 2010

Los jóvenes suspenden a la monarquía







La valoración de la corona está en mínimos históricos al caer su imagen entre las generaciones que no protagonizaron la Transición


El parte oficial sobre la monarquía española asegura que la institución goza de buena salud. Pero no puede ser una salud de hierro: la valoración de la corona está en mínimos históricos, según la base de datos del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), y son los jóvenes los que la arrastran a la baja. Según los sondeos oficiales, los jóvenes incluso suspenden a la institución, un hecho insólito desde la recuperación de la democracia. Y la tendencia se ha consolidado justo cuando se acerca la hora de la sucesión.

Los jóvenes siempre han valorado a la monarquía un poco por debajo de la media general. Pero, a lo largo de la década de 1990, la corona era aún la institución más apreciada por los jóvenes, que en una escala de 0 al 10 le asignaban una puntuación cercana al 6, con leves oscilaciones hacia arriba o hacia

La situación empezó a evolucionar a la baja con el cambio de siglo. Y el fenómeno ha sido especialmente agudo entre los jóvenes, que en los últimos sondeos oficiales suspenden a la institución.

En los tres sondeos en que el CIS preguntó por la monarquía desde 2000 con gobiernos del PP y el PSOE, los jóvenes entre 18 y 24 años le asignaron el 5,18 en 2003, el 4,77 (ya un suspenso) en 2006 y el 4,93 en 2008, el último año en que se ha indagado sobre la corona. Según los expertos, el leve repunte último tiene menos valor que la tendencia, que se consolida por debajo del aprobado.

A diferencia de lo que sucedía aún en la década de 1990, la monarquía ya no es la institución más valorada entre los jóvenes, sino que ha caído hasta el quinto puesto, tanto en la franja de 18 a 24 años como en la de 25 a 34: la superan el ejército, la policía, el ayuntamiento y el Gobierno autonómico entre los más jóvenes y el Defensor del Pueblo en la siguiente franja de edad.



"La legitimidad de la monarquía en España ha estado muy ligada al papel del rey en la Transición y el 23-F. A medida que van entrando generaciones que no vivieron directamente aquel proceso, la legitimidad de la institución se va viendo afectada", opina Antonio M. Jaime Castillo, de 35 años y experto de la Universidad de Granada en sociología política juvenil.

La valoración de la monarquía es inversamente proporcional a la edad, según los barómetros del CIS. Y el principio se cumple sin excepciones, en cada franja. Desde el 4,93 de valoración que le otorgaron en 2008 los jóvenes de 18 a 24 años hasta el 6,57 logrado entre quienes superan los 65 años, la nota va mejorando conforme avanza la edad y se mantiene, por tanto, el vínculo personal con la Transición y el golpe de Estado del 23-F.

La socióloga María Jesús Funes, de la Universidad Nacional de Educación a Distancia, es una de las autoridades en valores y actitudes políticas de los jóvenes españoles tras coordinar el volumen Cultura, política y sociedad del Informe de la Juventud en España de 2008, el último elaborado. Funes da otra lectura: la baja valoración de la monarquía entre los jóvenes se explica también porque se la coloca en el paquete de la política convencional, muy poco apreciada.



"Los jóvenes españoles valoran la política no convencional y no les gusta nada de lo que huela a política clásica, entre la que incluyen a la monarquía sostiene Funes. Tienden a suspender a las instituciones políticas tradicionales y el fenómeno se ha ido agudizando en los últimos años".



La caída en valoración de la monarquía no es sin embargo equiparable a la de ninguna otra institución. Algunas incluso han mejorado su posición con respecto a 1994, el año en que el CIS inicia la serie sobre las instituciones. El Gobierno central y autonómico, el Congreso, las cámaras regionales y los ayuntamientos han mejorado de forma sostenida entre los jóvenes. Y las que han caído, como el Tribunal Constitucional y el Defensor del Pueblo, lo han hecho de forma mucho más leve que la corona.

2008 fue el primer año en que hubo menos de un 50% de jóvenes que respondieron positivamente a la siguiente pregunta del CIS: "¿Hasta qué punto cree que sigue siendo importante el papel del rey como árbitro y moderador en el régimen democrático español?". Contestó "muy importante" o "bastante importante" el 49,4% de los encuestados, lejos del 66,9% de 2000 y aún a más distancia del 73% de 1988.

La sucesión
La caída de la valoración de la monarquía coincide con la entrada de un escenario en el que la sucesión de Juan Carlos I, de 72 años, ya no es meramente una cuestión teórica. Y con una renovada intensidad pública de la corona, tanto del propio rey, que ha tomado iniciativas para intentar liderar la salida de la crisis económica, como del príncipe Felipe, que este mismo mes protagoniza junto a su esposa la portada de la revista Vanity Fair.

El CIS dejó de preguntar específicamente por la figura del príncipe en 1998, año en que obtuvo el 78,9% de opiniones positivas, que entre los jóvenes llegaron al magnífico 74,5%. Pero entonces la monarquía sí gozaba de salud de hierro. Incluso entre los jóvenes.
Diario Público

¿Y si un agente español del CNI hubiera aparecido muerto y abandonado en un hospital de La Habana?



Hace menos de un año, fueron detenidos en Cuba varios agentes de los servicios secretos españoles del CNI. Se trataba de un grupo especial, desplazado a la isla para vigilar a la colonia vasca residente en Cuba porque "todo es ETA".

Es cierto que los servicios secretos cubanos tienen constancia de la presencia en Cuba de agentes del CNI que cuentan con plácet diplomático, pero ese grupo estaba incontrolado, pues no habían sido informados de su presencia, en un gesto de falta de respeto y prepotencia neocolonial. En cuanto fueron localizados (que lo fueron pronto, lo cual cuestiona la eficacia de camuflaje del CNI) se les expulsó de la isla.

Al hilo de lo sucedido recientemente con Jon Anza en Francia, me pregunto: ¿Qué habría ocurrido si uno de esos agentes clandestinos hubiera desaparecido y, después de un año, su cuerpo se encontrara sin identificar y abandonado en una morgue habanera, con un certificado de defunción que indicara “muerte por parada cardiorrespiratoria?” Las autoridades españolas habrían exigido inmediatamente explicaciones, y tanto políticos como periodistas habrían insultado y descalificado a los dirigentes cubanos, arropados por una histérica campaña mediática. En el caso de Jon Anza los medios aceptan, sin rechistar, la sospechosa versión oficial.

A los familiares de Anza, nadie, excepto amigos y la izquierda abertzale, les darán condolencias. Pocas voces (sinceras o fingidas) surgirán de los “políticamente correctos” diciendo aquello de que toda muerte es lamentable. Por el contrario, hoy se muestran exultantes aceptando, sin pudor, la única versión y un escaso despliegue mediático casi ha dado carpetazo al asunto. Mientras vemos esos comportamientos, hay quienes, desde la otra orilla, aún se lamentan cándidamente cuando un enemigo desaparece, porque siguen arrastrando complejos y prejuicios importados.

Si el mercenario cubano- al servicio del imperialismo criminal- Guillermo “Coco” Fariñas muere porque le da la gana (no porque dejen su cuerpo tirado en un hospital como hicieron con Jon Anza) a mí me la trae al pairo. Siempre he dicho que la muerte de un enemigo innoble no me provoca emoción alguna.
http://jmalvarezblog.blogspot.com/

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