27 de marzo de 2010

Terrorismo de algunos patronos: 30 euros por diez horas de trabajo



Un restaurante de las afueras de Madrid nos presenta un caso ejemplar de quien se aprovecha de la gran cantidad de mano de obra disponible y “explotable”.
El Restaurante Biandi está ubicado en una zona de oficinas de Aravaca (Madrid). Bajando del bus 162, hay que andar unos 15 minutos, y es casi imposible llegar al destino sin pedir informaciones a las pocas personas que se pueden encontrar en esa zona después de las 5 de la tarde. A estas horas, el Biandi ya está cerrado, pero a lo largo del día ha servido de comedor a los trabajadores del vasto complejo de oficinas que lo rodea. Nadie se queja: “limpio rápido y comida muy rica”, nos dicen. Pero detrás de su vitrina transparente se esconde una de las muchas empresas de hostelería que aprovecha la situación de crisis para abusar de quienes estén buscando un trabajo.

R., español de 29 años, vio la oferta en internet. Prometía un contrato indefinido, jornadas de trabajo de ocho de la mañana a cinco de la tarde e ingresos de hasta 1.700 euros para los cocineros. “Llevaba viendo ese anuncio desde por lo menos cinco meses. Me dije que había algo raro, pero me quedé sin trabajo y decidí llamar”. A los tres días fue llamado para hacer una entrevista. “Al entrar en el restaurante me impactó la cantidad de currículos almacenados que vi”. Entre estos, el suyo, en las manos del encargado de cocina que le entrevistó. “Me explicó lo básico, me habló del sueldo de 1.300 euros al mes, y me dijo que fuera el lunes de prueba. Dejó en el aire el tema de cobrar en el día de prueba. Tuve que insistir, pero al final aceptó”.


Según la última reforma laboral, durante el período de prueba “las partes están obligadas a efectuar los pagos correspondientes a los aportes y contribuciones”. Pero esto no fue lo que le ocurrió a R.: “El lunes, cuando llegué, el ambiente era muy pesado. De los cinco que trabajábamos en la cocina, incluido el jefe de cocina, dos estábamos de prueba, y uno estaba en el último de sus cuatro días de prueba. Fue una jornada agotadora, con prisas y agobios hasta las seis de la tarde, y tuvimos diez minutos para comer, además, de pie. Me di cuenta de que ellos no buscaban a alguien con experiencia, sino gente a la que pudiesen manejar”.

Al final del día, los jefes del Biandi le dijeron a R. que estaban contentos con su trabajo. Sin embargo, cuando preguntó por el sueldo del día, las sonrisas desaparecieron. “Me dijeron que volviera una semana después. Así hice, y recibí 30 euros por las diez horas que había trabajado allí. Estoy seguro de que fui el único que cobró aquel día”. Al volver a su casa, R. puso en la web Loquo.com un comentario en el que denunciaba el trato recibido en este restaurante. Un empleado del complejo de oficinas que rodea el Biandi, confirma a este periódico que las caras de los dependientes del restaurante cambian cada semana: “Llevo viniendo aquí más de 5 años, y cada semana están de entrevistas. He visto de todo: gente que venía con su abogado, otros amenazando al dueño...”.

Los abusos impunes

Entre los otros testimonios recopilados, todas historias muy parecidas a la de R., está la de Z. Él no tuvo que presentar su alta en la Seguridad Social “ni nada por el estilo”, y fue enviado a trabajar tres horas en la cercana cafetería para empleados de las oficinas de ONO, de la que el restaurante tiene la explotación. “No sé si en ONO verían bien este asunto, ya que tendrían que comerse el problema”. En vez de llevar el caso al juzgado, R. ha preferido avisar del caso en la misma web en la que había encontrado el anuncio, así como hizo otro usuario anónimo en junio de 2009.

Denuncias de estafas y abusos laborales se encuentran cada vez más a menudo en la web, y hay páginas que se han especializado en recopilarlas. En una de estas, abusospatronales. es, se encuentran muchos más casos de explotación laboral en el ámbito de la hostelería. “La verdad es que ni existen bases de datos fiables sobre casos como este, lo que es bastante representativo” –explica el creador de la página, Enrique Martín Criado, profesor en el departamento de sociología de la Universidad de Sevilla–. “Los muchos casos que llegan a los sindicatos y a los juzgados son sólo la punta del iceberg: la mayoría de los abusos quedan impunes, precisamente por el miedo al despido”. Según Enrique Martín Criado, los causantes de esta situación son “en primer lugar, el desconocimiento de sus derechos laborales por parte de buena parte de los trabajadores. Un Estado de Derecho no puede existir como tal si los ciudadanos no conocen sus derechos, y es obligación del Estado facilitar esos conocimientos a toda la población”.

Otro elemento que facilita los abusos es la falta de presencia sindical efectiva, como señala Criado, “en el sector de la hostelería, solo el 8,5% de los trabajadores está afiliado a un sindicato”. Junto a esto, Criado denuncia el reducido número de inspectores, algo que facilita los abusos, porque nadie teme recibir la visita de un inspector: “el número de inspectores, es ínfimo en relación a las empresas, lo que permite una impunidad generalizada”.

Ofertas y fraudes en internet

Internet se ha convertido en el más grande almacén de ofertas de trabajo existentes. Entre 2008 y 2009, el 70% de las empresas contrataron sus empleados a través de este medio, a través de páginas especializadas o de anuncios en las web de grandes periódicos. Si esto hace ahorrar tiempo a quien busca trabajo, también le expone a las armas de los estafadores. Según el último informe del Observatorio de la Seguridad de la Información, en 2009 el correo electrónico ha sido el canal más empleado para los intentos de fraude: el envío masivo de curriculum vitae y las falsas ofertas que llegan a pedir información personal o financiera son los casos más comunes. De hecho, el 84,6 % de los correos electrónicos que circulan por España se clasifican como mail de spam.

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El apoyo a Garzón y los derechos democráticos



El autor desmonta, mediante un minucioso repaso a la carrera de Baltasar Garzón, la pretendida identificación que algunos intelectuales «progresistas» hacen entre el juez de la Audiencia Nacional y la democrática necesidad de finiquitar el franquismo, «todavía más vivo de lo que algunos pretenden».
Un grupo de intelectuales ha realizado una amplia campaña de recogida de firmas en los medios de comunicación y a través de internet para respaldar al juez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón, en defensa de la democracia y contra quienes se oponen a su instrucción sobre las fechorías cometidas por el régimen franquista. De la misma forma que el posicionamiento contra la invasión de Irak no conllevaba el apoyo a Saddam Hussein, la democrática necesidad de finiquitar el franquismo, todavía más vivo de lo que algunos pretenden, obliga no sólo a negar ese genérico aval a Garzón, sino también a señalar que se trata de un juez, como han dejado escrito sus propios compañeros y amigos, «vanidoso y ególatra», partícipe de una carrera judicial prebendalista, en absoluto comprometido con la lucha por una justicia democrática y preocupado únicamente por su fama y poder.
Detalles que revelan esta personalidad abundan a lo largo de su carrera, como en el asunto de Pinochet, cuando facilitó a los medios de comunicación su propio currículum, escrito en cuatro idiomas, que nadie había solicitado. Resulta sencillo constatar que en el Estado español convive un sector de la población que no cuestiona el franquismo y una izquierda sumisa que, con su inhibición, proporciona a la derecha más conservadora una enorme cobertura ideológica también en lo que a la administración de justicia se refiere.
Algunos se sorprenden ahora por la kafkiana situación de ver a ultraderechistas poniendo contra las cuerdas a quienes osan enchufar el ventilador de la memoria histórica. Olvidan la premonición de Bertold Brecht, pues nunca se ha oído protestar a esa izquierda ante flagrantes vulneraciones de derechos democráticos, en particular cuando afectan a Euskal Herria. No hace falta más que escuchar al gurú neocon por excelencia, Mayor Oreja: «Los de la negociación con ETA y los de la memoria histórica son los mismos». Por una vez, hagámosle caso, pues ha quedado demostrado que son los dos objetivos prioritarios de la extrema derecha española. El franquismo ha sido tratado con hipocresía por una sociedad que todavía tiene miedo a la verdad de unos hechos irrefutables y terribles. Ninguna institución ha sido capaz de impulsar la anulación de las sentencias firmadas en los consejos de guerra franquistas. Ese primer paso imprescindible deja al descubierto la triste paradoja de que la ejecución de todos esas decenas de miles de ciudadanos es, aún a día de hoy, legal a todos los efectos. Tampoco debemos olvidar que la Ley de Amnistía de octubre de 1977 se aprobó específicamente para los antifranquistas perseguidos por la dictadura, y no para amnistiar a los franquistas ni al régimen surgido del golpe de estado militar contra la II República.

Pero volvamos a Baltasar Garzón y su fulgurante ascenso al «estrellato». «Te han comprado» le espetó su entonces mentor, el recordado juez Navarro, al saber de su entrada en la política de la mano de Felipe González. Tras fracasar sus expectativas de hacerse con un superministerio de Justicia e Interior, no ocultó su afán de venganza y, compinchado con la Brunete mediática más ultramontana, en especial con su amigo Luis del Olmo, se inventó la «teoría del entorno» contra la izquierda abertzale, cuyo déficit democrático es reconocido por la mayoría de juristas no vinculados a las élites en el poder.
Se pide solidaridad con Garzón sin cuestionar los hitos fundamentales de su carrera de juez estrella, con pretendidos tintes progresistas allende los mares, mientras forma parte en su país de la herencia más envenenada recibida de la Justicia franquista, la Audiencia Nacional, sustituta del TOP (Tribunal de Orden Público).
Garzón es allí máxima autoridad y nunca ha cuestionado su origen ni su necesidad, sabiendo perfectamente que las jurisdicciones especiales forman parte de la esencia de los regímenes totalitarios. Qué decir de los cientos de torturados, con visibles secuelas, que pasaron por su despacho sin que le afectara lo más mínimo. También habría que recordar a los intelectuales garzonianos que el magistrado se ha dedicado a cerrar medios de comunicación, el más relevante, el diario «Egin». Garzón dejó a miles de lectores sin periódico y a más de 300 trabajadores en la calle, en una instrucción que acabó violando la separación de poderes que se presupone a cualquier demócrata, dando la razón al entonces presidente J.M. Aznar, quien había afirmado: «se creían que no nos íbamos a atrever».
Contrariando los fundamentos de la libertad de expresión encarceló periodistas molestos como Pepe Rei, en reiteradas ocasiones y, como acabaría demostrándose, sin base legal alguna. Hay quienes le acusan de incompetencia en la instrucción de importantes sumarios que, después de un despliegue mediático espectacular con el magistrado como protagonista, acabaron desinflándose con escasas consecuencias para los encausados.
Pese a las evidencias que lo relacionaban con la guerra sucia, jamás llamó a declarar a su despacho al general Galindo y aunque tuvo en sus manos pruebas de la vinculación de un buen número de agentes de la Guardia Civil de Intxaurrondo con los narcos gallegos, no inició diligencia alguna al respecto. Lo más significativo de sus últimos años en la Audiencia Nacional ha sido su respaldo a la reforma de la Ley de Partidos y a la ilegalización de la izquierda abertzale, demostrando una vez más su vinculación con lo más rancio de la judicatura, su simbiosis con todos esos jueces que juraron fidelidad a los principios del «movimiento» y que ahora deciden sobre principios democráticos.
El sumario abierto por Garzón sobre la represión franquista interesa desde un punto de vista histórico, es verdad que recoge en toda su crudeza lo abyecto y cruel del régimen, pero según numerosos juristas «es muy flojito y contiene notables errores desde el punto de vista procesal». Para los apóstoles de las leyes de punto final, la transición saldó todas las cuentas del régimen de Franco.
Partidos que se dicen de izquierdas tampoco se atreven a ser consecuentes y el resultado, como afirma J.C. Monedero, profesor de la Universidad Complutense, es que «la huella genética de la democracia española reposa en una Transición salvada por el rey y no en la lucha de los que se jugaron todo peleando contra nuestra prolongada ración de fascismo. Se nos hurtó discutir la Constitución del 78, asumimos Europa como un mantra, dimos a la extrema derecha marchamo democrático al esconderla -a veces ni siquiera- en uno de los partidos del consenso. En definitiva, arrastramos renqueantes algo mal resuelto».
Y esa resolución nada tiene que ver con el juez estrella y sus ocurrencias para mantenerse en el candelero. «Recurro a mi libertad de expresión, sin saber si acabaré procesado por este escrito, ante la falta de intelectuales de verdad que, al modo de Zola, denuncien las aberraciones jurídicas que se siguen... Aquí no hay intelectuales: aquí sólo hay garbanceros al servicio de los que mejor paguen». Estas consideraciones forman parte de la misiva de apoyo a Garzón difundida en los medios e internet. Las suscribo... contra Garzón y la Audiencia Nacional.
PATXI ZAMORA en Gara