7 de abril de 2010

A POR LA TERCERA REPÚBLICA






Una de las cosas que tiene ser republicano es que antepones el de derecho de los ciudadanos/as frente a conceptos esencialistas como puede ser nación o pueblo. Ya en la edad media las posiciones se enrocaron en torno al debate de sí a los universales como pueblo, nación o nominalistas que apoyaban las singularidades.
En la actualidad aquellos que utilizan el juego del lenguaje de los universales como Nación o pueblo regresan a espacios preilustrados donde el determinismo cultural como un gélido manto aplasta y deja en los márgenes de lo político a los que nominalmente apostamos por los derechos de la diferencia que entronca con su radicalidad en un Laicismo social, cultural, político que si es algo es salvaguarda de la multiplicidad viviente de la tozuda realidad.
Este debate ha generado dos maneras de ver los social, lo político y lo cultural: El mestizaje social frente a la Identidad inamovible; la democracia directa en lo político frente al monismo ideológico; y la diversidad cultural a la identidad del ser.
Lo nacional y nacionalista se ha nutrido siempre de un sistema de creencias monista de ahí que las religiones monoteístas patriarcales siempre se han acoplado muy satisfactoriamente a estos regímenes como el acontecido durante la dictadura fascista: el nacional-catolicismo español como el desarrollado en Euskal herria con el nacionalismo-católico vasco.
Lo republicano actualmente se levanta sobre los principios de respeto a las diferencias, dejando a la ciudadanía siempre el derecho a decidir y elegir en qué creer y cómo sentirse en su identidad. Este republicanismo emanado de las luchas sociales del siglo XIX y XX es el que puede permitir una mayor cohesión social hundiendo sus raíces en el regazo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos
La historia la hacemos los humanos, no se nos impone como un destino inapelable. Los derechos de los ciudadanos/as se alzan legítimamente sobre ese concepto-fantasma como es nación. La tercera república está al llegar.
GEGRORIO OJER BUENO.


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Crisis de rentabilidad.de larga duración y desajuste entre potencia militar y potencia económica. Lo que subyace en la política guerrerista de EE.UU







Callinicos, Alex
Callinicos, Alex. Marxista británico. Miembro de las redacciones de "International Socialism" y de "Socialista Rewiew". Autor de numerosos libros, entre los cuales "Equality", "Against the Third Way" y "An Anti-Capitaslist Manifesto".



La guerra en Irak refleja sin ninguna duda el hecho que el capitalismo mundial atravieza una inestabilidad económica y política a la vez seria y creciente. La misma tiene dos dimensiones esenciales. En primer lugar, la economía capitalista global no logró salir de la "larga fase descendente" que comenzó con la primer crisis importante de posguerra, en los años 1973-1974. El boom americano de los años 1990 reveló no ser más que un falso despertar. La especulación financiera cada vez más frenética permitió que el crecimiento de las inversiones y de la producción continuase después de que la crisis de ganancias a largo término se confirmase desde 1997.

Ahora se enfrenta con un mercado bursátil deprimido, pero también con una sobreinversión y sobrecapacidades gigantescas.[1] Los tres centros más importantes del capitalismo mundial (los Estados Unidos, Japón y la zona Euro) enfrentan serias dificultades, cuyas raíces deben buscarse en la crisis de la rentabilidad a largo plazo. Los mercados esperan que una victoria anglo-americana rápida en Irak conducirá a una recuperación económica igualmente rápida: como siempre, subestiman los problemas subyacentes, y en particular la serie de desequilibrios financieros gigantescos que sufre el capitalismo norteamericano. En segundo lugar, en el periodo que nos separa del fin de la Guerra Fría se vió que la clase dirigente norteamericana hizo de todo para mantener su hegemonía sobre los otros estados capitalistas occidentales y extenderla al conjunto del mundo. La tendencia guerrerista de la administración Bush apenas es la etapa más reciente de este proceso. La derecha republicana aprovechó la ocasión ofrecida por el 11 de Septiembre de 2001 para utilizar el enorme liderazgo militar norteamericano sobre todos los restantes estados para afirmar un estado global de fuerzas que perpetúe la hegemonía del capitalismo norteamericano (y también para aumentar su control sobre las reservas de petróleo en Oriente Medio). Aunque refleje una gran confianza en el poderío militar norteamericano, esta estrategia conlleva la percepción de una debilidad a más largo plazo frente a potenciales "competidores", entre los cuales China parece ocupar el primer lugar. La guerra en Irak muestra los peligros de esta política: divisiones entre los estados imperialistas, una masiva oposición en sus poblaciones y posiblemente también el renacimiento de luchas antiimperialistas serias en el mismo mundo árabe.[2]



El término parasitario es incorrecto

Pienso que es equivocado describir la relación entre los Estados Unidos y el resto del mundo como "parasitario". Es verdad que al gigantesco déficit de la balanza de pago norteamericana y la dependencia que de ello se deriva con respecto al capital importado, en particular de Asia Oriental, difieren radicalmente de la posición que aprovechó el imperialismo norteamericano entre 1914 y 1960, o incluso de la del imperialismo británico a lo largo de todo el siglo XIX.. Pero describir su situación actual como "parasitaria" es subestimar los reales elementos de potencia productiva de los que disponen las empresas norteamericanas en sectores como los de las tecnologías de la información. Más en general, en mi opinión, la teoría leninista del imperialismo deja de ser útil si pasa a significar que las ganancias de los países imperialistas vienen esencialmente de la explotación del trabajo colonial o excolonial (o incluso de las clases obreras más débiles), proposición que en el mejor de los casos tiene una validez histórica parcial y no puede, con toda seguridad, explicar la concentración de la inversión multinacional en los países de la OCDE actualmente.[3]

Se comprende mejor al imperialismo recurriendo al esquema formulado por Bujarin: un mundo unificado económicamente por el capital, pero dominado por un puñado de potencias capitalistas que están lanzadas a una competición simultáneamente geopolítica y económica. Desde esta perspectiva, una característica que introduce una diferenciación esencial luego de la Segunda Guerra Mundial es la disociación de la competencia militar y la competencia económica en el bloque capitalista occidental. El combate conducido por los Estados Unidos a nivel geopólitico e ideológico contra los estados estalinistas hizo que las rivalidades económicas crecientes entre los estados capitalistas occidentales dominantes no se tradujesen en el terreno de la competencia militar. La clase dominante norteamericana luchó para preservar este estado de cosas luego de finalizar la Guerra Fría. Se puede apreciar el éxito de su empresa en la disparidad entre su situación económica (que en relación a la parte en la producción global, y a los niveles y tasas de crecimiento de la productividad, es comparable a los de la Unión Europea) y su supremacía actual en el terreno militar. Como ya he dicho, la reacción de la administración Bush frente a esta disparidad es la de explotar al máximo su ventaja comparativa en el terreno militar, pero se debe tener presente esto al plantearse la cuestión de las rivalidades interimperialistas.

Para apreciar a que escala se plantea el desafío asumido por la administración Bush, se debe considerar el hecho de que su insistencia en atacar a Irak, así como los métodos ineptos con los que en particular Gran Bretaña intentó sobrepasar el obstáculo del Consejo de Seguridad provocaron lo que inicialmente pueden parecer los esbozos de otra coalición dirigida por Francia, Alemania y Rusia. Es evidente que hay conflictos económicos en juego, lo muestran los conflictos entre Estados Unidos y la Unión Europea en el marco de la Organización Mundial del Comercio, pero las fuerzas motrices de la polarización actual parecen ser más bien políticas, reflejando una compartida resistencia a la tendencia unilateralista de la política norteamericana (proceso que ya se había iniciado bajo Clinton). Las otras potencias capitalistas dominantes no quieren un mundo en el que los Estados Unidos podría dictar las condiciones en las que ellos podrían cooperar o competir.

¿Vuelven las rivalidades interimperialistas clásicas?

Por parte de los gobiernos que rivalizan con los Estados Unidos, se encuentra una mezcla de motivaciones: el oportunismo electoral (que es en particular el caso de la conflictiva coalición Rosa-Verde en Alemania, aunque por supuesto el oportunismo tampoco está muy lejos de los cálculos de Chirac); el viejo proyecto gaullista de construir una Europa dirigida por Francia que podría ser un contrapeso geopolítico a los Estados Unidos; la amargura de Rusia ante la pérdida de su imperio. Es difícil decir si se forma una verdadera coalición anti Estados Unidos. Todo depende de la manera en que se desarrolle la guerra en Irak para Estados Unidos y Gran Bretaña. Un Washington triunfante resolverá más fácilmente y aplacará a quienes lo critican. Pero si las fuerzas anglo-norteamericanas se empantanan en una larga guerrilla, entonces los gobiernos rivales encontraran razones para mantener su distancia.

A largo plazo ¿las rivalidades interimperialistas clásicas se desarrollarán con una lógica militar y económica? Esto es más fácil de predecir con respecto a China (que actualmente está en peligro de ser rodeada por las bases militares norteamericanas, repartidas en toda el Asia Central, y que han vuelto a Filipinas). Rusia está demasiado debilitada económicamente para prever algo más que política oportunista de maniobras para sacar alguna ventaja, como hace Putin hasta ahora (aunque ha sorprendido a los expertos por la dureza de sus críticas con respecto a la guerra en Irak). Para que la Unión Europea se transforme en una potencia militar seria, sería preciso superar divisiones internas que por el contrario se han hecho aún más intensas a causa de la crisis iraquí (la "Vieja Europa" opuesta a la "Nueva Europa"), y adoptar un programa de armamento masivo que chocaría con las restricciones fiscales impuestas por el pacto de crecimiento y estabilidad (Tratado de Ámsterdam), provocando una crisis política y social mayor, porque esto supondría que el estado de providencia se debilitase aún más para financiar los mayores gastos de defensa, lo que provocaría una reacción hostil de los Estados Unidos. Estos obstáculos pueden ser superados, pero son muy importantes como para indicar que el surgimiento de la Unión Europea como rival imperialista de los Estados Unidos implicaría un proceso simultáneamente muy largo y muy complicado. Y por supuesto es muy importante para los marxistas revolucionarios rechazar la idea (que importantes figuras del movimiento anticapitalista han alimentado) según la cual un imperialismo europea podría representar una alternativa humana y democrática frente a los Estados Unidos.

La guerra plantea un desafío al movimiento antimundialización

No existe una relación simple entre el nivel de lucha de clases económica, la amplitud del movimiento antiguerra y la política adoptada por los gobiernos ante la guerra. Si se considera a los grandes países europeos en los que el movimiento antiguerra fue más importante, en Gran Bretaña el nivel de lucha de clase económica sigue siendo todavía muy bajo; pero tanto Italia como España han conocido huelgas muy importantes el año pasado. En estos tres casos, por supuesto, los gobiernos son proguerra. En los dos países antiguerra más importantes, existe evidentemente una lucha de clases económica mucho más importante que en Gran Bretaña, pero el movimiento antiguerra es mucho más potente en Alemania que en Francia. No hay duda que la política de Chirac es muy popular en Francia, pero con toda seguridad no está dictada desde abajo, por la presión de las masas. Muchos elementos juegan para explicar cómo evolucionan la movilización y la política gubernamental en los diferentes países. Es seguro que la existencia de un bloque de gobiernos pro americanos, de derecha (el eje Aznar, Berlusconi, Blair) tuvo un efecto de polarización en los países en cuestión ayudando a estimular la resistencia de las masas luego de Génova (aunque los gobiernos que se posicionaron contra la guerra también siguieron por supuesto políticas neoliberales, como nos lo recuerda la actual lucha en Francia entorno a las jubilaciones).

El movimiento contra la mundialización capitalista jugó un importante rol en la construcción del movimiento antiguerra. Las redes militantes que permitieron el éxito de las manifestaciones en julio de 2001 se abocaron a la organización de las primeras manifestaciones contra la guerra de Afganistán en Italia y en Gran Bretaña, en el otoño del mismo año, antes de jugar un rol importante en la gran manifestación de Barcelona en marzo del 2002. También se aseguraron de que la guerra fuese el tema principal del Forum Social Europeo de Florencia en noviembre del 2002, actuaron para que se lanzase una convocatoria para un día internacional de protestas contra la guerra, el 15 de febrero de 2003 (convocatoria que se hizo mundial luego de ser retomada por el Forum Social Mundial de enero, una vez más gracias a iniciativas provenientes de alguna de las redes europeas implicadas en el proceso del Foro Social Europeo).

Al mismo tiempo, sin embargo, la guerra plantea un desafío al movimiento antimundialización. ATTAC, en Francia, resistió con mucha fuerza la evolución que acabo de señalar: peleó para que los problemas de la mundialización neoliberal y los de la guerra siguiesen separados. Este enfoque economicista puede ayudar a explicar porque el movimiento antiguerra fue básicamente más débil en Francia que en el resto de Europa. Traduce la incapacidad de comprender que tomar la cuestión de la guerra no sólo conduce a la radicalización del movimiento y al creciente reconocimiento de que el capitalismo es también imperialismo y que las multinacionales y la máquina de guerra están ligadas orgánicamente, sino que también permite un crecimiento considerable tanto de la extensión geográfica del movimiento como de su tamaño en cada país.[4] El rol jugado por el movimiento antimundialización en la lucha contra la guerra depende pues de una manera determinante de la orientación de las fuerzas políticas que actúan en su seno. La discusión a propósito de la guerra es parte de un proceso mayor de diferenciación política entre las fuerzas reformistas y las fuerzas más radicales que actúan, lo que es muy visible en las redes anticapitalistas europeas. Puesto que la actual carnicería se inscribe en una serie de guerras imperialistas, es vital que los marxistas revolucionarios combatan para que el movimiento contra la mundialización capitalista continúe desarrollándose también como movimiento contra la guerra y contra el imperialismo.

Publicado en las revistas Carré rouge Nº 25 y A l’encontre N° 12 mayo de 2003. Traducción de Aldo Romero.

[1] Se encuentra un buen análisis de este proceso, aunque algo débil teóricamente, en R. Brenner, The boom and the bubble, Londres 2002 y en "Towards the precipce", London Review of books, 6 de Febrero de 2003.

[2] Un análisis más detallado en A. Callinicos "The great strategy of the American Empire", International Socialism, 97, 2002.

[3] A. Callinicos, "Marxism and imperialism today", International Socialism, 50 1991, y C. Hartman, "Where is capitalism going?", ibid, 60 1993.

[4] Ver igualmente A. Callinicos, "War under attack", Socialist Review, Abril 2003.

Misa por "la victoria" franquista en Madrid




"Hemos venido a celebrar el 71 aniversario del triunfo sobre los enemigos de Dios. Así de claro, pese a los que les da alergia decirlo". Con esa declaración de intenciones comenzó ayer el párroco de la basílica de los Jerónimos en Madrid, Julián Melero, una misa en honor de los vencedores en la Guerra Civil.

La ceremonia, auspiciada por la Iglesia, fue convocada por la Confederación Nacional de Combatientes y contó con la presencia de la hija del dictador, Carmen Franco, así como del ex líder de Fuerza Nueva, Blas Piñar, entre un centenar de asistentes. El párroco justificó durante media hora de sermón la conmemoración del 1 de abril de 1939, que se celebra sin interrupción desde el final de la guerra y el triunfo golpista.

"Como sacerdorte, dadas las circunstancias, les invito a celebrar esta acción de gracias por la vuelta hace 71 años de los derechos de Dios a nuestra patria", espetó Melero. El párroco recordó a los mártires y evocó 1937 como el momento en que en "la zona liberada durante la contienda" se iba produciendo la derrota de "los enemigos del cristianismo". "Eso sí es memoria histórica. De la buena", explicó el sacerdote.

"El martirio de la coherencia"
El párroco alertó asimismo a los asistentes contra los "nuevos enemigos de Dios", que en su opinión tratan de instalar el "martirio de la coherencia". Explicó a qué se refería con un ejemplo: "Hace poco una mujer fantástica se presentó a Miss California y la expulsaron por decir que el matrimonio sólo es concebible entre el hombre y la mujer. Eso es el martirio de la coherencia".

Los feligreses desfilaron hacia la salida de la basílica con el himno de España sonando en el órgano. A la salida, un grupo de jóvenes falangistas, que vendió todo tipo de símbolos fascistas prohibidos por la Ley de la Memoria Histórica, cantó el Cara al Sol, sin ningún efectivo policial presente para impedirlo, y para sorpresa de los turistas extranjeros que salían en ese momento del vecino Museo del Prado.

Público


Estados Unidos : la falsa reforma de la salud..






La reforma del seguro de enfermedad de Obama ha sido finalmente votada por el Congreso a pesar de la encarnizada resistencia de los republicanos. Hípervalorizada por algunos como un “giro histórico”, está sin embargo lejos de la promesa de ofrecer un sistema de salud de calidad para todos.

Hoy, 46 millones de americanos están desprovistos de seguro de enfermedad. Con la nueva ley, a partir de 2014, será obligatoria la adhesión a un seguro de enfermedad para 32 millones suplementarios de asalariados, ayudados por una subvención pública. Es un progreso para ellos pero la reforma está lejos de las promesas del candidato Obama que ha edulcorado su proyecto para intentar, en vano, obtener el asentimiento de los conservadores.

Uno de los aspectos más importantes de la reforma ha sido la batalla contra la predominancia de los seguros privados. El proyecto inicial preveía crear un seguro público que habría hecho la competencia a los seguros privados forzándoles a bajar sus tarifas. Pero, frente a los lobbies de la industria de la salud, se ha renunciado rápidamente a ello. No habrá seguro público y los seguros privados van a poder beneficiarse a tope de la llegada de millones de nuevos asegurados ayudados por fondos públicos. Las aseguradoras harán pasar tests a los nuevos asegurados y los que presentan riesgos (hipertensión, colesterol, diabetes, etc.) podrán ver doblarse el coste de su seguro. Las aseguradoras guardarán el control de lo que garantizan y muchos asegurados, una vez enfermos, se darán cuenta de que no están cubiertos para la enfermedad que les afecta y continuarán arruinándose para hacerse cuidar.


El nuevo sistema será muy costoso para los contribuyentes de rentas medias (9,5% de sus rentas), ofreciéndoles una cobertura restringida (70%) y continuará enriqueciendo la industria privada de la salud. Para hacer aprobar la ley, Obama ha debido también aceptar que ningún fondo público financie la interrupción voluntaria de embarazo. 20 millones de personas seguirán sin estar aseguradas, si se cuentan los sin papeles, lo que corresponde a 23.000 fallecimientos evitables por año.

La reforma contiene algunas medidas positivas como el aumento de la financiación de los centros de salud y del sistema público Medicaid reservado a los más pobres pero éstas siguen siendo insuficientes.

Los republicanos y la extrema derecha han llevado a cabo una ofensiva virulenta para bloquear la ley, no dudando en caricaturizar a Obama como un « socialista » (palabra muy fuerte en los Estados Unidos), un enemigo interior, un racista, Hitler, o incluso el Anticristo que anuncia el fin del mundo.

El sistema de salud americano, enteramente privado y que funciona solo sobre la base del beneficio no es puesto en cuestión. Como dicen algunos médicos progresistas, se ha dado una aspirina para tratar un cáncer. Los lobbies de seguros y farmacéuticas han sido recompensados por sus esfuerzos con una ley que protege sus intereses. Obama no ha mantenido su promesa de atacar los intereses privados cuando su electorado se habría movilizado si lo hubiera hecho.

Las organizaciones de izquierda, como el sindicato de enfermeras o asociaciones de médicos, han hecho campaña para remplazar el sistema de seguros privados por un sistema nacional de seguro público único, basado en la extensión y la mejora del sistema Medicare, actualmente en vigor para las personas de la tercera edad. No han ganado pero han sabido hacerse oír. Los sondeos muestran que dos tercios de los americanos y el 59% de los médicos apoyan este planteamiento. Un buen punto de partida en la lucha, que continúa, para imponer una verdadera reforma.
http://www.anticapitalistas.org/node/5070