13 de abril de 2010

Socialdemocracia, fin de ciclo







Al frente de los gobiernos en 15 países de la Unión Europea hasta hace poco más de un lustro, la socialdemocracia da signos de desorientación, falta de propuestas y agotamiento. Sus electores tradicionales la abandonan. Una secular corriente de las izquierdas que impulsó grandes transformaciones hoy paga el precio de su confusión ideológica.
Las ideas también mueren. El cementerio de los partidos políticos rebosa de tumbas donde yacen los restos de organizaciones que otrora desataron pasiones, movieron a multitudes y hoy son pasto del olvido. ¿Quién se acuerda en Europa, por ejemplo, del radicalismo? Una de las fuerzas políticas (de centroizquierda) más importantes de la segunda mitad del siglo XIX, que los vientos de la historia se llevaron... ¿Qué fue del anarquismo? ¿O del comunismo estalinista? ¿Qué se hicieron aquellos formidables movimientos populares capaces de convocar a millones de campesinos y obreros? ¿Qué fueron sino devaneos? (1).
Por sus propios abandonos, abjuraciones y renuncias, a la socialdemocracia europea le toca hoy verse arrastrada hacia el sepulcro. Su ciclo de vida parece acabarse. Y lo más incomprensible es que semejante perspectiva se produce en el momento en que el capitalismo ultraliberal atraviesa uno de sus peores momento


¿Por qué la socialdemocracia se muere, cuando el ultraliberalismo se halla en plena crisis? Sin duda porque, frente a tantas urgencias sociales, no ha sabido generar entusiasmo popular. Navega a tientas, sin brújula y sin teoría; da la impresión de estar averiada, con un aparato dirigente enclenque, sin organización ni ideario, sin doctrina ni orientación... Y sobre todo sin identidad: era una organización que debía hacer la revolución, y ha renegado de ese empeño; era un partido obrero, y hoy lo es de las clases medias urbanas acomodadas.
Las recientes elecciones en varios países han demostrado que la socialdemocracia europea ya no sabe dirigirse a los millones de electores víctimas de las brutalidades del mundo postindustrial engendrado por la globalización. Esas multitudes de obreros desechables, de neo-pobres de los suburbios, de “mileuristas” (2), de excluidos, de jubilados en plena edad activa, de jóvenes precarizados, de familias de clase media amenazadas por la miseria. Capas populares damnificadas por el shock neoliberal... Y para las cuales, la socialdemocracia no parece disponer de discurso ni de remedios.
Los resultados de las elecciones europeas de junio de 2009 demostraron su descalabro actual. La mayoría de los partidos de esa familia en el poder retrocedieron. Y los partidos en la oposición también recularon, particularmente en Francia y en Finlandia.
No supieron convencer de su capacidad para responder a los desafíos económicos y sociales planteados por el desastre del capitalismo financiero. Si faltaba un indicio para demostrar que los socialistas europeos son incapaces de proponer una política diferente de la que domina en el seno de la Unión Europea, esa prueba la dieron Gordon Brown y José Luis Rodríguez Zapatero cuando apoyaron la bochornosa elección a la Presidencia de la Comisión Europea del ultraliberal José Manuel Duraõ Barroso, el cuarto hombre de la Cumbre de las Azores –junto con George W. Bush, Tony Blair y José María Aznar–, donde se decidió, en marzo de 2003, la invasión ilegal de Irak...
En 2002, los socialdemócratas gobernaban en quince países de la Unión Europea. Hoy, a pesar de que la crisis financiera ha demostrado el impasse moral, social y ecológico del ultraliberalismo, ya sólo gobiernan en cinco Estados (España, Grecia, Hungría, Portugal y Reino Unido). No han sabido sacar provecho del descalabro neoliberal. Y los gobiernos de tres de esos países –España, Grecia y Portugal, atacados por los mercados financieros y afectados por la “crisis de la deuda”– se hundirán en un descrédito e impopularidad aún mayores cuando empiecen a aplicar, con mano de hierro, los programas de austeridad y las políticas antipopulares exigidas por la lógica de la Unión Europea y sus principales cancerberos.
Repudiar sus propios fundamentos se ha vuelto habitual. Hace tiempo que la socialdemocracia europea decidió alentar las privatizaciones, estimular la reducción de los presupuestos del Estado a costa de los ciudadanos, tolerar las desigualdades, promover la prolongación de la edad de jubilación, practicar el desmantelamiento del sector público, a la vez que espoleaba las concentraciones y las fusiones de mega-empresas y que mimaba a los bancos. Lleva años aceptando, sin gran remordimiento, convertirse al social-liberalismo. Ha dejado de considerar como prioritarios algunos de los objetivos que formaban parte de su ADN ideológico. Por ejemplo: el pleno empleo, la defensa de los beneficios sociales adquiridos, el desarrollo de los servicios públicos o la erradicación de la miseria.
A finales del siglo XIX y hasta los años 30, cada vez que el capitalismo dio un salto transformador, los socialdemócratas, casi siempre apoyados por las izquierdas y los sindicatos, aportaron respuestas originales y progresistas: sufragio universal, enseñanza gratuita para todos, derecho a un empleo, seguridad social, Estado social, Estado de bienestar... Esa imaginación política parece hoy agotada.
La socialdemocracia europea carece de nueva utopía social. Y es que los tiempos cambian. En la mente de muchos de sus electores, hasta en los más modestos, el consumismo triunfa, así como el deseo de enriquecerse, de divertirse, de zambullirse en las abundancias, de ser feliz sin mala conciencia... Frente a ese hedonismo dominante, machacado en permanencia por la publicidad y los medios masivos de manipulación, los dirigentes socialdemócratas ya no se atreven ir a contracorriente. Llegan incluso a convencerse de que no son los capitalistas los que se enriquecen con el esfuerzo de los proletarios, sino los pobres quienes se aprovechan de los impuestos pagados por los ricos. Piensan, como lo afirma el filósofo italiano Raffaele Simone, que “el socialismo sólo es posible cuando la desgracia sobrepasa en exceso a la dicha, cuando el sufrimiento rebasa con mucho el placer, y cuando el caos triunfa sobre las estructuras” (3).
Por eso quizá, y en contraste, está renaciendo hoy con tanta pujanza y creatividad un nuevo socialismo del siglo XXI en algunos países de América del Sur: Bolivia, Ecuador, Venezuela.
En Europa, mientras tanto, a la socialdemocracia le llega su fin de ciclo. ♦
Ignacio Ramonet

Sólo UPN rechaza que el Parlamento foral reconozca el valor de la II República









UCNR, IUN, BATZARRE Y PCE CELEBRARÁN CON UN ACTO FESTIVO Y REIVINDICATIVO LOS 79 AÑOS DE SU PROCLAMACIÓN


La Junta de Portavoces del Parlamento de Navarra aprobó ayer, con el único voto en contra de UPN y el apoyo de NaBai, PSN, CDN e IUN, una declaración institucional que reconoce los valores de la Segunda República en el 79 aniversario de su proclamación. El texto precisa que la Segunda República supuso "una gran esperanza para alcanzar una sociedad democrática real, con una renovación de los valores éticos, políticos y sociales". Al texto, presentado por IUN, se incorporó un segundo párrafo a propuesta de NaBai por el que la Cámara foral "hace suyas y proclama las ideas de igualdad, solidaridad y libertad" como "bases de las diferentes propuestas ideológicas republicanas y que estuvieron presentes en muchos y muchas de los promotores de la Segunda República". Con esta aprobación, el Parlamento "reconoce que la Segunda República dejó un poso político" que ha llevado a "disponer de un estado democrático como el actual".

Por ello, el Legislativo foral considera "necesario" el reconocimiento de toda la ciudadanía que defendió el régimen democrático de la Segunda República, y ve "injusta cualquier persecución y condena a quienes impulsen y trabajen por la reparación histórica y búsqueda de la verdad".

CITA EN LA MAÑUETA Además. la Unión Cívica Navarra por la República (UCNR), IUN, Batzarre y el PCE celebrarán mañana, de forma conjunta y por tercer año consecutivo, el aniversario de este modelo de Estado. Lo harán con un acto "festivo y reivindicativo", explicaron en rueda de prensa el representante de la UCNR Félix Hernández, el secretario de Organización de IUN, Juan Carlos Esparza, el miembro de Batzarre Ioseba Eceolaza y el integrante del PCE Paco Jiménez, quienes hicieron un un llamamiento "a todas las personas de izquierdas y republicanas a que se rebelen contra la monarquía, contra esta forma de Estado antidemocrática, machista y que está fuera del sentido democrático que tiene que imperar en el siglo XXI".

La cita es a las siete de la tarde en el frontón de la Mañueta de Pamplona y contará con la intervención de la coral Taller de Corcheas, la lectura de un manifiesto conjunto, y la proyección de un vídeo. La iniciativa terminará con un lunch y un brindis republicano.
Diario de Noticias

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