13 de julio de 2010

Efectos de "La Roja": pan, circo y españolismo





Imanol Royo


Debo empezar este artículo con una confesión que atañe al título del mismo: es más que evidente que quiero crear un paralelismo con la locución latina “Panem et circenses” que bien podría transformarse en “pan y fútbol” o “el opio del pueblo”, pero es cierto que con la que está cayendo actualmente en España (perdón, en “La Roja”) con casi 5 millones de parados, con desahucios por doquier y aumentando a un ritmo galopante el umbral de la pobreza debido a la crisis capitalista, afirmar el término “pan” con total seguridad es igual muy arriesgado a la par que triste.

Aún así, decido poner dicho título a pesar de que sé que desgraciadamente para muchos sólo habrá circo y españolismo.

Para adentrarnos en materia quisiera comenzar por el sobrenombre con el que ya se ha popularizado a la selección española y se reproduce constantemente entre los medios de comunicación y los ciudadanos como si fuera su verdadero nombre oficial: “La Roja”.

Como afortunadamente indica el diario La Razón (alguna vez tendría que tocar…) recogiendo unas palabras de Luis Aragonés en el verano de 2004 cuando llegó al banquillo de la selección: “Me gustaría que la selección tuviera un nombre, una identidad. Igual que Brasil es la canarinha o Argentina la albiceleste, me gustaría que España fuera La Roja”. [1]

Desde ese momento el nombre se popularizó y gustó, y mucho más todavía cuando España ganó la Eurocopa de 2008 rompiendo el gafe que pesaba como una losa tras las reiteradas malas y penosas actuaciones en competiciones internacionales. - ¿Entonces el término “La Roja” está desligado de una intencionalidad política?

Bajo mi criterio si.

Aunque el término pueda vincularse con otros de indudable notoriedad política y subversiva para el actual orden mundial, como pudieran ser “Ejército Rojo”, “los rojos”, “Bandera roja” o cualquier referencia al color rojo ligado a la lucha del proletariado y a la defensa del misma con orientación marxista, es notable la imposible consideración de ligar esta lucha histórica que menciono con la selección española, ni de fútbol ni en su momento la de baloncesto, aunque ello me cueste contradecir al doctor en Ciencia Política Pablo Iglesias Turrión.[2]

Es imposible porque en esta situación de crisis capitalista mundial, donde los bancos quiebran y para que no lo hagan se les da dinero de los contribuyentes y son los trabajadores los que pagan los platos rotos de una crisis que no han fabricado, sería de locos e inconscientes dar referencias (aunque fueran superficiales, como en este caso ya que es simplemente cromática) y alicientes para que los trabajadores de toda Europa y del mundo se alzaran como reclamaba la pancarta del Partido Comunista Griego (KKE)[3] y dejar a la burguesía (porque que nadie se lleve a engaños, la burguesía sigue existiendo) atónita ante una reacción popular como en el país helénico.

Aún así, la derecha pone el grito en el cielo por el uso de este término, que dice que es una forma de evitar el término “España” para sustituirlo por un término que recuerda a Dolores Ibárruri, La Pasionaria, y que por lo tanto, tiene “connotaciones comunistas”.[4]

Obviamente nada más lejos de la realidad; el color de la camiseta es un aliciente para poder poner un sobrenombre a varias selecciones, entre las que se encuentra España, pero que también son Francia (Les Blues), Argentina (La Albiceleste), Holanda (La Orange)…

Desde luego que la pataleta roza lo ridículo, sobre todo cuando con la excusa deportiva se ha producido una explosión sin igual del nacionalismo español entre la ciudadanía.

- ¿Entonces apoyar a la selección española es ser un españolista?

Esta es una cuestión delicada, los representantes y los ciudadanos de las naciones sin estado (y que en el Estado Español son notables) dirán que obviamente si, pero desde luego la respuesta no es tan sencilla.

Existen numerosos componentes que llevan a una persona a apoyar a la selección nacional (¿o estatal?) considerándose una persona de izquierda; desde disfrutar sin parangón con el deporte en cuestión o apoyar la actual forma de selección respetando las naciones que existen dentro del Estado y su derecho a la autodeterminación.

- ¿Entonces defender la bandera rojigualda es un acto político?

Esta ya es una cuestión más fácil de dirimir según mi criterio.

España ha tenido a lo largo de su historia varias banderas oficiales y es de gran controversia la disputa entre la republicana y la rojigualda, ya que esta confrontación sólo se saldó con un Golpe de Estado y una victoria militar y, posteriormente, con una Transición de todo menos ejemplar, donde Franco impuso a Juan Carlos I como sucesor en la Jefatura del Estado, imposibilitando un debate real en torno a la figura del monarca y a la posibilidad republicana.

Es por ello que o­ndear la bandera rojigualda (¡y qué decir ya de la bandera con el águila, estrechamente relacionada con la monarquía absoluta y con el franquismo!) adquiere un carácter político, aunque su uso esté normalizado y sea considerada la bandera común a todos los españoles, esto no es cierto, ya que esta bandera es la heredera política de los golpistas de 1936 y de los continuadores del mismo régimen que concedieron la inmunidad absoluta a personajes colaboradores estrechos con el franquismo y con los crímenes de éste.

Por lo tanto, que nadie se lleve un susto ni se asombre si alguien le llama “facha” cuando alce y vanaglorie la bandera rojigualda; reitero que heredera política del franquismo, ya que fue Franco quien eligió al monarca como Jefe de Estado y todos los dispositivos políticos de la época se erigieron en torno a legitimar y posibilitar este hecho, independientemente de la consideración de los ciudadanos.

La aprobación de la Constitución de 1978 no fue más que otro mecanismo para legitimar la existencia de la monarquía; no todos los partidos políticos estaban legalizados en aquel momento, se impidió a los ya legalizados para acceder a este hecho que cuestionaran la monarquía y lo que básicamente se elegía era entre continuismo franquista o cambio democrático, pero con monarquía incluida. No había más opciones.

- ¿Entonces hay intereses detrás de esta bandera y de “La Roja”?

Obviamente si.

Desde hace una década escasa se ha dado un proceso de exaltación de lo nacional (entendido como español) frente a la supuesta amenaza que supone la convivencia con otras culturas, costumbres y gentes de otros países.

Existe un mensaje muy fuerte de rechazo a la inmigración, orquestada desde la extrema derecha hasta a los “socialistas” del PSOE pasando por el PP, con las agresiones directas y violentas a personas de otras nacionalidades y con las sucesivas Leyes de Extranjería, la existencia de los CIE y demás criminalización del colectivo migrante.

Ante ello, la masa trabajadora nativa entiende a la inmigración como una competencia laboral que le resta derechos y oportunidades, consolidándose así la guerra interna de clase organizado desde los espectros fascistas y demócratas burgueses en conjunto.

Por otro lado, existe una exaltación nacional españolista frente a los llamados nacionalismos periféricos, fundamentalmente el vasco y el catalán.

Son igualmente campañas mediáticas preparadas para el rechazo y odio hacia todo lo catalán y vasco, creando dos sentimientos: primero la catalanofobia y vascofobia y como consecuencia, la exaltación de la inquebrantable unidad españolista, al borde prácticamente del lema franquista “Una, grande y libre”.

- ¿Entonces quiero que pierda la Selección Española?

Este no es un escrito deportivo así que no voy a entrar en esas consideraciones, pero en el terreno político si quiero que pierda y nada me encantaría más que los trabajadores se enfadaran, que se llenaran de rabia.

Este Mundial y la actuación en él de la Selección Española está siendo utilizado por los grandes poderes políticos y por sus súbditos los mediáticos (y detrás de ellos siempre los económicos) para que los trabajadores estén entretenidos en el circo de Sudáfrica y no en sus verdaderos problemas, el recorte de derechos que sufren, la bajada y congelación de salarios, que el Gobierno esté dando dinero sin parar a los bancos y a las grandes empresas y a los trabajadores sólo recortes y más recortes, que la soberanía ya no resida en el pueblo (ni siquiera lo quieren enmascarar ya con Ley de Partidos o Ley Electoral) sino que directamente es el Nobel de la Paz o Ángela Merkel, o las grandes instituciones financieras como el FMI los que dictan la política económica a seguir por un Gobierno en teoría elegido por los ciudadanos.

Que nadie se sorprenda, se está utilizando la actuación de España en el Mundial como una cortina de humo perfecta para desviar la atención hacia los problemas reales (casi 5 millones de parados es algo que casi se ha olvidado ya…). Antes lo maquillaban con “terrorismo”, ahora lo tienen más fácil, bombardeo de furor futbolero aliñado con goles y españolismo.

Es un mal día para la clase trabajadora, pero perfecto para las élites dirigentes y el fascismo.

[1] http://www.larazon.es/noticia/8779-por-que-llamamos-a-espana-la-roja

[2] http://www.rebelion.org/noticia.php?id=71850

[3] http://www.publico.es/internacional/310067/cientos/vuelos/cancelados/protestas/grecia

[4] http://www.elplural.com/politica/detail.php?id=47681