13 de agosto de 2010

Un verano catastrófico: mareas negras, incendios, inundaciones….La lucha contra el cambio climático o cómo desangrar el sistema





Las sanguijuelas han venido aplicándose desde las civilizaciones más antiguas como terapia para evitar coágulos sanguíneos, inflamaciones y extraer venenos. Algo parecido, desangrar el sistema, es lo que tenemos que hacer para reducir la fiebre y el dolor de un planeta enfermo, el Planeta Tierra.

El petróleo es la sangre que hace funcionar al actual sistema de producción, el capitalismo. Tal y como está diseñad a la producción alrededor del petróleo y los fortísimos intereses que éste ha generado al unirse profunda e íntimamente al funcionamiento del capitalismo, frenar ahora el consumo de petróleo es frenar el capitalismo.

La utilización del petróleo en las arterias y venas del sistema productivo no solo impacta socio-ambientalmente al quemarlo y emitir gases de efecto invernadero, también provoca guerras como la de Irak con brutales consecuencias humanitarias y ambientales, y genera continuamente mareas negras, algunas tan graves como las sufridas este verano en dos extremos del mundo, las costas chinas y las costas del Golfo de Méjico.

El desangramiento del sistema como única salida a la crisis ecológica global despierta fortísimas resistencias por parte de las transnacionales de hidrocarburos que se niegan a transitar a tiempo hacia las energías renovables a la vez que se democratiza su uso. Empresas negras tan poderosas (entre las 15 mayores empresas del mundo, seis son petroleras) que cuentan con una gran influencia sobre los gobiernos, han desarrollado ejércitos privados de mercenarios (especialmente en zonas en conflicto como Irak), y controlan el mercado energético mundial.

Los expertos en el clima no paran de advertir desde hace años que el cambio climático aumentará los eventos meteorológicos extremos a la vez que se precipita en una fase de evolución brusca si no disminuyen radicalmente las emisiones de gases con efecto invernadero. Y la realidad no hace más que dar la razón a los modelos climáticos con eventos meteorológicos cada vez más intensos y frecuentes, tal y como muestran este verano las olas de calor record en Rusia o las inundaciones record en Pakistán e India. Fenómenos naturales de intensidad creciente que mal gestionados se convierten, una y otra vez, en catástrofes naturales y humanitarias que afectan especialmente a los más pobres. Por ejemplo, las inundaciones históricas de este verano en Pakistán representan la mayor catástrofe de su historia. Han afectado a más de 14 millones de habitantes de comunidades rurales y núcleos urbanos empobrecidos que han sido conducidos repentinamente a la miseria más absoluta, causando más de 2.000 muertos, cientos de miles de desplazados ambientales y precipitando a millones a la desesperación del hambre. Por otro lado, los incendios en Rusia han devorado aldeas deprimidas que no han sido apenas defendidas de la voracidad de las llamas, tal y como sí ha ocurrido en instalaciones militares. El humo de los incendios, unido a olas de calor extremo y un sistema público de salud muy deficiente, ha doblado la tasa de mortalidad de la población moscovita, afectando principalmente a los más vulnerables (ancianos y enfermos pobres) que no pueden disponer de buen aislamiento en sus casas y de equipos de climatización interior.

¿Quién debe decidir si se desangra el sistema? ¿Quién decide qué se hace con el petróleo, si se deja en el subsuelo o se extrae, y si se extrae para qué se utiliza? ¿Cómo y quién debe gestionar los recursos naturales?

La tendencia actual del sistema capitalista en su fase neoliberal está conduciendo a que los estados dejen en manos privadas la gestión de los servicios sociales y la protección ambiental. El abandono de la gestión pública abre las puertas a la gestión en función de los beneficios, conllevando en no pocos casos que la destrucción ambiental (directa o indirecta) se imponga al representar más beneficios que una gestión ambiental adecuada y en favor de la mayoría de la población. Las catástrofes son gestionadas como oportunidades de negocios mediante la conocida como doctrina del shock. Por ejemplo, según Vladímir Zajárov, director del Instituto de Desarrollo Sostenible Ruso, los gastos para neutralizar las consecuencias de los incendios y de la sequía "pueden ser incluso superiores a los destinados a terminar con la fuga de petróleo en el Golfo de México". Es decir, la catástrofe socio-ambiental ha abierto un enorme canal para transferir fondos públicos desde el Estado ruso a las empresas privadas que se encarguen de la recuperación.

En otras ocasiones, cuando los estados mantienen las políticas de gestión ambiental las orientan igualmente para maximizar los beneficios empresariales y la competitividad de las empresas más influyentes. Por ejemplo, este verano el Gobierno chino ha obligado al cierre de 2.000 grandes fábricas poco eficientes energéticamente con el objetivo de "mejorar la estructura de la producción, aumentar el nivel de capacidad técnica y competitividad internacional y transformar la industria para ser fuerte en lugar de grande". Esta medida se lleva a cabo sin contar con la opinión de los y las trabajadoras de dichas fábricas, y sin contemplar los impactos que los cierren acarrearán en las y los trabajadores, sus familias y los núcleos urbanos cercanos.

Frente a estas dos formas de gestionar nuestro entorno, privada o estatal pero orientadas ambas a aumentar al máximo los beneficios empresariales, debemos construir un modelo de gestión ambiental radicalmente democrático en el que la mayoría de la sociedad decida, desde abajo, cómo manejar sus propios recursos naturales. Ninguna comunidad que decida libremente decidirá habitar en un entorno degradado, respirar aire contaminado o no poder disfrutar de un paseo por un bosque o un baño en un río saludable al anteponer los beneficios de unos pocos por delante de su calidad de vida.

Los vecinos de Cochabamba en Bolivia mostraron claramente a inicios de este siglo cómo podemos movilizarnos para tomar la gestión de los recursos naturales. Huelgas y manifestaciones masivas frenaron la privatización de sus aguas a manos de una empresa transnacional.

Frente a la gravedad de la crisis ecológica global la democratización de la gestión ambiental es cada día más urgente. Solo así podremos desangrar al sistema y disfrutar realmente de nuestros veranos.

Por Jesús Castillo, activista de En lucha.