15 de agosto de 2010

Maravillas:Su vida se truncó el 15 de agosto de 1936




HOY, 15 DE AGOSTO, HACE 74 AÑOS QUE LAS HORDAS FRANQUISTAS FUSILARON EN LARRAGA A VICENTE LAMBERTO Y VIOLARON Y MATARON TAMBIÉN A SU HIJA MARAVILLAS, DE TAN SÓLO 14 AÑOS. JOSEFINA, HIJA Y HERMANA, VIVE DESDE ENTONCES CON ESTE ENORME PESAR.

LA de Josefina Lamberto Yoldi es una vida de amargura, de sinsabores, de miedo y de desconfianza. Ahora, a sus 81 años, mira hacia adelante con un poco más de ilusión. Se ha visto acogida con cariño en la Asociación de Familiares de Fusilados de Navarra, de la que forma parte de su junta directiva; ha asistido en primera fila al homenaje -hace dos años- que se dispensó a su hermana, y a los 45 fusilados más, en Larraga y hoy verá publicada la esquela de su padre, Vicente, y de Maravillas, su hermana. "Procuro mirar adelante pero siempre me queda un residuo, una amargura que me produce una gran pena aquí"-dice señalándose el corazón-. "No creo que esto me reconforte porque no me van a dar nada de lo que he perdido pero creo que los que vienen detrás tienen que saber lo que hemos pasado".Josefina Lamberto Yoldi es hija de Vicente, un labrador de Larraga afiliado probablemente a UGT, y hermana de Maravillas, la niña que a los 14 años por no dejar sólo a su padre fue conducida por un grupo de matones franquistas hasta la secretaria del consistorio ragués donde la violaron para, posteriormente, matarla y dejar sus restos, más escondidos que los de su padre, abandonados en un bosque del valle de Yerri donde se supone fueron fusilados.

El padre fue enterrado, pero sus restos pudieron desaparecer cuando se realizó la concentración parcelaria. El cuerpo de Maravillas, cuentan algunos testigos que, destrozado por los perros, fue quemado con gasolina de tractores. Josefina, la menor de una familia integrada por padre, madre y cuatro hermanos, tenía 7 años cuando los matones irrumpieron en su casa, el 15 de agosto de 1936, y se llevaron al padre y a la hermana. "A mí me engañaron con un caramelo y uno me preguntó a ver donde guardaba mi padre las armas. Yo, que no sabía nada, les dije que había algo debajo de una teja, era un cable para arrancar piedras, y hasta eso se llevaron". Ese día marcó un antes y un después en la vida de una familia normal de Larraga. Josefina recuerda tiempos felices como cuando su padre les paseaba en la yegua.

Pero todo acabó. Después de aquella fatídica fecha, madre (Paulina Yoldi, de Allo) e hijas -Pilar y Josefina- perdieron todo. Abandonaron Larraga y fueron a vivir a Pamplona. "Alquilamos una habitación para las tres, primero en la calle Jarauta y luego en Descalzos. Mi madre tuvo que mendigar hasta que encontró un trabajo en Guerendiáin de la Estafeta. Se levantaba a las cuatro de la mañana para ganar una peseta más. Mi hermana se puso a servir y yo iba a la escuela de San Francisco. A los doce años me quisieron poner a servir y yo lloraba. A mi madre le debió dar pena y seguí en la escuela. Una profesora fabulosa, Cristina Macía, quiso que me dieran una beca pero mi madre no me podía mantener, así que a los 12 años también me tuve que poner a servir".

Josefina sabe mucho de sinsabores, de miseria. "Pedíamos el pan que les sobraba a los soldados que estaban en el Portal de Francia y en la Vuelta del Castillo". No olvida el viaje que hizo con su madre a Larraga porque les reclamaban la contribución por la casa que habían tenido que dejar por falta de ingresos. "Fuimos mi madre y yo hasta Tafalla en tren y de Tafalla a Larraga, andando. Yo, con 8 años, le preguntaba todo el rato: madre ¿cuándo llegamos? y ella me decía: ves aquella lucecica que está ahí, aquello es. Llegamos y una de las vecinas nos dejó dormir en su casa, eso sí, en la cocina; mi madre en una silla y yo en el albardo del burro. Además nos habían sacado el baúl con nuestras cosas a un camino. Mi madre, que además se había quedado mal con lo que le habían hecho a su familia y a ella misma -estuvo tres días en un calabozo-, me cogió y nos volvimos a Pamplona". Apenas ha tenido relación con el pueblo.

Tiene Josefina buena memoria y no oculta su rencor por el trato que recibió de las blancas, orden religiosa a la que perteneció durante 46 años. "Entré con 21 años y salí con 67. Quería ser misionera para cuidar a los niños y evitarles los sufrimientos que yo había pasado". Pero nada de esto se cumplió. Entrar al convento le supuso no ver más a su madre ."A ella no le gustó mi decisión y las monjas tampoco me dejaban ir a verla aunque los tres primeros años vivíamos las dos en Pamplona". Dice que siempre fue hermana, no madre, y le dedicaron a las tareas domésticas.

SALAS LARRAZABAL Está convencida de que por sus antecedentes familiares fue enviada a un convento de Karachi, en Pakistán, donde los primeros cuatro años no pudo hablar con nadie porque no conocía idiomas. "Gracias a una monja canadiense pude entender algo y aprendí el urdu". Volvió, catorce años después, cuando su hermana PIlar le avisó que su madre estaba mal y que quería verle. "Para cuando me hicieron los papeles y pude volver, mi madre llevaba ya tres días enterrada", recuerda con los ojos brillantes.

Su periplo vital continuó en Pamplona -donde estuvo monja otros 16 años- y en Madrid donde, tras 12 años más de convento, colgó los hábitos "por la incomprensión. Siempre fui para ellas hija de... y me trataron con desprecio. No se como no desperté antes ¡Que años más perdidos! Me dejaron tan tocada que ya no creo en nadie, ni voy a misa... Me gustaría que leyeran esto y pidieran perdón..."

Josefina se enroló en los grupos que a finales de los años setenta exhumaron cuerpos de fusilados en las cunetas navarras, "lo que no gustaba a la superiora porque decía que no estaba bien ya que yo tenía que hacer autostop". Respondió al general Salas Larrazabal con un escrito en prensa para aclarar que su hermana Maravillas no era una desaparecida de la Guerra Civil sino una asesinada, "lo que tampoco gustó en la casa. La superiora nos reunió a todas y nos dijo que si a alguna le metían en la cárcel que no pensara que la orden le iba a sacar, claro eso iba por mí"... A raíz de esto "me desterraron a Madrid". Otras circunstancias, como "las pegas que le pusieron para cuidar a su hermana y a su cuñado" contribuyeron a que se fuera apartando cada vez más de las monjas. Que una de las responsables le comentara que "algo harían" para justificar la atrocidad cometida contra su padre y su hermana fue determinante. En 1992 colgó los hábitos y tras vivir siete años en una residencia en Madrid, a través de una pariente, logró plaza en la Casa de Misericordia de Pamplona, donde vive desde hace siete años.

Se levanta a las 6.30 y de siete a diez trabaja doblando ropa en la Meca, por lo que recibe una pequeña gratificación. Luego, de 10 a 12.30 , ayuda como voluntaria a preparar la comida en el comedor París, donde se sirve comida a personas sin recursos. También es de la junta directiva de la Asociación de Familiares de Fusilados de Navarra, donde, dice haber encontrado a unas personas con las que poder hablar de su vida y en las que ha encontrado comprensión. "Después tanta soledad, con éstos... ésto es vida". "Duermo mejor, más tranquila y trabajo mucho", dice una Josefina que, según compañeros como Koldo Pla o Josetxo Arbizu, "ahora sonríe y ha rejuvenecido".

QUE NO SE REPITA Y es que ha comenzado a recoger frutos. Entre ellos, haber logrado que su hermana Maravillas tenga un certificado de defunción. "No lo tenía y lo tuvimos que tramitar, fue muy difícil. Primero, el Ayuntamiento de Yerri nos hizo una negativa, es decir certificar que no estaba inscrita". Con ello, más documentación de José Mª Jimeno Jurio de hace veinte años que cuenta la historia, fotos de gente que encontró los restos de Vicente y Maravillas, y de personas que habían enterrado el cuerpo del padre, ya que el de la joven fue quemado en el lugar, se dirigieron al juzgado de Estella donde se abrió un expediente. Una vez aceptados los testimonios se envió al Ayuntamiento de Yerri donde quedó inscrita la defunción. "Eso sí -precisa Koldo Pla- como no se permitía poner las causas de la muerte, sólo recoge que murió el 15 de agosto de 1936. Peor es lo del padre que "murió a causa del glorioso alzamiento".

La vida de Josefina ha estado marcada por estas dos muertes. "Mi ilusión era encontrarlos y recogerlos. Llevo la pena en el corazón. No se puede olvidar. Me ha condicionado la vida. Fíjate, al padre le dijeron que se fuera a Francia, pero no quiso. Decía que no había hecho nada. ¿Que habían hecho? como ya le dije a la superiora: mi padre trabajar y Maravillas, ser demasiado hermosa...". Ahora sólo pide que no se oculte la historia. "Las cosas se saben pero la gente joven también tiene que saber y para ello se tiene que poner en los libros de texto. Fui una vez dar el sermón a un colegio y les dije a los niños que estudien, que sean buenas personas y que no permitan que esta historia se repita".
Diario de Noticias

Madrid: Manifestación de las víctimas del franquismo en la Puerta del Sol todos los jueves de 20 a 21 horas





Madrid: Manifestación de las víctimas del franquismo en la Puerta del Sol todos los jueves de 20 a 21 horas

Todos los jueves nos manifestamos por las víctimas del franquismo, desde esta semana nos falta José Brizuela Camarero que era un habitual en esta y otras citas antifascistas. e la tierra te sea leve


Desde hace muchas semanas, cada jueves de ocho a nueve de la tarde, familiares y simpatizantes de las víctimas del franquismo se concentran en la Puerta del Sol, a la manera de la protesta semanal de las madres de Mayo argentinas. Una acción que apenas tiene visibilidad mediática, pues ahora no hay garzones ni lorcas con que llenar noticias. Y pese a esa invisibilidad, cientos de personas se suman cada jueves.Desde fuera puede dar la impresión de que la lucha contra la impunidad funciona a tirones, al ritmo de las grandes noticias: la mal llamada Ley de la Memoria, la actuación de Garzón y su posterior procesamiento, la búsqueda de Lorca, la denuncia en Argentina, el debate sobre la Ley de Amnistía, el levantamiento de fosas comunes… Sin embargo, eso es sólo visibilidad mediática, momentos en que se enciende un gran foco, que a veces ilumina pero también puede deslumbrar, como un fogonazo que te impide ver bien lo que está pasando, y luego te deja de repente a oscuras.

El resto del tiempo continúan los esfuerzos para enterrar dignamente, homenajear y hacer justicia a los represaliados de la dictadura, pero con otra luz, una iluminación propia, más constante que esos grandes focos, más cálida, que no deslumbra y sí ilumina, llevando luz a las muchas zonas de sombra de la dictadura, pero también de la democracia.

Si alguien creía que el paso del tiempo, con la muerte de los últimos supervivientes y la distancia histórica de los hechos, acabaría fundiendo esa luz, o dejándola en una llama testimonial que ni quema ni alumbra, ha ocurrido lo contrario: cada vez se unen más ciudadanos –y más jóvenes-, y cuanto más tiempo pasa y más lejos quedan la guerra y la dictadura, más motivos hay para exigir verdad, justicia y reparación, pues más larga es la afrenta.

Tras las masivas manifestaciones de hace cuatro meses, la plataforma contra la impunidad ha seguido sus acciones, pese al apagón mediático e institucional. Se sigue convocando a todos y todas a esta cita de los jueves de 8 a 9 de la tarde. Desde Solidaridad Obrera se aportan cada jueves pancartas individuales con fotos de anarcosindicalistas asesinados impunemente por el franquismo (Peiró, Granado, Delgado, Sabaté, Caracremada, Facerias, Barriobero, Amador Franco, Carvalleira, los hermanos Pellicer, Puig Antich).

Salud para los que luchan



Publicamos a continuación y como homenaje póstumo el artículo preparado para el Contramarcha 52 que saldrá a finales de agosto sobre la muerte de José Brizuela Camarero

NOS HA DEJADO JOSE BRIZUELA CAMARERO

El nueve de agosto se apagó la vida del compañero José Brizuela a la edad de 81 años. No pudo salir de una operación de corazón realizada a mediados de julio en el Hospital Clínico de Madrid. Un virus de quirófano le provocó una neumonía que le impidió recuperarse y poco a poco acabó con su vida.

José vivió marcado por la brutal experiencia vivida el 29 de julio de 1936 en su pueblo de Burgos, Castrillo de la Vega. Ese día, contempló como un grupo de falangistas se llevaba a su padre de su casa junto a otros cuatro vecinos del pueblo, en una camioneta para fusilarlos en la cuesta de Costaján, al lado de Aranda de Duero. Con siete años se hizo mayor y tuvo que ayudar en las tareas del campo a su venerada madre, como si de un hombre se tratase. Los asesinos falangistas no tuvieron reparos en exigir cada año una parte de la cosecha de trigo; por ello José decía bien alto que “los franquistas explotaban a los niños”, en su carne lo vivió. Las duras vivencias infantiles y juveniles de José Brizuela las tiene recogidas en dos juegos de fotocopias que el mismo entregaba, generosamente, a todo aquel que veía interesado en el tema. El primero de los juegos trata de lo ocurrido en su pueblo, Castrillo, en los años de cruel represión, durante la guerra civil. Hay que tener en cuenta que esa zona de la ribera del Duero no fue frente de guerra, ni el fascismo encontró resistencia alguna y sin embargo los fusilados llenaban las cunetas y campos, “ya todo es un gran cementerio queridísimos compañeros” escribía su hermana Máxima, diez años mayor que José, en un estremecedor diario llevado en secreto, día a día, y escondido por su madre durante todo el periodo franquista. Diario del que también nos dio una copia. El segundo juego de fotocopias que José distribuía, era del periodo de 1941 a 1947 que vivió internado en las “Escuelas de Cristo Rey” en Valladolid, dirigidas por el Jesuita Padre Cid, unas escuelas para hijos de rojos, ya hubiesen sido ejecutados o en permaneciesen en prisión. Escuelas que para nada se ocupaban de instruir cultura y ciencias, sino que sólo buscaba el lavado de cerebro y la asunción de la culpa de ser hijos de los vencidos “que habían osado desafiar a Dios”. José Brizuela era especialista en catecismo, y como tal era llevado a competiciones y espectáculos clericales. En la Escuela se encargaba de cuidar los animales.

José Brizuela incansable antifranquista, noble, obstinado, ameno, simpático, generoso; en fin, muy buena persona; llevó el nombre de su padre José Brizuela Meneses, militante de la CNT, a cuantos sitios pudo con la cabeza bien alta (incluso durante el franquismo llegado el 18 de julio ponía crespones negros en la antena en su furgoneta de pintor) La primera frase que enseñó a sus hijos fue: “¿Quién mató al abuelo? Los falangistas”.

Participó en la exhumación de los cadáveres de la cuesta de Costaján y en cuantos actos sobre la memoria histórica se realizaban, ya fuese en Madrid (en el Caum era habitual), en Aranda o en Valladolid. Muchos escritores de la memoria histórica han utilizado informaciones suyas como Mirta Núñez en “La gran represión” o Rafael Torres en varias de sus obras.

Desde que las movilizaciones de las víctimas del franquismo volvieron a resurgir, se le ha podido ver en todas ellas, incluso en las de defensa del Juez Garzón que nosotros, como Solidaridad Obrera, no compartíamos. Si compartimos muchas vueltas en la Puerta del Sol todos los jueves de 8 a 9 de la tarde, concentraciones en las que, sin duda, le vamos a echar de menos, siempre con la foto de su padre, saludando a unos y otros, pues a todos conocía y todos le queríamos. El jueves 12 de agosto, al finalizar la manifestación se le ha recordado y entre todos los participantes le hemos dado un merecido aplauso colectivo.

Los restos de José Brizuela fueron incinerados y sus cenizas serán esparcidas en la cuesta de Costaján, Aranda de Duero (Burgos).

¡Que la tierra te sea leve, compañero!



http://www.kaosenlared.net/noticia/134672/manifestacion-vicitimas-franquismo-puerta-sol-madrid-todos-jueves-20-2