19 de agosto de 2010

Una Iglesia Católica al servicio del Nuevo Orden Mundial




Seamos creyentes o no, lo cierto es que el estudio de los principios de base de cualquier confesión debe realizarse con toda objetividad. Hay que estudiar los preceptos que defiende y observar si su discurso y acción corresponden o no a su doctrina. En el caso de la Iglesia Católica, el concepto defendido desde hace 2000 años se basa en la supremacía de Dios sobre el hombre.
Las Escrituras y la tradición constituyen el basamento intocable, la base misma de la fe según los términos consagrados, definidos por el sucesor de San Pedro, el Papa.
Marcado por el pecado original, el hombre debe aceptar someterse a una autoridad superior y obedecer el conjunto de preceptos que la Iglesia Católica defiende. Es ese el caso de numerosas iglesias protestantes.
Un cambio fundamental se produce, sin embargo, con el Concilio Vaticano II (1962-1965). Este concilio es resultado de una larga corriente de reflexiones provenientes de numerosos hombres de iglesia, pero también de personajes exteriores a ella, desde el siglo XIX.Al cabo de una larga lucha entre los defensores de la tradición y los progresistas, estos últimos lograron imponer su propia visión durante la gran reforma de Vaticano II. Se trataba, para ellos, de adaptar la iglesia a las múltiples innovaciones políticas, técnicas y sociales que marcan la evolución del mundo. Para los defensores de la tradición es todo lo contrario. Es el mundo el que tiene que adaptarse a los principios de la iglesia. La humanización, que debía implicar la promoción de los derechos humanos, y su colaboración con las instancias internacionales, fueron claramente expresadas en 1963 en la encíclica Pacem in Terris del Papa Juan XXIII [110]. Recordando los progresos de la ciencia y la técnica que llevan a «intensificar su colaboración y a fortalecer su unión» dentro del género humano, se trata de fortalecer el «bien común universal» que los Estados no logran ya garantizar, según la encíclica.

Es por ello que el documento agrega, muy lógicamente, que «En nuestra época, el bien común universal plantea problemas de dimensiones mundiales. Sólo pueden ser resueltos por una autoridad pública cuyo poder, constitución y medios de acción tengan también dimensiones mundiales y que pueda ejercer su acción sobre el planeta en toda su extensión. Es por lo tanto el orden moral en sí lo que exige la constitución de una autoridad pública con competencia universal».

Después de expresar su deseo de que ese «poder supranacional» no sea instaurado por la fuerza, la encíclica aprueba la Declaración de Derechos Humanos de 1948, con excepción de algunas objeciones. Agrega que «Consideramos esa Declaración como un paso hacia el establecimiento de una organización jurídico-política de la comunidad mundial» [111].
Ese cambio de rumbo de la Iglesia Católica es la marca de fábrica de todos los Papas desde Vaticano II. En su mensaje de navidad de 2005, el actual Papa Benedicto XVI exhorta a los hombres a emprender «la edificación de un Nuevo Orden Mundial» [112].
Resulta por lo tanto totalmente lógico que Benedicto XVI haya lanzado un llamado al establecimiento de una «autoridad política mundial» en su encíclica Veritas in caritate [113], en julio de 2009. Recordando la interdependencia mundial, el Papa llama «con urgencia a reformar la ONU al igual que la arquitectura económica y financiera internacional con vistas a convertir en una realidad concreta el concepto de familia de naciones
110] Ver: Texto integral PACEM IN TERRIS, en castellano, sitio internet de la Santa Sede (Vaticano).

[111] Ibid., ver los párrafos de 130 à 145.

[112] «Mensaje Urbi et Orbi del Santo Padre Benedicto XVI» en castellano, 25 de diciembre de 2005, Vaticano.

[113] Ver: Texto integral en castellano, sitio internet de la Santa-Sede.

[114] Ibid., párrafo 67.

Voltaire.org

Dar a los mercaderes lo que es de todos





Una de las consecuencias más brutales de la crisis económica son los suicidios laborales; suicidios relacionados con penosas condiciones de trabajo que han aumentado con los niveles de explotación. Cuando los empresarios hacen caja y despiden, obviamente, aumenta el desempleo, ocasión que aprovechan para rebajar las condiciones laborales (sueldos menores, jornadas más largas, etc.). Esta dinámica llega a ser tan macabra que está haciendo que aumenten los suicidios de trabajadoras y trabajadores que no pueden soportar más el estrés. Y esto está pasando en lugares tan distantes como China, por ejemplo en la transnacional taiwanesa Foxconn fabricante de aparatos como el iPhone de Apple, en Europa, por ejemplo en la también transnacional francesa France-Telecom, o en Estados Unidos, donde los y las trabajadoras que se quitaron la vida en sus puestos de trabajo aumentó casi un 30% al inicio de la crisis; lugares distantes que comparten precariedad laboral.Cuando los grandes capitalistas no pueden, o no quieren, aumentar sus beneficios invirtiendo en producción recurren a la especulación financiera en los llamados “mercados”; conduciéndonos una y otra vez a burbujas especulativas que explotan sin compasión para la mayoría y para la alegría de unos pocos que se embolsan cantidades multimillonarias. Estos mismos mercados, es decir, los capitalistas que invierten en ellos, no se inmutan cuando mueren trabajadores y trabajadoras en el tajo. Sin embargo, castigan con sarna a la empresa que aumente los salarios de sus empleados frente a una ola de suicidios laborales.

Si los capitalistas en los mercados financieros no paran de ganar dinero y atacar a los y las trabajadoras, en el mercado de la vivienda, como no podía de otra manera, hacen más de lo mismo. Los bancos y cajas son dueños ahora de miles de inmuebles y terrenos que están aguantando a la espera de suban los precios; solo rebajan pisos viejos o de poca calidad. Esto no es nuevo, ya lo hicieron durante la crisis de principios de los noventa. Las consecuencias: miles de personas pierden sus casas, no pueden permitirse alquilar o comprar una vivienda y muchos tienen que volver a vivir con sus padres.

El análisis de los mercados capitalistas, además de enseñarnos las tripas de un sistema financiero construido para enriquecer enormemente a unos pocos a expensas de la mayoría, también muestra claramente cómo los gobiernos, ya sean conservadores (PP) o liberales (PSOE), gobiernan fundamentalmente para los mismos que se hacen de oro en los mercados.

Por ejemplo, analicemos qué ha hecho el gobierno de Zapatero con la política impositiva ahora que anuncia, en medio de sus ataques sin descanso a los y las asalariadas, una próxima reforma fiscal. El PSOE en el gobierno ha rebajado a la mitad lo que las grandes empresas pagan sobre sus beneficios (el tipo efectivo) durante los últimos tres años; ha pasado del 20 al 10% (y era del 23% en 1999). Este regalo multimillonario del PSOE a los grandes capitalistas lo ha realizado mediante beneficios fiscales teóricamente destinados a crear empleo de calidad; obviamente un fracaso estrepitoso, ¡¿o no?!

Además, supuestamente, la rebaja de impuestos para las grandes empresas está destinada a atraer inversiones extranjeras. Pero entonces, ¿por qué el mismo gobierno ha aumentando las exenciones fiscales para estimular a las empresas españolas a instalarse fuera? Y claro, estas ayudas han hecho que las grandes empresas hayan salido masivamente al exterior, donde si sufren pérdidas pueden deducirlas y si obtienen ganancias pueden traer los dividendos sin pagar impuestos. Así que los grandes del Ibex están ganando miles de millones en el exterior y las arcas públicas ni lo notan. Además, cuando la filial en el extranjero se endeuda mediante un préstamo de la matriz española, los gastos financieros de ese préstamo se deducen en la declaración de impuestos de aquí; el resultado: ¡más rebajas de impuestos aunque se batan récords de beneficios!

El gobierno del PSOE ya ha subido recientemente los impuestos a los y las trabajadoras al aumentar tributaciones indirectas como el IVA; a pesar de que, según la Comisión Europea, la carga fiscal de las rentas europeas del trabajo para 2008 era el doble que para las rentas de capital. Veremos por dónde sale ahora la anunciada reforma impositiva pero, visto lo visto, apuesto a que se concentrará en subir el tipo marginal del IRPF en vez de hacer una reforma seria del Impuesto de Sociedades que afectaría especialmente a las grandes fortunas y a las rentas altas.

Pero es que, el gobierno del PSOE, además de rebajar los impuestos a los más ricos y las grandes empresas, está regalando dinero baratísimo a los especuladores, los bancos y las cajas de ahorro. A los más de 250.000 millones puestos ya ha disposición de las entidades financieras desde el inicio de la crisis a tan solo un 1% de interés, el gobierno ha anunciado ahora que tras las “pruebas de esfuerzo” bancarias habrá más dinero barato, especialmente para la reestructuración de las cajas de ahorro (mediante el Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria). Cajas que, al mismo tiempo, está privatizando. ¡Una jugada perfecta para sus amigos!

Supuestamente, las “pruebas de esfuerzo” bancarias estaban encaminadas a aumentar la “confianza de los mercados” en la economía del Estado español y que bajara la prima de riesgo de los bonos de deuda pública. Este objetivo se consiguió durante varias semanas tras la publicación de los resultado, pero diferentes noticias internacionales en pleno agosto (producción industrial y ventas minoristas en China no fueron las esperadas, el crecimiento en Estados Unidos no fue tampoco lo previsto…) terminaron con una huida masiva de capital hacia inversiones seguras (bonos del tesoro americano y alemán, dólar y yen). De nuevo los dueños de los mercados, que nunca se sacian por mucho que Zapatero los alimente, atacaron a los bonos de la deuda pública que repuntaron hasta niveles anteriores a los famosos “test de estrés”.

La consecuencia final de toda esta mierda es que cuando la mayor parte de la población lo pasa mal por la crisis, unos pocos tienen cada vez más dinero. El número de millonarios del Estado español (con más de 1.000.000 de dólares) creció un 12,5% en 2009 (son 143.000, según el Informe Anual sobre la Riqueza en el Mundo de Merrill Lynch). Y son más ricos, precisamente, por la subida de sus acciones en las bolsas y por sus inversiones en fondos de alto riesgo, muy rentables ahora que hay crisis. Deben estar contentos los millonarios, pues el banco inglés Citi anunció en pleno verano que tenemos crisis para rato: la economía española volverá a la recesión en la segunda mitad de 2010.

Frente al ‘dar a los mercaderes lo que es de todos’ del PSOE (y del PP, también), demos a los mercaderes y a sus amigos políticos lo que se merecen...

Jesús M. Castillo es profesor del Departamento de Biología Vegetal y Ecología de la Universidad de Sevilla y militante de En lucha.