20 de octubre de 2010

Chile: liberalismo económico y precariedad laboral

Escrito por Luis de Velasco / La República de las ideas
Miércoles, 20 de Octubre de 2010 05:54

Volvieron a la vida los 33 de la mina San José en Chile mientras más de mil millones de telespectadores seguían el rescate, modelo de eficacia, disciplina y responsabilidad en todas las partes implicadas. Rescate que puso de relieve la unidad y solidaridad de un país que olvidó durante un tiempo las obligadas y naturales diferencias de toda sociedad viva y Chile lo es.

Desmontado ya el campamento Esperanza, agobiados los 33 por los focos y las cámaras de los medios, recuperándose y, seguramente, meditando su futuro más inmediato, por debajo de la espuma de lo sucedido ya empieza a aparecer, lógicamente, la parte menos brillante de la historia, lo que hay debajo, la intrahistoria. Y lo que hay debajo son las abundantes miserias de un modelo económico neoliberal que ha conservado la mayor parte de los elementos establecidos por los llamados “Chicago Boys” durante la dictadura de Pinochet a pesar de que han transcurrido veinte años.

Pretender desmentir esto es cerrar los ojos a la realidad, una realidad de relaciones laborales muy desequilibradas en contra de los trabajadores. Por ejemplo, las condiciones de seguridad en las pequeñas y medianas explotaciones mineras, una de las columnas económicas del país, son lamentables. Esto ha quedado claramente demostrado en esta ocasión. San Esteban, la sociedad propietaria de la mina San José había acumulado muertos por accidentes en ésta y en otras explotaciones en años anteriores. La mina San José, que había sido cerrada meses antes de este accidente, fue autorizada a reabrir sin cumplir las condiciones exigidas por la propia autoridad, entre ellas la famosa escalera de salida que buscaron y no encontraron los 33 cuando el derrumbe (la alcaldesa de Caldera, localidad cercana a la mina, ha afirmado que en esa reapertura hubo sobornos y tráfico de influencias). Los mineros rescatados han pedido al presidente Piñera, que ha reconocido esa situación de precariedad, “hechos y no palabras”. Mientras, fuera de la mina, los trescientos despedidos reclamaban sus salarios.

Pero no se trata sólo de modificar la legislación e inspección en este campo. El tema es mucho más profundo. Es ese modelo económico neoliberal el que está en crisis. Es un modelo que sólo puede mantenerse por la supervivencia de una institucionalidad política con herencias “pinochetianas” (por ejemplo, en la Constitución vigente, en esas trabas al movimiento sindical y en un atrabiliario e injusto sistema electoral que expulsa a la izquierda) así como en un aplastante dominio de los medios de comunicación de la derecha política y económica. Como se decía en la mina San José señalando que allí se pagaba más porque su seguridad era menor, “si Ud. no quiere trabajar en esta mina porque cree que no hay seguridad suficiente, siempre es libre Ud. de irse a otra”. Esa es la mentalidad dominante entre los que dirigen el país, mentalidad impuesta durante muchos años de dominio ideológico.

PLAN MODERNA

Artículo firmado por GREGORIO OJER BUENO (afiliado al PCE/EPK y Miembro de la Ejecutiva de IUN/NEB), y publicado en el “Diario de Noticias” (19/10/2010)
El pasado marca y el presente subraya los instintos devastadores de personajillos que, retirados a puestos de: a dedo creo un cargo para ti, o arrímate a mí que no vas a pegar un palo en toda tu vida, pretenden, con sus gestos políticos, justificar una línea de fuga en los derroteros progres de unas prebendas que son incompatibles con las propuestas directas y sinceras de una parte de la izquierda que tiene por referente la idea de clase y la transformación de la sociedad, que en primer lugar pasa por proponer un nuevo modelo productivo que nos sitúe fuera de este desarrollismo depredador y un nuevo sistema democrático que pase por la participación directa de la ciudadanía.

La velocidad de este tren regresivo no para en los andenes de la ciudadanía sin registro y sin posibilidad de enmienda, como tampoco los planes desarrollistas que en su filosofía quedan deslegitimados por los referentes a una época franquista en la que la línea azul pasaba por situar el progresismo de esta sociedad navarra en marcos ideológicos atomizados en torno a tecnócratas del Opus y a gente bien avenida.

El Plan Moderna, como el plan desarrollista del TAV se sitúan en la pragmática franquista. Una pragmática que, a día de hoy, intentan ofrecérnosla como una propuesta que embarque a la sociedad navarra en un devenir social y económico donde la participación ciudadana quede maniatada, obviada e hipotecada a quince años vista.

Contra un sistema democrático vale todo. Vale un plan que empeñando la decisión política y ciudadana, mandándola al ostracismo ideológico, genera recursos públicos para que pasen a gestionarlo entidades privadas. Vale la imposición de unas infraestructuras que, por encima de las necesidades reales de la gente de a pie, repique al unísono la cantinela de la necesidad de unos pocos por el bien de los demás. Vale, por último, todo lo que las instituciones de su democracia tengan a bien dictar. Mientras, como dice Ferlosio, nada huele, non olet.

Pisemos el felpudo de los trabajadores y apostemos por una generación suicida que, al dictamen del santo santorun del Fondo Monetario Internacional nos obligue a posicionarnos en una lucha final de nosotros o ellos.