20 de noviembre de 2010

Impiden la entrada en Portugal a una decena de militantes de la UJCE





.“Estos son comunistas” dijo el policía que el la frontera detuvo a dosde los coches enviados por la UJCE a la contracumbre convocada conmotivo de la reunión de la OTAN en la ciudad portuguesa de Lisboa.Acto seguido les hizo bajar de los coches, pasando a registrarminuciosamente sus pertenencias. “Nos han mirado hasta los apuntes dela facultad, leyéndolos con detenimiento”, comunicaba uno de losmilitantes.Tras el exhaustivo registro tanto de los coches como de laspertenencias personales, la incautación de propaganda y la anotaciónde sus matrículas y documentos de identidad se les ha declarado"potencialmente peligrosos para el orden público y la seguridadinterna", denegándoseles la entrada en el país. Por las noticias quehemos recibido, este ha sido el protocolo que la policía portuguesa hautilizado con activistas de toda Europa. En el momento de redacción deeste comunicado, nuestros/as camaradas se encuentran en la frontera, ala espera de las gestiones que las estructuras jurídicas del PartidoComunista de Portugal están realizando.Desde la UJCE queremos mostrar nuestro más enérgico rechazo almilitarismo de la OTAN, que no sólo se manifiesta en tierras lejanascomo Afganistán, sino que se ve obligado a blindar una ciudad y unpaís frente a quienes quieren exigir paz y que no queremos pagar nisus crisis, ni sus guerras. Mientras los capitales fluyen por Europa,la libertad de los movimientos ciudadanos se cercena a la más mínimaamenaza de respuesta social.Por todo ello, nos sumamos a la convocatoria impulsada desdediferentes colectivos, de concentración el día 20 de noviembre a las12:00 horas frente a la Embajada de Portugal en Madrid (C/ Pinar 1, Gregorio Marañón)“Estos son comunistas” dijo el policía que el la frontera detuvo a dos de los coches enviados por la UJCE a la contracumbre convocada con motivo de la reunión de la OTAN en la ciudad portuguesa de Lisboa. Acto seguido les hizo bajar de los coches, pasando a registrarminuciosamente sus pertenencias. “Nos han mirado hasta los apuntes dela facultad, leyéndolos con detenimiento”, comunicaba uno de los militantes.

Tras el exhaustivo registro tanto de los coches como de las pertenencias personales, la incautación de propaganda y la anotaciónde sus matrículas y documentos de identidad se les ha declarado"potencialmente peligrosos para el orden público y la seguridad interna", denegándoseles la entrada en el país. Por las noticias que hemos recibido, este ha sido el protocolo que la policía portuguesa ha utilizado con activistas de toda Europa. En el momento de redacción de este comunicado, nuestros/as camaradas se encuentran en la frontera, a la espera de las gestiones que las estructuras jurídicas del Partido Comunista de Portugal están realizando.


Desde la UJCE queremos mostrar nuestro más enérgico rechazo al militarismo de la OTAN, que no sólo se manifiesta en tierras lejanas como Afganistán, sino que se ve obligado a blindar una ciudad y un país frente a quienes quieren exigir paz y que no queremos pagar ni sus crisis, ni sus guerras. Mientras los capitales fluyen por Europa, la libertad de los movimientos ciudadanos se cercena a la más mínima amenaza de respuesta social.


Por todo ello, nos sumamos a la convocatoria impulsada desde diferentes colectivos, de concentración el día 20 de noviembre a las12:00 horas frente a la Embajada de Portugal en Madrid (C/ Pinar 1, Gregorio Marañón)

Europa recorta, pero la crisis crece




El sistema financiero europeo se ha hundido en la precariedad esta semana cuando los banqueros han pedido más recortes en unas economías ya muy saqueadas por las medidas de austeridad. Irlanda, Portugal y Grecia están luchando para cancelar sus déficits. El miedo a que no paguen hace que los banqueros exijan tasas de interés todavía más elevadas antes de prestarles más dinero.

La atención está centrada en Irlanda. El gobierno debe pagar, ahora, un 9 por ciento de intereses por el dinero prestado, y la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional piden que, a cambio, se hagan más recortes. De momento, en vez de aceptar un rescate, el gobierno se ha limitado a prometer más recortes, sin tener que pagarlos.
El desempleo en Irlanda ya sube a casi un millón: alrededor de una de cada siete personas adultas. El funcionario medio ha visto como se reducía su salario semanal en unos 59 euros.

El plan más reciente supondría un tijeretazo de unos 6.000 millones de euros del déficit presupuestario de 2011 (que se espera que se presente el mes que viene) y unos 9.000 millones de euros en los próximos dos años. El de Irlanda es el ejemplo más claro de un país cuya respuesta a la crisis ha consistido en grandes recortes en los salarios mientras se echaba dinero a los bancos.

Los bancos irlandeses ya han tomado dinero prestado por valor de unos 130.000 millones de euros del Banco Central Europeo. La economía irlandesa dependía de la especulación inmobiliaria y de las exenciones fiscales multinacionales. Ahora, el resto de la economía está pagando por su colapso.

Insolvente

Morgan Kelly, profesor de economía del University College de Dublín, afirma que la decisión del país de rescatar a los bancos ha dejado a Irlanda insolvente. “El gasto de 70.000 millones de euros destinado a los bancos hace que los 15.000 millones de los recortes en el gasto público, tan arduamente debatidos, parezcan una insignificancia, y que los recortes necesarios en el gasto del gobierno se reduzcan a un ejercicio fútil”, ha dicho.

“¿Como contribuyentes, qué significa para nosotros un rescate de 70.000 millones de euros? Significa que cada céntimo de impuestos que paguemos en los próximos dos o tres años se destinará a pagar las pérdidas del Anglo [Irish Bank]; cada céntimo, en los próximos dos años, irá al AIB, y cada céntimo, en el año y medio posterior, a los otros”. “En otras palabras, el Estado irlandés es insolvente: sus deudas sobrepasan de mucho cualquier posibilidad realista de hacerles frente”.

El gobierno irlandés ha afirmado que el presupuesto que debe presentar será más despiadado de lo que planeaba inicialmente. Existe la posibilidad de que la coalición de gobierno de Fianna Fail y los Verdes se derrumbe, ya que para sobrevivir necesita el respaldo de los parlamentarios independientes. Los recortes suponen una disminución en la demanda, ya que la gente dispone de menos dinero para gastar. Esto golpea de lleno el impuesto sobre la renta del estado, y este, para intentar recuperar el dinero, hace recortes todavía más drásticos.

El gobierno irlandés dice que puede sobrevivir hasta el próximo año sin pedir ningún préstamo. La idea más reciente que ha tenido es utilizar el fondo nacional de pensiones para pagar sus deudas. Pero el gobierno alemán insinuó, la semana pasada, que cualquier rescate debería estar, en parte, financiado por inversores. Estas palabras se retiraron enseguida, porque no gustaron a los mercados. Estos mercados se estabilizaron brevemente cuando los ministros de economía de la UE prometieron que los inversores no serían responsables de ninguna pérdida si se rescataba a la economía irlandesa.

A los gobiernos les preocupa que el nerviosismo que provocan las economías periféricas de la eurozona sea contagioso, y que se extienda a Italia y España, las economías que ocupan el tercer y cuarto lugar, respectivamente, en la eurozona. El impago de uno de los miembros del euro podría empezar una reacción en cadena, animando a los otros a cancelar sus deudas. Esto es lo que temen los jefes europeos. Pero no importa si es la UE o el FMI quien rescata a la economía irlandesa: en cualquier caso, se espera que la cuenta la paguen los trabajadores y trabajadoras irlandesas.

Simon Basketter
http://www.enlucha.org/?q=node/2416

José Ibáñez Martín, (de represor y responsable del asesinato de los maestros republicanos a) doctor honoris causa ...





Datos biográficos: Ministro de Educación Nacional de España (1939-1951), nació en Valbona (Teruel) el 18 de diciembre de 1896 y falleció en Madrid el 21 de diciembre de 1969. Licenciado en Derecho y en Filosofía y Letras (logró el Premio Extraordinario en ambas carreras) por la Universidad de Valencia. Inexcusablemente ligado al gobierno del General Franco, su primer trabajo consistió en la preparación, en 1937, junto a hombres como Fernando Valls Taberner (diputado de la Lliga regionalista por Barcelona en las elecciones del 16 de febrero de 1936) y Eugenio Montes Domínguez (escritor gallego, colaborador durante la guerra del bando nacional, 1897-1982), de una campaña de promoción del nuevo régimen en Hispanoamérica. Tras la renuncia de Pedro Sáinz Rodríguez como Ministro de Educación Nacional (27 de abril de 1939), el 9 de agosto de ese mismo año, Ibáñez Martín ocupa la cartera de Educación, formando parte del segundo gobierno de Franco. Compatibilizó sus funciones como Ministro con las de Presidente del Consejo de Estado. El 19 de julio de 1951 cesa como ministro y le sustituye Joaquín Ruiz Giménez. Es nombrado embajador de España en Portugal, hasta que en 1969 pide ser relevado por motivos de salud, falleciendo en Madrid ese mismo año. En 1967 ingresó en la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, con el discurso Suárez y el sentido cristiano del poder político, que fue contestado por Luis Legaz Lacambra.

«José Ibáñez Martín. Profesor y gobernante. Fué Ministro de Educación Nacional con el Generalísimo Franco, y ha realizado en su departamento una labor muy amplia y profunda en todos los órdenes. Ha concedido grandes subvenciones a las Universidades para mejorar sus locales y enseñanzas, ha logrado dignificarlas, creando en ellas los Colegios Mayores, Cátedras de ampliación de estudios, el Cuerpo de Capellanes y otros organismos muy necesarios, sobresaliendo, entre todos, su nueva Ley de Ordenación Universitaria. Para propulsar el movimiento intelectual de España, instituyó también el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, con sus Patronatos e Institutos respectivos, y ha dado tal impulso a la restauración de la Ciudad Universitaria, que ya están allí perfectamente instaladas algunas Facultades y Escuelas. En su labor diaria por el desarrollo y fomento de la instrucción pública y de la cultura en general, ha procurado mejorar todos los servicios y atender las aspiraciones de las Academias, y de los diferentes deseos suyos de que nada falte en ninguno de ellos.» (Enrique Esperabé de Arteaga, Diccionario enciclopédico ilustrado y crítico de los hombres de España, Madrid 1956, página 247.)

«José Ibáñez Martín (1896-1969) Catedrático y Político. Eminente figura del mundo universitario, Catedrático, Ministro de la Educación durante doce años, Fundador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, José Ibáñez Martín Conde de Marín, nació en Valbona (Teruel), el 18 de diciembre de 1896 y murió en Madrid el 21 de diciembre de 1969. Licenciado con Premio Extraordinario en las Facultades de Filosofía y Letras y de Derecho de Valencia, se doctoró en la Universidad de Madrid, consiguiendo después, por oposición, la Cátedra de Geografía e Historia en el Instituto San Isidro de esta capital. Ha sido Presidente de la Diputación de Murcia y Diputado a Cortes en varias legislaturas de la República. En 1937, formó parte de la misión de información enviada por el Gobierno del Generalísimo Franco a diversos países de Hispanoamérica. El 19 de agosto de 1939, fue nombrado Ministro de Educación Nacional, cargo que ocupó hasta el 19 de julio de 1951. En el primer Pleno de las Cortes Españolas presentó y fue aprobada una Ley de Ordenación de la Universidad Española por la que se crearon las nuevas Facultades de Ciencias Políticas y Económicas y se incorporaron a la Universidad con carácter de Facultad las Escuelas de Veterinaria. También durante su gestión ministerial se fundaron los Colegios Mayores y se promulgó la Ley de Protección Escolar (1944). Dedicó igualmente especial atención a la Primera Enseñanza, dictando la Ley de Ordenación de la Enseñanza Primaria. Posteriormente, fue aprobada por las Cortes la Ley de Enseñanza Laboral, elaborada durante su Ministerio y que constituye una de las más importantes realizaciones de la Enseñanza en España en los últimos tiempos. La promulgación de la Ley de Protección Escolar, la de Enseñanza Laboral y la fundación de los Colegios Mayores contienen una gran significación para el desarrollo de España. En 1939 funda el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, organismo que preside durante veintiocho años y al que da un impulso extraordinario. Al cesar de su cargo de Presidente de este organismo, es nombrado Presidente de Honor vitalicio. Procurador en Cortes de sucesivas legislaturas y Presidente de la Comisión de Justicia, desde 1951 a 1958 ocupó la presidencia del Consejo de Estado. En 1958 fue nombrado Embajador de España en Portugal, cargo en el que permaneció hasta su jubilación en 1969. Fue Doctor «Honoris Causa» de la Universidad Católica de Santiago de Chile y de la Universidad de Sevilla, así como Miembro Numerario de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación, de la Real de Bellas Artes y de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas. Estaba casado con doña María de los Angeles Mellado y Pérez de Meca, condesa de Marín. Obras principales: Dios y el Derecho, Hacia una nueva ciencia española, La investigación española, Los Reyes Católicos y la Unidad Nacional, Símbolo Hispánico del Quijote, Suárez y el sentido cristiano del poder político, &c.» (Diccionario Biográfico Español Contemporáneo, Círculo de Amigos de la Historia, Madrid 1970, vol. 2, pág. 847.)

«José Ibáñez Martín (fallecido). Acenepista de Madrid. Antiguo colaborador de Primo de Rivera; ligado a los hombres de Acción Española y cofundador de la revista del mismo nombre. Antiguo diputado de CEDA. Ministro de Educación (1939-1951) fue el principal artífice de la infiltración de los miembros del Opus Dei en la Universidad. Presidente del Consejo de Estado tras su cese como ministro y, asimismo, presidente vitalicio honorario del CSIC. Embajador en Lisboa en 1958. Académico de Jurisprudencia en 1962.» (A. Saez Alba, La Asociación Católica Nacional de Propagandistas, Ruedo Ibérico, París 1974, páginas 306-307.)

«Algo más que un gesto adulador.

«17 de julio, 1937. Querido amigo: Después de diez meses de calvario en la zona roja, en donde el sufrimiento ha adoptado lo más variados matices, Dios me ha permitido salir de aquel infierno, para llegar al regalo de la España nacional, en donde para fortuna de todos tan maravillosamente ha prendido el sentido heroico cristiano e imperial de los jubilosos días de nuestra grandeza. Si le sirvo de algo, me tiene Vd. a su incondicional disposición. Un abrazo de su siempre amigo,
José Ibáñez Martín. S.c. Calle de Valladolid, 10, 1.0 [Burgos].»

Dirigida a la Delegación de Prensa y Propaganda, y fechada el mismo día en que yo me incorporaba al frente, la tarjeta postal utilizada por Ibáñez Martín no carecía de casi ninguno de los requisitos de la parafernalia patriótica del momento: retrato en óvalo del generalísimo, bandera nacional, un gran «¡Viva España!» impreso y, por si todo ello fuera poco, otro «¡Viva Franco!» añadido a mano.
Había conocido a Ibáñez Martín siendo yo presidente de la Juventud Monárquica. Me dirigió a mediados de 1930 una carta para hacerme saber, además de su fervoroso monarquismo, que él pertenecía a la Juventud de la Unión Monárquica Nacional, donde se hallaban refugiados los supervivientes de la Unión Patriótica. Muy favorecido por la Dictadura, había sido teniente de alcalde del Ayuntamiento de Murcia y presidente de su Diputación provincial. El año en que me escribió era ya catedrático de Geografía e Historia en el Instituto de San Isidro, de Madrid.
Aun cuando no llegara a contar con él para las actividades de nuestra Juventud Monárquica, por el simple hecho de ser catedrático, solicité su colaboración cuando me disponía a lanzar una revista doctrinal, en el momento mismo de la caída de la Monarquía. La verdad es que no me hizo ningún caso. Tenía la mirada puesta, más bien, en las ventajas que pudieran derivársele de su contacto, como «propagandista», con Angel Herrera. A pesar de eso, movido por el afán de incorporar a mis tareas el mayor número posible de personas relacionadas con la cultura, le nombré vocal de la primera junta directiva de Acción Española, bien seguro de que halagaría con ello su vanidad. Y a esto se debió su detención gubernativa, el 17 de agosto de 1932, algunos días después de haber sido clausurado el local de Acción Española. El pretexto fue nuestra supuesta colaboración en el fracasado alzamiento de los generales Sanjurjo y Barrera.
Según he dicho ya en el primer tomo de estas Memorias, aquella medida se le reveló muy pronto al Gobierno como un auténtico palo de ciego. No tardaron mucho en ir saliendo a la calle los detenidos, a intervalos regulares. Uno de los primeros en abandonar la cárcel fue el marqués de Quintanar, como consecuencia, tal vez, de la visita que la joven marquesa hizo al ministro de la Gobernación, Casares Quiroga, para alegar la inocencia de su marido, con quien se había casado unos quince días antes. Tampoco tardaron mucho en ser liberados, consecutivamente, Maeztu, Pedro de Artíñano y Manuel Pombo Angulo, al ejercitarse en su favor diversas influencias. El último en salir fue Ibáñez Martín, por el que nadie intercedió, puesto que era prácticamente un desconocido. Permaneció más meses en la cárcel que la suma de veces que había asistido a actos organizados por Acción Española.
Esto no impidió, sin embargo, que en el resumen biográfico publicado en los periódicos, al ser nombrado Ibáñez Martín ministro de Educación el 9 de agosto de 1939, se le hiciese aparecer no sólo como figura destacada de Acción Española, sino incluso como «fundador» de la misma. Y para perpetuar de alguna forma tan valioso dato, Joaquín Sendra Oliver lo dejaría también consignado así, en el suplemento anual de 1949 a 1952 de la Enciclopedia Espasa: «En los últimos días de la Monarquía y durante el período republicano, intensificó su actuación política interviniendo activamente en la constitución del grupo intelectual Acción Española, cuya aportación ideológica contribuyó eficazmente en la génesis del movimiento nacional del 18 de julio de 1936». Claro es que ni siquiera se mencionaba en la reseña biográfica donde figuraba ese párrafo, que el personaje había militado, políticamente, en la CEDA y que en representación de este partido salió elegido diputado por Murcia en las elecciones generales de 1933.
Su conocida vinculación política, desde muy pronto, a Gil Robles no fue obstáculo para que se le continuara invitando a los actos de Acción Española. Hasta le hice hablar en un banquete organizado el 23 de enero de 1933, con motivo del cumpleaños de Alfonso XIII. Los oradores que para aquella ocasión escogí, con indiscutible intención política, fueron Esteban Bilbao y el bueno de Ibáñez Martín, quien puso el contrapunto de su no mala oratoria populista a los desmesurados trinos decimonónicos del viejo tribuno del tradicionalismo.
A todo aquello se debió, sin duda, el que me dirigiese Ibáñez Martín, apenas llegado a la España nacional, tan dócil y efusiva tarjeta; y también, por supuesto, a que todavía me considerase situado en la vecindad, cuando menos, del poder. No dudaba, por lo visto, que, dados mis antecedentes, podría yo contar algo en el futuro político de la nueva España. Buen chasco debió de llevarse al saber que me encontraba en el frente. No volvimos a tener más contacto. Mejor dicho, lo tuvimos de manera indirecta cuatro años más tarde; pero con una intención por su parte radicalmente opuesta. El sumiso fervor de 1937 se había trocado ya en implacable hostilidad. Creo que merece la pena avanzar unos pasos en la historia, para anticipar brevemente el relato del episodio. [...]» (Eugenio Vegas Latapie, Los caminos del desengaño. Memorias políticas 2, 1936-1938, Tebas, Madrid 1987, páginas 357-359.)

35 años sin Franco




A las diez de la mañana del 20 de noviembre de 1975, unas horas después de que se anunciara oficialmente su muerte, Carlos Arias Navarro leyó en público el testamento político de Francisco Franco, un “hijo fiel de la Iglesia” que solo había tenido por enemigos a “aquellos que lo fueron de España”.



El domingo 23, en el funeral de Estado, Marcelo González Martín, cardenal primado de España y arzobispo de Toledo, recordó el deber de conservar “la civilización cristiana, a la que quiso servir Franco, y sin la cual la libertad es una quimera”. Esa misma tarde, una losa de granito de 1.500 kilos cubrió la fosa abierta para el caudillo en la basílica de la Santa Cruz del Valle de los Caídos, junto a la tumba de José Antonio Primo de Rivera. Bendecido por la Iglesia católica, sacralizado, rodeado de una aureola heroico-mesiánica que le equiparaba a los santos más grandes de la historia. Así murió Franco.

Su legado y el de la larga dictadura que presidió no es fácil resumirlo y es objeto de debate entre historiadores y de encontradas opiniones entre la ciudadanía.

Franco buscó y consiguió la aniquilación de sus enemigos que, si eran solo los de España, fueron en verdad muchos. Gobernó con el terror y la represión, pero también tuvo un importante apoyo social, muy activo por parte de las numerosas personas que se beneficiaron de su victoria en la Guerra Civil y más pasivo de quienes cayeron en la apatía por el miedo o de quienes le agradecieron la mejora del nivel de vida durante sus últimos 15 años en el poder.

Cuando murió, su dictadura se desmoronaba. La desbandada de los llamados reformistas o “aperturistas” en busca de una nueva identidad política era ya general. Muchos franquistas de siempre, poderosos o no, se convirtieron de la noche a la mañana en demócratas de toda la vida.

La mayoría de las encuestas realizadas en los últimos años de la dictadura mostraban un creciente apoyo a la democracia, aunque nada iba a ser fácil después de la dosis de autoritarismo que había impregnado la sociedad española durante tanto tiempo.

Tras una compleja Transición, sembrada de conflictos y de obstáculos, la democracia cambió el lugar de España en Europa, con su total integración en ella, uno de los sueños de las élites intelectuales españolas desde finales del siglo XIX.

El reto de los españoles del siglo XXI ya no consiste en crear una democracia plena con igualdad de derechos y libertades, caballo de batalla, a veces sangriento, de algunas de las generaciones que nos precedieron, sino en seguir cambiando para mejorarla y reforzar la sociedad civil y la participación ciudadana.

Treinta y cinco años después de la muerte del último dictador de nuestra historia, la sociedad española ha podido dejar atrás algunos de los problemas fundamentales que más le habían preocupado en el pasado. Pero desde su tumba, Franco parece mostrar todavía el camino a seguir en otros no menos importantes.

El Valle de los Caídos fue suyo en vida y continúa siéndolo tras su muerte, incapaces los Gobiernos democráticos de establecer una política coherente de gestión pública de esa historia. Las miradas libres a ese pasado traumático y la reparación política, jurídica y moral de las víctimas de la violencia franquista generan el rechazo y el bloqueo de poderosos grupos bien afincados en la judicatura, en la política y en los medios de comunicación.

Y la jerarquía de la Iglesia católica, que ha logrado preservar con creces en la democracia la privilegiada situación que el franquismo le donó, protege con uñas y dientes sus finanzas y sus derechos adquiridos en la educación y discute, con el apoyo enérgico del Vaticano, cada palmo de territorio que el Estado quiere conquistar en el orden moral. Treinta y cinco años sin Franco y no tenemos una ley de libertad religiosa adaptada a la actual sociedad democrática plural y culturalmente diversa.

Asentada la democracia, debemos recordar el pasado para aprender. Miles de familias están esperando que el Estado ponga los medios para recuperar a sus seres queridos, asesinados, escondidos debajo de la tierra, sin juicios ni pruebas, para que no quedara ni rastro de ellos. Es necesario dar a conocer la relación de víctimas de la violencia franquista durante la guerra y la posguerra, ofrecer la información sobre el lugar en el que fueron ejecutadas y las fosas en las que fueron enterradas.

Y frente a esas historias todavía por descubrir, no puede dejarse de lado, abandonar o destruir, la memoria de los vencedores. Sus lugares de memoria son la mejor prueba del peso real que la unión entre la religión y el patriotismo tuvo en la dictadura.

No es posible renunciar al objetivo de saber, a que coexistan memorias y tradiciones diferentes. Pero para eso, antes, hay que remover los obstáculos que impiden rescatar de las cunetas y de las fosas perdidas a las víctimas de tanta tortura y asesinato. Treinta y cinco años después de la muerte de su principal responsable.

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Julián Casanova es catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Zaragoza.


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