8 de junio de 2011

Primera decisión de 15 nuevos concejales en Pamplona: tomarse medidas para el traje de gala que estrenarán en la Procesión de S.Fermin




DE CONCEJALES Y DE TRAJES

15 nuevos concejales y concejalas de Iruña-Pamplona ya han tomado su primera decisión como tales, incluso antes de su efectiva toma de posesión. 14 de ellos han decidido ya aceptar tomarse medidas para el traje de gala que estrenarán seguramente en la procesión de San Fermín del 7 de julio próximo. No es una decisión baladí y requiere a mi entender una cierta reflexión, máxime de personas que en los próximos años deben dedicarse a servir a la ciudadanía de Iruña-Pamplona.
Reflexión que, a mi entender, pasa en primer lugar por el coste del citado traje de gala (unos 3000 euros dicen que cuesta el de roncalesa), que por decisión libre de cada concejal que acepta, debe pagar el Ayuntamiento, cuando me atrevo a decir que ninguna de esas personas afrontaría en su vida diaria un gasto semejante para su uso como máximo de 5 días al año. No nos extrañe luego, estar en el punto de mira de las personas “indignadas” con la clase política, que acampan en la Plaza del Castillo, entre otras.Recordamos, además que el frac que visten los concejales reproduce la vestimenta de la aristocracia, que como tal ocupaba los cargos municipales históricamente, diferenciándose de la plebe, también en la forma de vestir. Quizás fue ésta la razón por la que ya en los 70, el alcalde Jesús Velasco y los concejales Miguel Angel Muez y Jacinto Martinez-Alegría se negaron a vestir el frac. Perteneciendo al tercio de cabezas de familia y miembros de la HOAC (Hermandad Obrera de Acción Católica), simplemente se consideraban “obreros” que no necesitaban disfrazarse de “caballeros” para ejercer sus funciones en el Ayuntamiento. ¿Cómo podemos profundizar en la democracia si aceptamos sin mayor reflexión este tipo de “tradiciones” tan arraigadas en las diferencias sociales y de clase?
Reflexionemos también sobre las 5 ocasiones en las que los concejales y concejalas, que así lo deciden, visten el traje de gala. Todas ellas son manifestaciones religiosas, en las que el Ayuntamiento, en tanto en cuanto las organiza como institución pública, lo hace en contra del principio constitucional de garantizar la libertad ideológica, religiosa y de culto y en contra del artículo 9 de la Constitución que le obliga a cumplir con la misma.
Siguiendo a Jose Ignacio Lacasta, catedrático de Filosofía del Derecho de la
Universidad de Zaragoza, en un artículo de 2009 sobre pluralismo y obediencia al derecho,…” el laicismo lo que hace es defender la independencia, particularmente del Estado: “de toda influencia eclesiástica o religiosa”.
Así que la programación institucional de una misa es una falta manifiesta de respeto a quienes no entienden el catolicismo como religión oficial y creen que el Estado, su Estado, ha de ser aconfesional porque así lo proclama la Constitución vigente”.
Los concejales y concejalas, como autoridades civiles que son, no pueden asistir representando a “toda la ciudadanía” a actos religiosos de ninguna confesión, porque ello va en contra de la libertad de conciencia y del principio de igualdad reflejados en la Constitución. Eso sí, como ciudadanos/as tienen todo el derecho a asistir a título individual , derecho reconocido por la misma Constitución.
La laicidad da libertad a todas las personas por igual y ello cobra si cabe más importancia en tiempos dónde el reto de la integración de personas con otras culturas y religiones en esta sociedad es tarea de primer orden.

Qué lejos seguimos estando en esta ciudad, al igual que en muchas otras, de garantizar con hechos institucionales los principios universales de la libertad, la igualdad y el pluralismo, que se expresan día a día en nuestra sociedad, pero no se respetan desde nuestro Ayuntamiento. Y cuanta añoranza por dos ideales, la laicidad y la emancipación del poder público respecto a cualquier tutela, sea religiosa o económica, buscando y defendiendo el interés público.
Decía Saramago, que la conciencia es la única alternativa al neoliberalismo, al sistema que nos gobierna, que solo podemos luchar con más conciencia y más conciencia.
Esa conciencia que nos hace decir no, no a los privilegios, no a las distinciones y que nos une a la conciencia de muchas otras personas, para construir una gran conciencia social. La necesitábamos hace cuarenta años y la necesitamos ahora, más que nunca.

Edurne Eguino, concejala de Izquierda-Ezkerra en el Ayuntamiento de Iruña-Pamplona