15 de julio de 2011

Siria: El pueblo quiere que caiga el régimen




“Ash-sha’ab yurid isqat an-nitham”, “El pueblo quiere que caiga el régimen”, es el grito de las revoluciones tunecina y egipcia, y hoy también de cientos de miles de sirios, que protestan contra la hereditaria dictadura de los Assad.

Ya han pagado un precio muy alto: unos 1.300 muertos, miles de detenidos y recientemente un éxodo masivo hacia el país vecino, Turquía, para escapar de la represión. En un caso extremo, Hamza el-Khatib, un chico de 13 años, fue horriblemente torturado y asesinado por las fuerzas del Estado a finales de mayo.

Siria vive bajo el control directo del partido Baaz desde 1963. Hafez al-Assad tomó el poder en 1970: con su muerte en 2000 el mando pasó a su hijo, Bashar al-Assad.

Inspirados por Túnez y Egipto, el 3 de febrero de 2011 jóvenes sirios, principalmente exiliados, convocaron protestas por Facebook. Internet tiene poca implantación en Siria, y hubo poca respuesta. Pero todo el mundo veía las imágenes de Tahrir por Al Jazeera: la confianza y la rabia se contagiaron y las protestas crecieron. A finales de marzo, ya contaban con miles de participantes en muchas ciudades, y con más de 100.000 en Deraa, una ciudad del sur de Siria, cerca de los Altos de Golán, ocupados por Israel. Cuando el ejército, dirigido por Maher Assad, hermano del dictador, reprimió a los manifestantes, le gritaron: “¡Maher, eres cobarde! ¡Envía a tus tropas para liberar el Golán!”Desde entonces, y a pesar de la brutal represión, las protestas se han extendido por todo el país.

Ghayath Naisse, activista sirio exiliado y miembro del Comité de apoyo a la intifada siria, explica que las protestas son muy espontáneas: “Hay una oposición política, pero es muy pequeña y basada en la clase media; tiene poca conexión con el movimiento popular, formado sobre todo de gente pobre.”

Según Naisse, la gente grita contra la corrupción, y por la libertad y la justicia social.

Explica que, actualmente, el 70% de la riqueza está en manos de un pequeño círculo de familiares y amigos de Assad. Assad es alauita, pero la élite es multiconfesional. La lucha en Siria no es sectaria, entre alauitas y sunitas. Los alauitas no son los privilegiados en Siria: la parte alauita del país es muy pobre. Naisse explica: “Gente de todas las religiones participa en las protestas, pero dado que la mayoría de la población son sunitas, la mayoría del manifestantes también lo son.”

Algunos sectores de la izquierda occidental —e incluso uno de los partidos comunistas de Siria— dicen que este país es antiimperialista, y tachan a los manifestantes de agentes de EEUU e Israel.

En realidad, y más allá de algunas discrepancias coyunturales, la dictadura de los Assad tiene un largo historial de colaboración con EEUU. Naisse mantiene que su “antiimperialismo” es sólo una postura: “Su única estrategia es mantenerse en el poder”. “El aliado de verdad de la resistencia es el pueblo sirio, no el régimen”, añade. De hecho, es evidente que Israel prefiere Assad a los peligros de una revolución popular.

El movimiento revolucionario egipcio lo tiene claro, y ya ha realizado protestas contra la represión, ante la embajada siria en El Cairo.

La Plataforma Aturem la Guerra —el amplio movimiento antiguerra de Catalunya— también ha declarado su solidaridad con el pueblo sirio, igual que antes lo había hecho con los pueblos de Túnez, Argelia, Egipto…: “Condenamos la brutal represión que está ejerciendo el gobierno sirio contra su población. Ningún gobierno puede ahogar en sangre las legítimas aspiraciones populares de la democracia, la justicia social y el respeto de los derechos humanos.” La Plataforma ha apoyado las manifestaciones organizadas en Barcelona por la Asociación sirio-catalana por la libertad y la democracia.

Nada de esto implica apoyar una intervención extranjera. Tampoco la quieren los activistas sirios. Declara Naisse: “No deseamos en Siria lo que hemos visto en Irak, ni lo que vemos ahora en Libia.”

¿Cuáles son, entonces, las perspectivas para la revuelta siria?

Igual que antes en Túnez y Egipto los dirigentes dicen: “o yo o el caos y la violencia”. Igual que en aquellas revoluciones, la gente ha perdido el miedo, y no parece que la brutal represión consiga acabar con las protestas.

Pero la lucha en Siria se enfrenta a grandes retos.

Si bien la revuelta no es sectaria, el régimen intenta promover el sectarismo para dividir la oposición, igual que lo hacen elementos de la dictadura en Egipto, hasta ahora sin éxito.

Algunos sectores de la izquierda occidental se suman a estos intentos, alegando que el movimiento está dominado por los Hermanos Musulmanes que “esconden armas en las mezquitas”.

La verdad es que, debido a la dura represión —y al apoyo al régimen por parte de los partidos “comunistas”— hay pocos movimientos sociales independientes, y la poca organización que hay se basa sobre todo en el islam. En Egipto también hubo muchos islamistas en las protestas, y eso no fue motivo para negarles apoyo.

Y los que justifican un régimen que ha asesinado a más de mil personas —incluyendo, según la oposición, muchos soldados que se habían negado a disparar— no tienen base moral para criticar el movimiento por intentar defenderse.

¿Cuál puede ser el eje vertebrador del movimiento en Siria? No será una religión —hay muchas— ni tampoco la arabicidad: hay otras nacionalidades, como los kurdos.

En Egipto hoy, la clave es cada vez más la clase social. La burguesía y gran parte de la pequeña burguesía —ya sean “liberales laicos” o islamistas— defienden la cúpula militar. La clase trabajadora, los campesinos y los pobres en general buscan la justicia social, y esto no vendrá de unas limitadas reformas democráticas, sino que requiere un cambio mucho más profundo.

Esta división social también existe en Siria; lo que falta es una izquierda organizada capaz de expresarla de manera consciente.

Pero soplan aires de cambio, y de lucha social. Podemos esperar que en Siria, así como en los otros países en lucha, surjan nuevas organizaciones y conciencia desde la propia revuelta.

Como dice Naisse: “Ya no se puede volver al pasado, la región ha cambiado.”
David Karvala
Artículo publicado en en semanario La Directa