15 de julio de 2011

Turbulencias en Die Linke




El partido Die Linke (La Izquierda), fundado con gran expectación hace cuatro años y que pronto se convirtió en una sólida fuerza progresista en el panorama político alemán, con 76 diputados en el parlamento federal y presente en 13 de 16 parlamentos regionales, se enfrenta ahora a serios problemas, que pueden resultar fatídicos. Fuerzas centrífugas en el interior del partido, que tanto daño han hecho este último año, han cristalizado ahora en una dura controversia sobre la política israelí y las acusaciones de antisemitismo.
Die Linke ha sido blanco del odio de los cuatro partidos establecidos, a los que incluso ha llegado a infundir miedo. Los ataques arreciaron cuando los votantes y muchos militantes castigaron al Partido Socialdemócrata y a Los Verdes, que ahora están en la oposición en el plano nacional, porque daban la impresión de defender, cuando no gobernaban, políticas progresistas, paro olvidarse de ellas cuando estaban en el poder. Los partidos gubernamentales de derechas, la Unión Demócrata-Cristiana y el Partido Liberal-Demócrata, que ahora también se enfrentan a importantes pérdidas electorales, siempre han hecho cuanto podían por poner en la picota al más bien flacucho chivo expiatorio de la izquierda.

El pasado 15 de mayo, todos ellos se abalanzaron sobre Die Linke en el parlamento federal durante un debate de toda una jornada de duración sobre “las posiciones antisemitas y hostiles a Israel de Die Linke”. Entre los vilipendiados figuraba un dirigente del partido de Duisburgo, en la Cuenca del Ruhr, que había impulsado la campaña por el boicot a los productos procedentes de Israel, o al menos los elaborados en Cisjordania pero falsamente etiquetados con la indicación “Made in Israel”. Desde que arrancó en 2005 en una reunión del Foro Social Mundial en Porto Alegre, Brasil, esta campaña se ha extendido a muchos países y propugna el fin de la ocupación de Palestina, el derribo del Muro que se está construyendo allí y la defensa de los derechos de los palestinos forzados a abandonar sus hogares. Fue inmediatamente desautorizado por instancias superiores del partido, pese a que él rechazó toda acusación de antisemitismo apuntando a su activa militancia antinazi en el pasado.

En Bremen, dirigentes locales de Die Linke se negaron a alinearse con los demás partidos en una condena general de este boicot a los productos israelíes o supuestamente hecho en Israel. Aunque ellos también se oponían a este boicot en Alemania, que recordaba a la gente los letreros de la época de Hitler que decían “No compréis a los judíos”, dijeron que no podían condenar este tipo de llamamientos por parte de grupos palestinos en cualquier parte del mundo, justificando su postura en la opresión que sufren actualmente los palestinos, los desvalidos de hoy, y en el apoyo sesgado de Alemania al gobierno israelí incluso ante acciones condenadas por muchos países de todo el mundo, como los ataques contra Gaza o la construcción del Muro.

Después, nuevamente en Duisburgo, la única ciudad de la parte occidental de Alemania en que Die Linke participa en el gobierno municipal (lo que no es mera coincidencia), de pronto se descubrió un mensaje en un oscuro enlace que aparecía en la página web del grupo juvenil próximo a Die Linke. Se trataba de un panfleto claramente antisemita, fascistoide, encabezado por un logotipo formado por la estrella de David combinada con la cruz gamada. Fue inmediatamente desaprobado por el partido, que emprendió acciones legales contra los autores de la publicación, y todo apuntaba a que se trataba de una provocación. Sin embargo, los medios de comunicación ya tenían lo que querían. Y también los diputados del parlamento federal.

Los ataques se centraron sobre todo en quienes apoyan a la “flotilla de Gaza” que se apresta a un nuevo intento de romper el bloqueo marítimo de este enclave palestino sitiado en la costa mediterránea, esta vez, simbólicamente, con suministros médicos que tanta falta hacen en la Franja. En una acción similar realizada el año pasado, en el barco “Mavi Marmara” estaban presentes dos diputados de Die Linke cuando fue abordado por el ejército israelí en un ataque que costó la vida a nueve personas que viajaban a bordo.

En respuesta a estos ataques, los parlamentarios de Die Linke, reunidos el 7 de junio, adoptaron unánimemente la siguiente resolución:
“Los miembros del grupo parlamentario de Die Linke seguirán actuando en el futuro contra toda forma de antisemitismo en la sociedad. Ni hoy ni nunca se ha tolerado en nuestro partido ni el extremismo de derechas ni el antisemitismo. El grupo parlamentario de Die Linke se opone con firmeza a la mentalidad antisemita y a los actos de extrema derecha. Los miembros del grupo declaran, por encima de todas las discrepancias y de acuerdo con la decisión del 21 de mayo del Ejecutivo del partido, lo siguiente:
“No participaremos en ninguna iniciativa relacionada con el conflicto de Oriente Próximo que reclame una solución de un Estado para Palestina e Israel ni en ningún llamamiento a boicotear los productos israelíes, como tampoco en la ‘flotilla de Gaza’ de este año.
“Esperamos que todos los miembros del grupo parlamentario y de su equipo se ajusten a estas posiciones.”
De común acuerdo, 14 diputados que se oponían a esta declaración abandonaron la sala antes de la votación para que pudiera considerarse adoptada por unanimidad (en total el grupo cuenta con 76 diputados).

Hubo reacciones inmediatas que dejaron claro que hiciera lo que hiciera Die Linke, sus adversarios no iban a darse por satisfechos. Dieter Graumann, presidente del Consejo Central de los Judíos en Alemania, escribió un largo artículo en un periódico de gran tirada, el Süddeutsche Zeitung. Después de admitir que Die Linke se había mostrado particularmente activo en la lucha contra los neonazis, como por ejemplo en el bloqueo de su congreso anual en Dresde el pasado mes de febrero, afirmó que en las filas del partido cunde el antisemitismo. Por un lado, recordó que la República Democrática Alemana (RDA, la antigua Alemania Oriental) había mantenido estrechos lazos con movimientos y países árabes dispuestos a reconocerla, pero nunca estableció relaciones con Israel, país que desde muy temprano mantenía vínculos muy estrechos con la República Federal Alemana (RFA, la antigua Alemania Occidental). Sin embargo, son en gran medida los dirigentes de Die Linke de la parte oriental de Alemania los que actualmente podrían considerarse más “proisraelíes”. Así que centró sus ataques en lo que llamó el odio “francamente patológico” a Israel, especialmente en sectores occidentales del partido. El núcleo de su crítica, que refleja la estrecha relación del Consejo Central con Israel, consiste en rechazar como “antisionista” y “antisemita” la mayor parte –por no decir la totalidad– de las críticas a la política israelí hacia Gaza y los palestinos.

La reacción ante la declaración del grupo parlamentario, al menos por parte de la dirección del partido, fue más que turbulenta. Mientras que nadie estaba en contra de las críticas al antisemitismo, que siempre han sido un principio fundamental de Die Linke, muchos estaban en desacuerdo con la negativa a debatir siquiera otras cuestiones, como el boicot. En cuanto a la cuestión de la solución de un Estado, la mayoría tendía a considerar que esto debía dejarse en manos de los israelíes judíos y árabes y de los palestinos. Pero la cuestión de la “flotilla de Gaza” era especialmente sensible; uno o dos parlamentarios del partido tenían previsto participar de nuevo este año. Y muchos se mostraron especialmente molestos con la última frase restrictiva, que consideraban una mordaza impuesta a todos los parlamentarios, la primera en producirse en el joven partido. Algunas agrupaciones del partido, sobre todo de Alemania occidental, protestaron.

Es un debate, por supuesto, que viene desarrollándose con crudeza desde hace años en círculos judíos y otros sectores de muchos países. Sin embargo, especialmente en Alemania existe siempre el peligro añadido de que los nazis, viejos y nuevos, puedan sacar tajada del creciente descontento que sienten muchos alemanes con la política israelí en Cisjordania, los ataques contra Gaza durante la guerra de 2008-2009, el abordaje del “Mavi Marmara”, los desaires deliberados al vicepresidente de EE UU, Biden, a Obama y a las Naciones Unidas con la construcción de asentamientos en Jerusalén Este y Cisjordania. Mientras que el Consejo Central de los Judíos y sus amigos de los medios de comunicación y de las esferas gubernamentales apenas han criticado alguna vez dicha política, algunas personalidades judías de Alemania han hecho justamente esto, como la famosa abogada israelí Felicia Langer, que ahora vive en Alemania; Evelyn Hecht-Galinski, hija del anterior presidente del Consejo Central de los Judíos hasta su muerte en 1992, y Rolf Verleger, un dirigente del Consejo hasta que fue expulsado por oponerse a la invasión del Líbano por parte de Israel. Y fue una organización de alemanes judíos la que se mostró más activa en la organización de un “barco alemán” para la segunda “flotilla de Gaza”.

¿Dónde termina la crítica a Israel y comienza el antisemitismo? La existencia de Israel apenas se ha cuestionado alguna vez en las filas de Die Linke, pero ¿dónde termina la legítima defensa y comienza la obediencia ciega a la política israelí, desde el rechazo frontal del informe Goldstone hasta el reconocimiento del Estado palestino en septiembre? ¡Qué difíciles y delicadas son estas cuestiones en todas partes, y no digamos en Alemania! En una carta abierta, más de un centenar de israelíes que luchan activamente a favor de la igualdad de los palestinos criticaron severamente la declaración del grupo parlamentario de Die Linke, en particular su “prohibición” de participar en la “flotilla de Gaza”, señalando que eso constituía una capitulación en toda regla. Algunos miembros del partido se mostraron de acuerdo con ellos, pero otros apoyaron públicamente la dura crítica al partido que había formulado el presidente del Consejo Central de los Judíos.

Un grupo formado dentro del partido, o más exactamente dentro de “Solid”, la organización juvenil, ha estado intentando durante años situar esta cuestión en el centro del debate, a sabiendas de que es susceptible de dividir al partido o incluso de acabar con él. Este grupo, autodenominado “Shalom” y dirigido por unos cuantos profesores universitarios, no solo defendía posturas sistemáticamente favorables a todo lo que decía o hacía el gobierno israelí, sino que además hacía extensivo su apoyo a las políticas de Washington, situándose casi a la derecha de George W. Bush, al apoyar plenamente la guerra de Irak, por ejemplo, y atacar a todos los islamistas y musulmanes sobre la base de planteamientos racistas. ¡Incluso tachaban de antisemitas las críticas a la política de EE UU! Aunque hostiles a prácticamente todos los principios de Die Linke, siempre contaban con algún apoyo dentro del partido y una resonancia favorable en los medios de comunicación.

Ahora este grupo ha vuelto a adquirir protagonismo al verse implicadas dos alas del partido, que durante mucho tiempo han estado enfrentándose soterradamente entre ellas en torno a otras cuestiones, en el debate sobre Israel y Palestina. Una de ellas es más fuerte en Berlín Oriental y Alemania Oriental, donde el voto relativamente amplio a favor de Die Linke (en muchos casos más del 20 %) ofrece muchas posibilidades de entrar en los gobiernos locales, provinciales o regionales. Así, Die Linke forma parte de la coalición gobernante de los Estados federados de Berlín y Brandemburgo, y en otros Estados es el segundo partido más votado. Muchos dirigentes del partido de Alemania Oriental temen que se les considere demasiado radicales para estar en las instituciones; algunos incluso sueñan con asociarse con los socialdemócratas y los Verdes en un gobierno nacional tras las elecciones de 2013. No quieren espantar más de lo necesario a esos dos partidos, y esta actitud se refleja también en la cuestión israelo-palestina.

La otra ala, que tiene más peso en los Estados de Alemania Occidental, saca muchos menos votos en las elecciones y muy pocas veces ha tenido posibilidades de entrar en algún gobierno en cualquier nivel. Esto y su pasado en general más militante han convertido a este sector en la base del ala más radical del partido. Remitiéndose a los libros de historia, por ejemplo, está en contra de cualquier intervención de las fuerzas armadas alemanas fuera del país, aunque sea en operaciones autorizadas por la ONU. Puesto que los socialdemócratas y los Verdes no aceptarían nunca a un socio que esta postura, el ala “reformadora” ha pretendido moderarla, admitiendo excepciones. Los más radicales piden un claro compromiso con el objetivo del socialismo y rechazan toda privatización de las empresas públicas, mientras que algunos de los reformadores insisten en que el capitalismo, aunque básicamente es malo, sin duda, en estos momentos no es tan terrible como sostienen los otros. Estas querellas se repitieron en los debates a veces acalorados en torno al programa oficial del partido, cuya versión actual es demasiado “izquierdista” a los ojos de los reformadores. Estos últimos reclaman cambios importantes, mientras que los radicales, aunque también quieren introducir cambios, insisten en la orientación básica anticapitalista y antimilitarista.

Y ahora, para echar aún más leña al fuego, estalla el debate largo tiempo soterrado sobre Oriente Próximo, cuyas líneas divisorias son prácticamente las mismas. Gregor Gysi, presidente del grupo parlamentario de Die Linke en el parlamento federal y curiosamente el único dirigente de un partido en Alemania que es judío, al tiempo que insistía en rechazar con firmeza cualquier influencia antisemita en las filas del partido, quiere ahora moderar la declaración del grupo parlamentario, probablemente con la mirada puesta en quienes apoyan a la “flotilla de Gaza” y la libertad de expresión.

Ironías de la historia, los viejos partidos, y muy especialmente los dos que forman el gobierno federal, tenían las filas repletas de antiguos nazis cuando todavía vivían, muchos de los cuales se callaron sus puntos de vista de antes y sus antecedentes, pero tuvieron cuidado de ganarse aceptación estrechando lazos con Israel. Y sin duda es Die Linke el partido que combate más activamente a los neonazis, a menudo a despecho de los políticos de los viejos partidos.

Sin embargo, ahora los sondeos dan a Die Linke del 7 al 9 % de los votos a escala nacional, frente a un récord de casi el 12 %, y anuncian probables descensos en las dos elecciones regionales que quedan hasta finales de año, incluida la de Berlín, que es crucial. Muchos miembros, del este y del oeste, se preguntan si está bien que el partido se despedace en torno a cuestiones teóricas o distantes, incluido el conflicto de Oriente Próximo, mientras la gente se enfrenta a dolorosos aumentos de los alquileres y de los gastos en dentistas y médicos y, a pesar del alivio en materia de desempleo (en parte a costa del sur de Europa), a la proliferación de puestos de trabajo temporales y mal pagados en los que se gana salarios que no dan para vivir.

¿Puede cambiar esta situación? ¿Pueden cerrarse las fisuras? Los próximos meses pueden ser decisivos para un partido que sigue siendo tan necesario como Die Linke.


8/7/2011

Victor Grossman es un periodista y escritor norteamericano, que residió varios años en Berlín Este. Es el autor de Crossing the River: A Memoir of the American Left, the Cold War, and Life in East Germany (Universidad de Massachusetts Press, 2003)
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