19 de agosto de 2011

Éxito de la convocatoria anti-papal en Madrid




Helios Alonso

El pasado miércoles nos concentramos en la céntrica Plaza de Jacinto Benavente, en Madrid, para manifestarnos en contra de la visita papal. Tanto por lo que representan sus jerarquías reaccionarias como por los privilegios de rey que reciben del Estado y por tanto de nuestros bolsillos. La convocatoria fue un éxito. En un principio estaba programada para comenzar en Jacinto Benavente, marchar hasta la Puerta del Sol y volver al punto de origen, pero la columna llegó en un momento a ocupar todo el camino que hay entre un punto y el otro.
Fue convocada por más de 140 organizaciones bajo el lema de “De mis impuestos, al Papa, cero” y la afluencia fue tal que terminamos llenando la Puerta del Sol (una vez más). Las consignas fueron muy variadas e iban desde el rechazo a las ideas más reaccionarias de la Iglesia católica hasta el desprecio por un estado que recorta servicios mientras que financia un evento religioso dando todo tipo de facilidades. En plan de humor se cantó casi durante todo el camino “Cuidado con los niños, que viene el Papa”. Y otra consigna muy repetida fue “¡Que se vaya, a Somalia!”. Se pudo escuchar en determinado momento “Todos somos maricones”, usando la típica palabra despectiva para reclamar la dignidad homosexual.

Por supuesto las reivindicaciones no sólo eran en contra del machismo, homofobia y corrupción de la Iglesia sino en contra de los privilegios que detenta. Y estuvo siempre presente el slogan de la manifestación “De mis impuestos… ¡al Papa cero!”

Los obstáculos

La manifestación incluso contó con la presencia de algunos “peregrinos”. Se trataba de algunos grupos aislados que seguramente estarían buscando el camino a otro lugar. Fueron objeto de algunas risas pero no fueron los únicos. Al llegar a Sol la manifestación se encontró con otros peregrinos muy distintos, que estaban increpando e insultando a la manifestación laica. Dos de las consignas que más se les cantó a estos grupos fueron “esa mochila la he pagado yo”, en referencia al equipo con el que son provistos y que es pagado con nuestros impuestos, y “yo me he pagado el autobús” criticando las facilidades económicas –no sólo en transporte sino en alojamiento y en comida- que han sido aportadas por el Estado a todos los participantes de las Jornadas.

No era posible desde el medio de la manifestación divisar cuántos de estos peregrinos nos estaban esperando en Sol aunque sí es cierto que nos demoró bastante. Otra cosa que frenó y mucho el dinamismo de la marcha fue la Policía ya que dificultó en un principio el acceso a Sol interponiéndose, aunque sólo en parte, al libre acceso. El ministerio del Interior no esperaba tanta gente, así que sólo destinó unas pocas lecheras con sus respectivos antidisturbios aunque ello no fue impedimento para que llegada la noche nos quisieran aguar la fiesta. Según se rumorea, porque la gente no quería dispersarse, comenzaron a cargar. Lo cierto es que evitaron con sus bloqueos desde un principio que la gente circulara rápidamente y continuara su marcha, quedando varados todos en Sol, y luego cuando ya alguna gente se estaba volviendo comenzaron a cargar. Detuvieron a dos periodistas y apalearon a mucha gente.

El Estado y su política

Tenemos muy claro que el Estado no es neutral y que cuando lo necesita hace uso de la violencia, la cual monopoliza. Sin embargo es como mínimo curioso ver cómo en este caso defiende tan claramente los intereses de la Iglesia. Su Policía en ningún momento presionó a los peregrinos que se oponían a la marcha en Sol pero luego no dudó en cargar contra una manifestación que estaba legalizada. Sus organismos financian la mitad del evento (50 millones de euros) mientras que dan ventajas fiscales a las empresas que financian el resto. Provee alojamiento gratis haciendo uso de la infraestructuras de los servicios educativos (y del trabajo de sus empleados), los mismos a los que no duda en recortarles el presupuesto. Ofrece descuentos enormes en transporte mientras que a los madrileños les sube el billete individual un 50%. Organiza menús económicos para los peregrinos mientras que deshaucia a la gente que no puede pagar sus hipotecas.

En este caso no se trata de un simple grupo de poder al que el Estado bendice sino que forma parte de la herencia de la “Transición”. En un Estado que volvía a la democracia siguieron enquistados muchos participantes de las organizaciones franquistas, por ejemplo en el Poder Judicial; así como muchos de los privilegios de los que gozaba la Iglesia fueron refrendados nuevamente.

Así la Iglesia recibe beneficios de la declaración de la renta que pagamos todos (¿si un católico puede destinar parte de sus impuestos a su iglesia, por qué yo no puedo hacer lo propio con otras organizaciones?). También recibe terrenos estatales como los contiguos a las Vistillas para su proyecto de “Ciudad de la Iglesia”. Este estatus especial que detenta la Iglesia católica en el Estado español es una lacra que viene impuesta desde el franquismo, así como la monarquía y los fascistas que siguen dentro del Estado. Es necesaria una revisión que termine con todos estos elementos y es necesaria también una revisión para que el Estado sea de una vez por todas laico y deje de destinar el dinero de todos a instituciones reaccionarias.

Helios Alonso es militante de En lucha / En lluita.