5 de octubre de 2011

Cuando la rabia invade EE UU

En Nueva York, el movimiento “Occupy Wall Street” se ha extendido durante las últimas semanas hasta protagonizar la manifestación del 1 de octubre en el puente de Brooklyn. La policía detuvo a 700 manifestantes, pero la movilización continúa. El puente de Brooklyn tiene una longitud de casi dos kilómetros. Dos kilómetros suspendidos con cables de acero sobre las aguas del East River y que el 1 de octubre se llenaron de una muchedumbre distinta de la de los habituales turistas que acuden a la caza de una puesta de sol romántica tras la skyline de Manhattan: una multitud de miles de personas, ruidosas y alegres, reunidas en manifestación no autorizada que partió del Zuccotti Park con destino a Brooklyn, en la otra orilla del East River. El 1 de octubre cumplía quince días de vida el movimiento “Occupy Wall Street”, una acampada permanente en el Zuccotti Park, ahora llamado Liberty Plaza, cercano a Wall Street, iniciada el 17 de septiembre pasado. Impulsadas por varios grupos e individuos de orientación principalmente anarquista (aunque “anarquista” en EE UU es una etiqueta genérica bastante vaga), la primera manifestación y ocupación no reunió más que a unos pocos centenares de personas. Ispirándose explícitamente en la experiencia de la plaza Tahrir y de las acampadas del Estado español, la acampada neoyorquina enarboló de entrada dos consignas fundamentales: democracia y condena de la corrupción de los especuladores financieros. El primer documento oficial de la acampada fue aprobado en asamblea general el 29 de septiembre. Se trata de un acta de acusación sin medias tintas, dirigida contra los gobiernos, los bancos, las multinacionales, contra todos los responsables de la actual crisis económica y ecológica. El documento no concluye con una lista de reivindicaciones, aunque hay que subrayar que los manifestantes no reconocen ninguna legitimidad a los gobiernos y los capitalistas y la gran reivindicación compartida es el cambio radical del sistema. En el transcurso de las últimas semanas, la acampada ha comenzado a organizarse, creando decenas de grupos de debate, asambleas generales, iniciativas, una biblioteca y asegurando la distribución de comida. El método empleado para las comunicaciones durante la asamblea general (que se reúne todos los días y toma las decisiones) en la plaza es peculiar: en lugar de megáfonos y micrófonos, un gigantesco megáfono humano. Las frases de quien habla son repetidas a coro por todos los que han llegado a entenderlas y de este modo se amplifican. Por extraño que pueda parecer, este método tiene el mérito de reducir en gran medida la retórica y el protagonismo individual y funciona perfectamente incluso en caso de emergencia, por ejemplo cuando se ha intentado comunicarse con los manifestantes detenidos. Hasta ahora, la composición del movimiento de protesta es principalmente juvenil. Sin embargo, hoy una red de sindicatos radicales y organizaciones de trabajadores, entre ellas las New York Communities for Change (Comunidades de Nueva York por el cambio), ha decidido adherirse a la protesta y convocar una manifestación para este miércoles por la tarde. El momento de inflexión decisivo en la dinámica de la protesta fue la semana pasada, cuando la policía cargó y dispersó brutalmente y sin motivo una manifestación no autorizada de varios centenares de ocupantes que se dirigían a Union Square. A partir de ese momento, la voz de la acampada del Zuccotti Park y la indignación ante la arrogancia y la violencia de las fuerzas del orden comenzaron a difundirse a través de Internet y de los campus universitarios neoyorquinos. Resultado: las acampadas han proliferado en otras ciudades estadounidenses, desde Boston hasta Los Angeles, y centenares de neoyorquinos han comenzado a masificar las numerosas iniciativas que se suceden a lo largo de las jornadas de “Occupy Wall Street”. En la manifestación no autorizada del 1 de octubre, convocada a las 15:00 horas para marchar hacia Brooklyn, participaron poco menos de 10.000 personas, en su mayoría jóvenes, sobre todo blancos. Esta vez la policía de Nueva York decidió aplicar también mano dura. Llegados al puente, una parte de la manifestación comenzó a marchar sin problemas por la zona peatonal, pero otra parte cayó en la auténtica trampa tendida por la policía y enfiló hacia los carriles de coches del puente, parando el tráfico. Como atestiguan muchos manifestantes, la policía no solo no dio a entender que el bloqueo del tráfico estuviera prohibido, sino que hizo creer a los manifestantes que ello no suponía ningún problema. No obstante, una vez llegados a la mitad del puente, los manifiestantes se vieron rodeados por la policía, que no les dejó ninguna vía de escape. Entonces se iniciaron las detenciones masivas: más de 700 personas fueron esposadas, metidas en furgonetas y trasladadas a comisaría. Hoy por hoy se esperan noticias sobre las acusaciones de que son objeto y su puesta en libertad. A pesar de las detenciones masivas, sin embargo, el movimiento no ha dado ninguna señal de querer retroceder. Al contrario, cientos de manifestantes han intentado marchar en dirección a la jefatura de policía para solidarizarse con los compañeros detenidos. Si la policía quería intimidar a los manifestantes, no cabe duda de que no lo ha logrado, sino todo lo contrario, pues parece que los ocupantes de Wall Street han perdido el miedo. Al término de la manifestación, dos mil personas se dirigieron hacia Liberty Plaza, donde siguieron bailando y festejando durante horas a pesar de la lluvia. Y mañana, vuelta a empezar. Para quien no está familiarizado con la política estadounidense, esta jornada podría parecer una más de las frecuentes jornadas de protesta. Pero no lo es. Teniendo en cuenta el estado de descomposición de la izquierda de EE UU, el nivel de represión policial y de control social, que apenas tienen parangón en ningún país europeo, la dureza del capitalismo estadounidense, la ausencia sustancial de derechos laborales y civiles, aparte los meramente individuales, lo que está sucediendo en estos días en Nueva York es un fenómeno extraordinario. “Occupy Wall Street” tiene todo el potencial para crecer y ampliarse. Por supuesto que hay incógnitas y algunos problemas de fondo, y antes que nada hará falta comprobar la capacidad del movimiento para propagarse a los campus neoyorquinos e incorporar al menos a una parte de las comunidades negra y latina. En segundo lugar, es preciso que la lista de denuncias se transforme en una plataforma reivindicativa en torno a la cual atraer y organizar el movimiento. Finalmente, habrá que ver si el apoyo de los sindicatos acabará siendo algo más que una mera formalidad. A partir de este miércoles se verá. Traducción: VIENTO SUR