5 de noviembre de 2011

Colombia abate al 'número uno' de las FARC Alfonso Cano. El relevo en el mando de las Farc

Si bien el tema de la sucesión de mandos en la cúpula de las Farc es un asunto que está resuelto desde hace muchos años, gracias a su mecanismo de relevos, la muerte de Alfonso Cano implica un desafío especial para el grupo ilegal por dos razones: la primera es que los certeros golpes de las Fuerza Militares durante la última década han sido especialmente efectivos contra los jefes históricos y con ello el grupo guerrillero ha pasado paulatinamente a depender en su mayoría de mandos jóvenes, lo que lo hace más débil en la confrontación militar y también en la ideológica por su escasa formación. La segunda tiene que ver con las tensiones por el poder que la guerrilla ha vivido, incluso desde los tiempos de Manuel Marulanda. El propio Cano las sufrió en los 90 tras la muerte de Jacobo Arenas, cuando fue escogido para relevarlo en el Secretariado. Y en 2008, cuando lo nombraron sucesor de Marulanda, su selección no gustó a líderes como Jorge Briceño, alias el Mono Jojoy, quien por haber consolidado la máquina militar más poderosa de las Farc (el bloque Oriental), consideraba que también tenía derecho a asumir el liderazgo. En este caso la situación no será diferente, pues hay dos guerrilleros históricos en la lista de espera para suceder a Cano. Se trata de Timoleón Jiménez, alias Timochenko, y Luciano Arango María, alias Iván Márquez. Timochenko es el miembro con mayor antigüedad en el Secretariado de las Farc. Llegó al grupo armado en 1982 y apenas cuatro años después ya era el quinto hombre dentro del Estado Mayor Central. Su preparación militar en Europa Oriental, en pleno apogeo de la Guerra Fría, le dio un perfil guerrerista que muchos identificaban con el de Jojoy. Profesional en medicina, comanda el bloque Magdalena Medio. Además de su conocimiento militar (al lado de Iván Ríos fue entrenado en el exterior), también ha demostrado su habilidad como promotor y embajador de la lucha revolucionaria. Márquez, el radical de las Farc A sus 22 años Luciano Marín encontró en el comunismo la forma de expresar su ideología política. Corría el año de 1977 y este joven, oriundo de Florencia (Caquetá), comenzaba una carrera insurgente y política que lo llevaría a ser conocido mundialmente como alias ‘Iván Márquez’ uno de los hombres más importantes dentro de la estructura organizativa de las Farc. Fue ese año cuando decidió vincularse a las Juventudes Comunistas de Colombia (JUCO), una organización de carácter marxista-leninista creada en 1932 y vinculada al Partido Comunista. Desde allí hizo parte de las redes de apoyo de las Farc, grupo al que se unió formalmente siete años después como comisario político en el frente XIV, al tiempo que se encargó de las finanzas de otras cuadrillas. Desde el principio se caracterizó por ser un líder ideológico y una figura internacional, además de ser considerado como uno de los más radicales dentro de la línea política. En 1985, luego de los diálogos de paz entre las Farc y el Gobierno del entonces presidente Belisario Betancur, ‘Iván Márquez’ se convirtió en el coordinador de la Unión Patriótica (UP) en Caquetá, el movimiento político que surgió como parte de una propuesta política legal de los movimientos de izquierda. Márquez fue elegido concejal y más tarde congresista por el mismo movimiento. Con el exterminio de la UP, a finales de los años 80, Márquez regresó a las filas de las Farc e ingresó como segundo al mando del Quinto Frente, comandado por alias ‘Efraín Guzmán’. Fue designado como delegado del secretariado y coordinador del Bloque Caribe, del cual, posteriormente, se convirtió en jefe máximo. En 1990, tras la muerte de Jacobo Arenas, ingresó al secretariado de las Farc. Durante la presidencia de Cesar Gaviria (1990-1994), Márquez participó en los diálogos de paz de Caracas y Tlaxcala en representación de las Farc como negociador, el mismo papel que llevó a cabo en 1998, durante el proceso de paz entre esa guerrilla y el gobierno del entonces presidente Andrés Pastrana. Desde ese momento su imagen se hizo más pública y su nombre comenzó a aparecer con frecuencia en los medios de comunicación. Aunque los diálogos con la administración Pastrana fracasaron, una nueva oportunidad de negociación se presentó años después durante el primer periodo presidencial de Álvaro Uribe. En esa ocasión, Márquez sirvió de nuevo como mediador entre el grupo subversivo y el gobierno tratando de negociar el denominado “acuerdo humanitario” que consistía en un despeje militar de los municipios de Florida y Pradera para llevar allí a cabo una negociación de paz que estaría acompañada por la liberación de políticos, militares y policías secuestrados por las Farc. Las diferencias irreconciliables entre las dos partes llevaron a un nuevo fracaso en los diálogos y el Gobierno optó por nombrar al presidente venezolano Hugo Chávez como mediador para la liberación de los secuestrados en poder de las Farc. Fue entonces cuando Iván Márquez, acompañado de Rodrigo Granda y alias ‘Jesús Santrich’, decidió visitar al primer mandatario de Venezuela en el Palacio de Miraflores. El encuentro entre los líderes guerrilleros y el jefe de Estado quedó registrado en varias fotografías que se conocieron tiempo después, y en las que aparecía la entonces senadora colombiana Piedad Córdoba. De acuerdo con testimonios entregados por algunos desmovilizados de las Farc y con información encontrada en los computadores de alias ‘Raúl Reyes’, Márquez se habría refugiado en campamentos ubicados en el fronterizo estado de Zulia (Venezuela), bajo la protección de miembros del gobierno del vecino país. Una acusación que fue ratificada en 2010 por el entonces presidente Álvaro Uribe, quien acusó directamente a su homólogo de otorgarle refugio a varios comandantes de las Farc. Aunque dicha información nunca pudo ser confirmada, las autoridades aún no saben con claridad cuál es el paradero del líder guerrillero. Dicha situación es uno de los primeros desafíos que el sucesor de Cano tendrá que sortear. Si a éste le llevó más de un año consolidar el mando en medio del asedio y la presión militar, al nuevo jefe le tocará hacer dicha labor con una tropa aún más desmoralizada y desorientada. Pero esto tampoco significa que la guerrilla se haya acabado, como bien lo remarcaron ayer el Gobierno y las FF.MM. Redacción Ipad | elespectador.com