16 de diciembre de 2011

¿De que sirve retirar del cesto una manzana podrida, si el resto también lo está?

La Casa Real, parece ser que con diferencia de criterios entre Sofía y Juan Carlos, ha iniciado un abrupto proceso de "separación" de Urdangarín, apuntando la posibilidad de seguir el mismo camino con la infanta Cristina, si las circunstancias lo exigieran. Tal separación la han oficializado a través de un encuentro del Jefe de la Casa Real, Sr. Spotorno, con los medios de comunicación. En este encuentro, además de informar que Urdangarin sera apartado de toda actividad de representación institucional, se hizo una valoración sobre el comportamiento "no ejemplar" del yerno del Rey, incurriendo por cierto en lo que en esa misma "comunicación" a la sociedad se criticaba, un juicio paralelo al Duque de Palma, valoración por cierto que ha sido respondida de inmediato por el afectado a través de su abogado. Con esta maniobra,así como con la promesa de publicación de las cuentas de la Casa Real en sus líneas generales, antes de fin de año, la Monarquía pretende construir un cortafuegos que le libre del incendio que ya se ha iniciado a su alrededor. Vano intento, porque las cosas han ido ya demasiado lejos. Quizás consigan algo más de tiempo para articular nuevas maniobras de distracción pero el análisis de la situación parece indicar que a medio plazo la suerte esta echada. La situación objetiva y en buena medida subjetiva, aunque aún no tenga un reflejo jurídico-político, ha variado muy sustancialmente desde el inicio de la IIª Restauración Borbónica tras la muerte de Franco. Todo el conglomerado que apoyó el proceso de transición consideraba a Juan Carlos y a la Corona como la piedra angular en la construcción del Régimen postfranquista. Juan Carlos fue la linea de continuidad entre el viejo régimen y el nuevo régimen, era el único que podía cumplir ese papel y así ha sido. Esa correcta percepción de Juan Carlos, de sentirse absolutamente imprescindible para llevar a buen puerto la operación política que supuso la Reforma, fue la que colocó a la Corona en una situación de plena centralidad política, de auténtica columna vertebral del nuevo Régimen y por tanto merecedora de una total impunidad mediática y penal. Esas circunstancias fueron las que permitieron que la Monarquía jugara un papel durante este ciclo político, que se está acabando, mucho más allá incluso de lo que la propia Constitución de 1978 le encomendaba. Pero todo tiene su principio y su fín. Y lo que ya objetivamente ha cambiado es ese papel de centralidad plena que la Monarquía jugaba en el entramado político-institucional del Estado Español; y ello por varias y diversas razones: * La situación internacional ha cambiado sustancialmente en los últimos años y seguirá cambiando. El Estado Español tiene cada vez menos margen de autonomía y cada vez mayor grado de dependencia de las decisiones que se toman en Berlin, Bruselas o Frankfurt. Los ejes de poder se han desplazado. Aquí lo que necesitan ya, es simplemente gestores de los intereses del gran capital internacional, especialmente del eje germano-franco, en todo caso su "soberanía" se reducirá a compatibilizar esos intereses con los del gran capital español . * Los movimientos por el cambio de Régimen, en uno u otro sentido, incluyendo los movimientos republicanos, son cada vez más significativos. La propia composición del nuevo parlamento con hasta quince diputados de la Izquierda de los Pueblos, si incluimos en tal condición al de la Chunta-IU; Compromís y Geroa Bai, expresan con bastante claridad los deseos de cambio en una determinada dirección. Los cinco de UpyD, expresan también deseos de cambio en una dirección exactamente contraria. En cualquier caso podemos comprobar como los deseos de cambio se extienden a la izquierda y la derecha. * El bloque dominante español ya no necesita de la misma manera en que la necesitaba hace treinta años a la Monarquía. Si se portan bien y cumplen con su teórico papel ejemplarizante, cosa francamente difícil tratándose de los Borbones, pueden seguir siendo de utilidad, pero si son fuente permanente de escándalos y por tanto de deslegitimación social del Sistema de poder, les dejarán de apoyar, al menos como venían haciéndolo hasta ahora. De alguna forma ya estamos asistiendo al inicio de ese proceso, precisamente con el caso Urdangarín . * La cuestión sucesoria, es decir, el acceso al trono por parte de Felipe y de Leticia, ya sea por muerte, incapacitación o abdicación de Juan Carlos, se presenta cada vez más como una operación de mayores dificultades. Para que esa operación tenga opciones reales, valga la redundancia, se necesitan al menos dos requisitos: que la institución monárquica no siga desprestigiándose, cosa francamente difícil y que la institución monárquica sepa recuperar un cierto papel de centralidad en los nuevos tiempos, pero ello le llevaría a tener que rendir vasallaje a los nuevos jefes del reconstituido, o en proceso de reconstrucción, sacro imperio-germánico, aceptando todas las condiciones que este nuevo modelo imperial impone. Sin duda el actual monarca o su sucesor, Felipe, estarán dispuestos a realizar tal recorrido, pero ello va a contar con un amplísimo rechazo social. Y si la monarquía se vincula a ese proceso neoimperial, será blanco del rechazo popular también por esa nueva razón. La coyuntura ante la que se encuentra la familia real española, políticamente hablando, no es sencilla, nada tiene que ver con la de los años setenta u ochenta del pasado siglo. No es extraño pues que Juan Carlos diga que los tiempos en que vivimos son duros y que el mayor drama es el paro, ese precisamente tiene que ser el destino de toda la familia real, incluidos príncipes, infantas y consortes. En cualquier caso, hablando de ejemplaridad, sería bueno preguntarse cómo, la empresa Telefónica, tiene entre su cuadro directivo a una persona, sobre la que todo apunta, va a ser imputada por el delito de apropiación indebida de fondos públicos así como por fraude fiscal. Izquierda Castellana Castilla a 15 de diciembre de 2011