9 de diciembre de 2011

Los chanchullos de la monarquía

Escrito por Tomás Zornoza---- No hace muchos días nos desayunamos con el tema de otro yernísimo y sus presuntas aficiones cleptómanas. Si el ciudadano Iñaki tiene esas aficiones, que lo juzguen y paz. Ahora bien, más que frivolizar y hacer de este tema una telenovela, creo que sería más edificante comenzar a tratar el tema de fondo sobre la institución monárquica y las consecuencias que acarrea esa institución que está por encima de la ciudadanía. Si ciertas personas, por ser miembros de la institución monárquica, no están sujetas a la ley (caso del rey), la lógica democrática desaparece ante dicha institución. Por lo tanto, la monarquía carece de una argumentación racional democrática. Si esa institución -monarquía- así como su cabeza -el rey- ha sido impuesta por un dictador, dicha institución y todo lo que representa carece de legitimidad democrática. Ser distinto ante la ley, estar por encima de los ciudadanos y a su vez que estos parabienes sean hereditarios no encajan dentro del raciocinio y la lógica democrática. Como podemos apreciar, esta institución -monarquía- está reñida con el concepto de ciudadanía y democracia, por mucho que nos quieran pintar como monarquía parlamentaria. La monarquía, como base institucional, es un ente caduco y falto de legitimidad democrática. Por ello, como ciudadano, creo que es hora de discutir el formato de representación estatal que queremos. La representación de todos los estamentos del estado -de todos- tiene que estar elegida por los ciudadanos. Dicho formato se basa en los ideales republicanos basados en la lógica, el civismo y en la democracia representativa/participativa. Desde distintos movimientos ciudadanos, partidos políticos, ayuntamientos, parlamentos... debemos ir tejiendo un armazón cívico basado en la igualdad, libertad y solidaridad para generar un camino que termine en la ruptura democrática con la monarquía, dando paso a un proceso constituyente basado en una república federal laica y solidaria.