2 de enero de 2011

En Bolivia se quedaron con las ganas



Juan Azurduy (Periodista)

Una vez más el presidente Evo dio una cátedra de gobierno. Hizo lo correcto. Escuchó y sintió al pueblo. Se dio cuenta de que los dinosaurios de la política y los hipócritas neoliberales y derechistas, se estaban frotando las manos y estaban brindando excitados porque creían que estaban de regreso al Palacio Quemado.

Evo los dejó con ganas. Los gorilas fugados y refugiados en Miami y otros países donde son recibidos con los brazos abiertos por gobiernos títeres del Imperio, ya alistaban maletas para regresar y saquear nuevamente a la Patria.

La eliminación de la subvención a los combustibles que generó el incremento en los precios, fue una medida racional, técnica y económica. El gobierno no se equivocó. Hizo lo correcto. El contrabando, las bajas inversiones de las petroleras y las importaciones no pueden continuar. Se tiene que hacer algo.

Y así como fue correcta la decisión de frenar esa sangría, fue adecuada y oportuna la abrogación del Decreto Supremo Nº 748. El presidente Morales demostró que es un gobernante sensible, inteligente y visionario. Su determinación no fue una derrota. Fue un triunfo, fue un golpe certero a los opositores que pretendieron resucitar con su hipócrita defensa “de los intereses del pueblo”.


“Gobernar obedeciendo al pueblo”, dijo el mandatario al asumir el cargo hace 5 años. Y está cumpliendo. Con seguridad los derechistas, los genios neoliberales y los medios de comunicación bolivianos verdaderos “líderes” de la oposición cavernaria, dirán que “Evo retrocedió”, “Evo fue derrotado por el pueblo”, “Evo no es serio”, y otro montón de adjetivos.

No hay duda que la decisión inicial del gobierno de eliminar las subvenciones a los carburantes, fue impopular pero necesaria. Esto lo decían en lo más íntimo casi todos, oficialistas y opositores.

Sin embargo, este tema fue utilizado como bandera brutal por la extrema derecha y la extrema izquierda. Faltó que Doria Medina –el dirigente de Unidad Nacional y ex ministro privatizador y empresario millonario del cemento- se inscriba en el Partido Obrero Revolucionario.

Juan del Granado ya se estaba poniendo la banda presidencial y le faltó decir que era el Mesías enviado por Dios. Los adulones de Sánchez de Lozada dejaron sus vacaciones en Miami y otros lugares paradisíacos para escribir en diarios derechistas y opinar en los canales de televisión de sus amigos terratenientes.

Las cadenas televisivas, radios y diarios –que nunca criticaron a los neoliberales que regalaron nuestros recursos naturales y que desde hace tiempo manipulan y mienten- se pusieron en campaña porque “re-juraban” que “era la hora de la caída del indio”.

Periodistas que nunca pisaron el barro, que jamás entrevistaron a los indígenas, a los obreros, a los mineros, a las amas de casa, de pronto, como arte de magia, se volvieron sensibles. Los seguidores de los Sánchez de Lozada, de los Banzer, de los Paz Zamora, de los Tutos y otros neoliberales, se volvieron antineoliberales y se pusieron la camiseta de socialistas, con furia criticaron el “gasolinazo” y se abrazaron con el pueblo.

Sólo faltó un mensaje de Goni desde su mansión en Estados Unidos, o que el Zorro Berzaín emita palabras en defensa de los derechos humanos de los bolivianos. La derecha boliviana que está dentro y fuera, vivió momentos de felicidad porque creyó que la impunidad iba a volver y que los juicios que tienen encima por sus matufias quedarían en nada.

Los neoliberales derrotados en las urnas fueron otra vez vencidos en estas últimas horas tras el golazo político de Evo. Si bien en ningún momento estuvo en riesgo el proceso de cambio, no hay duda que la oposición derechista tenía una buena bandera para usarla.

Hubo reacción sincera, espontánea y legítima de muchos sectores ante el incremento del precio en los combustibles.

Es ese pueblo al que escuchó el Presidente, quien varias veces admitió que puede equivocarse pero jamás traicionar.

No sólo los neoliberales fueron derrotados sino los traidores y oportunistas. En el Movimiento Al Socialismo (MAS) hay varios expulsados y ellos se han convertido en eficientes sirvientes de la derecha. No puedo entender cómo el ex vocero de gobierno, Alex Contreras, se pone al servicio de los enemigos del pueblo.

Él y otros deben ser críticos con el gobierno, porque la autocrítica es revolucionaria, pero ponerse de alcahuete de los derechistas y asesinos del pueblo es una terrible traición. Los oportunistas abundan. En esto el Movimiento Sin Miedo (MSM) está haciendo un excelente papel. Goni, Marinkovic, Reyes Villa, Leopoldo Fernández, los racistas, discriminadores y otros malvados deben estar contentos porque ya tienen quien los represente “dignamente”. La derecha y la extrema izquierda, hicieron en estos días “un solo corazón”, tal como decía una de las frases de campaña del ahora prófugo Reyes Villa, convertido en gran empresario de Miami.

Los sindicalistas tienen que ser críticos, pero hay que tener cuidado con esos peligrosos oportunistas que tienen la lengua envenenada de odio y envidia. Los gorilas de la derecha resucitaron por algunas horas como grandes revolucionarios, como ese ex paramilitar garciamecista (mimetizado como dirigente minero) que desde Oruro amenazó con derrotar a Evo.

Fue llamativo que en El Alto, según algunos medios de comunicación, los opositores al “gasolinazo” quemaron la imagen del Che y, en La Paz, quemaron la bandera de Venezuela en pleno paseo de El Prado. No hay duda que no fueron revolucionarios los que cometieron tremendoa actos fascistas. Fueron derechistas infiltrados o disfrazados de manifestantes.

Los ataques a sedes sindicales o vecinales, fue similar a lo incentivado por Marinkovic y la Unión Juvenil Cruceñista en momentos del separatismo. Los medios opositores le dieron una gran cobertura para magnificar el malestar.Seguramente la embajada gringa tenía personal de “emergencia”, no sólo para “monitorear” los hechos sino para alentarlos con sus “embajadores” criollos. El golpe contra el proceso de cambio estaba en marcha. Pero Evo lo frenó con una jugada maestra. Ahora la derecha y sus serviles ya no tienen pretexto.

El gobierno debe radicalizar la revolución boliviana, buscar la eficiencia de gestión, pero a la vez redistribuir más la riqueza. Que los ricachones paguen más impuestos por sus fortunas y que los pobres reciban más del Estado. Hay que distribuir más tierras, construir más casas, más hospitales, más escuelas, más caminos; instalar más industrias, generar más empleos.

Ahora es cuando, el pueblo debe seguir mandando.


El gobierno debe radicalizar la revolución boliviana, buscar la eficiencia de gestión, pero a la vez redistribuir más la riqueza. Ahora es cuando, el pueblo debe seguir mandando.