23 de enero de 2011

El lunes 24 de enero de 2011: 34 aniversario de los "Abogados de Atocha"



El 24 de enero de 1977 hace ya 34 años, un grupo de pistoleros de extrema derecha irrumpieron en el despacho de abogados laboralistas de CCOO y del PCE situado en el número 55 de la calle Atocha y ametrallaron a las nueve personas presentes. Fallecieron los abogados, Javier Sauquillo, Javier Benavides, Enrique Valdelvira, Serafín Holgado y el sindicalista Ángel Rodríguez Leal. Resultaron gravemente heridos Alejandro Ruiz Huertas, Mª Dolores González, Luís Ramos y Miguel Sarabia.


El lunes 24 de enero de 2011: 34 aniversario de los "Abogados de Atocha"
A lo largo de estos años desde CCOO se ha impulsado, entre otras muchas cuestiones, actos y propuestas para dar a conocer lo que ha supuesto la lucha de estos compañeros por la libertad y por la democracia.

Fruto de estas propuestas, es el hecho de que cerca de 30 pueblos de nuestra comunidad incluido Madrid capital, tienen un reconocimiento, -un parque, una calle, una plaza, un monumento, un centro de formación, etc.- dedicado a estas víctimas del terrorismo. Por ello, cada año que pasa los que militamos en CCOO nos sentimos más orgullosos de haberlos tenido como compañeros.

Actos conmemorativos del 34 Aniversario, el lunes 24 de enero:

Ø A partir de las 8,45 horas, visita a los cementerios de Carabanchel y San Isidro

Ø 10,00 horas Ofrenda de coronas en el portal de Atocha 55 y minuto de silencio en la Plaza de Antón Martín, al lado de el monumento de "El Abrazo" de Juan Genovés

Ø 11,00 horas, Auditorio "Marcelino Camacho", Lope de Vega 40. Entrega del Premio Abogados de Atocha por parte del patronato de la Fundación Abogados de Atocha. En esta su séptima edición se propone premiar a abogados pertenecientes al Colectivo de Abogados Saharauis, abogados que sin ningún tipo de remuneración, arriesgan sus vidas y son defensores en los procesos penales que sufre el pueblo saharaui.

Ø También y en este mismo acto, se realizarán reconocimientos a otras personas de reconocido prestigio en su lucha por las libertades democráticas en nuestro país.

La milagrosa y cachonda Iglesia Cubana




Por Emilio Díaz Miranda


“La historia no la hacen los hombres, sino que la soportan, como soportan la geografía. Y la historia, por lo demás, está en función de la geografía.”Esta cita de Giovanni Guareschi, autor del conocido Don Camilo, me parece adecuada para caracterizar el provincianismo que cae como”panza de burro teocrático” sobre los años 50 del pasado siglo en Las Palmas de Gran Canaria. La bota militar pisotea las libertades españolas ayudada ideológicamente por el nacional-catolicismo de la Iglesia Católica.

”Por el Imperio hacia Dios” rezaba la consigna suprema del raquítico y capitidisminuido franquismo. Del “Imperio” no se vio mucho en aquellos años, excepto algunas escaramuzas a nivel sahariano, pero del “Dios“, en su interpretación nacional-católica, estaba inundada toda la vida social, cultural y política. Era aquella una interpretación concentrada en el sexto mandamiento, o sea, en la sexualidad en todas sus manifestaciones, tanto en las camas matrimoniales, cuyo uso estaba reservado a fines exclusivamente procreadores, como en la vestimenta, así apareció preconizado por las “Hojas de la Parroquia” el “bañador católico” consistente en un modelo antediluviano con falda suplementaria que cubría a las bañistas femeninas hasta las castas rodillas. Ciertamente que esta atención especial al anti-sexo se debía en buena medida al Obispo Pildain y Zapiain que regía en aquellos años la moral y las costumbres grancanarias. Se podría decir que Pildaín era el enemigo más íntimo de la Iglesia Cubana.

El lector de los años 2000 se preguntará: ¿Y qué es eso de la Iglesia Cubana?

La Iglesia Cubana ”es cuento, como todas las demás iglesias, pero te hace reir”, ésta es la definición adogmática que aprendíamos los “acólitos” y que hoy recuerda todavía Helios Ortega. Luis Alsó Pérez nos cuenta que fue aproximadamente en 1950 o en el 51 cuando se consolida aquel grupo que él llama”contracultural”, según la actual terminología. Eran, en su mayoría, hijos de clases acomodadas, estudiantes del Corazón de Maria y de los “jesuitas”, o sea que entre alumnos claretianos y jesuitas andaba el juego, con raras excepciones provenientes del “laico” Colegio Viera y Clavijo, situado en la trasera el Museo Canario. Aquel grupo se reunía al principio a discutir cuestiones filosóficas, literarias, etc. Y naturalmente, cuestiones religiosas. Luis Hernández Crespo, más tarde denominado “el Papa”, era una inteligencia privilegiada que, según Arturo Cantero, ya a los 16 años conocía a todos los filósofos y había leido a los existencialistas. Capaz de recitar de memoria a Calderón y a García Lorca, dice Alsó. Pero la ruptura definitiva con la Iglesia Católica y sus dogmas no acaba de producirse sino después de la ida de Luis Alsó a la Universidad de La Laguna y su contacto con Arturo Cantero, hijo de un catedrático que sacó con suma cum laude las Oposiciones de Griego en Madrid y que fue condenado al ostracismo y degradado por el Régimen franquista. Este contacto parece que provoca el paso del Rubicón del intelectualismo crítico a la ruptura religiosa al borde del abismo.

Y así cuaja, tras arduas discusiones, lo que denominan Iglesia Cubana. El nombre de “cubana” viene en aquel tiempo, según unos, por aplicarle ”el nombre del país más corrompido de entonces, la Cuba sanguinaria del sargento-mamarracho Batista” (Cantero), según otros, venía de la ”cuba de vino” de la que tan frecuentemente libábamos los elementos de la llamada “segunda generación”, es decir, aquellos que algunos denominan “más combativa y militante” si no en anticlericalismo sí en antifascismo. La irreverencia de los “cubanos” venía provocada por la confluencia católico-fascista, donde el Cristo de los evangelios se predicaba a “cristazos” y “hostias”(de las de reverso unilateral), donde el ser español era sinónimo obligado de ser “católico” y “buen patriota”( o sea, franquista).

Uno de los “santos cubanos”, canonizado en vida por la Iglesia Cubana, fue don Juan Marqués García, espíritu juvenil pese a sus años, que poseía una excepcional discografía puesta a disposición y audición de la “cubanidad”. En su casa se discutía y oía tanto a Wagner como a Bach, a Beethoven o a Strawinski. Aún no había nacido el rock-and-roll ni otros ritmos alternativos y rompedores de lo establecido. Pero en aquel provincianismo mojigato y ramplón, el oir y discutir a los clásicos de la música no sólo elevaba el espíritu sino que propiciaba la rebelión.

Entre los miembros de la generación fundadora encontramos nombres como el ya mencionado Luis Hernández Crespo, licenciado en Filosofía, Manuel Bello, farmacéutico, Emilio Guedes, erudito, Juan José Falcón Sanabria, reconocido compositor, Matías Díaz Padrón, conservador del Museo del Prado y eminencia mundial en la pintura de Rubens, Luis Alsó, activo miembro de Canarias Libre y, más tarde, del Partido Comunista y del Grupo cultural Latitud 28, y Arturo Cantero Sarmiento, entrenador de natación, miembro de Canarias Libre, represaliado por ello y autor de la primera historia de la Iglesia Cubana y otros libros.

La lucha político-cultural de los “cubanos” pasaba por combatir la censura eclesiástica que numeraba como peligrosas y prohibía desde el púlpito películas como Gilda( Rita Hayworth) o Arroz Amargo (Silvana Mangano), hasta asistir, pese a la prometida excomunión del obispo Pildaín y Zapiain , a la inauguración de la Casa-Museo de Pérez Galdós por ser éste liberal y combatiente contra el clericalismo de su tiempo.

La segunda generación la formábamos otro elenco de famosos y menos famosos, agrupados en torno a las sagradas ranas de la Plazoleta de las Ranas, junto al entonces visible barranco Guiniguada y entre los ahora inexistentes Puentes de Piedra y Puente de Palo. Aquellos bancos de la Plazoleta fueron testigos del Primer Festival de la Canción Atea y de otros devaneos y debates, en que cada uno exponía sus descubrimientos, bien fuera histórico-eclesiásticos, políticos o bíblicos. La mayoría éramos asiduos lectores de la Biblioteca del Museo Canario cuyo cuidador, el inolvidable Naranjo, nos prestaba libros tan “peligrosos” como los de Carlos Darwin o Ernesto Haeckel, que hablaban de la evolución de las especies, así como libros de filosofía e historia prohibidos por el Régimen y por la Iglesia Católica. Entre tales lectores estaban Alfredo Herrera Piqué, que sería Senador por Canarias, Gustavo León del Rosario, José Lermo, Jesús Díaz de Castro, los hermanos “Malicia” (Tomás y Luis González), Jesús Cantero, campeón de natación, Manuel González Barrera, poeta, Fernando Rodríguez Vázquez, del grupo Latitud 28, y el que estas líneas firma, Emilio Díaz Miranda, campeón y recordman de natación en estilo braza, así como participante en la Universidade de Turín(1959) y en los Juegos Olímpicos de Roma (1960.

La Iglesia Cubana nunca tuvo una organización formal, como pueden tenerla las iglesias “serias”, ya que no pretendía predicar verdades absolutas o dogmas, sino que pretendía aprender a hacer uso de la razón, como recomendaba Kant y reírnos a costa de los opresores, pasando los mejores ratos posibles. Muchos nombres se quedan el tintero y muchas anécdotas también. Pero valgan estas líneas para recordar a una “institución” contracultural que permitió forjar un capítulo de la intrahistoria canaria.