3 de febrero de 2011

Entrevista a Cayo Lara, Coordinador Federal de Izquierda Unida (IU), después del acuerdo de La Reforma de las Pensiones




Tercera Información ha tenido la oportunidad de entrevistar en exclusiva al Coordinador Federal de Izquierda Unida (IU), Cayo Lara. Después del acuerdo entre los sindicatos mayoritarios Comisiones Obreras (CCOO) y la Unión General de Trabajadores (UGT) con el Gobierno, algunos sectores reprocharon a Cayo Lara no criticar abiertamente a los sindicatos.

Sin embargo, el dirigente de IU -quien sí ha criticado abiertamente el acuerdo entre sindicatos mayoritarios y Gobierno- ha salido al paso de las críticas expresando que "sobran motivos y razones para apoyar una nueva Huelga General".

A lo largo de la entrevista, Cayo Lara expresa su opinión sobre los cculpables de la crisis, la actual situación de los trabajadores en el Estado Español, la "Ley Sinde", la refundación de la izquierda que impulsa su formación, los procesos revolucionarios de Venezuela y Bolivia y las rebeliones que están protegonizando los pueblos de Túnez y Egipto.

A continuación Tercera Información reproduce íntegra la entrevista.s1 ¿Cómo valora el acuerdo entre los sindicatos y el Gobierno?

No hay razones objetivas para hacer un recorte de pensiones en este momento. Estamos ante un grave recorte de las pensiones futuras y un alargamiento generalizado de la edad de jubilación. Aunque muchos trabajadores están haciendo hoy sus cálculos para ver cómo va a quedar su situación, lo que sí saben ya es que cobrarán su pensión durante menos tiempo y que ésta será más baja.

Las pensiones de millones de personas significan un asunto tan importante y de tanto calado que debía de haber tenido lugar un debate nacional sobre esta cuestión y que los ciudadanos se pudieran expresar en las próximas elecciones, mucho más teniendo en cuenta que ninguno de los dos partidos mayoritarios llevaban en su programa electoral ninguna propuesta de reforma.

2 En base a los cambios que se han dado con este acuerdo entre sindicatos y gobierno, ¿IU seguirá apoyando la convocatoria de una nueva Huelga General?

La Huelga General deberían convocarla en todo caso los sindicatos, es su responsabilidad, ya lo hicieron a finales del mes de septiembre del pasado año, Huelga que apoyamos desde nuestra organización.

IU esta desde el inicio de la crisis por la movilización y por la pedagogía de los efectos que sobre el conjunto de trabajadores y trabajadoras están teniendo y tendrán las medidas adoptadas por el Gobierno. Sobran motivos y razones para apoyar una nueva Huelga General. Cualquier movilización, y mucho más una Huelga General, se convoca y se organiza para ganarla.

3 ¿Cuál es, en su opinión, la situación actual de los trabajadores en España?

Los datos recientes, pésimos desde cualquier punto de vista, ofrecidos por la Encuesta de Población Activa (EPA) correspondiente al cuarto trimestre de 2010 y al conjunto del pasado año, son reveladores de la situación actual de los trabajadores en España. Son, y se dice pronto, 121.000 parados más los contabilizados en el último trimestre, lo que supone una subida de cerca de 370.000 en todo el año. Esto demuestra que las medidas del Gobierno, además de injustas, son inútiles porque están generando más crisis, más paro, más sufrimiento y más dramas humanos.

Siguiendo con malos datos, fue una nefasta coincidencia para el Gobierno que el pasado día 2 de febrero, coincidiera la publicación de las nefastas cifras del paro y el acto mediático en Moncloa, de tal forma que el pie más adecuado para la foto de esta celebración orquestada por el Gobierno es ‘bajan las pensiones, sube el paro y la Banca gana’. Así, entre galgos y podencos, nos vamos acercando a esa cifra incendiaria de los cinco millones de parados, y en medio de un problema crónico de inestabilidad laboral.

En medio de este marasmo, el partido que sustenta al actual gobierno intenta desplazar la política de la centralidad de la crisis y de la agenda social hacia una mera disputa electoral con el PP. De esta forma, con la colaboración de los poderes fácticos y mediáticos de este país, se intenta asegurar una salida bipartidista que respete las políticas neoliberales y conducir a la resignación a los sectores populares contrarios a los recortes. Por eso la resistencia a modificar la Ley Electoral, que es el núcleo de un sistema electoral que pretende hacer irreversible el bipartidismo e imponer, sin alternativa un marco político que haga incuestionable un modelo económico y social y la gestión neoliberal de la crisis. Esta es, a grandes rasgos, la situación en la que viven los trabajadores españoles.

4 ¿Quién, qué o quienes son los culpables de la crisis?

Esta es una crisis que se ha generado a nivel financiero, global, pero tenemos nuestra propia crisis, la de un modelo de desarrollo absolutamente insostenible. Esta cuestión ha de explicarse con mucha pedagogía para que la ciudadanía entienda que son políticas de derechas las que no han conducido a esta situación y a esta salida negativa de la crisis, con medidas de ajuste duro injustas e inútiles.

A esos ciudadanos hemos de hacerles ver que, aparentemente, es un partido de izquierdas el que ha gestionado esta situación, pero la realidad la dictan los hechos, y la realidad es que ese partido esta haciendo políticas de derechas. Fue una política de derechas la que permitió un desarrollo urbanístico insostenible que, en su perversión, se ha llevado por delante incluso parte de nuestro sistema de cajas.

Ante este panorama, lo más justo, y lo más útil, es que en las próximas elecciones los votos se muevan hacia la izquierda, porque de lo contrario sería legitimar las políticas neoliberales que han causado la crisis.

5 ¿Cuáles son las medidas que propone IU para salir de la actual situación?

En su momento presentamos al Gobierno cien medidas que no contribuirían a elevar el déficit, ya que generarían un retorno en impuestos y cotizaciones a la Seguridad Social con los nuevos empleos. Además, la aportación concreta de las comunidades autónomas –cifrada en 1.800 millones- se financiaría a través de la recuperación del Impuesto sobre el Patrimonio que decidió eliminar el Ejecutivo "socialista".

Un segundo apartado dentro de este mismo plan global, con la previsión de creación de 700.000 empleos, va dirigido a la Subvención a la Rehabilitación de Viviendas. Estaría dotado con 5.000 millones de euros y, en todo caso, el retorno en ingresos para las distintas administraciones sería superior a esta cifra vía IVA, cotizaciones a la Seguridad Social y licencias municipales.

Se puedan limitar los salarios más altos en el conjunto de las Administraciones Públicas y de sus organismos, fundaciones y empresas vinculadas. También contemplamos modificar la Ley de Contratos del Estado para limitar y regular de forma estricta las revisiones de precios al alza en los contratos. Lo hemos dicho ya unas cuantas veces, y habrá que insistir en ello, no queremos que haya ningún sueldo en la Administración Pública superior al del presidente del Gobierno. También abogamos de forma decidida por fomentar la lucha contra el fraude fiscal y la economía sumergida.

Planteamos, asimismo, que las 1.400 personas que controlan actualmente el 80% del PIB de España, según datos de ATTAC, arrimen el hombro a través de una reforma fiscal progresiva que eleve en cinco puntos el Impuesto de Sociedades de las entidades financieras y una imposición extraordinaria del 50% mientras dure la crisis sobre los bonos, primas y cualquier retribución extrasalarial de los directivos de la banca. Izquierda Unida se plantea establecer un tipo de IVA especial sobre bienes de consumo de lujo, joyas, aviones, barcos privados o prendas de piel del 25%.

Entre las propuestas, además de medidas muy concretas de apoyo a las pymes y a los autónomos, sobre todo para mejorar el acceso a créditos y su liquidez, se plantea también la adquisición de 100.000 viviendas a precio de coste para constituir un Parque Público de Viviendas en Alquiler moderado, que no deberá ser superior al 30% de los ingresos de los inquilinos. En definitiva, estamos convencidos de que existe una salida social a la crisis en vez de aplicar recortes a los derechos. Nosotros hacemos una aportación para que no sean más ricos lo que son tan ricos, para que se acabe con la especulación, para que la Banca no nos restriegue 16.000 millones de euros de beneficio en un tiempo de crisis como el que vivimos, cuando hay gente que pasa hambre y tiene que acudir a los comedores sociales.

6 ¿Representa IU la opción política más favorable para quienes están sufriendo las consecuencias de la crisis?

Izquierda Unida es la garantía de políticas de izquierdas frente a quienes, como PP y PSOE, están con los mercados y por los recortes sociales. Nuestro discurso debe situarse en los próximos comicios en que la elección no está entre el PSOE y el PP sino entre quienes están por los recortes sociales y los mercados, y los que estamos con los trabajadores y trabajadoras y los derechos sociales”.

Es absolutamente imprescindible hacer visible la relación entre las políticas alternativas al neoliberalismo y las correspondientes propuestas. Somos la única organización política a nivel del Estado comprometida a trabajar por gobiernos sociales con políticas de izquierda en todos y cada uno de los niveles de representación, es decir, políticas de empleo que contribuyan a un cambio progresista del modelo productivo y que se financien con una fiscalidad justa y progresiva.

En los ayuntamientos y, más aún, en las comunidades autónomas, hay margen para políticas alternativas al neoliberalismo. Más neoliberalismo es más crisis, más paro, menores salarios y pensiones, más privatización, más recorte de los servicios sociales del Estado del Bienestar y una mayor injusticia en la fiscalidad. Los Ayuntamientos en la próxima etapa van a ser difíciles de gestionar, serán más débiles y tendrán las mismas competencias, serán menos autónomos, con más deuda y menos recursos porque el Gobierno no resuelve la Ley de Financiación Local.

Izquierda Unida no se responsabiliza de sus políticas que castigan a los gobiernos locales y autonómicos que preside el PSOE. Por tanto, no debemos encadenarnos a esas políticas aunque estemos en cogobierno, porque ninguna de las medidas antisociales que esta aplicando Rodríguez Zapatero se encontraba en el programa del PSOE y mucho menos aún en el programa de Izquierda Unida ni en los programas de gobierno.

7 ¿Qué opina sobre la Ley de Economía Sostenible -también conocida como "Ley Sinde"?

El acuerdo alcanzado entre PP y el PSOE respecto a la ley Sinde denota que han apostado por los intereses de las multinacionales discográficas y, no ya por los intereses de los creadores, sino de los que hacen el negocio con esta cuestión.

Se deberían conciliar los intereses de los creadores con los de los internautas y de los usuarios. Así, esta ley únicamente pone una pata judicial más, en vez de un juez pone dos, pero al final quien hace la propuesta de cerrar las páginas es la comisión ministerial que se crea y, por tanto, una comisión política. Es otro invento del bipartidismo, junto con el apoyo en este caso de CiU; ya fuimos avisados por uno de los cables desvelados en el caso WikiLeaks que desde la embajada de EEUU en España se le pidió por parte del Gobierno a Estados Unidos que presionara al PP y CIU para que le echara una mano a Sinde y pudiera sacar adelante su ley en el Parlamento.

8 En el proceso de refundación que está impulsando su formación se habla de comenzar un proceso constituyente que dote a España de una nueva Constitución Federal, ¿es necesario?

Izquierda Unida siempre ha tenido clara su apuesta por un estado federal. La apertura de un proceso constituyente es un proceso muy complejo y que lleva tiempo. En estos momentos de crisis económica es necesario seguir debatiendo en torno a esa futura Constitución Federal, para dotarla de contenido y que sea una verdadera garantía para los derechos de los trabajadores de este país.

La situación actual nos exige poner todos nuestros esfuerzos precisamente en seguir combatiendo los recortes sociales que viene realizando el gobierno en el último año. Hay que devolver la democracia a los ciudadanos y rescatarla de los mercados. Nuestro papel ahora mismo es el de continuar luchando por la defensa de los derechos sociales y laborales de los españoles, pero sin perder de vista ese marco de debate sobre una futura constitución federal, una constitución que establezca los mecanismos y garantías para que no puedan volver a tener lugar los actuales recortes que vienen sufriendo los ciudadanos de nuestro país.

9 IU participó junto a otras muchas formaciones políticas y sociales en una marcha en apoyo a la Revolución Bolivariana y firmó un comunicado en el que se expresaba que Venezuela está desarrollando junto con otros países un sistema alternativo al capitalismo favorable a los trabajadores ¿es ese nuevo sistema un ejemplo para IU?

La defensa de los derechos de los trabajadores está en el ADN de nuestra organización. Desde Izquierda Unida trabajamos a diario para tratar de explicar a la gente qué es lo que está pasando, no sólo en España sino también en el resto del mundo, y cuáles son nuestras propuestas y alternativas.

Lo que está ocurriendo en algunos países latinoamericanos, como Venezuela o Bolivia, constituye un ejemplo para otros países de su entorno y son pasos importantes para luchar contra esas oligarquías que siempre han controlado los recursos en esos países. Cualquier avance propiciado a favor de los trabajadores y de las capas más débiles y desfavorecidas de la sociedad siempre tendrá el apoyo de nuestra organización.

10 En protesta contra las medidas que el FMI impone a sus Gobiernos, los ciudadanos de Túnez y Egipto están protagonizando revueltas en las calles, ¿cree que se podría dar en España una situación similar?

Es curiosa la historia, y nos da lecciones constantes en este sentido, de cómo surgen chispazos sociales de lugares insospechados.

Después, a toro pasado, la explicación tiene una lógica aplastante, pero no la vimos hasta que no se nos echó encima. ¡Túnez!, ¡Egipto!, dos temas hasta hace pocos días que solo interesaban a especialistas. Y ahí están ahora, ocupando grandes minutajes en los telediarios y concitando la sorpresa de mucha gente.

Es difícil establecer relaciones con lo que puede ocurrir en España. Pero sí podemos decir que los que mandan están tensando mucho la cuerda. ¿Hasta cuándo aguantará esa cuerda su capacidad de deformación?, yo lo ignoro, pero ya son muchos los indicadores sociales que tienen las alarmas encendidas; hay demasiados hogares sin entrada de recursos, es de una desvergüenza atroz lo que está ocurriendo en España con los desahucios, es demasiado negro el horizonte para los jóvenes, es demasiada la desfachatez de los poderosos que nos crearon la crisis. ¿Hasta cuándo? No lo sé, pero a lo que ha de pasar solo le falta el detonante…

Fuente: http://tercerainformacion.es/spip.php?article21980

Nuestro hijo de puta



Escrito por Ignacio Escolar / Escolarnet
La Internacional Socialista acaba de expulsar al PND, el partido de Hosni Mubarak, porque "incumple los valores de la socialdemocracia". Se dieron cuenta justo ayer. Hace dos semanas, también descubrieron que el partido de Ben Ali en Túnez, el RCD, tampoco reflejaba "los principios que definen a esta organización". Lo expulsaron tres días después de que Ben Ali huyese del país con su botín.

No quiero cargar todo el muerto a la socialdemocracia; sería muy injusto. El tunecino RCD, por ejemplo, también tenía un acuerdo de cooperación con el Partido Popular Europeo, y el gran aliado de estos regímenes en Europa ha sido el conservador Sarkozy. Todo Occidente –la izquierda y la derecha– parece que acaba de descubrir que en este local se juega, que las repúblicas hereditarias (ese oxímoron) que Estados Unidos y Europa amparan desde hace años en el norte de África y Oriente Medio se levantan sobre la tortura, la censura, el asesinato y la corrupción. He usado bien el verbo: "amparan", en presente. O si no, ¿cómo explicar las declaraciones de Trinidad Jiménez elogiando la "apertura democrática" de la dictadura marroquí?
La simetría histórica con Latinoamérica, con la vieja política de la CIA en el "patio trasero" de EEUU, es casi perfecta. Las dictaduras bananeras son a las tiranías árabes como el comunismo al islamismo. El miedo al supuesto mal mayor sirve de excusa para tolerar los abusos del hijo de puta, de "nuestro hijo de puta" –como bautizó Roosevelt a Somoza–. De fondo, se asume como inevitable esa teoría tan racista: que esos países "no están preparados para la democracia". Es una espiral sin fin: jamás estarán preparados mientras siga en el poder un dictador. Es el mismo desprecio que también nos aplicaron a los españoles con aquel hijo de puta que nos gobernó.
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Fuente: http://www.escolar.net/MT/archives/2011/02/nuestro-hijo-de-puta.html

La nueva revolución árabe


La situación en el mundo árabe cambia tan rápidamente que cualquier resumen sería rápidamente superado por los acontecimientos. Este artículo se dirige a sacar algunas lecciones de lo sucedido.

Clase social y revolución

Es un tópico en Occidente decir que “aquí no se hará ninguna revolución, porque la gente está demasiado acomodada”. Pero Túnez es el país del Magreb con mejor nivel de vida y educación. Así que se alaba la cultura occidentalizada de los tunecinos, frente a la “ignorancia e islamismo” que se supone que dominan al resto de la región. Pero tampoco es cierto que Túnez sea tan diferente; existen corrientes islamistas, reprimidas como en otros países.

El punto fundamental es que en Túnez, como en gran parte del mundo, la crisis ha afectado gravemente a la clase trabajadora. Hay un paro creciente; el gobierno derrocado aplicaba políticas neoliberales cada vez más duras. Todos estos factores contribuyeron al suicidio que desató las protestas, y a que éstas fueran tan masivas.
Con todo, Túnez tiene una clase trabajadora y una organización sindical. La UGTT tiene una historia muy variada: ha sufrido represión, aunque recientemente respaldaba a la dictadura. Pero la timidez y la cautela de su dirección no cambian el hecho fundamental de que es un movimiento obrero, y por tanto está abierto a presiones desde la clase trabajadora.

Lo impresionante es cómo la UGTT llegó a liderar las luchas que se extendieron desde Sidi Bouzid, la localidad del joven muerto, a todo el país. Las huelgas fueron un factor clave en la lucha: convocadas inicialmente por sus organizaciones locales, acabaron arrastrando a todo el sindicato al combate.
Egipto es un país mucho más pobre que Túnez donde el sindicato dominante se parece al sindicato vertical del franquismo. Pero el factor de clase social sigue siendo clave.

Desde hace varios años, Egipto vive una ola de luchas obreras muy combativas, desde el sector textil hasta el de la recolección de impuestos. Los y las trabajadoras de este sector han creado el primer sindicato independiente del país en medio siglo.

La mayoría de los salarios son de miseria, pero en los conflictos sociales, las y los trabajadores no son meramente “pobres”, o una “multitud”; tienen una creciente conciencia de clase… lo que no excluye que muchos de ellos sean creyentes y griten “Allahu akbar” en una manifestación, igual que en Túnez.

Lucha política y económica
En Egipto, la lucha obrera ha ido íntimamente ligada a la lucha política. Las primeras grietas en la dictadura egipcia datan de 2000, con grandes manifestaciones en apoyo a la segunda Intifada palestina. Mubarak es un aliado esencial de Israel, pero su retórica pro Palestina creó un espacio para el movimiento. Se empezaron a crear redes de activistas, de la izquierda radical, naseristas, de las ONGs, y poco a poco de los Hermanos Musulmanes. A la lucha por Palestina se añadió la lucha por la democracia en Egipto. Si bien estas protestas sufrieron mucha represión, contribuyeron a romper la idea de que era imposible movilizarse bajo la dictadura y Estado de emergencia de Mubarak, vigentes desde 1981.

Así que la nueva ola de luchas obreras, que empezó en la ciudad de Mahalla en diciembre de 2006, se inspiró en la lucha política, y viceversa. Hasta ahora, el punto álgido de las recientes luchas en el país ha sido la “Intifada de Mahalla,”, de abril de 2008, cuando casi toda la población salió a la calle contra la policía antidisturbios que reprimía una huelga general en la ciudad.

La rebelión tunecina ha sido una gran inspiración para Egipto, pero sólo avivó un movimiento existente. Éste exige la democracia y el fin de Mubarak, pero también el abandono de las políticas neoliberales.

El fantasma del islamismo
Parte de la izquierda europea siente un odio o miedo visceral hacia el islamismo político, hasta el punto de justificar la represión contra él. En realidad, el islamismo ha crecido debido al fracaso —incluso traición— de la izquierda tradicional. El estalinismo ha apoyado de forma acrítica a un dictador “antiimperialista” tras otro… y ahora a veces a EEUU. Hoy, el “nacionalismo árabe” a menudo justifica la represión y explotación de la población en interés de una pequeña élite corrupta. No es nada irracional que la gente busque otra cosa.

Y no todas las corrientes islamistas son iguales. En Arabia Saudita, el islamismo juega un papel comparable al catolicismo bajo Franco, como el valedor de un régimen autoritario, mientras que Hezbolá del Líbano se parece a un movimiento popular y guerrillero de América Latina.

El partido islamista tunecino, An-Nahda, tiene toques liberales o socialdemócratas: defiende ideas de justicia social frente a la pobreza e incluso, de forma muy inconsistente, los derechos de las mujeres. Ha sufrido mucha represión —en el momento de escribir su histórico dirigente, Rachid Ghannouchi, acaba de volver del exilio— pero sigue siendo un actor político muy importante en el país.

En Egipto, la principal organización islamista, los Hermanos Musulmanes (HHMM), cuenta con hasta un millón de seguidores. Su base social se encuentra sobre todo entre la clase media, pero abarca desde muy pobres hasta multimillonarios. Políticamente es un movimiento muy heterogéneo, pero en general adopta posiciones equiparables a la democracia cristiana. Normalmente es muy conservador, y suele intentar negociar con la dictadura antes que luchar. En general, rechaza las huelgas. Aun así, se ha sentido obligado a salir a la calle en los momentos álgidos de la movilización en solidaridad con Palestina, o por la democracia.

Con todo, la izquierda debe apoyar plenamente el derecho de los HHMM a presentarse a las elecciones, etc. A su vez, debe tener claro qué son: un aliado muy vacilante y contradictorio, al que hay que criticar cuando es necesario. Con esta actitud, algunos de los miles de jóvenes que actualmente militan en los HHMM —pero que realmente quieren luchar por la justicia social y contra el imperialismo— pueden llegar a ver que tienen más en común con la izquierda radical que con su propia dirección. Ésta —y no apoyando prohibiciones— es la mejor forma de combatir la influencia del islamismo conservador.

¿Una revolución Twitter?
Como ocurrió con las protestas en Irán de 2009, muchos comentaristas otorgan un gran protagonismo a Facebook y Twitter. Otra vez, se equivocan.

Según 3arabawy, uno de los bloggers anticapitalistas más seguidos de Egipto y un ávido usuario de Twitter: “Internet sólo juega un papel en la difusión de la palabra y de las imágenes de lo que sucede en el terreno. No utilizamos Internet para organizarnos.”

El 30% de la población egipcia ni sabe leer, y si bien las estadísticas dicen que el 20% tiene acceso a Internet, y el 5% son usuarios de Facebook, las cifras son exageradas; si sólo puedes conectarte una vez a la semana, un cartel o el boca en boca sirven mucho más que la red.

Por encima de todo, la obsesión con la red encubre un elemento clave de una situación revolucionaria; la gente se reúne masivamente en el mundo real, no sólo virtualmente. En vez de crear “grupos de Facebook”, debaten en asambleas formales e informales, en la calle y en el lugar de trabajo. Es esta organización la que cuenta, la que se debe impulsar y sistematizar. La red sirve para la difusión entre las personas conectadas, pero no puede ni debe sustituir la organización democrática desde abajo en el mundo real.

La hipocresía y los bloques
Cuando se levanta oposición en un país hostil hacia Occidente, nuestros dirigentes se esfuerzan en condenar cualquier represión desatada. Su hipocresía es evidente.

Tristemente el doble rasero no se limita a la derecha. Gran parte de la izquierda también ve un mundo dividido en bloques: por un lado, “el imperialismo”; por el otro “los países antiimperialistas”. Igual que la derecha, apoyan a los movimientos populares en un bando, mientras que en el otro, justifican la represión.

Lo increíble de las movilizaciones de Túnez y Egipto es su similitud con las de Irán en 2009: la mezcla de clases sociales involucradas; la combinación entre demandas democráticas y las exigencias materiales más básicas. Han preocupado a dirigentes de países muy diferentes. No sólo los dirigentes occidentales y sus dictadores históricamente afines exigieron más paciencia a las poblaciones sublevadas; también lo hizo Gadafi de Libia. Mientras Mubarak cerraba Internet; China prohibía la palabra “Egipto”.

El capítulo de hipocresía de nuestros dirigentes es, por supuesto más largo. En 2003, nos dijeron que bombardeaban a los iraquíes para llevarles la democracia. Por supuesto, el país no es más democrático ahora que bajo Sadam, mientras que las sublevaciones árabes han dejado patente el apoyo occidental a los dictadores.

Mejor dicho, los apoyan mientras duran. Los partidos socialistas, incluyendo el PSOE, colaboraron durante décadas con el RCD, partido del dictador tunecino. Sólo lo expulsaron de su organización internacional el 17 de enero de 2011… cuando ya había perdido el poder.

El mundo está cambiando
Los analistas que equiparan la importancia de la revolución en marcha en Egipto con la de la caída del muro de Berlín pueden tener razón, según cómo vayan los acontecimientos.

Si la sublevación en Túnez tuvo un efecto electrificante en la región, las luchas en Egipto podrían influir al mundo entero. Es el país más importante del mundo árabe y no sólo por sus 80 millones de habitantes. Es la cuna tanto del Islam político como del nacionalismo árabe: la revolución de Nasser, de 1952, inspiró a movimientos parecidos por todo Oriente Medio y África.

Por encima de todo, sin Mubarak —aún más si caen otros aliados como el Rey de Jordán— el Estado de Israel estaría obligado a responder, por fin, a las demandas del pueblo palestino, al menos tendría que cumplir las resoluciones de la ONU; esto pondría en cuestión todo el proyecto sionista. No olvidemos que el bloqueo a Gaza sólo se mantiene gracias a la colaboración egipcia, y que Egipto suministra el cemento esencial para la construcción del muro en Cisjordania.

Pero las implicaciones van aún más allá. En 1989, cayeron dictaduras, pero las ilusiones puestas en Occidente y en el mercado condicionaron todo el cambio. Los pueblos de Oriente Medio han vivido en su propia carne las recetas neoliberales, impuestas por dictaduras de todos los colores. Han visto a Occidente en acción en Afganistán, Irak, El Líbano y sobre todo en Palestina.

El neoliberalismo y el propio sistema capitalista provocan odio entre millones de personas desde América Latina —escena de movimientos en ebullición— hasta Asia, pasando por Europa. La rabia existe. Lo que falta es la confianza en que se puede luchar. La chispa de Túnez, multiplicada masivamente en Egipto, podría encender todo el planeta.

Y ¿ahora qué?
Otra vez, las cosas cambian tan rápidamente que cualquier pronóstico es provisional. En el momento de escribir, Mubarak aguanta por los pelos: incluso EEUU, seguido por la UE, ha exigido una transición ordenada y sin violencia. Parece que optan por El Baradei. Irónicamente, también lo hacen los Hermanos Musulmanes. Todos estos actores, a pesar de sus diferencias, comparten el objetivo de “cambiarlo todo para que nada cambie”. Es decir, instalar una democracia formal —que sí sería un paso adelante, hay que reconocerlo— aunque dejando intacto todo el sistema socioeconómico.

Pero la gente que ha arriesgado la vida en las movilizaciones busca mucho más; quieren el fin del neoliberalismo y de todo el sistema corrupto. También exigen que se dé apoyo real y efectivo al pueblo palestino. Nada de esto pasará con el cambio superficial que los de arriba se han visto obligados a ofrecer.

Se plantea, entonces, un dilema. Millones de personas buscan una solución que ninguno de los partidos oficiales ofrece. Aquí se vuelve crucial el papel del pequeño núcleo de activistas de los movimientos sociales, de los sindicatos independientes, y especialmente de la izquierda revolucionaria organizada. Los primeros días de una revolución pueden ser duros y violentos, pero las cuestiones políticas son sencillas: todos contra la dictadura, todos contra la represión. Pero una vez que empiecen las maniobras en la cúpula, con nuevos gobiernos “surgidos de la revolución” —como está ocurriendo en Túnez, y pronto podría pasar en Egipto—, el debate político se complica, enormemente.

Los activistas más politizados tendrán que rechazar la exigencia casi unánime de “mantener la unidad” cuando los sectores reformistas intentan venderlo todo… pero sin caer en el sectarismo. Por encima de todo, deben intentar impulsar la autoorganización desde abajo, creando las semillas del poder popular y de una alternativa al capitalismo, sin dejar de conectar con el estado de conciencia de la masa de los trabajadores en cada momento.

Esta tarea es imposible si no se han puesto antes las bases de una organización política, que una a activistas de diferentes sectores, de diferentes ciudades, con conexiones entre ellos que vayan mucho más allá de una página web o Facebook. Sobre todo, estos activistas deben tener una historia de participación en las luchas, para así haberse ganado el respeto de la gente trabajadora y de los barrios. Así, si llegan y dicen, “no basta con cambiar un presidente, hay que cambiar el sistema”, la gente escuchará sus argumentos.

En esto están los y las compañeros del grupo hermano de En lucha en Egipto. Y en eso estamos nosotros, en la medida de las posibilidades. Porque hace no tantos años, las y los activistas anticapitalistas de Egipto miraban con envidia las grandes movilizaciones en Europa, los millones de personas en la calle, y decían “aquí eso es imposible, la gente no se mueve”. Pero en Egipto, como en Túnez, la gente se movió. Aquí también se moverá. Debemos hacer lo posible para impulsarlo —inspirándonos en la revolución árabe— y estar preparados para cuando las cosas estallen.
David Karvala. Militante de En Lucha.