12 de febrero de 2011

Cuba rompe el bloqueo tecnológico con un cable de fibra óptica de 1600 kilómetros




Internet en Cuba no era suficiente debido al bloqueo impuesto por los Estados Unidos de América (EEUU) a la isla caribeña, por el cual, entre otras muchas cosas, sanciona a las empresas que hagan negocios con el Gobierno que dirige el presidente Raúl Castro.
Por ello, Venezuela propuso llevar internet a la isla mediante un cable de fibra óptica de 1600 kilómetros, para conseguir que no sólo los blogueros con vínculos con la CIA pudieran tener acceso a internet desde la propia isla, sino todos los ciudadanos.
Con una inversión de 70 millones de dólares y una vida útil de 25 años el cable “submarino” ha llegado a Cuba gracias también a la colaboración de las autoridades jamaicanas. Este cable estará gestionado por expertos venezolanos y cubanos. Precisamente durante el mes de septiembre de 2010 Cuba “liberalizó” internet para proveer a todos los ciudadanos de este servicio, aunque debido al bloqueo no todo el mundo en el país pudo disfrutar de ello, ahora con el cable de fibra óptica si podrán hacerlo.
La empresa pública Telecomunicaciones Gran Caribe, S.A. -formada por la unión de las estatales Telecom Venezuela y Transbit de Cuba- ha comuncado que en los próximos 3 meses el servicio estará listo para ser usado ya que quedan por terminar “la adecuación e instalación de los equipos de las estaciones terminales” entre otros ajustes.
Esta iniciativa se enmarca dentro de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA) y servirá para que los cubanos y cubanas disfruten de internet. Además el Gobierno cubano ha expresado que con este empuje tecnológico se podrán “transmitir en tiempo real programas educacionales, culturales, consultas médicas y teleconferencias”.

Advertencia: EEUU pretende revertir la marcha de la revolución egipcia


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El Cairo es una fiesta. Ha huído Hosni Mubarak, el sanguinario dictador títere de Washington, fundador de una era de terror, violencia y muerte de treinta años que asoló a un pueblo que por fin se rebeló y, tras 18 días de ira revolucionaria lo derrocó escribiendo un capítulo más de la gesta libertaria iniciada hace un mes en Túnez, y después de hacer escala en Egipto, avanza con sus vientos huracanados hacia el resto del Magreb, el Medio Oriente y más allá.

Una explosión de alegría estalló en la Plaza Tahrir de El Cairo y su onda expansivo se extendió por la capital y el resto del país en forma de bailes, lágrimas, besos, abrazos y las más variadas expresiones de júbilo, como el ensordecedor sonido de cornetas y ulular de sirenas, desplegado cuando aún no se había terminado el el discurso del vicepresidente Omar Suleiman que anunciaba que Mubarak había cedido el poder al Consejo Superior de las Fuerzas Armadas.

Fue el “premio que, como señaló El Libertador Simón Bolívar hace dos siglos, “Dios concede la victoria a la constancia”, otorgado a un pueblo que durante 18 días continuos, 432 horas, soportando hambre, frío y agresiones, sin más armas que su voluntad de ser libre, venció al gobernante títere de Washington, que al frente del régimen brutal que dirigió durante 3 décadas lo sumergió bajo una de las más crueles dictaduras que haya conocido la historia.

Pero el pueblo egipcio no debe dormirse en su laureles, embriagado por el triunfo, pues la sombra nefasta del Imperio se cierne aún sobre el país, ya que se niega a perder el poderoso feudo que erigió allí para garantizar la sobrevivencia del ilegítimo Estado sionista de Israel, del dominio geoestratégico, y el secuestro y saqueo de la inmensa riqueza energética que abunda en África del Norte y el Cercano oriente.

Y es que la historia muestra, cómo algunas revoluciones surgidas en países del Tercer mundo contra la injusticia y opresión de dictadores títeres del Imperio han fracasado luego de su triunfo inicial, víctimas de la conspiración de EE UU, que para recuperar el dominio, interviene con el subterfugio de “preservar el orden y la paz”, colocando en el poder a otro de sus vasallos para que todo siga igual, y eso es lo que Washington busca hoy en Egipto.

Por ello, su pueblo está dispuesto a impedir que su revolución le sea arrebatada por la injerencia yanqui, cuyo presidente y sus asesores han puesto sobre la mesa, las cartas de un macabro juego para instalar en el vacío dejado Mubarak, ya sea a un sobreviviente del régimen o a un oportunista pescador en “río revuelto” al que presentarán como el “salvador de la patria”, pero que en el fondo no es más que un intento de salvar el poder y dominio imperial.

Temen, y con razón, que los vientos de libertad que azotaron primero a Túnez y ahora a Egipto se propaguen hacia otros feudos del Imperio que, además de su clave ubicación geoestratégica e inmensa riqueza petrolera y gasífera son gobernados por una caterva de reyezuelos absolutistas y dictadores vitalicios han entregado a sus pueblos y recursos a la custodia de EE UU, que los explota con la misma voracidad y crueldad que ellos.

Las últimas horas de la dictadura de Mubarak estuvieron marcadas por el audaz avance que desde la Plaza Tahrir realizó el pueblo llegando hasta importantes bastiones del gobierno como la sede de la TV estatal, el ministerio de información y el palacio presidencial, luego del discurso soberbio y prepotente de Mubarak anunciando su decisión de mantenerse en el poder que, mas que intimidarlo lo enardeció, y furioso se lanzó a la carga sin temor a los tanques y soldados que los custodiaban.

Fu un río humano paralelo al Nilo el que este viernes recorrió las calles y avenidas del Cairo ahogando bajo sus aguas las pretensiones de EE UU que, violando la soberanía y dignidad del pueblo egipcio y elementales normas y principios éticos y morales, pretende con sus maniobras hacer fracasar el movimiento, colocando en el poder a Omar Soleiaman miembro del tambaleante régimen y a más de un oportunista candidato, como Mohamed El Baradei.

Y como Mubarak ya no le es útil, Washington hizo lo que el Diablo hace, pagar mal a quien bien le sirve, y después que el déspota le sirvió fielmente, protegiendo sus bastardos intereses geopolíticos en la región, le dio la espalda para diseñar ese macabro plan que contempla como primera opción, colocar en su lugar a Suleiman, sanguinario y cruel torturador de miles de presos políticos durante su actuación de 18 años al frente del servicio de espionaje egipcio

Actuando en el marco del proyecto imperial, Suleiman convocó a principios de semana a un diálogo a algunos miembros de la oposición anunciando que se implementarían una serie de medidas supuestamente orientadas a superar el caos que vive el país, pero lo que en el fondo persiguen, es ofrecer un tratamiento “cosmético” para mantener en el poder el mismo régimen de violencia y terror y, sobre todo, preservar el dominio imperial en la región.

Tanto EE UU como sus socios de la Unión Europea, como parte de la trampa que preparan, están organizando una “transición ordenada” dirigida a conformar, según dicen, “un gobierno de unidad nacional”, pero lo que en realidad persiguen, es que el mismo esté integrado por figuras directa o indirectamente vinculadas al régimen de Mubarak, proyecto que es enérgicamente rechazado por el pueblo revolucionario, que conoce bien sus macabras intenciones.

Una de esas figuras es el“El sheik de la tortura” como se conoce a Suleiman, quien anunció el martes la creación de un Comité para enmendar la Constitución lo cual –dijo- permitirá elecciones libres y otras reforma, como garantías para la libertad de prensa, el levantamiento del estado de emergencia y la liberación de miles de detenidos, y al día siguiente, en un cínico llamado, le pidió al pueblo que torturó, que dejara las protestas “volviera a sus casas y a su trabajo.”

Pero las protestas aumentaron y ganó aún mayor impulso, luego que los sindicatos del país ordenaron el inicio de una huelga general de trabajadores que abandonaron fábricas, comercios y servicios para dirigirse en masiva procesión hacia la Plaza Tahrir para dar su apoyo a la multitud que exigía la salida de Mubarak, que hoy se vio obligado a escapar para evitar la furia del pueblo que exige se enjuiciado como responsable de genocidio.

Y el pueblo, que es sabio, mantiene la misma posición frente a Suleiman, el peón de Washington, pues sabe que se trata de un “Mubarak II, porque así lo han bautizado y comprobado en base al amplio prontuario criminal que exhibe como torturador de miles de presos políticos y por el llamado que hizo hace tres días para aplacar la ira popular, acusando a quienes protestaban de irrespetar al país al exigir la salida del ahora depuesto dictador.“

Despojado de la piel de oveja con la que se venía cubriendo, y mostró sus colmillos de lobo, amenazando el martes pasado al pueblo egipcio durante una rueda de prensa, afirmando que, “la “salida”, palabra que repiten algunos de los manifestantes, es contraria a la ética de los egipcios, porque los egipcios respetan a sus mayores y a su presidente. También, -agregó- es una palabra insultante no solo para el presidente, sino para el pueblo de Egipto como un todo.”

Sus palabras, mezcla de desesperación y enojo contenido, han activado las alarmas ante el temor de que sean síntomas de un inminente desahogo de su personalidad de sicópata asesino en serie, que en cualquier momento podría darse, de llegar a ocupar la presidencia, elección que sin lugar a dudas generaría nuevas protestas populares, lo cual podría desatar un baño de sangre para aplastarlas siguiendo las órdenes de Washington.

Y es que para EE UU, la primera y única prioridad es mantener a cualquier precio el status quo del Magreb y el Medio oriente, como es conservar el poder en Egipto; preservar la integridad del ilegítimo Estado sionista de Israel, asegurarse el suministro de las reservas de petróleo y gas e impedir que la religión, cultura y fe del Islamismo profesado por millones de árabes, recupere el poder que le usurpó el Imperio, y que por ley e historia le corresponde.

Pero, por mucho que lo intente, Washington, no podrá detener el huracán revolucionario que recorre el Magreb y Oriente Medio, que haciendo realidad para sus hijos ese sueño libertario que comenzó hace medio milenio en América Latina y el Caribe, que atravesó un océano, mares, ríos, valles y montañas hasta llegar, primero a Irán, en Asia Central, después a Túnez y Egipto, y ahora se desplaza hacia otros reinos y dictaduras para arrasar a otros vasallos del Imperio.

Por Hernán Mena Cifuentes
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