21 de marzo de 2011

Libia: Gadafi mata, y la intervención más



David Karvala
La situación en Libia es muy compleja, eso es evidente. Por lo que hace falta un análisis, no basta con las reacciones instintivas —en un u otro sentido— de algunos sectores de los movimientos sociales y de izquierdas occidentales. Con estas notas no se pretende ofrecer una respuesta completa y final, sino aportar elementos que nos ayuden a decidir qué debemos decir y, aún más importante, hacer, ahora mismo.
No a la intervención

Si sólo podemos decir una cosa respecto a Libia, ahora mismo ésta debe ser ¡No a la intervención!

La Zona de Exclusión Aérea nunca iba a consistir en la simple e inocente protección de los sublevados. Se sabía que implicaría ataques aéreos, dirigidos en principio contra las instalaciones militares de Gadafi. Pero, como dijo Joan Roure, director de noticias internacionales de TV3, en una charla para Aturem la Guerra, los bombardeos aéreos nunca son quirúrgicos, siempre hay “daños colaterales”. Es decir, al atacar las instalaciones antiaéreas de Gadafi en Trípoli, se mata a civiles, quizá algunos de ellos procedentes de los mismos barrios obreros que se han manifestado reiteradamente contra Gadafi desde el inicio de la revolución libia.La hipocresía de la intervención es sobrecogedora. Cuando Israel llevaba a cabo sus masacres en el Líbano y Gaza, ningún país occidental ni tan siquiera exigió que el Estado sionista parase, ni mucho menos pensó en obligarlo a hacerlo con misiles y bombas. Entre los que atacan Libia ahora están los protagonistas de las ocupaciones de Afganistán e Irak, que han provocado cientos de miles de muertos.

Lo más flagrante es que en el mismo momento en que la “coalición internacional” interviene bajo el pretexto de defender a los opositores libios, Arabia Saudita —que colabora en esta coalición— envía mil soldados a Bahrein para sumarse a los ataques mortíferos contra los opositores en ese país. Las protestas masivas en Yemen ya han sufrido decenas, quizá centenares de muertos, a manos de las fuerzas de seguridad de Saleh, firme aliado de Occidente. Aquí tampoco habrá intervención para acabar con la violencia del dictador.

Si los países occidentales realmente quisieran ayudar a los pueblos del mundo árabe en su lucha por la democracia, saldrían de manera inmediata de Afganistán e Irak; dejarían de apoyar a todas las dictaduras de la región, rompiendo con ellos en lo político, lo económico y lo militar; por encima de todo, dejarían de apoyar los crímenes de guerra de Israel y lo obligarían a cumplir con las resoluciones de la ONU. Dado que no hacen nada de esto, es evidente que no les interesa en absoluto defender la democracia, la justicia, ni nada por el estilo.
Los motivos de la intervención


La explicación más sencilla y evidente de la intervención es el petróleo. Sin embargo, hay que entender que no es el único motivo del ataque.

Un motivo potencial que se debe descartar es que Gadafi sea un “enemigo del imperialismo”; a esto volveremos más adelante.

El enemigo real del imperialismo es la ola de revoluciones que se extiende por la región. Ya cayeron Ben Ali en Túnez y —mucho más grave por su importancia respecto a Palestina— Mubarak de Egipto. Otros muchos dictadores aliados se enfrentan a movimientos más o menos grandes, como también lo hace Asad, en Siria, que es aliado o amigo de Occidente según el momento. Las revoluciones tomaron desprevenidos a todos los dirigentes del mundo; todos sus servicios de espionaje no sirvieron para nada.

Si logran crear en Libia un gobierno estable prooccidental, esto podría ayudar a frenar el proceso revolucionario. Por un lado, fortalecería el elemento de “cambiarlo todo para que nada cambie”, que es la mayor esperanza de EEUU para salvar los muebles, ahora que las revoluciones están en marcha. Por otro, supondría tener un aliado ubicado estratégicamente justo entre Egipto y Túnez, los dos países en los que el proceso revolucionario más ha avanzado hasta el momento. De esta manera, EEUU y sus aliados tendrían más capacidad “disuasoria” ante posibles cambios más radicales en estos países. (Por supuesto, este argumento sólo es válido si se reconoce que hay revoluciones en marcha en Egipto y Túnez; a esto también volveremos).

Para EEUU, cuyas desastrosas ocupaciones de Afganistán e Irak lo han debilitado mucho en la región, el hecho de presentarse como defensor de los libios le podría ayudar a recuperar posiciones, y servir de justificación para sus acciones militares.

Finalmente, un aspecto interesante del ataque a Libia es la manera en que Francia se reafirma como potencia militar, tras su coqueteo verbal (que incluso algunos intelectuales del Foro Social Mundial se creyeron) con el pacifismo en 2003. Aquí hay un complicado juego poliédrico de alianzas y rivalidades entre las diferentes potencias imperialistas: EEUU, los diferentes países de la UE; China; Rusia… Tendremos que estar atentos.
Gadafi no es de los nuestros


A estas alturas, sorprende tener que insistir en esto, pero vale la pena comentarlo brevemente.

La toma de poder en Libia, en 1969, por parte de un grupo de militares —inspirados en la hazaña de 1952 de los oficiales libres egipcios— fue una acción desde arriba, sin apenas movilización social. Como en tantas luchas anticoloniales, hubo mejoras sociales pero se pasó más o menos pronto de la liberación a un régimen autoritario. En los años 70, Gadafi ya era un dictador, pero con suficiente retórica radical como para engañar a ciertos sectores de la izquierda y asustar a los gobiernos de Occidente.

En los 90, sin embargo, tras la caída de la URSS, los gobiernos occidentales y Gadafi empezaron a entenderse; a los primeros les interesaba el petróleo, mientras que el último buscaba apoyo frente al crecimiento en la región de grupos islamistas del estilo de Al Qaeda. Tras el 11-S, Gadafi fue recibido como el hijo pródigo, cortejado por Italia, Francia, Gran Bretaña… Estos tres países le suministraron dos tercios de las armas que utiliza ahora contra la oposición. Gadafi por su parte, hizo cada vez más explícito su papel de aliado fiel de Occidente, presentándose como el baluarte contra el islamismo radical y la inmigración desde África.

Incluso durante el conflicto actual, Gadafi ha intentado defenderse afirmando que financió la campaña electoral de Sarkozy y buscando el apoyo de Israel.

La retórica radical que Gadafi ha recuperado en los últimos días no debe engañar a nadie. No es antiimperialista, sino un sirviente del imperialismo caído en desgracia, como lo era Sadam Husein. Los que intentan mantener lo contrario sólo dificultan la movilización contra el ataque militar occidental, y más en general, fomentan la confusión respecto a qué supone oponerse al imperialismo.
La revolución libia es tan real como las otras


Algunos de los defensores de Gadafi intentan presentar las luchas en Libia como algo totalmente diferente a las revoluciones en marcha en otros países de la región. Se argumenta que las protestas en Libia son “tribales”, o bien obra de agentes de la CIA. Se nota la contradicción al alabar los “avances sociales” traídos por Gadafi, para luego afirmar que la sociedad libia es demasiado atrasada como para llevar a cabo una lucha política que no sea tribal o dependiente de un poder extranjero.

En realidad, todas las revoluciones de la región tienen cosas en común y elementos muy específicos. En Yemen, la división del país durante la guerra fría —con un norte pro occidental y un sur aliado con Moscú— aún pesa mucho. Desde la unificación del país en 1990, quien manda es Saleh, el antiguo dirigente del norte, lo que contribuye a las luchas en el sur. Por otro lado, en el norte un factor importante son las tribus chiítas. En Bahrein, la división religiosa también es clave: el rey es sunita, apoyado por Arabia Saudita; la mayoría de la población, y por tanto de los manifestantes, son chiítas… con lo cual algunos los ven como una quinta columna de Irán, también mayoritariamente chiíta.

Así que la lógica que dice que Libia no es una revolución debido a tal o cual factor específico lleva a descartar todas las revoluciones de la región. Por poner un ejemplo, un tal Manuel Freytas escribió que “El objetivo de la ‘democratización’ (que comienza por Túnez y Egipto) es… instalar gobiernos títeres legitimados en las urnas… En términos estratégicos, el reemplazo del régimen ‘militarista’ de Mubarak por un gobierno ‘democrático’ elegido en las urnas significa la combinación del ‘poder duro’ (El Pentágono) con el ‘poder blando’ (el Departamento de Estado) dentro de un dispositivo convergente de control por ‘izquierda’ y por ‘derecha’.” O sea, todo es una maniobra desde arriba, de la CIA y el Pentágono…

Lenin explicó en 1916 que en todas las revoluciones auténticas hay factores diversos, luchas de la pequeña burguesía por cuestiones nacionales, religiosas, etc. y que “quien espera una revolución social pura, no la verá jamás. Será un revolucionario de palabra, que no comprende la verdadera revolución.”
La debilidad corrompe


El revolucionario judío palestino, Tony Cliff, solía decir que “el poder corrompe, la falta de poder corrompe absolutamente”. La debilidad de los dirigentes opositores ante los ataques de Gadafi los llevó a corromperse, buscando el apoyo de Occidente.

No es la primera vez que ocurra algo así. En Irak, los principales partidos del Kurdistán iraquí, que tenían historiales de lucha antiimperialista, pasaron en 1991 a ser aliados de EEUU. Los dirigentes de estos partidos se corrompieron totalmente, pero esto no es un motivo para dejar de defender los derechos nacionales del pueblo kurdo.

Los dirigentes de la oposición que buscan la intervención occidental no han ido tan lejos como los kurdos, pero cometen un grave error. Piensan que pueden pactar con el diablo a medias, exigiendo una zona de exclusión, pero oponiéndose a cualquier presencia de tropas extranjeras. En realidad, la misma lógica que justifica ataques con aviones extranjeros también podría justificar ejércitos extranjeros y una ocupación en toda regla.

Por muy desesperada que fuese la situación de la revolución bajo las bombas de Gadafi, la intervención extranjera la debilitará aún más. No se puede hacer una revolución bajo la protección militar de EEUU y cía. Una revolución no es principalmente una cuestión militar, sino social. El punto débil de la revolución libia ha sido Trípoli, donde Gadafi ha mantenido la hegemonía, a pesar de las protestas en muchos barrios obreros. Los bombardeos occidentales en la ciudad no mejorarán el balance político a favor de la revolución, sino que reforzarán al dictador.

¿Cuál es la alternativa? Algunos hablan de imponer sanciones al régimen de Gadafi, dejando de comprarle petróleo o venderle armas, por ejemplo. Parece de sentido común, pero si a la vez se siguen vendiendo armas y comerciando con Israel, Arabia Saudita, etc., se reproduce el doble rasero evidente con el ataque militar. Y es obvio que las ganas de los países occidentales de tomar medidas contra Gadafi no se extienden a los demás gobiernos dictatoriales y/o asesinos. Tampoco debemos olvidar los terribles efectos sobre la población iraquí de las sanciones que sufrió su país en los años 90. Es “realista” exigir sanciones contra Gadafi, porque los poderosos pueden apoyarlas; no lo es en los demás casos, porque ellos no las querrán aplicar.

La verdad es que la izquierda y los movimientos sociales internacionales no tenemos una manera fácil de resolver el problema, como no la tenemos para el conflicto palestino, ni mucho menos ante el hecho de que unos 20 mil niños en todo el mundo mueren cada día de enfermedades y hambre. Si la propia revolución hubiera logrado derribar a Gadafi, habría sido un paso positivo en el cambio global que necesitamos. Pero el fortalecimiento del imperialismo mediante su intervención en Libia —con las justificaciones y excusas humanitarias que sean— fortalecerá al FMI, al Banco Mundial, a la Organización Mundial del Comercio, y a las demás agencias que provocan estos 20 mil muertos infantiles diarios. ¿Quiénes son los que no se preocupan por la pérdida de vidas humanas?
Una solución, revolución


Esto ya no es lema abstracto. La alternativa a la intervención occidental es la revolución en la región… y esperemos, con el tiempo, más allá.

Es esencial entender que la revolución tunecina no acabó en enero, y que la egipcia no terminó con la caída de Mubarak el 11 de febrero; eso fue sólo el principio. Si logran derribar a los dictadores en otros países —Yemen, Bahrein, Siria…— también será sólo un paso de un largo proceso.

Los que argumentan que las revoluciones han cambiado muy poco pierden de vista que la polarización sigue dentro de ellas. En Egipto, por ejemplo, la organización y las luchas obreras van creciendo y planteando las demandas económicas que surgieron a partir de 25 de enero, al lado de las exigencias democráticas. En Túnez, cuando la mayoría de los corresponsales internacionales ya se habían marchado, hubo nuevas protestas, y volvió a caer el gobierno.

Una nueva victoria importante de cualquiera de estas revoluciones podría dar nuevas alas a la revolución en Libia, en varios sentidos.

Por encima de todo, volvería a poner la revolución y la lucha social en un primer plano, apartando del escenario de la “democratización” a las fuerzas occidentales.

Bajo las bombas, Gadafi puede imponer un control más férreo que nunca, en nombre de la defensa de la patria. Si no hay alternativa, mucha gente lo aceptará. Un nuevo impulso a la revolución podría recordar a los que rechazan la dictadura que las opciones no se limitan a Gadafi u Occidente.

Tampoco hay motivos para pensar que el este de Libia, que parece que por ahora seguirá en manos del Consejo liderado por ex colaboradores de Gadafi, no pueda experimentar debates y cambios políticos. Mientras la revolución avanzaba, había conflictos entre el Consejo y los comités de ciudad o de barrio en las zonas liberadas. Era difícil saber con exactitud qué pasaba, pero parecía que el Consejo era más partidario de aliarse con Occidente que los comités locales; de ahí que activistas de base detuvieran a los agentes de las fuerzas especiales británicas que intentaban llevar a cabo una operación secreta en el este de Libia. Quizá, bajo las bombas de Gadafi, incluso estos grupos locales se dejaron convencer por la idea de la intervención extranjera, pero con el tiempo —y viendo la actuación de Occidente por un lado, y de las revoluciones árabes, por otro— las diferencias pueden volver a abrirse, en este y otros temas.

La mejor esperanza para romper el régimen de Gadafi no son las bombas extranjeras, sino un movimiento social que plantee una alternativa política y social capaz de atraer a la gente trabajadora y a las capas bajas del ejército de ambas partes del país, actualmente dividido. Esta alternativa no vendrá del Consejo de ex ministros de Gadafi, menos aún del propio Gadafi.
Y, ¿nosotros?


Como ante el ataque a Afganistán en 2001, y contra Irak en 2003, tenemos que insistir en el “No a la guerra”, no a la intervención occidental. Pero la situación es más difícil y compleja que nunca.

Mucha gente que se resistió a las tentaciones de la intervención humanitaria en aquellos casos ha cedido esta vez. Iniciativa per Catalunya votó a favor de una “Zona de exclusión aérea”; incluso un intelectual marxista normalmente lúcido como Gilbert Achcar se ha dejado llevar. Según él: “desde una perspectiva antiimperialista uno no puede ni debe oponerse a la zona de exclusión aérea, dado que no existe ninguna alternativa plausible para proteger a la población amenazada”.

No sería sensato centrarnos en denunciar a las personas que toman esta actitud como a agentes del imperialismo; más productivo será el debate paciente, junto a un seguimiento cuidadoso de los acontecimientos. Inevitablemente, tarde o temprano se darán cuenta de su error.

Un movimiento contra la intervención no tiene porqué excluir a la izquierda pro Gadafi, pero sería un suicidio político permitir que su visión, extremadamente minoritaria, fuese el discurso del movimiento.

El reto principal en las próximas semanas, quizá meses, respecto a Libia, será romper el mito de la intervención humanitaria. Logramos romperlo respecto a Irak, se ha ido debilitando en Afganistán, con Libia parece que quieren recuperarlo. Hará falta mucha explicación paciente para evitar que lo logren.

Con lo que hay que romper, más que nada, es con la idea de que la política se limita a escoger a cuál país o cuál dirigente seguir. Antes era ¿EEUU o la URSS?, ahora es ¿Sarkozy o Gadafi? ¿Obama o Ahdeminejad?… ¿Zapatero o Rajoy?

Las revoluciones en Túnez, y por encima de todo, en Egipto nos demuestran que la política de verdad consiste en la gente corriente colaborando, luchando juntos para cambiar sus vidas, y así cambiar el mundo.

Respecto a la intervención en Libia, más que discutir las disposiciones militares en según qué zona del país, debemos plantearnos una pregunta mucho más sencilla.

¿Nos fiamos o no de nuestros dirigentes?

Si nos fiamos de ellos para solucionar los problemas internacionales, ¿por qué no también fiarnos de ellos para arreglar la crisis? Si aceptamos los bombardeos en Libia como un intento serio de conseguir la paz y la democracia, ¿por qué no aceptar los regalos millonarios a la banca, y los recortes sociales, como un intento de conseguir la justicia social?

En cambio, si sabemos de sobra que son unos mentirosos corruptos, incapaces de hacer nada bien para la gente corriente de su propio país, ¿por qué debemos pensar que van a hacer algo bueno para el pueblo libio?

No, con todo, debemos inspirarnos en el espíritu de Tahrir.

No a la intervención, sí a las revoluciones árabes.
David Karvala. Militante de en Lucha

Cobarde, títere, corrupto y además cruzado





Jesús Eguiguren, presidente del Partido Socialista de Euskadi, tuvo el atrevimiento de publicar un artículo el pasado día 15, en el boletín oficial del partido conocido por Socialista, por otro nombre El País, en el que acusaba de "falta de valentía" al secretario generalísimo de su partido, el compañero Rodríguez Zapatero. Tiene motivos para arrepentirse. Inmediatamente cargó contra él todo el aparato del partido, y se vio obligado a declarar que había cometido un error, que era un gran admirador del generalísimo, y que le considera el político más valiente del mundo. De modo que el compañero Eguiguren hizo gala de su propia falta de valentía.

Sin embargo, tenía razón. El compañero Rodríguez es un cobarde integral, que ha aceptado el papel de ser un títere del emperador de turno en los Estados Unidos. Cuando estaba en la oposición se quedó un día sentado al paso de la bandera imperial de las barras y estrellas, cosa que algunos aplaudimos y sentimos respeto por él. Pero en cuanto se vio jefe del Gobierno español, corrió a postrarse ante el emperador de entonces, que era Bush II, quien ni se fijó en él. Ha tenido más éxito con Obama I, porque le dedica alguna sonrisa en las reuniones internacionales.
Su calaña se ha puesto una vez más de manifiesto al apresurarse a apoyar la intervención colonialista en Libia. Este mismo sujeto fue el que, cuando estaba en la oposición, prometió retirar a los militares españoles de misiones en el extranjero. Desde que es jefe del Gobierno no cesa de enviar soldados españoles a morir en Afganistán, al servicio de los intereses coloniales de los Estados Unidos. Y ahora los manda a Libia, país petrolífero no sometido al Imperio, con la misma misión.sEn realidad el compañero Rodríguez demuestra idéntica ralea que su predecesor y maestro, el compañero Felipe González: cuando estaba en la oposición prometió en el Congreso de los Diputados que si llegaba al poder sacaría a España de la Organización Terrorista del Atlántico Norte (OTAN) al servicio del imperialismo gringo. Al convertirse en jefe del Gobierno montó un absurdo y carísimo referéndum para meter más todavía a España en la organización, con una papeleta de votación que ya tenía impresa este vergonzoso enunciado de intenciones: "El Gobierno considera conveniente, para los intereses nacionales, que España permanezca en la Alianza Atlántica". Aquel 12 de marzo de 1986 el partido presuntamente Socialista se cubrió de oprobio para siempre.
Por si fuera poca la desfachatez exhibida, el compañero González hizo que uno de los suyos, Javier Solana, fuese nombrado secretario general de la organización, y dirigiese el bombardeo genocida contra Yugoslavia. Y todavía el partido tiene la cara dura de presentar a este criminal contra la humanidad como un héroe nacional.
Cuando el compañero Rodríguez estaba en la oposición organizó manifestaciones contra la intervención de tropas españolas en Irak. Muchísimos anticolonialistas acudimos a ellas. Ahora el ministro Pepiño Blanco ha tenido el cinismo de afirmar que "España se siente orgullosa de participar en las acciones contra Libia". Lo que se siente España es ofendida y humillada por tener un Gobierno de fantoches sometidos al criterio del imperialismo, sin que haya un solo socialista que se atreva a decir en público lo que algunos comentan en privado: que su secretario generalísimo es un pelele del imperialismo. Les falta valentía a todos por igual, como a Eguiguren.
Ha sido el presidente de la República Francesa el organizador de esta novena cruzada contra el Islam. Recupera el ardor de Luis IX de Francia en el montaje de las dos últimas cruzadas medievales, que fueron dos rotundos fracasos, y hasta el mismo rey halló la muerte en el sitio de Túnez en 1270. Pero la Iglesia romana le agradeció sus esfuerzos nombrándole santo. ¿Querrá el pequeño Napoleón, según llaman sus paisanos a Nicolas Sarkozy, llegar también a los altares, con cuernos y todo?
Lo seguro es que esta novena cruzada será un fracaso como las medievales, porque los pueblos ya no aceptan someterse al colonialismo de otra nación que obedece a una religión opresiva, causante de millones de muertos a lo largo de la historia, en los enfrentamientos raciales que son también confesionales. En Irak las tropas invasores empiezan a abandonar el país, después de asolarlo inútilmente, porque no han conseguido dominarlo. En Afganistán está sucediendo lo mismo.
El Ejército español hará una vez más el ridículo. La última vez que los militares españoles consiguieron una victoria fue en 1868, en el puente de Alcolea, cuando los soldados de la libertad derrotaron a las tropas realistas de la destronada Isabel II. Desde entonces no han conseguid más que derrotas en todas las guerras coloniales. El Ejército victorioso en 1939 ganó la guerra gracias a los instructores y el armamento de la Alemania nazi y la Italia fascista. Sus sucesores son los que están combatiendo en Afganistán y en Libia, y regresarán derrotados y humillados.
La disculpa de la OTAN para bombardear a Libia es que Gadafi estaba bombardeando una ciudad de Libia. De modo que para impedir que se bombardee a los libios se bombardea a los libios. Es el colmo del cinismo político. La realidad es que Libia produce un petróleo de excelente calidad, y el líder de la revolución es contrario al imperialismo. Ciertamente Gadadi es un canalla que se ha comparado con el dictadorísimo Franco, pero los invasores del país son tan canallas como él.
Pretenden restaurar la monarquía derrocada el 1 de setiembre de 1969, y sentar en el trono a un nieto del corruptísimo rey Idris, que será como su abuelo, y aceptaría el control colonialista gringo de sus riquezas naturales, cosa que nunca ha tolerado Gadafi. Los reyes son siempre tiranos, pero mucho más en los países musulmanes.
En estos mismos días el rey de Baréin ordena matanzas de los ciudadanos que piden democracia para el país. Tropas enviadas por el rey de Arabia Saudita están asesinando a la población, sin que los Estados Unidos protesten. Es que en su territorio mantienen una base militar, necesaria para su control de la zona.
También en Marruecos se suceden las manifestaciones en solicitud de democracia. El rey es además del jefe político el jefe religioso, y desde luego el jefe del Ejército y la Policía. Dado el control absoluto de las informaciones, se ignora el número de muertos, heridos y detenidos, acumulados desde que el 11 de febrero comenzaron las manifestaciones populares. Es igual, porque el rey tiene firmados acuerdos con los Estados Unidos, y en consecuencia se halla libre de censuras.
Los ciudadanos de Estados Unidos se hartaron de ser una colonia dominada por el rey de la Gran Bretaña, y se declararon independientes en 1781 después de una guerra desigual. Sin embargo, sienten predilección por los reyes ajenos, siempre que obedezcan sus órdenes. Y dan palmaditas en la espalda a los jefes de sus gobiernos títeres. Por eso la colonia española está tan feliz, con su rey y su jefe del Gobierno al servicio del imperialismo. Causa sonrojo leer la historia de España, pero la actual ignominia supera en indignidad todos los capítulos anteriores.
------------------------------
Arturo del Villar es Presidente del Colectivo Republicano Tercer Milenio
Visite www.fresdeval.blogspot.com

Crucifijos en la Escuela. El Tribunal de Derechos Humanos dicta una sentencia contra la libertad de conciencia




El 18 de marzo de este año se dio a conocer una sentencia del Tribunal de Derechos Humanos a favor de los símbolos religiosos en la escuela italiana. Lo primero que llama la atención es que siendo un tribunal que debería proteger el ejercicio de los derechos individuales, no hace ni una sola referencia a la protección de estos derechos. Aún peor, considera que los padres son propietarios de sus hijos y tienen derecho a imponerles sus opiniones. En cuyo caso habría que admitir que se les impone por voluntad paterna una conciencia que aún los menores de edad deben ir elaborando entre todas las opciones que se presentan.
Considera que la paternidad tiene el derecho de agresión de la conciencia sobre los hijos. Y esto lo defiende un Tribuna de Derechos Individuales. Lo primero que se me ocurre es que este tribunal debería dimitir por no garantizar el ejercicio a la libertad de conciencia en proceso de formación de los menores, que tienen los mismos derechos que los adultos. Y si existe un tiempo en el que la formación en la libertad de conciencia debe estar protegido ese es precisamente la infancia y la juventud.
La siguiente barbaridad en la que sustenta su argumentación es que "Italia da a la religión mayoritaria del país una visibilidad preponderante en el ámbito escolar". ¿Desde cuándo la "voluntad general", la "moral colectiva" es un argumento constitucional para justificar en nombre de esa moral totalitaria la agresión moral contra la libertad de conciencia? El legislador, con esta argumentación, está apoyando un argumento fascista pues fue el Estado fascista el que por el Tratado de Letrán de 1929 acordó con el Papa la presencia de los crucifijos en las escuelas porque a la Iglesia se le atribuyó en régimen de monopolio la función de, como aparato ideológico del Estado fascista, educar a los niños según los valores de la doctrina cristiana. Este acuerdo de origen fascista fue mantenido en la nueva constitución italiana al terminar la segunda guerra mundial por el partido demócrata cristiano de De Gasperi, apoyado directamente por el Estado teocrático Vaticano. De manera que, ni si quiera puede fundamentarse en la tradición la presencia del crucifijo en la escuela ya que su origen está en el estado fascista.En tercer lugar, se califica "el crucifijo" de "símbolo esencialmente pasivo". Dice "esencialmente", no dice "rotundamente", por lo tanto el propio Tribunal vacila por su escasa convicción. O es rotundamente pasivo o no lo es, pero si lo es, según la interpretación de cada uno, deja, objetivamente de ser pasivo ya que para unos puede ser pasivo y para otros activo, con lo que el fundamento de la argumentación se desploma.
Pero lo más patético de la argumentación es calificar nada menos que "el crucifijo" de "símbolo pasivo". Esta calificación debería ser un insulto para los cristianos y los cardenales y obispos ya deberían haberse rasgado las vestiduras y cubierto sus cuerpos de cenizas. Un símbolo que abandera los pechos y estandartes de los cruzados y los carlistas, de los emperadores y monarcas, de Franco, de Salazar, de Dollfuss, de Mussolini y de todos los dictadores africanos y sudamericanos, no puede ser "pasivo". Un símbolo en cuyo nombre se han conquistado continentes y masacrado a la población no puede ser pasivo.
Un símbolo de clase porque está asociado a la clase propietaria de los medios de producción desde sus orígenes cristianos, por lo tanto no es un símbolo ni universal ni interclasista porque en él la clase dominante contiene "sus" valores, "su" moral, "sus" leyes. Por eso es la clase dominante la que coloca ese crucifijo en sus aparatos de difusión de su ideología. Supongamos que colocamos en todas las escuelas el símbolo de la hoz y el martillo o mejor, el símbolo del amor libre, ¿seguiría concluyendo este Tribunal constitucional que estos símbolos son símbolos pasivos? Deberíamos hacer la prueba en todos los centros educativos de toda Europa y por supuesto en los religiosos.
Deberían leer algunas encíclicas papales como, por ejemplo la "Salvifici doloris" de Juan Pablo II, la Spe Salvi de Benedicto XVI, el libro "Spes edificandi" en el que se hace una magistral exposición de la "scientia crucis" por la Santa Edith Stein, edificantemente comentado por Juan Pablo II o, ya puestos, por qué no leerse la "Rerum novarum" de León XIII o la "Quadragessimo anno" de Pío XI o, sencillamente la doctrina cristiana o el catecismo donde podrá leer que: "La muerte de Cristo es el sacrificio único y definitivo". Pero cómo se puede ridiculizar la esencia del cristianismo calificando su máxima expresión, la Cruz, de símbolo pasivo.
Pero sobre todo es que un "símbolo que no sea neutro, como una puesta del Sol y el de la cruz no es neutro porque forma parte "imprescindible" de las religiones cristianas, un símbolo es un mensaje y un mensaje nunca puede ser pasivo porque tiene la función de "comunicar algo". El símbolo de la cruz "contiene" en sí mismo toda la doctrina cristiana y tiene como objetivo "enseñar" y por tanto "comunicar" su mensaje. Es lo mismo que un símbolo de una marca comercial, precisamente el símbolo de la marca contiene la marca y tiene como misión difundirla activamente.
Pero, además, es que el símbolo de la cruz es tan importante porque en torno a la pasión de Cristo, muerto en la Cruz, gira toda la construcción teológica de la salvación y la Cruz nos "invita", nos "propone" seguir sus pasos. Nada puede haber tan ridículo como pensar, como piensa este nefasto tribunal, que las cruces se han puesto en las paredes simplemente para decorarlas. Por casualidad. Se han colocado en las paredes por fuerzas conservadoras que son católicas para demostrar que existe una religión, cuyos valores se imponen a los súbditos italianos.
Resulta sencillamente escandaloso que este Tribunal ignore lo que debe defender: la libertad de conciencia, la libertad de pensamiento y la libertad de religión. Tres formas de ejercer la libertad individual y la libertad es siempre y exclusivamente un derecho individual que no puede ser invadido ni por el Estado ni por La iglesia.
Que los miembros de este Tribunal no hayan tenido en cuenta la teoría de Marsilio de Padua expuesta en "Defensor minor", que no hayan tenido en cuenta la defensa de la libertad de conciencia defendida por: Spinoza en su "Tratatus teologico politicus", Bentham en "Principios de moral y legislación"; Kant en "La crítica del juicio"; Stuart Mill en "Sobre la libertad" o Marcuse en "El marxismo soviético" pone en evidencia, aparte de su incapacidad para defender los derechos individuales, su poca formación para actuar como miembros de ese Tribunal. Y desvela algo muy grave: su posición moral conservadora y religiosa, desde la cual legislan para recortar el ejercicio de los derechos individuales.
La legalidad de este Tribunal se vuelve descaradamente contra la legitimidad constitucional creando un conflicto de intereses entre legalidad y legitimidad. Sobre este conflicto ya escribió Marx en "La guerra civil en Francia" donde, comentando las revoluciones de 1848, decía: han proclamado los derechos individuales, magnífico, pero luego viene la letra pequeña que dice y posteriormente la ley regulara el ejercicio de éstos y luego viene los parlamentarios mayoritariamente de derechas y legislan el ejercicio de tal manera que, al final, no se pueden ejercer. De manera que, la legalidad parlamentaria se eleva contra la legitimidad constitucional. ¿Quién debe prevalecer?, evidentemente la única ley de la que emanan las leyes: la Constitución. Los derechos individuales, sobre cuya defensa las leyes deben elaborarse no pueden someterse a ningún criterio ni tradicional, ni religioso, ni estatal. Y esto tan sencillo ¿no lo tiene claro este Ilustrísimo Tribunal Constitucional? ¿No entiende? que los derechos individuales deben protegerse contra cualquier intromisión en su ejercicio o durante el proceso de formación para poder ejercerlos en la mayoría de edad, los que no puedan ejercerse durante la minoría.
Aunque este Tribunal no lo entienda, los ciudadanos que aún somos libres a su pesar debemos entender, y exigir, que sólo existe un fundamento de legitimidad que no es otro que la protección de la libertad, que sólo puede ser individual. Y que la libertad se manifiesta en el ejercicio de los derechos individuales. Quien obstruya este ejercicio actúa inconstitucionalmente y por lo tanto carece de legitimidad.
Es un error político e ideológico creer que el sufragio es el fundamento de legitimidad porque con el sufragio pueden llegar al Poder gentes que desde el Poder acaben con la libertad, con el ejercicio de los derechos individuales. Tenemos suficiente experiencia para saber que esta manipulación ya ha ocurrido. La puso en práctica Hitler quien, ganadas las elecciones con 13 millones de votos, se volvió contra la libertad. Esto no podría ocurrir si exigiéramos a los gobiernos, a los parlamentos y a la justicia que sólo existe libertad donde se ejercen los derechos individuales. Pero, hoy, estamos asistiendo a un lento, suave y discreto proceso por parte de las fuerzas oscuras de la derecha, la Iglesia y el Capital financiero y especulativo, por deshacerse poco a poco del Estado de Bienestar y del ejercicio de los derechos individuales: de la libertad. ¿No formarán los miembros de este Tribunal parte de ese brazo oscuro? ¿Debemos contemplar pasivamente nuestro propio entierro?
-------------------------
Javier Fisac Seco (Lokke)
Autor de: Dios es de derechas. Nazismo, franquismo y catolicismo: una alianza contra la libertad

Porqué yo no apoyo a Garzón


Escrito por Floren Dimas / UCR
http://www.unidadcivicaporlarepublica.es/index.php/nuestra-memoria/la-ley-de-la-memoria/1223-porque-yo-no-apoyo-a-garzon

La confusión que hay en torno a las movilizaciones populares "en defensa de Garzón" es enorme y –lamentablemente- resulta casi imposible denunciar públicamente, todo lo que se esconde detrás de aquellas concentraciones convocadas bajo el lema "Yo apoyo a Garzón", que es la que promueve la farándula afín al PSOE, cuya carpeta de trabajos dependen en gran medida, de las subvenciones públicas del ministerio de Cultura (sobre todo el cine y la música –ley Sinde-), como igual sucede con los sindicatos CCOO y UGT, que aunque enfrentados aparentemente con el gobierno por la reforma laboral, saben lo que se juegan si este pierde las elecciones legislativas.

El "quid" en el caso Gürtel, ya que si condenan a Garzón y finalmente no se recurre la desestimación de las escuchas telefónicas, obtenidas por este ilegalmente, entonces no hay caso Gürtel, y con ello, el PSOE no tiene –con lo que está cayendo y queda por caer- nada que tirarle al PP, con lo que la debacle socialista está más que asegurada, así como la propia debacle corporativa de los agentes interesados.
Los artistas" y los sindicatos, cuya ausencia en defensa de la Memoria Histórica ha sido proverbial, desde que hace diez años comenzó el movimiento memorialista, aparecen ahora, en el último momento, abrazándose a una causa que nunca ha sido suya, solo cuando les conviene a ellos y al gobierno, marginando al propio movimiento memorialista, que no ha querido sumarse a esta nueva manipulación electoralista e interesada. Así las cosas, no veremos a ningún colectivo en estas manifestaciones "de apoyo a Garzón", si no a muchísimas personas –la mayoría de los asistentes- que desconocen todo estos intrínguilis, y solamente van guiados de su buena fé, que es lo que al final de todo, explotan estos aprovechados.
Por desgracia, ninguno de los poderosos medios pro-gubernamentales que se hacen eco de estas movidas teledirigidas, han atendido las peticiones que desde las asociaciones y colectivos memorialistas les han hecho, para ofrecer a los ciudadanos la otra versión sobre el auténtico alcance tanta maniobra informativa.
Las principales asociaciones memorialistas y de víctimas de toda España, ya han manifestado que son ajenas a esta convocatoria de "Yo apoyo a Garzón", por considerar que puede tener efectos muy negativos para su lucha, al ligarse sociológicamente el tema de la impunidad de los crímenes franquistas, con la suerte de Garzón, comprometidísima, y no por las razones que se publicitan desde los convocantes, que esa es otra manipulación más.
Con Garzón o sin él, la lucha contra la impunidad continuará ...pero entonces veremos desaparecer del escenario a la farándula afín al PSOE, que se irá por donde ha venido, junto con los sindicatos parasitarios de los PGE, de las subvenciones y de los cursos de formación profesion, que intentan echarle un cable al gobierno como pago a los beneficios recibidos, ahora en peligro ante el resultado de las próximas elecciones municipales y próximamente, las legislativas.
-------------------------
Floren Dimas es Investigador histórico y Delegado de AGE para la Región de Murcia