28 de abril de 2011

¿Qué pasa en Costa de Marfil?





Por Dizdira Zalakain.

Mientras aviones franceses bombardean a la población libia, otro contingente de su ejército masacra a una parte de la población de Costa de Marfil. El objetivo final de ambos ataques militares es el mismo: facilitar el expolio de los bienes naturales de ambas regiones a manos de las transnacionales. En ambos casos, estos crímenes de guerra se realizan no solo con el beneplácito, sino también con el impulso de la llamada "comunidad internacional". Analizadas descarnadamente y en sus líneas más generales, Libia y Costa de Marfil son, pues, la misma historia. Analizadas en detalle, sin embargo, las diferencias son muy notables. Comprender estas diferencias sirve para satisfacer una legítima curiosidad pero también nos dotará de patrones para entender los tristes sucesos que seguramente están por venir en todo el mundo.
De Libia se ha hablado en esta web y se sigue hablando en otros muchos sitios independientes de internet.

En esta serie de entradas ofreceremos un contexto histórico, algunos datos y también alguna hipótesis sobre lo que pasa en Costa de Marfil.
Que el resultado de las investigaciones independientes y mayoritariamente amateur sobre el tema sea tan radicalmente opuesto al que ofrecen los grandes medios no debe extrañar. Es evidente que una estructura tan costosa y compleja como los mass media no se crea y mantiene con el generoso afán de informar, sino para manipular a la población en beneficio de los dueños de esos medios. Si hubiera alguien tan generoso como para gastar tanto dinero en algo que no le beneficiase, enseguida esa misma generosidad le habría dejado sin dinero. Que los grandes medios no solo ocurre que a veces mienten, sino que estructuralmente se han creado para mentir no es una idea conspiranoica, es un razonamiento elemental. Tan elemental como que una tienda no se abre para que la gente adquiera cosas, sino para ganar dinero vendiéndolas.Historia reciente de Costa de Marfil
1880-1945 África: el genocidio que nunca cuenta Hollywood.
A partir del último cuarto del siglo XIX comienza una carrera entre las principales potencias europeas para apropiarse de África. El objetivo principal era el robo de las inmensas riquezas naturales del continente. Con la superior tecnología militar europea, el objetivo resultaba fácil de lograr. Los pequeños pero letales ejércitos europeos provocan masacres indiscriminadas en su afán por barrer cualquier atisbo de resistencia a la invasión. El caso más conocido de esta época es el de Bélgica, que asesinó entre 5 y 10 millones de personas sólo en el Congo. Pero en el resto de países, la tónica no fue muy distinta. Se estima que entre 1880 y 1930 un tercio de la población total de África fue asesinada. (SURVIE: La France coloniale d’hier et d’aujourd’hui p.12)

Izquierda imperialista no es un oxímoron nuevo.
¿Cómo es que los ciudadanos europeos de fines del siglo XIX, esos que lloraban con las novelas de Dickens y adoraban al niño Jesús, toleraban que sus hombres de negocios organizasen un exterminio de seres humanos de tal magnitud sin inmutarse? Pues el mecanismo no funcionaba de manera muy distinta a lo que hoy estamos viendo con Afganistán, Libia o Costa de Marfil.

Por una parte, los periódicos de cualquier ideología -salvo los panfletos radicales de los malvados comunistas- a estas masacres ya las llamaban por entonces "Guerras de pacificación".

Por otra parte, los políticos de izquierdas y los gurús de la intelectualidad progresista elaboraban bellos discursos para justificar la noble labor de la colonización. Jules Ferry, ilustre político republicano y progresista, impulsor de la escuela pública y gratuita, así como del laicismo pronunció en el Parlamento un bello discurso en defensa de la colonización. Consideraba Ferry que la colonización aportaba beneficios económicos, humanitarios y políticos. Al referirse a los humanitarios dijo lo siguiente:

"Señores: hay un segundo punto, un segundo orden de ideas que debo igualmente abordar. Les aseguro que seré breve. Se trata del aspecto humanitario y civilizador de la cuestión (...) Las razas superiores tienen no solo el derecho sino el deber de civilizar a las inferiores. (...) ¿Es que alguien puede negar que ahora hay más justicia, un mayor orden moral y material, más igualdad, más virtudes sociales en África del Norte tras su conquista por parte de Francia? ¿Acaso cuando fuimos a Argel para combatir la piratería y garantizar así el libre comercio en el Mediterráneo estábamos actuando como delincuentes, como conquistadores, como destructores? ¿Puede acaso negarse que para estas desgraciadas gentes del África Ecuatorial es una suerte caer bajo la protección de la nación francesa o la nación inglesa? ¿Acaso nuestro primer deber(...) no es combatir la trata de negros, ese horrible tráfico y la esclavitud, esa infamia?"

El escritor francés más exitoso del momento, considerado como un intelectual progresista, Victor Hugo, dio la razón a Jules Ferry. Para el autor de Los Miserables, el colonialismo era una situación pasajera, como lo es la educación para los niños. Había que ayudar a esos pobres africanos hasta que supieran valerse por sí mismos.

Prescindiendo del tema de la superioridad racial, que hoy está muy mal visto, ¿no existe un exacto paralelismo entre este discurso de Ferry y los de nuestros políticos, también de los de izquierda? ¿No se aprecia que desempeñan la misma función aquel autor de folletines elevado por el sistema a la categoría de intelectual antisistema y los "intelectuales" que hablaban hace unos días del "mal menor" de la invasión a Libia? Con respecto a la delirantemente cínica afirmación final del discurso que hemos citado, la de que Francia e Inglaterra iban a África para acabar con la esclavitud... ¿No recuerda al idéntico cinismo con el que se afirma hoy que lo que pretende la OTAN es exportar la democracia y la libertad, acabar con las tiranías?

Solo recordaremos un paralelismo más con nuestros tiempos. El recientemente galardonado premio Nobel de la Paz Liu Xiaobo ha afirmado reiteradamente que lo mejor que le podía haber pasado a su país (China) es haber sido colonizada por Occidente. Nihil sub sole novum.

Monocultivos. Muerte a crédito.
Pero lo peor que les pasó a los africanos y, en concreto, a los costamarfileños no fue el genocidio, por terrible que éste resulte a corto plazo. Ni el genocidio, ni las deportaciones, ni las enfermedades, ni la esclavitud masiva, ni la apropiación de tierras por parte de colonos europeos. Esas cosas han pasado por desgracia muchas veces en la historia de la humanidad, desde la época del Imperio Asirio. Lo peor que les pasó es un invento del capitalismo y que ni siquiera parece algo malo.

A los marfileños se les persuadió con más o menos violencia de que lo más rentable era dejar de cultivar sus tierras al modo tradicional. Hasta entonces, como era lógico, se explotaba una gran variedad de bienes y alimentos, en función de las necesidades de los productores y de las posibilidades de venta en los pequeños mercados locales. Pero el clima de Costa de Marfil era el ideal para cultivar cacao y café, dos productos muy cotizados en el mundo "civilizado". Se logró que prácticamente todo el territorio cultivable de la región se dedicase al monocultivo. El campesino marfileño ahora debía producir cacao, vendérselo a las empresas europeas y, con ese dinero, comprarles a esos mismos europeos lo que necesitaba para vivir -ya que todas sus tierras y sus esfuerzos laborales los empleaba en producir cacao.

No hay que ser muy listo para comprender que si un grupo de personas solo tiene cacao para vender es posible comprarles el cacao muy barato y, en cambio, venderles todo lo que necesitan para vivir muy caro. No hay que ser muy listo. Basta con ser un cabrón y vivir en un sistema capitalista.
El monocultivo es la muerte a crédito del Tercer Mundo. Quien dice monocultivo dice monoproducción: ya sean diamantes, cacao, petróleo, coltán o ébano. El monocultivo, que parecía tan inocuo y hasta tan beneficioso a corto plazo, ha matado a la larga a más africanos que las balas, las bombas y los machetes.

1945-1960.
De Imperio a Comunidad.
Tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, la democrática Francia, que en 1940 se había rendido a Hitler sin apenas plantear resistencia, celebra hipócritamente la derrota de los nazis gracias al sacrificio y al esfuerzo del pueblo soviético. El 8 de Mayo de 1945, el mismo día que el general nazi Alfred Jodl firmaba la rendición incondicional, la Francia liberada de de Gaulle asesinaba a 45.000 personas en Argelia para reprimir una manifestación en favor de la independencia. De entre los participantes en los macabros fusilamientos masivos había también, por lo visto, muchos "izquierdistas".

A partir de 1946 Francia cambió el nombre a su imperio colonial. Cambiar los nombres a las cosas es un invento muy bonito de nuestro tiempo. En vez de "Imperio Francés", fue denominado"Unión Francesa". La Unión Francesa mantuvo dos largas y criminales guerras contra la gente de Argelia e Indochina. Su delito: no querían pertenecer a esa bendita Unión.
Ni que decir tiene que la mayoría de los intelectuales y políticos de la izquierda francesa justificaban las intervenciones con estrategias retóricas muy parecidas a las actuales. Jean Paul Sartre fue de los pocos que las condenó sin cesar.

En 1958 De Gaulle intentó salvar la situación, poniéndo a su imperio un nombre aun más bonito: "Comunidad Francesa". Finalmente, Francia, lo mismo que otros países europeos, renuncia a la mayoría de sus posesiones coloniales. La renuncia, como veremos es poco más que una cuestión de nomenclatura. Las colonias eran formalmente libres, pero materialmente dependían de sus antiguas metrópolis para todo.

Boigny: de comunista a gaullista
Félix Houphouët Boigny, descendiente de una familia aristocrática local, fundó en 1946, ayudado por los comunistas franceses, el "Parti démocratique de Côte d'Ivoire." (PDCI) El objetivo del partido era claro: sacudirse el yugo de la opresión colonial francesa. El PDCI formaba parte de un grupo de partidos africanos con idéntico objetivo, denominadoRassemblement démocratique africain (RDA), del que fue presidente fundador. Las potencias capitalistas y, en especial, Francia se alarmaron ante la formación en África de grupos políticos anticolonialistas aliados con los comunistas. Temían que se creara en el flanco sur de su Europa libre y democrática otra unión de repúblicas socialistas, esta vez africanas.

Finalmente, en 1950, el gobierno francés no tolera más la situación y encarcela a toda la dirección del PDCI. Esto provoca revueltas populares que intentan ser reprimidas sin mucho éxito. Es entonces cuando un joven François Miterrand, por entonces Ministro de Ultramar, es enviado por el gobierno francés para negociar con los rebeldes. Su éxito es completo. Boigny acepta el trato: el PDCI será legalizado, pero nada de amistades con los comunistas.

El líder africano explica a sus bases que se trató de un pacto posibilista y que él, en el fondo de su corazón, seguía siendo tan comunista y anticolonialista como siempre. Los muy incautos le creyeron. En 1951 se alía oficialmente con los socialistas franceses, por entonces en el poder en la metrópoli. Durante cinco años somete el PDCI a purgas para ir expulsando a los militantes comunistas que quedaban. Así, una vez desinfectado, al PDCI se le permite ganar las elecciones de 1956 en Costa de Marfil enarbolando un discurso anticolonialista. ¡Y ello a pesar de ser un partido financiado y dirigido por el gobierno de París! A partir de 1956, Boigny es premiado por su buen trabajo con numerosos y lucrativos cargos en la administración colonial.

En 1957, su homólogo en Ghana, Kwame Nkrumah, hace un llamamiento a todos los líderes africanos para declarar conjuntamente la independencia y crear una Unión Africana fuerte y anticolonialista. He aquí la respuesta de Boigny:
"Tu propuesta es muy interesante... Pero en virtud de los lazos humanos que existen entre Francia y los africanos, los imperativos del momento histórico y la interdependencia de los pueblos, nosotros hemos pensado que podría ser más interesante probar una experiencia distinta a la tuya y única en su género: la de una comunidad franco-africana a base de igualdad y fraternidad"

La "experiencia única en su género" de Boigny, como veremos, le proporcionó una larga vida llena de poder y fabulosos lujos y una plácida muerte en la cama. Al pobre e idealistaKwame Nkrumah no le sobrevinieron más que desgracias: su país debió estar luchando contra continuas revueltas populares (sí, como las que hace poco han surgido en Libia) financiadas por el bloque capitalista, hasta que finalmente en 1966 un golpe de estado tiene éxito y el régimen de Nkrumah es sustituído por uno amigo de Occidente. Seis años después, moría de cáncer en un hospital de Bucarest. Su sueño de una África unida e independiente había fracasado.

¿Independencia? Sí... No... Sí... Lo que diga mi jefe...
El 28 de septiembre de 1958 se convoca un referéndum para ver si las colonias querían o no ser independientes. Boigny, olvidándose de que hacía solo 8 años estuvo en la cárcel por militar en un partido independentista, pidió el "No" a la independencia. Sus súbditos le hicieron caso. No sabemos qué métodos de convicción utilizó.

Por desgracia, a la propia Francia dejó de interesarle el mantenimiento de su imperio colonial. Venían otros tiempos políticos y económicos con otros mecanismos más optimizados de colonialismo y la gestión directa de todos esos países de muertos de hambre no compensaba. Así que la metrópoli comunicó al presidente costamarfileño que hiciera el favor de independizarse.

¡Qué remedio! Dos años después de haber pedido el "No" a la independencia en un referendum, el 7 de Agosto de 1960, Félix Houphouët-Boigny proclama orgullosamente (y sin vergüenza) la independencia de Costa de Marfil.
La posteridad lo considera hoy padre de la independencia de Costa de Marfil. ¿Quién se encargará de escribir la posteridad?

La dictadura amiga.
Veamos en qué consistió la independencia de Costa de Marfil.
Boigny se proclama presidente de la República de Costa de Marfil sin necesidad de elecciones. Nadie se opuso. ¿Por qué? Porque no le quedaban opositores. En 1957 había eliminado a los partidos que no fueran el suyo, el PDCI. Pero todavía dentro del propio PDCI quedaban algunas voces discordantes. En 1959, tras ser acusados por el presidente de un complot para asesinarle mediante fetiches maléficos, fueron obligados a exiliarse.
En 1960 redacta él mismo su "Constitución". La estructura de poder que define esa Constitución es muy simple: un consejo elegido a dedo por el Presidente aprueba las decisiones que él vaya tomando tanto a nivel legislativo como ejecutivo.

Boigny elige un gabinete de colaboradores formado básicamente por franceses. Se ve que no se fiaba de la capacitación de sus compatriotas. El embajador francés, además, recibe el peculiar título de "Haut représentant de la France" y sus poderes son semejantes a los de un vicepresidente. De hecho, su residencia y la del presidente estaban comunicadas por un paso subterráneo.

Para garantizar su seguridad personal y eliminar cualquier atisbo de resistencia, Boigny recurre al ejército francés. El 43º Batallón de Infanteria de Marina se instala permanentemente en Abidjan.

Amigo de Tel Aviv y Pretoria.
A cambio de esta ayuda, Boigny se implica en la política africana como un fiel colaborador de las potencias europeas para promocionar golpes de estado, fraudes electorales masivos y asesinatos de líderes non gratos a los intereses de Francia o de compañías petroleras como ELF.

Togo, Chad, Rep. Centroafricana, Congo, Gabón... son sólo alguno de sus objetivos. Para entonces el partido PDCI, había recorrido todo el arco ideológico. Desde el comunismo inicial al anticomunismo más fascista y paranoico. Especialmente significativa fue su participación en el asesinato de Thomas Sankara, presidente de la vecina Burkina-Faso y llamado el Ché Negro. Recordemos este dato porque Blaise Campaoré, que sustituyó a Sankara tras asesinarle, es todavía hoy presidente de Burkina Faso y ha jugado un papel fundamental en la guerra civil que ha asolado Costa de Marfil, apoyando a uno de los bandos. No hay que ser muy avispado para adivinar que se trata del mismo bando que apoya la"Comunidad Internacional" (la ONU, la OTAN, Francia, el FMI y el resto de humanitarias instituciones.)

En 1973, Boigny es el único líder africano que apoya al régimen del Apartheid establecido en Pretoria. De hecho, su producción de café es enviada a Sudáfrica para su envasado por la multinacional Nestlé. También se convierte en el único país africano en apoyar diplomáticamente al régimen sionista de Israel tras las matanzas de palestinos.
Creo que no es necesario insistir más. El perfil político de Nanan Boigny ha quedado muy claro con estas pinceladas.

1960-1980.
El milagro económico.
El milagro económico de Boigny se basó en varias medidas.
-Promoción de los monocultivos. Con Boigny, Costa de Marfil fue el primer productor mundial de cacao y el tercero de café. Se triplicó la producción de cacao. Las plantaciones masivas propiciaron la deforestación del país. En 1965 Costa de Marfil exportaba a precio de ganga 1 .250 .000 toneladas anuales de maderas nobles.
-Contratación masiva de mano de obra baratísima procedente de países vecinos. En muy poco tiempo, un tercio de la mano de obra no cualificada era extranjera. En el otro extremo, los cargos técnicos y administrativos fueron ocupados por europeos. La contratación masiva y sin el menor control administrativo de mano de obra extranjera es una de las claves fundamentales de la guerra civil, como veremos después.
-Beneficios del 90% para las empresas extranjeras. En efecto, Boigny prácticamente regaló las riquezas del país a las multinacionales, lo cual resultaba de lo más atractivo para los inversores occidentales. Solo pedía un 10% de la producción para Costa de Marfil. Ni que decir tiene que ese 10% se lo embolsaba él personalmente. Luego veremos cómo se convirtió en uno de los hombres más ricos de África.
-Estabilidad politica y social. La mano de hierro de Boigny, ayudado por el ejército francés y el hecho de que los marfileños, cuando menos, comían todos los días -lo cual no estaba mal en comparación con los paises de su entorno- fomentó las "inversiones" extranjeras.

Estas medidas fueron por lo visto tan acertadas que Boigny fue apodado por su pueblo "le sage", "el sabio." Durante esta veintena, el PIB de Costa de Marfil se multiplicó por doce. Los trabajadores marfileños y el contingente de otros países africanos apenas se beneficiaron por las migajas de tanta riqueza. Pero entre las chabolas de Abidjan veían surgir hoteles de lujo para inversores y turistas. Y ya sabemos que éso es el progreso.

1980-1993
No era un milagro: había truco.
Una vez que a principios de los 80 el bloque socialista dejó de ser un obstáculo para el libre desarrollo del capital a nivel mundial, se empezó a hablar de "crisis" y de fin del estado de bienestar. Una vez eliminada la amenaza de la URSS, ya no hacía falta tener contentos a los europeos con sus pensiones y su sanidad y educación gratuítas. Y tampoco había por qué mantener alimentados a aquellos negros pagándoles tanto dinero por su chocolate y su café. ¿Por qué pagarles 3600$ por tonelada? En efecto, en 1993, para cuando Boigny moría, el cacao ya se pagaba por las multinacionales a menos de la tercera parte.

El país se hundió en una crisis absoluta. La deuda externa llegó a ser la más alta per cápita del mundo. Los campesinos no tenían otra cosa para vender que cacao y café, pero se lo pagaban por una miseria. Para colmo, la deforestación atrajo serios problemas de sequía y las cosechas se resintieron. La gente pasaba hambre. Los nativos empezaban a ver con malos ojos a todos aquellos extranjeros que llegaron llamados por Boigny en los 60 y con los que se veían ahora obligados a competir por una riqueza cada vez menor. Aquí comienzan lo que los medios de comunicación llaman alegremente "odios tribales", suponiendo que los africanos son seres irracionales y estúpidos capaces de matar a alguien por su tipo de nariz.

¡El FMI viene a salvarnos!
El sabio Boigny inicia un viaje diplomático para pedir a sus amigos franceses y occidentales que, por favor, suban un poquito el precio del cacao. Éstos le mandan de vuelta a casa con una patada en las posaderas. Roma no paga a traidores. El FMI entonces viene en ayuda del pobre Boigny. Le exigió que eliminara cualquier tipo de gasto social. ¡Pero si no tengo gasto social! debió de contestar el dictador. Pero el FMI tenía eficaces agentes en Costa de Marfil. Uno de ellos, un tal Alassane Outtara. (sí, el mismo Outtara que hoy apoya a sangre y fuego la "comunidad internacional.") El FMI sabía que el gobierno del dictador ofrecía subsidios a la alimentación a los más miserables del país. Le exigió eliminarlos. También le exigió privatizar todo. Es verdad que en Costa de Marfil casi todo era propiedad de las multinacionales. Pero cuando el FMI decía "todo" se refería a"absolutamente todo", hasta al ejército.

Una basílica por la paz.
Para cuando llegaron las inevitables vacas flacas, Félix Houphouet-Boigny ya contaba con una espectacular suma de dinero en sus manos. Ya se ha visto que uno de los principales lemas de este hombre era la paz. Quizá sea por ese motivo por el que, en medio de la ruina absoluta del país, construyó una basílica en su ciudad natal, Yamoussoukro, un poblacho al que tuvo el capricho de convertir en capital del país.

La basílica está consagrada a Santa María de la Paz. Es una copia aproximada de la basílica de San Pedro del Vaticano. Ocupa 130 hectáreas. El Guiness de los Récords la considera el edificio religioso más grande del mundo. Posee 7 363 m2 de vidrieras importadas de Francia y 700.000 m2 de mármol importado de España, Portugal e Italia. Se construyó en pleno hundimiento de la economía y, aunque no se han ofrecido datos sobre lo que ha costado, se estima que debió superar los 300 millones de dólares. En 1990 fue consagrada por Juan Pablo II. En una de las vidrieras, junto al altar, el dictador mandó poner su imagen al lado de la de Jesucristo. El número de cristianos en Costa de Marfil es de apenas 300.000.
Los motivos alegados por el propio Boigny para su conversión al cristianismo son que el cristianismo es un signo de modernidad y un obstáculo contra el Islam. Es hermoso escuchar tan puro y sentido testimonio de fe.

En fin, se dice que África es tierra de contrastes. Como contraste tenemos a las decenas de misioneros cristianos que se juegan -y algunos la han perdido- la vida intentando ayudar a los más débiles en este país.

Un premio por la paz.
No contento con esta eficacísima inversión en pro de la Paz, Boigny decidió crear el "Premio Félix Houphouët-Boigny para la consecución de la Paz", dotado con un cheque de 122.000 dólares. Ya sabéis, si trabajáis mucho por la paz igual os dan un premio como los de Pasapalabra.
El premio está patrocinado por la UNESCO que, en su resolución aprobando la iniciativa afirma:
"(...) que lleva el nombre del presidente Félix Houphouet-Boigny, decano de los jefes de Estado africanos, apóstol infatigable de la paz, la armonía, la fraternidad y el diálogopara resolver todos los conflictos tanto internos como externos."
Bueno, algunos de los afortunados ganadores del premio son:
-Nelson Mandela (a pesar de que Boigny apoyó al Apartheid)
-Yaser Arafat (a pesar de que Boigny apoyó la guerra de Yom Kippur)
-Isaac Rabin y Simón Peres (esto es más lógico)
-Jimmy Carter (esto también)
-Juan Carlos I (dos almas gemelas. De todos modos me alegro, porque al pobre le vendrán muy bien esos 122.000 dólares)

La oposición a Papá Boigny: Laurent Gbagbo.
Las mentes de un pueblo son relativamente fáciles de engañar. Pero los estómagos no. Cuando los agricultores de Costa de Marfil empiezan a pasar penalidades a partir de los ochenta, el primer instinto es, como ocurre siempre, echarle la culpa a los que están peor. Es así como surgen los primeros problemas denominados étnicos. Poseer un trozo de tierra en el que cultivar algo distinto a cacao que llevarse a la boca empieza a ser un problema de vida o muerte. Pero muchos de los habitantes de Costa de Marfil ni siquiera tenían acreditada su nacionalidad con un documento. Llegaron en los 60 de otros países, sobre todo del norte, de Burkina Faso, llamados por Papá Boigny para trabajar recolectando cacao y en plena euforia a éste se le olvidó censarlos como es debido. Así que, ante la escasez de tierras, si había alguien que tenía que marcharse de Costa de Marfil, eran los que carecían de documentación acreditativa.

Pero también había quienes, más reflexivos, comprendían que buena parte de la culpa de la miseria la tenía el régimen de Boigny. Uno de ellos era Laurent Gbagbo. Gbagbo procedía de una familia católica del oeste. Era hijo de un policía marfileño movilizado durante la Segunda Guerra Mundial para defender a la metrópoli. Se licenció en Historia y dedicó buena parte de su actividad profesional a la enseñanza y a la Arqueología. Ya en los 70 militó en un sindicato de profesores, lo que le valió dos años de cárcel, entre 1971 y 1973.

En 1982 participa activamente como profesor de la Universidad de Abidjan en manifestaciones estudiantiles y en la creación, junto con su esposa Simone, también sindicalista y profesora de Historia, de un partido de oposición clandestino, el FPI (Front populaire ivoirien.) En 1985 se exilia a Francia, donde intenta ganar para su causa al Partido Socialista francés. Sin embargo, éste está plenamente comprometido con el gobierno de Boigny y lo ignora. A pesar de ello, logra hacerse amigo de Guy Labertit, un miembro del PS experto en temas africanos. Cuando Boigny es conocedor de los progresos de Gbagbo en París, llega a un acuerdo con el gobierno francés. Exige que Gbagbo vuelva a Costa de Marfil y a cambio garantiza su seguridad personal. Para Boigny, Gbagbo resultaba menos peligroso en Abidjan que en París. En 1988 Gbagbo vuelve a Abidjan y Boigny, presionado por Francia, debe concederle el indulto y permitir que su partido, el FPI, se presente a las elecciones en 1990. El dictador declara, resignado, "En fin... Un árbol no debe inmutarse porque se le pose un pájaro." Lo cierto era que por primera vez en más de 30 años se posaba un pájaro en el árbol de Boigny. En 1990, por primera vez en su historia, Boigny debe enfrentarse en unas elecciones a un partido rival. Gbagbo obtiene un 18% de los votos y 9 escaños de los 175. Teniendo en cuenta las dificultades para hacer frente al aparato político y mediático de Boigny, no estuvo mal.
Los lectores de este blog no son crédulos. Más de uno estará preguntándose por qué Francia protegió a Gbagbo, por qué exigió a Boigny que aceptase someterse a unas elecciones después de tantos años favoreciendo y defendiendo al dictador.

Bueno. Los dictadores al final acumulan demasiado poder y se olvidan de quién los ha puesto ahí. Papá Boigny andaba un poco defraudado últimamente con sus amigos franceses, que le habían engañado con lo de las exportaciones de cacao. De hecho tuvo un conato de rebeldía. En 1987, ante la bancarrota del país se negó a seguir pagando la deuda externa y bloqueó las exportaciones de cacao para obligar a las multinacionales a ofertar precios más altos. Pero en 1989, ya enfermo, se resigna y cede a las imposiciones del FMI. Para tenerle controlado y asegurarse además de que hacía los deberes que el FMI le había mandado, le colocan de Primer Ministro a Alassane Outtara que, con el dictador cada vez más enfermo, pasa a ser el presidente en funciones.

En 1992 Gbagbo lidera una nueva manifestación estudiantil contra las medidas económicas del gobierno. Alassane Outtara, entonces, hace firmar al moribundo presidente una leyad hoc "contra malhechores" que le permite encarcelar de nuevo a Gbagbo. Para reprimir la manifestación empleó a su jefe del Estado Mayor, un militar brutal y efectivo llamado Robert Guéi.

1993. La muerte del dictador.
En diciembre de 1993 Félix Houphouët-Boigny muere tras una larga enfermedad. Antes de morir, seguramente como un último acto de venganza contra el FMI que le había amargado los últimos años de su vida, ratificó como sucesor según la Constitución al presidente de la Asamblea Nacional, Henri-Konan Bédié, su hombre de confianza en el PDCI. Alassane Outtara, viendo que su rival se convertiría en su nuevo jefe, dimitió de su puesto de Primer Ministro y fue reclutado como Director General Adjunto del FMI.

Una vez muerto Papá Boigny, una vez vendido el país a las multinacionales, solo quedaba organizar una guerra civil para evitar que nunca más levantase cabeza. El cacao, el café y el inmenso yacimiento de petróleo que por aquellos años se empezaba a sospechar que descansaba bajo las aguas de Costa de Marfil, bien lo valían.

En la próxima entrada continuaremos con los tristes sucesos que acontecieron tras la muerte del dictador y hasta la situación presente.

Extraído de La cocina de Dizdira