7 de junio de 2011

Son evitables los recortes?




Manel Ros

Si hay algo en lo que están de acuerdo los grandes partidos políticos, los grandes medios de comunicación y los empresarios es que según ellos no hay ninguna alternativa a los recortes sociales. Según ellos los recortes no sólo son necesarios, sino que son una condición imprescindible para salir de la crisis. El único debate que se dignan a tener es sobre cómo de grandes deben ser los recortes y hasta dónde tienen que llegar.
Pero todo esto no son nada más que excusas para hacer pagar a todos los y las trabajadoras por una crisis que no han provocado. “Nos tenemos que sacrificar” dicen, cuando en realidad lo que quieren decir es: “Os tenéis que sacrificar vosotros, para salvarnos nosotros”. No sólo esto, sino que esta idea de que los recortes son algo inevitable es totalmente falsa. En realidad hay dinero suficiente para no tener que hacer ningún tipo de recorte.

¿Qué se podría hacer? ¿Y de donde saldría el dinero? Según los propios inspectores de Hacienda, el Estado deja de ingresar debido al fraude fiscal 80.000 millones de euros. Casi nada. ¿Y de quién es responsabilidad este fraude fiscal? Pues precisamente de los mismos que dicen que nos tenemos que apretar el cinturón: la banca, las grandes empresas y las rentas más altas.

Por otro lado, el repetido argumento de que gastamos demasiado y por encima de nuestras posibilidades es otra vez falso. Simplemente responde a los intereses de la clase dirigente. El gasto público social por habitante en el Estado español —pensiones, servicios públicos como sanidad educación, escuelas de infancia, etc.— es sólo el 74% del promedio de la UE-15 (el grupo de estados de la UE con un nivel parecido de desarrollo). Si el Estado español gastara lo que se gastan los estados de la UE-15, tendría que gastar precisamente 80.000 millones de euros más.

Los ricos tendrían que pagar muchos más impuestos de los que pagan. A pesar de eso, si tan sólo pagaran lo que actualmente tendrían que pagar habría dinero más que suficiente para los servicios públicos que evitarían los recortes y los despidos de trabajadores y trabajadoras.

De hecho, todavía hay más dinero que se podría haber destinado a los servicios públicos y a crear ocupación de calidad. Hay que recordar que el Gobierno del PSOE ha dado a bancos y cajas casi 30.000 millones de euros —acuerdo que por otro lado también apoyaron el PP y CiU. A pesar de esto, se prevé que todavía puedan haber más ayudas a los bancos y cajas, llegando a los 80.000 millones de euros. Con el tiempo se ha demostrado que estas ayudas a los bancos, lejos de lo que argumenta Zapatero, no han ayudado en nada a salir de la crisis. La pregunta que nos tenemos que hacer es: ¿Por qué se ha dado este dinero a los bancos y después se han recortado servicios públicos igualmente? ¿No era precisamente para no tener que hacerlo?

Más impuestos para los ricos

Otro lugar de donde se podría sacar mucho dinero es subiendo los impuestos a los ricos, que a pesar de la crisis continúan teniendo beneficios multimillonarios y cuentas corrientes llenas de dinero. Las recientes palabras de Emilio Botín, presidente del Banco Santander donde decía: “somos claramente ganadores de la reciente crisis económica”, después de anunciar unos beneficios de 35.000 millones de euros en los últimos cuatro años, son un insulto a todos y todas las trabajadoras que están sufriendo los recortes. Y un llamamiento a hacer pagar a los que más tienen.

Coger de los que más tienen para redistribuir la riqueza parece lo más racional en una situación como ésta. A pesar de eso, el Gobierno de CiU decidió que lo mejor era hacer lo contrario, suprimiendo el impuesto de sucesiones en muchos de sus tramos. Con esta medida, de nuevo el Gobierno de Mas se pone del lado de los más ricos. Una medida que se calcula supondrá que la Generalitat deje de ingresar 150 millones de euros. Todo este dinero se podría haber destinado a cualquiera de los servicios públicos que se están recortando ahora mismo. Es más, si en vez de reducir los impuestos a los ricos, éstos aumentaran, todavía habría más dinero para destinar a los servicios públicos, que a la vez serviría para crear más puestos de trabajo en el sector público.

La realidad es que los recortes y las medidas de austeridad se han demostrado inútiles para resolver la crisis económica. A la hora de la verdad sólo han servido para convertir la deuda privada en pública y aumentar los beneficios de bancos y multinacionales. El Estado griego ha llevado a cabo fuertes recortes sociales y actualmente continúa sumido en una fuerte crisis, donde se duda si podrá pagar sus deudas. Portugal también lo ha probado y tuvo que pedir un préstamo de 80 billones de euros, lo que supondrá todavía más recortes. Irlanda también lo hizo y ahora está intentando re-negociar la deuda que tiene, de casi 80 billones de euros.

Los recortes no son ninguna salida a la crisis y hay una alternativa a todo esto. La alternativa pasa por la nacionalización de la banca, la redistribución de la riqueza de los ricos a los pobres y llevar a cabo un programa de creación de puestos de trabajo al sector público. Pero la única manera de conseguir esto es a través de la lucha desde la base de los y las trabajadoras.

Manel Ros es militante de En lluita / En lucha.



http://enlucha.org/site/?q=node/15993
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Pepinos, cerdos y enfermedades




El surgimiento de una nueva cepa letal de la bacteria Escherichia coli (E. coli) en los alimentos en Europa pone de manifiesto, nuevamente, el desastre sanitario en que nos ha metido el sistema agroalimentario industrial. Lo tratan como accidente, pero en realidad es algo cada vez más frecuente, porque es una consecuencia sistémica. Era lo esperable, al igual que el surgimiento de la gripe porcina y la gripe aviar.

Las autoridades sanitarias del gobierno alemán, donde primero se identificó el brote, acusaron como causantes de contaminación a los pepinos orgánicos españoles. Lo tuvieron que rectificar porque era falso, pero ya habían causando grandes pérdidas. Acusan también a tomates y lechugas, se especula con leche, carnes y agua embotellada. Según el Instituto Robert Koch de Alemania, se trata de una cepa desconocida, producto de recombinación de otras, que dio la nueva E. coli enterohemorrágica O104:H4. Al principio sospechaban de la E.coli O157:H7, la que se encontró en carne molida de grandes empresas como Cargill y que en 2008 motivó el retiro de 64 millones de toneladas de carne de Estados Unidos y miles de afectados.

En este caso dicen no saber de dónde salió ni cuánto va a durar, pero se ha extendido a varios países europeos y ha causado 18 muertes y más de 2000 internaciones que pueden tener consecuencias graves. Se podría agregar una larga lista de accidentes graves del sistema alimentario industrial (carnes contaminadas, melamina, dioxinas, aditivos y envases de plástico tóxicos, adulteraciones). Lo cierto es que gracias a la industria agroalimentaria controlada por una veintena de trasnacionales globales, la comida pasó de ser necesidad, placer y cultura, a convertirse en una permanente amenaza a la salud.En el caso de las bacterias E.coli, de las que hay muchas diferentes cepas, éstas son usadas y manipuladas en forma intensiva y masiva por la industria, por lo que están favoreciendo todo el tiempo la creación de nuevas cepas. Por ejemplo, son un elemento importante en la construcción de transgénicos (agro-alimentarios, farmacéuticos y veterinarios), son el vector de fermentación de la biología sintética (manipulando con genes artificiales bacterias E. coli y levaduras, por que son rápidas y fáciles de usar), son el vector para fabricar hormonas transgénicas (hormona de crecimiento bovino) para que las vacas produzcan absurdas cantidades de leche que las enferman y nos enferman. En la mayoría de los casos, para probar si la transgenia fue exitosa, les aplican antibióticos, por lo que además de la transferencia horizontal de material genético entre diferentes bacterias (que de por sí promueven los transgénicos), aumentan también la resistencia a antibióticos.

Como las E.coli están presentes en todas partes pero aumentan con ciertas condiciones (almacenamiento, transporte, temperaturas, etc) , en las grandes instalaciones se las combate con bactericidas lo cual promueve aún más mutación y resistencia.

La presencia de bacterias y virus, normales o por falta de higiene y otras condiciones, puede suceder tanto en pequeñas producciones locales, como en grandes. Pero en las pequeñas y descentralizadas, sea desde la cría animal a los cultivos, intercambio y procesamiento de alimentos, mercados locales, queda focalizada o diluida entre muchas otras fuentes de diversidad animal y vegetal.

Es justamente el carácter masivo y uniforme de los cultivos y animales que los hace más vulnerables, al tiempo que los ataques continuos con químicos que todo el tiempo crean más resistencia, agregado a largos transportes y diversos empaques que exigen los grandes supermercados, lo que converge para crear las cepas más peligrosas. Ya en la espiral destructiva, para controlar todo esta debacle de enfermedad que crean –las que se destapan y las muchas sobre las que no toman estadísticas– aplican más químicos como conservadores, aplican irradiaciación de alimentos y empaques con nanotecnología para que los alimentos parezcan frescos; aunque sean nocivos.

Igual que con la gripe porcina, no es verdad que las autoridades no sepan de dónde salió la nueva cepa. Incluso, desde ya, les podemos decir de dónde vendrán muchas de las próximas bacterias y virus patógenos.

El verdadero origen del desastre es que el sistema agroalimentario haya sido secuestrado por las trasnacionales y que para que ganen más, nuestra comida sea transgénica, nos haga obesos, tenga menos nutrientes y esté llena de venenos, sean químicos o nanotecnológicos. Tan brutal ha sido el secuestro en los mercados, que en lugar de tener que advertir los que tienen tóxicos, se etiqueta –con alto costo para productor y consumidor– los productos orgánicos, los que no tienen tóxicos. Y de pasada, afirman que son el origen de cepas patógenas.

Consecuentemente, el control de la inocuidad alimentaria se ha transformado en una máquina comercial que lejos de favorecer la salud pública y prevenir enfermedades, es un sistema selectivo de privilegios para las grandes empresas, para desplazar e impedir la producción y consumo de productos campesinos, de pequeños productores y de muchos países del Sur. (Recomiendo ver informe de Grain, Food Safety for Whom: Corporate Wealth vs. Peoples’s Health www.grain.org)

Pese a todo eso, 70 por ciento del planeta aún se alimenta de la producción campesina, comunitaria, familiar. Por la salud de todos y la del planeta, es lo que tenemos que rescatar y apoyar, contra la voracidad homicida de las trasnacionales.

* Investigadora del Grupo ETC.
La Jornada