15 de julio de 2011

La Guerra Civil española 75 años después: Contrarrevolución francofascista





El golpe de estado no sólo no frenó la revolución social sino que la desencadenó.

El 17 de julio de 1936 comenzaba el golpe de estado de los generales autoritarios en Melilla. Este proceder golpista era producto del miedo que la burguesía española tenía a la revolución social que latía en el seno de la clase trabajadora del campo y de la ciudad.

El golpe de estado no sólo no frenó la revolución social sino que la desencadenó. Que la clase trabajadora no se hubiese podido anticipar a un golpe de estado que era de conocimiento público sólo se puede entender por la impericia revolucionaria de las dos grandes fracciones del movimiento obrero español, la socialista y la anarcosindicalista.

Carentes ambas fracciones de una teoría de la conquista del poder, que les hubiese posibilitado preparar una insurrección de la clase trabajadora para aniquilar de raíz el cantado golpe de estado, fueron a remolque de los hechos. La clase trabajadora tampoco tuvo la ayuda del gobierno republicano ya que este prohibió de forma tajante que se la armase. No obstante, la clase trabajadora española se va a echar a la calle para parar el golpe de estado y, por insólito que parezca, derrotó en buena parte del territorio peninsular a los golpistas sin contar con la dirección política previa de sus organizaciones y sin la ayuda material del gobierno republicano.

La parcial derrota del golpe de estado va a traer el comienzo de la Revolución social en el campo republicano y la Contrarrevolución fascista en el campo autoritario.La dinámica de los golpistas de querer evitar la revolución social y la coyuntura europea marcada por el auge del fascismo y del nazismo van a llevarles a la construcción de un Estado fascista. Si bien la derecha mayoritaria ya venía hablando del Estado corporativo desde los tiempos de la Renovación Española de Antonio Goicoechea y de la CEDA de Gil Robles, el Estado fascista no estaba diseñado a priori pero se fue imponiendo de forma natural tanto por el talante autoritario de los militares y de su base social como por la imprescindible ayuda para ganar la guerra que les otorgaron la Alemania nazi y la Italia fascista.

Una serie de casualidades hicieron que Franco se convirtiera en jefe militar y político de las fuerzas golpistas. El asesinato por Guardias de Asalto del nuevo líder político de la derecha Calvo Sotelo, la muerte en accidente de avión del general Sanjurjo cuando se disponía a liderar el golpe militar, la prisión en campo republicano del líder de Falange José Antonio y la concentración de la ayuda nazi y fascista en la persona de Franco, por disponer este del ejército colonial, sin el cual el fracaso del golpe de estado era más que seguro, posibilitó que Franco terminase convirtiéndose en el “Caudillo”, en el jefe del Ejército, del Estado y del Partido.

La ayuda de Hitler y de Mussolini a Franco se materializa en seguida. A finales de julio el dictador nazi ya hizo aprobar la “Operación Fuego Mágico”, a través de ella le llegan a Franco veinte aviones de transporte. También a finales de julio el ministro de Asuntos Exteriores de Mussolini, conde Ciano, responde afirmativamente a la petición de Franco de 12 bombarderos Savoia. Con los aviones de transporte nazis y los nueve bombarderos fascistas que llegaron, tres se extraviaron, Franco puede organizar el imprescindible paso del Estrecho de Gibraltar, tanto por aire como por mar ya que sus bombarderos le impedirán a la flota republicana, gran parte de ella en manos de la República gracias al proceder revolucionario de la marinería, ser actuante. Con el paso del Estrecho empezará verdaderamente la Guerra Civil. Las fuerzas coloniales ocuparán parte de Andalucía y la totalidad de Extremadura y se dirigirán como una flecha a Madrid. Allí, el pueblo de Madrid, las columnas de milicianos y los primeros contingentes de las Brigadas Internacionales pararán en seco a las tropas coloniales.

La Batalla de Madrid supuso un antes y un después. Ella indicó que el golpe de estado como tal estaba ya completamente fracasado y que rendir al campo republicano de inmediato era una imposibilidad. A raíz de aquí Hitler y Mussolini incrementaron su ayuda. El dictador italiano creó un departamento especial para canalizar la ayuda militar a Franco, el “Ufficio Spagna”. Esta ayuda fue enorme en bombarderos, carros ligeros y miles de soldados, unos 75.000 a lo largo de la guerra, a través del Corpo di Truppe Volontarie. El almirante Canaris, jefe del servicio secreto de información del ejército nazi, le propuso a Franco crear la Legión Cóndor, que llegó con sus aparatos, pilotos y servidores.

Así, de la Alemania de Hitler y de la Italia de Mussolini vendrán los bombarderos que permitirán machacar de forma sistemática las ciudades republicanas. Toda esta ayuda posibilitó un hecho totalmente insólito, por primera y única vez en los anales del capitalismo un ejército colonial invadía la metrópoli, asesinaba a sus ciudadan@s y bombardeaba sus ciudades. Para Franco este bárbaro proceder estaba justificado porque los regímenes a los que quería emular, la Alemania nazi y la Italia fascista, representaban para él, como afirmó en un discurso en Salamanca, “el baluarte de la cultura, la civilización y el cristianismo en Europa”.

Los autoritarios y fascistas ejercitarán el asesinato clasista y en masa desde el comienzo de su proceder golpista. Ya Mola, el “Director” del golpe, había sentenciado en sus órdenes previas que “la acción ha de ser en extremo violenta, para reducir lo antes posible al enemigo”. La sangría de Badajoz es un claro botón de muestra de esta barbarie teorizada a priori. Pero no solo masacraban a su paso hacia Madrid a trabajadores del campo que habían tenido la osadía de luchar por una real reforma agraria ocupando fincas de terrateniente, sino que en una clara venganza de clase y de género raparon, violaron y asesinaron a cientos de mujeres “rojas”.

Los bombardeos sobre las ciudades del campo republicano no sólo serán constantes a lo largo de toda la guerra sino que se irán haciendo más sistemáticos, más destructivos, más criminales. Al comienzo bombardearon un Madrid completamente indefenso hasta que el 4 de noviembre de aquel primer año de la barbarie francofascista el cielo madrileño vio surcar los primeros aviones de caza soviéticos, los I-15, cariñosamente denominados por el pueblo madrileño como “Chatos”. Mientras los cazas soviéticos fueron superiores técnicamente a los de nazis y fascistas estuvo parcialmente protegido el cielo republicano. Pero esto duró poco, mientras el aumento de la ayuda nazi y fascista era cada vez mayor la ayuda soviética era controlada por Stalin para que se contuviera pero no se derrotara al fascismo. Así, a los bombardeos de Madrid y a la destrucción de Gernika vinieron los bombardeos sistemáticos de Cataluña. Sobre ella las oleadas de bombarderos de la aviación fascista italiana preludiaron los que vendrían en la Segunda Guerra Mundial. Cataluña terminará sufriendo los mayores y más sistemáticos bombardeos de la guerra civil.

Ante la bárbara ayuda que los nazis y fascistas prestaban a Franco las democráticas Gran Bretaña, Francia y Estados Unidos no sólo no ayudaron al legítimo gobierno de la República sino que impidieron que esta pudiese comprar material bélico, sólo a la URSS de Stalin pudieron recurrir los gobiernos republicanos. Gran Bretaña y Francia creaban el hipócrita Comité de No Intervención que sirvió exclusivamente para impedir el rearme de la República y que la ayuda de nazis y fascistas llegase masivamente a la España de Franco. Por su parte, el gobierno democrático de los EEUU además de no venderle armas a la República permitió que una multinacional suya del petróleo, la Texas Oil Company (Texaco), surtiese a Franco de combustible a crédito abierto. Con este proceder no cabía ni pensar que las democracias fuesen a hacer algún esfuerzo para parar la extensión del fascismo, aunque esta desidia de las democracias liberales posibilitaba el fortalecimiento de la Alemania nazi y, por lo tanto, que comenzase la Segunda Guerra Mundial donde y cuando Hitler quisiese.

Franco sabía muy bien lo que quería, erradicar la semilla de la revolución social de España de una vez para siempre. Para esto tenía que aniquilar a los cuadros políticos de la clase trabajadora -que eran miles-, someter al resto de la clase al Estado y perpetuar en ella el miedo. Con la guerra de desgaste Franco no sólo arrasó al ejército de la República sino que fue aniquilando en el territorio conquistado a todo aquel que por activa o por pasiva se hubiese opuesto al Glorioso Alzamiento Nacional. Primero justificó la barbarie a través de los Bandos de Guerra y después por medio de los Consejos de Guerra. Ambas formas eran una cínica manera de cubrir con aires de legalidad la masacre social ejecutada -la escalofriante cifra de 130.199 asesinatos están hoy ya documentados con nombres y apellidos, y si bien se están descubriendo nuevas fosas miles de víctimas más saldrían a la luz si los asesinos y su progenie no hubiesen destruido la documentación.

Para someter a la clase trabajadora no era suficiente con aniquilar coyunturalmente a sus cuadros y a sus combatientes o militantes directos sino que había que controlarla sindicalmente y aterrorizarla socialmente durante años. Para esto era imprescindible una estructura estatal que no le permitiese a la clase trabajadora ni un resquicio por donde colar su actividad sindical y política, el Estado fascista. La ayuda militar y política de la Alemania nazi y la Italia fascista y la pasividad de las democracias liberales de Gran Bretaña, Francia y los Estados Unidos posibilitó que Franco pudiese ir diseñando su entramado estatal según avanzaba su victoriosa contienda bélica.

Que el Estado fascista en construcción que Franco lideraba no era un mero instrumento pasajero para ganar la guerra lo dejó bien sentado el propio Franco en una carta que le envió a Alfonso XIII, que había donado a los golpistas un millón de pesetas, en la que le avisa que no va a restaurar de inmediato la monarquía. No sólo avisó al desterrado monarca, en julio de 1937, en una entrevista a la United Press, afirma que su Estado “seguirá la estructura de los regímenes totalitarios como Italia y Alemania”. Al poco, en agosto, se promulgan en el BOE los estatutos de la FET y de las JONS, en cuyo artículo 47 se decía que “El Jefe es responsable ante Dios y ante la historia”.

En septiembre de 1936 Franco, por la relación de fuerzas en el generalato golpista, había sido nombrado “Generalísimo” de los ejércitos. Al poco, el 1 de octubre de 1936, era investido ya como Jefe de Estado. Esto le llevó a nombrar su propia Junta Técnica del Estado que sustituía a la Junta de Defensa Nacional que, presidida por el general Cabanellas, había sido una construcción de los generales golpistas y a la que en un primer momento no había pertenecido Franco. El 2 de diciembre de 1937 Franco juraba en el monasterio de Santa María de las Huelgas (Burgos) como Jefe de la FET de las JONS, que genéricamente se conocerá como Falange o Movimiento. Era ya el Comandante en Jefe del Ejército, el Jefe del Estado y el Jefe de Falange, el “Caudillo” militar y político.

Este régimen, denominado el “Nuevo Estado”, formará su primer gobierno oficial el 30 de enero de 1938. El “Nuevo Estado” se irá estructurando paso a paso. El 10 de marzo de 1938 se promulga en el BOE el “Fuero del Trabajo”, en él se encuadraba verticalmente a la clase trabajadora en el Estado y la huelga era declarada un delito de “lesa patria”, lo que venía a ratificar todo lo hecho anteriormente ya que la huelga estaba prohibida con pena de muerte desde los primeros Bandos de Guerra de los golpistas. Los partidos del Frente Popular ya habían quedado prohibidos oficialmente el 11 de enero de 1937 y el 25 de abril ya se había decretado el saludo fascista.

En el año 1939 Franco no sólo contaba con la ayuda directa de la Alemania nazi y la Italia fascista, el 27 de febrero Gran Bretaña y Francia reconocen oficialmente el gobierno francofascista. El mismo día que Franco emite el último parte de guerra, el 1 de abril, los EEUU reconocen su gobierno. Al día siguiente la prensa publica el telegrama de felicitación que el papa Pío XII envía a Franco, “levantando nuestro corazón al Señor, agradecemos sinceramente, con V.E., deseada victoria católica España”, lo que venía a ratificar bien públicamente el apoyo de la Iglesia española a la “Cruzada” del invicto Caudillo.

Terminada la guerra prosiguió la consolidación del Estado fascista a través de las denominadas Leyes Fundamentales y se sistematizó la represión sobre las “hordas marxistas”. Franco dejó bien claro su programa el 17 de julio de 1940 cuando advirtió que “hemos derramado la sangre de nuestros muertos para hacer una Nación y para forjar un imperio”. Esto significaba que la conclusión de la guerra era la continuación de la barbarie.

Madrid, 11, julio, 2011

Antonio Liz.Kaosenlared

Siria: El pueblo quiere que caiga el régimen




“Ash-sha’ab yurid isqat an-nitham”, “El pueblo quiere que caiga el régimen”, es el grito de las revoluciones tunecina y egipcia, y hoy también de cientos de miles de sirios, que protestan contra la hereditaria dictadura de los Assad.

Ya han pagado un precio muy alto: unos 1.300 muertos, miles de detenidos y recientemente un éxodo masivo hacia el país vecino, Turquía, para escapar de la represión. En un caso extremo, Hamza el-Khatib, un chico de 13 años, fue horriblemente torturado y asesinado por las fuerzas del Estado a finales de mayo.

Siria vive bajo el control directo del partido Baaz desde 1963. Hafez al-Assad tomó el poder en 1970: con su muerte en 2000 el mando pasó a su hijo, Bashar al-Assad.

Inspirados por Túnez y Egipto, el 3 de febrero de 2011 jóvenes sirios, principalmente exiliados, convocaron protestas por Facebook. Internet tiene poca implantación en Siria, y hubo poca respuesta. Pero todo el mundo veía las imágenes de Tahrir por Al Jazeera: la confianza y la rabia se contagiaron y las protestas crecieron. A finales de marzo, ya contaban con miles de participantes en muchas ciudades, y con más de 100.000 en Deraa, una ciudad del sur de Siria, cerca de los Altos de Golán, ocupados por Israel. Cuando el ejército, dirigido por Maher Assad, hermano del dictador, reprimió a los manifestantes, le gritaron: “¡Maher, eres cobarde! ¡Envía a tus tropas para liberar el Golán!”Desde entonces, y a pesar de la brutal represión, las protestas se han extendido por todo el país.

Ghayath Naisse, activista sirio exiliado y miembro del Comité de apoyo a la intifada siria, explica que las protestas son muy espontáneas: “Hay una oposición política, pero es muy pequeña y basada en la clase media; tiene poca conexión con el movimiento popular, formado sobre todo de gente pobre.”

Según Naisse, la gente grita contra la corrupción, y por la libertad y la justicia social.

Explica que, actualmente, el 70% de la riqueza está en manos de un pequeño círculo de familiares y amigos de Assad. Assad es alauita, pero la élite es multiconfesional. La lucha en Siria no es sectaria, entre alauitas y sunitas. Los alauitas no son los privilegiados en Siria: la parte alauita del país es muy pobre. Naisse explica: “Gente de todas las religiones participa en las protestas, pero dado que la mayoría de la población son sunitas, la mayoría del manifestantes también lo son.”

Algunos sectores de la izquierda occidental —e incluso uno de los partidos comunistas de Siria— dicen que este país es antiimperialista, y tachan a los manifestantes de agentes de EEUU e Israel.

En realidad, y más allá de algunas discrepancias coyunturales, la dictadura de los Assad tiene un largo historial de colaboración con EEUU. Naisse mantiene que su “antiimperialismo” es sólo una postura: “Su única estrategia es mantenerse en el poder”. “El aliado de verdad de la resistencia es el pueblo sirio, no el régimen”, añade. De hecho, es evidente que Israel prefiere Assad a los peligros de una revolución popular.

El movimiento revolucionario egipcio lo tiene claro, y ya ha realizado protestas contra la represión, ante la embajada siria en El Cairo.

La Plataforma Aturem la Guerra —el amplio movimiento antiguerra de Catalunya— también ha declarado su solidaridad con el pueblo sirio, igual que antes lo había hecho con los pueblos de Túnez, Argelia, Egipto…: “Condenamos la brutal represión que está ejerciendo el gobierno sirio contra su población. Ningún gobierno puede ahogar en sangre las legítimas aspiraciones populares de la democracia, la justicia social y el respeto de los derechos humanos.” La Plataforma ha apoyado las manifestaciones organizadas en Barcelona por la Asociación sirio-catalana por la libertad y la democracia.

Nada de esto implica apoyar una intervención extranjera. Tampoco la quieren los activistas sirios. Declara Naisse: “No deseamos en Siria lo que hemos visto en Irak, ni lo que vemos ahora en Libia.”

¿Cuáles son, entonces, las perspectivas para la revuelta siria?

Igual que antes en Túnez y Egipto los dirigentes dicen: “o yo o el caos y la violencia”. Igual que en aquellas revoluciones, la gente ha perdido el miedo, y no parece que la brutal represión consiga acabar con las protestas.

Pero la lucha en Siria se enfrenta a grandes retos.

Si bien la revuelta no es sectaria, el régimen intenta promover el sectarismo para dividir la oposición, igual que lo hacen elementos de la dictadura en Egipto, hasta ahora sin éxito.

Algunos sectores de la izquierda occidental se suman a estos intentos, alegando que el movimiento está dominado por los Hermanos Musulmanes que “esconden armas en las mezquitas”.

La verdad es que, debido a la dura represión —y al apoyo al régimen por parte de los partidos “comunistas”— hay pocos movimientos sociales independientes, y la poca organización que hay se basa sobre todo en el islam. En Egipto también hubo muchos islamistas en las protestas, y eso no fue motivo para negarles apoyo.

Y los que justifican un régimen que ha asesinado a más de mil personas —incluyendo, según la oposición, muchos soldados que se habían negado a disparar— no tienen base moral para criticar el movimiento por intentar defenderse.

¿Cuál puede ser el eje vertebrador del movimiento en Siria? No será una religión —hay muchas— ni tampoco la arabicidad: hay otras nacionalidades, como los kurdos.

En Egipto hoy, la clave es cada vez más la clase social. La burguesía y gran parte de la pequeña burguesía —ya sean “liberales laicos” o islamistas— defienden la cúpula militar. La clase trabajadora, los campesinos y los pobres en general buscan la justicia social, y esto no vendrá de unas limitadas reformas democráticas, sino que requiere un cambio mucho más profundo.

Esta división social también existe en Siria; lo que falta es una izquierda organizada capaz de expresarla de manera consciente.

Pero soplan aires de cambio, y de lucha social. Podemos esperar que en Siria, así como en los otros países en lucha, surjan nuevas organizaciones y conciencia desde la propia revuelta.

Como dice Naisse: “Ya no se puede volver al pasado, la región ha cambiado.”
David Karvala
Artículo publicado en en semanario La Directa

Turbulencias en Die Linke




El partido Die Linke (La Izquierda), fundado con gran expectación hace cuatro años y que pronto se convirtió en una sólida fuerza progresista en el panorama político alemán, con 76 diputados en el parlamento federal y presente en 13 de 16 parlamentos regionales, se enfrenta ahora a serios problemas, que pueden resultar fatídicos. Fuerzas centrífugas en el interior del partido, que tanto daño han hecho este último año, han cristalizado ahora en una dura controversia sobre la política israelí y las acusaciones de antisemitismo.
Die Linke ha sido blanco del odio de los cuatro partidos establecidos, a los que incluso ha llegado a infundir miedo. Los ataques arreciaron cuando los votantes y muchos militantes castigaron al Partido Socialdemócrata y a Los Verdes, que ahora están en la oposición en el plano nacional, porque daban la impresión de defender, cuando no gobernaban, políticas progresistas, paro olvidarse de ellas cuando estaban en el poder. Los partidos gubernamentales de derechas, la Unión Demócrata-Cristiana y el Partido Liberal-Demócrata, que ahora también se enfrentan a importantes pérdidas electorales, siempre han hecho cuanto podían por poner en la picota al más bien flacucho chivo expiatorio de la izquierda.

El pasado 15 de mayo, todos ellos se abalanzaron sobre Die Linke en el parlamento federal durante un debate de toda una jornada de duración sobre “las posiciones antisemitas y hostiles a Israel de Die Linke”. Entre los vilipendiados figuraba un dirigente del partido de Duisburgo, en la Cuenca del Ruhr, que había impulsado la campaña por el boicot a los productos procedentes de Israel, o al menos los elaborados en Cisjordania pero falsamente etiquetados con la indicación “Made in Israel”. Desde que arrancó en 2005 en una reunión del Foro Social Mundial en Porto Alegre, Brasil, esta campaña se ha extendido a muchos países y propugna el fin de la ocupación de Palestina, el derribo del Muro que se está construyendo allí y la defensa de los derechos de los palestinos forzados a abandonar sus hogares. Fue inmediatamente desautorizado por instancias superiores del partido, pese a que él rechazó toda acusación de antisemitismo apuntando a su activa militancia antinazi en el pasado.

En Bremen, dirigentes locales de Die Linke se negaron a alinearse con los demás partidos en una condena general de este boicot a los productos israelíes o supuestamente hecho en Israel. Aunque ellos también se oponían a este boicot en Alemania, que recordaba a la gente los letreros de la época de Hitler que decían “No compréis a los judíos”, dijeron que no podían condenar este tipo de llamamientos por parte de grupos palestinos en cualquier parte del mundo, justificando su postura en la opresión que sufren actualmente los palestinos, los desvalidos de hoy, y en el apoyo sesgado de Alemania al gobierno israelí incluso ante acciones condenadas por muchos países de todo el mundo, como los ataques contra Gaza o la construcción del Muro.

Después, nuevamente en Duisburgo, la única ciudad de la parte occidental de Alemania en que Die Linke participa en el gobierno municipal (lo que no es mera coincidencia), de pronto se descubrió un mensaje en un oscuro enlace que aparecía en la página web del grupo juvenil próximo a Die Linke. Se trataba de un panfleto claramente antisemita, fascistoide, encabezado por un logotipo formado por la estrella de David combinada con la cruz gamada. Fue inmediatamente desaprobado por el partido, que emprendió acciones legales contra los autores de la publicación, y todo apuntaba a que se trataba de una provocación. Sin embargo, los medios de comunicación ya tenían lo que querían. Y también los diputados del parlamento federal.

Los ataques se centraron sobre todo en quienes apoyan a la “flotilla de Gaza” que se apresta a un nuevo intento de romper el bloqueo marítimo de este enclave palestino sitiado en la costa mediterránea, esta vez, simbólicamente, con suministros médicos que tanta falta hacen en la Franja. En una acción similar realizada el año pasado, en el barco “Mavi Marmara” estaban presentes dos diputados de Die Linke cuando fue abordado por el ejército israelí en un ataque que costó la vida a nueve personas que viajaban a bordo.

En respuesta a estos ataques, los parlamentarios de Die Linke, reunidos el 7 de junio, adoptaron unánimemente la siguiente resolución:
“Los miembros del grupo parlamentario de Die Linke seguirán actuando en el futuro contra toda forma de antisemitismo en la sociedad. Ni hoy ni nunca se ha tolerado en nuestro partido ni el extremismo de derechas ni el antisemitismo. El grupo parlamentario de Die Linke se opone con firmeza a la mentalidad antisemita y a los actos de extrema derecha. Los miembros del grupo declaran, por encima de todas las discrepancias y de acuerdo con la decisión del 21 de mayo del Ejecutivo del partido, lo siguiente:
“No participaremos en ninguna iniciativa relacionada con el conflicto de Oriente Próximo que reclame una solución de un Estado para Palestina e Israel ni en ningún llamamiento a boicotear los productos israelíes, como tampoco en la ‘flotilla de Gaza’ de este año.
“Esperamos que todos los miembros del grupo parlamentario y de su equipo se ajusten a estas posiciones.”
De común acuerdo, 14 diputados que se oponían a esta declaración abandonaron la sala antes de la votación para que pudiera considerarse adoptada por unanimidad (en total el grupo cuenta con 76 diputados).

Hubo reacciones inmediatas que dejaron claro que hiciera lo que hiciera Die Linke, sus adversarios no iban a darse por satisfechos. Dieter Graumann, presidente del Consejo Central de los Judíos en Alemania, escribió un largo artículo en un periódico de gran tirada, el Süddeutsche Zeitung. Después de admitir que Die Linke se había mostrado particularmente activo en la lucha contra los neonazis, como por ejemplo en el bloqueo de su congreso anual en Dresde el pasado mes de febrero, afirmó que en las filas del partido cunde el antisemitismo. Por un lado, recordó que la República Democrática Alemana (RDA, la antigua Alemania Oriental) había mantenido estrechos lazos con movimientos y países árabes dispuestos a reconocerla, pero nunca estableció relaciones con Israel, país que desde muy temprano mantenía vínculos muy estrechos con la República Federal Alemana (RFA, la antigua Alemania Occidental). Sin embargo, son en gran medida los dirigentes de Die Linke de la parte oriental de Alemania los que actualmente podrían considerarse más “proisraelíes”. Así que centró sus ataques en lo que llamó el odio “francamente patológico” a Israel, especialmente en sectores occidentales del partido. El núcleo de su crítica, que refleja la estrecha relación del Consejo Central con Israel, consiste en rechazar como “antisionista” y “antisemita” la mayor parte –por no decir la totalidad– de las críticas a la política israelí hacia Gaza y los palestinos.

La reacción ante la declaración del grupo parlamentario, al menos por parte de la dirección del partido, fue más que turbulenta. Mientras que nadie estaba en contra de las críticas al antisemitismo, que siempre han sido un principio fundamental de Die Linke, muchos estaban en desacuerdo con la negativa a debatir siquiera otras cuestiones, como el boicot. En cuanto a la cuestión de la solución de un Estado, la mayoría tendía a considerar que esto debía dejarse en manos de los israelíes judíos y árabes y de los palestinos. Pero la cuestión de la “flotilla de Gaza” era especialmente sensible; uno o dos parlamentarios del partido tenían previsto participar de nuevo este año. Y muchos se mostraron especialmente molestos con la última frase restrictiva, que consideraban una mordaza impuesta a todos los parlamentarios, la primera en producirse en el joven partido. Algunas agrupaciones del partido, sobre todo de Alemania occidental, protestaron.

Es un debate, por supuesto, que viene desarrollándose con crudeza desde hace años en círculos judíos y otros sectores de muchos países. Sin embargo, especialmente en Alemania existe siempre el peligro añadido de que los nazis, viejos y nuevos, puedan sacar tajada del creciente descontento que sienten muchos alemanes con la política israelí en Cisjordania, los ataques contra Gaza durante la guerra de 2008-2009, el abordaje del “Mavi Marmara”, los desaires deliberados al vicepresidente de EE UU, Biden, a Obama y a las Naciones Unidas con la construcción de asentamientos en Jerusalén Este y Cisjordania. Mientras que el Consejo Central de los Judíos y sus amigos de los medios de comunicación y de las esferas gubernamentales apenas han criticado alguna vez dicha política, algunas personalidades judías de Alemania han hecho justamente esto, como la famosa abogada israelí Felicia Langer, que ahora vive en Alemania; Evelyn Hecht-Galinski, hija del anterior presidente del Consejo Central de los Judíos hasta su muerte en 1992, y Rolf Verleger, un dirigente del Consejo hasta que fue expulsado por oponerse a la invasión del Líbano por parte de Israel. Y fue una organización de alemanes judíos la que se mostró más activa en la organización de un “barco alemán” para la segunda “flotilla de Gaza”.

¿Dónde termina la crítica a Israel y comienza el antisemitismo? La existencia de Israel apenas se ha cuestionado alguna vez en las filas de Die Linke, pero ¿dónde termina la legítima defensa y comienza la obediencia ciega a la política israelí, desde el rechazo frontal del informe Goldstone hasta el reconocimiento del Estado palestino en septiembre? ¡Qué difíciles y delicadas son estas cuestiones en todas partes, y no digamos en Alemania! En una carta abierta, más de un centenar de israelíes que luchan activamente a favor de la igualdad de los palestinos criticaron severamente la declaración del grupo parlamentario de Die Linke, en particular su “prohibición” de participar en la “flotilla de Gaza”, señalando que eso constituía una capitulación en toda regla. Algunos miembros del partido se mostraron de acuerdo con ellos, pero otros apoyaron públicamente la dura crítica al partido que había formulado el presidente del Consejo Central de los Judíos.

Un grupo formado dentro del partido, o más exactamente dentro de “Solid”, la organización juvenil, ha estado intentando durante años situar esta cuestión en el centro del debate, a sabiendas de que es susceptible de dividir al partido o incluso de acabar con él. Este grupo, autodenominado “Shalom” y dirigido por unos cuantos profesores universitarios, no solo defendía posturas sistemáticamente favorables a todo lo que decía o hacía el gobierno israelí, sino que además hacía extensivo su apoyo a las políticas de Washington, situándose casi a la derecha de George W. Bush, al apoyar plenamente la guerra de Irak, por ejemplo, y atacar a todos los islamistas y musulmanes sobre la base de planteamientos racistas. ¡Incluso tachaban de antisemitas las críticas a la política de EE UU! Aunque hostiles a prácticamente todos los principios de Die Linke, siempre contaban con algún apoyo dentro del partido y una resonancia favorable en los medios de comunicación.

Ahora este grupo ha vuelto a adquirir protagonismo al verse implicadas dos alas del partido, que durante mucho tiempo han estado enfrentándose soterradamente entre ellas en torno a otras cuestiones, en el debate sobre Israel y Palestina. Una de ellas es más fuerte en Berlín Oriental y Alemania Oriental, donde el voto relativamente amplio a favor de Die Linke (en muchos casos más del 20 %) ofrece muchas posibilidades de entrar en los gobiernos locales, provinciales o regionales. Así, Die Linke forma parte de la coalición gobernante de los Estados federados de Berlín y Brandemburgo, y en otros Estados es el segundo partido más votado. Muchos dirigentes del partido de Alemania Oriental temen que se les considere demasiado radicales para estar en las instituciones; algunos incluso sueñan con asociarse con los socialdemócratas y los Verdes en un gobierno nacional tras las elecciones de 2013. No quieren espantar más de lo necesario a esos dos partidos, y esta actitud se refleja también en la cuestión israelo-palestina.

La otra ala, que tiene más peso en los Estados de Alemania Occidental, saca muchos menos votos en las elecciones y muy pocas veces ha tenido posibilidades de entrar en algún gobierno en cualquier nivel. Esto y su pasado en general más militante han convertido a este sector en la base del ala más radical del partido. Remitiéndose a los libros de historia, por ejemplo, está en contra de cualquier intervención de las fuerzas armadas alemanas fuera del país, aunque sea en operaciones autorizadas por la ONU. Puesto que los socialdemócratas y los Verdes no aceptarían nunca a un socio que esta postura, el ala “reformadora” ha pretendido moderarla, admitiendo excepciones. Los más radicales piden un claro compromiso con el objetivo del socialismo y rechazan toda privatización de las empresas públicas, mientras que algunos de los reformadores insisten en que el capitalismo, aunque básicamente es malo, sin duda, en estos momentos no es tan terrible como sostienen los otros. Estas querellas se repitieron en los debates a veces acalorados en torno al programa oficial del partido, cuya versión actual es demasiado “izquierdista” a los ojos de los reformadores. Estos últimos reclaman cambios importantes, mientras que los radicales, aunque también quieren introducir cambios, insisten en la orientación básica anticapitalista y antimilitarista.

Y ahora, para echar aún más leña al fuego, estalla el debate largo tiempo soterrado sobre Oriente Próximo, cuyas líneas divisorias son prácticamente las mismas. Gregor Gysi, presidente del grupo parlamentario de Die Linke en el parlamento federal y curiosamente el único dirigente de un partido en Alemania que es judío, al tiempo que insistía en rechazar con firmeza cualquier influencia antisemita en las filas del partido, quiere ahora moderar la declaración del grupo parlamentario, probablemente con la mirada puesta en quienes apoyan a la “flotilla de Gaza” y la libertad de expresión.

Ironías de la historia, los viejos partidos, y muy especialmente los dos que forman el gobierno federal, tenían las filas repletas de antiguos nazis cuando todavía vivían, muchos de los cuales se callaron sus puntos de vista de antes y sus antecedentes, pero tuvieron cuidado de ganarse aceptación estrechando lazos con Israel. Y sin duda es Die Linke el partido que combate más activamente a los neonazis, a menudo a despecho de los políticos de los viejos partidos.

Sin embargo, ahora los sondeos dan a Die Linke del 7 al 9 % de los votos a escala nacional, frente a un récord de casi el 12 %, y anuncian probables descensos en las dos elecciones regionales que quedan hasta finales de año, incluida la de Berlín, que es crucial. Muchos miembros, del este y del oeste, se preguntan si está bien que el partido se despedace en torno a cuestiones teóricas o distantes, incluido el conflicto de Oriente Próximo, mientras la gente se enfrenta a dolorosos aumentos de los alquileres y de los gastos en dentistas y médicos y, a pesar del alivio en materia de desempleo (en parte a costa del sur de Europa), a la proliferación de puestos de trabajo temporales y mal pagados en los que se gana salarios que no dan para vivir.

¿Puede cambiar esta situación? ¿Pueden cerrarse las fisuras? Los próximos meses pueden ser decisivos para un partido que sigue siendo tan necesario como Die Linke.


8/7/2011

Victor Grossman es un periodista y escritor norteamericano, que residió varios años en Berlín Este. Es el autor de Crossing the River: A Memoir of the American Left, the Cold War, and Life in East Germany (Universidad de Massachusetts Press, 2003)
Viento Sur