27 de julio de 2011

Reflexiones desde la experiencia argentina para el debate sobre la deuda en Portugal, Grecia, Irlanda, España…




Eduardo Lucita, de Economistas de Izquierda (EDI), Argentina

A principios de este mes se conoció en Buenos Aires que la “La agencia de calificación Moody’s rebajó su nota a Portugal… y baraja la posibilidad de bajarla aún más a corto plazo, por estimar que el país no obtendría nuevos prestamos en los mercados sin otro plan de rescate”… “Portugal no logra cumplir sus promesas con los prestamistas en materia de reducción de su déficit”…” “La baja en la nota refleja el creciente riesgo de Portugal de tener que recurrir a una nueva financiación oficial”. Clarín 6.07.11 Durante todo este mes la situación de la deuda en Europa se ha agravado, el reciente nuevo salvataje a Grecia no ha despejado la crisis, por el contrario todos parecieran concordar que es una solución muy transitoria. Mientras que en los EEUU demócratas y republicanos parecieran estar jugando al borde del abismo, sin tener en cuenta el impacto en la economía global. Todo indica que marchamos a una nueva recesión internacional, localizada en los países centralesEstas noticias me permiten una reflexión sobre la crisis de deuda en Portugal, que todo indica está siguiendo el mismo camino que Grecia. Si se compara con lo que pasó en Argentina años atrás se verá que es el mismo camino por el que los llevan el FMI y el BCE.

Lo que desde aquí se percibe es que el Consenso de Washington que lideró en América latina durante los ’90, la década neoliberal por excelencia, pareciera haberse mudado a Europa.

Por lo tanto creo que socializar la experiencia Argentina puede ser útil para nuestr@s compañer@s de Portugal y de otros paises

La deuda argentina era mayoritariamente externa y emitida en moneda extranjera. Esto cambió con el agotamiento de la convertibilidad y el fin de la valorización financiera y se consolida con la reestructuración del 2005 (completada con los pagos al FMI y otros con reservas y la reapertura del canje), porque también hay un cambio en el modelo de acumulación y reproducción de capitales. Esto fue posible por el ciclo expansivo de la economía iniciado en el 2003. Estamos ahora frente a un modelo de acumulación surgido de las entrañas mismas del neoliberalismo que encuentra allí sus limitaciones, que llamamos “neodesarrollismo”.

Uno de los cambios fundamentales de este último período es que es cada vez mayor la deuda interna sobre el total de deuda pública. Este tampoco es un fenómeno local, la deuda interna esta mucho menos estudiada que la externa, pero se conoce que creció mucho en todos los países en los últimos años, en América latina es el caso de Colombia, Brasil y México.

Reestructuración productiva y hegemonía financiera

El golpe militar de 1976 en Argentina coincidió con el cierre de un ciclo económico a nivel mundial, aquel ciclo único e irrepetible en el capitalismo que va desde 1945 a 1975, los llamados 30 años dorados, que en América latina conocemos como de “sustitución de importaciones”. Se inicia otro ciclo en que el capital reestructura sus espacios productivos y de servicios bajo la hegemonía del capital financiero. En la región lo denominamos modelo de “valorización financiera”, caracterizado por la emergencia de una plétora de capital financiero que no encontraba donde invertir en el sector productivo a tasas que le garantizaran la reproducción del capital.

El endeudamiento de los países fue así una fuente de colocación para esos excedentes financieros, que no fue solo Argentina o los países de América latina, que fueron también los africanos y muchos asiáticos.

Cuando la dictadura militar usurpó el gobierno de nuestro país la deuda externa era del orden de los 8000 millones de dólares. Siete años después el gobierno elegido por el voto popular encontró un país cuya deuda alcanzaba a los 45.000 millones.

En cada país el endeudamiento tomó formas propias, aquí tuvo que ver con la Reforma Financiera y otras medidas, entre ellas la que obligó a las empresas estatales a endeudarse sin necesidad. Los dólares que ingresaron ayudaron a financiar la fuga de capitales y balancear las cuentas externas. Por si fuera poco también se endeudaron las empresas privadas, ese endeudamiento no fue para inversiones productivas o financiar capital de trabajo sino para colocaciones en el exterior.

Finalmente las deudas privadas fueron estatizadas. El círculo estaba cerrado con 37.000 millones de nueva deuda.

El origen de la deuda permite encuadrarla en la figura de “Deuda Odiosa” para la cual hay jurisprudencia internacional.

Cambios en los mecanismos de endeudamiento

En el inicio de los años ‘80 en América latina comienza a insinuarse la crisis de la deuda que estalló primero en México, luego Brasil y posteriormente Argentina que dijeron ya no estaban en condiciones de seguir pagando. En Argentina se dio una moratoria de hecho, no se la declaró pero desde 1988 hasta 1992 no hubo pagos ni refinanciaciones. Esta situación dio lugar a una política de Estado de los EEUU, los llamados Ajustes Estructurales, que mas adelante tomarían forma definitiva con el Consenso de Washington.

Primero fue el Plan Baker cuyo objetivo era salvar a la banca comercial -que recuperara el capital prestado- mediante mecanismos de capitalización de deuda vía la privatización generalizada de las empresas y servicios del Estado. Estas reformas, llamadas de primera generación, avanzaron muy lentamente tanto por las resistencias de los gobiernos como de de las propias empresas estatales. Por lo que el imperialismo recurrió al llamado Plan Brady, que es el inicio del endeudamiento con bonos para financiar déficit fiscales y como contrapartida avanzar en reformas estructurales.

Esta vez los actores principales no fueron los organismos financieros internacionales ni los bancos comerciales sino los Fondos de Inversión y de Pensión, que pasaron a ser los grandes financistas de la región. En este período la deuda incrementa unos 18.000 millones, llegando a los 63.000 millones de dólares.

Tengan en cuenta cómo los pasos de las crisis griega y portuguesa, siguen punto mas punto menos los de la crisis argentina. Hay planes de rescate y de canje de deuda pero esta sigue creciendo.

Luego viene el período de los años ’90 que es el de total hegemonía neoliberal, de la convertibilidad (1 peso 1 dólar) y de las privatizaciones en tiempo récord. Se suponía que la venta del patrimonio público (en rigor capital social acumulado durante generaciones) serviría para pagar buena parte de la deuda, al menos era la propaganda oficial y de los organismos internacionales. Pues bien en este período, y a pesar de la venta de activos públicos cuantiosos, la deuda aumenta en 84.000 millones de dólares y llega a los 147.000.

Tengan en cuenta que la deuda argentina crece más en los períodos que las tasas de interés internacionales están bajas y que hay mucha liquidez internacional. Como pasa ahora.

Luego viene un período muy breve donde hay otro canje, llamado Megacanje, y luego un aporte, llamado “Blindaje”, que se suponía protegía a la economía frente a situaciones internacionales como las pasadas. Solo sirvieron perpetuar la agonía y financiar la fuga de capitales.

Finalmente con el estallido de la convertibilidad se pone fin a este período nefasto. Conviene señalar que los años 1997/98 fueron los más altos de la convertibilidad (mayor nivel de producción, de consumo y de empleo) pero a partir del segundo semestre de 1998 la economía comienza un declive que se acelera y entra en recesión. En casi 5 años (mediados de 1998 a mediados de 2003) se perdieron 19 puntos del PBI y la inversión cayó aproximadamente un 60%, se cerraron cantidades de fábricas y comercios y se agudizó la desocupación.

Una vez que la gente en las calles y con los cacelorazos echara al gobierno elegido por el voto popular (que se fue dejando 37 muertos en las plazas y en las calles), el gobierno provisorio que lo sucedió declaró el no pago de la deuda en manos privadas (54% del total), porque a los organismos se les siguió pagando religiosamente. Un no pago (en realidad una suspensión unilateral) que duró 38 meses y no paso nada grave, tampoco nos invadieron los marines. Por el contrario 38 meses en los cuales el Estado respiró y salió de la asfixia financiera que le imponían los servicios de la deuda, y estaba en mejores condiciones para enfrentar la crisis económico-social. El gobierno provisorio pensaba continuar estas medidas con una salida no ortodoxa de la crisis, con una fuerte emisión monetaria y mantener la actividad económica mientras se saldría lentamente de la convertibilidad. Sin embargo un golpe palaciego, sostenido por los sectores financieros, que serían los perdedores de la salida económica buscada, instaló un nuevo gobierno provisorio.

La primera medida del nuevo gobierno fue una macrodevaluación que llevó la paridad del peso a 3.5 con el dólar, que pulverizó los salarios y sumió en la miseria a millones de argentinos llevando a la desocupación al 24% de la fuerza de trabajo y la pobreza al 54% de la población.

Para colmo con el respiro financiero logrado por la suspensión del pago de parte de la deuda el Estado, en lugar de un auxilio efectivo a los sectores populares, se dedicó a subsidiar a los bancos y a las empresas de servicios públicos privatizadas. Se estima que el costo de este tipo de medidas alcanzó el orden de los 12 a 14 puntos del PBI!!!

Sin embargo el no pago de una parte importante de la deuda le permitió al nuevo gobierno elegido en la urnas, Kirchner, 38 meses después, estar en mejores condiciones de negociar una quita importante (la más alta hasta ese momento en el plano internacional, ahora se está hablando que la quita a la deuda griega debiera ser por un porcentaje mayor que la de Argentina) y estirar los plazos de pago y mejorar las tasas de interés.

El nuevo gobierno democrático aprovechó las condiciones internacionales pero también tomó medidas para reanimar el mercado interno y atender la crítica situación social haciendo fuertes concesiones al movimiento popular. Amplió los planes de subsidios a los desocupados; repuso las convenciones colectiva de trabajo, anuladas durante toda la década de los ’90; impulsó los aumentos salariales; jubiló por decreto a 2.000.000 de personas que no hubieran podido hacerlo en condiciones normales, subsidió las tarifas de servicios públicos privatizados; impulsó la reactivación de la economía y la producción nacional, y se crearon 5.000.000 de puestos de trabajo, claro que muchos de ellos precarios.

Eliminación del descuento del 12% de los salarios de los empleados públicos, y reembolso de los descontado con Bonos del Estado; puso límites a los juicios hipotecarios de viviendas populares. Con el pago con reservas al FMI del total de la deuda con el organismo (que nosotros hemos rechazado), no se desvinculó, pero desde entonces no acepta las auditorias anuales ni las recomendaciones tradicionales.

Desde hace 8 años la economía Argentina crece a un promedio del 8% anual. El nivel actual de deuda sigue siendo elevado, pero no tiene el carácter restrictivo que tenía antes porque la economía creció mucho en estos años, favorecida por el cambio en el mercado mundial y medidas de mercado interno tomadas por el gobierno, por lo que la relación deuda/PBI ha mejorado mucho.

Las medidas económicas fueron acompañadas por medidas políticas como la anulación de las leyes de Amnistía y Punto Final, con lo que dio nuevo impulso al juzgamiento a los militares del Terrorismo de Estado; modificaciones en la Corte Suprema de Justicia ampliamente exigido por la gente en las calles; impulso a la política de Derechos Humanos, etc.

Como conclusión:

a) El no pago es perfectamente posible. Es el poder del deudor, incluso en Europa nos parece hay posibilidad concreta de formar un Club de Deudores (todos los países de la periferia más Italia (Su deuda es del 120 de su PBI) y Bélgica (98% del PBI) y trazar una acción conjunta, que tendría mucha fuerza.

Nuestra experiencia dice que no hay que acompañarla con devaluación porque esta recae sobre los trabajadores y sectores populares. En Portugal esto no podría pasar salvo que se saliera del Euro, pero esto implicaría una serie de problemas que desconozco y no pareciera conveniente tomar esta medida junto con la del no pago. Lo que si es seguro que una medida de no pago debe acompañarse con otro conjunto de medidas sobre los bancos como forma de apropiarse de recursos para que el Estado pueda hacer una política activa, para mejorar la competitividad internacional (sin devaluación) y resguardar también la producción nacional y el mercado interno. “Salvar a los pueblos no a los bancos” es la consigna.

b) Nosotros, digo la izquierda argentina, hemos sostenido durante muchos años la consigna de “No al pago de la Deuda” que a mi juicio es correcta, pero que no ha tenido demasiada efectividad política. Por el contrario promover la Investigación de la deuda, desligar la comercial de la financiera y la legítima de la ilegítima, tiene mucha mas recepción política, porque parece algo políticamente más razonable, y permite argumentar mejor frente a la ciudadanía.

c) Se trata de proponer la Suspensión de los pagos hasta tanto una Auditoria determine legitimidad o no, y qué es efectivamente lo que hay que pagar y que no se debe pagar. Por lo demás unas investigación determinará también como actuaron cada uno de los funcionarios, locales o internacionales, en cada caso y promover acciones legales contra los que corresponda.

d) El no pago, o la suspensión unilateral de los pagos le da al Estado una mayor autonomía, que como se ve en el caso argentino no es solo en la economía sino también en la política. El nivel actual de deuda no tiene el carácter restrictivo que tenía antes porque la economía creció mucho en estos años, favorecida por el cambio en el mercado mundial y medidas de mercado interno tomadas por el gobierno, por lo que la relación deuda/PBI ha mejorado mucho.

IzquierdaAnticapitalista.org

Lecciones de Argentina para Grecia





Claudio Katz (1) /CADTM

Ya son incontables las comparaciones del antecedente argentino con el desmoronamiento de Grecia. Los analistas intentan discernir si las medidas adoptadas por el primer país aliviarían o agravarían la situación del segundo. Esta evaluación se extiende habitualmente a otras naciones de la periferia europea, como Portugal e Irlanda. En los movimientos sociales predomina otra preocupación: ¿qué enseñanzas brinda la experiencia sudamericana para la batalla contra el ajuste?

RESCATES SEMEJANTES Grecia enfrenta el mismo drama que padeció Argentina a mitad del 2001. El gobierno de la Alianza preservaba la política neoliberal de Menem y el explosivo endeudamiento del estado empujaba al país hacia la cesación de pagos. En los años 90 estos compromisos saltaron de 84.000 a 147.000 millones de dólares y el pago de los intereses asfixiaba las finanzas públicas. Estos desembolsos triplicaban los gastos corrientes, superaban en seis veces las erogaciones de la asistencia social y eran 23 veces mayores a los recursos destinados a los planes de empleo. Periódicamente se improvisaban refinanciaciones de emergencia para evitar el default. Los vencimientos se reciclaban con créditos a tasas usurarias (“blindaje”) y con desesperados intercambios de títulos para posponer los pagos (“mega-canje”). Los acreedores descontaban la inviabilidad de estas operaciones y la tasa de “riesgo-país” -que medía la vulnerabilidad del deudor- se mantenía en niveles exorbitantes (2). Grecia se desliza hacia el mismo precipicio. Arrastra un endeudamiento total semejante al argentino de esa época y recurre a los mismos planes para socorrer a los acreedores. Aceptó hace un año un rescate para escapar al ahogo de iliquidez y afronta ahora una crisis mayúscula de insolvencia. Este contexto condujo hace una década a la catástrofe social de Argentina (54% de pobres, 35% de desempleo, hambruna de los más humildes). La degradación se acentuaba con cada agresión que ensayaba el gobierno para exhibir capacidad de pago. Se redujeron los sueldos y se aumentaron los impuestos indirectos, junto a varias disminuciones del presupuesto educativo y sucesivas prolongaciones de la edad jubilatoria. Estos mismos atropellos repiten los gobernantes griegos, que en el último año recortaron un 20% el empleo público, amputaron el 10% de las pensiones, incrementaron el impuesto al valor agregado y destruyeron sin ningún miramiento la educación y la salud. Hace diez años el gobierno argentino ya había consumado las principales privatizaciones de los bienes públicos (petróleo, electricidad, telefonía, gas) y prometía acelerar los traspasos pendientes (Banco Nación, empresas provinciales, lotería, universidades). En Grecia se ultiman ahora los detalles de un remate masivo de las propiedades del estado (correo, puertos, empresas de agua). Sólo la Acrópolis ha quedado excluida de esa venta general, que algunos capitalistas alemanes pretenden extender a varias islas. Los mismos funcionarios del FMI que actualmente redactan los memorándums para Grecia, hace una década dirigían inspecciones periódicas en el Cono Sur y seleccionaban los activos a entregar a los acreedores. También eran usuales las mismas sesiones de urgencia del Parlamento para aprobar ajustes y hasta se ensayó una agencia colonial análoga para supervisar la recaudación de impuestos. La estrategia de los acreedores se ajusta al mismo libreto. Han buscado recaudar todo lo posible, exprimiendo a la población y transfiriendo papeles desvalorizados a los estados. De esta forma limpian sus balances y reducen las pérdidas ocasionadas por la imposibilidad de cobro. Esta succión se consumó en Argentina a lo largo de varios años, mediante ciclos de interrupción y reanudación de los pagos. Mientras negociaban con los gobiernos, los bancos obtenían fuertes flujos de efectivo a través de la fuga ilegal de capitales. Desde esa época los fondos expatriados superan con creces a la deuda pública del país. Los financistas lograron cuantiosas ganancias durante el proceso de refinanciación. Lucraron especialmente con dos iniciativas del gobierno estadounidense para recomponer el perfil de los títulos latinoamericanos. Primero utilizaron el plan Baker para aligerar la carga de los bancos comerciales más expuestos. Luego aprovecharon el Plan Brady para completar esa limpieza, asociando a los Fondos de Inversión a la gestación de un mercado secundario para los títulos con problemas. Los bancos restauraron sus ganancias computando en sus balances los bonos degradados a su valor original y traspasando los pagarés más incobrables a los tenedores marginales. Esta misma estrategia de reestructuración ensayan ahora las entidades del Viejo Continente. En mayo del 2010 se creó un Fondo de Estabilización (FEEF), que el Banco Central Europeo (BCE) utiliza para recomprar los títulos morosos a los bancos, con fuertes subsidios de las tasas de interés. Algunos expertos argentinos que siguieron de cerca este mismo proceso hace una década confirman la semejanza entre ambos operativos. Pero también estiman que la situación actual de los bancos es mucho más grave (3). IMPACTOS DIFERENTES La crisis griega es más explosiva que su antecedente argentino por la magnitud de los desbalances. Con porcentajes similares de pasivos totales, el déficit fiscal del primer país alcanza el 10,5% frente al 3,2% que tenía el segundo. Más significativas son las diferencias en la situación del bloque acreedor. Mientras que los prestamistas de Argentina tuvieron varios años para reacomodarse, los bancos europeos trabajan contra reloj para rehacer su patrimonio. Cuando se declaró el default en el Cono Sur la mayor parte de los bancos ya había traspasado sus acreencias. Por esta razón, el FMI toleraba la cesación de pagos. En cambio el BCE rechaza esta salida, puesto que las entidades alemanes y franceses que colocaron dinero en Grecia continúan liando con el problema en sus carteras (4). Existe, además, una llamativa desigualdad en el manejo de ambas crisis. La deuda argentina era gestionada por un comando del FMI bajo estricta supervisión estadounidense. El pasivo griego es supervisado, en cambio, por directivos de un Banco Europeo con poca experiencia en este tipo de estallidos. La Comisión Política que monitorea este proceso tiene escasa autoridad y no actúa al frente de un estado unificado. Ha demostrado pocacapacidad de arbitraje para zanjar, por ejemplo, las discrepancias que enfrentan a Alemania con Francia (5). Ambas potencias estuvieron inicialmente de acuerdo en auxiliar a todas las entidades a costa del erario público y en establecer solo un límite temporal para la conclusión del traspaso (año 2013). Pero el vertiginoso ritmo de la crisis obliga a acelerar la absorción estatal de las pérdidas y a introducir una penalización parcial de los bancos. Alemania percibe que la simple continuidad del socorro estatal crea un horizonte de colapso fiscal y reclama una participación de las entidades en los rescates (con sus propios recursos). Francia se opone a esta punición, alegando el peligro que entraña una descapitalización de esas instituciones. Después de muchas escaramuzas finalmente se llegó a nueva tregua y a cierto acuerdo para financiar el segundo paquete de Grecia. Este programa supone un frágil compromiso de los bancos para procesar algunas pérdidas (a través de un prolongado cronograma de canjes voluntarios de títulos), junto a una nueva ampliación del fondo estatal de socorro (FEEF). Con esa intervención se solventarán las nuevas operaciones diseñadas para revalorizar los títulos griegos (recompras, garantías, créditos). Pero el quebranto permanece sin resolución y las pulseadas para definir quién pagará los platos rotos se procesan a través de los chantajes que los bancos publicitan, a través de las calificadoras de riesgo. Las disputas en juego se extienden al propio ámbito de los acreedores entre los grupos más expuestos (que aceptan la introducción de algún impuesto general para paliar los desbalances) y los financistas menos afectados (que rechazan esa contribución). La crisis argentina nunca presentó ese nivel de dramatismo. Esta diferencia es tomada en cuenta por los analistas que rememoran el shock del “corralito” y evalúan su posible repetición actual. En el cenit del desplome del 2001, los bancos sufrieron un retiro masivo de fondos que el gobierno contrarrestó confiscando a los pequeños ahorristas. Esa expropiación desató una gran conmoción, pero no desbordó las fronteras nacionales. La deuda griega se encuentra por el contrario muy enlazada al sistema financiero europeo y está nominada en la moneda de toda la comunidad. Por esta razón una corrida de depósitos podría tener alcance continental inmediato. Los bancos del Viejo Continente no sólo cargan con la pesadilla de la deuda pública, sino que afrontan graves insolvencias de empresas. Este peligro no ha quedado disipado por las “pruebas de resistencia” que recientemente se realizaron para simular situaciones de quebranto. Esta situación preocupa a muchos expertos del FMI, que comparan el escenario en curso con el precedente argentino (6). El trasfondo del problema radica en que la crisis griega se desenvuelve en un contexto de endeudamiento estatal crítico en todo el Primero Mundo. Los pasivos de Francia (81% del PBI), Alemania (80%), Japón (220%) y Estados Unidos (91%) impiden gestionar la deuda de la periferia, con la misma tranquilidad que se manejó el estallido de Argentina. En ese momento la deuda era una braza caliente de las economías dependientes y en la actualidad es una bomba de tiempo en el centro del capitalismo. EL CÍRCULO VICIOSO DEL AJUSTE Tal como ocurrió con Argentina en el 2001, llueven los insultos de los gobernantes derechistas contra los griegos. Presentan a esta comunidad como un conglomerado de haraganes que engañaron a los bancos, dilapidando los cuantiosos créditos que recibieron por la buena voluntad de los prestatarios. Esta misma fábula difundían los funcionarios norteamericanos de la administración Bush, cuándo descalificaban a los argentinos. Los medios de comunicación dominantes encabezan esta campaña, propagando la absurda creencia que los griegos disfrutan de un envidiable nivel de vida, a costa del norte de Europa. Este mito no resiste la menor corroboración, puesto que todos los indicadores sociales desfavorecen a la periferia de la región (7). Con esa inversión de la realidad, los mensajes reaccionarios pretenden demostrar que la refinanciación de la deuda griega constituye una “ayuda de la comunidad internacional” al socio descarriado. Lo mismo decían hace diez años del caso argentino. Quiénes solventan con desempleo, pobreza y degradación salarial la supervivencia de los financistas son presentados como beneficiarios de la caridad mundial. Estos planteos también ocultan cómo los gobiernos auxilian a los capitalistas franceses y alemanes, que durante las últimas décadas lucraron con la apropiación de los excedentes generados en Europa del Sur. El mismo tipo de ganancias obtenían las grandes empresas extranjeras que operaban en Argentina, en el periodo de mayor reorganización neoliberal. Primero debilitaron la industria nacional a través de la apertura comercial y luego se apoderaron de crecientes porciones del mercado local. Grecia sufrió una degradación semejante luego de adoptar el euro e ingresar en la Unión Europea. Una economía frágil quedó a merced de la apabullante competitividad alemana y del consiguiente déficit comercial financiado con endeudamiento (8). En realidad, ningún país de la periferia europea pudo resistir la arrolladora superioridad de economías más avanzadas, que aprovecharon la creación de un mercado continental unificado para afianzar su hegemonía. La explosión de deudas privadas, los desbordes consumistas y las burbujas inmobiliarias que afectaron a los socios más vulnerables fueron alimentados por los excedentes industriales, que descargaron las economías más poderosas. Como la moneda común facilitó especialmente los negocios de los industriales germanos, este sector promueve actualmente la permanencia de Grecia en el euro e incluso alienta algún tipo de “Plan Marshall” para financiar futuras importaciones. Si estas asimetrías concluyen provocando una fractura de la eurozona, se repetirá lo ocurrido con Argentina (y otras economías latinoamericanas), que padecieron en carne propia los típicos desequilibrios de la relación centro-periferia. Los neoliberales omiten estas desigualdades cuando exigen mayores sacrificios a los griegos. Afirman que esos padecimientos permitirán “recuperar la confianza inversora” y reencauzar la economía. Merkel repite este augurio todos los días, sin aclarar cuando concluiría el ajuste. Sus economistas sólo prevén que Grecia saldrá a flote en algún momento, si mantiene el corset del euro y acepta los sacrificios deflacionarios. También esta visión rememora lo ocurrido en Argentina. Hace diez años la economía se encontraba estrictamente atada a un régimen de convertibilidad con el dólar, que obligaba a deprimir los ingresos para asegurar el pago de la deuda. Cuando ese sistema estalló los ultra-liberales propusieron reforzarlo mediante una dolarización completa (como en Ecuador o Panamá). Se anulaba la moneda nacional, quitándole al estado el último recurso vigente para contrarrestar el ajuste deflacionario. Los partidarios de esta contracción esgrimían los mismos argumentos que actualmente circulan en Grecia, para mantener a cualquier precio el sometimiento al euro. Afirmaban que la dolarización aseguraba la confiabilidad de la moneda y la consiguiente afluencia de los capitales externos requeridos para refinanciar la deuda. Con el desmoronamiento de la convertibilidad esa fantasía pasó al olvido. Es evidente que la política deflacionaria empuja a cualquier país al abismo. El PBI de Grecia se ha desmoronado desde el inicio de la crisis y registró un nuevo desplome del 5,5% en el primer trimestre del año. Es muy oportuno recordar, que la recesión argentina se prolongó durante cuatro años y el producto industrial llegó a decrecer un 11%, bajo el peso de agobiantes tasas de interés que frustraban cada asomo de reactivación. Los neoliberales no pueden presentar actualmente ningún imaginario de salida de la crisis, puesto que todos sus modelos se encuentran en terapia intensiva. Ya nadie se acuerda de los elogios que prodigaban a la Argentina en los años 90, pero están muy frescas sus ponderaciones del esquema irlandés. Este ensayó transitó por todos los calvarios que actualmente se promueven para Grecia. En Irlanda se privatizó desde la energía hasta las telecomunicaciones, se introdujeron todas las desregulaciones promovidas por la ortodoxia económica y los efectos finales están a la vista: quiebras de bancos, socorros estatales, déficit fiscal y una nueva secuencia de supresión de empleos, caídas del salario e incrementos de los impuestos indirectos (9). También Portugal se encamina hacia el mismo desfiladero, a medida que un gobierno conservador intenta galanterías con los banqueros, subiendo la apuesta de los atropellos sociales. Ya recibió un rescate, se quedó sin reservas y negocia los vencimientos con la soga al cuello que le han colocado los financistas (10). Otro caso extremo de apretón deflacionario se observa en Letonia, una economía situada fuera del circuito del euro. Desde el estallido de la crisis en el 2009 el desempleo trepó hasta el 23%, el PBI cayó 25%, los salarios del sector público fueron reducidos en un 30% y el 75% de trabajadores sufrieron recortes de ingresos. En un clima de cierre de escuelas y hospitales la emigración se ha masificado (11). Estos escenarios no dejan ninguna duda sobre el carácter demoledor que genera el círculo vicioso del ajuste. INUTILIDAD DE LAS REFINANCIACIONES La política deflacionaria es frecuentemente contrapuesta a la continuidad de las refinanciaciones. Se convoca a sostener al deudor con nuevas emisiones de bonos, en la expectativa de aligerar la carga futura de la hipoteca. Una variante de este tipo promueven los partidarios de emular la experiencia latinoamericana, con un “Plan Brady Europeo” de títulos a 20 años supervisados por el BCE (12). Aunque aparentan mayor contemplación hacia los deudores, estas iniciativas avalan las mismas exigencias de privatización, recorte de gastos sociales y achatamiento de las jubilaciones. Lejos de reducir el agobio financiero, estos programas eternizan el tributo de Grecia a los bancos. Es equivocado suponer que esa refinanciación será más digerible, si se efectiviza junto a medidas de regulación financiera, control de la especulación o eliminación de los paraísos fiscales. Grecia tampoco logrará un respiro por la simple reducción de las tasas de interés, si persisten los pagos a los acreedores. La deuda es tan monumental que ni siquiera con un crecimiento continuado del 8% anual durante 20 años, lograría disminuir su pasivo a los parámetros iniciales de la Unión Europea (13). La experiencia argentina no deja ninguna duda sobre la inutilidad de las refinanciaciones. Todas las versiones que se ensayaron en el país para mantener a flote el barco de la convertibilidad naufragaron en el 2001. Al prorrogar los compromisos de pago, esos parches sólo pospusieron la declaración formal de insolvencia. Este mismo escenario tiende a reaparecer en Grecia (14). La refinanciación -que ponderan los keynesianos- no se contrapone con la deflación, que postulan los ortodoxos. Son dos variantes del mismo sostén a los bancos. Mientras que la primera opción busca potenciar los auxilios para evitar un tsunami de quebrantos, la segunda alternativa alerta contra el deterioro fiscal que genera ese salvataje. El gobierno norteamericano enfrentó esta misma disyuntiva, cuando un día decidió cerrar Lehman Brothers y a la jornada siguiente recurrió al financiamiento ilimitado de las entidades colapsadas. Los políticos socialdemócratas actúan como voceros de los préstamos continuos frente a sus pares conservadores, que alzan la voz contra la flexibilidad crediticia. Ambas posturas sólo divergen en la caracterización del mal menor para el capitalismo. En los momentos de crisis aguda los socialdemócratas buscan escapatorias y tratan de disfrazar su alineamiento explícito junto a los bancos y contra los pueblos. En la coyuntura europea esa mascara está cayendo y los brutales atropellos contra los trabajadores se aplican sin ninguna anestesia. TRES ENSEÑANZAS La cesación de pagos de Argentina se prolongó durante más de tres años. Afectó a los acreedores privados, pero no a los organismos multilaterales (el FMI consiguió la cancelación anticipada de todos sus préstamos). Las negociaciones con los tenedores de títulos se realizaron en varias rondas. En el 2005 se instrumentó un canje con tres opciones de quita entre el 50 y el 60% del valor original. Un porcentaje minoritario de acreedores no aceptó esta propuesta y fue convocado a un segundo intercambio de papeles, que culminó recientemente. El monto total de la deuda argentina se redujo significativamente en comparación a las exportaciones y el producto (48% del PBI). Se atenuó el horizonte inmediato de compromisos y la mitad del pasivo quedó nominada en moneda nacional (con una significativa porción de las obligaciones dentro del propio sector público) (15). Lo ocurrido con Argentina indica que la suspensión de pagos es factible y conveniente, para cualquier deudor empujado a una situación de asfixia. El cese parcial de las erogaciones oxigenó a la economía nacional, durante el crítico período de recuperación que siguió al default. Este alivio permitió negociar en mejores condiciones financieras el canje de la deuda. El resultado de esta operación desinfló todos los fantasmas propagados por los banqueros para atemorizar a los deudores. El país no quedó “fuera del mundo”, no perdió mercados, ni se transformó en un “paria de la comunidad internacional”. Los bienes del país en el exterior tampoco sufrieron confiscaciones. Todas las advertencias que esgrimían los financistas se diluyeron sin pena, ni gloria. Ciertamente el pueblo argentino padeció una terrible degradación del nivel de vida. Pero esos sufrimientos fueron previos al default y motivados por el cumplimiento forzoso de las exigencias de los banqueros. La cesación de pagos no añadió ningún padecimiento adicional a la sangría de ese período. Muchos economistas del establishment sostienen que el camino “agresivo” seguido por Argentina generó más adversidades, que el sendero “amigable” transitado por otras naciones latinoamericanas (como Brasil, Uruguay o Jamaica) (16). Pero esta afirmación no tiene ningún asidero. América Latina atravesó por muchas experiencias de moratoria e incluso Argentina vivió varios interregnos de cesación concertada de los pagos (por ejemplo entre 1988 y 1992). Ningún dato sugiere la conveniencia de este curso. La negociación del default o su imposición de hecho, no reduce de por sí las restricciones que soporta el pueblo. La historia económica contemporánea registra, además, una incontable variedad de crisis de pago, con procesos negociados igualmente dolorosos. Incluso casos muy acordados (como Alemania en 1953 o Indonesia en 1971) exigieron importantes contrapartidas a los acreedores. En los debates sobre estas peripecias conviene retener las tres grandes lecciones de Argentina para Grecia. Esa experiencia indicó en primer lugar la incuestionable conveniencia de frenar el desangre del deudor, mediante una suspensión unilateral de los pagos. También esclareció la importancia de elegir el momento más conveniente para esa ruptura. Argentina declaró el default en forma involuntaria, cuando el país se quedó sin fondos. Grecia podría consumar esta acción antes de perder sus recursos. Tiene la posibilidad de anticiparse y actuar mientras los acreedores afrontan el gran lastre de títulos incobrables, que acumulan en sus carteras. No hay que darle tiempo a los financistas para que transformen esos papeles en obligaciones ajenas. En segundo lugar es indispensable poner en práctica de inmediato la auditoria de la deuda. En Argentina se discutió mucho esa iniciativa, ante las abrumadoras denuncias que existían sobre el carácter fraudulento del pasivo. La deuda se acrecentó con compromisos inexistentes que financiaron la fuga de capitales, con una espiral de los intereses y con una gran absorción estatal de quebrantos privados. Estas comprobadas irregularidades quedaron impunes. El lobby de los banqueros bloqueó todos los intentos de investigación y paralizó varios proyectos parlamentarios de revisión de los pasivos. Las consecuencias de este silenciamiento salieron a flote en todos los debates posteriores de la deuda. En este terreno Argentina quedó muy por detrás de Ecuador, que implementó una esclarecedora investigación. En Grecia existe actualmente la posibilidad de llevar a cabo la auditoria. Esta acción permitiría anular la porción ilegitima de los pasivos y facilitaría la constitución de un registro de los propietarios de los títulos. Esta identificación sería indispensable para determinar los derechos de cobro. Ya existe una importante iniciativa para desenvolver esa investigación (17). La tercera lección de Argentina es la necesidad de nacionalizar los bancos y establecer un control total sobre los movimientos de divisas y capitales. Estas medidas deberían adoptarse antes de suspender el pago de la deuda (o modificar el tipo de cambio). Grecia se encuentra a tiempo para preservar con estas acciones los recursos del país. Algunos economistas consideran indispensable romper de inmediato con la adscripción al euro. Pero la recuperación de la moneda nacional requiere primero asegurar las reservas, impidiendo la frenética fuga de dinero que acompañaría a cualquier viraje económico. Sólo con la intervención de los bancos (y su nacionalización posterior) y mediante un estricto control de cambios resultaría posible contrarrestar el vaciamiento de divisas, que rodearía a la búsqueda de una nueva soberanía monetaria. En Argentina no se adoptaron esas medidas y el resultado fue un caótico colapso de la convertibilidad, en medio de la inflación y el empobrecimiento popular. En lugar de expropiar a los bancos se estafó a los ahorristas y se dilapidaron cuantiosos fondos (equivalentes a 12-14 puntos del PBI), en el socorro de los financistas. Es indudable que cualquier política radical de choque con acreedores generaría costos y entrañaría riesgos. En el caso griego es vital considerar cómo se solventarían las importaciones, se garantizaría la continuidad del turismo y se preservaría la actividad naviera. Pero hay que encarar esta evaluación, sin olvidar que el pago de la deuda augura un horizonte muy superior de padecimientos. Algunos economistas omiten evaluar los resguardos que se necesitan para optar por otro curso económico. Aconsejan devaluar y salir del euro, sin mencionar la protección de las reservas y la necesaria conversión de los bancos en entidades públicas. Esta actitud conduce a un remedio que empeora la enfermedad. Basta observar lo que ya ocurre en los países que instrumentan políticas capitalistas fuera del radio del euro. Argentina es una buena referencia para analizar lo se puede hacer y lo que se necesita evitar, para reconstruir la economía griega. SENDEROS DE RECUPERACIÓN Luego de tocar fondo, la economía argentina inició un sostenido proceso de crecimiento. Este reflote se apoya en la ampliación de las exportaciones y en la restauración del consumo interno. La fractura social de la demanda, la elevada inflación, la continuada fuga de capitales y la baja inversión obstruyen este repunte y abren serios interrogantes sobre su consistencia. Pero es indudable que la era post-default está signada por un ciclo de reanimación, que induce a muchos economistas a presentar al país como un modelo a seguir por la periferia europea. En esta tentación de imitación se suele olvidar que la recuperación argentina obedece a tres razones específicas: la restauración de la tasa de ganancia, la valorización internacional de las exportaciones y el ancho margen para aplicar políticas económicas expansivas. El primer determinante apareció al cabo del brutal ajuste generado por la megadevaluación. Esa cirugía depuró capitales, abarató salarios y como suele ocurrir en ciertas coyunturas del ciclo capitalista, facilitó la recomposición del beneficio. Este repunte se afianzó por la reacción del sector externo. Una economía parcialmente autónoma de los flujos internacionales de capital pudo mantener cierta desconexión del financiamiento internacional. El quinto exportador mundial de alimentos gozó, además, de los mejores precios internacionales de las últimas décadas para las ventas de soja. Argentina se ha transformado en un proveedor privilegiado de las ascendentes economías asiáticas, mientras multiplicó sus intercambios con Brasil y diversificó su comercio. Gran parte de las enormes rentas captadas por el estado durante los últimos años fueron utilizadas para reanimar la demanda interna. Por esa vía se sustituyó la escasa inversión privada y se ensayó un esquema neo-desarrollista de mayor fomento a la industria y menor espacio para la valorización financiera (18). ¿Si Grecia ingresa en una cesación de pagos podría repetir esta trayectoria? Es evidente que la economía mediterránea no cuenta con los recursos naturales, ni el tipo de inserción internacional que permitieron la recuperación argentina. Pero nadie imaginó hace una década que la economía austral ingresaría en una fase ascendente luego del default. Más bien se suponía que ese episodio conduciría a un desplome apocalíptico. Se ha corroborado que los vaivenes de la coyuntura internacional son relativamente impredecibles y no aportan argumentos definitivos para optar por una u otra política económica. Es evidente que Grecia se encuentra más conectada al curso general de Europa, que Argentina al devenir de América Latina. La primera región opera como un motor autosuficiente y la segunda mantiene su tradicional atadura a los principales centros de la economía global. Por esta elevada conexión con sus socios europeos. Grecia necesita complementar una eventual moratoria, con acciones regionales colectivas. El éxito de una política radical exigiría medidas comunes con los vecinos de la periferia europea. La batalla contra los acreedores requería obtener un acompañamiento de Portugal, Irlanda, Islandia y otros países penalizados por banqueros. Durante la década pasada este tipo de iniciativas conjuntas se discutía en América Latina, evaluando a la propuesta de conformar un “club de deudores”. El propósito era forjar un bloque de afectados para doblegar el poder de los financistas. Pero en el 2001 esta campaña había perdido impulso y predominaba una gran dispersión de las naciones golpeadas por el saqueo de la deuda. La situación europea actual difiere de ese período latinoamericano por el alto grado de asociación comunitaria, que se verifica en el Viejo Continente (19). Otra diferencia importante es la inexistencia de una frontera nítida, entre situaciones de colapso en la periferia y coyunturas de prosperidad en el centro europeo. Las economías intermedias de España o Italia comienzan por ejemplo a padecer la misma amenaza de desmoronamiento fiscal, que afecta a Grecia o Irlanda. Por esa razón, el principal temor del momento es la eventual extensión de la crisis a esos países. En este marco la batalla por asociar a los deudores presenta otras modalidades. Pero estas características sólo podrán develarse, si algún país se pone de pie frente los banqueros y propone la constitución de una red de solidaridad. Grecia reúne muchas condiciones para liderar ese proceso. Sólo la moratoria unilateral abriría la posibilidad de negociar con los bancos, sin afectar el nivel de vida popular. Para establecer un estricto límite de pagos, implementar políticas de inversión en áreas sociales y recomponer la capacidad adquisitiva popular hay que poner en práctica medidas más audaces, que las adoptadas por Argentina hace una década. LA MISMA SUBLEVACIÓN La principal analogía entre Grecia y Argentina se verifica en el terreno de la insubordinación popular. Ambos países cuentan con un rico historial de luchas sociales. El levantamiento de diciembre 2001fue heredero del Cordobazo (1969), la huelga general (1975), los paros contra la inflación (años 80) y las movilizaciones contra el desempleo (década del 90). En las batallas que libran el pueblo griego está presente el legado de la guerra civil (1944-49), la resistencia contra dictadura (1973) y los acciones de la juventud (2008) (20). Luego de once paros e incontables manifestaciones se observa en las últimas semanas una nueva irrupción masiva. Se multiplican las ocupaciones de las plazas, los enfrentamientos con la policía y el desborde de las direcciones sindicales. Como hace diez años en Buenos Aires, los militantes de Atenas organizan acampes, resisten los desalojos y lideran asambleas populares. La juventud converge con los trabajadores, forjando el mismo reencuentro que tuvieron en América del Sur, los piquetes de los desocupados con las cacerolas de la clase media. También se asemejan las consignas (“que se vayan los ladrones”) o los reclamos (“no debemos, no pagamos, no vendemos”) y existe el mismo rechazo a los contubernios entre el oficialismo y la oposición conservadora. El despertar popular salió a flote en Argentina cuando se desmoronó la prédica neoliberal, que auguraba un inminente “ingreso al Primer Mundo”. La misma ira estalló entre los griegos, cuando se disiparon las expectativas creadas con la incorporación a la Unión Europea. Todos los analistas coinciden en caracterizar que la crisis ya desbordó por completo la esfera financiera y se dirime en las calles (21). Hace diez años la rebelión argentina frenó el ajuste, frustró el programa deflacionario y bloqueó la dolarización. También obligó a implementar un proyecto político que combina restauración del poder de los dominadores con otorgamiento de concesiones democráticas y sociales. La sublevación confirmó la utilidad de la lucha para revertir relaciones de fuerzas desfavorables, brindar legitimidad a los movimientos sociales y legalizar las huelgas. Permitió frenar la represión brutal (que persiste en Colombia o México) y contrarrestó la resignación de los movimientos sociales (que se observa en Uruguay o Brasil). La rebelión argentina se quedó a mitad de camino. No expulsó a los políticos corruptos, ni erradicó el lastre del bipartidismo. Tampoco impidió el enriquecimiento de los mismos capitalistas que lucraron con la convertibilidad. Pero condicionó toda la política exterior e indujo a un manejo la deuda, que limitó las apetencias de los acreedores durante el canje. Es importante tener en cuenta estos resultados a la hora de trazar comparaciones internacionales (22). La batalla popular que se libra actualmente en Grecia presenta un carácter más continental. La rebelión argentina formó parte de un ciclo sudamericano de lucha, pero no estalló junto a las sublevaciones de Venezuela, Ecuador o Bolivia. Las movilizaciones griegas coinciden en cambio con una crisis general del Viejo Continente, que tiende a desatar reacciones simultáneas en varios puntos de esa región. Esas respuestas comienzan a romper el aislamiento de las resistencias nacionales y permitirían superar el desconcierto que prevaleció en el debut de la recesión. La generalización de la acción popular es el mejor antídoto contra la pasividad que alienta la social-democracia y contra las campañas racistas que promueve la derecha. La reciente protesta de los indignados españoles puede marcar un punto de giro en esta intervención. El movimiento gana masividad a medida que sus demandas políticas (“democracia de verdad”) y económicas (fin del socorro a los bancos) conquistan mayor legitimidad y acompañamiento (23). La presencia dominante de la juventud en estos movimientos –y la novedosa utilización de las redes sociales como instrumento de contra-información- incentiva el contagio continental. Esta generalización puede repetir el efecto dominó, que singularizó a los levantamientos del mundo árabe. La chispa juvenil recalienta además las energías de los trabajadores, tanto en los países que mantiene una gran movilización social (Francia), como en las naciones que sufrieron prolongados reflujos (Gran Bretaña). Si reaparece la confianza en la resistencia se podrá visualizar la forma de generalizar la batalla contra acreedores, que ya comenzaron algunos países como Islandia. En síntesis, la llamarada de los griegos se extiende por Europa y ese impacto definirá quién carga con las consecuencias de la crisis. Este proceso es seguido con enorme atención en América Latina. Muy pocas noticias se aguardan con tanta esperanza, como una victoria popular en Europa.

24 -7-2011

Frases de Zapatero que pasarán a la historia




15 de enero de 2007 Zapatero: "Vamos a superar a Alemania en renta per cápita. De aquí al 2010 les podemos superar perfectamente. Igualar y superar ligeramente. Es que el crecimiento de España está en el 4%. Creando empleo. Sólo con esa cifra uno, como presidente de Gobierno, se siente ya absolutamente reconfortado en el balance de su actuación".

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3 de julio de 2007 Zapatero:"Lo enunciaré de forma sencilla pero ambiciosa: la próxima legislatura lograremos el pleno empleo en España. No lo quiero con carácter coyuntural, lo quiero definitivo".

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17 de agosto de 2007

Solbes: "Los efectos de la crisis hipotecaria estadounidense tendrán un impacto relativamente pequeño en la economía española".

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21 de agosto de 2007 Zapatero: "España está totalmente a salvo de la crisis financiera internacional".

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16 de octubre de 2007 Zapatero: "No hay atisbo de recesión económica. La economía española tiene muy buenos fundamentos".

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9 de enero de 2008 Zapatero: "Crear un alarmismo injustificado en torno a la economía de un país puede dañar las expectativas. Permítanme que diga que es lo menos patriótico que conozco".

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14 de enero de 2008 Zapatero: "La crisis es una falacia, puro catastrofismo. Estamos creciendo por encima del 3%. Aunque mañana crezcamos al 3% o al 2,8%, que es un crecimiento bueno, vamos a seguir creando empleo y teniendo superávit".

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6 de febrero de 2008 Zapatero en Punto Radio ante los datos de paro de enero: "Los 130.000 no son parados, sino que son personas que se han apuntado al paro"

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25 de febrero de 2008 Zapatero: "Las cuentas públicas han tenido superávit todos los años, 70.000 millones de euros de superávit, que nos permiten tener una garantía, una fortaleza para atender cualquier necesidad. La desaceleración no va a ser ni profunda ni prolongada. Va a ser una desaceleración para la cual nuestro país está más preparado que nadie. Debería haber tomado nota del debate entre el señor Solbes y el señor Pizarro, para darse cuenta de que no vale la demagogia en la economía".Esto saldra en la pagina al pulsar leer mas

La Agrupación de los Amigos de Durruti




Fue un grupo anarquista español, creado el 15 de marzo de 1937 por Jaime Balius, Félix Martínez y Pablo Ruiz, como reacción al decreto de militarización de las milicias dictado por el gobierno de la República, y que editará (a partir de mayo de 1937 y hasta febrero de 1938) el periódico El Amigo del Pueblo, ilegalizado tras la publicación de sus primeros números e inspirado en L'Ami du Peuple de Marat.
La agrupación se formó a partir de la confluencia de una corriente que se pronunciaba, desde la misma prensa de la CNT, contra la colaboración con el gobierno, y otra corriente integrada por milicianos, que volvió a Barcelona para luchar contra la militarización de las milicias; así, la mayor parte de los integrantes de la nueva agrupación serán antiguos miembros de la Cuarta Agrupación de la Columna Durruti, al frente de la cual habían estado Pablo Ruiz, Progreso Ródenas y Eduardo Cerveró, entre otros.
Desde su constitución formal, el 17 de marzo, hasta el 3 de mayo, la Agrupación efectuó diversos mítines (en el Teatro Poliorama el 18 de abril y en el Teatro Goya el 2 de mayo), lanzó diversos manifiestos y octavillas, exigiendo la liberación del dirigente libertario Francisco Maroto del Ojo, saboteó la intervención de Federica Montseny en el mitin de la Monumental del 11 de abril, y llenó los muros de Barcelona con carteles que explicaban su programa.
El 5 de mayo, durante las llamadas Jornadas de mayo de 1937, publica una octavilla que declaraba que "Ha sido constituida una Junta Revolucionaria en Barcelona. Todo los responsables del golpe de estado, que maniobran bajo protección del gobierno, serán ejecutados. El POUM será miembro de la Junta Revolucionaria porque ellos apoyaron a los trabajadores". Tanto la CNT como la FIJL rechazan participar en la iniciativa de la Agrupación, pero su aproximación al POUM (partido comunista seguidor del trotskismo y antiestalinista), le acarrearía como consecuencia el que la sede de la Agrupación fuera clausurada y sus principales responsables encarcelados reiteradamente, aunque siempre por periodos breves. La Agrupación sobrevivirá de mejor o peor forma hasta mediados de 1938.
En 1939 surgirá una reelaboración de la misma agrupación, el Grupo franco-español de "Los Amigos de Durruti", reconstituido y disuelto en varias ocasiones y que empezaría a editar en 1961 desde Francia una nueva serie del periódico de El Amigo del Pueblo, de mucha menor difusión.Encontramos en sus páginas desde el primer momento un rechazo frontal a las medidas tomadas por el Estado al objeto de volver a una situación pre-revolucionaria; en los números de mayo a julio se reivindicarán las luchas revolucionarias de Mayo, rechazando reiteradamente las acusaciones vertidas desde muchos sectores calificándoles de "agentes provocadores e irresponsables", se denunciará la censura en la prensa escrita y las calificadas como "maniobras contra-revolucionarias".
En septiembre de 1937, cuerpos integrados en el Ejército Popular, muchos de los cuales habían sido previamente parte de las milicias de la CNT, toman la población de Belchite, lo que será reivindicado desde las páginas de El Amigo del Pueblo como obra de las "fuerzas confederadas", a la vez que se sigue denunciando la constante represión sufrida por el grupo.
En muchos de sus números lanzan proclamas en favor de la CNT y la FAI, pese a tener numerosos puntos de desencuentro con ambas. Igualmente se incide en la necesidad de volver a "las experiencias de las jornadas de julio y de mayo".
Diversos estudiosos consideran que los Amigos de Durruti estaban en un proceso de ruptura ideológica con el anarquismo moderado, y que tras la experiencia de la lucha de clases en la Guerra Civil giraban a la izquierda en dirección a un anarquismo mas organizado y estrategico. Estos faístas, decepcionados con la colaboración de la anarcosindicalista CNT, dominada en aquella época por su sector más moderado, con el gobierno democrático-capitalista, llegaron a reflexiones repentinas como la siguiente:
"La unidad antifascista no ha sido más que la sumisión a la burguesía...Para vencer a Franco, hacía falta vencer a Companys y Caballero. Para vencer al fascismo, hacía falta aplastar a la burguesía y a sus aliados stalinistas y socialistas. Era necesario destruir completamente el Estado capitalista e instaurar un poder obrero surgido de los comités de base de los trabajadores. El apoliticismo anarquista ha fracasado"
(citado en "La revolución española (1931-1939)" de Pierre Broué)

Para Pío Moa los malos son siempre los rojos



Sobre los brutales atentados de Noruega, cometidos por un facha de tomo y lomo, se ha escrito mucho en los últimos días, pero el «análisis» que en «Libertaddigital» hizo ayer Pío Moa, uno que de converso se ha pasado de frenada, me dejó anonada. Primero, Moa buscaba una explicación a la matanza, y lo hacía así: «Se trata de una respuesta terrorista al terrorismo islámico. Con la particularidad de que no ha atacado a los islámicos». Vamos, que la barbaridad tiene su lógica.
Sin embargo, quien últimamente anda defendiendo el franquismo cambiaba rápidamente de tercio y sacaba a paseo sus cuitas personales: «la mayor parte de los terrorismos han sido de izquierda y que tanto ellos como los regímenes totalitarios han encontrado amplia simpatía y a menudo grandes apoyos en las izquierdas europeas, en principio no totalitarias ni terroristas». Vamos, que lo del granjero ultra es una anécdota y que los males, como siempre, son los rojos. Y es que, para Moa, hasta «los medios de masas han sido a menudo los mayores colaboradores del terrorismo», de modo que no es de extrañar que considere «un error creer que el terrorismo provoca un rechazo generalizado en medios democráticos». A él, desde luego, parece que el de Noruega no le ha movido un pelo del bigote. Además, parece que en el país nórdico tampoco estaban limpios: «Recuérdense, por otra parte, los amplios movimientos favorables a la ETA y solidarios con ella en los países escandinavos, durante los últimos años del franquismo». Le falta decir que se lo merecen.
Y sigue con su tesis: «La izquierda, aparte de apoyar o excusar de un modo u otro al terrorismo izquierdista (y separatista, en España) y al islámico -visto por muchos como afín ideológico por cuanto ataca al `capitalismo', al `sionismo' y al `imperialismo'-, ha sabido explotar los atentados de signo más o menos derechista, insistiendo mucho en el carácter de estos y, en el caso de Noruega, en el cristianismo declarado por el autor: un modo indirecto de defender al islamismo». Vamos, que lo ocurrido es poco menos que un complot de la Internacional Socialista contra los pobres «conservadores» del mundo. Lo de «más o menos derechista» es de traca.
GARA