3 de agosto de 2011

15M y sindicatos.




Ya sé que esta entrada no va a ser muy popular en el entorno del movimiento 15M del cual me siento parte, así que lo hago con conocimiento de causa y con la sola intención de aportar mi punto de vista, que nadie quiera ver más allá. En los primeros años de la transición los sindicatos celebraban el 1 de mayo por separado. En Málaga se convocaban tres o cuatro manifestaciones ante la perplejidad de los trabajadores. Por aquélla época, unos pocos jóvenes perroflautas salimos a la calle un primero de mayo con carteles en pecho y espalda -ni había ni se las esperaba a las redes sociales- con frases como "Si nos unen los mismos problemas y los mismos intereses ¿quién nos separa?" o "El pueblo unido jamás será vencido" o "Por la unidad entre los sindicatos" y nos fuimos en busca de las cabeceras de las manifestaciones para quedarnos en silencio viendo como pasaban por delante nuestra y leían nuestros mensajes. Hoy quiero hacer algo parecido.
Hay posturas muy viscerales en contra de los sindicatos españoles -curiosamente sí se resalta el sindicalismo en otros países, como el griego, por ejemplo- y, desgraciadamente, HAY razones para la indignación porque los sindicatos han perdido el norte de su verdadera razón de ser y andan nadando entre dos aguas muy peligrosas. Luchas competitivas entre ellos, prebendas, banderitas y poca radicalidad ante los ataques que los trabajadores venimos sufriendo de un tiempo a esta parte; a todo eso le unimos la mala experiencia que algunos pueden tener de ineptos y trepas que utilizan su posición para beneficio propio y ya tenemos el cabreo servido y justificado. No ahorraré en las críticas razonadas y veraces que se puedan hacer a los sindicatos, sobre todo a los mayoritarios, aunque a diferencia de algunos, lo haré desde el dolor.

Dentro del movimiento 15M hay diferentes sensibilidades y afirmamos respetarlas todas; hay también actitudes intolerantes con las cuales se hace muy difícil la discrepancia razonada y enriquecedora. No obstante, me atrevo a poner encima de la mesa este tema para romper una lanza en favor de los sindicatos. No podemos permitirnos el lujo de desprestigiar y barrer al movimiento sindical que es el único que, en cada puesto de trabajo, puede defender a los asalariados frente a la prioridad del beneficio, por encima de las personas, a los que tan fácilmente se atienen los empresarios mediocres; y en este país hay muchos. Imagino la sonrisa que no le cabe en la boca de la patronal cuando asiste a la división entre los trabajadores, nada mejor para sus intereses: unos asalariados divididos y, por tanto, debilitados.

Si tenemos derechos laborales que ahora nos quieren quitar, es porque hubo sindicatos y lucha obrera que pelearon por esos derechos. Ahora, para defenderlos, necesitamos a los sindicatos, o esperáis que las empresas reciban a una delegación del 15M. No podemos ser tan ilusos de pensar que no necesitamos ni a los partidos ni a los sindicatos. Lo que sí necesitamos y debemos de exigir son unos partidos y unos sindicatos absolutamente renovados y que cumplan su función con coherencia en el lugar que les corresponden dentro de la democracia real. Aquéllos, la representación de los ciudadanos haciéndose eco de sus exigencias y éstos, la representación de los trabajadores y la defensa de sus derechos sin más.

Me niego a participar en las campañas que desde antes de la huelga general se vienen sucediendo en todos los medios y que a tanta gente ha seducido. Tirar piedras contra los sindicatos es tirar piedras contra nosotros mismos, es ponérselo muy fácil al capital y debilitarnos hasta la ineficacia. No voy a justificar ninguna de las barbaridades conocidas o por conocer que puedan perpetrar los sindicatos. Sólo digo que todas esas barbaridades nos ha de llevar a la renovación, no a la destrucción. No nos vamos a unir a ellos, de acuerdo, ellos son los que tienen que reflexionar y unirse al movimiento 15M, sin condiciones, sin protagonismos, sin banderas ni beneficios interesados; sé que muchos sindicalistas están participando de la indignación tomando las calles y esos serán los que consigan el cambio desde dentro, se lo tenemos que poner fácil desde fuera, con críticas pero con la mano extendida, porque si los rechazamos visceralmente, estamos rechazando a una parte medular del movimiento de indignaos 15M.
http://indignaos2011.blogspot.com/2011/06/15m-y-sindicatos-vaya-jardin-en-el-que.html

Proceso revolucionario en el mundo árabe y emancipación de las mujeres



El éxito de los procesos revolucionarios en los países árabes depende en parte del lugar de las mujeres en esas revoluciones, víctimas al menos tanto como los hombres de la represión policial, participantes activas en las movilizaciones y las huelgas.

Las esperanzas despertadas por los procesos revolucionarios en curso en diferentes países árabes son inmensas. Pueblos durante largo tiempo sometidos a dictaduras policiales deciden tomar su vida en sus manos y llevan a cabo hoy luchas encarnizadas para emanciparse. Pero estos procesos no podrán triunfar, es decir que su objetivo emancipador no será alcanzado, si las mujeres, la mitad de la sociedad, permanecen bajo la opresión patriarcal. El lugar de las mujeres es, pues, un indicador de las esperanzas que se pueden tener en estos procesos.

Desde los gérmenes de las revoluciones en curso, es decir desde las diferentes olas de revuelta que se desencadenaron en Egipto en 2007-2008, en las cuencas mineras marroquí y tunecina en 2008, las mujeres han aportado su piedra a estos edificios revolucionarios.

Así, en Egipto, fueron las iniciadoras de los movimientos de huelga en las fábricas del textil en Mahalla a fines de 2007 y comienzos de 2008, que se inscribían en un contexto de movilizaciones sociales fuertes en numerosos sectores: cementeras, cría de aves, sector minero, transportes públicos, salud, y sobre todo industria textil. Las huelgas eran, por supuesto, ilegales. Pero rechazando las bajadas de salarios y la supresión de las primas de fin de año, los obreros comenzaban a reunirse regularmente en la plaza central de la ciudad para protestar. La producción se detuvo totalmente cuando las 3.000 obreras abandonaron su puesto de trabajo y fueron a unirse a sus colegas hombres a los gritos de: "¿Dónde están los hombres? ¡Aquí estamos las mujeres!". Es así como arrastraron a los hombres a la huelga, las manifestaciones y las ocupaciones, hasta lograr sus objetivos.

Igualmente, en Túnez en 2008, durante la revuelta de la cuenca minera, la mujeres organizaron marchas, sentadas y concentraciones, para denunciar la represión policial.

Y desde el comienzo de los procesos revolucionarios, ha habido mujeres que han ocupado su lugar de trabajo, realizado huelgas, manifestaciones, sentadas, para defender sus derechos como trabajadoras. Fue también el caso en Mahalla y otras ciudades de Egipto, también el caso particularmente en los sectores del textil y de la gran distribución en Túnez. En Bahrein, ha habido mujeres que han participado en la ocupación de la plaza de la Perla, en la capital del reino, para reclamar el cambio. Zainab Al-Khawaja, que ha emprendido una huelga de hambre tras la violencia sufrida por su padre, su marido y su cuñado y su arresto, se ha convertido en una de las dirigentes de las protestas en Bahrein.

Y cuando el presidente yemenita ha osado denunciar el carácter mixto ilegal en las manifestaciones, algunas manifestantes le han denunciado ante los tribunales y evidentemente no han dejado de salir a la calle.

Iguales… en la represión.

Pero a pesar de su determinación, las mujeres que se han movilizado desde hace varios meses han pagado también un gran precio por su aspiración a la libertad y a la dignidad. Así, en Egipto, el ejército se ha dedicado a exámenes de virginidad de las manifestantes detenidas. Numerosas violaciones han sido registradas , entre ellas la de una periodista sudafricana. En Tripoli, Iman al-Obeidi ha revelado haber sido violada por una quincena de militantes pro Gadafi. En Yemen, una mujer ha sido detenida durante 48 horas por haberse atrevido a conducir sola por la noche. Y en todos los países de la región, manifestación ha rimado con agresiones a las manifestantes y ataques a su dignidad. En enero de 2011 en Túnez, numerosas mujeres han sido violadas -particularmente en Kassrine- por policías y milicianos del RCD. En marzo 2011, las blogueras tunecinas denunciaban el desencadenamiento de violencia contra manifestantes pacíficas en los términos siguientes: "Se quería paridad para las elecciones. Finalmente, solo la hemos obtenido en la violencia policial hacia nosotras".

Las organizaciones feministas se han implicado rápidamente en todas estas cuestiones, investigando las violaciones y los actos violentos de todo tipo hechos a las mujeres. Y son las únicas que pueden asegurar esas investigaciones. En Túnez, ninguna investigación oficial ha sido abierta sobre las violaciones denunciadas por las poblaciones de numerosas ciudades. La Asociación Tunecina de Mujeres Demócratas (ATFM) se encuentra sola recorriendo el país desde hace varios meses para recoger los testimonios de las mujeres víctimas de violencia y de sus allegados para acompañarles en sus procedimientos jurídicos.

Pero las organizaciones feministas deben hoy combatir también en otros terrenos: en Túnez también, donde el estatuto de las mujeres es el más avanzado de todos los países árabes, hay que luchar para preservar los derechos garantizados por el código del estatuto personal. Ciertos partidos de izquierda muestran su apego a este código y han logrado, con las asociaciones feministas y de derechos humanos, hacer votar por la alta instancia un artículo de la ley electoral que impone la paridad en las listas electorales. Pero las carencias enormes en ese mismo código son también denunciadas. Pues si las mujeres tunecinas han obtenido desde 1956 la prohibición de la poligamia, el derecho al divorcio, el derecho a votar, y en 1961, el derecho al aborto, mucho antes que varios países europeos, la separación entre la religión y la política sigue sin ser conquistada, la desigualdad en la herencia persiste, la transmisión de la nacionalidad sigue sometida al acuerdo del padre, y el no pago de la contracepción y de los actos de IVE dejan estos derechos reservados en la práctica a las clases privilegiadas. Por no hablar de las discriminaciones en la contratación, la desigualdad de los salarios, ni del acoso creciente que sufren en las esferas pública y privada.

Manifestaciones y campañas por los derechos de las mujeres, por la igualdad mujeres-hombres, contra toda puesta en cuestión de los derechos de las mujeres tunecinas son así regularmente organizadas pero no movilizan más allá de los medios militantes clásicos. Pues si la autoorganización es débil en el movimiento obrero, es casi inexistente en el movimiento feminista.

En otros países árabes, el combate por la emancipación parte de mucho más lejos. Así en Argelia, las mujeres son legalmente menores de por vida, pasando de la autoridad del padre a la del marido. Y las violencias que sufren no encuentran reacción real por parte de las autoridades. Las violaciones colectivas y los actos de tortura han sido sufridas por las mujeres de la ciudad de Hassi Messaoud hace diez años, a las que el imán de la ciudad había llamado, por la única razón de que esas mujeres eran independientes, vivían de su trabajo asalariado y no tenían necesidad de hombres que las mantuvieran. Estos actos han sido ignorados por el gobierno y las víctimas siguen sin obtener reparaciones. La mayor parte de los culpables siguen en libertad y el imán en cuestión ha tenido incluso una promoción. ¡Son las víctimas las que viven aún en la vergüenza!.

En Egipto, es la cuestión de la excisión la que parece más urgente, puesto que la casi totalidad de las niñas sufren esta mutilación genital, a pesar de la existencia de una ley que la prohíbe. Sobre el acoso sexual, una encuesta realizada en 2008 revela que el 83% de las egipcias y el 98% de las mujeres extranjeras son víctimas de ella. ¡El 63% de los hombres reconocen ser culpables! Y en varios países, como Yemen, las niñas pueden ser casadas desde la edad de 9 años, a pesar de la existencia de una ley que fija la edad mínima de matrimonio a los 17 años.

Indispensables para el triunfo del movimiento.

La atmósfera revolucionaria favorece habitualmente la irrupción de las mujeres en el terreno político, porque tienen mucho que ganar en una puesta en cuestión de la relaciones de dominación existentes, pero también por una razón muy pragmática: las clases explotadas sienten la necesidad de unir todas las fuerzas disponibles para cambiar de arriba a abajo la sociedad. Desgraciadamente, esta situación conoce a menudo un final bastante brutal en cuanto las relaciones sociales se estabilizan de nuevo. Entonces, las mujeres están a menudo entre las primeras que sufren los efectos de la contrarrevolución. El ejemplo de la contrarrevolución estalinista en Rusia es edificante a este respecto. Por el momento, en los países árabes en lucha, las relaciones de dominación siguen siendo globalmente las mismas. Además, cualesquiera que sean las leyes, en las instituciones y las esferas de decisión, las mujeres están extremadamente poco presentes, incluso ausentes. Por ejemplo, solo tres mujeres participan en el gobierno provisional tunecino, con ministerios que les mantienen en su papel tradicional: ministerio de la Familia, de la Salud y una secretaría de estado. En Egipto, las mujeres han sido totalmente excluidas de la comisión de modificación de la constitución, comisión presidida por un miembro de los Hermanos Musulmanes. Pero incluso en la dirección del movimiento obrero (sindicatos, partidos políticos, etc.), las mujeres están muy poco presentes.

Además, no se ve aún emerger en la base un movimiento autónomo alrededor de estas cuestiones específicas. La emancipación de las mujeres no es una consigna visible entre las reivindicaciones de los revolucionarios. Y allí donde las mujeres se movilizan, el discurso es el mismo: "tenemos las mismas reivindicaciones que los hombres". Lo que es legítimo en un momento en que todos y todas luchan contra las dictaduras o sus restos. Esto deja finalmente poco espacio para la emergencia de un movimiento autónomo de mujeres sobre reivindicaciones específicas. Y los movimientos feministas no están aún enraizados en las capas populares. Es una élite intelectual, a menudo pequeñoburguesa, la que se organiza y lucha contra la opresión específica de las mujeres. Si esta diferenciación de clase no tiene nada de específico de la región árabe, el desafío para estas organizaciones es unirse a las clases populares y participar con ellas en la construcción de este movimiento autónomo.

El futuro de cada uno de los procesos revolucionarios en los países árabes dependerá sin duda en parte del lugar que tomen esos movimientos de mujeres. En los países en que éstas no trabajan o poco en la esfera mercantil y permanecen confinadas en la esfera familiar, la lucha por la emancipación será mucho más complicada, pues los poderes que emerjan de los procesos revolucionarios en curso podrían rápidamente devolverlas a su papel habitual, el de mujeres en el hogar. En cambio, en los países en que las mujeres, por su trabajo asalariado, tienen una cierta independencia y no participan solo en las luchas como madres o esposas, sino también como trabajadoras, su lugar en el movimiento obrero y por tanto en el proceso revolucionario es más importante. Y a pesar de las tentativas de recuperación por parte de organizaciones reaccionarias, no se dejarán tan fácilmente confiscar su revolución. Es pues en esos países, con la condición de que se enraíce en las capas populares un verdadero movimiento autónomo de las mujeres que plantee los problemas de las relaciones de dominación patriarcal y de reivindicaciones propias, donde el combate por la emancipación podrá avanzar en los próximos meses.

31/07/2011

http://www.npa2009.org/content/processus-révolutionnaires-dans-le-monde-arabe-et-émancipation-des-femmes

Traducción: Faustino Eguberri para VIENTO SUR