18 de agosto de 2011

Ministerio del Interior y ultracatólicos convierten manifestación pacífica laica en batalla campal






Lo que comenzaba como una manifestación semifestiva, con un carnaval rodeando a las innumerables protestas por el dispendio de la visita del hegemon católico a la capital española, acabaría convirtiéndose en un infierno para la ciudadanía de la capital, gracias a la mala gestión desde el Ministerio del Interior y a los violentos y provocadores enviados a contramanifestarse por todo el entorno del centro.

Un bochornoso ejemplo en todos los aspectos ha rodeado esta convocatoria que, desde un principio, se pretendió impedir desde cualquiera de las instancias políticas del país, el ayuntamiento y la comunidad autónoma, que pretenden disponer de toda la ciudad para aquello que les venga en gana pese a las normas del juego democrático en el que supuestamente se amparan.

Así, tras las innumerables provocaciones e insultos de los papistas a las que la policía no ha hecho o no ha podido hacer frente a lo largo del recorrido, la manifestación sé ha dividido en varias partes, dejando desprotegidos a los manifestantes que tenían autorizado el recorrido.El volumen de manifestantes ha desbordado cualquier expectativa de los convocantes, y en el momento de la llegada al final de la calle Carretas, procedentes de la plaza de Benavente, ha quedado patente que el efectivo policial, no sólo estaba desbordado completamente por los ultracatólicos congregados en la Puerta del Sol, sino que no tenían claras las instrucciones a seguir. A partir de ese momento se preguntaban unos a otros, consultaba, volvían a consultar. Era evidente que no podían disolver una manifestación ni la otra, pero que la gente avanzaba hacia Sol, como estaba previsto y legalizado. Atrás quedaba un grupo de beatos arrodillados en Benavente, rezando como si llegara el fin del mundo: las cámaras de televisión les alientan a estas memeces, en tanto que la gente les ignora y continúa. A mitad de Carretas, un perturbado se exhibe rezando el rosario con su atuendo peregrino, tratando de provocar para ser él el mártir del día, pero tampoco lo consigue.

Los agentes preguntan ya al borde de Sol, uno dice “hay que empujar y seguir para adelante”, así que primero arremeten contra los medios gráficos, que somos los únicos que no estorbamos, pero los católicos congregados son más y, sin duda, violentos. Insultan y hacen cánticos. La pancarta entra en Sol, un agente dice al mando: si entramos no tenemos suficiente para cubrir todo, ¡se va a partir, se va a partir!”, dice preocupado, y se refiere a la manifestación, que quedará al descubierto ante los ultracatólicos, “pues habrá que hacerlo con lo que tenemos ¡vamos!”, le responden. Y así ocurre, nos adentramos entre insultos y empujones hacia Alcalá, donde durante todo el trayecto hay insultos y provocaciones desde los laterales, pero la policía es absolutamente insuficiente en número. Tratan de acortar el trayecto, viendo que al llegar a Sevilla la cosa se complica, ya que un nutrido grupo ha sido dirigido hacia allí. A estas alturas ya está claro que hay un grupo de voluntarios (chaleco verde de Bankia -Cajamadrid-) que son de aquí, y que son los más violentos e iracundos, insultan lanzan el puño y abuchean, tratando de dirigir a una masa informe que no comprende lo que está ocurriendo, ni por qué les han conducido allí. Entre unos y otros gritos, vítores a cristo rey, cosa que no se escuchaba en este país desde hace décadas (creo que desde que asesinaron cobardemente a Lucrecia en el Four Rouses).

Y en la calle Sevilla, tras varios altercados, la manifestación estalla. "vuestro papa es un nazi" y cuidado con los niños que viene el papa".

Mientras los ultras dan sus vivas a cristo rey, la manifestación laica les responde "hemos venido pagando el autobús". Y es que a los supuestos peregrinos les pagan el transporte, además de la mochila que llevan y todos sus enseres para ir uniformados (alguien se pregunta cómo olerán en un par de días), y se les proporciona alojamiento y unos ticket para menús a 7€ en pleno centro. El dispendio asciende, al parecer, a más de cien millones de euros, en un país con cinco millones de desempleados (un cálculo aproximado hace pensar en más de 7.000 familias viviendo bien durante un año). Pese a que por la mañana José Blanco ha salido en nombre del gobierno asegurando que esto no cuesta nada porque habrá muchos beneficios, nadie alcanza a comprender de dónde salen estos beneficios si vienen con todo cubierto, y así lo manifiestan en las calles.

Lo cierto es que la manifestación se rompe (como indicaba el policía inicial), y a partir de ahí reina el caos, porque comienzan los enfrentamientos verbales en la Puerta del Sol, mientras la chulería abunda en otras zonas, donde entran a provocar. En la cabecera descubrimos que dos cámaras pagados por la organización católica van grabando uno por uno a las personas de la cabecera desde dentro, como si se tratase de prensa. Cuando les saco fotos, se percatan y salen corriendo con su cámara y su micrófono para seguir con quienes están en los laterales, a quienes provocan con insultos aquellos que se encuentran a espaldas de la cámara.



Como la gente no ha conseguido salir aún de la Plaza de Tirso de Molina (punto de partida), debido a la gran afluencia y al parón en Sol, todo comienza a desbordarse, pero cualquiera que haya acudido quiere completar el recorrido. En un determinado momento la policía (o quien esté al mando), se cansa y manda parar: comienzan los cortes, las cargas policiales y las agresiones, que no se dan hacia la contramanifestación (ilegal), sino contra manifestantes que tenían comunicado y legalizado el recorrido. Finalmente, varios heridos por contusión, antidisturbios con escopetas de pelotas de goma en ristre, escudos y carreras, algunos detenidos. En la zona de Carretas pegan a un hombre mayor en las piernas, y cuando cae se ensañan dándole en la cabeza (ver video). En el acceso de la calle Arenal, con poca gente, presenciamos cómo una chica insulta a los policías y, con una absoluta falta de profesionalidad, salen de detrás de las vallas de la barrera policial corriendo y, con las manos desnudas la agreden en cuello y espalda, antes de llevársela detenida.

Mientras, un grupo de papistas permanece recogidito en el interior de Sol: ellos no han sido desalojados, porque “no quieren irse”, nos dice un policía, pero al cabo del rato se van marchando a voluntad.

Parece que las autoridades y los ultras religiosos y políticos han conseguido convertir una manifestación pacífica y legítima, en una batalla campal, generando odios con gran arraigo ante las diferencias que se han creado. Al final, un hombre con sus trastos de “peregrino” se acerca y nos pregunta a una compañera y a mí “¿Qué dicen de la mochila?”, “que la hemos pagado nosotros”, le respondo, y aprovechamos para explicarle la situación. Él nos explica que la mayoría de la gente joven que ha venido no tiene nada que ver con la visita del papa (y le aclaramos que eso era obvio), sino que les han pagado unas vacaciones baratas. También nos dice que respeta todas las opiniones, pero que sabe perfectamente que hay por arriba gente empeñada en el “confronto” (enfrentamiento en italiano). Coincidimos plenamente, porque ha quedado evidenciado.

Los días siguientes prometen estar llenos de conflicto, rencores, e incluso odios, en función del saldo que arroje finalmente la noche de hoy. De nuevo Sol está cortado al público, y ahora la razón es más clara y evidente.
Republica.es