29 de agosto de 2011

Opositores libios tienen vínculos con Al-Qaeda: informe




Por Jamil Chad,
Periódicos europeos y árabes, informó ayer que muchos comandantes rebeldes tienen relaciones con el libio al-Qaeda. Información basada en la recopilación de inteligencia supuesta países de la Unión Europea, ha creado un malestar entre los gobiernos que ayudaron, directa o indirectamente, para derrocar al dictador libio Muammar Gadhafi.

De acuerdo con las revelaciones, Abdelhakim Belhaj, uno de los jefes militares de los rebeldes y ahora gobernador de facto de Trípoli, era un yihadista. Incluso habría sido detenido por EE.UU. Servicio Secreto, algo más de siete años por sus actividades terroristas.

Belhaj, quien es conocido por la CIA, como Abu Abdallah al-Sadek, el plomo, antes de los ataques del 11 de septiembre, el Grupo de Combate Islámico de Libia (Arte), que tenía dos campos de entrenamiento en Afganistán de los talibanes.

De acuerdo con diario francés Liberation, la inteligencia francesa confirma que el rebelde fue detenido por la CIA en 2003, "Asia" y envió a una de las prisiones secretas administradas por el gobierno de EE.UU. en la guerra contra el terrorismo.

Años después, cuando Gaddafi renunció formalmente el terrorismo, la CIA dio Belhaj el régimen libio, que se han llevado a cabo. Durante este período, la dictadura de Libia ha confirmado que él y otros yihadistas han renunciado a la guerra santa. En 2010, Saif al-Islam, hijo del coronel, se han enviado gratis Belhaj.

El periódico francés La Croix, el investigador cuestiona si este Abderrahim Kader renunciar a la yihad que realmente ocurrió. "Se ha encontrado orificio de Libia en cada célula de Al Qaeda", dijo Abderrahim. Señaló que el grupo estaba activo en Irak durante la invasión de EE.UU..

La advertencia sobre los comandantes de Libia, vinculado a Al-Qaeda también se hizo por el rey saudí Abdullah bin Abdelaziz al-Saud, en una reciente reunión con el presidente de Senegal, Abdoulaye Wade. "Debemos ser cuidadosos con el Consejo Nacional de Transición de Libia", dijo el rey tendría, según la prensa europea. "Se trata de infiltrados por Al Qaeda."

Por Reinaldo Azevedo

Libro .Mi guerra de España.Testimonio de una miliciana al mando de una columna del POUM




Argentina de padres rusos, Mika Etchebéhère (Mika Feldman) llegó a Madrid el 12 de julio de 1936 para reunirse con su marido. Seis días después de su llegada se produce el levantamiento del ejército, y la pareja de revolucionarios, de inspiración troskista, se une a la Columna del POUM. En el frente de Guadalajara, muerto su marido, Hipólito Etchebéhère, al mes de entrar en combate, Mika asume la responsabilidad de la columna donde, con la posterior militarización de las milicias, alcanzará el grado de capitana (única mujer con mando de tropa en la guerra de 1936-39). Pero el relato de ese periodo va mucho más allá de la exposición del horror de la guerra. “Mi guerra de España” es, sobre todo, la narración lúcida y emocionada de una mujer que no sólo tuvo que enfrentar los prejuicios de sus propios camaradas, sino las intrigas y persecuciones de los agentes de Stalin contra el proceso revolucionario que se desarrollaba en el bando republicano.

Sin embargo, en estas memorias no hay la mínima concesión al heroísmo militarista. Al contrario, la prosa directa e intensa de este libro nos pone ante el testimonio de una mujer que no esconde sus vacilaciones, sus decepciones, sus contradicciones; sentimientos todos de una capitana atípica, como no podía ser de otro modo, en una mujer “carente del mandamiento del odio”, pero imbuida de un insobornable espíritu revolucionario que mantendría hasta el final de sus días en París, en 1992.

¿Quienes son los "rebeldes" que están ganando la guerra en Libia?






Los rebeldes lucharon con la ayuda de una coalición militar encabezada por Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia y España, sin que prácticamente nadie se preguntara quienes son y sin que apenas se cuestionara la moralidad de la propia intervención internacional, pero se trata de un grupo heterogéneo que creció notablemente sólo gracias a la intervención militar de la OTAN, que les abrió una puerta hacia el triunfo. Entonces, ¿quién ha ganado? ¿Los rebeldes? ¿Los que apoyaron la intervención armada? ¿La OTAN?
De la revuelta popular a la guerra
La triunfante rebelión popular tunecina se contagió con éxito a Egipto y otros países del Magreb y Oriente Próximo. En Libia estas revueltas populares toman gran impulso a partir de la dimisión, el 11 de febrero, del presidente egipcio Mubarak. El 17 de febrero, son los jóvenes y las clases medias quienes salen a las calles en las principales ciudades libias, Trípoli y Bengasi. Fue un grupo de personalidades, intelectuales, líderes de facciones gubernamentales y tribales, de fuerzas políticas de la oposición, de organizaciones sociales, de organismos de derechos humanos, quienes primero pidieron al líder libio Muammar Gaddafi que abandonara el poder, subrayando al mismo tiempo, el derecho del pueblo libio a expresar sus manifestaciones pacíficas sin ningún tipo de acoso o amenazas por parte del gobierno.span class="fullpost">A continuación más de 200 personalidades representativas de diferentes sectores sociales, activistas, abogados, estudiantes, profesionales, funcionarios, empresarios, ingenieros, médicos, periodistas, profesores universitarios, víctimas de la guerra del Chad, entre otros, firmaron un comunicado. La auténtica oposición libia, manifestó que su declaración se producía en su intento de “establecer el principio del derecho de los pueblos a expresar sus opiniones por cualquier medio pacífico que consideren oportunas, y la fe en la legitimidad de este derecho, y con el fin de conseguir un cambio en Libia que ha de venir inevitablemente”. El 21 de febrero los manifestantes libios en Trípoli incendiaron la sede central del Gobierno libio, el Salón del Pueblo, y el edificio del Ministerio de Justicia. Las protestas de ese día causan la muerte de 61 personas en los enfrentamientos entre fuerzas de seguridad y manifestantes en la capital.
A partir del 21 de febrero se producen declaraciones oficiales de los principales partidos comunistas del Magreb y Oriente Próximo. Así, el Partido Comunista Egipcio, animó a continuar la revolución del pueblo libio contra el gobierno de Muammar Gaddafi, pidió el fin de las matanzas y rechazó el uso de las fuerzas militares internacionales para detener la revolución. El Politburó del Partido Comunista del Líbano condenó la masacre del gobierno de Muammar Gaddafi contra el levantamiento de pueblo libio. De igual forma el Partido Comunista de Palestina, emitió una declaración de apoyo a las revueltas en Libia, y el Partido Comunista Obrero de Túnez, animaba, en un comunicado al hermano pueblo libio, a continuar con las revueltas hasta lograr la exigencia fundamental de la caída de Muammar Gaddafi.
Golpe de palacio y pronunciamiento militar
Sin embargo, la situación da un giro radical después de una cadena de dimisiones y deserciones de importantes miembros del gobierno libio. El ejército libio se divide, algunos de sus generales se declaran en rebeldía y junto a elementos internos del propio estado, crean un gobierno provisional y un ejercito para disputar el poder a su hasta ahora presidente, Muammar Gaddafi.
El 22 de febrero dimite el ministro del Interior, Abdul Fathah Younis, que en la última década había reprimido duramente a los opositores libios a través de la policía y los servicios secretos, ahora se declara rebelde y pide la salida del país del presidente que lo nombró, Muammar Gaddafi. Le sigue el ex ministro de Justicia, Mustafa Adbel Jalil, el 23 de febrero, a los que se unen el 24 de febrero destacados miembros del gobierno, importantes funcionarios y oficiales del ejército. Se está produciendo un “golpe de palacio” ejecutado por elementos internos del propio gobierno e incluso de la misma cúspide gubernamental que intentan la toma del poder. Siguen las deserciones con varios ministros, embajadores y líderes religiosos que abandonan a Muammar Gaddafi.
La cadena de dimisiones afecta desde ministerios, jefes militares, hasta embajadores y diplomáticos libios. El embajador ante Egipto, Ahmed Gadaf al Dam, renuncia a sus funciones. La embajada libia en Nueva Delhi también deserta. A la dimisión del embajador de Libia en Francia hay que sumarle el de Libia ante la Unesco. La misión libia ante la sede de Naciones Unidas en Nueva York deserta dejando de responder a las instrucciones de su gobierno. El fiscal general del estado, Abdel Rahman al Abar, se pasa al campo de los rebeldes tras su renuncia del cargo gubernamental. El gobierno pierde a una figura clave, el ministro de Relaciones Exteriores Moussa Koussa, quien durante muchos años fue el jefe de los servicios secretos libios. El ministro libio de Petróleo, que fue presidente de la poderosa compañía estatal de petróleo libia, Chukri Ghanem, deserta y se une a los rebeldes pese a estar considerado uno de los cinco altos cargos más próximos a Muammar Gaddafi.
Al golpe de palacio, le sigue un pronunciamiento militar protagonizado por destacados miembros de las fuerzas armadas que, con todos sus efectivos militares, intentan también tomar el control interno del país. La base área de Muitiqa y el batallón 36 Saaiqa se unen a los rebeldes, organizados ahora en el autodenominado Ejército Popular Libio, que cuenta con 8.000 efectivos profesionales, un 40% del ejército nacional, aunque las unidades del élite aéreas y terrestres están con el gobierno. Ahora el avance de los rebeldes también implica tomar el control de los pozos petrolíferos.
Los denominados rebeldes, han apartado de la lucha contra el gobierno de Muammar Gaddafi a las verdaderas fuerzas de oposición que han perdido casi todo el protagonismo que tuvieron en el inicio de la rebelión popular libia, y apoyándose en generales y oficiales desertores de las fuerzas armadas y en los ministros y políticos gubernamentales que han abandonado al presidente, han organizado el Consejo Nacional de Transición, con sede en Bengasi, estableciendo un gobierno paralelo, reconocido por Estados Unidos y la mayoría de los países europeos, cuyo objetivo no es otro que disputar el poder al presidente y controlar los pozos petrolíferos con el apoyo de las potencias internacionales.
En este contexto, y después de la ofensiva de las tropas gubernamentales, se comienza a hablar de la posibilidad de establecer una zona de exclusión aérea, para evitar los bombardeos sobre los rebeldes y la superioridad militar de la aviación gubernamental. El día 11 de marzo los rebeldes pierden el control del complejo petrolífero de Ras Lanuf y el día 12 de marzo, la Liga Árabe, con el voto en contra de Siria y Argelia, dio su apoyo a la creación de una zona de exclusión aérea sobre Libia.
El 17 de marzo, en Consejo de Seguridad de la ONU a través de la Resolución 1973, aprobó que se autorizaría el establecimiento de una zona de exclusión aérea sobre Libia. El día siguiente, 18 de marzo, Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia y España, se reúnen en el Palacio del Elíseo para la preparación del envío de aviones para imponer la zona de exclusión aérea aprobada el día anterior por la ONU. Este mismo día el gobierno Libio anuncia un alto el fuego y una tregua unilateral, que sin embargo es ignorada por estos países que continúan con sus planes de intervención militar.
En 19 de marzo se produce la intervención militar que no se limita al establecimiento de la zona de exclusión aérea, sino que consiste en el apoyo militar a las fuerzas armadas rebeldes y el ataque a las fuerzas gubernamentales. Los bombardeos de la OTAN provocan, desde el comienzo de la intervención, un significativo número de víctimas civiles lo que provoca las protestas de la Liga Árabe, de las principales organizaciones de izquierdas del Magreb y Oriente Próximo, y de gobiernos de izquierdas y progresistas de América Latina.
A partir del 20 de marzo se producen declaraciones oficiales de los principales partidos comunistas del Magreb y Oriente Próximo, en las que, estos partidos, que antes habían apoyado las revueltas del pueblo libio, consideran que el propósito de la intervención no era para proteger al pueblo de Libia de la opresión de Muammar Gaddafi, sino la ocupación de este país, someter a su pueblo, saquear sus riquezas, y el uso de su territorio para el establecimiento de bases militares para el control del norte de África con el fin de garantizar la seguridad de Israel y salvaguardar los intereses de las potencias occidentales en la región.
Estos partidos han rechazado la intervención militar, y ha señalado que Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia, España, y todos los países occidentales, no tienen ningún interés en el triunfo de las revueltas populares árabes, que comenzó porque el sistema causó estragos como la corrupción y el desempleo, sino saquear las riquezas que tiene Libia. Fundamentalmente el control del petroleo y del gas. Posteriormente, se ha podido saber que Francia estaba preparando, desde antes de que estallara la revuelta, apoyar un golpe de Estado contra el gobierno de Muammar Gaddafi, protagonizado por personalidades del mismo régimen.
Desde América Latina, diversas personalidades políticas, han criticado la intervención de las potencias occidentales en el conflicto a favor de una de las partes beligerantes. No es solamente el control del petróleo libio lo que está en juego, sino el control de toda la zona, una vez caídos los presidentes pro norteamericanos de Túnez y de Egipto. El riesgo mayor para las potencias capitalistas es que se produzcan revueltas en los países árabes gobernados por monarquías corruptas y pro norteamericanas. Y su interés es que allí en dónde ya se han producido las revueltas los acontecimientos se desarrollen de manera que no sean contrarios a sus intereses.
¿Quienes son los rebeldes libios?
Los rebeldes libios han apartado a las tradicionales fuerzas políticas de la oposición libia y también desactivaron a los protagonistas de las primeras revueltas y manifestaciones populares. Estos han formado un gobierno de transición bajo el liderazgo de Mahmoud Jabril, y este nuevo gabinete está tomando poco a poco forma, con la inclusión de ex generales de Muammar Gaddafi, ex ministros y políticos gubernamentales que han abandonado al presidente, volviéndose “demócratas” de repente. El gobierno interino de los rebeldes, que compite con el régimen oficial por el control del país, ha sido impulsado por el reconocimiento de soberanía por parte de las principales potencias occidentales, y cuenta con un generoso apoyo político y militar de las potencias occidentales.
Lo que sigue es un resumen de los principales componentes, de lo que podemos denominar, las fuerzas rebeldes libias. Así como de algunas fuerzas de oposición que han luchado contra el gobierno de forma abierta o encubierta en las últimas décadas:
Consejo Nacional de Transición
El Consejo Nacional de Transición es hegemonizado por funcionarios y militares desafectos con el gobierno de Muammar Gaddafi que tienen una estrategia reaccionaria de reemplazarlo para ser ellos quienes garanticen los negocios de las grandes corporaciones. Los principales líderes del llamado “gobierno provisional” del Consejo Nacional de Transición son ex generales, ex ministros y políticos gubernamentales que han abandonado al presidente.
El gobierno provisional del Consejo Nacional de Transición, se creó el 5 de marzo, aún esperaba el reconocimiento internacional cuando nombró presidente al ex ministro de Justicia, Mustafa Adbel Jalil. El mismo día, el 5 de marzo, se estableció un ejecutivo encabezado, como primer ministro, por Mahmoud Jabril, uno de los responsables de la política económica de Muammar Gaddafi durante la última década, reconocido neoliberal, que como Jefe de la Junta Nacional de Desarrollo Económico negoció los contratos de Libia con las potencias occidentales y promovió las privatizaciones, así como la liberalización económica del país.
El gobierno rebelde del primer ministro libio, Mahmoud Jabril, ha sido reconocido como el único representante legítimo de Libia por Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia, España y otros países. Actualmente está encabezando las reuniones y negociaciones de los rebeldes con el presidente francés Nicolás Sarkozy y en los últimos años ha sido el hombre clave para que penetrasen en Libia los intereses económicos de las potencias occidentales. Como economista se ha mostrado siempre un firme partidario del neoliberalismo. Cercano a los Estados Unidos y a Gran Bretaña, se doctoró en ciencias políticas y en planificación estratégica en la Universidad de Pittsburgh (EEUU). El Consejo Nacional de Transición tiene sus fuerzas armadas en el denominado Ejército Popular Libio, conformado por 8.000 militares profesionales y un número desconocido voluntarios civiles, que controla la mayor parte de los pozos petroleros, así como las terminales portuarias desde las que se exporta.
El ex ministro del interior, Abdul Fathah Younis, veterano oficial del ejército de Libia que alcanzó el rango de general, se declaró Comandante en Jefe de las fuerzas armadas rebeldes del Ejército Popular Libio. Anteriormente fue ministro de seguridad pública, uno de los encargados de reprimir a la oposición. Era considerado el número dos del gobierno libio de Muammar Gaddafi. Abdul Younis fue asesinado el 28 de julio en circunstancias no aclaradas. También murieron dos coroneles, atribuyéndose esta acción a un comando gadafista. Sin embargo, los cadáveres se hallaron finalmente calcinados y existe la sospecha de que los autores del asesinato pudieran pertenecer a sectores rivales dentro de las filas rebeldes.
Frente Nacional para la Salvación de Libia
El Frente Nacional para la Salvación de Libia (NFSL) se fundó como movimiento de oposición creado en 1981 por exiliados en Sudan. El fundador, Muhammad Yusuf al-Magariaf, ex embajador de Libia ante la India, contó con el apoyo del gobierno sudanés para reunir a un grupo de oposición hasta 1985 cuando el régimen del coronel Nimeiry cayó. A continuación, en 1987 se aliaron con otras fuerzas de oposición y militares que desertaron de las fuerzas de Muammar Gaddafi y que operaba en el Chad, creando el Ejército Nacional Libio. Sin embargo, tuvieron que marcharse cuando Idriss Debey tomó el poder en Chad con el apoyo del gobierno de Libia.
El NFSL intentó un primer levantamiento contra Muammar Gaddafi que fue un fracaso. Hombres armados de la organización atacaron cuarteles del ejército libio en 1984, a la vez que la fuerzas militares tenían que alzarse contra el gobierno, pero el golpe de Estado fracasó, pese a que el golpe estaba financiado y preparado por los Estados Unidos y potencias regionales como Arabia Saudita. En el transcurso del tiempo, el Frente Nacional para la Salvación de Libia, cambió su táctica para derrocar al gobierno través de la acción militar y se abrió a dialogar con otras fuerzas de oposición para lo que se unieron a la Conferencia Nacional de la Oposición Libia en 2005, pero se retiró de ella casi de forma inmediata por diferencias de opinión y con la estrategia de oposición pacífica puesto que son partidarios de la lucha armada.
Tiene su sede actual en los Estados Unidos y está dirigida por Ibrahim Abdulaziz Sahad, después de su último congreso celebrado en 2007, también en los Estados Unidos. Según diversas fuentes, está apoyada por Arabia Saudita y los Estados Unidos, y recibe financiación y adiestramiento por parte de la Agencia Central de Inteligencia (CIA).
Grupo Islámico Combatiente Libio
El Grupo Islámico Combatiente Libio, también conocido como Al-Yama’a al-Islamiyyah al-Muqatilah bi-Libia, se formó en 1995 por personas que tenían contactos con sectores islamistas radicales y con el gobierno talibán de Afganistán. Fueron inicialmente armados y financiados por los Estados Unidos y por Arabia Saudita. De inmediato se propuso como uno de sus principales objetivos acabar con la vida de Muammar Gaddafi. Pero el intento de asesinato que protagonizaron en 1996 falló. Después de lanzar varios ataques mortales contra objetivos militares libios se suavizó hasta los últimos años y hasta pidió disculpas a Gaddafi en 2009 por tratar de matarlo. Actualmente se le acusa de tener vínculos con Al Qaeda y otras organizaciones yihadistas que emplean tácticas terroristas y se plantean un movimiento de resistencia islámica alrededor del mundo.
Liga de Libia para los Derechos Humanos
La Liga de Libia para los Derechos Humanos (LLHR) fue inspirada por un diplomático libio que desertó al campo de la oposición en la década de 1980, Mansour Kikhia, ex embajador libio ante las Naciones Unidas, que posteriormente fue capturado y ejecutado por Muammar Gaddafi. Al igual que otros grupos de la oposición, tiene sede en el extranjero, en Ginebra (Suiza) y tiene filiales en Bornheim (Alemania) y Londres (Gran Bretaña). Desde hace varios años también han abierto sus operaciones en Estados Unidos. Reciben financiación de la Unión Europea y del Departamento de Estado de los Estados Unidos.
La Unión Constitucional Libia
La Unión Constitucional Libia (LCU) tiene como campaña principal la reivindicación del retorno a la Constitución de 1951 y la reinstalación de la monarquía. Fue lanzado por el jeque Mohamed Ben Ghalbon en 1981 y declaró su lealtad al depuesto rey Idris. Esta organización de oposición defiende que los libios eligieron el sistema político del Reino Unido y también eligieron una monarquía en 1951 cuando Libia se independizó de la colonización occidental. Utilizan la bandera monárquica.
Conferencia Nacional de la Oposición Libia
La “Alianza Nacional de Libia”, “Movimiento para el Cambio y Reforma”, el “Congreso Tmazight de Libia” y la “Asamblea Republicana por la Democracia y la Justicia Social”, firman en mayo de 2003 una “Carta con los principios establecidos y los objetivos de la lucha de Libia”. En 2005, se agrupan en la “Conferencia Nacional de la oposición Libia” (NCLO). La NCLO jugó un papel decisivo en la organización del “Día de la Ira” del 17 de febrero, que fue un hito en la revuelta popular de Libia. La Asamblea Republicana por la Democracia y la Justicia Social es la principal fuerza de la oposición de izquierdas, formada por algunos sectores de la izquierda en 2002. Después de la intervención militar perdieron toda su fuerza y protagonismo.
Rebelión

Los verdaderos vencedores de la guerra libia: Dulce crudo mío


Seguid la pista del dinero. Han visto a miembros de la familia real saudí bailando en los corredores del palacio en Riad.

El heredero del trono libio, el príncipe al-Senussi, sobrino del rey Idriss que fue depuesto por Muamar Gadafi y otros en un incruento golpe militar en 1969, se ha lanzado a una ajetreada campaña de autopromoción, diciendo que está listo para volver a Libia e incluso para “dirigir el país”.

Nada en el mundo podría ser más dulce para la Casa de Saud –profundamente disgustada por la mayoría de las repúblicas seculares árabes– que un emirato amistoso totalmente nuevo en el Norte de África.

Pero la OTAN, la verdadera vencedora de la guerra tribal/civil libia, puede tener otras ideas. Mahmud Jibril –el incierto primer ministro del Consejo Nacional de Transición, hablando en Qatar, ha agradecido explícitamente por su nombre a los vencedores: Francia, Gran Bretaña, EE.UU., Qatar y los Emiratos Árabes Unidos. De estos cinco primeros, los tres occidentales principales podrían aceptar, en teoría, un emirato dócil –mientras no muestre tendencias ultra fundamentalistas al estilo de Waziristán del Norte, como en el área tribal de Pakistán.Queda por ver, porque en esta etapa nadie conoce realmente el grado de influencia que podrán tener los islamistas en la Libia post Gadafi. Dentro de una semana, en París, podrán poner sobre la mesa algunas respuestas: es cuando los “amigos de Libia” (FOL, por sus siglas en inglés) se reunirán con el líder del Consejo Mustafa Abdul Jalil y el primer ministro Jibril para hablar en serio sobre lo que preparan para que sea un nuevo protectorado de la OTAN.

Mientras tanto, de Bengasi a las capitales europeas se baila al ritmo de un super éxito de Guns 'n Roses rebautizado ahora Sweet Crude of Mine (Dulce crudo mío). Francia y Alemania ya están presionando a la dirigencia de los “rebeldes de la OTAN” para obtener suculentos acuerdos, Italia comienza hoy (el primer ministro Silvio Berlusconi se reúne con Jalil en Milán) y los británicos y estadounidenses están a punto de hacer lo mismo.

Hasta ahora la Compañía Petrolera Nacional de Libia otorgaba los contratos de servicio para antiguos y lucrativos campos petroleros esencialmete a las subsidiarias nacionales libias. Pero lo que quieren realmente BP, Total, Exxon Mobil y la compañía petrolera de Qatar es una participación seria en nuevos yacimientos, y esos famosos acuerdos para compartir la producción (PSA) que permiten beneficios estratosféricos. Quieren todo el auge que no consiguieron en Iraq –donde algunos de los contratos más suculentos se entregaron a protagonistas rusos, chinos o malasios.

En cuanto a los protagonistas que ya estaban en suelo libio, como Repsol de España y ENI de Italia, planifican volver a operar antes del fin de septiembre. Nadie sabe lo que pasará con las inversiones chinas.

Lo que WikiLeaks ya había revelado [1] ciertamente volverá a ocurrir en la forma de peleas de perros, como entre compañías estadounidenses y ENI de Italia por los mejores contratos. En gran parte debido a los estrechísimos lazos de “bunga bunga” Berlusconi con Gadafi, ENI ya estaba bombeando casi 200.000 barriles de petróleo al día antes de la guerra tribal/civil.

En todo caso, desde el punto de vista de las corporaciones vinculadas a los “vencedores” de la guerra, la desaparición de Gadafi ya es una garantía segura de contratos ultra dulces y de una serie de concesiones.

Seguid la pista del dinero

En el frente bancario, una vez más, WikiLeaks ya había revelado [2] que la privatización del banco central de Libia se consideraba una “oportunidad” dorada para los bancos de EE.UU. Es muy probable que el banco “rebelde” fantasma facilitado por HSBC se haga cargo, obviamente no de forma independiente como el anterior Banco Central de Libia, sino alineado con el Banco de Pagos Internacionales (BIS) basado en Suiza, el banco central de los banqueros centrales.

De modo que adiós a las “subversivas” ideas unificadoras de Gadafi como librarse del dólar estadounidense y del euro de modo que las naciones árabes y africanas comenzaran a comerciar con una nueva moneda única, el dinar de oro. Es crucial señalar que la mayoría de las naciones africanas –y muchos árabes– respaldaron la idea. Los únicos serios oponentes en la región fueron Sudáfrica y la Liga Árabe (influenciada por la Casa de Saud). Obviamente Washington y la Unión Europea (UE) estaban furiosos, hasta el punto de llamar a la OTAN al rescate.

Nunca se recordará lo suficiente que Iraq a finales de 2002, bajo Sadam Hussein, comenzó a aceptar pagos en euros en lugar de dólares de EE.UU. por su petróleo. Todos saben lo que pasó a continuación. No os metáis con el petrodólar o ya veréis…

De modo que el petróleo y el flujo de dinero estarán seguros en manos de los “vencedores”. Ahora, en cuanto al propósito estratégico el Africom del Pentágono –después de su primera guerra africana exitosa– será recompensado con su primera base africana, abandonando así su cuartel en esa adorable selva africana, Stuttgart. Y la OTAN continuará su sagrada misión de convertir el Mediterráneo en un “lago de la OTAN”. Ya tiene el Norte de África en el bolsillo; ahora va a por el Mediterráneo Oriental, para darles una lección a esos molestos sirios.

¿Quién es dueño de esta bandera?

Calificar el reparto de personajes del CNT de “incierto” en realidad es un eufemismo. Virtualmente todos son “invisibles”. Pocos recordarán que Jalil del CNT fue el juez que condenó a muerte a las enfermeras búlgaras, un caso tristemente célebre en Francia que justificó la dura intervención del neo napoleónico Nicolas Sarkozy, quien incluso dispuso que su esposa-trofeo, Carla Bruni, sedujera al Gran G. Una vez liberadas las enfermeras, Jalil fue ascendido por Gadafi a ministro de justicia y estuvo en el cargo desde 2007 hasta su deserción oportunista en febrero pasado.

Es un espejismo creer que ese variopinto grupo variado de miembros contrariados de las tribus, islamistas radicales, “socialistas” falsos del tipo Tony Blair, oportunistas cínicos en la nómina de gigantes petroleros, desertores militares y gamberros totales, orará en el altar de la “democracia”. Además de que invitaron a la OTAN y a las retrógradas monarquías árabes a bombardear su patria, ciertamente no donde viven, sino “el otro lado”, Tripolitania.

Queda por ver cómo se relacionarán la mayoría de la gente y de las tribus en Tripolitania con la toma del poder por los de Cirenaica, a los que ven como humildes patanes campesinos. Ya están furiosos por que los han degradado en la nueva bandera libia, que es básicamente la bandera de Cirenaica (rectángulo negro con una media luna islámica blanca) con dos franjas adicionales, rojo para Fezzan y verde para Tripolitania.

Nadie sabe cómo se desarrollará la próxima etapa de esta guerra “cinética” que no es una guerra (copyright: La Casa Blanca). Sin embargo, hay motivos serios para creer que puede convertirse en un remix devastador de los escenarios de los “talibanes derrotados” en 2001 y de “Misión Cumplida” en 2003.

Beduinos y bereberes, en la guerra, se concentran en retiradas estratégicas y emboscadas. Es decir: guerrilla. Nadie sabe con qué grado de apoyo tribal puede seguir contando Gadafi no solo alrededor de Trípoli sino en su feudo de Sirte o en los altos desiertos. Pero es seguro que irá por el camino de la guerrilla. La pregunta de los 100.000 millones de dólares (la cantidad de fondos libios que serán descongelados por los “vencedores) es si terminará como Sadam o escenificará “la ruta sin fin” como los talibanes.

Notas

1. Vea cables de WikiLeaks muestran que todo tuvo que ver con el petróleo.

2. Vea Libia progresa en la reforma bancaria.

Asia Times Online. Tomado de La Haine por InSurGente