9 de septiembre de 2011

Libia Después de Gadafi .Gilbert Achcar




En esta entrevista, David Wearing, de New Left Project (NLP), formula algunas preguntas sobre las críticas de que ha sido objeto en los últimos meses la posición de Gilbert Achcar en relación con la intervención de la OTAN en Libia y acerca de la nueva situación en este país.]
David Wearing: Tal como yo la entiendo, tu posición es que mientras debemos oponernos al intento de la OTAN de secuestrar la revolución libia para sus propios fines, esta oposición no debía manifestarse en la fase inicial de la acción militar, que probablemente salvó a Bengasi de graves atrocidades a manos de las fuerzas gadafistas. Después, habría que dar preferencia a la entrega de armas a los rebeldes en vez de la continuación de la intervención de la OTAN con el propósito de cambiar el régimen (a la que hay que oponerse por motivos antiimperialistas). En primer lugar, ¿es esta una descripción correcta de tu posición, y si no lo es, podrías aclararnos en qué consiste? En segundo lugar, ¿es realista apoyar una acción militar limitada de la OTAN, o no oponerse a ella, porque habría protegido a la población de Bengasi, pero estar en contra de la ulterior implicación de la OTAN, dado que era muy probable que esta última fuera la consecuencia lógica de la primera? ¿Acaso no era desde el principio muy poco probable que la intervención de la OTAN se circunscribiera a la defensa de Bengasi?
Gilbert Achcar: Son dos preguntas en una y contestaré a ambas al mismo tiempo. Permíteme, sin embargo, empezar con un comentario sobre el debate provocado en torno a mi posición en círculos de la izquierda radical en Europa y América. (Delimito la región porque en el mundo de lengua árabe, al que pertenezco, no ha habido nada ni remotamente similar, pese a que mi posición se expuso tanto en árabe, si no más, como en las lenguas europeas.)
Como destacaron muchos militantes razonables de la izquierda radical, la cuestión libia era, y sigue siendo, un asunto complicado en el que los antiimperialistas se ven confrontados con una situación sin precedentes en la que la OTAN afirma que interviene en nombre de un verdadero levantamiento popular democrático. Para aquellos cuyo antiimperialismo viene acompañado de una fascinación por los “caudillos”, la cuestión estaba clara desde el principio: Gadafi es un “gran líder revolucionario” y los insurgentes libios son el equivalente de la “contra” nicaragüense. Ante estos argumentos es sumamente difícil mantener un debate fructífero. Sin embargo, en lo que respecta a la izquierda antiestalinista, era de esperar o deseable que hubiera un debate con un grado de sofisticación acorde con la complejidad de la cuestión. Salvo algunas excepciones, por desgracia, este no ha sido el caso, ni mucho menos.
Para que quede claro, la postura que manifesté era en sí misma extraordinariamente compleja, fiel reflejo de la complejidad de la situación. Pero esto no puede ser una explicación suficiente, ni mucho menos una excusa, de que los que me criticaron fueran incapaces de exponer correctamente mi punto de vista, bien al amparo de una tergiversación deliberada –es el caso de aquellos que confunden el argumento con la caricatura–, bien a raíz de una lectura incorrecta bajo el influjo de la primera. De este modo pude experimentar en propia carne lo que quiso decir Francis Bacon con el famoso dicho de “calumnia, que algo queda”. Por mucho que yo en ningún momento “apoyara” la intervención de la OTAN, varios detractores convirtieron de inmediato mi postura en un “apoyo a la zona de exclusión aérea de la OTAN”, que a su vez se tradujo, por supuesto, en un “apoyo a la intervención de la OTAN” e incluso en un “apoyo al imperialismo” para los más acelerados, sin que presentaran en ningún momento alguna cita relevante. Y a pesar de mi constante refutación de esta caricatura en sucesivas declaraciones, la última de ellas en una reciente entrevista publicada en NLP, algunos militantes de izquierda siguen “resumiendo” hoy en día mi posición calificándola de “apoyo a la intervención de la OTAN”.
Ahora bien, mi experiencia personal es secundaria. Estos ataques no me impresionan para nada, de lo contrario no habría manifestado públicamente mi postura. En más de 40 años de lucha política en la izquierda, he sido objeto de calumnias en repetidas ocasiones, pero nunca me he dejado intimidar. Si uno no tiene el valor de defender lo que considera correcto, es mejor que abandone la política revolucionaria. Todo lo que yo he tenido que soportar es pecata minuta en comparación con lo que tuvieron que sufrir los antiestalinistas en el apogeo del estalinismo. Dicho esto, si mantuve la posición que había manifestado, fue ante todo porque la consideré correcta, desde luego, y esta convicción se ha reforzado todavía más a la vista de lo que ha sucedido después. Pero también la mantuve con miras a impulsar el debate político en el seno de la izquierda radical, más allá de las reacciones viscerales del todo o nada. Siempre he considerado que mi deber, como el de todos los que han militado en la izquierda radical en condiciones similares a las mías, es contribuir a la elaboración por parte de la izquierda de la posición más eficaz en la lucha contra el imperialismo y el capitalismo.
Por desgracia, algunos militantes de la izquierda radical son incapaces de entablar un debate digno sin lanzar invectivas. De este modo perpetúan una tradición detestable, enraizada en un estilo de polémica que el culto a Lenin contribuyó en gran medida a propagar y que el estalinismo llevó hasta el paroxismo. Por fortuna, el debate sobre Libia también me ha confirmado que hay importantes sectores de la izquierda radical, sean corrientes enteras o individuos, que no solo son verdaderos demócratas radicales, sino también personas que comparten mi idea de la izquierda: una izquierda para la que la emancipación del ser humano de la opresión es el valor supremo, mientras que todo lo demás, incluido el antiimperialismo, el anticapitalismo y el socialismo, no es más que una consecuencia de este principio primordial.
Pido disculpas por este preámbulo y paso a contestar a tus dos preguntas:
En primer lugar, el resumen que has hecho de mi postura –“mientras debemos oponernos al intento de la OTAN de secuestrar la revolución libia para sus propios fines, esta oposición no debía manifestarse en la fase inicial de la acción militar”– de hecho no es correcto. Para mí está fuera de toda duda que debíamos oponernos desde el comienzo hasta el final al “intento de la OTAN de secuestrar la revolución libia para sus propios fines”. Lo que dije es simplemente –si puedo utilizar este término para calificar una posición que parece tan difícil de entender– que, al tiempo que no debíamos hacernos ilusiones sobre el propósito real de la OTAN, no había que oponerse a la fase inicial de su acción militar en Libia, es decir, la destrucción de las tropas de Gadafi concentradas en los aledaños de Bengasi y de su fuerza aérea y principales baterías de misiles, sino mantener una actitud vigilante a fin de denunciar toda acción de la OTAN que fuera más allá de estos objetivos.
Ahora permíteme que aclare esta cuestión de “no oposición”. Me desconcierta ver que a tantas personas les resulte tan difícil distinguir entre “apoyar” y “no oponerse”, a pesar de que supuestamente entienden la diferencia entre “votar a favor” y “abstenerse”. Para que quede claro, traduciré la diferencia en términos de acciones organizadas de la forma más pedagógica posible. Apoyar la imposición inicial por parte de la OTAN de la zona de exclusión aérea implica manifestarse a favor de ella. Oponerse implica manifestarse en contra. No oponerse en la fase inicial implica abstenerse de manifestarse en contra, o a favor de que se detenga, en los primeros días, advirtiendo al mismo tiempo contra su continuación a fin de prepararse para la siguiente fase, cuando oponerse, es decir, manifestarse en contra, deviene posible y necesario.
La explicación de todo esto es que si te opones a la zona de exclusión aérea desde el primer día, estás rechazando una petición efectuada por los propios insurgentes y por tanto te comportas como si la suerte de la población de Bengasi te pareciera totalmente secundaria con respecto a tu sacrosanto antiimperialismo. En vez de esto, lo que habría que haber hecho, como hicieron más o menos las principales fuerzas antiimperialistas árabes, era decir a los insurgentes libios: “Lamentamos mucho que os hayáis visto obligados a solicitar ayuda de Naciones Unidas, es decir, de Occidente, pero entendemos que no teníais otra alternativa a este último recurso debido a la brutalidad criminal del régimen de Gadafi, que es plenamente responsable. Sin embargo, os advertimos de que no debéis haceros ninguna ilusión con respecto a la intención de la OTAN de secuestrar vuestra revolución. Tan pronto como se haya eliminado la amenaza que pesa sobre Bengasi y la fuerza aérea de Gadafi esté destruida, nos movilizaremos para que la OTAN ponga fin a su intervención directa y en su lugar os suministre las armas que necesitáis, ya que pensamos que sois vosotros los que debéis liberar vuestro país con vuestra lucha.”
Como dije en mi primera entrevista en que comenté el debate del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas (CSNU) que autorizó la zona de exclusión aérea, “podemos entender las abstenciones; algunos de los cinco países que se han abstenido en la votación del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas querían expresar su desconfianza y/o incomodidad ante la falta de una supervisión adecuada, pero sin asumir la responsabilidad de permitir una masacre inminente”. En efecto, China tenía muchos más intereses en Libia que los que tenía en Serbia, y aun así, junto con Rusia, amenazó con vetar la guerra de Kosovo en 1999, que la OTAN desencadenó entonces violando el derecho internacional. Estos dos países amenazaron de nuevo con vetar en 2003 la invasión de Iraq (un país donde tenían importantes intereses), obligando a la coalición Bush-Blair a violar el Derecho internacional de forma todavía más flagrante. ¿Entonces, por qué no vetaron la resolución sobre la zona de exclusión aérea en Libia? A mí me parece claro que no lo hicieron porque no querían cargar a escala internacional con la culpa de lo que era muy probable que iba a ocurrir: una masacre a gran escala, perpetrada por un déspota demente. Por eso se abstuvieron, pero nunca dejaron de denunciar la campaña de la OTAN por violar la misma resolución que ellos se habían abstenido de votar.
Ahora, una vez superada la primera fase, es decir, una vez eliminada la amenaza que pendía sobre Bengasi y destruida la fuerza aérea de Gadafi, entonces sí se tornó posible y necesario oponerse a la continuación de los bombardeos, que claramente se excedían de la misión oficial de protección inicial, siempre que se vinculara esta exigencia a la de armar a los insurgentes. Si la izquierda hubiera actuado de este modo, a mi juicio su efecto en la opinión pública habría sido significativamente más fuerte de lo que ha sido en realidad, ya que hemos asistido a la campaña antiguerra más débil e impopular de los últimos años.
En segundo lugar, preguntas si era “realista apoyar una acción militar limitada de la OTAN, o no oponerse a ella, porque habría protegido a la población de Bengasi, pero oponerse a la ulterior implicación de la OTAN debido a la alta probabilidad de que esta última sería la continuación lógica de la primera”. La respuesta vuelve a ser simple e implica una vez más la misma distinción que parece tan difícil de entender.
Era definitivamente imposible “apoyar” una acción limitada de la OTAN con la ilusión de que se mantendría limitada. Habríamos pecado de una ingenuidad extrema si nos hubiéramos posicionado sobre la base de tal hipótesis. Podría haber sido menos incongruente apoyar una intervención de las Naciones Unidas sin implicación de la OTAN, pero esa postura habría sido puramente teórica. Para mí estaba claro –como para la mayoría de quienes eran conscientes de sus verdaderos propósitos– que las potencias de la OTAN, una vez implicadas, no limitarían su intervención de la “protección de civiles”, sobre todo teniendo en cuenta que la resolución del CSNU estaba redactada de manera que daba mucho margen de interpretación. Sin embargo, por las razones que he expuesto repetidamente, no solo era realista, sino también necesario aplazar nuestra oposición a la intervención de las potencias de la OTAN hasta que se hubiera alcanzado el resultado inicial, objetivamente positivo, es decir, el resultado que objetivamente redundaba en interés de la población de Bengasi y de la insurrección libia en su conjunto. Este resultado, por supuesto, suponía salvar Bengasi y permitir que siguiera desempeñando el papel de epicentro de la revolución democrática libia, preservando a esta de la derrota y liquidación.
Debido a la debilidad actual del movimiento antiguerra, esto no es más que una cuestión de pedagogía política y de eficacia en la lucha contra el imperialismo. En efecto, el movimiento antiguerra solo puede prosperar si actúa desde una posición de superioridad moral, como fue el caso en la época de la guerra de Vietnam. Pero imaginemos por un instante que el movimiento antiguerra tuviera la fuerza suficiente para detener la intervención de las potencias de la OTAN. ¿Por qué habría de impedir que se salvara Bengasi, dejando que la revolución libia fuera aplastada, en vez de permitir que se salvara y solo entonces detener la intervención? Lo menos que se puede decir es que no tendría sentido.
D.W.: En lo que respecta a tus previsiones de lo que habría ocurrido con Bengasi de haber sido retomada por las tropas de Gadafi, el autor Richard Seymour ha afirmado, citando cifras de Human Rights Watch (HRW) y otras fuentes, que no hubo ninguna masacre a gran escala del tipo que tú anunciabas en Misrata cuando las fuerzas del régimen tuvieron la oportunidad de llevarla a cabo, de modo que no podemos estar seguros de lo que habría sucedido en Bengasi. ¿Qué respondes a este argumento?
G.A.: Me sorprende que se esgrima un argumento tan débil e inconsistente. Antes de examinarlo, permíteme un breve comentario sobre la presentación de los hechos. La primera cuestión que se plantea un investigador serio cuando lee este argumento es por qué se remite a una pequeña noticia sobre el informe de HRW y no al original, al que se puede acceder fácilmente/1? Invito a todos a leer el informe completo –no es largo– para ver cómo desmiente por completo, tanto cuantitativa como cualitativamente, la imagen benigna del comportamiento de las fuerzas del régimen en Misrata que ha tratado de transmitir el autor que has mencionado.
Pero veamos la lógica que subyace a este argumento. A menos que uno haya vivido una guerra civil y tenga una idea clara de lo que significa estar en una ciudad sitiada, le convendría ser más modesto y prudente a la hora de comentar estas cuestiones (sobre todo cuando ha demostrado estar muy equivocado a la hora de apreciar la situación en Libia). En primer lugar, Misrata simplemente no ha sido “retomada” en ningún momento por las fuerzas de Gadafi: los rebeldes siempre han controlado una parte importante de la ciudad. En el momento culminante de su ofensiva sobre Misrata, las tropas del régimen no lograron recuperar el control más que de un 40 % de la ciudad, aparte del hecho de que en todo momento estuvieron implicadas en intensos combates.
Todo aquel que ha vivido una guerra civil, como la que hubo en mi país, Líbano, sabe muy bien que los civiles se desplazan mucho durante las contiendas: huyen de las zonas amenazadas para refugiarse en otras más seguras, o para ser más exacto, huyen de las zonas en que creen hallarse en peligro a zonas en las que creen estar seguros, y esto puede implicar que se desplazan en direcciones opuestas cuando se trata de civiles pertenecientes a identidades étnicas o políticas enfrentadas. En situaciones como la que hubo en Misrata, donde se luchó muy de cerca –casa por casa y calle por calle (para citar el famoso discurso siniestro de Gadafi)–, el frente se vacía de civiles a medida que se desplaza. Los edificios situados en la primera línea de fuego en Beirut y los suburbios siempre estuvieron vacíos de civiles, que habían buscado refugio en zonas más seguras. Además, las masacres de civiles suelen llevarse a cabo a sangre fría, una vez los que las perpetran se han hecho con el control de la situación y pueden permitirse perseguir a los civiles, registrando las casas y matando a todo aquel de quien sospechen que pertenece al bando enemigo; muy pocas veces se cometen al calor de un combate intenso.
Así que está claro que todos los civiles de Misrata que habían tomado parte en el levantamiento no se quedaron en las zonas ocupadas por la temible brigada Jamis (hijo de Gadafi), sino que huyeron a las zonas controladas por los rebeldes, máxime cuando estas incluían el puerto, desde donde podrían haber sido evacuados si las tropas de Gadafi hubieran logrado avanzar más en su intento de recuperar la ciudad. Es más, fue precisamente el temor a que las fuerzas del régimen perpetraran una masacre si conseguían tomar toda la ciudad lo que llevó a los rebeldes a resistir con tanta firmeza a unas fuerzas cuya potencia de fuego era abrumadora, que sembraban barrios habitados por civiles con bombas de racimo y misiles Grad desde el primer momento. Un informe de The Guardian del 24 de marzo menciona la convicción de los rebeldes de que las bajas civiles a resultas de la resistencia eran “un precio necesario para evitar pérdidas de vidas todavía mayores si las fuerzas de Gadafi hubieran continuado con su asalto sobre Misrata y lanzado su venganza contra los residentes por su apoyo al levantamiento”.
Una última cosa importante sobre la cuestión de fondo: no tiene sentido abstraer la acción de la OTAN de la evaluación de lo que las fuerzas de Gadafi han hecho, o peor aún, de lo que habrían hecho si la OTAN no hubiera intervenido. Nadie puede negar que esta intervención, incluso después de su primerísima fase (y por tanto cuando me manifesté en contra de su continuación), tuvo cuidado de proteger a las poblaciones civiles –que era su pretendida misión–, sobre todo en las zonas controladas por los rebeldes. No solo llevó a cabo acciones que iban más allá de su pretendida misión, sino que el apoyo aéreo de la OTAN proporcionó a las zonas insurrectas de Misrata de suficiente cobertura para que fueran capaces de resistir y después lanzar una contraofensiva que finalmente resultó victoriosa.
Incluso iré más lejos que esto. Mi principal punto de referencia a la hora de vaticinar lo que podría haber ocurrido en Bengasi es lo que hizo el régimen sirio de Asad en Hama en 1982, donde asesinó a 25.000 personas (según un promedio de diversas estimaciones), en una ciudad cuya población es un tercio de la de Bengasi. Las tropas del régimen tardaron una semana en tomar la ciudad, un bastión de la oposición islamista, tras lo cual se libraron a una orgía de sangre y fuego que duró dos semanas, registrando la ciudad casa por casa. ¿Y qué está ocurriendo ahora en Siria? Un levantamiento popular mucho más fuerte y más amplio que se inició a mediados de marzo. Hama vuelve a ser un bastión de la revuelta, escenario de espectaculares manifestaciones contra el régimen. Durante varios días incluso se convirtió en una ciudad libre, abandonada por las fuerzas del régimen y gobernada por comités populares. Al final, las tropas del régimen volvieron a Hama.
Sin embargo, los organizadores del levantamiento en Siria cifran el total de muertos por la represión desde mediados de marzo en unos 2.500 hasta hoy, no únicamente en Hama, sino en toda Siria. Esto puede tener dos explicaciones: o bien uno se cree, con Hugo Chávez, que Bachar el Asad es un “socialista y humanista”, o reconoce que la intervención de la OTAN en Libia al amparo de la resolución de las Naciones Unidas ha sido un importante factor disuasorio para Asad, que le ha llevado a limitar el uso de la potencia de fuego de su ejército y los desmanes asesinos de sus matones y mujabarat (servicios secretos). A mi juicio no cabe duda alguna de que la intervención occidental en Libia explica la relativa –subrayo la palabra relativa– circunspección del régimen sirio en su represión asesina hasta este momento.
La intervención extranjera contra el régimen de Gadafi ha reforzado la moral de los manifestantes sirios, que habían comenzado a actuar precisamente cuando la ONU estaba debatiendo sobre Libia, creyendo que la masacre de 1982 no se repetiría en las nuevas circunstancias. Así, el triunfo de la rebelión libia con la liberación de Trípoli ha dado un notable impulso al ánimo de los insurgentes sirios, que la celebraron con manifestaciones masivas, como también hicieron los insurgentes yemeníes. Además de las cuestiones que ya he señalado antes, esta fue desde el principio una idea principal subyacente a mi posición sobre Libia. Si Gadafi hubiera tenido vía libre para aplastar Bengasi, todo el ímpetu de la llamada “primavera árabe” se habría ido al garete. La victoria de la rebelión libia ha reforzado significativamente este ímpetu, a pesar del hecho de que sin duda se ha visto empañada por el intento de la OTAN de secuestrarla.
D.W.: En nuestra anterior entrevista dijiste que “las estimaciones del número de muertos en Libia tan solo en el primer mes, antes de la intervención occidental, van desde un mínimo [de 2.000] y llegan hasta 10.000”. Seymour ha calificado esto de poco fiable, remitiéndose a un recuento de HRW que da un total de 233 en la primera semana, y a una estimación posterior del Secretario General de las Naciones Unidas, de unos 1.000 ¿Afecta esto a tu apreciación de la situación en Libia en el momento en que intervino la OTAN?
G.A.: De nuevo la manera en que se presentan los hechos y los números no resiste ningún análisis. Me has citado correctamente: dije que “las estimaciones del número de muertos en Libia tan solo en el primer mes”, es decir, entre el 17 de febrero y el 17 de marzo, empezaban en más de 2.000. ¿Cómo pueden aducirse los números que acabas de citar para discutir la fiabilidad de la estimación mínima dentro del margen que mencioné? La primera cifra es, de nuevo, una referencia indirecta a una estimación de HRW. La estimación original de la organización de derechos humanos está fechada en el 20 de febrero/3 y dice que en tan solo cuatro días las fuerzas del régimen libio mataron al menos a 233 personas. Con este ritmo de asesinatos, el número de muertos habría sumado 1.750 en un mes, que ya se aproxima a los 2.000. Ahora bien, la estimación de HRW era muy conservadora, presentada explícitamente como tal por la propia organización. Está claro, además, que con la expansión e intensificación subsiguientes de la revuelta y a la vista de que el régimen estaba volviendo todo su aparato militar contra el pueblo, la represión se hizo todavía más sangrienta. En lo que respecta a la cifra señalada el 1 de marzo por el Secretario General de la ONU –otra cita indirecta–, en realidad se refería a su declaración pronunciada el 25 de febrero, es decir, nueve días después del comienzo del levantamiento, cuando explicó al Consejo de Seguridad que “los cálculos indican que han sido asesinadas más de 1.000 personas”. Con este ritmo de asesinatos, que a su vez estaba basado en un cálculo conservador (“más de”), el peaje de muertes habría superado los 3.330 en un mes, de modo que ya nos hallamos un 50 % por encima del cálculo más conservador que yo mencioné y que el autor que citas pone en tela de juicio.
Ahora bien, está claro que en una situación como la que había en Libia es imposible, por motivos obvios, determinar con precisión el número de muertos. Por eso siempre me he referido a un margen estimado, desde el cálculo más conservador de fuentes muy prudentes hasta la cifra más alta que ha estado circulando, la de los 10.000, que a pesar de ser probablemente una burda exageración cuando la mencionó por primera vez un miembro de la Corte Penal Internacional una semana después de que comenzara la represión, todavía se citaba a mediados de marzo. Pero recordemos la razón por la que he señalado un margen estimado: para demostrar que, incluso con el cálculo más conservador, había por lo menos tantos muertos a manos de la represión en Libia como los que había habido en cinco meses y medio (en el momento de la entrevista) en Siria, donde tiene lugar la segunda reacción represiva más sangrienta, después de Libia, de todos los levantamientos habidos en la región. La cifra correspondiente a Siria, de 2.200 muertos, es la que había facilitado la oposición siria cuando tuvo lugar la entrevista.
En cuanto a la oposición libia, su portavoz declaró el 20 de marzo que “nuestros mártires suman más de 8.000 muertos”. ¿Por qué habría que aceptar la estimación de la oposición siria y rechazar la de la oposición libia? Esto sería aplicar de modo flagrante un doble rasero: aceptas una cifra mientras simpatizas con quien la da, y de repente la rechazas cuando la mencionan fuentes occidentales para justificar la intervención de sus gobiernos. Dicho esto, la cifra que da la oposición siria es sin duda conservadora, ya que registra en gran medida las muertes notificadas e identificadas, un recuento que es factible cuando el número diario de muertos no es tan alto como para no poder contabilizarlo. Era mucho más difícil efectuar este recuento en Libia, de ahí que había que señalar un margen en lugar de dar una sola cifra.
Permíteme comentar ahora algo que es mucho más importante que este mezquino y sórdido regateo en torno al número de muertos. Veamos la cuestión básica que trata de plantear quien me critica. En mi anterior entrevista en NLP a la que respondió mencioné un margen de estimaciones al contestar a una pregunta sobre “la probabilidad de que si Bengasi hubiera caído se hubiera producido allí una masacre”. Mi crítico y otros como él rebaten esta hipótesis y por eso se enzarzaron en una discusión enrevesada y bastante macabra sobre cifras para explicar que “no era seguro”, o que “hay razones para dudar” de que fuera a producirse una masacre a gran escala en Bengasi si las tropas de Gadafi lograran tomar la ciudad.
Al hacerlo por pura reacción refleja antiimperialista, pasaron por alto el hecho crucial de que la certeza de que la masacre estaba a punto de producirse no era un “invento” de la OTAN, sino la firme convicción de la población de los dos bastiones sitiados de la insurrección contra Gadafi, Bengasi y Misrata. La petición del Consejo Nacional de Transición (CNT), radicado en Bengasi, se formuló desde el corazón de la ciudad que más peligro corría, por personas que habían visto lo que habían hecho las fuerzas del régimen hasta ese momento. En efecto, Bengasi estaba por entonces repleta de refugiados venidos de otras partes de Libia golpeadas por la represión, que sin duda conocían perfectamente la naturaleza de esa represión. Además de su propia experiencia de la situación, y en contraste con la absoluta falta de experiencia de mi crítico, se enfrentaban a una amenaza de masacre muy explícita, que resumí en un artículo anterior publicado en ZNet/4, que citaré:
“El 22 de febrero, […] el propio Muamar el Gadafi pronunció uno de los discursos más siniestros que se recuerdan de la historia reciente, un discurso cuyo tono y vocabulario (en particular la calificación de ratas e insectos que hizo de los oponentes) recordaban a la década de 1930 (solo existe una traducción parcial y muy libre del discurso en inglés). El déspota libio citó varios precedentes que se dijo dispuesto a imitar, entre ellos la masacre de 1989 en Tiananmen (China) y la de 2004 en Faluya (Irak). Mencionó asimismo el ataque israelí contra Gaza en 2008-2009, una analogía que repitió el 7 de marzo en una entrevista que emitió un canal francés de televisión por satélite. Y en otro discurso, pronunciado el 17 de marzo, el día en que el CSNU iba a adoptar la resolución n.º 1973, comparó el asalto a Bengasi por parte de sus tropas con el asedio de Madrid por el dictador español Francisco Franco, declarando que confiaba en que apareciera una ‘quinta columna’ en la ciudad que le ayudara a ‘liberarla’. Por entonces, las fuerzas del régimen habían comenzado a concentrarse a las afueras de Bengasi para lanzar su ofensiva sobre la ciudad, que se inició el 19 de marzo.”
Y a pesar de todo esto aparece alguien en Londres que desde la comodidad de su escritorio va y les dice a los habitantes de Bengasi: “¡No estoy seguro de que os vayan a masacrar, amigos! Tengo motivos para dudarlo. Sed valientes y asumid el riesgo. Vosotros solo tenéis la vida que perder, yo mi apuesta. Estoy dispuesto a asumir el riesgo de que tal vez os masacren. Ese riesgo es de todos modos una cuestión menos importante que mi propia oposición reflexiva a todo lo que hace el Gobierno de mi país. Lo lamento si no podéis entenderlo.” Este es el tipo de actitud que he calificado de indecente. Y otra cosa: yo nunca he hablado de una “izquierda decente” como quien me critica –que parece ser tan poco cuidadoso con las palabras como con los números– me ha atribuido, asociándome de este modo calumniosamente con personas cuyas posiciones detesto. Pero basta: no quiero dedicar más tiempo al debate sobre lo que había que hacer durante los primeros días de la intervención de la OTAN en Libia.
D.W.: Aparecen ahora noticias que hablan de graves represalias contra las fuerzas que apoyan a Gadafi y de ataques racistas a africanos negros en Libia. ¿Es grande el peligro de que estos graves abusos se conviertan en verdaderas atrocidades y cómo puede responder la izquierda europea?
G.A.: En efecto, ha habido muchas atrocidades y violaciones de los derechos humanos cometidas por rebeldes libios. Los negros han sido especialmente perseguidos desde que comenzó el levantamiento. Esto se debe al hecho de que una parte importante de las tropas de Gadafi estaban formadas por mercenarios reclutados en países africanos pobres, como Chad, Sudán, Níger y Malí. A este hecho conocido se añade el reclutamiento forzoso de inmigrantes africanos para que lucharan con las tropas de Gadafi cuando comenzó la insurrección; a menudo, estos reclutas forzosos eran destinados cruelmente a la primera línea del frente. Busca en Google “mercenarios Libia”, limitando la búsqueda al mes pasado, y encontrarás un montón de noticias sobre los mercenarios de Gadafi, incluso entrevistas con muchos de ellos, procedentes de diversos países. Así, en cierto modo, y trágicamente, la persecución de los negros se produjo como una “reacción violenta”, como ha escrito The Guardian recientemente. Desde luego, esto no sirve de excusa, ni mucho menos. Es importante y necesario que la izquierda denuncie con firmeza esos actos. Pero los gobiernos occidentales desean tanto ponerles coto como la propia izquierda, pues temen el posible bochorno que puede echar a perder su actual triunfalismo. La mayoría de medios occidentales, si no todos, han publicado noticias sobre la persecución de los negros por parte de rebeldes libios, y es bueno que se haga.
Sin embargo, sería muy injusto culpar al conjunto de la rebelión libia por estos actos. Desde que comenzó el levantamiento, las fuerzas más organizadas y disciplinadas del campo rebelde tomaron medidas preventivas. Si las atrocidades, los ataques por motivos étnicos o del color de la piel y las violaciones de los derechos humanos hubieran sido el resultado de instrucciones dadas por la dirección central de los rebeldes, o siquiera la consecuencia de alguna incitación al odio por parte de sus portavoces, merecería ser denunciada y combatida por esta cuestión, que no quepa ninguna duda. Pero el hecho es que esta dirección ha emitido repetidas declaraciones públicas condenando tales actos y exigiendo que cesen de inmediato. En su primera declaración pública tras la liberación de Trípoli, el presidente del CNT, Mustafá Abdul Yalil, incluso amenazó con dimitir si las fuerzas rebeldes cometían actos de venganza ilegales y ejecuciones extrajudiciales. Tanto Human Rights Watch como Amnesty International han alabado la actitud de CNT, eso sí, urgiéndole a tomar más medidas.
Sería igual de injusto adoptar una actitud negativa ante la revolución libia a causa de las atrocidades cometidas en su transcurso. La cuestión clave en este sentido es lo que los defensores de la Revolución Francesa recalcaron en su época: cualquier atrocidad cometida en el transcurso de la revolución se quedaba pequeña ante las atrocidades que perpetró a lo largo del tiempo el antiguo régimen. Desde el punto de vista moral, las cosas están ahora más claras en Libia: las atrocidades cometidas por el régimen de Gadafi durante décadas, al igual que durante los últimos meses, muchas de las cuales se conocen ahora por primera vez, eclipsan las atrocidades que han podido cometer los rebeldes libios, que por cierto no han sido educados en el espíritu del humanismo y del internacionalismo durante los 42 años de dictadura implacable y demencial. Todas las revoluciones que han dado lugar a guerras civiles han sido testigo de atrocidades cometidas por ambos bandos: apenas hay alguna excepción a esta triste regla. Por desgracia, las revoluciones pacíficas no son posibles bajo todos los regímenes.
D.W: Mirando adelante, ¿qué métodos podemos prever que emplearán las potencias occidentales a fin de manipular la situación actual en ventaja propia y cuál debería ser la respuesta de los antiimperialistas?
G.A.: La cuestión más importante a este respecto es la intolerable actitud prepotente de los Sarkozy, Cameron, el Gobierrno de Obama y sus correligionarios. Lo cierto es que el “éxito” de la expedición libia de la OTAN es la excepción que confirma la regla; está claro que no constituye la regla, cualquiera que sea la “doctrina” que tal vez quiera elaborar en torno al mismo. En efecto, en Iraq hubo en 1991 un levantamiento popular que esperaba recibir protección militar: cuando el pueblo se animó por la derrota de su dictadura en la guerra de Kuwait, hubo levantamientos en el norte y el sur del país en marzo de 1991. Lo que sucedió entonces es que Washington se conchabó con Sadam Husein y le dejó aplastar las rebeliones por miedo a que estas condujeran a una dominación iraní. Las guerras de Kosovo e Iraq en 2003 se lanzaron en flagrante violación del derecho internacional. En ambos casos, había alternativas pacíficas viables. Esas dos guerras y ocupaciones dieron resultados desastrosos, condenando a los países en cuestión a largos periodos de inestabilidad. La guerra de Afganistán se lanzó en colusión con fuerzas de las minorías étnicas contra la hegemonía de los talibán en el seno de la minoría étnica más amplia. No hizo más que reforzar esta hegemonía y, asimismo, conducir a una inestabilidad prolongada.
En la propia Libia, a pesar de que la intervención de la OTAN ha contribuido, sin duda alguna, a la victoria rebelde, en realidad estaba destinada a secuestrar la revolución, imponer la tutela de la OTAN y tratar de conformar el futuro de Libia tal como expliqué en detalle en un artículo que escribí pocos días antes de la liberación de Trípoli /5. Ahora se pueden comprobar sobre el terreno todos los elementos de la “conspiración” de la OTAN contra la revolución libia que describí en dicho artículo. Este es especialmente el caso de la presión que ejercen las potencias occidentales sobre el CNT para acomodar segmentos enteros del régimen de Gadafi en la nueva estructura del Estado, con piadosos llamamientos al “perdón” y la “reconciliación”. Incluso se rumorea que hay negociaciones entre bastidores para incorporar al hijo de Gadafi, Saadi, al CNT, una perspectiva que las potencias de la OTAN sin duda favorecen, pero que difícilmente podrá realizarse debido al enorme escándalo que causaría entre los rebeldes. Como era de prever, en efecto, los intentos de integrar a personajes del régimen caído en puestos de dirección ya están provocando la oposición por parte de fuerzas rebeldes, como ha informado recientemente The Guardian:
“La segunda grieta en la coalición [rebelde] –la primera fue el asesinato todavía no aclarado de su jefe militar en Bengasi, el general Abdul Fatah Yunis– salió a la luz el lunes, cuando se produjo una protesta en la Plaza de los Mártires de Misrata ante las noticias de que el CNT iba a nombrar a Albarrani Shkal jefe de seguridad en Trípoli. Shkal, un estrecho colaborador de Gadafi convertido en informador de los rebeldes, había sido oficial de operaciones de la infame brigada Jamis, que bombardeó salvajemente zonas residenciales de Misrata durante el largo asedio de la ciudad. Al cabo de pocas horas, Bengasi dio marcha atrás y nombró a Abdul Hakim Belhaj, antiguo jefe de una organización yihadista con lazos históricos con Al Qaeda y los talibán, para el puesto de jefe del consejo militar de Trípoli.”
El nombramiento de Belhaj, el nuevo jefe del consejo militar de Trípoli, ha sido a su vez objeto de contestación, como ha informado el New York Times: “Varios miembros liberales del consejo de dirección rebelde se han quejado en privado de que el Sr. Belhaj había sido un dirigente del disuelto Grupo de Combate Islamista Libio, que se había rebelado contra el coronel Gadafi en la década de 1990. Algunos han dicho que era el primer paso en un intento de toma del poder por los islamistas. Han señalado que el Sr. Belhaj ha sido nombrado comandante por los cinco batallones de la llamada Brigada Trípoli, más que por alguna autoridad civil. Y se han quejado de lo que consideran la influencia de Qatar, que ayudó a instruir y equipar a la Brigada Trípoli y también financia a Al Yasira. ‘Este tipo no es más que una criatura de los qataris y su dinero, que patrocinan al extremismo musulmán de aquí,’ ha dicho otro miembro del consejo de la región occidental. ‘Los combatientes revolucionarios están muy contrariados y sorprendidos. ¡Es el comandante de nada!’ Las preocupaciones ideológicas, sin embargo, se mezclan en la misma medida con rivalidades provinciales sobre quién ha hecho más por liberar a Trípoli. No solo el Sr. Belhaj ha sido un islamista, ha alegado el miembro del consejo, sino que ha hecho menos que los rebeldes de la parte occidental en el combate por la capital. ‘La gente de por aquí se pregunta ¿qué? ¿Ese tipo? ¡Eso es una estupidez! ¿Qué pasa con nuestros jefes supremos?’ ha añadido el miembro del consejo.”
Sea como fuere, el ex yihadista apoyado por Qatar, Abdul Hakim Belhaj, es el hombre que está negociando con Saadi Gadafi, después de haber estado en tratos con otro de los hijos de Gadafi, el que había sido favorito de Occidente, Seif al Islam, quien le sacó de la cárcel hace un año. Todo esto no es más que un avance de las disensiones que se producirán en la situación libia tras la caída de Gadafi, que sin duda no será menos conflictiva que la de Túnez tras la caída de Ben Ali o la de Egipto tras la de Mubarak. Mientras, hemos podido ver este titular en el Wall Street Journal: “Divisiones entre los aliados en torno al petróleo libio”. Sin comentarios.
4/9/2011

Gilbert Achcar se crió en el Líbano y actualmente es profesor de la School of Oriental and African Studies (SOAS) de la Universidad de Londres. Ha publicado, entre otros, los libros El choque de barbaries, traducido a 13 lenguas; Estados peligrosos, en colaboración con Noam Chomsky; y más recientemente, The Arabs and the Holocaust: The Arab-Israeli War of Narratives.

David Wearing está realizando su doctorado en ciencias políticas en la Facultad de Políticas Pública de la Universidad de Londres. El tema de su investigación es la respuesta británica a la primavera árabe. El coeditor de New Left Project.
De la página Viento Sur
Traducción: VIENTO SUR

/1 Véase http://www.hrw.org/news/2011/04/10/libya-government-attacks-misrata-kill-civilians (en inglés)
/2 Véase http://www.guardian.co.uk/commentisfree/2011/jul/29/gaddafi-libya-nato (en inglés)
/3 Véase http://www.hrw.org/news/2011/02/20/libya-governments-should-demand-end-unlawful-killings (en inglés)
/4 Véase la traducción al castellano en http://www.vientosur.info/articulosweb/noticia/index.php?x=3865
/5 Véase la traducción al castellano de dicho artículo en http://www.vientosur.info/articulosweb/noticia/?x=4276

Interesante análisis de los comunistas argelinos sobre Libia




Frente a las peligrosas consecuencias en la región de la victoria militar de las potencias imperialistas en Libia: Frente Popular Antiimperialista Patriótico Democrático Progresista para derrotar los planes imperialistas.

Las potencias imperialistas acabaron con aplastar el régimen libio después de 5 meses de bárbaros bombardeos por medio de las máquinas más sofisticadas de muerte. ¡20 000 ataques aéreos y disparos de misiles mortíferos han sido lanzados contra Libia! La OTAN, una vez mas ha revelado su verdadera naturaleza: una organización militar de bandolerismo creada, mantenida y reforzada para saquear el mundo y dominar los pueblos, aplastar los intentos de derrocar el capitalismo, conservar y extender por la mas brutal fuerza las zonas de influencia vitales a la expansión de los intereses de las oligarquías financieras y militaro-industriales que gobiernan los países capitalistas. Todo el arsenal militar reunido de los Estados Unidos, de Francia y Gran Bretaña ha sido movilizado para destruir el potencial de defensa libio, las infraestructuras económicas vitales, privar de agua, de electricidad, víveres y medicamentos las poblaciones favorables al régimen. Matar por sed y hambruna a las poblaciones, paralizar el funcionamiento de los hospitales o de tajo destruirlos, matar sin riesgo desde el cielo a miles de civiles, empujar a un nuevo éxodo a centenares de miles de Africanos que vinieron a ganar su sustento en Libia después de huir sus país de origen empobrecidos por el saqueo imperialista, francés en particular: ¡es eso el verdadero crimen contra la humanidad que se cometió por las potencias imperialistas en Libia! El marco político del Estado y de la sociedad opuesto a la agresión ha sido destruido por los ataques ininterrumpidos de los drónes estadounidenses y los helicópteros enviados por Sarkozy, guiados en el terreno por centenares de agentes especiales británicos asistidos por los traidores a Libia.
La intervención de las potencias imperialistas en un conflicto interno no es más que una expedición colonial que legaliza el derecho de ingerencia bajo cualquier pretexto

Fue camuflada bajo el pretexto hipócrita y excesivamente mentiroso de defensa de las poblaciones civiles en revuelta contra el poder de El Gueddafi. Los objetivos de esta operación son claros: apoderarse del petróleo libio, transformar Libia en base militar para controlar el conjunto de África del Norte y los países del Sahel, preparar la toma de posesión de las riquezas petroleras argelinas, intervenir de una manera o otra en Argelia para poner a su cabeza las fuerzas políticas la mas antinacionales explotando para sus propios fines las contradicciones internas, el descontento social y las luchas para las libertades democráticas. Los objetivos son de amedrentar los pueblos tunesi y egipcio para impedirles transformar su sublevamiento contra los tiranos derrocados, tiranos apoyados por décadas por estas mismas potencias que pretenden hoy apoyar los procesos democráticos, en verdaderas revoluciones democráticas populares garantizando la justicia social y librando los países árabes de la dominación imperialista directa o indirecta. Su pesadilla es la formación de un régimen egipcio auténticamente revolucionario rechazando los acuerdos de Camp David, apoyando la lucha del pueblo palestino por su Estado libre de la ocupación sionista, y la del pueblo sirio para la liberación del Golan en un momento en que esta enfrentado a los complots concertados del imperialismo, de las monarquías del Golfo y los integristas. Los objetivos también son de reforzar las posiciones mundiales globales de las potencias imperialistas dominantes en vista de zanjar los conflictos abiertos o latentes que les oponen a China y Rusia, de romper todo intento de rediseño progresista de las relaciones económicas internacionales. En la carrera del saqueo de las riquezas petroleras de Libia y de los países que resisten todavía a sus presiones, cada gran potencia imperialista espera recoger el máximo de dividendos en detrimento de sus rivales.

Esos verdaderos objetivos no tienen nada que ver con un cualquier apoyo a la aspiración legitima de los pueblos árabes de poner fin al arbitrario y al despotismo de sus dirigentes, mucho menos a deshacerse de la dictadura de los regimenes burocrático-compradores al servicio de las multinacionales y de sus Estados imperialistas, a escoger libremente dirigentes firmemente decididos a promover un desarrollo económico independiente que asegura el progreso a sus pueblos.

Nada es mas contrario a la verdad que lo de afirmar que los agresores no han hecho mas que apoyar a los “insurrectos” de Benghazi. Son las potencias imperialistas que han sido “respaldadas” en su agresión contra Libia por una coalición de fuerzas sociales de las mas reaccionarias y las mas entreguistas. La punta de lanza de esta coalición son los nostálgicos de la monarquía derrocada en 1969, los islamistas integristas fanáticos – botafuegos de la insurrección armada- partidarios de un Estado teocrático que el régimen libio ha combatido a justa razón, las fracciones burocráticas-compradoras corrompidas del régimen libio, aliadas al imperialismo. Estas ultimas fracciones en realidad han organizado un golpe de Estado al suscitar los disturbios armados de Benghazi con el apoyo asegurado de las potencias imperialistas en el marco de una acción coordinada y preparada de hace tiempo con ellas. Explotaron el descontento popular provocado por las medidas socio-económicas antipopulares y antinacionales que ellas mismas impusieron desde el 2003 y de que se beneficiaron ampliamente sin que sus sed de enriquecimiento haya sido aplacada. Estas fracciones estaban en conflicto cada vez mas violento con la ala patriótica y mas o menos antiimperialista representada de hecho por El Guedddafi a causa de su rechazo en satisfacer sus intentos de acaparamiento directo de las riquezas nacionales a través de las privatizaciones, la liberalización del comercio exterior, el retroceso en profundidad de las leyes que rigen la explotación de los hidrocarburos. No se levantaron contra El Gueddafi para “democratizar” a Libia sino para tomar el control total y absoluto del Estado, instaurar la dictadura de una oligarquía aliada al imperialismo y a las monarquías del Golfo. La instauración de un Estado islámico libio practicando una política económica ultraliberal santificada por la religión está en su diseño. Los monarcas retrogrados del Golfo han jugado un papel importante en la coordinación y la preparación de la insurrección de grupos integristas armados infiltrados desde Egipto con la asistencia logística de los Hermanos musulmanes de ese país y de agentes especiales de las potencias imperialistas. Esos grupos se apoderaron desde los primeros días de cuarteles y depósitos de municiones y equipamiento militares. Una propaganda mediática mentirosa lanzada en oleadas por Al jazeera y Al Arabya, cadenas satelitales en manos de los Emires protegidos por los Estados Unidos, hicieron creer que la aviación Libia atacó a la población civil. Esta campaña de propaganda sobrepasó en amplitud las mentiras sobre las “fosas comunes” de Timisoara en Rumania, o sobre la supuesta violación de 30 000 Bosnias por los Serbios, o mas todavía sobre la “desaparición” de 500 000 de Kosovares difundidas por todas las cadenas del mundo por el vocero de la OTAN en pleno bombardeo de Serbia. Esas mentiras fabricadas completamente han sido ampliamente retomadas para preparar en la opinión, e incluso en Argelia, la aceptación de la intervención extranjera.

La subversión imperialista ha sido facilitada por el carácter antidemocrático del sistema político de gestión y de dirección de Libia


Este sistema ha impedido a los trabajadores, los jóvenes, las mujeres, los campesinos de organizarse en sindicatos independientes. Contradicciones cada vez mas agudas minaban el régimen. Preso de concepciones populistas pequeñas-burguesas negando la existencia de las clases y de sus luchas, la corriente representada por El Gueddafi no ha sido capaz de romper con las practicas hegemónicas y hacer un llamado a la movilización democrática de las masas para zanjar la cuestión de saber si las riquezas libias deben beneficiar al conjunto de las capas laboriosas del país o solamente a una minoría de especuladores agusanados y a las multinacionales. Pensó que las divergencias irreconciliables alrededor de esta cuestión fundamental podían ser arregladas entre bastidores, sin debates democráticos abiertos, a la espalda de las masas populares, por medio de compromisos cojos en los círculos cerrados del régimen, por la astucia o por la fuerza para imponer soluciones “consensuadas” utópicas, incompatibles con las realidades de una sociedad atravesada por conflictos de clase cada día mas irreconciliables. Creía que podía obtener la paz, gracias a las medidas de liberalización económica del 2003, con los países imperialistas y el apoyo de grandes negociantes especuladores libios, cada vez mas numerosos. Subestimó gravemente la duplicidad de las potencias imperialistas que no podían contentarse solamente de estas concesiones. No cesaron de conspirar para obtener mas, sobre todo la toma por asalto pura y sencilla de los yacimientos de petróleo. Lograron tejer lazos estrechos con los grupos que beneficiaron de esta apertura económica. Son esos grupos sociales que formaron la base social la mas dispuesta a ayudarlos en sus maniobras subversivas. Los sectores sociales compradores nacidos de esta brutal evolución no tenían otra aspiración mas que pactar con las potencias imperialistas para defender su parte del pastel contra toda aspiración de expropiación por el pueblo. El grupo El Gueddafi, su línea anticolonialista y antiimperialista oficial han sido rechazados por esta minoría cada día mas influyente políticamente porque se convirtieron en un obstáculo a la satisfacción de sus deseos de enriquecimientos sin estorbo. Por otro lado, esta nueva política económica ha tenido por resultado disgustar las capas laboriosas. Provocó la caída de su poder de compra después de la supresión de la subvención de productos de base, el desempleo como consecuencia del cierre o de la privatización de las empresas publicas, la pauperización de las masas y de los jóvenes. Enriquecimiento de una minoría de beneficiarios y empobrecimiento de la mayoría, tal ha sido el resultado del compromiso empeñado con el imperialismo y las capas compradoras para intentar obtener el fin del bloqueo criminal impuesto por los Estados imperialistas. En consecuencia el régimen se encontró cortado del pueblo.

La resistencia a 5 meses de bombardeo de la OTAN ha sido en sí heroica. Habría podido ser mas fuerte si el régimen de El Gueddafi hubiera cortado a tiempo con su ala burocrática-compradora, si hubiera renunciado a las practicas hegemonistas caducas, si se hubiera apoyado sobre la movilización democráticas de las masas y la democratización del Estado para aislar y apartar esta corriente reaccionaria y antinacional, si no se hubiera hecho ilusiones sobre las intenciones de los Estados imperialistas.

El régimen encarnado por El Gueddafi ha sido un régimen profundamente antimonárquico, anti-integrista, anticolonialista y antiimperialista. Durante 40 años ha librado incontestablemente una batalla ininterrumpida contra el neocolonialismo en África y combatido sin parar la tendencia a pactar con los sionistas israelitas. Argelia no puede olvidar que la había ayudado financieramente en un momento crucial después de la nacionalización de los hidrocarburos del 24 de febrero de 1971 para romper el boicot del petróleo argelino que el gobierno francés había tratado de fomentar en represalia a esta decisión histórica. Pero este régimen ha sido inconsecuente y se ha caracterizado por posiciones inestables. Es difícil olvidar que es El Gueddafi, cegado por un anticomunismo primario, fue quien permitió al general Numeyri instaurar en 1970 una dictadura sanguinaria en Sudan entregándole a los oficiales progresistas quienes habían intentado derrocarlo. Sus inconsecuencias, su inestabilidad, sus iniciativas internacionales o regionales siempre inmaduras y aventureras, o dañinas como su proyecto de Estado de los Tuaregs lo han aislado de las fuerzas progresistas mundiales. Es lo que explica el porqué estas no le han expresado una solidaridad incondicional sin tampoco considerarlo como un enemigo a acabar.

De todas maneras es el pueblo libio, y solo a él, el que le compete decidir su sistema político, sin intervención extranjera. Jamás y en ninguna parte el imperialismo ha traído la democracia y el progreso social a un pueblo. Por donde quiera donde ha intervenido militarmente no ha sembrado mas que muerte, desolación, divisiones, conflictos confesionales y étnicos. Los objetivos de los imperialistas son siempre de llevar peleles a la cabeza de los Estados sometidos. No hay ninguna duda que los que serán puestos a la cabeza de Libia por la OTAN no serán mas que marionetas serviles que los antiimperialistas deberán combatir de manera resuelta.

Los dirigentes argelinos tienen una gran responsabilidad en las consecuencias sobre el porvenir de nuestro país tras los acontecimientos en Libia, por su silencio frente a esta agresión sin precedentes, tan cerca de nuestras fronteras


Por su rechazo de condenarla bajo el pretexto de respectar una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU, una resolución ilegal que traduce solamente la ley de los rapaces, por su actitud indigna frente al ministro de Asuntos extranjeros quien llego en junio a Argel para pedirle cuenta sobre su actitud sobre Libia, el gobierno argelino ha alentado indirectamente el imperialismo a intensificar sus ataques aéreos sobre Libia. De una manera general, la política del poder, conforme a su naturaleza de clase como representante y defensor de los intereses de la burguesía compradora, explotadora, especuladora y parasitaria, como expresión de los grupos sociales mas antidemocráticos, conduce a la compromisión objetiva con el imperialismo, a la confusión y la desmovilización en la sociedad. La existencia probable en el seno del régimen de corrientes todavía apegadas a la defensa de los intereses del país y mas o menos independientes a los grupos especuladores y parasitarios no le modifica esta característica esencial de clase. Estas corrientes no pueden contribuir a cambiar la situación a menos que se pongan resueltamente del lado de las clases y capas sociales laboriosas actuando para romper ya con las orientaciones económicas y sociales que han socavado el país desde hace 30 años, y favoreciendo la movilización democrática de las masas en la lucha contra el arbitrario, la corrupción, las desigualdades sociales, el oscurantismo, la obediencia a las potencias imperialistas.

Todas las fuerzas políticas argelinas así como la gran prensa tildada de “democrática”, que en ningún momento han condenado la intervención imperialista o que se han hasta alegrado, asumirán ellas también sus parte de responsabilidad en las consecuencias peligrosas para la estabilidad, la unidad del territorio y la independencia de nuestro país. Esta gran prensa (El Watan, Le Soir d’Algérie, Liberté, El Khabar, Ech Chourouk) ha jugado un papel nefasto de enlace en la difusión de la propaganda mentirosa fabricada por los grandes medios de los países imperialistas y de las monarquías del Golfo para justificar la intervención de la OTAN y el apoyo a la rebelión. Todos juntos y ayudados por el silencio del poder, todas estas fuerzas han contribuido fuertemente a desorientar las masas, a desmovilizarlas, a impedir el desarrollo de una corriente de opinión para denunciar y condenar los bombardeos de la OTAN. Algunos llegaron hasta justificar abiertamente los bombardeos en nombre del apoyo a una “revuelta democrática pacífica”. ¡Dirigentes de partidos políticos como los del RCD desean públicamente en sus mítings la intervención de las potencias extranjeras para ayudarlos a obtener la instauración de un régimen “democrático” en Argelia!

Es propagar concientemente una mentira descarada o hacer prueba de una gran ingenuidad imperdonable el hacer creer que la intervención en Libia tiene a pesar de todo por resultado de quebrantar los “tiranos”, de favorecer las luchas para la democracia y que condenarla es ponerse al lado de los déspotas. Podemos entender que amplios sectores de la población ya están hartos del arbitrario y la arrogancia de los dirigentes de los países árabes. Pero creer que el imperialismo vino en auxilio de los Libios para ayudarles a conquistar la democracia es desconocer su naturaleza socio-económica y las lecciones de la historia.

El imperialismo no ha cambiado de naturaleza aún cuando sus propagandistas han logrado encantar con sus discursos sobre las nuevas realidades internacionales y los supuestos beneficios de la “mundialización” los soñadores pequeños-burgueses o al contrario a tetanizar corrientes vencidas por la cobardía frente a su agresividad. Necesita de tiranos para proteger sus intereses y reprimir los pueblos. No decide en deshacerse de ellos hasta cuando sean desacreditados. Se apura en ese entonces de reemplazarlos por otros en nombre del apoyo hipócrita a “la aspiración a la libertad” e impedir preventivamente que su caída no toca las campanas del inicio de una revolución popular antiimperialista. Basta no cerrar los ojos para ver que los regimenes que han apoyado con mas obstinación la cruzada imperialista y que le dieron el justificado tan esperado, a través la posición de la Liga árabe, son las monarquías teocráticas retrogradas del Golfo. ¿Con que milagro, una intervención imperialista apoyada por estos regimenes puede servir la democracia, el progreso y la independencia en los países árabes?

Nadie podrá un día decir, cuando las secuelas de esta agresión se revelarán de manera dramática para los intereses vitales de nuestro país, que se había simplemente equivocado dejándose guiar por su único odio natural y espontáneo al despotismo.

Dentro de esos que se han callado frente a la agresión, puede ser que algunos piensan que hay que evitar de atraer el rayo de las grandes potencias, que no sirve para nada el intento de resistir a los “todo-poderosos” del imperialismo, que hay que plegarse a las nuevas relaciones de fuerzas internacionales, renunciar “al espíritu de los años 70” y que vale mejor ejecutar por adelantado sus voluntades para no sufrir la suerte del pueblo libio y, antes de este, la del pueblo iraqui. Este espíritu derrotista y cobardemente entreguista que el jefe del Estado había él mismo desarrollado públicamente el 23 de febrero del 2005 para justificar la denacionalización de los hidrocarburos, debe ser combatido firmemente. Tiene tendencia a expandirse en la sociedad. Alienta el imperialismo en su ofensiva dominadora. Prepara el terreno a la rehabilitación de la ley Khelil de abril 2005.

Esos que se han llenado de alegría en la “portada” de sus periódicos a la vista de los rebeldes en la Plaza Verde de Trípoli devastada por las bombas de la OTAN no son todos ingenuos desinformados por una campaña de intoxicación sin precedente. Muchos de ellos han tenido que sellar de esta forma su alistamiento en los complots imperialistas contra nuestro país. Con su apoyo incondicional y grosero a la campaña anti-Gueddafi, manifestaron sencillamente su disponibilidad a la colaboración antinacional, a cambio de migajas materiales que esperan sacar en la nueva configuración política que las fuerzas las mas antinacionales preparan con ansiedad en concertación con los Estados imperialistas.

Serios peligros pesan ahora sobre la estabilidad en las fronteras orientales del país y sobre su soberanía en cuanto a las riquezas petroleras

Desde ahora nuestro país corre el riesgo a lo largo de los 800 km de sus fronteras del Sur-Este sahraoui de ver levantarse fuerzas militares hostiles que no vacilan frente a ningún pretexto para poner la mano sobre sus recursos petroleros y de gas. Los monigotes del CNT de Benghazi, arrastrados por los neocolonialistas revanchistas franceses, no pierden ninguna oportunidad para destilar su odio contra Argelia. Se emplean en justificar por adelantado los actos de beligerancia programados por los imperialistas.


Obama, Sarkozy, Cameron, están de júbilo frente a las cámaras. Encarnan el regreso del colonialismo, esta vez bajo la bandera de la “democracia”. De una piedra, dan tres golpes: banalizan sus intervenciones militares en el mundo, controlan Libia y los yacimientos de Hassi Messaoud no se encuentran mas que a un aleteo de los Mirages sin que haya necesidad de sobrevolar o bombardear Argel. No hacen falta aventureros con sed de lucro para dejarse atraer por las promesas de los saqueadores imperialistas. La OTAN no esconde su intención de instalar de hecho su centro del AFRICOM en Libia. El CNT prometió igualmente a Israel de concederle bases a proximidad de las fronteras argelinas. La Unión europea ha significado desde luego una veintena de condiciones a los fantoches del CNT de Benghazi. No solamente que le ordena de privatizar todo. Además, ha tenido que notificarle su decisión unilateral de encargarse ella-misma de la organización de las nuevas fuerzas de seguridad libia, ¡principalmente y precisamente en las fronteras!

El acaparamiento de los pozos de petróleo libios por las multinacionales tendrá graves repercusiones. Hundirán el pueblo libio en una miseria tan espantosa que la del pueblo iraqui después que su territorio fuera ocupado por los Estados Unidos y dirigido por sus marionetas. Impactarán las condiciones de vida del conjunto de los países exportadores de petróleo. Las capacidades de maniobra de la OPEP van a ser reducidas. No hay que ser un sabio economista para vaticinar las consecuencias negativas originándose de esta situación sobre los ingresos petroleros de Argelia.

¡La victoria de los imperialistas no es definitiva!

A pesar de sus inconmensurable superioridad militar, las potencias imperialistas y sus marionetas deberán hacer frente a una resistencia popular que no faltara en organizarse sobre bases nuevas y asestarles una derrota ineluctable.

El deber de todo autentico demócrata patriota argelino es de decir “¡NO!” a esta intervención y a sus secuelas, de apoyar los patriotas libios que combaten el saqueo imperialista sobre su país, cualesquiera habían sido sus posiciones en el pasado y las discrepancias secundarias heredadas de un régimen que no ha sido capaz de responder a las necesidades de la movilización popular democrática. El deber del demócrata patriota progresista argelino consecuente es de trabajar para la formación de un frente antiimperialista sólido a lo interno de su país, de apoyar la constitución de este frente en cada país amenazado por las injerencias imperialistas, de alentar la concertación y la coordinación de las fuerzas antiimperialistas en los países árabes y a nivel internacional. El sistema capitalista internacional esta minado por contradicciones insuperables. La crisis económica las pone mas agudas día tras día. Hay un vinculo estrecho entre su agresividad en el exterior contra los pueblos de los países económicamente dominados y sus ataques redoblados en el interior contra las conquistas sociales de los trabajadores sometidos a políticas de rigor sin precedentes. Las consecuencias de esta crisis fomentan la agresividad imperialista pero lo debilitan al crear al mismo tiempo las bases y las condiciones de un amplio frente mundial antiimperialista y anticapitalista capaz de terminar con las oligarquías belicistas reaccionarias que dirigen las grandes potencias imperialistas.

Los pueblos de los países dominados y los trabajadores de los países imperialistas deben unir sus esfuerzos y sus luchas en todos los frentes contra la grande burguesía imperialista.

A los discursos de los derrotistas y pesimistas oponemos nuestra certitud que existen amplias fuerzas en Argelia, en los países árabes, en África, en Europa, en América, en Asia, dondequiera en el mundo, que son capaces de oponer un frente mundial unido para neutralizar la máquina imperialista de dominación y de muerte.

¡Construir un Frente Interior Unido Sólido!

Su solidez en Argelia dependerá de la naturaleza de las decisiones económicas para luchar contra los privilegios insolentes de una minoría de traficantes enriquecidos por la explotación feroz de los trabajadores y el robo de los bienes nacionales. Dependerá de las medidas a tomar para quebrantar las posiciones económicas de los grupos compradores y, de allí, sus lazos políticos en el Estado y al seno de la sociedad.

La neutralización de las maniobras de las potencias imperialistas no puede ser lograda con nuevas concesiones unilaterales a las multinacionales, ni por la conclusión de contratos jugosos con las grandes multinacionales francesas, mucho menos con los favores escandalosos acordados a los emires predadores del Golfo, como el puerto de Argel y el dinero graciosamente puesto a su disposición por los bancos públicos para realizar negocios especulativos sobre la espalda del país.

Contrariamente a lo que quieren hacer creer los derrotistas entreguistas, la alternativa a la ofensiva imperialista existe y las fuerzas capaces de llevarla representan la inmensa mayoría de la población.

Esta alternativa es el frente para un verdadero Estado democrático popular realizando el progreso social el mas radical y garante de la independencia del país, de la defensa de sus riquezas petroleras y de la unidad de su territorio, solidario de las luchas antiimperialistas en el mundo.

Será el fruto de la puesta en práctica de medidas económicas y sociales que satisfacen las reivindicaciones de las masas, introducen la justicia social, ponen fin a una repartición injusta y escandalosa del ingreso nacional. Es condicionada por el levantamiento de las trabas de todos tipos a su movilización democrática necesaria para imponer y aplicar tales medidas.

Todo esto pasa por cambios radicales que dan el poder a una amplia alianza entre la clase obrera, los asalariados, el campesinado laborioso, las capas intermedias que viven de su trabajo manual o intelectual, los cuadros patriotas y honestos del Estado y de los sectores económicos.

El frente interno no será sin embargo sólido y duradero en la lucha contra el peligro imperialista que cuando los esfuerzos son intensificados para construir en las luchas económicas, sociales, políticas e ideológicas de todos los días el partido comunista enraizado en el seno de la clase obrera, del campesinado, de la juventud, de los intelectuales aspirando al derrocamiento del capitalismo. Un partido que no esconde su voluntad de acumular las fuerzas indispensables a la preparación de la contra-ofensiva de masa para acabar con el capitalismo, matriz económica del imperialismo, instaurar una verdadera república democrática popular abriendo la vía a una revolución socialista.

¡Movilicémonos para que todas las enseñanzas sean sacadas de la liquidación del régimen de El Gueddafi por los intervencionistas imperialistas!
¡No nos dejemos engañar o intimidar por la propaganda del imperialismo y de sus aliados internos!
¡Combatamos el derrotismo, el fatalismo y el espíritu de resignación!
¡Desenmascaremos, aislemos y neutralicemos las fuerzas que se unen al imperialismo, que estén en el poder o en oposición formal a él!
¡Pongamos en jaque el autoritarismo del régimen, sus nuevos proyectos antidemocráticos que hacen el juego del imperialismo!
¡Unámonos en las luchas sociales y políticas para una verdadera alternativa de progreso!

Partido Argelino por la Democracia y el Socialismo

28 DE AGOSTO DEL 2011
Publicado por Pravda (Estado español)

[Francia] Manifestación antifascista en Forbach





La pequeña ciudad francesa de Forbach, cerca de Metz, se prepara para recibir el próximo domingo 11 de septiembre a decenas de neonazis venidos de Alemania, Francia y Bélgia que intentarán manifestarse contra la «islamización de Europa». Los militantes antifascistas intentarán impedir que los neonazis desfilen.

Comunicado de prensa de los convocantes traducido por La Haine :
El desarrollo de la extrema derecha así como de las ideas fascistas es una triste realidad que azota hoy en dia a toda Europa. La actualidad y la masacre que tuvo lugar en Noruega el 22 de julio nos muestran el peligro que representa la extrema derecha radical.

Francia está también marcada por el desarrollo del activismo de extrema derecha. De hecho se estructura cada vez más y sus organizaciones explícitamente fascistas llegan a abrir sin ningún problema sus locales. Es el caso de la región de Lille o de Lyon. Hay que recordar también que las agresiones físicas y/o de carácter racista de los militantes de extrema derecha se han ido multiplicando en estos últimos tiempos, sobretodo en Lille, Toulouse, Nancy y Lyon donde a principios de Julio una joven recibió una paliza en el portal de su casa…En Moselle, las actividades de grupos radicales también se ha visto incrementada. Recientemente, un concierto neo-nazi reunió a varios miles de personas llegadas de toda Francia, Alemania y Belgica en Rohrbach-les-Bitche.

En este peligroso contexto de aumento de las ideas nacionalistas, racistas, xenófobas o homófobas, queremos denunciar con firmeza la convocatoria de una manifestación tal, así como la difusión de tales ideas.

Siendo de clara connotación racista el lema de la manifestación, no podemos tolerar que la extrema derecha radical disponga de un escaparate en las calles de Forbach donde difundir su ideologia y pedimos a las autoridades que no autoricen este acto

Las organizaciones firmantes de este comunicado hacen un llamamiento unitario a una contra manifestación el próximo 11 de septiembre en Forbach con el fin de frenar a la extrema derecha y al fascismo

Convocan: Action Antifasciste 54, ATTAC 57, CNT Moselle, Couleurs Gaies, Europe Ecologie-Les Verts 57, NPA 57, SOS Racisme 57

La Haine