29 de septiembre de 2011

El próximo desahucio será la Zarzuela

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El Die Linke pierde fuelle

Ya hace tiempo que el rápido ascenso del partido Die Linke en Alemania se ha detenido. Malos resultados electorales se unen a una mala propaganda en prensa y disputas internas. Las recientes elecciones regionales en Mecklemburgo-Pomerania y Berlín reflejan la actual debilidad del partido. En su primera etapa entre 2005 y 2009, Die Linke experimentó un crecimiento aparentemente inexorable. Pero los tiempos han cambiado. Desde el año 2009, en varias elecciones regionales y locales no avanza, y en ocasiones incluso pierde votos. En octubre habrá el próximo congreso del partido, que debe servir para reactivarlo. Para ello, sin embargo, se hace necesario un análisis claro de dónde están los problemas de Die Linke y cómo pueden ser resueltos. En la prensa burguesa prevalece la tesis de que el partido adolece de un problema de liderazgo. Tras el relevo en la dirección de Oskar Lafontaine y Gregor Gysi, se acusa a los dos nuevos líderes de débiles. Por su parte, la ejecutiva del partido alude a las “inútiles” luchas internas entre facciones y los debates públicos sobre el Estado de Israel, el muro de Berlín y Castro. Ambas explicaciones deben ser tenidas en cuenta. Las luchas entre facciones son reales. Pero ¿por qué estallan ahora con tanta vehemencia? Bajo nivel de luchas Hay dos razones: En primer lugar, el nivel de conflictividad social en Alemania es actualmente muy bajo. En toda Europa estamos viendo manifestaciones de masas, protestas estudiantiles y huelgas generales; no así en Alemania. Desde el estallido de la crisis, los dirigentes sindicales han apostado por la cooperación con el gobierno y los empresarios. En esto, nada se distingue del Estado español. Igual que aquí con CCOO y UGT, en Alemania la prensa burguesa alaba a la DGB por actuar “de forma responsable”. Da la impresión de que a Alemania no le ha tocado tan fuerte la crisis por el hecho de que no se ha disparado el nivel de paro; sin embargo, para la mayoría de trabajadores y trabajadoras las condiciones de vida se están deteriorando. Los salarios no han hecho más que bajar, mientras ha seguido aumentando el costo de la vida. También es cierto que Die Linke no ha sabido sacar todo el provecho de los movimientos sociales que se han dado en los últimos meses (p.e. contra la energía nuclear). Todo lo contrario de Los Verdes, que se han visto catapultados en las últimas elecciones. Uno de los tres partidos de la oposición La segunda razón de la crisis de Die Linke: Con el cambio en el gobierno federal, ha cambiado la constelación política en la República Federal. Die Linke ya no es el único partido de oposición notable, sino sólo uno entre otros dos. SPD y Los Verdes se han movido retóricamente hacia la izquierda, exigiendo aumentos de impuestos para los ricos y un salario mínimo. La experiencia histórica muestra que ellos olvidan gran parte de esa retórica al día siguiente de las elecciones. Pero eso no cambia la situación. Frente a SPD y Los Verdes, Die Linke debe perfilarse como el partido que más consecuentemente defiende demandas como la de un salario mínimo, más allá de las campañas electorales. Además, ante las actuales turbulencias de la economía mundial, el partido debe desarrollar un perfil más nítidamente anticapitalista. La ejecutiva del partido ha decidido poner en marcha una campaña para regular los mercados financieros y aumentar los impuestos a los ricos, que culminará con una manifestación nacional. Este es un paso en la dirección correcta. El terreno de la lucha de clases Por último, es importante cultivar el terreno de la lucha de clases. Obviamente, Die Linke no es lo suficientemente fuerte como para impulsar por sí solo las luchas sociales. Pero puede estar presente en todas partes, allá donde se mueva la más mínima resistencia, como las protestas locales contra el aumento del precio de la vivienda. Además, durante el próximo semestre, debido al creciente número de estudiantes en las universidades, la situación se prevé tensa. Die Linke debería participar en las protestas que puedan surgir. También es previsible que el movimiento antiguerra organice en diciembre protestas importantes con motivo de la conferencia de Afganistán. Todos estos son puntales que debe construir Die Linke para elevar el nivel de conflicto social. Así podría mejorar la situación social al mismo tiempo que saldría reforzado como referente consecuente de izquierdas. Isaac Salinas es militante de En lluita / En lucha y participó durante dos años en Die Linke durante su estancia en Berlín.

Un rastro de balas permite hallar una gran fosa en Jerez

Hasta ahora había sido un rumor macabro. La gente de los pueblos cercanos (Cortes de la Frontera, en Málaga, y Jimena de la Frontera y Ubrique, en Cádiz) hablaba de que en el cortijo de El Marrufo (Jerez de la Frontera) había enterrados cientos de fusilados del franquismo. Las catas que arqueólogos del foro por la memoria realizaron este verano sobre unas cinco hectáreas de este paraje, el equivalente a 10 campos de fútbol, han probado que tenían razón. El detector de metales se volvió loco. Había tantas balas y casquillos que parecía que alguien las había arrojado como si fueran semillas. Recogieron hasta 70 en dos prospecciones, con fecha y firma: Pirotécnica sevillana, 1936. Junto a los proyectiles, relató el arqueólogo Jesús Román, también encontraron cráneos agujereados por tiros de gracia. “Creemos que aquí puede estar una de las mayores fosas comunes de España en campo abierto, fuera de un cementerio: entre 300 y 600 personas”, afirma Andrés Rebolledo, presidente del Foro por la Memoria del Campo de Gibraltar y nieto y sobrino de dos fusilados en la zona. El cortijo de El Marrufo fue, entre noviembre de 1936 y marzo de 1937, “un centro de detención, tortura y ejecución equivalente a la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) en Argentina”, asegura José María Pedreño, presidente de la Federación Estatal de Foros por la Memoria. “Durante esos meses fueron detenidas una media de entre ocho y diez personas al día”, corrobora Fernando Sigler, coordinador de la investigación, que ha tenido una subvención de 55.900 euros del Ministerio de la Presidencia. “En todo el valle del Sauceda vivían por aquel entonces unas 2.000 personas”. Los asesinos, según les han contado testigos y descendientes de las víctimas durante el último año, mataron a hombres y también a mujeres y niños, a los que retenían en la ermita del cortijo. Además de los testimonios recogidos entre la gente mayor de los pueblos próximos, Sigler consultó archivos municipales, provinciales y nacionales, para documentar los consejos de guerra celebrados en la zona y el número de viudas y huérfanos de entonces. La documentación oficial de la época reconoce “una limpieza” de 50 muertos en los primeros días de noviembre en el Valle de la Sauceda y de otros 20 en el cortijo del El Marrufo. “Mi abuelo, Andrés Barrero, era arriero. Tenía un burro y unas pocas cabras. Cuando le mataron tenía 36 años y cuatro hijos: la pequeña, mi madre, de año y medio, y el mayor, de siete. También fueron a por mi tío abuelo. Mi abuela huyó al monte con los niños y los sublevados la detuvieron durante cuatro días”, relata Andrés Rebolledo. “Por eso estoy en esta lucha. No vamos a parar hasta que en este lugar se haga una exhumación. Es una responsabilidad del Gobierno, sea cual sea, llevarla a cabo”. El Pais Esto saldra en la pagina al pulsar leer mas