7 de noviembre de 2011

Siria : Dos visiones

El debate entre diferentes sectores sobre represión y los peligros de intervención en Siria, esta generando controversia en la izquierda. Incluimos dos articulos, que creemos, reflejan parte de esa controversia y que pueden ayudarnos a formarnos una idea mas precisa sobre lo que esta aconteciendo en los paises del Magreb y sus revoluciones yy los intentos por frenarlas. Siria se desliza hacia la guerra sectaria Robert Fisk The Independent Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández Allí estaba el periodista de la televisión siria preguntándome qué es lo que pensaba yo de la situación en Siria, y allí estaba yo diciéndole que ya no se puede tratar a los árabes por más tiempo como niños, que los levantamientos/revueltas/revoluciones/disturbios en el mundo árabe eran todos diferentes; pero que la dictadura no funcionaba, que si hubiera –si hubiera- una nueva y seria constitución, partidos políticos pluralistas y auténticas y genuinas elecciones libres, Siria podría superar su tragedia, pero que el gobierno estaba agotando rápidamente su tiempo. Veremos si esto sale al aire el sábado (mantendré informados a los lectores) pero fuera, en la calle, estaba empezando otra manifestación a favor de Asad, 10.000, 50.000 después –puede que a mediodía llegaran a los 200.000- y no les habían llevado en transporte por carretera, al estilo Sadam, hasta la Plaza de los Omeyas, no había presencia de la mujabarat y solo soldados que estaban con sus familias. ¿Cómo informa uno de una manifestación a favor de un gobierno durante el Despertar Árabe? Había mujeres veladas, ancianos, miles de niños con la palabra “Siria” escrita en sus rostros. La mayoría ondeaba banderas sirias, unos cuantos las banderas de Rusia y China. ¿Iban coaccionados? No lo creo, no al menos por el gobierno de Asad. Algunos jugaban al futbol en los parques de alrededor de la plaza. Otros firmaban con sus nombres –musulmanes y cristianos- en una pancarta decorada con las ramas de un inmenso árbol sirio. Pero si iban coaccionados, era a causa de historias de más al norte. Hablé con doce hombres y mujeres. Cinco me contaron de familiares en el ejército asesinados en Homs. Y las noticias que llegaban de Homs eran muy malas. Yo había cenado el martes por la noche con un viejo amigo. Su primo, de 62 años, ingeniero jubilado, le había dado agua a algunos soldados en Homs. A la mañana siguiente, hombres armados llamaron a su puerta y le dispararon. Era cristiano. Desde luego, el gobierno de Asad había estado advirtiendo sobre una guerra sectaria. Desde luego, el gobierno de Asad se había señalado a sí mismo como el único protector seguro de las minorías. Desde luego, el gobierno de Asad había afirmado que eran los islamistas y los “terroristas” quienes estaban detrás de la oposición en la calle contra el régimen. Está también claro que la brutalidad de las fuerzas de seguridad sirias en Deraa, Homs y otras ciudades contra los manifestantes desarmados había sido un escándalo que el gobierno reconocía en privado. Pero también está muy claro que la lucha en Siria atraviesa ya el centro del país y que muchos hombres armados se oponen ahora al ejército. En efecto, me han contado que Homs se escapa –durante varias horas en una ocasión- del control del gobierno. Los damascenos que viajan a la ciudad norteña de Aleppo pueden tomar el autobús. Pero ahora más que nunca, están cogiendo vuelos para evitar la peligrosa carretera entre Hamas y Aleppo. Sospecho que esas son las razones de que tantos miles de personas vinieran a manifestarse a Damasco el viernes. Están aterrados. A los periodistas extranjeros no se les permite viajar a Homs –un grave error por parte del régimen-, donde sunníes, alauíes y cristianos conviven entre armenios, circasianos y otros grupos. Una guerra sectaria podría favorecer los cínicos intereses de cualquier régimen que luche por su supervivencia. Pero a menos que todos aquellos con los que he hablado estén mintiéndome (y no lo creo), esta es ahora una creciente realidad en el centro de Siria. Contra esto, ningún veto ruso o chino en las Naciones Unidas es de utilidad alguna. Una delegación de la Liga Árabe –la más patética e inútil de las instituciones árabes- debía llegar a Damasco ayer por la tarde. ¿A santo de qué? ¿Se suponen que van a enviar una fuerza de “paz”? Hace dos días, Mohamed Kadur, el decano de la facultad de petroquímica de la universidad de Homs, fue secuestrado a cambio de la liberación de varios detenidos. Fue liberado un día después. Lo que no sabemos es si liberaron a los hombres encarcelados. Pero ha sucedido antes. En Idlib, según dicen, todo el mundo está armado. Y las armas –eso dicen- están llegando desde el Líbano. Cuando preguntas quiénes son los hombres armados en el centro de Siria recibes toda una retahíla de respuestas: Beduinos con contrabando de drogas hacia Arabia Saudí, desertores del ejército, “islamistas” de Iraq, “gente que piensa que no hay otra forma de librarse del régimen”. Damasco está segura; luces brillantes, tiendas nocturnas y miles de seres vagabundeando por las calles. Pero Damasco no es el resto de Siria. Vive en una especie de burbuja. Me desperté ayer tras solo una hora y media de sueño porque fuera de mi hotel un grupo de trabajadores del gobierno estaban probando un sistema atronador de sonido para la manifestación. Toda la noche hubo estallidos de aplausos grabados y tambores y vítores y trompetas. Pero, ¿acaso necesitaban realmente las muchedumbres de ayer esos falsos aplausos y fraudulentos añadidos a su propia manifestación? Oficialmente, las cosas mejoran en Siria. Lo dudo. Si la cifra de la ONU de más de 3.000 muertos civiles es correcta y si las estadísticas sirias de 1.150 militares muertos son correctas y si las muertes de los últimos tres días –quizá otras 30- son verdad, entonces puede que vayan ya 4.200 sirios asesinados en siete meses. Esto es suficiente como para aterrar a cualquiera. N. de la T.: El presente artículo se publicó el pasado jueves. Durante el fin de semana, se informa de doce muertos más en Homs, tres en Hama y varios en Deraa, Idleb, Dir Zur y los alrededores de Damasco. Asimismo, se informa de la muerte en Homs de al menos veinte soldados durante choques habidos con los militares que han desertado del ejército en la barriada de Bab Amro. Robert Fisk es periodista y escritor. Es corresponsal en Oriente Medio del periódico The Independent y columnista del periódico “Público” en España y “La Jornada” en México. Reside desde hace 25 años en Beirut, Líbano. ——————————————– SOLIDARIDAD CON EL PUEBLO SIRIO Santiago Alba Rico, Carlos Varea, Marcelino Fraile. Hace meses que amplios sectores de la sociedad siria se unieron a la esperanzadora ola cívica que recorre el Magreb y el Maxreq bajo la denominación de “primavera árabe”. Sin embargo, la primavera siria se ha tornado en un terrible baño de sangre. Millares de manifestantes pacíficos han sido asesinados por las fuerzas de seguridad del régimen de Bachir Al-Asad, que no ha dudado en recurrir al bombardeo de ciudades y pueblos. Un número aún más elevado de personas han sido detenidas y sistemáticamente torturadas. Los derechos humanos básicos, desde el derecho a la vida al de expresión, están siendo masivamente violados por las autoridades sirias en un país cerrado a la información independiente. Quienes suscribimos esta declaración queremos expresar nuestra condena por estos hechos: no hay justificación posible para esta guerra abierta que el régimen sirio libra impunemente contra su propio pueblo. El régimen sirio miente para justificar la brutal represión de su propia población. Como otras antes, la dictadura de Bachir Al-Asad vuelve a agitar como un espantajo el peligro de la ruptura sectaria o del terrorismo islamista, o la falsa disyuntiva entre la soberanía y la dignidad del Estado y los derechos y las libertades de sus ciudadanos. Sin embargo, no hay indicio alguno que permita conjeturar sobre una inducción exterior de las protestas o que permita argumentar que las aspiraciones de los ciudadanos sirios son distintas a las que otros ciudadanos árabes manifiestan en sus países. Desde Marruecos a Bahréin la reivindicación es esencialmente la misma: un cambio pacífico y radical que instaure una democracia política real y que ampare y promueva los derechos sociales y económicos de la mayoría. El hilo que engarza las cuentas de las nuevas rebeliones árabes de 2011 —también la de Siria— es la esperanza colectiva en que las próximas generaciones puedan crecer en libertad, hombres y mujeres amparados por el principio universal de ciudadanía, no como súbditos sometidos al pillaje, al terror, a la humillación y a las arbitrariedades de sus dirigentes. ¿Acaso no son éstas nuestras propias aspiraciones, las de cualquier sociedad? Sin embargo, sorprendentemente, cuando más solidaridad demandan los hombres y las mujeres de Siria y cuando parece más justificado y necesario hacérsela llegar desde Europa y América Latina, sectores de la izquierda internacional, defensores en sus propios países de proyectos emancipatorios con los que nos identificamos y que apoyamos, abonan argumentos justificatorios de la dictadura siria, basándose en teorías conspirativas y estereotipos ideológicos que han dejado de ser válidos. No hay dictaduras “progresistas”, y condenar selectivamente los crímenes de unos gobiernos mientras se silencian los de otros nos lleva a incurrir en el mismo doble rasero que tan justamente denunciamos en nuestros dirigentes. Ante la inoperancia internacional, la sociedad siria parece abandonada a su suerte. Conocemos muy bien las reglas que rigen el mundo contemporáneo, aquellas que permiten al tiempo que el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas vete la creación de un Estado Palestino y la condena de la represión del régimen sirio. Los árabes son víctimas del cinismo mercantilista que rige las relaciones internacionales, que valora en cada caso cuándo es conveniente intervenir y cuándo no lo es, siempre en función de intereses ajenos a los de las poblaciones afectadas. Nuestra condena no encubre la solicitud de ninguna intervención militar occidental ni la imposición de un asedio medieval contra la población siria. Rechazamos abiertamente —como lo hacen los propios sirios, que luchan por su libertad— cualquier forma de presión militar y de tutelaje colonial. Pero nos resistimos a aceptar que nada pueda hacerse frente a lo que está ocurriendo en Siria, que la pasividad y el silencio amparen los crímenes que se están cometiendo en Siria.

La vuelta del Sindicalismo Vertical

Por Jorge Calderon, afiliado a la federación de enseñanza de CCOO-Aragón. La burocracia de UGT y CCOO, dentro de la vorágine recortadora de derechos en la que se han embarcado, está negociando ahora la reforma de la negociación colectiva. Se trata de un pilar básico de las conquistas históricas del movimiento obrero, que ha permitido conseguir y mantener algunos los derechos básicos en las empresas. La empresa hasta ahora ha tenido que reconocer cómo la representación oficial de los trabajadores era el Comité de Empresa votado por todos los ellos. En la negociación de las condiciones de trabajo y salariales, contenidas mayoritariamente en lo que se denomina Convenio, se quiere ir debilitando poco a poco la posición de los obreros. Para ello lo que quieren hacer es liquidar la figura del Comité o vaciarlo de contenido. Su existencia, a pesar de que en muchas ocasiones lo están copando burócratas sindicales de empresa que le merman potencialidad, supone en muchas ocasiones un freno a los planes de recortes, que siempre quieren llevar a cabo los empresarios. Se trata de un ataque histórico contra las formas de organización y representatividad de los trabajadores en los tajos. Lo que se está planteando aquí, es volver prácticamente al Sindicalismo Vertical vigente durante la dictadura franquista. Igual que entonces solo había una sola organización, en este caso dos UGT y CCOO, legalmente establecida para representar y negociar las condiciones laborales y salariales de los trabajadores. La representación votada (el Comité) podrá ser “sustituido” por los burócratas oficiales del Régimen, que nombren las federaciones de sector estatales. Cualquier otra organización sindical, como por ejemplo la izquierda sindical, quedaba excluida de cualquier ámbito de negociación. Zapatero, Toxo y Méndez como en tiempos de la dictadura, van a obligar a que los trabajadores debamos empezar a luchar y organizarnos también para pelear nuestros derechos y libertades sindicales básicos. Principales medidas de la propuesta de reforma 1- “Prevalencia absoluta” de los convenios estatales y monopolio de la representación laboral Los convenios sectoriales estatales -y donde no los puedan eliminar, los de comunidad autónoma- tendrán “prevalencia absoluta” sobre cualquier convenio de ámbito inferior, lo que se asegurará por ley. Dichos convenios estatales establecerán los contenidos básicos y fijarán qué se puede negociar y qué no a escala de empresa. Es decir desde arriba se ponen límites a lo que se puede conquistar en niveles inferiores. En lo inmediato también se eliminarán los convenios provinciales, que son los que presentan más conflictividad y donde otras organizaciones sindicales mayoritarias en este ámbito territorial -como la CIG o la mayoría sindical vasca- así como los delegados del sector pueden participar. El sindicalismo más cercano a los trabajadores y la izquierda sindical quedarán completamente desplazadas. Será el aparato central de las federaciones de CCOO y UGT, sin ningún tipo de control, quien monopolizará la representación laboral como “sindicatos más representativos”. 2- Intervención de los Comités de empresa y fin de los “derechos adquiridos ” El aparato dirigente de CCOO-UGT está también de acuerdo en eliminar la “ultra actividad” de los convenios. Hasta ahora, cuando un convenio caducaba, y mientras no se firmara el nuevo, se aplicaba lo pactado en el anterior. Esto lo convertía en “derechos adquiridos”, dificultando la firma de uno nuevo con peores condiciones. Ahora se quiere poner límite a esta prórroga, facilitando que esos derechos se puedan perder. Hoy en día vemos, como muchos comités de empresa, con peso de la izquierda sindical o delegados honestos, se niegan a firmar recortes. La presión más directa de los trabajadores sobre los delegados del Comité también limita a veces la actuación de los burócratas de fábrica. Esto hace más dificil a las patronales poder imponer recortes y convenios a la baja. Para ello se quiere legislar para poder echar a un lado al Comité, a los representantes votados por los trabajadores. Si no llega a un rápido acuerdo será suplantantado por “la comisión paritaria del convenio superior”, que son las federaciones estatales de UGT y CCOO, ajenas a los trabajadores afectados, que firmarán el nuevo convenio o enviará el conflicto al arbitraje. Por ejemplo en Zaragoza, el convenio de bus urbano lleva más de un año bloqueado. El comité de empresa, con peso dirigente de la izquierda sindical se niega a aceptar un convenio a la baja. Con la reforma sería apartado de las negociaciones, y el convenio sería pactado por la empresa y las federaciones estatales de UGT y CCOO. Como en la Dictadura unos burócratas profesionales decidirían las condiciones de trabajo de estos trabajadores. Por si no bastara con esta intervención la reforma busca obligar directamente a ir al arbitraje en el caso de que el “bloqueo” de la negociación se prolongue en el tiempo (están hablando “extraoficialmente” de uno o dos años). Directamente un representante del Estado burgués diría cuáles son las condiciones de trabajo y salariales de obligado cumplimento. En este caso, ya nos podemos imaginar que este siempre fallaría a favor de la empresa, como hemos podido ver en el reciente arbitraje de los controladores aéreos. 3-La “flexibilidad interna” Este es otro de los grandes objetivos de la reforma. La patronal, quiere una flexibilidad interna casi total para incumplir el convenio. Quiere tener las “manos libres” para hacer y deshacer lo que quiera dentro de la empresa. El índice de temas que incluyen es: descuelgues, modificaciones sustanciales, movilidad funcional, traslados y movilidad geográfica, suspensiones de contrato, gestión del tiempo de trabajo y formación profesional. Ante toda esta batería de recortes, la única condición que pone, la burocracia de UGT y CCOO para pactar este retroceso en los salarios y las condiciones de trabajo es ser cogestores. Así, dicen que se debe llevar a cabo “desde la negociación y la participación sindical en todo el proceso” y piden en concreto la “participación en los Consejos de Administración y en las Comisiones de Seguimiento en los planes estratégicos, industriales y organización del trabajo”. Es decir, aceptan los recortes, siempre que sean ellos los que los gestionen dentro de la empresa. Todos estos incumplimientos se decidirán en las comisiones paritarias para “gestión de los convenios”. Éstas podrán “modificarlo durante su vigencia”. Recuerdan a los tiempos de la Dictadura de Primo de Rivera, en los años 20 del siglo pasado, donde las condiciones de trabajo eran pactadas únicamente entre la patronal y los dirigentes de un solo sindicato, UGT, solo que ahora añadiéndose también los de CCOO. 4-Las PYMES, la vuelta al siglo XIX Un último punto, y no el menos importante de su documento, es el de las PYMEs, donde proponen “la acumulación de horas de los representantes sindicales en el ámbito sectorial y la designación de un/a Delegado/a del sindicato” por territorio, que sería una especie de plenipotenciario sindical en las empresas, donde la voz de los trabajadores afectados brillaría por su ausencia. Además la patronal está exigiendo que los trabajadores de estas empresas no puedan acogerse a ningún convenio de sector, sino que tengan que negociar casi de forma individual sus condiciones de explotación con su empresario. Luchemos contra esta contra-reforma y por cambiar el modelo sindical impuesto en la Transición La burguesía española quiere dar una nueva vuelta de tuerca al modelo sindical de la Transición, liquidando las conquistas y derechos que aún conservamos los trabajadores. En este modelo se ha fortalecido el papel que juegan unas direcciones sindicales llamadas “mayoritarias”, aunque solo afilian al 10% de la clase trabajadora española, totalmente adaptadas al sistema, que “viven” de él (acaban de recibir mas 100 de millones de euros cada uno), que han convertido nuestros sindicatos es aparatos totalmente antidemocráticos, en los que a los afiliados no se les tiene en cuenta para nada, y corrompidos por una burocracia al servicio de la burguesía que está firmando estos grandes retrocesos. La figura del Comités de Empresa como órgano de representación de los trabajadores también ha sufrido una burocratización muy fuerte. Se institucionalizaron como órganos irrevocables, elegidos cada 4 años, lo que ha facilitado un divorcio de los representantes y los representados, permitiendo que en muchas ocasiones firman pactos y traiciones a espaldas y en contra de la opinión de la mayoría de los trabajadores. Es pues un modelo nefasto para los intereses de los trabajadores, para poder defendernos. Sin embargo aún quieren empeorarlo más. Debemos unir la lucha contra estos nuevos ataques con la pelea por conseguir un modelo sindical totalmente democrático, controlado y al servicio de los trabajadores. Desde Clase contra Clase apostamos, por unos Comités de Empresa revocables, elegidos cada año desde las asambleas de base. Reivindicamos la pelea de los compañeros de Telepizza que están promoviendo la elección de una Comisión de Garantías, con un delegado revocable por categoría y tienda, que sirva para controlar al Comité y actúe como representante directo de los trabajadores. Hay que devolver la palabra y la decisión a las asambleas de trabajadores. Apostamos también por recuperar los sindicatos tradicionales, como instrumentos de lucha fundamentales de la clase trabajadora. Para ello es necesario echar a esa burocracia traidora que los ha corrompido. La lucha contra el verticalismo creciente, contra el arbitraje obligatorio... gana importancia, la burguesía quiere avanzar sobre nosotros como una apisonadora, y para ello quiere que contemos con la menor capacidad de resistencia posible. La lucha por unificar todas las filas obreras, por arrebatar la dirección del movimiento obrero a los burócratas sindicales vendidos y por desarrollar formas de representación y decisión de democracia obrera, son tareas fundamentales para poder enfrentar esta ofensiva histórica.