1 de diciembre de 2011

LA BBC PROPONE FUSILAR A LOS HUELGUISTAS BRITÁNICOS

La cadena británica BBC ha tenido que pedir disculpas públicamente por los comentarios de uno de sus presentadores, quien declaró que se debería fusilar a los manifestantes que “se atreven a declararse en huelga”. “Tendrían que pegarles un tiro. Yo les ejecutaría delante de sus familias. ¿Cómo se atreven a declararse en huelga?”, proclamó Jeremy Clarkson, estrella del popular programa 'Top Gear', refiriéndose a la manifestación sin precedentes contra los recortes en las pensiones del sector público que vivió Reino Unido este miércoles. El periodista Clarkson, especialista del mundo del motor, es ampliamente conocido por sus comentarios provocativos y un sentido del humor sangrante. Al mismo tiempo, el programa ‘Top Gear’ cuenta con una larga lista de quejas en su contra, debido a que frecuentemente se burla disparatadamente de los polacos, alemanes, australianos, españoles e italianos, basándose en estereotipos y la xenofobia. Más de dos millones de empleados del sector público de Reino Unido protagonizaron la mayor huelga en Londres de las últimas décadas, en protesta contra la reforma de los planes de pensiones impuesta por el Gobierno. La Policía reportó que en el marco de la manifestación efectuó 75 detenciones por diversos delitos http://actualidad.rt.com/actualidad/internacional/issue_33062.html

Felipe Quispe Huanca. Un revolucionario. "El último Malcu"

Felipe Quispe Huanca (*22 de agosto de 1942, Ajllata Grande), es un activista indígena boliviano. Llamado el Mallku (en aymara: el cóndor o autoridad originaria, conocido también como alcalde), nació en Ajllata Grande, en la provincia paceña de Omasuyos, en el seno de una familia aymara. Fue fundador del Movimiento Indigena Túpac Katari (MITKA) en 1978, una década después formó la organización política Ayllus Rojos. En 1990 se radicalizó creando el Ejército Guerrillero Túpac Katari (EGTK) decidido a luchar contra el gobierno boliviano por las vía de las armas, pretendiendo refundar a Bolivia por medio restauración del sistema de la época Inca. Le acompañó Álvaro García Linera un decidido marxista. Quispe fue encarcelado por subversión y después de cinco años en la cárcel de alta seguridad de Chonchocoro, salió en libertad por falta pruebas en su contra. Después de la desarticulación de su grupo guerrillero fue elegido secretario ejecutivo de la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB) e ingresó a la universidad para estudiar la carrera de Historia. Escribió entonces los libros "Túpac Katari vuelve y vive carajo", "El indio en escena" y "Mi captura". Para las elecciones presidenciales del año 2002 consiguió la representación del Movimiento Indígena Pachakuti (MIP) y obtuvo seis escaños, él entre ellos. Quispe dejó las armas pero no por ello la pacificación, participando por medio de sectores sociales, y sindicatos en diversas huelgas y revueltas contra los gobiernos imperantes. Se postuló a la candidatura para las presidenciales bolivianas de 2002, quedando atrás de los candidatos Gonzalo Sánchez de Lozada y Evo Morales, este último también indígena y de la misma nacionalidad aymara que Quispe, que junto a él, además de los sectores de la ciudad satélite de El Alto, la Central Obrera Boliviana, indígenas, campesinos y mineros en general conformaron una decidida insurreccción para derribar al gobierno de Sánchez de Lozada que pretendía exportar gas natural por medio de puertos del vecino Chile a Estados Unidos (dos países a que considera enemigos). Posterior a la forzada renuncia de Sánchez de Lozada, y el cual fue sustituido en la jefatura del Estado por su vicepresidente Carlos Mesa, que a su vez también se vio obligado a dimitir debido a la intensificación de revueltas or Quispe con los mismos sectores sociales, el dimisionado presidente Mesa resultó sustituido por el presidente del Tribunal Supremo Eduardo Rodríguez Veltzé, el cual adelantó las elecciones presidenciales a diciembre de 2005, Quispe se postulo a aquellas pero igualmente sin éxito, quedando de quinto lugar con el 2,16% de sufragios a su favor, siendo ganador Evo Morales. Esta votación determinó la desaparición de su partido y su retirada de la política boliviana. Felipe Quispe, está en contra de Evo Morales actualmente.Wikipedia

Así se "roba" a los trabajadores portugueses.Portugal pagará 34.400 millones de intereses de su rescate de 78.000 millones.En total, devolverá 112.400 millones

Así se desprende de una respuesta parlamentaria elaborada por el Ministerio de Finanzas luso a petición del Partido Comunista Portugués (PCP) en la que se precisa por primera vez cuál será el coste total de la ayuda para el país. Los 34.400 millones de euros en intereses, calculados en base a las tasas de interés pactadas en mayo -y que la Comisión Europea propuso reducir el pasado mes de septiembre-, equivalen al 45 por ciento de la cantidad acordada con la UE y el FMI. De esta forma, Portugal deberá devolver 112.400 millones de euros por la ayuda financiera recibida, concedida a cambio de un duro programa de ajustes y reformas que ya ha comenzado a aplicar el Ejecutivo. El Gobierno luso, de signo conservador, precisó sin embargo que estos intereses están calculados sobre el montante máximo del rescate, y recordó que 12.000 millones de euros están reservados para cubrir las necesidades de los bancos portugueses, fondo que todavía se desconoce si se acabará utilizando. De los 78.000 millones de euros pactados con las autoridades lusas para el período 2011-2014, el FMI aporta un tercio, 26.000 millones de euros, con una tasa de interés media del 5% (aunque es variable) a un plazo de 7 años y tres meses, según la información del Ministerio de Finanzas. La Unión Europea facilita los restantes 56.000 millones de euros, con vencimiento a 12 años y una tasa de interés media del 4 por ciento. Entre mayo de este año y enero de 2012, Portugal habrá recibido más de 38.000 millones de euros del rescate, es decir, prácticamente la mitad del total. Los técnicos de la UE y el FMI aprobaron la semana pasada la liberación del tercer tramo de la ayuda financiera a Portugal (de 8.000 millones de euros), después de evaluar detalladamente sus cuentas públicas y el grado de aplicación de las medidas acordadas en mayo. Los líderes de la misión enviada a Portugal para esta evaluación se declararon "muy satisfechos" por la ejecución del programa de asistencia que recibe Portugal, y descartaron que requiera de momento medidas adicionales de ajuste. EFE http://www.cincodias.com/articulo/economia/portugal-pagara-34400-millones-intereses-rescate-78000-millones/20111125cdscdseco_18/

El "sector crítico" de CC OO frente a la crisis

Seguimos en plena crisis. Una crisis que está liquidando el Estado de Bienestar, los derechos laborales, la soberanía y la democracia, como acaba de ocurrir en Grecia y en Italia donde gobiernos democráticos han sido sustituidos por servidores del poder financiero. Y mientras los trabajadores y las clases populares están sufriendo duramente sus consecuencias (en paro, en salarios, en pensiones, en sanidad, en enseñanza, en democracia, etc.) los bancos y el resto de responsables de la crisis incrementan sus beneficios, incrementan su poder poniendo a los gobiernos a su exclusivo servicio y debilitan seriamente a los sindicatos de clase. Estamos mal y vamos a estar peor. La lucha de clases se ha agudizado y el poder financiero lleva la iniciativa y avanza sin obstáculos importantes, como demuestra la reforma “Express” de la Constitución Española impuesta recientemente. En una situación como esta hacen falta posiciones claras y firmes que combatan las mentiras neoliberales, el miedo y la insolidaridad que se extiende entre los trabajadores y refuercen su unidad y su combatividad. Hay que decir claramente: 1- Que la política de austeridad y recortes no sólo es injusta sino también inútil. Porque sólo se saldrá de la crisis creando empleo que la austeridad y los recortes destruyen. Las renuncias no han servido para nada: los mercados son insaciables y cada vez piden más. Afirmar que los trabajadores hemos vivido por encima de nuestras posibilidades o que todos somos responsables, además de falso, es una indecencia creada y difundida por los poderosos para que nos sometamos sin resistencia a sus planes. 2- Que para crear empleo en cantidad y de calidad es imprescindible una profunda reforma fiscal y el combate contra el escandaloso y masivo fraude. Los ricos no pagan impuestos, de hecho, según los propios técnicos de Hacienda, el fraude de las grandes fortunas y empresas superó en el 2010 los 43.000 millones de euros. 3- Que el problema de la deuda pública está en el diseño de la propia UE puesto en marcha en el tratado de Maastricht y reforanzado en el Tratado de Lisboa (papel del BCE, 3% del déficit público como máximo, no armonización fiscal, presupuesto de apenas 1% del PIB de la UE, etc.). No obstante, el problema se solucionaría puntualmente con un verdadero BCE que comprara la deuda que fuera preciso como hacen los Bancos Centrales de USA, Japón, Brasil o Inglaterra. 4- Que la Reforma Laboral y todas las habidas desde 1984, cuyo objetivo era crear empleo, han fracasado porque no lo han hecho y han generalizado la precariedad. 5- Que la Reforma de Pensiones que firmaron CCOO y UGT ha sido un gravísimo error estratégico y un gran recorte de las pensiones públicas futuras a favor de los poderes financieros. 6- Que la anunciada Reforma de la Negociación Colectiva al priorizar el Convenio de Empresa sobre el ámbito superior, supondrá su eliminación de hecho para la gran mayoría de los trabajadores y pondrá en peligro la existencia de los sindicatos de clase. 7- Que el Pacto por el Empleo propuesto por CCOO es una alternativa condenada al fracaso si no va acompañada de la movilización necesaria, dado que la Patronal y el Gobierno no necesitan hacer ninguna concesión para atacar nuestros salarios, derechos y condiciones de trabajo, si tienen garantizada la paz social,. 8- Que la estrategia seguida por CCOO desde la H G del 29-S no ha sido útil: ni ha frenado los recortes, ni impedido la destrucción de empleo, ni ha impedido las reformas, ni ha incrementado los salarios, que han perdido poder adquisitivo, ni ha desbloqueado la Negociación Colectiva… ni ha mejorado la correlación de fuerzas. La derecha y el capital no pueden estar más satisfechos del balance de sus logros desde mayo del 2010 : Reforma Laboral, Reforma de las Pensiones, reducción de los salarios a los 2,5 millones de empleados públicos, congelación de pensiones, millones de trabajadores con sus salarios congelados por el bloqueo de sus convenios, reducción de muchos millares de empleos públicos, ayudas enormes a los Bancos y Cajas, liquidación y transformación en Bancos de las Cajas para su posterior regalo a los bancos, privatizaciones, etc. Por todo ello, el SECTOR CRITICO DE CCOO DE MADRID defiende: • Una estrategia de movilización sostenida que acumule las fuerzas necesarias para que avancen nuestras propuestas y reivindicaciones. Sin una buena correlación de fuerzas la negociación se convierte en una imposición del fuerte sobre el débil. Una estrategia a medio plazo que cuente con la unidad con UGT y el máximo apoyo social y político. Y, por supuesto, que busque la actuación coordinada con los sindicatos de los países de la Unión Europea, empezando por los más afines. • La oposición a la política de austeridad y a los recortes. Defendemos una política expansiva creadora de empleo, fortalecimiento de los servicios públicos y una potente reforma fiscal que debe empezar por la lucha contra el fraude. • Una estrategia para desbloquear la Negociación Colectiva basada en la movilización coordinada y planificada de todos los trabajadores y sectores afectados. • La oposición a la Reforma de la Negociación Colectiva anunciada por su carácter insolidario y antisindical. • Un modelo sindical más democrático, más participativo, asambleario y reivindicativo. Más próximo a los trabajadores. • El apoyo decidido a la lucha por la Enseñanza Pública Madrileña que se ha convertido en el símbolo de la lucha contra los recortes sociales. Una lucha que, para tener éxito, debe ser larga y debe extenderse a todos los sectores públicos. Apoyar esta lucha es oponerse con firmeza a todos los próximos y abundantes recortes que nos esperan. • La confluencia y el trabajo con el 15-M. Hoy por hoy el 15-M es una fuerza real con una importante capacidad de convocatoria y presencia internacional. • El respeto máximo a la democracia y a la soberanía de cada país. Contra las injerencias y chantajes. Sí a las consultas populares para que los ciudadanos decidan. Madrid, Noviembre del 2011 SECTOR CRITICO DE CCOO DE MADRID

Concentración en Tudela el 10 de diciembre. "Contra los gastos militares, recórtarlos! "

Desde Bardenas ya! Iniciativa asamblearia de antimilitaristas, nos ponemos en contacto con vosotros para llamaros a la concentración que hemos organizado para el día 10 de Diciembre, a las 12:00 horas en la plaza de los Fueros de Tudela, con el lema: “Contra los gastos militares, recórtalos!” Desde Bardenas ya! Iniciativa asamblearia de antimilitaristas, nos ponemos en contacto con vosotros para llamaros a la concentración que hemos organizado para el día 10 de Diciembre, a las 12:00 horas en la plaza de los Fueros de Tudela, con el lema: “Contra los gastos militares, recórtalos!” En plena época de recortes poco se habla de recortar el presupuesto militar; pero esta ocasión es igual de buena que cualquier otra para seguir diciéndoles que no queremos que se mate con nuestro dinero, que no los queremos aquí ni en ningún sitio. La fecha elegida no es casual. El 10 de Diciembre es santa Loreto, patrona de la aviación. Y con tal motivo se reúnen en el polígono de tiro de las Bardenas altos cargos militares para darse un banquete. Os animamos a venir a Tudela a mostrar vuestro rechazo. ¡Contra el gasto militar, contra la política de guerra, contra los ejércitos!http://www.nodo50.org/tortuga/Contra-los-gastos-militares

Stefan Zweig. Lenin en Momentos estelares de la humanidad: doce miniaturas históricas

Aunque todavía sigue siendo un lector muy editado y leído, dudo que Stefan Zweig mantenga el predicamento que tuvo en otros tiempos, en especial en los largos años de la postguerra. Fue uno de los grandes de la literatura por sus novelas (La piedad peligrosas, Cartas a una desconocida, que inspiró una obra maestra del cine, etc), pero su mayor conexión con los lectores, sobre todo con los de formación autodidacta, eran sus biografías, breves, concisas, profundas, magistralmente escritas. Fue gracias a Stefan Zweig, y concretamente a su obra Momentos estelares de la humanidad: doce miniaturas históricas, que el que escribe tuvo su primera noticia sobre Lenin, un personaje sobre el que sin duda había sentido alguna cosa, pero sobre el que carecía entonces de información. Recuerdo que entre sus diversos apartados, los que más me llamaron la atención fueron el de Tolstói (acababa además de leer La sonata a Kreutzer en la que presenta el matrimonio como un infierno), y claro está el de Lenin, y me dio las pistas para pasar a otras lecturas, las que eran posibles entonces, que por allá por la primera mitad de los años sesenta no podían ser muchas. Ahora me he encontrado el texto colgado en la Red, y he vuelto a apreciar su valor, Zweig era tan buen escritor como historiador, un personaje de una cultura excepcional, cuyos valores humanistas eran muy propios del siglo XIX, de manera que en 1914, cuando estalló la guerra, se le cayó el mundo encima. Fue movilizado por su país durante tres años, pero no estuvo nunca en los campos de batalla. Hizo su servicio en Viena, en un despacho de los archivos de la guerra. Ésta duraba todavía cuando obtuvo un permiso de dos meses, que él aprovechó para trasladarse a Suiza. En 1917 hizo representar en Zurich una obra dramática en nueve cuadros, Jeremías, en el cual se condenaba amargamente la guerra. Esta obra es de tendencias pacifistas y en aquél entonces sólo podía representarse en un país neutral. En territorio suizo encontró a otro pacifista expatriado, su querido amigo Romain Rolland, el cual dijo de esta producción cuando se estrenó, que era el mejor ejemplo, por él conocido, «de esa augusta melancolía que sabe ver por encima del drama sangriento de hoy, la eterna tragedia de la humanidad». Junto con Romain Rolland y otros amigos de diferentes países beligerantes, fundó a aquél famoso grupo de escritores refugiados en Suiza que defendieron, contra la guerra, la unidad espiritual de Europa, sueños que serían derrumbados en los años treinta, una época que Zweig encontraba insoportable, por lo que finalmente optó por el suicidio. Acabada la “Gran Guerra”, Zweig volvió a su país, pero no se instaló en Viena, sino en Salzburgo, donde lleva una existencia laboriosa, interrumpida tan solo por sus frecuentes viajes, que le dan materia y ocasión de nuevas actividades, entre ellas un viaje a la Rusia soviética en 1928, invitado por los organizadores de las fiestas celebradas en este país con motivo del centenario del nacimiento de Tolstoi. Hombre de letras, ajeno a la polémica política, y libre, por tanto, de todo prejuicio de secta, Zweig, en estos artículos, contempla el panorama espiritual de Rusia, siendo seguramente el tiempo en el que concibió este retrato de Lenin en el tren de Finlandia que merece ser conocido y leído por las nuevas generaciones. La historia ya no volvió a repetirse. Los trenes en los que algunos líderes comunistas oficiales –Palmiro Togliatti, Maurice Thorez, Thorez, Alvaro Cunhal, Santiago Carrillo- viajaron de regreso a sus países en diversas fechas (1945 en el caso de los dos primeros, 1974 en el del portugués, y 1977 en el de Don Santiago), en medio de una situación de crisis social más o menos profunda. Peros su direcciones fueron justamente la opuesta a la del tren de Finlandia. En el caso de Lenin, las tesis (de abril) pasaban por la ruptura con el Gobierno Provisional, y con la socialdemocracia (mencheviques y eseristas), en el de todos estos señores, pasaba por apuntalar al máximo un “compromiso histórico” con las clases dirigentes, y evitar al máximo cualquier desbordamiento por abajo. Por eso la historia del comunismo que había comenzado con este tren, acabó cuando los otros trenes siguieron cursos muy diferentes, por no decir opuestos. . Stefan Zweig El tren de libre circulación Lenin, 9 de abril de 1917 El huésped del zapatero remendón SUIZA, oasis de paz, refugio de toda clase de gente durante la primera guerra mundial, se convirtió desde 1915 a 1918 en escenario de una emocionante novela detectivesca. En los hoteles de lujo se cruzaban con fría indiferencia, como si no se conocieran, los embajadores de las potencias beligerantes, que un año atrás jugaban amistosamente al bridge. Salen y entran continuamente de sus habitaciones toda una serie de impenetrables figuras: delegados, secretarios, agregados diplomáticos, hombres de negocios, damas, ocupados en misiones secretas. Ante los hoteles se ven lujosos automóviles con matrículas extranjeras, de los cuales descienden industriales, periodistas y, al parecer, casuales turistas. Pero casi todos ellos tienen la misma misión: enterarse de algo, descubrir algo. Y también el conserje, el botones que los conduce a sus habitaciones, la mujer de la limpieza, han recibido el encargo de vigilar, de escuchar lo que puedan. Por todas partes luchan, en una guerra sorda e invisible, unos contra otros, ora en los hoteles, en las pensiones, en las oficinas de correos, en los cafés. Lo que llaman propaganda es, en gran parte, espionaje; lo que se disfraza de amor, traición; cualquiera de los negocios declarados de todos aquellos apresurados visitantes resultan un segundo o un tercer negocio completamente distinto. Todo es motivo de observación, todos los movimientos son vigilados. Si un alemán pisa el suelo de Zürich, lo sabe inmediatamente la embajada enemiga en Berna, y al cabo de una hora se enteran en París. Las grandes y pequeñas agencias envían cada día a los agregados enormes cantidades de papel con informes verídicos o inventados, informes que ellos se encargan de difundir luego. Las paredes parecen transparentes; se escuchan todas las conversaciones telefónicas. De los trozos de papel de las papeleras y las huellas de tinta impresas en los papeles secantes se pretende rehacer la correspondencia que puede interesar. Es tal el maremágnum, que hay muchos que ni ellos mismos saben lo que son, si perseguidores o perseguidos, espías o espiados, traicionados o traidores. Sin embargo, hay un hombre de quien nadie dice nada, quizá porque no llama la atención y no habita en ningún gran hotel, ni frecuenta los cafés, ni asiste a ningún acto de propaganda, sino que vive retirado con su esposa en casa de un zapatero remendón. Contiguo al Limmat, en la Spiegelgasse, viejo y angosto callejón, habita en el segundo piso de una de aquellas casas de la ciudad antigua, de sólida construcción, rematada por un tejado y ennegrecida por el tiempo y por el humo que sale de una fábrica de embutidos que está en el patio de la casa. Tiene por vecinos a una panadera, a un italiano y a un actor teatral austriaco. Como es poco comunicativo, los otros inquilinos apenas saben más de él que su condición de ruso y que tiene un nombre difícil de pronunciar. La patrona puede darse perfecta cuenta de que hace muchos años que su huésped huyó de su patria, que no dispone de mucho dinero y que no se dedica a ningún negocio lucrativo, por lo parco de su alimentación y la modestia, rayana en la miseria, de los vestidos de ambos cónyuges, que no precisan de grandes maletas para su transporte, ya que no alcanzan a colmar el cesto que trajeron consigo cuando llegaron. Este hombre, pues, pasa inadvertido, lo cual es muy comprensible, dada su reservada manera de vivir. Evita toda compañía. Las gentes de aquella casa tienen pocas ocasiones de ver la acerada y oscura mirada de sus oblicuos ojos. Visitas apenas recibe. Pero con regularidad constante va cada día a las nueve de la mañana a la biblioteca pública, permaneciendo en ella hasta las doce, hora en que ésta se cierra. A los diez minutos está ya en su casa para tomar su frugal comida, y vuelve a salir a la una menos diez para ser nuevamente el primero en llegar a la biblioteca, donde permanece hasta las seis de la tarde. Los reporteros y agentes de noticias sólo se fijan en los hombres que se mueven mucho, sin darse cuenta de que son siempre los solitarios, los ávidos de sabiduría, los que encierran ideas revolucionarias, y no se interesan por aquel insignificante individuo que vive en casa de un zapatero. En los círculos socialistas se sabe de él que fue redactor en Londres de un pequeño diario de tendencias radicales publicado por los emigrados rusos, y que en San Petersburgo se le cree el jefe de cierto partido aislado del que es preferible no acordarse; pero como habla dura y despectivamente de las personas más destacadas del partido socialista, considerando equivocados sus planes, y como se manifiesta intransigente y por completo opuesto a toda conciliación, no se preocupan mucho de él. Claro está que convoca de vez en cuando, por la noche, alguna reunión en un café proletario, pero sólo acuden a ella unas quince o veinte personas, jóvenes en su mayoría, y por lo tanto se considera a aquellos solitarios individuos como el resto de esos emigrados cuyos cerebros se exaltan a base de abundante té y muchas discusiones. Nadie concede importancia al hombrecillo de frente voluntariosa; no hay persona en Zürich capaz de querer grabar en su memoria el nombre del célebre huésped del zapatero, de ese Vladimiro Ilitch Ulianov. Y si por entonces alguno de los lujosos automóviles que iban apresuradamente de embajada en embajada lo atropellara, causándole la muerte en plena calle, tampoco el mundo le hubiera reconocido ni bajo el nombre de Ulianov ni por el de Lenin. ¿REALIZACIÓN? Un día, sin embargo, el 15 de marzo de 1917, el bibliotecario de Zürich advierte con extrañeza que, a pesar de que las saetas del reloj marcan las nueve, el puesto que acostumbraba ocupar el misterioso individuo está vacío. Pasan las nueve y media, las diez, pero aquel lector incansable, aquel devorador de libros, no comparece, ni comparecerá jamás. Y es que, camino de la biblioteca, uno de sus amigos rusos le ha dado la noticia de que en Rusia había estallado la revolución. Lenin, al principio, no quería creerlo; está como anonadado ante semejante nueva. Pero luego, con sus característicos pasos, cortos y firmes, se precipita hacia el quiosco de periódicos situado a la orilla del lago, y tanto allí como ante la redacción del periódico espera la confirmación del trascendental acontecimiento durante horas y horas, días y días. Pero sí, la noticia era fidedigna. Cada vez se convence más de ello. Primero fue un simple rumor de que había ocurrido algo en el palacio de los zares. Se habló luego de un total cambio de Ministerio, y más tarde de la abdicación del Zar, de la instauración de una regencia provisional, la Duma, la libertad del pueblo ruso, la amnistía de los presos políticos... Todo, todo aquello que desde hacía años venía él soñando, todo aquello por lo cual había trabajado durante veinte años en organizaciones secretas, en la cárcel, en Siberia, en el destierro, se había cumplido. Y de pronto tiene la impresión de que los millones de hombres muertos en la guerra no habían caído inútilmente. Ya no le parecen víctimas sin sentido. Este hombre, soñador y calculador a la vez, frío y cauteloso, se siente como embriagado. Y, como él, se estremecen de emoción y sienten inmenso júbilo muchos otros desterrados que habitan en humildes viviendas en Ginebra, en Lausana y en Berna. ¡Oh, poder volver a la patria, regresar a Rusia! Y regresar no con nombres y pasaportes falsos, no con peligro de muerte, al Imperio de los Zares, sino como ciudadanos libres a un país libre. Todos preparan ya su mísero equipaje, puesto que los periódicos publican un telegrama de Gorki, redactado en términos lacónicos, que dice así: «Regresad todos a la patria.» Envían cartas y telegramas a múltiples direcciones. ¡Oh felicidad inmensa! Poder regresar, concentrarse todos y volver a ofrendar otra vez la vida, que habían ya dedicado desde las primeras horas lúcidas de su existencia, a la inmensa obra: la revolución rusa. DECEPCIÓN Al cabo de algunos días llega la noticia que es para ellos como una consternadota sentencia: la revolución rusa, que había conmovido sus corazones profundamente, no es la revolución que habían soñado, no es ninguna revolución propiamente rusa. Ha sido simplemente un alzamiento palaciego contra el Zar, urdido por diplomáticos ingleses y franceses, para impedir que el Zar concertara una paz por separado con Alemania. No, no era la revolución del pueblo, que pretende la paz y la consecución de sus derechos. No, no es la revolución por la que vivieron y por la que están dispuestos a morir, sino una intriga de partidos bélicos, de generales y de imperialistas, que no quieren estorbos en sus planes. Y presto reconocen Lenin y los suyos que la invitación a volver a la patria no afecta a todos aquellos que quieren la verdadera y radical revolución marxista. Incluso Miliukov y otros liberales han dado orden ya para que se retrase su regreso. Y mientras socialistas moderados como Plechanov, necesarios para la continuación de la guerra, son conducidos de Inglaterra a San Petersburgo con todos los honores en un torpedero, retienen a Trotsky en Halifax y a los otros radicales en la frontera. En todos los Estados de la En ente hay listas negras con los nombres de los participantes en el Congreso de la Tercera Internacional en Zimmerwald. Desconcertado, Lenin envía telegrama tras telegrama a San Petersburgo, pero o bien son interceptados o quedan sin despachar. Lo que en Zürich se ignora, y apenas hay quien lo sepa en Europa, lo conocen a fondo en Rusia: el peligro que representa para sus contrarios aquel hombre al parecer insignificante que se llama Vladimiro Ilitch Lenin. La desesperación de los «fichados » por no poder regresar no tiene limites. Desde años y años han estado planeando la estrategia de su revolución rusa en las sesiones memorables de su Estado Mayor en Londres, en París y en Viena. Han sopesado, estudiado y discutido cada uno de los detalles de la organización. En abierto debate han equilibrado por espacio de varios decenios, en sus publicaciones teóricas y prácticas, las dificultades, los peligros, las posibilidades. Ese hombre ha estado toda su vida revisándolas una y otra vez hasta llegar a una conclusión definitiva. Y ahora, hallándose retenido en Suiza, ha de ver cómo esa revolución que era «suya» es desvirtuada por otros, cómo la idea, para él santa, de la liberación del pueblo se supeditaba al servicio de naciones e intereses extranjeros. Existe cierta curiosa analogía entre el destino de Lenin y Hindenburg, pues éste, después de pasarse cuarenta años realizando maniobras estratégicas en supuestos campos de batalla rusos, al estallar la guerra se ve obligado a permanecer en casa vestido de paisano y a seguir con banderitas sobre un mapa los avances y retrocesos del ejército mandado por otros generales. En aquellos días de desconcierto, las ideas más fantásticas y disparatadas pasaron por el cerebro del hombre realista que fue siempre Lenin. ¿No podría alquilarse un avión que salvara la distancia sobre Alemania y Austria? Pero el primero que se le ofreció para tal empresa resultó ser un espía. Cada vez se van haciendo más descabelladas y confusas las ideas de la fuga. Escribe a Suecia para que le procuren un pasaporte sueco, pensando hacerse pasar por mudo para no tener que dar explicaciones. Como es natural, por la mañana, tras aquellas noches de desenfrenada fantasía, el mismo Lenin se da cuenta de lo irrealizable que son semejantes sueños. Pero tiene una obligación que no puede eludir: ha de regresar a Rusia, ha de hacer su propia revolución en lugar de la otra; ha de llevar a cabo la auténtica revolución, la revolución honrada, en lugar de la revolución meramente política. Tiene que regresar a la patria lo antes posible. ¡A toda costa! Caso de obtener una paz inmediata por su mediación, asumirá una tremenda responsabilidad que implacablemente le tendrá en cuenta la Historia por haber impedido la paz justa y victoriosa de Rusia. No sólo los revolucionarios tibios, sino los que comparten incondicionalmente sus ideas, quedan horrorizados cuando les da cuenta de lo que se propone hacer, o sea escoger el medio, el camino más difícil y más comprometido. Consternados, le indican que existen ya negociaciones a través de los socialdemócratas suizos para conseguir el regreso de los revolucionarios rusos por el camino legal y neutral del intercambio de prisioneros. Pero Lenin ve inmediatamente el tiempo que se perderá utilizando aquel camino, máxime estando seguro de que el Gobierno ruso procurará retardar el regreso cuanto sea posible. Además, cree que cada día y cada hora que pasan son decisivos. Él sólo ve el fin que persigue, mientras los demás, menos cínicos y menos audaces, no se atreven a decidirse a llevar a cabo lo que desde todos los puntos de vista, leyes y ética humanos no deja de ser una traición. Pero Lenin, resuelto, inicia bajo su responsabilidad personal las negociaciones con el Gobierno alemán. EL CÉLEBRE PACTO Justamente porque Lenin sabía muy bien lo escandaloso y trascendental que era el paso que iba a dar, quiso obrar con la máxima claridad. A instancias suyas, el secretario del Sindicato Obrero Suizo, Fritz Platten, visita al embajador alemán, que antes ya había tratado en términos generales con los emigrados rusos, y le expone las condiciones de Lenin. Porque aquel insignificante y desconocido desterrado, como si previese su futura autoridad, no se dirige al Gobierno alemán en tono suplicante, sino que le presenta sus condiciones bajo las cuales los viajeros estarían dispuestos a aceptar la conformidad del Gobierno alemán y que son éstas: Que se le conceda al vagón en que viajan el derecho de extraterritorialidad; que ni la entrada ni a la salida de Alemania se ejerza inspección de pasaportes y personas; que puedan pagar por sí mismos el importe del billete del ferrocarril según la tarifa corriente establecida, y, por último, que ni por orden superior ni por propia iniciativa saldrán del vagón. El ministro Romberg dio curso a estas noticias. Llegaron a conocimiento incluso de Ludendorff, y merecieron su apoyo, aunque en sus memorias no se lee ni una palabra sobre esta decisión de tanta trascendencia histórica, quizá la más importante de su vida. En algunos detalles pretende el embajador obtener alguna modificación, pues el protocolo está redactado astutamente por Lenin en forma tan ambigua que se presta a que en el famoso tren puedan viajar sin fiscalización de ninguna clase no solamente rusos, sino incluso un austríaco, como Radek. Pero, igual que Lenin, el Gobierno alemán también tiene prisa. Por aquellos días, precisamente el 5 de abril, los Estados Unidos de América declaran la guerra a Alemania. Y Fritz Platten, secretario del Sindicato Obrero Suizo, recibe por fin, el 6 de abril al mediodía, la memorable comunicación: «Asunto resuelto favorablemente.» El 9 de abril de 1917, a las dos y media de la tarde, un reducido grupo de gente mal vestida, cargada con sus maletas, sale del restaurante Zähringer Hof hacia la estación de Zürich. Suman en total treinta y dos personas, incluyendo mujeres y niños. De los hombres sólo ha perdurado el nombre de tres de ellos: Lenin, Zinoviev y Radek. Todos juntos comieron modestamente y firmaron un documento en el que manifestaban que conocen la publicación de la noticia por parte del Petit Parisien, según la cual el Gobierno provisional de Rusia piensa considerar a los viajeros que atraviesen Alemania como reos de alta traición. Firmaron con desmañada letra que aceptaban la plena responsabilidad que puede derivarse de aquel viaje y que se avenían a todas las condiciones. Y silenciosa y resueltamente, aquellos hombres emprenden el viaje que ha de repercutir en la historia del mundo. Su llegada a la estación no suscitó curiosidad alguna por parte de nadie. No comparecieron ni reporteros ni fotógrafos. Y es que ¿quién conoce en Suiza a aquel tal señor Ulianov que, tocado con un deformado sombrero, vistiendo una raída chaqueta y calzado con unas pesadas botas de montaña, busca en silencio un sitio en el vagón, entre el apiñado montón de hombres y mujeres cargados con fardos y cestos? Por su aspecto, en nada se diferencian estas gentes de los numerosísimos emigrantes que, procedentes de Yugoslavia, Rutenia y Rumania, suelen verse en la estación de Zürich sentados en sus equipajes, gozando de unas horas de descanso mientras esperan poder continuar el viaje hasta el litoral francés y de allí a ultramar. El Partido Obrero Suizo, que no está conforme con semejante aventura, no ha enviado a ningún representante suyo. Sólo han acudido a despedirlos unos cuantos rusos que aprovechan la ocasión para enviar algunas provisiones y saludos a los familiares que tienen en la patria, y también ciertos compañeros que en el último momento intentan aún disuadir a Lenin de la insensata y peligrosa empresa. Pero la decisión estaba tomada. A las tres y diez de la tarde dan la señal de salida. Y el tren parte en dirección a Gottmadingen, la frontera alemana. Desde aquella memorable hora, el mundo seguirá un rumbo distinto. EL VAGÓN PRECINTADO Millones de aniquiladores proyectiles se dispararon durante la guerra mundial, ideados por ingenieros para que tuvieran el máximo alcance y la máxima potencia. Pero ninguno de ellos tuvo mayor alcance, más decisiva intervención en el destino de la Historia, que ese tren que, transportando a los revolucionarios más peligrosos y más resueltos del siglo, corre velozmente ahora desde la frontera suiza a través de toda Alemania, facilitándoles su vuelta a Rusia, a San Petersburgo, donde harán saltar hecho añicos el orden establecido hasta entonces. En Gottmadingen espera la llegada de ese extraordinario proyectil un vagón con departamentos de segunda y tercera clase; las mujeres y los niños ocupan los de segunda; los de tercera, los hombres. En el suelo, una raya trazada con yeso limita y separa la parte ocupada por los rusos del departamento donde van los dos oficiales alemanes que custodian aquel transporte de explosivos humanos. Transcurre la noche sin incidentes. Sólo al llegar a Francfort irrumpen de pronto en la estación algunos soldados alemanes que se habían enterado del paso de los revolucionarios rusos, y es rechazado totalmente un intento de los socialdemócratas germanos para entenderse con los rusos. Lenin sabe muy bien las sospechas que se atraería si cambiara una sola palabra con algún alemán en su propio suelo. En Suecia son recibidos con entusiasmo. Hambrientos devoran los viajeros el desayuno preparado al estilo del país para ellos. Los smorgas les saben a gloria. Lenin se provee de otro calzado y algunas prendas de vestir. Al fin se encuentra en la frontera rusa. EFECTO DEL PROYECTIL Lo primero que hace Lenin al llegar al territorio ruso es muy propio de él: no va a ver a las gentes aisladamente, sino que se apresura ante todo a visitar las redacciones de algunos periódicos. Hace catorce años que falta de su patria, que no ha visto la tierra rusa, ni la bandera de la nación, ni los uniformes de los soldados. Pero, distinto a los demás compañeros del viaje, aquel férreo idealista no lloró, ni abrazó a los sorprendidos soldados, como hicieron las mujeres. No, lo primero para él era correr a las redacciones de los periódicos, sobre todo a la de Pravda, para comprobar si «su periódico» sabe mantener firmemente su punto de vista internacional. Indignado, rompe el ejemplar después de leerlo. No, no es bastante, todavía no se subraya debidamente la auténtica revolución, todavía destila patriotismo, patriotería. Ha llegado a tiempo, a su modo de ver, para tomar la dirección del asunto y luchar por sus ideas hasta triunfar o ser derrotado. Pero ¿lo conseguirá? Por última vez siente todavía cierta angustiosa inquietud. ¿No procurará Miliukov hacerle encarcelar allí mismo, en Petrogrado? (Aunque por poco tiempo, la ciudad se llama aún así.) Los amigos que acuden a su encuentro están ya en el tren. Kamenev y Stalin sonríen de un modo inescrutable en el oscuro departamento de tercera clase, vagamente iluminado por la mortecina luz de un farol. No le contestan o no quieren contestar. Pero la respuesta, que la realidad se encarga de dar, es insospechada. Cuando el tren entra en agujas en una estación finlandesa, la inmensa plaza está llena de gente. Pueden contarse por millares los obreros; representaciones de todos los cuerpos armados esperan para rendir honores a los desterrados que vuelven a la patria. Resuena la « Internacional». Y cuando Vladimiro Ilitch Ulianov desciende del tren, aquel hombre insignificante que hasta hace poco vivía en Suiza en casa de un zapatero remendón, es aplaudido por una ingente multitud y llevado en hombros hasta un automóvil blindado. Los reflectores instalados en las fachadas de las casas y en el castillo se concentran sobre él, y desde aquel coche blindado dirige su primer discurso al pueblo. Bulle animadamente el gentío por las calles. Ha comenzado el «ciclo de diez días que lo trastorna todo». El proyectil ha dado en el blanco, ha destruido un imperio y cambiado la faz del mund Pepe Gutiérrez-Álvarez en Kaos en la Red

¿Trato-el-POUM-de-asesinar-a-Negrin?

Algunos de los que ya no se atreven a realizar la ecuación POUM=Quinta Columna, pero que aún así tratan todavía de justificar alguna conexión, han echado mano a la obra de Morten Heiberg y Manuel Ros Agudo, La trama oculta de la guerra civil. Los servicios secretos de Franco, 1936-1945 (Crítica, Barcelona, 2006), que ofrecen datos y algún apunte en este sentido. En principio se trata de autores circunspectos. De ahí que, por ejemplo, aseguran no querer entrar en el debate Southworth-Bolloten (p. 132), y en el cual el primero atribuye a Bolloten nada menos que de escribir –con su libro sobre la revolución española- “la obra maestra de la labor encubierta de Gorkin para la CIA” (1). Anotemos simplemente que, en un principio, Bollotten fue un simpatizante del comunismo oficial –según Preston su decepción se ubica en el asesinato de Trotsky-, de filiación socialdemócrata en la línea de Prieto y que, mientras estuvo como corresponsal en España fue testigo de una revolución que luego le pareció “camuflada” bajo la argumentación que encajaba la guerra española como mero prólogo de la II Guerra Mundial” (1). Dado que este tema da para otro artículo, regresemos a la obra de Morten Heiberg y Manuel Ros Agudo (en la página 207-210, en el apartado “Planeando el asesinato de Negrín”- que pasan sobre ascuas al tratar los acontecimientos de mayo del 37. No tienen dudas de que la acusación de José Díaz según la cual “los militantes del POUM de fascistas disfrazados que hablaban de revolución para propagar el desorden”, pero añaden que “incluso Bowers, el embajador norteamericano en España, encontró convincente esta tesis; y no detallan lo que significa ese “incluso”, sobre todo teniendo en cuenta que Bowers no tenía información sobre este aspecto, aunque eso sí, odiaba la revolución. En sus memorias escribía que ‘la crisis había sido provocada por los anarquistas y el POUM…, en general se cree que muchos de ellos eran agentes de Franco´” (p. 134). Curiosamente, también el embajador de Rooselvelt en Moscú, Joseph Davies —famoso por la película de Michael Curtiz, Misión en Moscú— certificó con entusiasmo que Stalin realizó los “procesos de Moscú” para liberarse de la “quinta columna”. Esto no tiene mayor validez que la de representar el punto de vista de las embajadas estadounidense que temían a la revolución más que al fascismo, pero en ambos casos la veracidad no es lo que les preocupa; representaban a una potencia que solamente se alió con la URSS después de Stalingrado. Pero ambos autores se sirven de los “datos” de Bowers para crear un “clima” ambivalente en el que pueden situar la siguiente información: “…la Quinta Columna de Barcelona (hiciera) una oferta a elementos del POUM en la Ciudad Condal, que se manifestaban dispuestos a asesinar al presidente del Gobierno socialista, Juan Negrín, y al ministro de Asuntos Exteriores, Álvarez del Vayo, a cambio dinero y pasaportes para establecerse fuera de España”, concretamente a los Estados Unidos. Heiberg-Ros Agudo ofrecen otra de arena considerando que el presunto acuerdo, que dan por hecho pero de cuyo curso no se tienen más noticias, “fue el resultado lógico de las crueles purgas de las que había sido víctima el POUM a lo largo de todo aquel año y que lo habían hecho salir del Gobierno de la República” (p. 142). Curiosa información que liga unos datos bastante difusos (“¿”elementos del POUM”?), y que acaban a ninguna parte. No ofrece nada más, ni tan siquiera se entra en el detalle de que en el POUM pudiera haber una infiltración, que las hubo, pero como en todas partes, por lo demás, las combatió como todo el mundo. Es más, no hay una sola línea organizativa que permita pensar en nada parecido, no en vano la principal preocupación del POUM fue encontrar aliados para resistir la campaña estaliniana. Aún así, para darle mayor cuerpo, ambos entran en una valoración según la cual (hipotéticamente), esta disposición se entendía como una reacción porque el POUM fue sacado “del Gobierno de la República”. Y ahí acaba todo, pero esto no es obstáculo para que algunos historiadores den la información por buena por más que una información de ese tipo (de una “Quinta Columna” llamada a realzar su faena, y raramente se cita como una fuente veraz, baste señalar el protagonismo que se adjudicó en la provocación de mayo del 37), y se emplea sin necesidad de análisis ni verificación. Este es el caso de Fernando Hernández Sánchez, quien en su obra Guerra o revolución. El Partido comunista de España en la guerra civil, se puede leer lo siguiente: “El resentimiento contra Negrín llevó a algunos poumistas a pos­tular el asesinato del presidente del Consejo, junto o separadamente con el ministro de Gobernación. Incluso, como señaló Viñas citando a Heiberg y Ros Agudo, se estableció contacto el 5 de agosto a través de la quinta columna con el jefe de la inteligencia militar franquista, el coronel José Ungría. El Servicio de Información y Policía Militar (SIPM) debería facilitarles medios para huir a Francia y posterior­mente a América. Las armas necesarias podían obtenerlas de una unidad del Ejército Popular en la que el POUM todavía tenía influen­cia. Los franquistas se apresuraron a aceptar la propuesta, compro­metiéndose a suministrar a los ejecutores pasaportes y cien dólares a cada uno de los participantes en el atentado, con una condición: los objetivos debían ser Negrín y Álvarez del Vayo. El episodio, evi­dentemente irresuelto, conduce sin embargo a una conclusión para­dójica en la cual, a la postre y por vía de venganza, los partidarios de la tesis de la inteligencia `trotskista´ con la quinta columna podían ver confirmadas sus sospechas” (p. 436). En la nota 67, Fernando nos remite a unas páginas de El escudo de la República, pero Viñas no entra en este detalle. Detalles como estos resultan muy comunes en cierta historiografía, y se puede citar un ejemplo, el de unas líneas de Queridos camaradas, una obra de Antonio Elorza y Marta Bizcarrondo, y de las que Ángel Viñas en El escudo de la República se hace eco. Se trata del capítulo sobre el proceso del POUM, abordado por los autores una dirección única: contra el POUM, no culpable de trabajar para la Quinta Columna, pero si de defender una revolución “inoportuna”. Se cita el dato de que en uno de los mítines del POUM “había terminado al grito del ‘¡Muera la República democrática!’” y añade: “Aunque muchos autores conservadores critican la falta de libertad en la España republicana, uno se pregunta cuánto habría durado un líder político que, en Burgos o Sevilla por ejemplo, hubiera lanzado un ‘!Muera el fascismo¡’, por no hablar de un ‘¡Abajo el Nuevo Estado!´”. Elemental, solo que… Hay una explicación simple de esto: el POUM, con todas sus contradicciones al querer liderar una revolución a medias sin separarse de la izquierda republicana, estuvo en la primera línea de las barricadas de julio para defender las libertades democráticas; luchó junto con otras fuerzas republicanas (ERC por ejemplo) en el frente; su República añadía el “socialismo” —un adjetivo bien visto hasta por los sectores de los republicanos moderados— como complemento inexcusable de la libertad. El grito de aquel acto fue un gesto puntual —no se registra otro— que cabe atribuir perfectamente a la presencia de militantes de la fracción “maximalista” de (Amadeo) Bordiga, que creían que no existían diferencias entre fascismo y democracia burguesa, pero que también estaban peleando en el frente, pero que eran más minoritarios todavía que la fracción trotskista “auténtica” que lideraba G. Munis... Otro argumento muy empleado es que la revolución fue un obstáculo para la guerra, olvidando que fue la revolución la que ganó las primeras batallas de la guerra. Por otro lado, también se podría añadir que las libertades democráticas también fueron un obstáculo para una guerra en la que el enemigo puso toda su potencia, su disciplina, y su total falta de escrúpulos… Notas (1) El ya célebre artículo de Southworth sobre Bolloten se encuentra inserto en la recopilación “La República asediada”, editada por Paul Preston. Toda la argumentación del importante historiador norteamericano –cuyos libros sobre los mitos franquista alumbró a varias generaciones- radica en el hecho de que la investigación de su compatriota está viciada por las fuentes provenientes del anticomunismo…Un concepto que se utiliza obviando la mayor paradoja, que los mayores anticomunistas de la historia se llamaban a sí mismo comunistas. Pepe Gutiérrez.Izquierdaanticapitalista.org