8 de diciembre de 2011

Relatos de Kolima

Cualquier volumen de geografía nos dirá que Kolimá es la zona más remota de Siberia Oriental, entre el Ártico y el mar de Ojotsk. En realidad, es el último círculo de un infierno helado, el Gulag, acrónimo de Glávnoie Upravlenie Lagueréi, Dirección General de los Campos, como nos cuenta Varlam Shalámov en sus Relatos de Kolimá —volumen I, volumen II (La orilla izquierda), y volumen III (El artista de la pala), publicado por la Editorial Minúscula (Barcelona, 2007, 2009 y 2010). Rusia tiene una larga tradición carcelaria, que ha generado su propia literatura. Pero Apuntes de la Casa Muerta, de Dostoievski, parece una novela romántica en comparación con la realidad que rezuma el libro de Shalámov. La prisión aquí no es un camino de purificación, como anotaba Solzhenitsin, quien escribió en su Archipiélago Gulag: “Tu alma, antes seca, ahora rezuma con el sufrimiento Aunque no ames al prójimo al estilo cristiano, la devoción se abre camino en tu corazón y comienzas a aprender a amar a los que te rodean”. Y más adelante: “El sentido de la existencia terrena no es la prosperidad (…) sino el desarrollo del alma. Desde este punto de vista, nuestros verdugos recibían el más terrible de los castigos: descendían al nivel de las bestias, se deshumanizaban. Bien podemos afirmar que ellos eran los verdaderos prisioneros del Archipiélago. (…) Nosotros allí encontramos nuestra libertad”. En los Relatos de Kolimá no hay amor al prójimo, ni piedad, ni devoción. Nadie encuentra allí su comunión con Dios ni su libertad. En estos 101 cuentos (a la espera de que se traduzcan los últimos tres volúmenes), el Gulag es la cloaca donde la humanidad, presos, carceleros y libres, desciende hasta la condición infrahumana de depredadores o víctimas, en papeles mudables según lo indique la supervivencia. “En la insignificante capa muscular que aún quedaba adherida a nuestros huesos, y que aún nos permitía comer, movernos, respirar, e incluso serrar leña o recoger con la pala piedras en la carretilla por los inacabables tablones de madera en las minas de oro, en esta capa muscular sólo cabía el odio, el sentimiento humano más imperecedero", escribe Shalámov. Estos cuentos no son obras maestras de la literatura. No renuevan el género ni rebasan la narración lineal y directa de los argumentos. Su desoladora fuerza reside en lo que cuenta. Cuento tras cuento, se añaden la nieve perpetua, el hielo, el pavoroso frío —por él sabemos que los condenados debían salir a trabajar dieciséis horas con cualquier temperatura, y que si hay neblina, el termómetro rondará los 40º bajo cero; si al respirar el aire se exhala ruidoso, serán 45º; y si a la respiración ruidosa la acompaña una agitación visible, habrá al menos 50º bajo cero. Los asesinatos por un jersey de lana, por un gesto, por una palabra. Suicidios, automutilaciones. El que se corta la mano con un hacha, los que infectan sus heridas o compran saliva a los tuberculosos —nunca el bacilo de Koch fue mercancía—. Cuenta de las violaciones y el intercambio del cuerpo por un trozo más de pan o un golpe menos. Las delaciones por un pitillo o por un cazo de sopa. O por la pavorosa prerrogativa de ser, por un momento, victimario. En este entorno putrefacto, los libres se corrompen inmediatamente y los mandantes, zarecillos locales que tarde o temprano serían fusilados, se comportan como señores feudales con potestad sobre la vida y la muerte. Allí desfilan por docenas los viejos revolucionarios del diecisiete, tras su paso por la Lubianka. Pero también los represaliados del Komintern: Derfel, un comunista francés, y Fritz David, un holandés. Y el joven campesino imita al hampa, la aristocracia de prisión. Según un sistema que reconocerán de inmediato los presos políticos cubanos, en Kolimá los políticos son la escoria en quienes se ensañan carceleros y delincuentes, y a estos se conceden todas las jerarquías: solo son asesinos, violadores y ladrones; no han pecado con las ideas. Por eso muchos intelectuales quedan reducidos a “montadores de novelas” (con el añadido de rascarles los pies o la espalda a los hampones), al estilo de los antiguos bufones, en la corte de los nuevos amos, a cambio de protección y migajas. Eso nos cuenta la terrible historia del periodista que tras su paso por los campos se convierte en un ser irreconocible, un fantasma de sí mismo. La civilización y la cultura se desprenden de los intelectuales como una cáscara y ellos, aterrados, se convierten en guiñapos. O, simplemente, se apagan, como en el cuento dedicado a Ósip Mandelshtam, donde en su agonía, el poeta chupa su último pedazo de pan porque sus dientes, a punto de desprenderse por el escorbuto, no le permiten morderlo, el poeta que morirá dos días antes de la fecha oficial de su muerte. Durante esos dos días sus compañeros conservarán el cadáver para hacerse con su ración de pan. Porque el pan o su ausencia son en este libro un personaje más: además de los piojos y la pelagra, el hambre cruza todo el libro: la poliavitaminosis, un eufemismo del hambre que será sustituido por RFI, agotamiento físico agudo, conduce a los prisioneros a convertirse en terminales, esos que con 1,80 metros pesan 48 kilos y que los demás miran como a muertos vivientes, sabedores de que ya han cruzado la línea sin retorno. El hambre vitalicia que acompañará, a quienes se salven, el resto de sus vidas. Y junto al hambre, la percepción de encontrarse en una isla custodiada por el centinela polar de donde es imposible escapar: distancias infinitas de desierto helado que tratarán de franquear infructuosamente las insurrecciones del mayor Pugachov y la del coronel Yanovski, o los comunes que huyen llevándose a algún recluso débil, “las provisiones para el camino”. El canibalismo no es en este inframundo un suceso demasiado raro. O el fugitivo abatido por el cabo Póstnokov. Para no tener que cargarlo, le corta las manos para llevarlas como prueba. Por la noche, el mutilado se levanta y camina hasta un campamento tentando el camino con sus muñones helados. Por eso en el cuaderno del prisionero niño sus dibujos solo incluyen soldados, alambradas, torres de seguridad, árboles negros, perros guardianes y un cielo azul, impasible. Ni siquiera en aquellos campos presididos por la siniestra leyenda “Honor y gloria al trabajo, ejemplo de entrega y heroísmo”, está ausente el humor. Cuando, tras el chasquido de los cerrojos, los guardias gritaban que “Un paso a la derecha o uno a la izquierda se considerarán fuga”, algún gracioso gritaba: “Y un salto hacia arriba, propaganda ilegal”. O el humor negro, como cuando en Novosibirsk se escapa un reo de un tren, y un soldado encuentra a un campesino en el mercado, rompe sus documentos y lo arrea hacia Siberia en sustitución del huido. El pobre hombre ni siquiera habla ruso. Como el stlánik, un arbusto que pliega sus ramas y se acuesta para invernar bajo la nieve, y solo resucita con la llegada de la primavera, tras diecisiete años, Varlam Shalámov regresa del infierno. Entonces reflexiona que la torre de vigilancia de los campos es el símbolo arquitectónico de nuestro tiempo. Y va más allá: los rascacielos de Moscú, nos dice, “son las torres (…) que vigilan a los reclusos moscovitas”. En su Oda a Stalin, “el más grande de los hombres sencillos”, según él, Pablo Neruda afirma: “Stalin alza, limpia, construye, fortifica, preserva, mira, protege, alimenta, pero también castiga. Y esto es cuanto quería deciros, camaradas: hace falta el castigo”. Conocía al castigador y lo aplaudía, siempre que castigara a otros. Por eso este es un libro que todos deberían leer. Es la única forma de prevenir el castigo (dulce eufemismo para un genocidio) y de denunciar a los castigadores. En un cuento inolvidable de Shalámov, una vieja fosa abierta en la piedra desborda sus cadáveres que ruedan por la ladera del monte como si intentaran evadirse de la muerte. Entonces, el bulldozer americano recibido gracias al Land-Lease, la ayuda a Rusia durante la guerra, abre una enorme fosa y realiza el traslado de miles y miles de cadáveres incorruptos gracias al permafrost. Afloran tal como fueron enterrados: mutilados, marcados de piojos, heridos, baleados, muertos de inanición o de cansancio, con los ojos abiertos aún por el brillo del hambre. Prefigurando las palabras de este libro, los muertos regresan a la superficie. Siempre regresan.http://archivosdelmandril.blogspot.com/2011/05/exhumacion-de-la-historia-relatos-de.html

Libro.El historiador Josep Fontana revisa la evolución de Occidente desde el final de la II Guerra Mundial en 'Por el bien del imperio' y concluye que esta crisis es consecuencia del neoliberalismo desatado hace 40 años

Hoy es un día importante para hacerse preguntas. ¿Por qué los derechos de los trabajadores se han quedado en ascuas en los últimos cuatro años? ¿Qué ha pasado en los últimos 50 años en el mundo? ¿Dónde ha quedado el reparto equitativo o la cohesión social? ¿Es esta crisis económica un hecho aislado o es la consecuencia de una actitud voraz sin freno ni reglas? ¿Cómo han conquistado la soberanía los más ricos? Es un día oportuno para lanzarle todas las cuestiones a la Historia, a la espera de un rebote de lucidez. Es fácil confiar en las capacidades de la Historia para aclarar el presente, si quien ilumina es Josep Fontana (Barcelona, 1931). Desde la primera página de Por el bien del imperio. Una historia del mundo desde 1945 (que acaba de publicar la editorial Pasado y Presente) su autor reconoce que la obra, a la que se ha dedicado en los últimos 15 años, tiene su origen en la frustración de no haber alcanzado un mundo mejor, en las falsas promesas que a sus 14 años, con la II Guerra Mundial finalizada, les habían lanzado. "Nos garantizaban, entre otras cosas, a todos los hombres de todos los países una existencia libre, sin miedo ni pobreza. Cuando se han cumplido ya 70 años de aquellas promesas, la frustración no puede ser mayor", advierte este historiador maestro de historiadores, referencia esencial para entender el siglo XIX y, ahora, el XX. Seis décadas después, Alemania vuelve a dominar Europa, y Estados Unidos ve cómo China amenaza su hegemonía. ¿Por qué un historiador del siglo XIX analiza los acontecimientos de la segunda mitad del siglo XX e incluye, en este espectacular estudio de casi 1.300 páginas, la última hora de esta crisis económica? "Porque un historiador lo primero que tiene que hacer es estar abierto, y a mí me interesan muchas más cosas que el siglo XIX. Cuando empecé a escribir el libro, la enseñanza del mundo contemporáneo en la Universidad era escasísima y más bien pobre. Me pregunté qué había pasado para que lo que entonces prometía ser un futuro espléndido no haya cuajado", cuenta a este periódico. Reconoce que la crisis de 2008 abrió los ojos a muchos, porque entendieron que "era un fenómeno de una dimensión mucho mayor". Por eso añade que leer varios periódicos al día es necesario para entender el mundo que vives. "¿Cómo vas a entender el siglo XIX si no entiendes el mundo actual?". "Desde los años setenta hemos vivido una involución, que rompió con la evolución iniciada con la crisis de los treinta", dice. "Buena parte de las concesiones sociales se lograron por el miedo de los grupos dominantes a que un descontento popular masivo provocara una amenaza revolucionaria que derribase el sistema", describe Fontana. "Han pasado 70 años de las promesas de la II Guerra Mundial y hoy sólo hay frustración""A partir de los años setenta, los ricos pierden el miedo. Y hoy, ¿a qué revolución van a temer los banqueros? Han perdido el miedo, y desencadenan el empobrecimiento global y el enriquecimiento de su grupo. Porque es una crisis desigual, que afecta sólo a los más pobres", cuenta. Para demostrarlo señala a los beneficios alcanzados por grupos como Citigroup o el conglomerado de lujo LVMH (Louis Vuitton y Moët Hennessy). "Las clases dominantes han vivido siempre con fantasmas: los jacobinos, los carbonarios, los masones, los anarquistas, los comunistas. Temían unas fuerzas oscuras que medraban para un día cambiar el mundo y quitarles todo. Eran amenazas fantasmales, pero los miedos eran reales", explica. Con esos miedos los trabajadores obtenían de los gobiernos concesiones, y las clases dominantes mantener el orden social. El primero en introducir medidas de seguros sociales en Europa fue, justamente, Bismarck, con el objetivo de calmar los ánimos. Siglo y medio de logros Así que, para el profesor, el factor que desencadena la fase crítica, que atraviesa en estos momentos el Estado del bienestar, es la pérdida del miedo de las clases dominantes a una revuelta popular. Hasta los setenta se vivió el impulso que "permitió el reparto equitativo de sus frutos y un cierto avance de libertades". "El modelo construido en Europa como fruto de siglo y medio de luchas sociales era destruido. Ni siquiera el fascismo logró lo que ha conseguido el capitalismo", sentencia. La prueba está en que "hay un momento en que la amenaza de una revolución subversiva del comunismo ya no existe y los poderosos entienden que ya no tienen amenazas". Esas intimidaciones, para Fontana, han permitido transformar la sociedad europea desde la Revolución Francesa hasta los años setenta del siglo XX. Justamente, una de las ideas claves de la obra de una ambición inédita en la historiografía española es la creación del aparato económico de organizaciones empresariales que se aúnan para plantarle cara a la agitación. "Las concesiones sociales se lograron por el miedo a un descontento popular masivo y revolucionario"El presidente demócrata Jimmy Carter logra las primeras victorias para los ricos: evita la creación de una agencia de protección de los consumidores, "una de las cosas que más temen", e impide que los sindicatos vivan con la independencia con la que hasta ese momento habían trabajado. "Los demócratas empiezan a recibir ayudas de los empresarios, hasta entonces recibían dinero sobre todo de los sindicatos", explica. "Con Reagan llega el primer corte de impuestos y las primeras batallas contra los sindicatos. La señora Margaret Thatcher dará la batalla contra el sindicato de los mineros", relata. Ahondando en la idea del control social, aclara que "el fascismo surgió en momentos en que parecía que la capacidad del capitalismo para seguir manteniendo el orden social interno estaba fallando". Es decir, que aparece como una solución de urgencia ante el peligro de ruptura social. "Por decirlo de alguna manera: el New Deal de Roosevelt es una alternativa al fascismo". ¿El miedo al fascismo dejó campo libre al capitalismo? "Sí, pero las cosas que ha conseguido lo ha hecho pactando". Contra la resignación La Historia es una llamada a la acción, el despertar de las conciencias, tal y como la entiende Josep Fontana. Dice haberlo aprendido de Vicens Vives, quien creía que la Historia servía "para ayudar a que las cosas funcionaran". En ese sentido, Fontana encuentra una segunda oportunidad para los historiadores en estos momentos de desorientación. "Habiendo fallado las certezas de los modelos con los que los economistas, como Greenspan, articulaban el futuro, hay que preguntarles a los historiadores qué es lo que ha ido mal para recomponer las certezas". Avisa: esa función sólo sucederá si aceptan su función crítica, si no se dedican a "abastecer el orden establecido con legitimaciones, que es lo que ha hecho la historiografía académica". Y se queja de la falta de responsabilidad de la ciencia: "Desde 1945 a esta parte, la historiografía se ha dedicado a convencer a la gente de que todo intento de cambiar las reglas sociales conduce al desastre, lo cual es una lección de resignación incomparable. Pero eso no es lo que la historia debe hacer, en algún momento debe mover hacia el cambio. Un gramo de sensatez puede ayudar a cambiar las cosas". "Hay que preguntarles a los historiadores qué es lo que ha ido mal para recomponer las certezas" Ese gramo pasa por no crear falsas esperanzas para seguir caminando. Fontana prefiere hacer ver que la situación es irreversible para llamar al cambio. "Hay que combatir contra la hipnosis de la crisis, que induce a pensar que es un fenómeno de corto plazo, que se remediará. Pero esto ya dura más de 40 años y no tiene remedio fácil. ¡La ilusión de que siendo austeros va a pasar es un engaño! Cuando Esperanza Aguirre plantea que la educación no puede ser gratuita para todos mientras dure la crisis, no está pensando más que en el futuro la educación sólo la recibirá quien la pague. Las medidas de austeridad no lograrán que los cinco millones de parados de este país vayan a volver a encontrar ocupación", aclara. Dibuja un panorama realmente duro para la generación que ahora tiene 20 y 30 años, "no tienen futuro". La protesta es inevitable. Pero en estas condiciones hay diferencias: "No es como en Mayo del 68. Los que protestaban entonces se terminaron integrando en la sociedad. Los que protestan hoy no tienen posibilidad de integración". Por supuesto, también tiene palabras para los movimientos, "plenamente justificados", de indignación mundial. Aunque avisa de que estos movimientos no deben enquistarse en el ruido de los antiguos antisistema, porque "generarán miedo en la misma población". "La única posibilidad de cambio en estos momentos está en ellos, sólo ellos pueden hacer que el sistema vuelva a negociar para permitir una situación un poco más justa, como la que hubo entre los años treinta y setenta, para volver al menos a unas condiciones civilizadas", explica convencido. Una izquierda frustrada Empezamos a entender porqué nunca un libro de Historia fue tan actual. Él esperaba mucho más de la civilización occidental y reconoce sentir que, de alguna manera, nos han estafado. "Yo vengo de una izquierda frustrada varias veces. Frustrada en este país con la Transición, porque cuando estábamos en la clandestinidad esperábamos mucho más que el tipo de pacto que luego se produjo", dice. Entre las verdades dolorosas que sabemos gracias a él está la de que la Historia ni siquiera es un proceso continuo de progreso. La Historia tampoco puede ser usada con fines propagandísticos, señala. ¿El Diccionario Biográfico Español entra en esa categoría? "El Diccionario es una muestra de la incompetencia de quienes trataron de montar eso y de instituciones como la Academia. Lo que ha salido es una muestra de lo que esa casa puede dar: un disparate. Para empezar, el proyecto mismo es un disparate. Hoy no tiene ningún sentido hacer eso. No hace ninguna falta. Es como hacer una enciclopedia, ¿quién hace hoy una enciclopedia? Estamos en un mundo muy distinto", y él lo sigue atentamente para analizarlo. Publico. http://www.publico.es/culturas/407728/ni-siquiera-el-fascismo-logro-lo-que-ha-conseguido-el-capitalismo

Críticas contra la monarquía: de los escándalos sexuales al 'caso Urdangarín

Reportaje del periodista Pascual Serrano publicado en Le Monde Diplomatique El escándalo en el que se halla implicado Iñaki Urdangarin, duque de Palma, esposo de la infanta Cristina de Borbón y yerno del rey Juan Carlos I, atrae de nuevo la atención sobre los negocios ocultos de la familia Real. Una cuestión hasta ahora tabú en los medios de comunicación de España. Según la Constitución española: “La persona del Rey es inviolable y no está sujeta a responsabilidad.” Por eso sin duda la prensa mantiene una omertá de silencio en torno a los asuntos de la monarquía. En cambio, entre los libros sobre Juan Carlos, destacan trabajos serios que critican aspectos de la vida del rey con argumentos documentados y aportan luz sobre la extravagante trayectoria de la familia Real. Hace más de veinte años, en mayo de 1998, el periodista Jon Lee Anderson, escribió en The New Yorker un amplio perfil del rey Juan Carlos I. El artículo fue censurado en España, algo que dejó desconcertado a Anderson. En su opinión, “la actitud de los directores de medios y la percepción de un círculo muy pequeño de que la Democracia española era frágil, hacía que se censuraran las noticias”. Hubo que esperar hasta 2.006 para que se publicase, pero incluido en un dossier editado por la Asociación de la Prensa de Aragón, con motivo de la asistencia de Jon Lee Anderson a un congreso en Huesca. Lo curioso es que lo escrito por Anderson no era en absoluto crítico ni con la figura del Rey Juan Carlos I ni con la Monarquía en general. Su principal fuente era el servicio de prensa de la Casa Real y no recogían ni un sólo comentario de algún opositor a la institución monárquica. Sin embargo, en el texto se aprecian elementos que cualquier español hubiera identificado como “impublicables” de España: recuerda, por ejemplo, que Alfonso XIII, abuelo de Juan Carlos I, tras su derrocamiento en 1.931, “vivió una vida de play boy, mujeriego, era aficionado al juego y a la caza”; destaca la estrecha relación entre Franco y Juan Carlos, y se hace eco de alguno de los escándalos sexuales y económicos. A diferencia de otras monarquías, como la británica, la española sigue blindada a la crítica. Se trata de un caso de censura apoyado por los directivos de la prensa y la mayoría de los periodistas, incluso los no españoles. John Carlin, por ejemplo, periodista británico colaborador del diario El País, hasta se jacta de esa falta de libertad. En su artículo “Reyes, guiñoles, ingleses y democracia”, publicado en 2.000, con motivo del 25 aniversario de la monarquía, afirma: “A diferencia de lo que ocurre en el Reino Unido, en España existe una conspiración de silencio en la que participan todos los medios de comunicación en torno a la Familia Real. Y tiene su razón de ser”. Ante esta situación en la prensa, ha sido en los libros donde la omertá de silencio ha podido agrietarse. Muchos son los libros sobre la Familia Real, el monarca o su consorte. Casi todos laudatorios. Sin embargo, cada vez más, comienzan a editarse trabajos que se posicionan críticamente contra la Monarquía. CUANDO JUAN CARLOS MATÓ A SU HERMANO… Uno de los primeros fue Un rey golpe a golpe. Biografía no autorizada de Juan Carlos de Borbón (2.000). Va firmado con el pseudónimo Patricia Sverlo, y editado por Ardi Beltza, un sello del entorno de la izquierda abertzale que acabaría clausurado por las autoridades. El libro no se vendió en librerías; se distribuyó por los circuitos de la revista Ardi Beltza donde se agotó. La obra es contundente en la exposición del entramado de la sucesión tras la muerte de Franco; destaca la fortuna de Juan Carlos I, sus oscuros negocios en el petróleo, el tráfico de armas, la especulación financiera, la trama inmobiliario y sus amistades con una élite económica que terminó enjuiciada por corrupción. También se repasan los escándalos sexuales del Rey que suelen ser comentados por numerosos círculos privados pero nunca saltan a las páginas de la prensa española. Incluso se insinúa que Juan Carlos tuvo conocimiento de la creación de los Grupos Antiterroristas de Liberación (GAL), aparato clandestino de guerra sucia contra ETA creado bajo el gobierno de Felipe González. Hoy el libro es difícil de conseguir y su difusión se realiza básicamente por Internet. Es de justicia indicar que los principales escándalos fueron recogidos anteriormente en otra obra que, si bien no se centraba en la figura de la monarquía, sacó a la luz una valiosa información sobre las corrupciones en torno a las finanzas de la realeza. Se trata de El negocio de la libertad (Foca, Madrid 1.999), de Jesús Cacho. A diferencia del de Patricia Sverlo éste fue un gran éxito de venta, pero los escándalos que en él se destapaban -y que afectaban a una parte del sector político y económico de la España de Felipe González- eran tantos que los del Rey no destacaban entre el panorama. Como Jesús Cacho no es un periodista antimonárquico militante, ello hacía que sus denuncias tuvieran credibilidad. Por ejemplo, cuestionaba el papel de Juan Carlos, presentado casi como heroico en el fallido golpe de estado del 23 de Febrero de 1.981. Basándose en unas declaraciones de la Reina difundidas por la periodista Pilar Urbano, el autor afirma que “el Rey había jugado a dos bandos en las fechas previas al 23-F”. También sostiene que tras conseguir la corona, Juan Carlos I habría comenzado a amasar su fortuna y a embolsarse comisiones. Otra vía para enriquecerse: utilizar su cargo para pedir a algunas petromonarquías del Golfo y al Sha de Persia ayuda económica personal para “defender a España del socialismo”. El autor incluso publica la carta que habría enviado el Rey al Sha. Jesús Cacho expone en una imagen bastante patética del soberano: “El Rey no lee libros ni periódicos; se limita a hablar por teléfono las 24 horas del día, lo cual conforma en ocasiones en su coronada testa un galimatías morrocotudo. Cuantas voces y voces han pretendido dotarle de algún tipo de asesoría o consejo de notables, una simple tertulia con la que reunirse de forma periódica para hablar con cierta profundidad de algunos tema, han fracasado. Al Monarca le interesan más los tipos divertidos, alegres, simpáticos, ricos mejor que pobres, hábiles en el trato con las mujeres y en los negocios”. Ramón Akal, editor de Cacho, recuerda que el libro fue encargado por otra editorial pero que ésta, tras leerlo, decidió pagarle al autor la cantidad estipulada como adelanto negándose a publicarlo. En España, ni siquiera la “prensa seria” ha informado de los escándalos financieros de Juan Carlos I a pesar de que sus socios han protagonizado portadas, juzgados y hasta prisiones. Ni la prensa amarilla, tan popular, ha prestado atención a sus devaneos amorosos y sexuales. Cuando la revista italiana Orgi anunció, en 1989, la existencia de una hija ilegítima del Monarca con la condesa italiana Olghina Robiland, el silencio fue total en España. Y cuando la condesa confirmó esa relación y publicó las “cartas de amor” de Juan Carlos I (que ya estaba comprometido con Sofía de Grecia), su difusión fue muy limitada. Sobre los escándalos de faldas del Rey trata David Garrido en Los hijos silenciados de los Borbones “Arco Press, 2005). Otro autor que destaca es el Coronel Amadeo Martínez Inglés, oficial expulsado en 1990 de las Fuerzas Armadas. Sus obras se caracterizan por su carácter provocador y polémico. En 23-F, el golpe que nunca existió (Foca, Madrid 2001), implica a Juan Carlos I en el intento de golpe de Estado. En Juan Carlos I, el último Borbón (Styria, Barcelona 2008) no duda en calificar al sistema político de “dictadura en la sombra por parte del monarca español”. Y en La conspiración de Mayo. El “Alzamiento Nacional” que preparó la derecha castrense para el 2 de Mayo de 1981 y que frustró el 23-F (Stiria 2009) de nuevo implica al Rey en el golpe del 23-F. Otro libro interesante es del periodista Iñaki Errazkin, Hasta la coronilla. Autopsia de los Borbones (Txalaparta, Tafalla 2009), cuya principal aportación es un riguroso repaso de los antecedentes históricos de los Borbones en un capítulo titulado “Los muertos de Juan Carlos I”. El autor afirma: “La degeneración que causa la continua endogamia, la soberbia y la impunidad inherentes al poder, ya sea absoluto o relativo, son elementos que no ayudan precisamente a forjar un carácter virtuoso, y los Borbones no son una excepción”. La contundencia del texto es indiscutible, Errazkin presenta un capítulo de la vida del monarca silenciada en las biografías oficiales: el disparo de pistola con el que Juan Carlos mata, siendo niño, a su hermano menor Alfonso, y que le catapulta al primer lugar de la línea sucesoria, y el rechazo absoluto del padre a que se realice autopsia alguna o investigación. No falta un repaso a los hijos del monarca y a sus consortes, donde se encuentra: drogadicción, suicidio, secretos silenciados a golpe de talonario con fondos públicos y sexo. Por último: la obra del senador Iñaki Anasagasti, ex portavoz del Grupo Parlamentario Vasco en el Congreso Una monarquía protegida por la censura (Foca, Madrid 2009). El autor denuncia la “conspiración de silencio, en la que participan políticos, personalidades de todo tipo y medios de comunicación social, en torno a la familia real para seguir diariamente la convención de que es ésta la única fórmula válida en la actualidad para que España no se rompa o para que no acabemos a garrotazos los unos contra los otros”. El senador vasco afirma que escribe este libro porque “es preciso ir diciendo que el rey está desnudo, que su legitimidad de origen no es democrática, por más que aparezca en tíulos y artículos de una Constitución aprobada democráticamente en 1978; que su vida privada no es nada ejemplar; que sus gastos y relaciones de amigos comisionistas son impropios, y que su falta de responsabilidad ante el delito es algo único en una Europa democrática”. Todo esto vuelve a plantearse desde que estalló el “escándalo Urdangarín” en el que se halla implicado el yerno del Rey a través de su empresa de asesoría Nóos en el “caso Palma Arena” y la “Operación Babel”. Al parecer, Iñaki Urdangarín impulsó la actividad y contratos de Nóos, que por sus estatutos carecía de ánimo de lucro, y presentó al cobro facturas de su firma Nóos y de la inmobiliaria Aizoon, cuya propiedad comparte con su esposa la infanta Cristina de Borbón. En cinco años, la cifra de negocios de Nóos rondó los 10 millones de euros, según la contabilidad del complejo entramado de asesorías y empresas organizado, que Fiscalía Anticorrupción ha examinado. Se ha identificado a una firma del grupo que transfirió cerca de medio millón a una cuenta de una sociedad en un paraíso fiscal. Fiscalía Anticorrupción ha detectado también un agujero de un millón de euros en partidas no justificadas. Esta es la base para la acusación penal de supuesta “malversación de caudales públicos”. Y la pregunta que muchos observadores se hacen es: ¿en qué medida el Rey Juan Carlos estaba al corriente de estas operaciones? ¿Cómo es que nadie, en la familia Real, se interrogó sobre los orígenes del colosal y rápido enriquecimiento del esposo de la infanta Cristina?. Muchos elementos en torno a la familia Real despiertan indignación y cada vez cuesta más silenciarlos: denuncias financieras y de corrupción, fortuna personal de oscuro origen, la burla de que sus viviendas, yates, vehículos, etc … sean de titularidad del Estado para que sea el dinero público el que deba mantenerlos y repararlos, oscurantismo en su financiación público de la que no debe rendir cuentas, desmanes sexuales … Todos estos elementos, oscuros en los medios de comunicación, salen a flote sólo gracias a algunos libros que han logrado ser la única válvula de escape a las críticas y denuncias contra la monarquía. ****** Pascual Serrano es periodista, autor, entre otros libros, de ‘Desinformación. Cómo los medios ocultan el mundo‘, Editorial Península, Madrid, 2009. Insurgente

Varsovia, Gaza y Marek Edelman

Foto-Marek Edelman----- Es significativo que durante la celebración del 50 aniversario de la sublevación del gueto de Varsovia, el Jefe del Estado israelí solicitó a Lech Walesa que no concediera la palabra a Marek Edelman, jefe adjunto de la insurrección y uno de los sobrevivientes. En 1993, Marek Edelman concedió una entrevista a Edward Alter del periódico israelí, Haaretz, en la cual recordaba quienes habían sido los verdaderos instigadores y héroes del Comité judío de lucha del gueto de Varsovia. Los socialistas del Bund, los antisionistas, los comunistas, los troskistas, los Mihaïl Rosenfeld y los Mala Zimetbaum, junto a Edelman... Apenas unos 220 jóvenes con algunas pistolas, granadas y bombas de fabricación casera. Se levantaron un día como hoy 19 de abril pero de 1943, hace 68 años. Más de 2.000 nazis cercaron el gueto. Su misión era asesinar o llevar a los campos de concentración a los 60.000 judíos que quedaban en el gueto, habiendo sido casi medio millón. Tres semanas de heroica lucha que acabó con la derrota de la resistencia y todas las casas incendiadas de aquel gueto. "Queríamos demostrarnos a nosotros mismos que éramos iguales, seres humanos como los soldados que estaban en el otro bando. Fue una insurrección contra la muerte en la humillación", recordaría Edelman. La historia del gueto de Varsovia tiene muchas similitudes con Palestina y con el gueto de Gaza en particular. La historia de último gran líder de ese levantamiento heroico, Marek Edelman, quien falleció en 2009 a sus 90 años, también. Marek Edelman, el Bund y el sionismo Y justamente Marek Edelman no emigró a Israel, se quedó en Polonia. Por sus declaraciones y manifestaciones antisionistas fue mal visto por los diferentes gobiernos del Estado de Israel hasta llegar a llamarle "mal judío". “Para mí no existe un pueblo elegido ni una tierra prometida”, decía. Marek Edelman Hubo una agrupación (Bund) que tuvo en Polonia a muchísimos seguidores antes de la segunda guerra mundial. En las últimas elecciones municipales realizadas antes de la guerra, el Bund se impuso a los demás partidos políticos judíos. En aquellos años se privilegiaba la solidaridad con la clase obrera por encima de la solidaridad con el naciente nacionalismo judío (sionismo). El sionismo y la aliá estaba en las antípodas de los bundistas. Desarrollaron una aversión particular por el líder sionista revisionista , Zeev Jabotinsky, que en 1938 se dirigía a los judíos polacos y les advertía acerca de la inminente catástrofe que Hitler haría con Europa. Por ello invitaba a la evacuación de los judíos polacos rumbo a Israel. Ni el Bund ni otros judíos le creyeron y llegaron a calificarlo de "facista" y "general de papel" a Jabotinsky. El bundismo fue olvidado totalmente por los historiadores sionistas. El monumento al levantamiento erigido en Varsovia en Mila 18 (como también en Yad Vashem en Jerusalén), destaca a Mordejai Anilewitz, Antek Zukerman, Tzivia Lubetkin y los combatientes que llegaron a Israel. Ni una sola palabra sobre el movimiento bundista. Son los ganadores quienes escriben la historia, y la fundación del Estado de Israel es la prueba palmaria. En cada aniversario del levantamiento de la insurrección , Marek Edelman realizaba su particular homenaje caminando por las antiguas calles del ghetto hasta las tumbas de los caídos. En el año 2008 preguntado por la posibilidad de que el olvido borrará la insurrección del ghetto, declaró : "No, aquel acontecimiento ha dejado demasiadas huellas en la historia, la literatura, el arte. Es en Israel donde nuestro recuerdo corre peligro de perderse”. Ayer en Varsovia, contra un enemigo detestable, el nazismo; hoy en Palestina, contra otro de igual implacabilidad, el sionismo. Mismo sionismo al que Edelman no dejó de denunciar hasta el fin de sus días. Así silencian y ocultan la historia, ayer con los sufridos y heroicos judíos; hoy con los sufridos y heroicos palestinos. http://rompiendo-muros.blogspot.com/2011/04/varsovia-palestina-y-marek-edelman.html