10 de diciembre de 2011

Sócrates, la filosofía de la justicia y la autogestión

Por Manel Ros. El fútbol, como cualquier otro aspecto de la vida, también puede convertirse en una herramienta de lucha y reivindicación. Y así fue para Sócrates Brasileiro Sampaio de Souza Vieira de Oliveira, más conocido como Sócrates. El mítico medio centro brasileño, que murió el pasado domingo 4 de diciembre, ha dejado no sólo imágenes de un fútbol precioso y preciso, sino una historia de lucha, compromiso y autogestión que hay que recordar. Y hay que hacerlo porque como muchas otras veces, muchos medios, sobre todo los deportivos, han escondido –o simplemente no han mencionado– una de las experiencias más importantes de autogestión y lucha en el fútbol mundial. Hoy se habla, y mucho, del control de entrenadores como Guardiola o Maurinho sobre sus jugadores e incluso sobre sus clubes. Control casi dictatorial y regulado por el mercado, en este caso el futbolístico, muy relacionado con la época que nos ha tocado vivir. La visión del ex-jugador de la selección brasileña y por encima de todo de su amado Corinthias, "ser del Corinthias es como una religión" decía, era la de un club y un equipo donde mandaran todos los jugadores y las decisiones se tomaran de forma democrática y autogestionada: lo que fue más conocido como "Democracia Corinthians". Bajo la dictadura Fue, por extraño que parezca, bajo el régimen de la dictadura brasileña, en 1981, donde surgió esta iniciativa. Liderada por el director del equipo Atilson Monteiro Alves y el mismo Sócrates. La autogestión del club por parte de los propios jugadores se empezó a introducir, democratizando su funcionamiento a todos los niveles, en una sociedad a la que paradójicamente se le negaba cualquier tipo de democracia. Todos los jugadores participarían en todas las decisiones y siempre se trataría de alcanzar por consenso: los entrenamientos, los fichajes, los salarios, etc. El ejercicio de esta democracia directa en un ámbito donde no se había dado nunca era sin duda un desafío a la dictadura militar. Si se podía hacer en un vestuario de un club tan importante como el Corinthias, ¿por qué no en el resto de la sociedad? Cuando el régimen empezaba a ceder organizando unas elecciones para elegir al gobernador del Estado de São Paulo, fueron los jugadores del Corinthias los primeros en salir con una camiseta donde ponía "Día 15, vote", instando a la gente a participar en ellas. Pero no era suficiente. La demanda de unas elecciones en todo el país rápidamente se tradujo en una nueva camiseta con el lema "Democracia ya" o "Quiero votar al presidente". A través de estas acciones, el nombre de "Democracia Corinthians" quedó de forma permanente en sus camisetas, y los puños alzados de los jugadores al salir al campo se convirtieron en un símbolo contra la dictadura. Pero la autogestión y la democracia directa no afectaron a su rendimiento deportivo. En 1983 se proclamaban campeones de Brasil. Roberto Pascua desmantela la iniciativa autogestionaria Por desgracia, y como muchas veces ocurre con movimientos que quieren ir más allá, unas elecciones –esta vez dentro del club y bajo fuertes sospechas de fraude– acabaron con la "Democracia Corinthians". La candidatura de Roberto Pascua, afín a la dictadura militar, ganaba las elecciones a la presidencia del club, desmantelando aquella experiencia autogestionaria. Esta derrota, junto con la promesa de Sócrates de abandonar el país si no se conseguía la elección directa del presidente –algo que no pasó– hizo que en 1984 Sócrates abandonase el Corinthias para fichar por la Fiorentina. En la multitudinaria rueda de prensa que hizo al llegar a Florencia, su respuesta a la pregunta de quién era su personaje italiano preferido fue "Antonio Gramsci", ante la sorpresa de las personas allí presentes. Visión distorsionada en los mass media Estos días, los medios han mostrado al Sócrates jugador, recalcando su adicción a la bebida. Siendo cierto que esta existía, el problema para muchos de ellos no era ese, sino que tenía opiniones y sobre todo que estas opiniones estaban muy a la izquierda. "Uno no juega para ganar. Juega para que no le olviden", solía decir. Y es cierto que Sócrates no acumula muchos trofeos en su carrera, pero a diferencia de lo que nos enseña el capitalismo, él tenía muy claro que en la vida no sólo cuenta ganar, sino luchar por lo que crees justo. "Logramos probar al público que cualquier sociedad puede y debe ser igualitaria. Que la opresión no es imbatible. Que una comunidad sólo puede fructificar si respeta la voluntad de la mayoría de sus integrantes". Toda una declaración de intenciones que vale la pena recordar en los tiempos que corren. Sócrates declaraba en una entrevista recientemente que quería morir un domingo con el Corinthias campeón. Y parece que la vida le devolvió todo lo que él le había dado. Moría el domingo 4 de diciembre, la tarde que su equipo se proclamaba campeón por 5ª vez. Que la tierra le sea leve. Manel Ros es militante de En lluita.

La Constitución de la II República: 80 años y sin arrugas

Quizás sea porque murió joven, como una estrella del rock, y por eso se hizo mito. El caso es que la Constitución de la II República, que hoy cumple 80 años, ha resistido bastante bien al paso del tiempo. Un 9 de diciembre las Cortes aprobaron la Constitución de 1931, con la que España pasaba a ser, definitivamente, una república democrática. Hasta entonces, este país se había caracterizado por un abrumador dominio de la Iglesia católica y por una sucesión de monarcas y de gobiernos militares. La España negra se pintó el rostro de tres colores. Era 1931, qué lejos, pero en este país se reconocía por primera vez el derecho al sufragio universal, la mujer pasaba a participar activamente en la vida política, se legalizaban los partidos y los sindicatos, se dejaba la puerta abierta a las autonomías, se eliminaba la censura previa, se reconocía el derecho al divorcio, y un largo etcétera. En algunos artículos, aquella Constitución, parece incluso más joven y más bella que la actual: - Art. 25. No podrán ser fundamentos de privilegio jurídico: la naturaleza, la filiación, el sexo, la clase social, la riqueza, las ideas políticas ni las creencias religiosas. El Estado no reconoce distinciones y títulos nobiliarios. - Artículo 26: [...] El Estado no mantendrá, favorecerá, ni auxiliará económicamente a las Iglesias, Asociaciones e Instituciones religiosas. - Artículo 44. Toda la riqueza del país, sea quien fuere su dueño, está subordinada a los intereses de la economía nacional y afecta al sostenimiento de las cargas públicas, con arreglo a la Constitución y a las leyes. La propiedad de toda clase de bienes podrá ser objeto de expropiación forzosa por causa de utilidad social mediante adecuada indemnización. Hay que leer entera aquella Constitución para ver hasta qué punto sigue joven, pese a haber nacido hace ya casi un siglo. Leer el artículo 25 y luego recordar los indultos que el Gobierno ha concedido estos días al banquero más rico de España y a dos directivosdeja perplejo a cualquiera. O el artículo 26, mientras que ahora el Estado da anualmente 10.000 millones de euros a la Iglesia. O el artículo 44 entre mareas de desahuciados. O, simplemente, comparar de nuevo ese artículo 25 de la Constitución de 1931 con el artículo 56 de la actual Constitución, que dice que “la persona del Rey es inviolable y no está sujeta a responsabilidad”, deja más perplejo aún. En tiempo de recortes sociales y pérdidas de derechos, oímos a un Mariano Rajoy que se siente “legitimado” por la mayoría absoluta para “hacer lo que hay que hacer”, cuando la mayoría de escaños no se corresponde con la mayoría de votos en el Congreso. La editorial de hoy del diario económico Expansión le pide a Rajoy flexibilizar el mercado laboral y conseguir que “la negociación colectiva no sea un apretado corsé que ahogue la competitividad de las empresas”. Los beneficios por encima de los derechos laborales y la voluntad de los ciudadanos. Y eso mientras algunos siguen teniendo indecentes beneficios. En nuestra época, al menos, queda la satisfacción de saber que un día como hoy, hace 80 años, se redactó una Constitución que tiene una vigencia absoluta. Aquel recuerdo nos muestra de lo que somos capaces. Feliz 80 aniversario. ENLACE ORIGINAL: http://queparenlasrotativas.wordpress.com/2011/12/09/la-constitucion-de-la-ii-republica-80-anos-y-sin-arrugas/ Eduardo Muriel Periodista en Público.es Rebelión