2 de enero de 2012

Las ONGs del CAPITALISMO NEOLIBERAL

Las ONGD han alcanzado en la época actual una enorme importancia. No hay ningún país y casi ninguna actividad humana donde estas organizaciones no intervengan. Son, posiblemente, uno de los grandes poderes que interactúan en el proceso de la globalización. Están presentes en multitud de campos; desde la protección de derechos humanos, la defensa de la paz, el medio ambiente o la cooperación internacional. Esto les ha proporcionado una imagen pública que en ocasio­nes no se corresponde con la realidad. Su creciente importan­cia se da precisamente en situaciones en que estos derechos están en franco retroceso. Algunas organizaciones trabajan en la salvaguarda de la vida humana; pero son utilizadas de forma creciente por los ejércitos enfrentados. Otras impulsan la paz, pero promueven la "guerra humanitaria". Los bombardeos "humanitarios" han causado en Libia decenas de miles de muertos. La sociedad cree que son fuertes, poderosas, capaces de colaborar entre sí; la reali­dad nos enseña que con frecuencia son debiles, están frag­mentadas y compiten las unas contra las otras. Son, sin embargo, agentes privilegiados en el proceso de glo­balización. Su dimensión en algún caso es enorme, similar a la de algunos estados. Se han dotado de una burocracia y de un poder económico muy importante. Mueven en torno a 10.000.000 millones de dólares anuales, aunque eso no es nada comparado con el expolio de los países del Sur, estimado según diversas fuentes alrededor de los 160.000.000 millones de dóla­res anuales. Y no son una respuesta alternativa a la mun­dialización económica, puesto que en muchos casos se han convertido en una forma de extensión del modelo neoliberal. ¿Es lo de siempre? Organizaciones de ayuda mutua, que ahora conocemos co­mo ONGD, existen desde la formación de los grandes estados. Su objetivo no era reducir la pobreza sino mantener la presión social dentro de unos límites El feudalismo puso en manos de la Iglesia católica estas organizaciones de ayuda; apaciguaban situaciones de extrema iniquidad por un lado mientras eran un engranaje básico para la perpetuación de la explotación del campesinado. Progresivamente fueron apareciendo asociacio­nes de ayuda fuera del control de la Iglesia. Esta institución fue, durante siglos, lo más parecido a un estado. El desarrollo real­mente importante de estas organizaciones como asociaciones de ayuda mutua no cristalizó hasta que las relaciones de pro­ducción capitalista se convirtieron en las relaciones sociales dominantes. El surgimiento del proletariado como clase social, a la sombra de la primera revolución industrial, evidenció la necesidad de crear un proyecto alternativo de sociedad. Así nace el embrión de los sindicatos, que no eran otra cosa que organizaciones de ayuda mutua. El brutal capitalismo del siglo XIX y XX los combatió con ferocidad, mientras desarrollaba otros instrumentos paliativos como la Cruz Roja, Ejército de Salvación, Caritas... Al final de la Primera y sobre todo tras la Segunda Guerra Mundial, el sistema capitalista se vio obligado a negociar y pactar con las clases obreras formas de reparto de la riqueza'. El fantasma del comunismo soviético obligó a que ciertos aspectos de la vida social se convirtieran en derechos de las clases trabajadoras en el primer mundo. ¡¡ Hoy podemos ser solidarios corriendo maratones, comiendo caramelos de menta (Médicos Sin Fronteras), apadrinando niños (Intermón) o participando en la vuelta al mundo de vela (Educación sin Fronteras) ¡¡ Para los países pobres se inventó el argumento del desarro­llo, se les intentaba convencer de que el sistema económico que los había expoliado los habría de salvar ahora. Es de hecho una readaptación de antiguos mitos. A las poblaciones coloni­zadas se las "humanizó" primero utilizando el Evangelio, des­pués se las "civilizó" a punta de bayoneta cuando fue preciso y al final se las llevó al progreso a través de la esclavitud de los ingenios industriales. El siglo XX es el siglo de la gran explosión de unas organiza­ciones que comenzaron llamándose Organizaciones Interna­cionales No Gubernamentales, posteriormente (ONG) y final­mente (ONGD)2. En España, la guerra civil y la dictadura per­mitieron que el monopolio de la solidaridad estuviera exclusi­vamente en manos de la Iglesia Católica. Aparecen bajo . su amparo organismos como Intermón o Caritas, la imagen del "negrito" el día del Domund es una visión que todos tenemos clavada en la retina de nuestro recuerdo... En la actualidad las ONGD tienen en plantilla a millones de personas. Son por tanto un conjunto de organizaciones con un enorme poder político y mediático. En el último cuarto del siglo XX, el sistema capitalista se rein- venta como un conjunto de procesos que potenciarán su dominio unilateral del mundo. Aparecen la globalización y el Neoliberalismo como justificación ideológica. La derrota del modelo de "socialismo real" produce, como el mito de Cronos, que el "Estado social" se devore a sí mismo. Se inicia la recon­versión de los servicios sociales en mercancías; la transformación se hace más rápida en cuanto que los países ofrecen menores resistencias sociales, Iberoamé­rica y África fueron especialmen­te agredidos. Se produce enton­ces el desarrollo de las ONGD, de las que se pretende que sirvan de amortiguador social. Nace el Tercer Sector, donde las ONGDS actúan de intermediarias, entre los Estados y los países pobres. La premisa teórica es la no implicación en acciones dirigidas por los gobiernos; la realidad es otra: en el caso español menos del 15% de la inversión en cooperación proviene de fuentes no institucionales. La AECID (asociación española para el desa­rrollo y la cooperación) dependiente del Ministerio de Asuntos Exteriores, vehicula más del 80% de la cooperación española, definiendo según criterios político-empresariales las zonas de intervención y las cuantías de las subvenciones. Se está produciendo un efecto indeseable. A través del proceso de legitimación creado por los "medios de comunicación" se recuperan los aspectos más irracionales de la sociedad, como es el protagonismo de las diferentes confesiones religio­sas a través de sus acciones "solidarias". Aún está fijo en la reti­na de todos nosotros el desembarco, apoyado por los "ma­rines" del ejército estadounidense, de la Iglesia de Ciencio­logía, con John Travolta y Tom Cruise a la cabeza, en medio de la devastación de Haití. Sabemos la influencia de las diversas confesiones evangélicas en Guatemala, a las que se refirió el asesinado obispo Juan José Gerardi como "el opio del pueblo". No conocemos aldeita guatemalteca que no tenga asociado algún proyecto solidario promovido por alguna Iglesia evangé­lica, sin que ello modifique la situación de postración social del país. Continuamente se producen intentos de penetración de estas religiones, vía ONGD, en la zona de Chiapas para contra­rrestar la influencia de las organizaciones populares ligadas al ejército zapatista. Las organizaciones más reaccionarias del mundo musulmán utilizan también esta vía para asegurar la fidelidad política e ideológica. La realidad es que el proceso de legitimación de estas organizaciones está permitiendo la recu­peración de multitud de sectas. Cuando el estado abandona sus obligaciones, estas organizaciones cumplen un papel de subsidariedad como en la época medieval. En este caldo de cultivo los integrismos religiosos crecen y se extienden rápida­mente. Pero mientras más y más aumentan las ONGD por todo el planeta, más aumenta la exclusión y la pobreza tanto dentro de las sociedades del primer mundo como en las del tercero. La victoria ideológica del modelo neoliberal ha provocado la des­aparición de parte del mensaje emancipador y la extinción de proyectos sociales alternativos. Los movimientos políticos impli­cados en estos procesos de crea­ción de alternativas, cuando no han sido abducidos por el siste­ma, han sufrido un proceso de deslegitimización interna al marginarse de la militancia que les dio fuerza en el pasado. El militante de izquierdas caído en un marasmo ideológico este­rilizante reemplazó hace años la acción política por la acción social que prometían las ONGD, mimadas desde el primer momento por los poderes institucionales y los voceros de opi­nión. La solidaridad "naif" y "apolítica" que propugnaban era un fenómeno especialmente interesante para las clases domi­nantes. En países pobres algunos movimientos combativos mutaron en ONGD (guerrilla guatemalteca) para poder sobrevivir, en la misma medida que las antiguas clases explotadas se convertí­an en "grupos desechables". Se ampliaba así el marco y el campo de intervención de las organizaciones casi hasta el infi­nito. Un cambio de raíz La durísima crisis económica que se inició en el 2007 y que perdurará durante muchos años, cambiará de raíz los modelos y las formas de la cooperación. La reducción de los presupues­tos institucionales y las aportaciones pri­vadas vinculadas a la solidaridad van a re­presentar la desapa­rición de muchas ONGD pequeñas y medianas, al mismo tiempo que se pro­duce un fenómeno de simplificación del mercado de la solida­ridad. Sólo las ONGD poderosas podrán mantenerse a costa de la reducción de sus actividades y su sumisión, aún más, a los intereses guber­namentales o empre­sariales. Al mismo tiempo otras organi­zaciones alcanzaran un mayor impacto social, como los Bancos de Alimentos. El control de los Estados sobre las organizaciones no gubernamentales se hará pau­latinamente más intenso. La nueva dinámica política de inter­vención de Occidente en otras zonas del planeta, está asociado a un nuevo neo-concepto: la guerra humanitaria. Este argu­mento está sirviendo para encubrir procesos de recolonización política. Libia, Iraq o Afganistán son ejemplos inmediatos. En este último país las tropas españolas desplazadas parecen, se­gún la propaganda oficial, "hermanitas del Santo Rosario". Sólo realizan« tareas de alcantarillado y arreglo de infraestructuras. Curiosamente en los numerosos episodios de enfrentamientos militares en los que intervienen las tropas españolas jamás se ha hecho ni un solo prisionero. Algo más que improbable en todo conflicto bélico. La guerra en este país asiático ha dejado imágenes para la reflexión; como la de aquella ONGD cuya mi­sión era potenciar el papel de la mujer afgana a través de la publicación de una revista tipo Hola en ¡¡¡ lengua inglesa!!! cuando más de la mitad de las mujeres afganas son analfabe­tas en su propio idioma. La guerra en Yugoslavia fue una de las primeras donde se uti­lizó el nuevo concepto de guerra humanitaria, jaleada por gran parte de la izquierda europea y española. A este episodio le sucedió la intervención en el Líbano, que pretendía desarmar a uno solo de los contendientes, Hamás. De nuevo los soldados españoles hacían uso de sus conocimientos y ejercían de maestros vocacionales, precisamente en una lengua que des­conocían. El ejemplo más brutal de la aplicación del nuevo concepto ha sido el de la protección de la población civil en la reciente guerra en Libia. El resultado en este último conflicto ha supuesto, según algunas fuentes, la muerte de 70.000 perso­nas, la mayor parte civiles producidas por las humanitarias bombas de la OTAN. La supuesta "buena imagen" de las ONGD está sirviendo a muchos gobiernos para encubrir auténticos genocidios colec tivos. La intervención del ejército norteamericano en Iraq fue acompañada del desembarco de decenas de ONGD encarga­das de la reconstrucción, entre las que se repartieron decenas de miles de millones de dólares (se habla de más 20.000) que se evaporaron rápidamente. Neoliberalismo y ONGD En torno a las ONGD se edifica una construcción ideológica extremadamente frágil y contradictoria. Por un lado han sido capaces en ocasiones de fijar y modificar las agendas de gran­des conferencias internacionales como la Cumbre de Seattle o de la OMC; al mismo tiempo, su pre­sencia en instituciones de dudosa tra­yectoria se hace cada vez más visible. Alrededor de estas organizaciones se ha creado un entramado de justifica­ciones morales en una sociedad que cuestiona cada vez más la militancia política. Los medios han creado un nuevo héroe moderno que sirve de justificación moral: el coo­perante solidario prototipo de virtudes morales y auténtico "Robin Hood" de la sociedad neoliberal. En realidad un técni­co de la cooperación a sueldo de una organización que recibe la mayor parte de su subvención del estado o de grandes mul­ tinacionales que de esta forma lavan su propia imagen en los países que explotan. Personajes como Bil Gates, que han creado auténticos monopolios de la in­formática y una de las mayores fortunas mundiales ha creado una fundación con un fondo superior a los 30.000 millones de dólares4; más presupuesto que muchos ministerios de sanidad de estados africanos juntos. Pa­ra justificar estas cifras se cons­truye alrededor de las ONGD toda una serie de justificaciones morales que las hacen especial­mente apreciables. En noviem­bre del 2009 un grupo de coope­rantes catalanes organizados por la ONGD "Barcelona solida­ria", fueron secuestrados en el desierto mauritano. Tras largas negociaciones con el grupo se­cuestrador fueron liberados. Su vuelta a España tuvo un gran impacto mediático. ¡Regresaban los héroes! Más de uno se preguntó con posterioridad qué hacía en Mauritania el director de una de las grandes infraes­tructuras viarias de Cataluña, la mujer del alcalde y un conjun­to de altos cargos de la función pública ejerciendo de camio­neros y Reyes Magos en pleno desierto transportando unas cuantas toneladas de yogurt. Tampoco supimos cuánto le ha­bía costado al erario público la liberación de este conjunto de "cooperantes postmodernos". La cuestión tuvo ramificaciones políticas; el gobierno mauritano mostró su enojo al gobierno español, puesto que tuvo que poner en libertad a un peligroso terrorista de Al-Queda como moneda de cambio. Habría liberado el gobier­no español algún miembro de ETA, si esta organización hubiera secuestrado a un mauritano? Numerosas ONG se presentan como el paradigma de la independencia y la imparcialidad, mientras vemos cómo su dependencia de los Estados e instituciones públicas es cada vez mayor y su necesidad de obtener fondos de toda naturaleza alcanza niveles nunca vistos5. El recurso al impacto emocional para obtener mayores aportaciones económicas es una de las características esenciales de la nueva cooperación internacional. Hoy podemos ser solidarios corriendo maratones, comiendo caramelos de menta (Médicos Sin Fronteras), apa­drinando niños (Intermón) o participando en la vuelta al mundo de vela (Educación sin Fronteras). cooperación A pesar de todo hemos de reconocer que la cooperación internacional encierra un potencial social importante. Las ONGD son pre­sentadas como portadoras de nuevos valores solidarios: mien­tras vemos cómo mantienen vivas actuaciones meramente caritativas y asistenciales. Se nos mues­tra a las ONGD como agentes autóno­mos de los Estados al margen de la po­lítica oficial. Nada más lejos de la reali­dad. Numerosos dirigentes políticos, entre ellos la realeza europea, han he­cho de la solidaridad un medio de jus­tificación de su propio estatus; desde la reina Sofía, que tanto la vemos en África como en Iberoamérica visitando proyectos de solidaridad a cargo del erario público, como la fallecida "princesa del pueblo" Lady Di, vestida con casco y chaleco antifragmentación en su particular campaña contra las minas antipersona, pasando por la familia real mo­naguesca que no pierde acto benéfico o solidario que se precie: príncipes, eso sí, de uno de los mayores paraísos para la eva­sión fiscal y el lavado de activos procedentes de la prostitución y del tráfico de armas. Otros políticos han hecho de la coope­ración el trampolín imprescindible para alcanzar el sueño de ser diputados. El caso de José María Mendiluce es uno de los más sonados: su libro El amor armado se ha convertido en texto de cabecera de muchos aspirantes a cooperantes inter­nacionales. Otro caso en el Partido Socialista Obrero Español es Leire Pajín: hizo una carrera meteórica en la ONG filosocia­lista "Solidaridad Internacional", se convirtió posteriormente en Secretaria de Estado de la Cooperación, volvió a la ONG que había promovido, otorgándole de paso subvenciones multimi­llonarias (algunas malas lenguas dudan de su legalidad). En los últimos meses se ha destapado en la Comunidad Valenciana el penúltimo caso. Subvenciones muy importantes a ONGD, diri­gidas por conspicuos miembros del PP se invertían en la com­pra de coches de lujo para la Organización, viajes en Busines Class para los directivos y las familias, etc., a pesar de que los propios técnicos de la comunidad habían desechado los pro­yectos por errores técnicos y de justificación. El caso más para­dójico, a nivel internacional, posiblemente sea el de Bernard Kouchner, muy popular como dirigente de Médicos sin fronte­ras por su proyección mediática. Fue presentado por el Partido Socialista Francés como paladín de la nueva ciudadanía y mo­delo de virtudes ético-ciudadanas. Colaboró con los servicios secretos franceses. Propició la desastrosa intervención en So­malia que provocaría el enconamiento de la guerra civil y.dece­nas de miles de muertos. Realizó consultorías a favor de dictadores africanos por las que cobraba cifras astronómicas y acabó desarrollando la tesis de la guerra humanitaria e incor­porándose al gobierno derechista del señor Sarkozy. A estas organizaciones se las supone poseedoras de mayor sensibilidad que los Estados; pero al mismo tiempo son cada vez más fruto de parcelas de poder que el Estado se niega a eje­cutar. Produciéndose un factor perver­so: las ONGD al sustituir la acción de los gobiernos, promueven la reducción de los servicios sociales que el Estado debe controlar. Es evidente que una parte im­portante de la sociedad se organiza, para incidir en lo social, en estas organizacio­nes. También lo es que el tipo de coope­ración internacional más extendido es el de "cheque y talona­rio" que ayuda a mitigar la mala conciencia del ciudadano occidental promoviendo indirectamente la apatía y el confor­mismo. A pesar de ello hemos de reconocer que la cooperación inter­nacional encierra un potencial social importante. Los do­nantes, los cooperantes, al descubrir las contradicciones ocul­tas, se están enfrentando ya a dilemas nuevos que de ninguna otra forma serían capaces de vislumbrar. Por eso la coopera­ción internacional sigue siendo un campo de lucha contra el neoliberalismo y la globalización capitalista. La pregunta sobre su necesidad no es baladí ni ociosa. Forma parte de los deba­tes centrales que encaran algunas de las organizaciones capa­ces de plantearse esta cuestión. Un tema que está por dirimir­se es si las ONG son sólo el sujeto y el objeto de la propia glo­balización al intervenir en las causas que la impulsan, o por el contrario sus potencialidades facilitan el avance y ascensión del modelo neoliberal •Notas EEUU creó una serie de organizaciones para la atención a los paí­ses devastados por la I y la II Guerra Mundiale como el CARE O WORLD VISION. Con el invento del Desarrollo viene de la mano el negocio de la Cooperación, que tan pingües beneficios materiales ha aportado a los países donantes. Además de garantizar la continuación de la supedita­ción económica de las sociedades periféricas o colonizadas contribu­ye a la exportación de modelos sociales. Nerín G. Blanc bo, busca negre pobre. La campana. Barcelona 2011. http: / /www.transparentemos. 5. Más del 80% de la cooperación internacional es vehiculada a tra­vés de la AECID (Ministerio de Asuntos exteriores) Eduardo Luque El Viejo Topo 287 / diciembre 2011 1 65