26 de enero de 2012

Libro. Imerio de Negri y Hardt

Los acontecimientos que se desarrollaron entre 1989 y 1991 -caída del muro de Berlín, desaparición de los regímenes socialistas en la Europa del Este y la desintegración de la URSS- marcaron el inicio de una nueva etapa histórica en la lucha entre la burguesía y el proletariado. Si las clases dominantes aprovecharon ese cataclismo político para proclamar el triunfo definitivo del capitalismo, la muerte del marxismo y el fin de la Historia, la izquierda se sumió en la perplejidad y el desconcierto, de los que aún no ha terminado de salir. Privados del referente histórico y político que era la Unión Soviética, los comunistas iniciaron una especie de travesía del desierto en la que hemos encontrado todo tipo de actitudes: arrepentimientos, giros políticos copernicanos, posiciones numantinas, reflexiones honestas, refundaciones de partidos y lecturas aparentemente novedosas de Marx. A este último aspecto nos vamos a referir. Con el pretexto de actualizar el pensamiento marxista y adecuarlo a las nuevas condiciones políticas, económicas y sociales del siglo XXI, algunos intelectuales lo que han llevado a cabo es una revisión del pensamiento de Marx, vaciándolo de contenido y tergiversándolo hasta eliminar prácticamente su esencia. En esta línea se sitúan las últimas aportaciones del pensador italiano TONI NEGRI, el que fuera dirigente de Autonomía Obrera y profesor en las universidades de Padua y París VIII. En colaboración con Michael Hardt publicó en el año 2000 Empire (hay traducción castellana: Imperio, Barcelona, Paídos, 2002), una obra compleja y ambiciosa que pretende reflexionar teóricamente sobre el mundo en que vivimos, denunciando las atrocidades de la globalización e intentando aportar soluciones para su superación. Las reflexiones aportadas en este texto han continuado en Guide. Cinque lezione su Imperio e dintorni, Milán, Rafaello Cortina Editore, 2003 (hay traducción castellana: Guías. Cinco lecciones en torno a Imperio, Barcelona, Paidós, 2004). En estas Guías, Negri continúa desarrollando algunos de los conceptos fundamentales de su peculiar interpretación de la realidad. Uno de esos conceptos es la superación del imperialismo. Para Negri, el mundo ya no está gobernado por estados nacionales, sino por una estructura descentralizada y desterritorializada a la que denomina IMPERIO. La fase imperialista del desarrollo capitalista habría terminado y nos encontraríamos en un estadio completamente diferente: «Llamamos Imperio al no-lugar en el que se concentra la soberanía que garantiza el desarrollo capitalista sobre la escena global» [ 1 ]. De acuerdo con esta tesis, Estados Unidos no sería ya el centro de un poder imperialista; es más «Estados Unidos se verá muy pronto obligado a dejar de ser imperialista y a reconocerse en el Imperio» [ 2 ]. Si ya no existen potencias imperialistas claramente identificables, sino un Imperio que no se materializa físicamente dentro de unas fronteras nacionales, ¿contra quién dirigir la lucha? Por otra parte, la tesis de Negri se asemeja a la de un superimperialismo capaz de eliminar las contradicciones entre potencias imperialistas. Sin embargo, la realidad desmiente estos ejercicios intelectuales. Las bombas que han destruido Irak han sido arrojadas por aviones estadounidenses. Las multinacionales que saquean el llamado Tercer Mundo son en buena parte de capital estadounidense y son los dirigentes de Estados Unidos quienes defienden las denominadas guerras preventivas. El Imperio defendido por Negri es una abstracción, una idealización que no se corresponde con los hechos concretos. El imperialismo no ha desaparecido ni se ha transmutado en una serie de redes de poder no identificables. Por el contrario, el imperialismo sigue teniendo nombre y apellidos y los millones de manifestantes que en todo el mundo salieron a la calle para denunciar la guerra contra Irak supieron identificar al agresor. Los iraquíes torturados tampoco tienen dudas sobre la nacionalidad de los torturadores. Otro de los conceptos estrella de Negri es el de MULTITUD, entendido como un nuevo sujeto revolucionario diferente a la clase obrera y al pueblo. Mas aún que en el caso anterior, Negri se mueve aquí en unos parámetros filosóficos totalmente ajenos al marxismo. Para el ensayista italiano, «es necesario insistir aún sobre la diferencia que separa el concepto de multitud del concepto de pueblo. La multitud no puede ser aprehendida ni explicada en términos de contractualismo (entendiendo que el contractualismo, más que a una experiencia empírica, se remonta a la filosofía trascendental). En un sentido más general, la multitud desconfía de la representación, ya que es ella una multiplicidad inconmensurable. El pueblo se representa siempre como unidad, mientras que la multitud no es representable, puesto que es monstruosa vis à vis de los racionalismos teleológicos y trascendentales de la modernidad. En oposición al concepto de pueblo, el concepto de multitud es el de una multiplicidad singular, un universal concreto. El pueblo constituía un cuerpo social, no así la multitud, porque ella es la carne de la vida... Del mismo modo que la carne, la multitud es pura potencialidad, la fuerza no formada de la vida, un elemento del ser. Al igual que la carne, también la multitud se orienta hacia la plenitud de la vida. El monstruo revolucionario llamado multitud, aparecido al final de la modernidad, quiere transformar de manera continua nuestra carne en nuevas formas de vida» [ 3 ]. Aunque Negri se define como comunista, creemos que cualquier manual de sociología académica le sería más útil a un militante comunista para analizar la sociedad actual que este tipo de disquisiciones. En la MULTITUD las clases desaparecen, se desdibujan, sustituidas por una masa sin contornos definidos, en un conjunto amorfo en el que ya no se distingue el proletariado de la pequeña burguesía. Aunque Negri se esfuerza por atribuir un potencial revolucionario a este conjunto, es difícil imaginar cómo este conglomerado heterogéneo puede derrotar a un IMPERIO no localizable. En su intento de elaborar una teoría global, Negri no podía dejar de lado un elemento central de la teoría marxista: la ley del valor. Y también encontramos aquí afirmaciones sorprendentes, al defender que «en la sociedad posmoderna el valor del trabajo se presenta bajo forma biopolítica. ¿Qué quiere decir esto? Quiere decir que el valor ya no se puede analizar ni medir en modo alguno según cantidades temporales simples ni tampoco según consecuencias complejas, porque vivir y producir llegan a ser lo mismo, y tiempo de vida y de producción se han hibridado cada vez más. Cuando decimos biopolítico, significa que la vida está completamente impregnada de condiciones y actos artificiales de reproducción, y significa asimismo que la naturaleza se ha socializado y se ha convertido en una máquina productiva. En este escenario el trabajo se recalifica por completo» [ 4 ]. El valor ya no iría asociado al tiempo de trabajo. Por el contrario, «la unidad temporal del trabajo como medida de base de la valoración es ahora un sinsentido... la ley del valor nos es restituida en el contexto ontológico no ya como medida sino como temporalidad coextensiva de la producción de la vida, como determinación en perspectiva del trabajo vivo...» [ 5 ]. Estas citas me parecen suficientemente orientativas de las ideas defendidas por Negri. Moviéndose siempre en un plano filosófico, y muy influido por Foucault, sus plateamientos carecen de verificación empírica. Si la ley del valor enunciada por Marx se considera superada, habría que demostrar a continuación cómo se forman los precios o si ha dejado de funcionar el intercambio desigual entre países del centro del sistema capitalista y países de la periferia. Bajo el ropaje del marxismo se esconde en realidad un desmantelamiento del pensamiento de Marx y de Lenin. No es la primera vez que ocurre. En períodos de reflujo del movimiento obrero y de desorientación de las fuerzas revolucionarias, aparecen intelectuales dispuestos a revisar y actualizar el marxismo. Fue el caso de Bernstein en la socialdemocracia alemana o de las doctrinas eurocomunistas en tiempos más recientes. El movimiento obrero tiene poderosos enemigos, dotados de formidables medios económicos, represivos y propagandísticos. Estos enemigos son reconocibles, pero hay otros no menos peligrosos. Son los que se encuentran en las propias filas. Menos visibles, pero letales. Notas [ 1 ] NEGRI, Antonio, Guías. Cinco lecciones en torno a Imperio, Barcelona, Paidós, 2004, p. 45. [ 2 ] Ibídem, p. 30. [ 3 ] Ibídem, pp. 133 y 135. [ 4 ] Ibídem, p.210. [ 5 ] Ibídem, p. 201. Carlos Hermida en Rebelión