5 de enero de 2012

“Lenin: la construcción del partido”, de Tony Cliff.Libro editado por El Viejo Topo y La Hiedra

Lenin: La construcción del partido. Tony Cliff. Ed. Viejo Topo y La Hiedra.------------------- Se acaba de editar por primera vez en castellano el libro “Lenin: la construcción del partido”, de Tony Cliff, fundador de la corriente internacional de la que En lucha forma parte. Albert García explica la importancia de esta obra, editada conjuntamente por El Viejo Topo y En Lucha. Alguna gente se preguntará por qué hace falta hoy en día traducir y editar una biografía sobre Lenin escrita en los años setenta. ¿Por qué no hablar de otra figura que esté más de moda? Lo cierto es que, por un lado, la mayoría de historiadores y parte de la izquierda nos explican que Lenin y el leninismo fueron cosas negativas. Se dice que Lenin gobernó de manera dictatorial su propio partido y, más tarde, el Estado surgido de la Revolución Rusa. Que era un tirano sanguinario que abrió el camino a Stalin y al totalitarismo. Por otro lado, la tradición más ortodoxa y estalinista se ha dedicado a erigir estatuas en honor al Gran Lenin, convirtiendo sus experiencias en fórmulas dogmáticas y abstractas. Derribando mitos Tony Cliff, el autor del libro, fue un revolucionario de origen palestino que desarrolló una larga trayectoria como teórico y dirigente en la construcción del Socialist Worker Party en Gran Bretaña. En el contexto de los años setenta, en un momento de renacimiento de la izquierda revolucionaria distanciada del estalinismo, Cliff vio la necesidad de volver a Lenin. Así, reafirmó su dimensión revolucionaria y humana (el primer capítulo persigue los pasos de un Lenin estudiante, no muy activo y con pocas ideas claras, que tontea con el terrorismo individualista de los anarquistas), pero sobre todo Cliff intentó recuperar las experiencias de Lenin como organizador, replanteando qué tipo de organización y formas de actuación necesitan las y los revolucionarios. En el fondo, más que una biografía, “Lenin: la construcción del partido” es un manual para las y los revolucionarios: una obra clave, a nivel teórico y práctico, sobre la construcción de una organización socialista revolucionaria. En una situación histórica como la actual, inmersos en una crisis económica del capitalismo internacional, con la aparición de toda una serie de focos de resistencia, desde Atenas a Oakland, pasando por el movimiento 15M, y con una revolución en marcha en el norte de África y en Oriente Medio, es de vital importancia la cuestión sobre cómo nos organizamos, cómo conjugamos la estrategia y la táctica para hacer más amplias y más radicales las luchas de la clase trabajadora. Estrategia y táctica Cliff rompe con cualquier visión estática de las ideas de Lenin sobre la naturaleza del partido revolucionario. Los detractores de Lenin, y algunos de sus defensores a ultranza, hablan de algo llamado el ‘partido leninista’. Se trata de una simplificación desorientadora. El tipo de partido que Lenin proponía varió enormemente a lo largo de los años, de acuerdo con las circunstancias. En tiempos de aislamiento y de represión por parte de la policía zarista, hablaba de la necesidad de una organización estable, muy centralizada, formada por revolucionarias y revolucionarios de alto perfil militante. Sin embargo, con la Revolución de 1905 y la aparición de masivas luchas en Rusia, defendió la necesidad de un partido mucho más amplio, abierto a todas y todos los que querían luchar. Precisamente Lenin siempre destacó por su gran sentido estratégico y táctico. La táctica serían las acciones a realizar en luchas concretas; la estrategia el encadenamiento de las distintas tácticas para conseguir el objetivo general. Ambas son necesarias para priorizar y focalizar las energías hacia el punto específico en el que, en cada momento, el sistema es más vulnerable, pudiendo hacer avanzar de la mejor forma al movimiento. Esta es la idea de Lenin, buscar el eslabón débil del cual depende toda la cadena. Así pues, la actitud de Lenin hacia las formas organizativas siempre fue históricamente concreta; de ahí su fuerza. Los esquemas dogmáticos o abstractos nunca lo sedujeron, y siempre estaba preparado para cambiar la estructura organizativa del partido para así reflejar el desarrollo de la clase trabajadora. A nivel general, la clave para Lenin fue cómo mantener estrechos lazos con las masas. Ello se refleja en la orientación de Lenin hacia las elecciones o las pequeñas luchas, aunque éstas no se relacionaran directamente con el objetivo de la revolución. Insistió también en la participación en los sindicatos, empuñando eslóganes que conectaran con la gente en cada momento, y apostando por impulsar las luchas por reformas muy concretas que permitían al partido revolucionario enraizarse en la clase trabajadora. Se trataba de participar en las luchas que inicialmente eran pequeñas pero que podían ir desplegando su fuerza y contenido. Clase y organización Una de las equivocaciones más comunes sobre el partido revolucionario es que se trata de algo impuesto a la clase obrera desde fuera. Se pinta como un grupo de ideólogos que se agrupan, forman un partido y, utilizando los medios más antidemocráticos, intentan imponer su voluntad sobre el resto de la clase trabajadora. Aquí, el problema fundamental, al cual Lenin se enfrentó desde muy temprano, es la forma en que la lucha contra el sistema es inherentemente desigual, es decir, la conciencia es desigual en la clase trabajadora. Si la vida fuera más simple, si la clase dominante alineara sus fuerzas en un lado y los obreros se alinearan del otro, quizás no haría falta hablar mucho acerca de la organización política. Pero la lucha de clases no funciona así. Dondequiera que observemos, lo que vemos es que existe un campo de batalla enormemente diferenciado, con períodos de intensos conflictos seguidos por largos paréntesis de quietud; diferentes sectores de la clase trabajadora con tradiciones diferentes, conflictos de ideologías, niveles cambiantes de conciencia, confianza y combatividad. La concepción básica es que, de la lucha de la clase trabajadora, emerge una minoría militante cuya experiencia le convence de que el sistema tiene que ser transformado en su conjunto, que los métodos directos de lucha empleados por la clase trabajadora son los métodos más eficaces para lograr este objetivo. Entonces aparece la pregunta clave, ¿cómo organizamos a una minoría para que se transforme en la palanca que pueda elevar la combatividad del conjunto de la clase? No buscamos simplemente ‘representar’ a la clase, sino representar sus mejores tradiciones, los puntos álgidos de la lucha de clase y fundir esa experiencia con la actividad de la minoría en las luchas actuales. La interacción entre partido y clase es vital aquí. El partido aprende de las luchas reales de la clase trabajadora, al mismo tiempo que es el mecanismo mediante el cual cada sector de la clase aprende de las mejores experiencias de lucha. Lenin coincidía con Marx en que “la emancipación de la clase trabajadora debe ser obra de la propia clase trabajadora”. La organización revolucionaria no sustituye la acción de las masas, pero sí que las impulsa. Para Lenin, pues, no era el partido, sino los soviets, en otras palabras, las y los trabajadores autoorganizados, el sujeto de la revolución. Recuperando a Lenin para los combates del siglo XXI La importancia de la insistencia de Lenin en la construcción del partido se demostró en 1917. La revolución de febrero estalló espontáneamente, pero el Partido Bolchevique de Lenin fue capaz de responder ante la situación. Con unos 25.000 miembros y activistas con experiencia, el partido logró crecer rápidamente para impulsar a la clase trabajadora hacia la revolución. El mundo actual es muy diferente al que Lenin conoció. Los primeros folletos de Lenin fueron escritos a mano; hoy, las ideas circulan por el planeta con la rapidez de un tweet. Sin embargo, las desigualdades sociales del capitalismo contra las que luchó Lenin siguen siendo igual de evidentes. A finales de 2011, un año que ha visto el retorno de los movimientos de masas y la actualidad de la revolución, la cuestión sobre cómo nos organizamos, cómo unimos nuestras fuerzas para enfrentarnos y vencer a un enemigo tan poderoso como el sistema capitalista, son de una urgencia histórica vital. La lección de Lenin es simple: otro mundo es posible, y debemos organizarnos para conquistarlo. http://www.enlucha.org/site/?q=node/16737