5 de febrero de 2012

Adios ZP, hasta nunca

Coincidiendo con el final del mandato de Zapatero como secretario general del PSOE, viene corriendo en la prensa del sistema una especie de runrún, según el cual el tal Zapatero ha sido el presidente de gobierno más izquierdista de los últimos años (no dicen cuántos, pero puede que se refieran a toda la historia de este país) y esa nefasta ideología es la que nos ha llevado al caos. Se apoyan para sostener tamaña idea, en que facilitó leyes como la de las bodas entre personas del mismo sexo, amplió los supuestos del aborto y mantuvo las ayudas sociales a los parados. Poco más. Todo indica que a partir de ahora llenar este país de desempleados, bombardear en Libia, participar en la ocupación imperialista de Afganistán (por cierto, con la presencia de Carme Chacón como ministra de Defensa), hacer una reforma laboral contra los trabajadores, apoyar con devoción a los borbones, dar dinero público a la banca privada para salvar el capitalismo del derrumbe, o tener a la Iglesia Católica contenta sin cuestionar el Concordato con el Vaticano, deben ser acciones de izquierda. De ser así y usando esa lógica, luchar contra la banca, contra el capitalismo, por la república y por la autodeterminación de los pueblos debe ser de derechas. Un delirio. El gobierno del PP es y será de derechas porque el anterior fue de izquierdas. Un argumento de una simpleza aterradora que sólo es posible que cuaje en una sociedad despolitizada, hija del a o del be donde profundizar en algo da vértigo. Es por ello, que ante la prostitución tan evidente que el PSOE ha hecho de la palabra “izquierda”, dar una batalla para que las gentes no asocien jamás dicho término con la socialdemocracia, parece necesario. Quizás una tarea que resulte demasiado ardua, dado el poder mediático que atesora aún el partido de Rubalcaba y sus secuaces, -que por cierto en los Congresos aún levantan el puño con total impunidad-, pero capital para demarcar el terreno y para construir memoria histórica y social. Editorial Insurgente