16 de febrero de 2012

Garzón al paredón… ¿y la memoria al cajón?

Por Lio Bechara. El juez Garzón es, sin duda alguna, polémico en sus intervenciones y se ha ganado muchos enemigos a lo largo de su carrera judicial. Ha procesado a los GAL, a las dictaduras militares de Argentina y Chile, al narcotráfico, y así un largo etcétera.Por una parte, se le tiene que reconocer la valentía de llevar algunos casos adelante, como son los juicios a las dictaduras militares o los recientes casos de corrupción, o el de la memoria histórica. Pero en los casos referentes a la izquierda independentista, el abuso de poder fue manifiesto. En la disputa que tuvo con la izquierda abertzale, cerró el diario Egunkaria, único que se escribía íntegramente en euskera, y levantó varios autos dentro del movimiento de liberación investigando concretamente a Xaki, Ekin, Jarrai, Haika y Segi, argumentando que se trataba de organizaciones del entramado de ETA. Llevó adelante varios registros en las sedes y detuvo a varios de sus integrantes. También promovió la ilegalización de Batasuna, Euskal Herritarrok y Herri Batasuna en 2002. En 2009 detuvo a Arnaldo Otegi, Miren Zabaleta, Rafael Díez Usabiaga, entre otros a los que la Audiencia Nacional condenó de 8 a 10 años por pertenecía a ETA.Del mismo modo juzgó a varios personas de la esquerra independentista de Catalunya, concretamente de Terra Lliure. En 1992 detuvo a 38 personas de dicha organización, aunque ya se había disuelto.En estos casos se ganó el favor de los sectores cavernarios de la Audiencia Nacional, interesados en mantener “la unidad de España” bajo cualquier pretexto. A la vez se ganó la antipatía de la mayoría de la izquierda radical y/o independentista, que ve cómo partidos como el PP, que no condenan el franquismo, pueden presentarse a las elecciones o asociarse legalmente.Villano y temerarioPor el caso Gürtel, trama de corrupción que salpica desde Valencia hasta Génova, el Tribunal Supremo lo condena a 11 años de inhabilitación por las supuestas escuchas ilegales. Desde Intereconomía (la televisión del post-franquismo), el abogado que acusó a Garzón, Ignácio Peláez, argumentó que era una sentencia justa. Lo decía tras una intervención de Mario Conde, acusado a 20 años de cárcel por el caso de corrupción Banesto, en el que robó 60 millones de euros.En el caso de la Memoria Histórica se le acusa de prevaricación (delito consistente en dictar a sabiendas una resolución injusta), con respecto a la ley de Amnistía de 1977. Se viola dicha ley por abrir una causa al franquismo y mostrarse competente para investigar los crímenes de la Guerra Civil y del franquismo.Sobre el tapiz se trata de un juicio personal, pero en la manga están los detalles simbólicos de un juicio ideológico, que se postula como una correlación de fuerzas políticas. A Garzón no se le acusa, sino que se le utiliza.Primero, su condición de polémico hace que las posturas frente a su juicio se dividan. La extrema derecha brinda al verlo sentado como acusado, y las izquierdas independentistas se alegran de igual manera. Este es un gran error de lectura de los tiempos que corren. No hay que olvidar quién denuncia a Garzón en el caso de la Memoria Histórica:• El sindicato de extrema derecha Manos Limpias, dirigido por Miguel Bernad Remón, ex-dirigente de Fuerza Nueva, partido que daba apoyo a las organizaciones del terrorismo tardofranquista.• La Falange de España de las J.O.N.S., partido fascista y brazo político del franquismo.• La asociación Libertad e Identidad, asociación ultranacionalista.Todas estas entidades están encuadradas en la ultraderecha populista.Y no está el horno para bollos. La ultraderecha no debe tener victorias, y menos en los espacios públicos. Si echamos un vistazo al ascenso de la derecha radical, xenófoba y ultranacionalista de Europa, vemos cómo en los últimos años han conseguido puestos en los parlamentos de Finlandia, Suiza, Hungría y Austria con una media del 20% de los votos.No son menos peligrosos aquí, donde a PxC (Plataforma per Catalunya), con su discurso islamófobo, le faltaron apenas unos cientos de votos para entrar en el parlamento de Catalunya. Son la verdadera amenaza de la crisis, sobre todo si no se les confronta como los fascistas que son.Segundo, a Garzón se le acusa por prevaricar ante la ley de amnistía, una ley injusta que ha sido denunciada como tal y que ha servido mayoritariamente para defender a los opresores.Lo que verdaderamente se está juzgando de manera implícita son los crímenes del franquismo y, por lo tanto, al franquismo como tal y no a Garzón. Sólo el hecho de que se acepte a trámite dicha acusación ya demuestra que la transición fue un fracaso en su pretensión de resolver un conflicto social que resurge encarnado en el propio juicio.Por estas razones, el juez Garzón debe quedar absuelto en el caso de la Memoria Histórica. Y, como gran parte del podrido aparato Judicial, debería ser juzgado por las torturas y las restricciones a la libertad de expresión, sobre todo a la izquierda independentista.El camino a seguir es investigar los crímenes del franquismo, realizar un juicio público y popular a los culpables y restaurar la dignidad colectiva, promoviendo la memoria de las personas que lucharon contra el régimen y por las libertades. Por otra parte, se debe disolver y reformular el aparato del Estado, lo que implica un proceso constituyente para romper definitivamente con el régimen totalitario del post-franquismo.Tratar de ocultar el pasado bajo la idea de la reconciliación de “las dos Españas” ha sido un fracaso. Es tiempo de cambiar el rumbo y reescribir la historia.Lucha, historia e ideologíaNosotras, las jóvenes sin futuro, nos hallamos sobre una línea de pensamiento y acción que viene de muy lejos. Nuestra memoria no se reduce a nuestras vidas, sino que se debe a la construcción colectiva de las diferentes vidas que lucharon por las libertades, y que reivindicamos como historia.La batalla, entonces, se presenta en este terreno, por el control de la ideología, que pasa por el control de los símbolos. La construcción de una historia digna pasa por redefinir los referentes simbólicos que estructuran nuestro orden social. En palabras de Naomi Klein:“El Estado de Shock es aquel momento en que perdemos nuestro marco de referencia y nos desorientamos. Lo que nos mantiene orientados es nuestra historia. Es importante reflexionar sobre la Historia, sobre nuestra continuidad en ella y situarnos en la larga Historia humana de la lucha”.Nosotras, las jóvenes sin pasado, vagamos por el post-franquismo, un simulacro ideológico y virtual que no hemos elegido. Se nos imponen recuerdos y olvidos que no reconocemos. Su lógica de la Historia ha sido el ocultamiento, el control de la memoria colectiva y de los símbolos, controlando así la ideología dominante.Queremos construir nuestra Historia, nuestra verdad. Aseguramos, como el poeta J. Gelman, que:“Al olvido no hay que oponer la memoria, sino la verdad.”Nuestra mirada a la Historia ha dejado de ser una simple recuperación de la memoria colectiva. Reivindicamos la historia de las luchas que confrontaron el poder, subvirtiendo la realidad ideológica y simbólica impuesta. Entendemos la Historia de la Humanidad como la historia de la lucha de clases.Nuestro pasado común son las luchadoras contra la opresión, del tipo que fuere. Nuestro presente común son las que deshacen la actual historia del poder. Nuestro futuro común son aquellas personas que, a través de la lucha de clases, pretenden que las clases sean historia.
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