18 de febrero de 2012

Grecia: por una primavera de esperanza

Por Oscar Simón. El Parlamento de Grecia ha “aprobado” el plan de ajuste impuesto por la Troika con 200 votos a favor y 74 en contra (en un parlamento de 300). El plan, una auténtica guerra contra el pueblo, pretende "ahorrar" 3300 millones, despidiendo a 15.000 trabajadoras de los servicios públicos, reduciendo el salario mínimo un 25% o privatizando las empresas públicas de energía o telefonía. La clase trabajadora griega, entendida en sentido amplio: personas con titulación universitaria que trabajan sin contrato, migrantes con y sin papeles, personal del sector público como el del Hospital autogestionado Kilkis, de la electricidad, del transporte, personas desocupadas, estudiantes... han paralizado el país durante 48 horas de huelga general y durante todo el fin de semana han ocupado las calles resistiendo la brutal represión de la policía. Para el lunes hay convocada una gran manifestación a las 17h y la lucha va a continuar, no en vano durante cerca de dos años el pueblo griego ha tirado por tierra muchos de los recortes que los sucesivos gobiernos, Nueva Democracia, PASOK y el llamado de salvación nacional han intentado llevar adelante. Impuestos especiales sobre la electricidad que fueron retirados cuando los trabajadores y trabajadoras del sector cortaron el suministro a los barrios ricos, la gratuidad de los menús universitarios que fue mantenida gracias a las ocupaciones de universidades, la defensa del salario mínimo a 700€ que vuelve a ser rebajado en el papel y muchas otras luchas ganadas. De hecho el nivel de autoorganización y radicalización se ha ido incrementando a lo largo de los dos últimos años, no de manera lineal, con avances y retrocesos pero siempre tras cada huelga general yendo un paso más arriba. Existe un movimiento de los trabajadores y trabajadoras de la sanidad, que se están organizando para tomar el control de los centros sanitarios, cuyo ejemplo más avanzado es el hospital Kilkis1 ocupado y gestionado por el personal y que hace un llamamiento que aboga por extender el proceso a otros sectores y que acaba llamando a organizar “una resistencia universal obrera y popular de levantamiento, hasta la victoria final contra la elite económica y política que hoy oprime a nuestro país y al mundo entero”. O el caso de la plantilla del Periódico Eleftherotypia, el segundo diario más leído en Grecia que después de cerca de siete meses sin cobrar y de estar en huelga desde el 22 de diciembre han decidido sacar un nuevo diario llamado Los Trabajadores de Eleftherotypia. No es de extrañar que ante esta resistencia el ministro alemán de Finanzas, Wolfgang Schäuble exigiera por escrito el cumplimiento de los recortes o la salida de Grecia del sistema euro. De hecho Schäuble actuaba y actúa como guardián de los intereses de los bancos alemanes, principales damnificados ante una más que posible suspensión de pagos en el país heleno. Parece que la revolución egipcia ha cruzado el mediterráneo y ha llegado a Grecia (curiosamente como hace miles de años lo hizo la cultura del Nilo). Después de tres días de huelga general abrumadoramente mayoritaria, la dimisión de varios ministros y las movilizaciones masivas en las calles, la posibilidad de una huelga indefinida empieza a aparecer como algo plausible para la clase trabajadora griega. Las huelgas generales, no son lo que las burocracias sindicales dicen aquí hoy o incluso decían en Grecia, un día donde los que tienen trabajo paran y se manifiestan por la tarde. Las huelgas generales son algo mucho más profundo, donde las personas toman el control de sus vidas y deciden desobedecer al jefe y romper con lo establecido, las huelgas generales son días de solidaridad, donde el vecino, la compañera de trabajo dejan de ser ajenos extraños para compartir intereses colectivos, las huelgas generales son brechas de libertad dentro de un sistema explotador y autoritario, las huelgas generales son días donde se recupera el auténtico significado de la palabra libertad, que no es otro que poder tomar las riendas de nuestro destino colectivamente. Los hechos que están sucediendo en Egipto, Túnez, Siria, Grecia, Chile, el 15M, Occupy Wall Street con diferentes formas y sus muchas contradicciones están unidos entre sí. De alguna manera corresponden al grito de rebeldía mundial contra el sistema. La mejor manera que existe de reforzar estos procesos es luchar allí donde nos encontremos. Aquí en el Estado español tanto el gobierno de Mariano Rajoy, como los autonómicos, como los municipales, han declarado la guerra al pueblo. La respuesta por ahora es desigual, las burocracias de CCOO y UGT están atenazadas por años de pactismo, encarnados vergonzosamente en el acuerdo de negociación colectiva con la patronal. En Grecia hace dos años no era diferente, fue la radicalización de los y las participantes en las luchas parciales convocadas por los sindicatos mayoritarios, junto, porqué no decirlo, a una mayor fuerza de la izquierda anticapitalista y sindical la que llevó a una profundización y generalización de las luchas.
De ahí la importancia de participar el 19 de febrero en las movilizaciones convocadas por CCOO y UGT, con un discurso diferente, por supuesto, pero no nos podemos permitir que la única elección para las miles de personas que quieren luchar sea seguir a Toxo y Méndez o quedarse en casa. Es necesario que vayamos más allá. Internacionalmente se están preparando el 12 y el 15 de mayo como dos jornadas mundiales, el 12 de manifestaciones masivas y el 15 huelgas y bloqueos. Reforzar estas fechas es imprescindible, si el capitalismo es global la lucha también debe serlo. Sin embargo, si durante los meses que van de aquí al 15 de mayo el movimiento de la indignación no es capaz de ampliar la base de personas activas con las que ahora cuenta no se va a poder avanzar tanto como sería necesario. En Barcelona se prepara una huelga del servicio público de bus y metro para los días que van del 27 de febrero al 1 de marzo. Esta huelga está tomando una dimensión social al ser apoyada por las asambleas del 15M de la ciudad y los alrededores, el movimiento estudiantil va llevar adelante una huelga el 29 de febrero y en Castilla-La mancha se prepara una huelga general del sector público para el mismo día. Participar colectivamente en estas movilizaciones puede suponer un fortalecimiento del movimiento 15M, al entrar en contacto con nuevos sectores y volver a ser visibles. Sin embargo si se quiere realmente que el 12 y 15 de mayo sean algo más que unos días de explosividad será necesario hacer algo más, de algún modo debemos de ser capaces de llevar a la gente que todavía no lucha (la mayoría) este calendario. En este sentido lo que pase más allá de las luchas de febrero va a ser clave. Nadie puede saber de dónde vendrá la chispa que encenderá el fuego. El día 23 de febrero de 1917 (8 de marzo en nuestro calendario) las mujeres trabajadoras de San Petersburgo se manifestaron contra la guerra y la carestía de la vida y estos hechos estuvieron en el origen de la revolución rusa. O vimos la inmolación de Mohamed Bouzizi en Túnez. Pero esto no quiere decir que no tengamos que investigar, que arriesgar. Podría ser un gran paso llamar a asambleas masivas una noche hacia mediados finales de marzo, ocupando las plazas, seguidos de una manifestación al día siguiente, manifestación contra los recortes y la subida de precios. En estas asambleas se podría hablar claramente de las fechas del 12 y 15 de mayo. No sería bueno intentar repetir el 15M del año pasado, pero sería de necios negar el papel de movilización y radicalización que jugaron y todavía juegan las asambleas colectivas en el imaginario de decenas de miles de personas. Durante estos meses hemos avanzado en la implantación local de las asambleas y esto es imprescindible, pero en este momento se hace perentorio avanzar en movilizaciones masivas, con formas más combativas, que permitan incluir y coordinar diferentes niveles de autonomía. Días o mejor incluso estrategias que permitan golpear juntos a todos los sectores en conflicto, estrategias que nos acerquen a ser el 99%. De ahí la importancia de extender y ganar las luchas de febrero, pero también de concebir el 12 y 15 de mayo como un proceso a construir desde la base. Habrá que llevarlo a los barrios, a los centros de trabajo, a las sectoriales, pero sobretodo tenemos que intentar abrir el proceso a la participación, que miles de personas lo tomen como algo propio, que sean artífices del mismo, no sólo los días señalados si no antes. De esta manera nos estaremos acercando a aquello que anhelamos una sociedad realmente democrática donde la gente sea dueña de su destino. Muchas personas nos reconocemos en las caras de los y las manifestantes de Grecia, de Egipto... son nuestros hermanos y hermanas, a algunas nos vienen a la mente aquellos versos de “agrupémonos todos en la lucha final” a otras no, pero todas sentimos la solidaridad más allá de como la racionalicemos. En 2011 vimos como la revolución llegaba a Túnez y Egipto, las luchas que tienen ahora lugar en Grecia y que continúan en estos países están prolongando esa primavera de esperanzas. Nada está escrito, podemos ganar y si no nos lanzamos ahora, cuándo. Óscar Simón es militante de En lluita.